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domingo, 18 de agosto de 2019

[Series] 'Así nos ven': Necesaria e impactante miniserie contra los prejuicios raciales

'Así nos ven', la miniserie de Netflix nominada a 11 premios Emmy, muestra, con dureza y empatía, uno de los casos más polémicos y dramáticos de discriminación y prejuicios raciales en Estados Unidos


'Así nos ven'


Cuatro de las cinco nominadas al Emmy a Mejor Miniserie se basan en historias o en personajes reales. No es cuestión de competir en importancia histórica, porque parece claro que la más relevante debe ser ‘Chernobyl’, pero no creo que sea aventurado afirmar que el trabajo con mayor capacidad de movilizar y provocar un efecto en la sociedad es ‘Así nos ven’ (‘When They See Us’), que además, con sus once nominaciones, es la segunda producción más nominada de esta edición de los Emmy por detrás de ‘Juego de Tronos’. Ahora que OITNB ha terminado y nos ha obligado a enfrentarnos a las injusticias del sistema penitenciario estadounidense, el visionado de esta miniserie de cuatro episodios nos lleva a reflexionar sobre el racismo y los prejuicios de la sociedad estadounidense a través de la revisión de uno de sus casos más dramáticos, mediáticos y oscuros.

El 19 de abril de 1989, una mujer blanca que corría en Central Park fue brutalmente agredida y violada. Esa misma noche, un grupo de jóvenes afroamericanos e hispanos había estado supuestamente atacando e intimidando a otros viandantes en el parque. Cinco de esos jóvenes, cuatro de ellos menores de 16 años, fueron acusados por las autoridades como responsables de la agresión sexual. Con pruebas obtenidas en interrogatorios en los que no se respetaron los derechos de los detenidos y tras un juicio extremadamente mediático, fueron condenados a penas de varios años de prisión. Más de doce años después, cuando el mayor de los cinco todavía seguía en la cárcel, fueron exonerados de todos sus crímenes tras la confesión del verdadero autor del ataque.

Este polémico caso se convirtió en una muestra más de los prejuicios policiales, judiciales y, en general, de toda la sociedad hacia la población afroamericana e hispana en Estados Unidos. Treinta años después de aquello, el racismo y los prejuicios siguen siendo parte del país que ahora preside Donald Trump, por lo que una serie como la que se estrenó en Netflix el 31 de mayo es, por desgracia, tan necesaria como siempre.

Además, esta miniserie creada y dirigida por Ava DuVernay tiene la capacidad de impactar e incomodar como pocas producciones. Las náuseas y la tensión que despierta en algunos momentos me recordaban a las que sentía con el primer capítulo de ‘The night of’, en la que un joven se despierta en la escena de un asesinato y es acusado por la policía, sin entender qué ha pasado, y es arrojado en un mundo mucho más duro y difícil de lo que este chaval, como los Cinco de Central Park, están preparados para afrontar. De hecho, las semejanzas con la serie de HBO se deben también al análisis que ambas hacen del sistema penitenciario y judicial de Estados Unidos. En ese aspecto, aunque las dos son ilustrativas y de gran dureza, esta se incrementa en la miniserie de Netflix por la veracidad que hay detrás de lo que vemos. Ese es el elemento más destacado y el que más impresión causa en ‘When They See Us’, pues saber que lo que se muestra está basado en hechos reales impide mirar a otro lado diciendo “es solo ficción”.

Una historia en cuatro partes 


También ayuda en este sentido el extraordinario trabajo de todo el elenco, con el que es imposible no empatizar, capaz de mostrar de forma muy precisa y acertada la evolución de los personajes. Las ocho nominaciones en categorías interpretativas que la serie cosechó son totalmente incuestionables. Destaca, a su vez, la narración y la división de la trama en cuatro partes claramente diferenciadas, con duraciones superiores a la hora y alguna cercana a los 90 minutos.

'Así nos ven'

El primer capítulo muestra a los cinco jóvenes en sus entornos, generalmente estables y felices, antes de dar paso al crimen y al comienzo de la investigación policial. La presentación de cada personaje es magistral y el episodio va construyendo la tensión que se desata en la segunda parte del mismo, mucho más agobiante, cuando se retratan las irregularidades de la instrucción y los abusos policiales. El segundo episodio, se centra en el juicio y, quizá por mostrar casi exclusivamente el lado de los acusados, sin intentar comprender o analizar la otra versión, resulta más flojo. Por ese mismo motivo, la ilustración sobre el desarrollo del proceso resulta en cierta medida incompleta. 

El tercer episodio se centra en la vida en el centro de menores y tras salir de la cárcel de los cuatro protagonistas que, en el momento del crimen, no habían cumplido los 16 años –y, por lo tanto, todavía eran considerados menores de edad–. La dificultad para lograr su reinserción, sobre todo con un crimen sexual sobre ellos, así como la importancia de contar con apoyo y recursos, son elementos centrales en este episodio. Por último, la cuarta parte está reservada a Korey Wise, el mayor de los cinco, el que mayores dificultades enfrentó al haber sido enviado desde el primer momento a una cárcel de máxima seguridad. Es el episodio más duro, con una interpretación soberbia de Jharrel Jerome.

Esta estructura, que permite profundizar en cada personaje y lograr una imagen bastante clara y ordenada de lo que ocurrió, es muy adecuada. Con ella se pone el acento sobre las injusticias que se cometieron y los efectos que tuvieron sobre quienes las vivieron. De esta forma, por su capacidad para servir no solo de homenaje, sino de llamada de atención para que fenómenos semejantes no se repitan, ‘When They See Us’ es un trabajo tan importante y tan necesario.


'Así nos ven'

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 16 de agosto de 2019

[Series] 'Carnival Row': Fantasía y crítica sociopolítica en una ciudad victoriana

Con el sello de Guillermo del Toro y protagonizada por Orlando Bloom y Cara Delevingne, la gran apuesta de Amazon, ‘Carnival Row’, es una serie de fantasía ambientada en una ciudad victoriana en la que una ola de asesinatos despierta el pánico en medio de una crisis migratoria y de racismo 



'Carnival Row': Fantasía y crítica sociopolítica en una ciudad victoriana

Llega como una de las series más ambiciosas de la temporada. No en vano, se trata de una producción propia de Amazon, una serie de época con una cuidada ambientación, importantes efectos visuales, caras conocidas –Cara Delevingne, Orlando Bloom o Jared Harris, entre otros– y, quizás el elemento más determinante, Guillermo del Toro en la producción. Este rol, a pesar de su importancia, debe matizarse pues, aunque el proyecto es suyo, el cineasta mexicano se fue desvinculando a medida que avanzaba. Recordemos que acaba de estrenar ‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’, que está con las series de Los cuentos de Arcadia para Netflix y que el año que viene estrena ‘Pinocho’ y ‘Nightmare Alley’.

Sin embargo, aquí está indudablemente su mundo: fantasía y mensaje político subyacente incluidos. En este caso, crítica al racismo, la xenofobia y la discriminación a través de una sociedad victoriana en la que hadas, faunos y otras criaturas fantásticas viven refugiadas en una ciudad humana, en el que son discriminadas, tras haber tenido que huir de sus hogares por la guerra causada, precisamente, por los humanos. La asociación con la situación actual de tantas personas que deben huir del infierno en el que se han convertido sus países se acentúa por el comienzo del piloto con el naufragio de un barco que trasportaba a hadas que escapaban de su hogar. 

La serie es inteligente en su retrato sociopolítico, con referencias cuidadas y con trasfondo en torno a los temas ya mencionados, pero también a otros como el colonialismo, la religión o la política, en el que los bandos se dividen entre quienes quieren acoger e integrar a los seres fantásticos y quienes abogan por la superioridad de los humanos y por no aceptar más inmigrantes. No obstante, en ningún caso se trata de referencias sutiles y, en ocasiones, centrarse en esos debates sociopolíticos impide que las tramas adquieran la agilidad que a veces sería bienvenida

Más que una crítica sociopolítica 


Con el contexto que hemos mencionado de fondo, la trama principal se centra en la investigación de una serie de horribles asesinatos por el inspector Rycroft Philostrate (Orlando Bloom). La trama se va complicando a medida que avanzan los capítulos de 50-60 minutos, y nuevas líneas argumentales se van incorporando, cruzándose entre ellas, lo que va añadiendo emoción y capas a la historia. De hecho, el piloto es quizás el episodio más flojo, prestando más atención a esos aspectos de contexto que permiten referirse a la sociedad actual que al desarrollo de la historia principal, y sin haber dado cabida todavía a las líneas argumentales secundarias. 

A medida que avanza ‘Carnival Row’, también el ritmo va creciendo, si bien es cierto que tanto en la narración como en algunos elementos del guion todavía hay margen de mejora de aquí hasta el final de esta primera temporada. Quizás el punto de inflexión lo marca el tercer capítulo, que realiza un flashback que explica la relación del personaje de Bloom con el de Cara Delevingne, que interpreta al hada Vignette. A partir de este momento, habiendo entendido mucho más sobre el pasado de gran parte de los personajes e historias, el contenido de los siguientes episodios es más sencillo, enriquecedor y disfrutable.

'Carnival Row': Fantasía y crítica sociopolítica en una ciudad victoriana

Más allá de estos elementos, si la serie destaca por algo es por su gran poderío visual, por una magnífica ambientación con una notable estética steampunk –la serie se rodó en Praga, que recrea la ciudad victoriana de The Burgue– y por un gran cuidado del vestuario y el maquillaje. El casting también resulta acertado y, sin interpretaciones memorables, casi todo el elenco está más que correcto.

Parece que estos últimos puntos continuarán en lo que queda de temporada. Veremos si los relacionados con la trama, la crítica sociopolítica y la narración aprovechan sus virtudes y mejoran sus debilidades. Así, ‘Carnival Row’ podría alcanzar sin problema la relevancia a la que parece estar destinada.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 1 de agosto de 2019

[Series] Review 'Orange Is the New Black' (7ª Temporada): La serie en la que mirarnos

La séptima temporada de 'Orange Is the New Black' cierra una serie que cambió el panorama televisivo con una crítica social muy poderosa y con un toque de optimismo


'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Ha sido mucho menos ruidoso y mediático que el final de ‘Juego de Tronos’, pero el final de 'Orange Is the New Black' supone un momento probablemente más determinante por el cambio que esta serie ha supuesto para el panorama televisivo. Y es que 'Juego de Tronos' ha sido uno de los mayores fenómenos televisivos de la historia, mas no ha implicado un punto de inflexión y un cambio de era de las dimensiones del que ha supuesto OITNB.


En 2013, cuando se estrenó esta serie en clave de comedia, Netflix era una promesa de cambio más que una realidad, la televisión seguía regida por las emisiones semanales y las historias estaban mayoritariamente protagonizadas por hombres blancos heterosexuales. Hoy Netflix, que tuvo en OITNB uno de sus primeros grandes éxitos, es líder en el mercado de la televisión y su modelo es replicado por cada vez mayor número de competidores; la forma de consumir series ha cambiado por completo y el lanzamiento de una temporada completa de golpe –algo en lo que OITNB fue pionera– es una práctica frecuente, igual que los maratones; y, sobre todo, la diversidad de personajes protagonistas y la abundancia de historias sobre y para diferentes colectivos, la mayor ruptura que introdujo OITNB, es cada vez mayor.

Manteniendo la esencia 


Consciente de su relevancia, esta séptima y última temporada ha regresado parcialmente al origen, con más humor que en entregas pasadas y centrándose en la evolución de unos personajes que han mostrado unos arcos muchos más cuidados que esa serie de la que hablábamos antes. Tras dos temporadas discordantes –la sexta se centró en un nuevo escenario con nuevos personajes, mientras la quinta fue exclusivamente la historia de la revuelta en la cárcel– que, no obstante, levantaron el vuelo tras haberse quedado un tanto estancada en la tercera y la cuarta temporadas, estos últimos trece episodios permiten cerrar de manera satisfactoria y solvente la mayoría de las tramas que habíamos seguido desde el comienzo. Ha sido precisamente en la multiplicidad y riqueza de tramas e historias secundarias donde siempre ha estado el mayor atractivo de la ficción creada por Jenji Kohan. 

'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Y eso se confirma en esta última, pues, aunque el hilo argumental de Piper Chapman (basada en Piper Kerman, cuyas memorias adapta la serie) es el central, con Piper enfrentándose a la realidad fuera de prisión, es el menos atractivo de todos, como ha ocurrido prácticamente desde la primera temporada. La historia de una pija neoyorkina que entra en la cárcel por haber transportado dinero proveniente de la droga en su juventud es mucho menos atractiva y compleja que la de mujeres racializadas, con identidades y orientaciones sexuales no normativas o provenientes de entornos desafortunados

Más crítica social 


En este aspecto, esta temporada incluye un centro de detención de personas inmigrantes, algo que le permite reflexionar de manera mucho más dura y cercana sobre la realidad y, especialmente, sobre la crueldad del sistema de deportaciones y la privatización del sistema penitenciario estadounidense. La serie mira con más fuerza que nunca hacia fuera, añadiendo a este análisis de las prisiones fenómenos como el #MeToo y el acoso, así como la dificultad de la reinserción tras el cumplimiento de una pena de prisión –gracias a los personajes de Piper, Cindy y Taystee, este es el tema central sobre el que gira toda la temporada–. 

Con esto, se detecta un cierto pesimismo hacia la realidad del país y hacia su sistema penitenciario, pero hay mucho más optimismo y una visión mucho más bondadosa hacia las personas que lo pueblan –sean delincuentes o no–. Así, aun dentro de su complejidad, el lado bueno de los protagonistas se acaba imponiendo, de manera que se pierde en multidimensionalidad y resulta más sencilla la distinción entre buenos y malos, alcanzando personajes un tanto estereotipados.

Con esta última temporada imperfecta, que resume una serie imperfecta y por momentos irregular, se demuestra que pocas producciones pueden realizar críticas tan feroces y coherentes al panorama sociopolítico actual en Estados Unidos. Y es que OITNB siempre ha representado exactamente lo opuesto a lo que el actual presidente de ese país representa.

De esta forma, su crítica, dura aunque optimista, hacia el panorama social y político puede trasladarse también a esa nueva era televisiva de la que OITNB se ha convertido en paradigma. Sigamos, por tanto, el ejemplo de OITNB y adoptemos una postura crítica ante este nuevo panorama, pero que no nos falte optimismo para reconocer toda la bondad y belleza que se esconde detrás.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 21 de febrero de 2019

[Cine] Crítica: 'Green Book' (2018), de Peter Farrelly. Fórmula conocida, resultado único

Hilarante y con interpretaciones magistrales, ‘Green Book’ es una historia de racismo y, sobre todo, amistad


Green Book, Mahershala Ali, Viggo Mortensen

The Negro Motorist Green Book, el libro verde al que hace referencia el título de la película de Peter Farrelly, era una guía editada anualmente para que los viajeros afroamericanos pudieran conocer en qué establecimientos serían bien recibidos y cómo moverse con seguridad por Estados Unidos –sobre todo en el sur, donde la segregación y el racismo eran mayores–. Este manual, editado hasta 1966, es una muestra más de hasta qué punto es reciente el racismo que vivía –y de forma más suavizada, vive– la población afroamericana en el país que lidera el llamado mundo libre.


El Green Book buscaba, en gran medida, evitar los riesgos que esas personas podían vivir en lugares que no conocían y en un ambiente claramente hostil hacia ellos. ‘Green Book’ no solo utiliza ese libro como hilo conductor de su historia, sino que parece seguir su filosofía, evitando correr cualquier riesgo y ciñéndose a una fórmula casi sin fisuras. Así, se trata de una road movie dinámica y con tono de comedia, protagonizada por personajes con mucho carisma, basada en una historia real muy atractiva y que incluye al mismo tiempo cierta crítica social y un mensaje optimista. Es la fórmula de películas como ‘Bright’ (2017) –por citar una que es evidente que necesita de esta fórmula para sobrevivir– o ‘Intocable’ (‘Intouchables’, 2011) –con la que se pueden encontrar varias semejanzas–.

Sin embargo, esta fórmula garantiza que no haya riesgos y que el producto pueda salir casi siempre indemne en taquilla. Ahora bien, no asegura ningún éxito especial, ni que la cinta vaya a ser una de las mejores del año. Ahí entran otra serie de factores que son los que convierten al trabajo de Peter Farrelly en un trabajo gran éxito de público y en uno de los títulos imprescindibles de 2018. ‘Green Book’ es mucho más divertida de lo que cabría esperar, con momentos y, sobre todo, diálogos hilarantes. El momento en el que se lanza la película, crítica con la discriminación por cuestiones de raza o de clase social, tampoco podía más ser oportuno. Su ritmo, acompañado por la música y por la carretera, es una muestra de pulso en la dirección, acentuada por su atención a los detalles, que la convierten en una obra única, capaz de escapar de esa fórmula de la que parte.

Dos intérpretes magistrales para una historia de amistad


Pero si hay un elemento que debe destacarse son los protagonistas: Mahershala Ali y Viggo Mortensen, dos actores extraordinarios, dos bestias de la interpretación que, con dos actuaciones soberbias, dan vida a Don Shirley, un genial y aclamado pianista negro, y a Tony Lip, su chófer, un italoamericano de clase obrera. Su viaje al racista sur de Estados Unidos en 1962 para una gira de conciertos de Shirley y su trío les llevará a convivir durante muchas horas, impregnándose cada uno de rasgos del otro y aprendiendo a comprender sus distintas historias y formas de ser.

Green Book, Mahershala Ali, Viggo Mortensen

Se aprecia así una clara evolución en ambos, si bien es cierto que el tono de la obra parece impedir una mayor profundización en este aspecto o en el análisis de los personajes. De hecho, ese tono cómico es probable que también impida un triunfo de ‘Green Book’ en los Oscar, y eso que lo merecería, pues es puro cine: montaje, ritmo, música, interpretación... 

Tampoco importa. Eso no es aquí lo relevante. Porque lo que sí permite una comedia desenfadada como esta es la aproximación a un tema tan dramático como el racismo y la discriminación con una mirada diferente, más cercana y capaz de trasladar la historia al público. Una historia, al fin y al cabo, de amistad. Y la de Don Shirley y Tony Lip merecía esta película. Única, a pesar de que pueda parecer conocida. 

Lo mejor: Mahershala Ali y Viggo Mortensen 
Lo peor: que no profundice más en la evolución de los personajes 

Nota: 9/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 6 de julio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Waiting for Barcelona' (2018), de Juho-Pekka Tanskanen

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Waiting for Barcelona' (2018), de Juho-Pekka Tanskanen

El documental finlandés 'Waiting for Barcelona' aborda el drama de la inmigración desde la perspectiva de un hombre que espera a que se regularice su situación mientras intenta sobrevivir en la ciudad condal


Esta semana, con la recepción del barco Open Arms con 60 migrantes a bordo, Barcelona volvía a mostrarse como una ciudad abierta y acogedora. Se trata de una decisión, ante todo, humanitaria. No obstante, tras este tipo de actuaciones existe una gran cantidad de desafíos que van más allá de la llegada de los migrantes y que también deben afrontarse: el alojamiento, la regularización de la situación de esas personas, la atención sanitaria de las mismas, etc. 

Otro de los riesgos que se derivan de los fenómenos de inmigración irregular es el top manta: una problemática que no debe simplificarse, pues criminalizar a los vendedores no es justo, sobre todo por las condiciones en las que deben aceptar esas prácticas, pero no es menos cierto que se trata de una actividad ilegal que supone un perjuicio para los creadores y para la economía en general. 

Sobre todo esto reflexiona el documental ‘Waiting for Barcelona’ y, aunque adopta una clara postura, lo más relevante es su ubicación del individuo en el centro del relato. Más allá de cifras macro, no se pueden perder de vista las historias de las personas afectadas por esta situación; individuos únicos, con una sola vida, que buscan sobrevivir de la mejor manera posible. 

Esas historias suelen resultar dramáticas y tristes, algo que se refuerza con el uso del blanco y negro. Sin embargo ‘Waiting for Barcelona’ no se centra únicamente en el drama y el sufrimiento, sino que muestra la complejidad de la situación, con momentos mejores y peores, con historias más o menos felices. De esas historias, la que sirve de hilo conductor es la de Mou, un gambiano llegado a Barcelona hace 17 años y que está a la espera de conseguir los papeles.

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Waiting for Barcelona' (2018), de Juho-Pekka Tanskanen

Una espera que parece eternizarse, con continuos retrasos. La narración hace partícipe al espectador de esa sensación de espera, en la que se pierde la noción del tiempo ante un avance tan lento y frustrante. Mientras tanto, una cámara al hombro acompaña a Mou, intercalando imágenes alegóricas y encuadres arriesgados, dotando a toda la obra de una clara vocación artística. 

Ahí, y en su apuesta por centrarse en las historias de los individuos, es donde el documental destaca, mas pierde fuerza cuando se introduce en luchas políticas, pues cae en una cierta simplificación del problema, que aborda de forma sesgada. Las soluciones son mucho más complejas de lo que la obra parece dar a entender, por más que sea esencial incluir esta perspectiva en cualquier análisis que se realice sobre el tema.

Una obra actual y pertinente 


La muerte de un mantero senegalés en abril en el barrio de Lavapiés, el repunte en la llegada de migrantes a las costas españolas, los debates europeos sobre la inmigración, el comienzo de la temporada turística, el desafío independentista catalán… La película entronca perfectamente con la actualidad. De hecho, la utilización de una Barcelona independentista y masificada por el turismo resulta paradójica por los debates sobre el racismo y el nacionalismo que eso plantea.

Y en el debate actual sobre la refundación de la Unión Europea es también curioso que una película finlandesa, con participación danesa y francesa, relate una historia ambientada en España. En ‘The Great European Cigarette Mystery’ encontrábamos una película de Dinamarca que se ubicaba principalmente en Malta. El Atlàntida Film Fest demuestra su enriquecedora vocación europea y, con películas como ‘Waiting for Barcelona’, su orientación hacia temas sociales. 

Así, aunque se pueda cuestionar alguno de los postulados de la cinta, no se puede negar la importancia del tema que aborda ni la necesidad de visiones centradas en cada persona. Porque, en realidad, ninguna persona es ilegal. 

Lo mejor: que coloque a un ser humano en el centro del relato 
Lo peor: que su análisis del problema sea simplista 
Nota: 7

domingo, 31 de diciembre de 2017

Crítica: 'Bright' (2017), de David Ayer


Si hace un año discutíamos sobre el polémico anuncio de Narcos en la Puerta del Sol, estas navidades los anuncios que han llenado las marquesinas de los autobuses han sido de Las chicas del cable y de Bright. Dejaremos la segunda temporada de la primera series española producida por Netflix para centrarnos ahora en Bright, otra valiente apuesta de la plataforma que, en cierta medida, podría ilustrar lo que Netflix ha significado este año: una amenaza auténtica a las formas tradicionales de ver cine.

Y es que, si las productoras reservan gran parte de sus blockbusters para aprovechar el tirón navideño –Los últimos Jedi no se estrenó hace un par de semanas por casualidad–, también Netflix ha lanzado este año una de sus películas de producción propia más ambiciosas coincidiendo con la llegada de las fiestas. 

Y no se trata de una película menor que no tuviera cabida en las salas, sino de un interesantes y anunciado proyecto protagonizado por Will Smith y Joel Edgerton. Dan vida a una pareja de policías, humano y orco, que patrullan en una ciudad de Los Ángeles habitada por orcos, elfos y humanos. A pesar de sus diferencias y los conflictos del pasado, ambos tendrán que colaborar para proteger a una joven elfa y a una varita mágica de policías corruptos, orcos, pandilleros latinos y elfos maléficos.

Una cinta fantástica con buenas dosis de acción y con una trama a ratos caótica y compleja, a ratos excesivamente previsible. Solo en el desenlace conseguimos comprender, y no por completo, qué es lo que sucede, su por qué y qué busca cada grupo de personajes; tan pronto se introducen elementos o personajes que nunca se desarrollan como se habla de otros que todavía no conocemos. Es demasiado lo que la película quiere introducir en menos de dos horas y, a menudo, sin saber distinguir entre lo importante y lo superficial.

Sin embargo, la película resulta muy entretenida, tanto por las divertidas pullas entre los personajes de Smith y Edgerton como por la incesable acción. Y junto a eso, cabe destacar la originalidad de la premisa y las reflexiones sobre racismo y discriminación que, aunque faltas de profundidad, resultan muy interesantes.


Es cierto que la crítica no ha sido muy entusiasta con Bright, mas el público ha respondido con 11 millones de espectadores en su primer fin de semana –según Nielsen, la única empresa que proporciona datos de audiencia de Netflix, aunque sin total fiabilidad al no poder medir los visionados que no se produzcan en televisiones– y ya se espera una secuela y, tal vez, una saga de largometrajes que sigan combinando criaturas fantásticas y magia, cine policíaco y de acción, chistes y actores carismáticos… Porque Bright no hace sino mezclar los ingredientes que toda franquicia que se precie debe incluir; y en eso no podría ser un producto más típicamente hollywoodiense. Y, no obstante, este estreno está solo disponible para los usuarios de Netflix que, estas navidades, ni siquiera deberán acercarse a una sala para disfrutar de uno de los estrenos más destacados de este último tramo de 2017.

Y es que este que se nos va ha sido el año en el que nos empezamos a dar cuenta de hasta qué punto las plataformas de vídeo bajo demanda están poniendo patas arriba la industria del cine. Y esto no es ni bueno ni malo; es ambicioso, novedoso a pesar de no seguir más que patrones ya existentes y, aunque pueda apuntar hacia la originalidad y la calidad, suele quedarse más en lo comercial. Y esas son, precisamente, las palabras exactas que podríamos utilizar para describir Bright.

Lo mejor: el punto de partida
Lo peor: la farragosa narración
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 13 de mayo de 2017

Mitten in Deutschland: NSU. El docudrama alemán que hace frente a una realidad menos mediática


Occidente vive desde hace unos años un ascenso muy notable de fuerzas políticas de extrema derecha y con marcados tintes racistas. Y en parte, esta tendencia se explica gracias a los atentados terroristas de inspiración islamista perpetrados en diversos países tanto dentro como fuera de Europa. Este es el contexto en el que aparece en marzo de 2016 la miniserie Mitten in Deutschland: NSU, emitida y producida por Das Erste, el canal público alemán, y compuesta por tres películas para televisión. Cada una de ellas está centrada en un grupo de protagonistas y narrada con estéticas y géneros diferentes, lo que, unido a unas interpretaciones bastante cuidadas, dota al proyecto de singularidad y atractivo.

Basada en hechos reales y con cierto ánimo documental, se centra en el grupo terrorista de extrema derecha NSU (Nazionalsozialistischer Untergrund), que durante la primera década del siglo XXI llevó a cabo, entre otras acciones, una serie de asesinatos de trabajadores inmigrantes en Alemania. Los sucesos sacudieron Alemania durante años, reflejando cómo el nazismo seguía presente en un país que durante tanto tiempo ha buscado reconciliarse con un pasado que todavía le persigue.

Por eso resulta tan necesaria esta serie. No solo por sacar a la luz la existencia de grupos neonazis que, aunque lamentable y muy preocupante, no deja de ser minoritaria, sino, sobre todo, porque consigue capturar la presencia latente de actitudes xenófobas y discriminatorias en la sociedad alemana. Este aspecto, a mi parecer el más relevante y actual, es el que se destaca en el segundo de los tres telefilmes que componen Mitten in Deutschland. Pero vayamos por partes:

El primero, Die Täter – Heute ist nicht alle Tage, está centrado en los criminales. Con una vocación y estética más propias del documental, bucea en las causas que llevaron a jóvenes desencantados a unirse a grupos radicales tras la Caída del Muro de Berlín. Dirigido por Christian Schwochow, narra la formación del NSU y describe la escena neonazi en una ciudad del centro de Alemania. Este episodio destaca por saber capturar esa sensación de desorientación de los jóvenes, con saltos temporales no siempre definidos, y por intentar comprender los motivos. En este sentido resulta llamativo cómo la protagonista, Beate, mira en varias ocasiones directamente a la cámara, incomodando al espectador, como si le preguntara “¿tú qué habrías hecho?”

La segunda parte, Die Opfer – Vergesst mich nicht, toma el punto de vista de Semiya Şimşek, hija del primer asesinado y autora de un libro en el que se inspira parcialmente el guion de este telefilme. Con esto, Züli Aladağ pretende personificar e ilustrar el sufrimiento de las familias de todas las víctimas del NSU, que no se quedaba en el lamento tras el asesinato. Y es que el dolor de quienes perdían a un familiar o amigo, iba más allá debido a las investigaciones por parte de la policía, obcecada en buscar culpables entre la propia comunidad turca y, como en el caso de Enver Şimşek, acusando a la víctima de haber traficado con droga. A eso se une la islamofobia que se vivió en muchos países tras los ataques del 11-S, y de los que los alemanes de origen turco también fueron objeto, o el tratamiento que las muertes recibían en la prensa alemana, que hablaba de “los asesinatos de los kebaps”. La narración en primera persona y un tono mucho más dramático hacen que este episodio sea el más trágico y complejo de los tres.


El tercer y último capítulo, Die Ermittler – Nur für den Dienstgebrauch, se adentra en la investigación policial y la búsqueda de los terroristas desde el nacimiento de la organización. Es quizás el menos interesante de los tres, al tratarse básicamente de una película policíaca como tantas otras que se producen en Alemania y Austria. A través de una narración basada en el flashback, consigue retratar los enfrentamientos entre distintos cuerpos policiales, con distintos intereses y con errores que ocultar, pero tanto en profundidad como en el aspecto interpretativo se queda por debajo de las dos primeras partes.

Volvemos ahora a Die Opfer, que es el que permite una reflexión más intensa y actual. Las actitudes racistas que muestra la policía ilustran la existencia de una cierta discriminación institucionalizada en la sociedad alemana. La investigación inicial, orientada a descubrir un crimen de honor o una red de tráfico de drogas, da una imagen de la visión que gran parte de los ciudadanos germanos tienen tanto de sus compatriotas de origen extranjero como de los inmigrantes recién llegados.

Y esto, que sucedía a principios de siglo, es lo mismo que ocurre, quizás aun con más intensidad, en la Alemania actual. No solo por el ascenso de un partido xenófobo y ultranacionalista como Alternativa por Alemania, sino por la visión negativa que muchos alemanes tienen hacia el colectivo turco, el más criticado por ser el más numeroso, pero que no deja de ser una representación de todos los inmigrantes o ciudadanos de origen extranjero.

Por eso es tan necesaria una serie como Mitten in Deutschland. Que puede caer en clichés, que en ocasiones intenta guiar de forma demasiado obvia al espectador y que cuenta con algunas escenas innecesarias o que rompen con la tónica de cada capítulo, pero que supone un intento muy interesante de abordar unos hechos y una realidad –la violencia neonazi y la discriminación normalizada– eclipsados por otros de mayores dimensiones –el terrorismo yihadista y el ascenso de los partidos de extrema derecha–, aunque igualmente presentes y con los que guardan una estrecha relación.

(Publicado en Culturamas)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Imperium (2016), de Daniel Ragussis


Empezar una crítica de una película protagonizada por Daniel Radcliffe mencionando su mágico pasado como Harry Potter es un tópico demasiado repetido. La sombra de las ocho películas que protagonizó como el mago con la cicatriz en forma de rayo es alargada. Y seguramente quienes escribimos sobre cine no conseguiremos nunca desprendernos del todo de esa asociación, aunque ya va siendo hora. De hecho, deberíamos considerar 2016 como el año en el que Daniel Radcliffe de verdad se consagró como un gran actor más allá de los muros de Hogwarts.

Hace pocas semanas llegaba a algunos cines españoles Swiss Army Man, la triunfadora del pasado Festival de Sitges. Radcliffe daba “vida” a un cadáver con flatulencias arrastrado por las olas hasta una isla habitada por un náufrago. Más allá de lo bizarro de la cinta, la interpretación de Radcliffe es muy meritoria. Los personajes con enfermedades mentales o físicas suelen suponer los mayores desafíos y también los mayores logros. Y en esta ocasión se confirma: llevar a la pantalla un cadáver no es sencillo, pero puede dar lugar a una interpretación memorable.

El otro filme protagonizado en 2016 por el inglés fue Imperium, en la que encarna a Nate Foster, un joven y brillante agente del FBI que se infiltra en círculos neonazis para evitar un supuesto ataque con una bomba sucia. Basado en la experiencia real de Michael German, un exagente que pasó años infiltrado en grupos supremacistas blancos, busca reflejar la realidad de ese submundo y las causas que pueden llevar a los jóvenes a unirse a ellos. Pero la película falla en ese aspecto, otorgando demasiado espacio a los símbolos y la iconografía y olvidando la reflexión detrás de ellos.

Donde sí acierta es en su concepción como thriller policíaco, controlando siempre la tensión a pesar de –o quizás gracias a– la casi total ausencia de violencia. Ese es el elemento diferenciador: Radcliffe da vida a un don nadie en el FBI, un cerebrito sin experiencia en el terreno que solo quiere hacerse un nombre en el cuerpo. En contraste con otras cintas de este género, en las que el enfrentamiento físico y la musculatura son elementos clave, aquí son la calma, el juego de personalidades, la sangre fría y la inteligencia las que marcan el devenir de la cinta. En un momento del largometraje uno de los líderes supremacistas le llega a comentar a Nate Parker que “parece demasiado maduro para un skinhead”.


Ahí reside otro de los atractivos de la cinta, en la retrato de las distintas facciones y de los enfrentamientos internos que hay en el seno del movimiento supremacista. Aunque en parte caricaturesco, sí que ilustra a grandes rasgos qué diferencia al Ku Klux Klan de los skinheads o de la Hermandad Aria, dejando caer que los monstruos más peligrosos a menudo son los menos visibles y los más inesperados.

Más allá no llega el análisis de Imperium, quedándose casi siempre en el nivel que mejor funciona, el de la intriga de un thriller de infiltrados. Y eso es así gracias a la magnífica actuación de Radcliffe, que despliega un rango de emociones amplísimo, sabiendo moderarlas o intensificarlas en los momentos adecuados. A pesar de estar rodeado por un buen reparto, con Toni Collete, Tracy Letts, Chris Sullivan o Burn Gorman, el peso narrativo e interpretativo recae indudable y casi exclusivamente sobre Radcliffe.

El potencial de Imperium es enorme –estrenada en Estados Unidos en verano, poco antes de la elección de Donald Trump como Presidente, y con una extrema derecha que sigue ganando adeptos en muchos países occidentales–, pero la cinta solo se salva gracias al destacado trabajo de Radcliffe como canalizador de emociones y de tensión. En Swiss Army Man, mucho más surrealista, era también su actuación la responsable del atractivo de la película. Cada vez quedan menos dudas de que Daniel Radcliffe se está confirmando como un actor de peso. Y el hecho de que se esté logrando independizar de una franquicia como Harry Potter gracias únicamente a su trabajo demuestra su calidad.

(Publicado en Culturamas)

miércoles, 15 de marzo de 2017

El populismo y la incertidumbre amenazan las elecciones holandesas

FOTO: REUTERS/Yves Herman

Las elecciones de este miércoles en Holanda están señaladas en muchos calendarios como la primera prueba de fuego real para Europa tras el `brexit´. Después de un 2016 convulso y cargado de sobresaltos, en el que el euroescepticismo y la extrema derecha ganaron cada vez más apoyos, los comicios de este país, con el populista Geert Wilders liderando muchas encuestas, se ven como un peligroso examen.

La escalada diplomática entre Holanda y Turquía este fin de semana no ha hecho sino avivar la incertidumbre. El Gobierno de Países Bajos, presidido por Mark Rutte, impidió que dos ministros turcos dieran sendos mítines a favor de Erdogan en territorio holandés, algo que llevó al presidente otomano a tildar de “fascista” al ejecutivo neerlandés y a amenzar con represalias.

Esta política de antagonismos favorece tanto al propio Erdogan como a Wilders y muestra cómo los partidos tradicionales han optado por medidas de corte populista para evitar -sin demasiado éxito- el ascenso de grupos como el Partido por la Libertad (PVV) de Wilders.

Wilders podría ganar en un Parlamento muy fragmentado

Precisamente es el extravagante y xenófobo dirigente el que hasta ahora lideraba las encuestas con cerca del 20% de la estimación de voto. El discurso de Wilders, condenado en diciembre por incitar a la discriminación, tiene un corte eurófobo, identitario y antimusulmán, llegando incluso a referirse a los marroquíes residentes en Holanda como “chusma”. Sin embargo, la inmigración ha perdido cierto peso en la agenda política holandesa durante los últimos meses, por lo que la victoria de Wilders parece más lejana.

Y en el caso de que ganara sería muy complicado ver un Gobierno del PVV, pues los demás grupos han anunciado que no pactarán con ellos, algo que el propio Wilders ha tildado de “antidemocrático”. Holanda lleva más de un siglo con Gobiernos de coalición entre dos o más partidos, por lo que cabría esperar una unión entre varias -seguramente más de tres- fuerzas moderadas.

El triunfo de esta opción dependerá en gran medida de los resultados de Mark Rutte, actual Primer Ministro y líder del liberal Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), a quien la mayoría de encuestas dan como segunda fuerza. Tras ellos aparecerían los democristianos del CDA y los liberales progresistas del D66. Aunque improbable, este martes algunos investigadores no descartaban la victoria de cualquiera de estos cuatro grupos gracias al voto útil para desbancar a los partidos de Wilders y Rutte.

En total, hasta 14 o 15 de los 28 partidos en liza podrían obtener representación en el Parlamento. Esto hace que el habitualmente complejo reparto de apoyos lo sea aun más y que la consecución de los 76 diputados suficientes para lograr la mayoría absoluta resulte más lejana y quede condicionada a acuerdos en un congreso muy fragmentado.

Los alrededor de 13 millones de holandeses llamados a las urnas este miércoles elegirán sus 150 representantes de la Cámara Baja a través de un sistema de representación proporcional con un distrito único a nivel nacional. Esto implica que un 0,67% de los votos garantizaría un asiento en el Parlamento, lo que también facilita la entrada de partidos pequeños.

Recuento manual para un escenario incierto

Tras varias convocatorias electorales haciendo uso de un sistema de voto electrónico, este año se anunció un regreso al recuento manual para evitar posibles intromisiones extranjeras. La decisión se tomó a raíz de las sospechas de hackeos rusos en las elecciones de Estados Unidos y tras los intentos de grupos de hackers de ese país de acceder a los equipos de varios organismos oficiales neerlandeses.

De producirse, esos ataques podrían beneficiar a los grupos radicales, sobre todo al PVV. Pero ha sido precisamente la tensión con Turquía la que quizás haya dado un último empujón a Wilders. No debería ser suficiente para gobernar y, a pesar de su posible victoria, el Gobierno de los Países Bajos volvería a estar formado por varias fuerzas tradicionales.

Pero lograr los acuerdos necesarios será complejo y llevará tiempo. Eso, en el clima actual de tensión y con un partido ultraderechista tan poderoso, daría lugar a decisiones bastante imprevisibles. Y eso no favorecerá la moderación en los comicios franceses o alemanes que se avecinan.

(Publicado en bez.es)

lunes, 27 de febrero de 2017

Análisis de la 89° Edición de los Oscars - Que cinco minutos no eclipsen cuatro horas


Nadie duda que el error al anunciar el premio a la Mejor película eclipsó cualquier otro galardón o instante de la 89° edición de los Oscar, pero dejemos de lado ese sorprendente final para analizar qué más nos deparó la ceremonia, que para algo hubo cuatro horas más de gala.

Cuatro horas que no se hicieron pesadas gracias a un maestro de ceremonias que supo desenvolverse bien. Aunque Jimmy Kimmel no es un magnífico monologuista, sabe ‘liarla’ y generar momentos memorables. Uno de ellos fue la visita de un grupo de sorprendidos turistas que, sin saberlo, fueron conducidos al interior del Dolby Theatre de Los Ángeles, donde se hicieron selfies con los actores de las primeras filas.



Muy comentado fue también el tuit que el presentador envió a Donald Trump, pues “preocupado” por la falta de actividad del Presidente en Twitter, decidió mandarle un “u up?” para saber si estaba despierto. Del mismo modo, habló con ironía de lo “sobrevalorada” que está Meryl Streep y de su intención de vetar a medios de comunicación con los que Trump ha tenido encontronazos. La presencia de la política estadounidense fue constante pero indirecta, sin llegar nunca a convertirse en la protagonista. 

Carga política en los premios

Tras las críticas del año pasado por la falta de diversidad racial, la Academia parece haber buscado un lavado de imagen en una velada en la que numerosos premios y nominaciones cayeron en manos no blancas. Podemos dudar si el aspecto político pesó más que las cuestiones puramente cinematográficas, pero la intención de rebelarse contra el nuevo equipo de gobierno estadounidense y contra la etiqueta de #OscarsSoWhite es innegable.

‘El viajante’, de Asghar Farhadi, fue elegida Mejor película extranjera por delante de la favorita ‘Toni Erdmann’. El director iraní había anunciado su intención de no acudir a la ceremonia por respeto a los afectados por el veto migratorio del gobierno estadounidense. El discurso de agradecimiento leído en su nombre fue uno de los instantes más reivindicativos de la noche.

Por su parte, el colectivo afroamericano estuvo notablemente representado con los premios a Mahershala Ali como Mejor actor de reparto en ‘Moonlight’, Viola Davis como Mejora ctriz de reparto por su papel en ‘Fences’, el Mejor documental que ganó la miniserie de Netflix sobre OJ Simpson y los reconocimientos a Mejor guión adaptado y Película de ‘Moonlight’.

Galardones muy repartidos

Es discutible si lo de ‘La La Land’ lo consideramos fracaso. Aspiraba a trece estatuillas -contaba con catorce nominaciones, pero dos coincidían en una misma categoría-, por lo que seis galardones, sobre todo tras perder la de Mejor película pueden saber a poco. Mas en esa media docena encontramos algunos de los principales: dirección, actriz principal, fotografía, banda sonora, canción y diseño de producción. No es una cosecha menor, aunque sí menor de lo esperada, lo que permitió que los premios se repartieran.

El equipo de ‘Moonlight’ puede estar más que satisfecho. Sus tres premios, incluyendo Mejor película, junto a guión adaptado y actor de reparto, son un magnífico resultado. También contentos estarán los responsables de ‘Manchester frente al mar’ -Mejor actor para Casey Affleck y Mejor guión original- y de ‘Hasta el último hombre’ -Mejor sonido y, por sorpresa, montaje-.


Curioso encontrar blockbusters como ‘Escuadrón Suicida’, ‘Animales fantásticos y dónde encontrarlos’ o ‘El libro de la selva’ entre las premiadas, pero en las categorías técnicas el presupuesto influye mucho. ‘El libro de la selva’, por cierto, se sumó a ‘Zootrópolis’ y ‘Piper’, que consiguieron los premios en las categorías de animación, dejando a Disney con tres galardones.

‘La llegada’ y ‘Fences’ -merecido y esperado Oscar para Viola Davis como Mejor actriz de reparto- se fueron solo con uno, mientras ‘Lion’ no se llevó ninguno. Aunque no se trate de sorpresas, es lo más cercano a “decepciones” que podemos mencionar.

También un poco decepcionados nos quedamos en España al saber que ‘Timecode’, de Juanjo Giménez, no se llevaba el premio a Mejor cortometraje de ficción, que se iba para la húngara ‘Sing’. La nota española la puso un Javier Bardem que, tras alabar el trabajo de Meryl Streep en ‘Los puentes de Madison’, presentó junto a ella uno de los premios de la noche.

El balance final se puede calificar como justo, a pesar de no producirse el esperado dominio de ‘La La Land’ y de algunos premios que, aunque puedan considerarse políticos, no son para nada inmerecidos. Todo eso en una gala bastante entretenida, que, por un garrafal error final, es ya Historia del Cine.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 3 de octubre de 2016

Navigating under the storm


The economic crisis was disappearing, employment figures were slowly growing, recession was already in the past and the rescues, little by little, seemed to work. The Euro and the EU looked saved. But just when we thought the storm was over, the hurricane struck.

The European Union, although built initially upon shared economic interests, has Equality, Freedom, Democracy and Human Rights as main values. Those basic principles are at stake now, pushing the EU towards the biggest challenge in its history.

Let’s start with the refugee crisis. Many people are turning their hopes to Europe, looking for that land of Freedom and Human Rights that we are supposed to be. But the lack of solidarity, both between European countries and with the asylum seekers, has shown exactly the opposite. And with some countries welcoming refugees while other were building new walls, the EU showed how unprepared she was to give an answer to this humanitarian problem. So far, the only solution offered was a deal with Turkey so the problem stays far from our borders, but without really caring about the Human Rights of those refugees.

This whole refugee crisis increased a process that had already started during the economic crisis: the appearing and growing of populist, nationalist and extremist parties all across Europe. Some ideas that we thought buried in the past returned, offering the same easy solutions to the complex problems that we are facing. Politics seem to be in the middle of a renewing process, with traditional parties losing their support to some new and interesting ideas, but also to some scaring ones.

Among the last one some might include those supporting the Brexit. The fact that a country wants to leave the Union meant that something was not being done properly. But the possibility that this country might not be the only one shows the dimension of the problem. So far the EU had only added countries, it had never lost one, but that changed now. How to face that new challenge remains still a mystery, but the consequences are still to come.

One of the main reasons for those who voted “Leave” was the threat of terrorism in Europe. France has been so far the most punished country by these despicable actions, but the whole Europe feels the risk. Terrorism is not only scary; it has also meant a cut in our freedom in order to maintain security. And with it, also racism and islamophobia have increased, showing precisely what shouldn’t be done.

Let’s add to this cocktail the hottest year since there are records due to the effects of climate change, some failed elections in countries like Austria or Spain, the loose  of rights in countries like Hungary or Poland, and the still very damaged economy (that might be facing now the menace of a new financial crisis).

We are in the middle of the perfect storm. And keeping the boat afloat won’t be easy. And if you expect now solutions to these problems, I’m afraid I have none. It’s not that easy. Answers will only be found through dialogue.


That’s exactly what we offer in our Aspire Conference 2016: dialogue about some of the most challenging topics of our days, such as gender equality, migration, new business models and environment. To learn more about the Conference, stay with us, because we pretend to discover how to navigate the crossroads of our days under this perfect storm.

(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the Aspire Conference 2016)