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domingo, 22 de marzo de 2020

[Documental] Crítica: ‘Ciberguerra en las Elecciones Estadounidenses’. La puerta trasera para la manipulación electoral

HBO estrena el documental ‘Kill Chain: The Cyber War on America’s Elections’, que destapa las vulnerabilidades del sistema de voto electrónico en las elecciones estadounidenses, aunque con una argumentación floja e insuficiente


Ciberguerra Portada

Al analizar ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’ hablábamos del fenómeno de las noticias falsas como una amenaza para las Elecciones Presidenciales de Estados Unidos que deben celebrarse este año. Esas campañas de desinformación son, en realidad, una forma de guerra asimétrica y de terror cibernético cuyo objetivo no es necesariamente convencer de una mentira, sino que suele ser suficiente con introducir duda y caos en un sistema. La guerra cibernética es muy amplia, desde el robo de información hasta el hackeo de recursos e instalaciones críticas, y constituye una amenaza de la que ningún país está libre. Y menos el país más poderoso e intervencionista en el exterior del mundo: Estados Unidos.

‘Kill Chain’, que llega a HBO España el próximo 27 de marzo, es un documental bastante preocupante sobre la falibilidad y vulnerabilidad del sistema de votación existente en Estados Unidos, en el que cada estado tiene capacidad de decidir el sistema y en el que en gran parte de los centros de votación utilizan máquinas electrónicas, sin papeletas que puedas ser verificadas antes un hackeo o fallo de unas máquinas obsoletas y más expuestas a ello de lo que las autoridades estadounidenses quieren admitir. Cuenta con la participación de hackers y expertos en ciberseguridad, con Harri Hursti a la cabeza, que demuestran en repetidas ocasiones algo que ya habían demostrado en 2006, en el documental ‘Hacking Democracy’: que el sistema de voto electrónico estadounidense es menos seguro de lo que sus responsables defienden. 

Si lo que se cuenta en el documental es cierto, la amenaza es inmensa y la situación es inquietante. Por supuesto, no hay motivos para dudarlo; ahora bien, salvo para los mayores expertos, el documental no permite comprobarlo, pues realiza una aproximación muy poco didáctica y de difícil acceso para el ciudadano medio, que puede creerse estos argumentos como puede creerse los contrarios, ya que resultan, en su mayoría, inalcanzables.

Un abordaje insuficiente


Al mismo tiempo, y a pesar de la gravedad de lo que se muestra, no parece suficiente, pues es repetir lo mismo una y otra vez: esta máquina se puede hackear; esta máquina da errores; esta máquina ya la hackeé en 2006. El cúmulo de errores y problemas a los que se alude es inmenso, pero no deja de ser un mismo problema en diferentes estados y con diferentes máquinas. Se echa en falta una aproximación más completa del problema, abordando quién, cuándo, cómo y por qué. Que las máquinas son hackeables e inseguras puede demostrarse en diez minutos, dejando los ochenta restantes para abordar otras derivadas de la situación, sobre todo si el título ambiciona “la guerra cibernética contra las elecciones americanas”.


Harri Hursti

La otra limitación de la obra es la de no dar voz a la otra vertiente, la de quienes defienden la seguridad del sistema. Es cierto que el documental busca la denuncia, pero la matización de las acusaciones a través de la inclusión de opiniones enfrentadas le hubiera añadido riqueza y, probablemente, mayor capacidad persuasiva. Lo mismo hubiera ocurrido con un repaso más global de la situación, observando errores y aciertos de otros sistemas. Así, la apresurada conclusión de que la solución es utilizar papeletas que garanticen la revisión en caso de duda, error o ataque informático, aunque a priori acertada, no tiene la suficiente justificación.  

Un documental que pretende destapar una amenaza tan importante, con acusaciones de tal gravedad y con unas ambiciones tan elevadas no puede abordar el problema desde una sola perspectiva, con un número tan reducido de voces y con un foco tan limitado del problema. Es encomiable y muy necesario el objetivo, lo que falla es el proceso para lograrlo; es una lástima, pues, con mejores argumentos, esta obra tendría que sacudir el proceso electoral en el que se encuentra la todavía nación más poderosa del planeta. 

Lo mejor: la urgencia e importancia del tema
Lo peor: la insuficiencia de los argumentos
Nota: 5,5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 19 de marzo de 2020

[Documental] Crítica: ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’. La política estadounidense y las noticias falsas

Aunque atractivo, el documental ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’, que HBO estrena el día 20, se aproxima a este fenómeno de manera incompleta y con una visión excesivamente centrada en la política estadounidense


Portada Posverdad

La situación tan extraordinaria en la que nos encontramos está dejando la política en un segundo plano. Las primarias demócratas en Estados Unidos también se están viendo afectadas, siendo aplazadas en algunos estados y extremando las precauciones en los que se han celebrado. Aun así, el proceso lleva en marcha un tiempo y, además del coronavirus, hay una amenaza, algo más subyacente pero igualmente preocupante, cuya sombra alcanza las anteriores Elecciones Presidenciales de Estados Unidos en la que ganó Donald Trump. Las noticias falsas.

El documental que estrena HBO el día 20, dirigido por Andrew Rossi, aborda este problema desde una perspectiva exclusivamente política y estadounidense, intentando comprender las consecuencias que este fenómeno tiene sobre los ciudadanos de a pie. Es un punto de vista interesante y no demasiado común; sin embargo, al obviar un análisis sociológico, tecnológico y comunicativo, impide una mayor comprensión del fenómeno. Se centra en un puñado de casos en los que la desinformación y las noticias falsas tuvieron efectos importantes en la vida de las personas, destacando el Pizzagate, un caso en el que un hombre armado irrumpió en una pizzería al creerse bulos sobre casos de pedofilia que afectaban a la candidata demócrata, Hillary Clinton, y a otras figuras públicas, como el millonario George Soros.

Estos casos y el rol que la desinformación tuvo en ellos, son retratados de manera ilustrativa y completa, mas no dejan de ser casos aislados, que nunca se interconectan y de los que no se extraen lecturas más amplias, por lo que no se profundiza en cómo el fenómeno actual se diferencia de las campañas de desinformación que se han seguido con fines políticos y propagandísticos a lo largo de la historia. En realidad, parte de la tesis de esta obra parece ser que las noticias falsas son solamente una herramienta política y que el buen periodismo puede solucionarlo, lo cual es cierto en parte, pero, una vez más, obvia parte de las dimensiones del problema y libera de responsabilidad a los ciudadanos, retratados aquí solamente como víctimas.

Only in America


Por supuesto, optar por unos casos concretos es necesario para poder comprimir un fenómeno tan amplio en un largometraje de 90 minutos; y poner el foco sobre la política estadounidense, uno de los campos más afectados por las noticias falsas, tampoco es un error. Sí lo es seguir hablando de las noticias falsas como si Rusia fuera la inventora y única responsable y como si el fenómeno no tuviera relevancia en otras esferas y países –la crisis del coronavirus es un buen ejemplo de que esto no es un fenómeno exclusivo de Trump y los rusos–. Y es que para comprender las consecuencias de esta problemática sobre las personas es necesario comprenderla con mayor amplitud, diferenciando noticias falsas de desinformación –algo que hacen algunos de los entrevistados, pero que en ningún momento se explica–, situando el problema en el actual contexto de posverdad –que está en el título, pero que es referido en muy pocas ocasiones y sin clarificar en qué consiste y por qué es tan relevante– y recurriendo a algunos aspectos sociológicos, tecnológicos y comunicativos esenciales para comprender la dimensión alcanzada por este fenómeno en la actualidad.

Pizzagate fake news

En realidad, se podría haber hecho, pues la obra cuenta con el testimonio de periodistas, expertos y académicos de gran prestigio, si bien desaprovechando a algunos de ellos, que apenas aparecen unos segundos en pantalla. El problema, por lo tanto, es de concepto; no es que la narración o el contenido sean incorrectos, sino que se opta por mostrar una imagen incompleta, aunque más atractiva para un volumen más amplio de espectadores. Y es que es innegable el interés de la obra, entretenida y con contenido y reflexiones de gran validez. Podría –y debería– haber ampliado el foco, ganando riqueza y resultando más ilustrativa, mas de esta forma logra un trabajo más cercano al potencial y con mayor capacidad de remover alguna conciencia. 

Lo mejor: la perspectiva humana del problema
Lo peor: la falta de análisis del fenómeno en su totalidad
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 9 de octubre de 2019

[Cine] Crítica: 'Joker' (2019), de Todd Phillips. Cine a pesar de todo

Joaquin Phoenix logra una interpretación irrepetible en una cinta perturbadora y brutal que derrocha cine y que escapa de cualquier polémica o convención


joker joaquin phoenix robert de niro

La polémica que rodea a un estreno cinematográfico –de cualquier expresión cultural, en realidad– no suele girar en torno a cuestiones propias de la obra, sino a aspectos externos: se trata con frecuencia de un análisis sociológico más que dramático o estético. Ha vuelto a ocurrir con ‘Joker’: cuestiones sobre el cine de superhéroes o la representación e incitación a la violencia han nublado, sin llegar a cubrir ni oscurecer, una película que rebosa cine en todas sus dimensiones

Es irrelevante qué aspecto cinematográfico escojamos, porque la obra de Todd Philips resulta excelsa en prácticamente todos. Sorprendente, por inesperado, el magistral uso de la luz, insuficiente y vacilante, con el foco de la misma en pantalla, y con un juego de sombras que aporta gran riqueza, mas también mucho desasosiego. A eso contribuye también un uso del color, con tonos apagados que contrastan con la viveza de un payaso. Y en esta transmisión de sensaciones y angustias hay un tercer elemento poderosísimo: la música. Mucha cuerda y gravedad para acentuar esa tensión contenida, siempre a punto de desatarse. Es uno de los puntos clave de este trabajo, pues incentiva la incomodidad y la locura, tanto del protagonista, como de la sociedad que le rodeaUna sociedad ruidosa y enfurecida, como se transmite también gracias al sonido y los efectos visuales: esa tarea de ambientación de Gotham es clave para que el espectador no pueda evitar removerse en su asiento cada vez que las luces del metro se apagan o cada vez que un personaje debe caminar por unas calles sucias y amenazantes. 

También el guion hace su parte, aportando una consistencia y coherencia a la historia que, junto a una narración calmada y sin exceso de artificios, consigue que el descenso a los infiernos de Arthur Fleck resulte impactante e inevitable. No es necesario efectismos ni sorpresas como en una cinta de superhéroes, sino que la brutalidad de la historia se encarga de actuar como hilo conductor. De esta forma, no siempre es necesario mostrar, sino que se asume la madurez del público, siendo suficiente con intuir, una de las armas más poderosas de la gran pantalla.

arthur fleck joaquin phoenix

Mas por encima de todos estos argumentos, hay uno que sobresale. No es una sorpresa. Quizá sea lo único a lo que podíamos aferrarnos con certeza desde el comienzo del proyecto, porque nadie puede poner en tela de juicio la capacidad de Joaquin Phoenix de convertirse –que es más que interpretar– en un personaje alocado, enfermo o particularísimo como el propio Joker. Sin embargo, esta actuación está en otro nivel: no es cuestión de compararla aquí con Heath Ledger ni con ningún otro intérprete, pues los contextos y el diseño de los personajes son diferentes, pero sí que se alcanzan unas cotas interpretativas irrepetibles. Es probable que este Joker sea uno de los personajes más complejos a los que se pueda dar vida en una pantalla, y es precisamente en estas figuras en las que un intérprete puede demostrar su valía. Phoenix no necesitaba demostrarlo, prro destroza cualquier expectativa y consigue algo memorable. La risa descontrolada de un payaso triste, el patetismo del personaje, la extrema e insana delgadez de Arthur Fleck, su forma de correr y de bailar, su soledad. Esa risa aguda perturbadora. Esos primeros planos. En realidad, cualquier adjetivo o definición resulta insuficiente para describir el trabajo de Joaquin Phoenix

La película fuera de la pantalla 


Por supuesto, estas cuestiones más o menos objetivas –más menos que más, pues el análisis de un producto cultural no puede ceñirse estrictamente a criterios absolutos ni a mejores y peores– no implican que la recepción tenga que ser positiva, ni que el trabajo guste, ni que su efecto o análisis social sea positivo, ni que su interconexión con el universo Batman o DC sea el esperado. En todos estos asuntos, mucho más abiertos a debates e interpretaciones personales, la película se mueve en una ambigüedad creo que intencionada, siendo consciente de que la polémica y la crítica en ocasiones pueden ser un gran aliado –o, si no, veamos las cifras de taquilla de su primer fin de semana–. 

Así, la película, cuya mejor descripción es ‘perturbadora’, no es un pasatiempo disfrutable. Menos de acuerdo puedo estar con quienes consideran que la obra hace apología de la violencia o que esta está demasiado presente en la cinta; al contrario, esperaba más violencia explícita, aunque es innegable que la violencia social y psicológica son abrumadoras. Mas no olvidemos que se trata de un film para adultos a los que se supone un grado de madurez y de discernimiento suficiente para no comenzar a pegar tiros vestidos de payaso al salir del cine. No sé hasta qué punto es real el riesgo de que se replique algo semejante a lo que ocurre en la trama –al fin y al cabo, la máscara de Guy Fawkes popularizada por ‘V de Vendetta’ se ha convertido en un símbolo–, pero tampoco veo que la responsabilidad sea de una ficción que precisamente critica esa sociedad en la que este tipo de personas o problemas existen.

joker baño baile

Por otro lado, esa lectura pesimista y anarquista de la sociedad no tiene por qué ser válida y, en realidad, no lo es, por lo que resulta insuficiente como análisis social. De nuevo, una película no tiene por qué tener esa responsabilidad y, por lo tanto, esto no puede ser en ningún caso una crítica. En cualquier caso, el ‘Joker’ de Todd Philips sí que retrata con fidelidad la ciudad de Gotham y el contexto en el que surge la figura de Batman. Es evidente que esta obra se aleja de cualquier film comercial de superhéroes, aunque sí mantiene una serie de elementos que la mantienen unida al universo transmedia de Batman, como la presencia de Brett Cullen –que había aparecido en ‘El caballero oscuro: la leyenda renace’–, la ambulancia embistiendo al coche de policía o la presencia de Bruce y los Wayne.

Pero no central al debate si estas asociaciones son suficientes o no. O si la película realiza un análisis acertado del vacío existencial de la sociedad o no. O si es posible que la violencia del film pueda replicarse o no. Ni siquiera importa en exceso si la cinta es agradable o no. Porque por encima de todo ello hay una lección magistral de cine. Y todavía más arriba, está Joaquin Phoenix.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 10 de septiembre de 2019

[Cine, Documentales] Crítica: 'Varados' (2019). Historias de refugiados

El 4 de octubre llega a los cines ‘Varados’, un reposado documental de Helena Taberna sobre los campos de refugiados en Grecia en el que el elemento central son las historias de los demandantes de asilo 


mujeres inmigrantes varados

Hace unos días se cumplieron cuatro años de una de las fotos más icónicas del siglo XXI. El cuerpo del niño Aylan Kurdi, muerto en una playa turca, supuso un punto de inflexión en la conocida como Crisis de los Refugiados del Mediterráneo. Durante el verano de 2015 y, sobre todo, en septiembre, tras la publicación de la foto y la historia de Aylan, los medios de comunicación prestaron una enorme atención a esas personas que huían de la Guerra de Siria, intentando llegar a Europa a través del Mediterráneo Oriental. En aquel momento, Grecia se convirtió en el principal país de entrada a la Unión Europea y, aunque la ruta de los Balcanes y, posteriormente, las rutas marítimas que llegaban a Italia y España le han restado protagonismo, el país helénico jugó y sigue jugando un rol clave en el camino de los demandantes de asilo que llegan a este lado del Mare Nostrum.

Las cosas han cambiado mucho en estos cuatro años; las llegadas a Europa han disminuido y, aunque los casos del Aquarius o el Open Arms han sido polémicos y mediáticos, la cuestión migratoria en Europa y el asilo han pasado a un plano secundario en la opinión pública. La situación, no obstante, continúa siendo muy compleja en aquellos campos de refugiados cuyo nombre conocimos –y ya olvidamos– hace cuatro años. Lesbos es el mejor ejemplo de ello. 

‘Varados’, el documental escrito y dirigido por Helena Taberna –que ya abordó otras temáticas sociales, como la inmigración en ‘Extranjeras’ o la violencia contra las mujeres en ‘Nagore’–, se hace eco de la situación en el campo de refugiados de Moria y en otros lugares de Grecia, principalmente en su capital, Atenas. Prestar atención a este país, el más castigado de la Unión Europea durante la crisis económica y el más relevante durante la Crisis de los Refugiados, es muy acertado, pues desde que este fenómeno se convirtiera en carne de telediario, su presencia mediática no se ha correspondido con el papel jugado por este país, ya que se ha puesto el foco en lugares más cercanos o con bocazas más grandes, como Alemania o Italia. 

portada varados

Junto a Grecia, también el mar juega un rol muy importante en el documental. El mar como frontera y como camino, como lo que nos separa y, en especial, como lo que nos une. El simbolismo del Mediterráneo es recurrente y, aunque hay varias reflexiones sobre el tema, hay una en concreto, realizada por uno de los refugiados en el campo de Eleonas ateniense, que resume con mucha sabiduría lo que significa ser mediterráneo: no es tener una buena o una mala vida, sino saber el significado de esta.

Tu nombre es Refugiado 


La persona que hace esta afirmación es un hombre en silla de ruedas que huyó de Siria con su sobrino, dejando a su mujer e hijos en su país de origen, en la guerra. Es interesante el retrato de esta historia, pues es poco habitual conocer el relato de migrantes con movilidad reducida, algo que añade dificultad a una travesía y un proceso de acogida de por sí muy complejos y tortuosos.

En un trabajo de poco más de una hora, sin estridencias ni grandes despliegues técnicos, también se incluyen niños, personas ancianas, parejas que han dejado sus hijos en su hogar… La diversidad de historias aporta gran riqueza, gracias también a la inclusión de una relación amorosa entre un española y un refugiado, algo que añade nuevas dimensiones y un punto de contraste y de acercamiento a la vida de estas personas cuyo nombre es Refugiado. 

varados mohammed

Así, sin grandes datos ni análisis sociales o geopolíticos, las protagonistas son precisamente las personas. Esas personas que se organizan para conseguir comida o para mantener el lugar en el que sobreviven –sea un campo de refugiados o una vivienda okupada– lo más limpio y habitable posible. Personas que, en medio de un contexto tan extraño y dramático, consiguen encontrar una cierta normalidad. Ese es el mayor logro de ‘Varados’, reflejar la historia de estas personas sin dramatismos ni heroísmos. Mostrando lo que hay, la dureza de la situación, pero sin buscar la lágrima fácil ni la arenga política apasionada.

El documental llegará a los cines el próximo 4 de octubre. El momento resulta muy adecuado, pues el recrudecimiento de la batalla sobre Idlib, uno de los últimos bastiones rebeldes en Siria, hace temer una nueva ola de refugiados huyendo del país hacia Turquía y, de nuevo, hacia Europa a través de Grecia. Más allá de cualquier cifra y llamada a la acción, es muy necesario una obra como esta, calmada y centrada en lo más importante del fenómeno: los refugiados. Las personas.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 31 de agosto de 2019

[Cine] Crítica: 'Kuso' (2017). Repugnante, pero decepcionante

‘Kuso’, promocionada como la película más repugnante jamás rodada, llega a Filmin como un pobre intento de reflexión artística y con menos provocación de lo que cabría esperar 


kuso filmin película

El éxito de ‘The Disaster Artist’, una de las cintas del año 2017, basada en el rodaje de la considerada peor película de la historia, ‘The Room’, sirve en parte como muestra de la relevancia y el atractivo del feísmo en el arte o, al menos, en la cultura. Y es que ‘The Room’, convertido en título de culto gracias, precisamente, a su mala publicidad y a ese dudoso título de peor película de la historia, es quizá el mejor ejemplo de que la mala publicidad es, al fin y al cabo, publicidad y –muy importante– morbo. ‘Kuso’, que llegó el 30 de agosto a España de la mano de Filmin –más allá de mi opinión sobre la película, es de agradecer que una plataforma como esta apueste por un cine no comercial y por títulos marginales–, explota ese atractivo de lo desagradable, de lo feo, de lo grosero, sin miedo a definirse como la película más repugnante jamás rodada. De hecho, su proyección en Sundance provocó la salida de numerosos asistentes de la sala, asqueados, algo que la promoción de la película no ha ocultado, sino de lo que se enorgullecer.

En este aspecto la película de Flying Lotus es provocadora, pero no tanto como ella misma piensa. De hecho, si es algo, es, en general, mala. Me atrae la intención, la posibilidad de explorar fronteras y desafiar a quien mira, como Duschamp y su Fuente, pero creo que no hay ningún tipo de crítica ni reflexión conceptual detrás. Es solo una película repugnante, que explota el morbo que pueda despertar en un sector del público y la libertad absoluta del creador de hacer algo totalmente no convencional.

Así, no hay nada en la película, más allá de 95 minutos de imágenes surrealistas que combinan animaciones con una estética que recuerda a las realizadas por Terry Gilliam para Monty Python, y acción real, con personajes cargados de póstulas y deformaciones. Todo ello, girando siempre alrededor de orificios, secreciones, vómitos, escatología, sexualidad, suciedad y obscenidad. Y con un uso del sonido que acreciente la incomodidad. Aun con esto, la obra de Flying Lotus es más aburrida que repugnante.

Asquerosa reflexión sobre el arte


Esto no significa que no sea desagradable; lo es, y mucho. Pero la propia película es limitada en su intento de asquear, tanto por la utilización de animación como por la mala calidad del maquillaje y los efectos visuales. Desde luego, hay orgullo en esa búsqueda de lo cutre, pero la mala calidad de la imagen y el uso del encuadre limitan algunas de las imágenes más impactantes, restándole fuerza –algo que, por otra parte, agradezco, porque hay secuencias que producen verdadera repulsión–.

Kuso película cartel

Por otro lado, sí hay un cierto debate sobre el arte, sobre qué es arte; incluso en un momento del film alguien comenta “art is garbage”, el arte es una mierda, en una clara referencia metalingüística, pero no hay en ‘Kuso’ una reflexión profunda en torno a esta o, en realidad, ninguna otra materia. De hecho, probablemente sea muy generoso considerar a esta obra como arte. Sería más adecuado considerarla un producto cultural que explora ciertos límites, pero que no lleva más allá ni el arte fílmico ni su práctica. En realidad, hay un ejemplo reciente, ‘Pieles’, de Eduardo Casanova, mucho más rica en su estudio de texturas y en su análisis de lo desagradable, y también mucho más inteligente y sensible en su planteamiento, que hace que el experimento pierda casi todo su valor y capacidad de transgresión.

Kuso’ existe, en definitiva, porque puede, y eso en sí mismo es una buena noticia, pero no tiene ningún fin, no aporta nada. Es bueno que exista, pero es totalmente innecesario verla.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 19 de agosto de 2019

[Premios] Camino a los Emmy 2019: Mejor TV Movie

Continuamos nuestro camino hacia los Emmy 2019 repasando las nominadas a Mejor TV Movie, es decir, películas directamente producidas para su emisión en televisión: 'Bandersnatch', 'Brexit', 'Deadwood: The Movie', 'King Lear' y 'My Dinner with Hervé'


Aunque a veces quedan relegadas en importancia por las series y miniseries, más influyentes por contar con emisiones más extensas y con mayor potencial para lograr nominaciones dado su mayor número de capítulos y personajes, las películas para televisión van ganando peso a medida que las fronteras entre cine y televisión se desvanecen. Además, las plataformas de streaming producen un mayor número de películas propias para engrosar sus catálogos y varias series han completado sus universos con películas estrenadas directamente en las plataformas o canales donde se emitían –es el caso de 'Sense8' o de una de las nominadas, 'Deadwood'–. A esto hay que añadir la innovación que estamos viendo en las películas interactivas, como otra de las nominadas, 'Bandersnatch', y que abren un nuevo filón para estos contenidos. Con todo esto, las TV Movies tienen mucho interés, y las nominadas este año en esta categoría pueden servir para demostrarlo.

'Bandersnatch'

'Bandersnatch'

No quiero decir que la película interactiva creada por Charlie Brooker para Netflix está en esta lista solo por la novedad que supone, pero desde luego no está precisamente por la calidad de su narración o de sus interpretaciones. La historia de este adolescente (Fionn Whitehead) que diseña un videojuego en 1984 puede ser manipulada por el espectador, que toma decisiones en diversos momentos, afectando en mayor o menor medida al resultado final. Resulta muy interesante como experimento llamado a revolucionar el mundo de la producción audiovisual, y su inclusión en el universo de 'Black Mirror' –que ya lleva dos premios en esta categoría con 'San Junípero' y 'USS Callister'– parece especialmente acertada, como también lo es la reflexión tecnológica y metacinematográfica que plantea. 

Desde luego esta película estrenada en diciembre de 2018 pasará a la historia, pero desde un punto de vista exclusivamente cinematográfico, resulta floja, con una narración todavía limitada por su apuesta técnica y con actuaciones bastante mejorables.

'Brexit: The Uncivil War'

'Brexit: The Uncivil War'


Quizá sea la obra más actual, ya que uno de sus personajes secundarios, Boris Johnson, se convirtió hace pocas semanas en Primer Ministro del Reino Unido y ya que su protagonista, Dominic Cummings, pasará a ser una figura de relevancia en el gobierno británico. Narra la historia de cómo se fraguó el plan maestro de Cummings (un magnífico Benedict Cumberbatch) para la campaña que llevó a la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Aunque a menudo se queda en la superficie, sí que retrata de forma acertada y precisa algunos de los sentimientos, ideas y estrategias que explican la decisión de los británicos en el referéndum de 2016. 

El guion de James Graham, las interpretaciones (insisto, inmejorable, una vez más, Cumberbatch) y el tema que trata, unido al estado de la política británica, que hace que la película esté de actualidad continuamente, añaden relevancia e interés a esta producción de Channel 4 y HBO.


'Deadwood: The Movie'


'Deadwood: The Movie'

La continuación de la premiada serie homónima emitida entre 2004 y 2006 en HBO retoma la historia diez años después del final de la tercera y última temporada de la serie, reuniendo a la mayor parte del equipo, tanto entre los intérpretes (Timothy Olyphant, Ian McShane, Molly Parker, Paula Malcomson, John Hawkes o Gerald McRaney), como tras las cámaras (con Daniel Minahan en la dirección y con guion del creador de la serie, David Milch). Pone un broche de oro a la serie, con grandes interpretaciones y diálogos memorables, y logrando algo muy complejo, que es no decepcionar tras una de las mejores series realizadas en la televisión estadounidense.


'King Lear'

Con la BBC y Amazon detrás del proyecto, adaptando una obra de Shakespeare, y con animales interpretativos de la talla de Anthony Hopkins, Emma Thompson, Emily Watson, Andrew Scott o Jim Broadbent, las garantías de éxito son elevadas. Y si el magnífico elenco está en un estado de gracia absoluta, con un trabajo que combina perfectamente el registro cinematográfico y el teatral, se puede aspirar a todo. Hay, riesgo, por supuesto, en la traslación del lenguaje de Shakespeare a una ambientación contemporánea, algo que no siempre funciona en el film, pero las colosales interpretaciones de Anthony Hopkins y compañía, absolutamente extraordinarias, creo que eclipsan cualquier posible defecto.

De los cinco nominados, quizá sea el telefilm más 'tradicional', siguiendo esa costumbre de la BBC de adaptar obras literarias de sus grandes plumas. En este sentido, también parece ser la, a priori, menos conocida en un contexto en el que las plataformas de streaming son ya las claras dominadoras.

'My Dinner with Hervé'



Peter Dinklage (Tyrion Lannister en 'Juego de Tronos') produce y protagoniza este biopic centrado en los últimos días de la vida del actor Hervé Villechaize, que se suicidó en 1993 con 50 años. La trama gira en torno a una entrevista que el que actor de 'Fantasy Island' o 'El hombre de la pistola de oro' concedió a un periodista con problemas de alcoholismo (interpretado por Jamie Dornan). Las interpretaciones protagonistas, sobre todo la de un Dinklage que captura la complejidad del personaje, añaden atractivo a una historia por sí misma morbosa. Escrita y dirigida por Sacha Gervasi, cuenta en el reparto también con Andy García y Oona Chaplin.

Pronóstico


'Bandersnatch' es la que más ruido ha hecho y la más relevante para la industria, además de tener el sello 'Black Mirror', algo que, tras haber ganado los dos años anteriores, es difícil saber si podría resultar beneficioso o perjudicial. Por otro lado, la película interactiva de Netflix es la más débil si medimos exclusivamente criterios artísticos y cinematográficos y, siendo sincero, prefiero que se sigan valorando este tipo de argumentos por encima de estrategias técnicas y comerciales como las que destacan en 'Bandersnatch'. Así, por calidad, tanto 'King Lear' como 'Deadwood' lo merecen más; la de HBO, habiendo mantenido el nivel de una serie que en su momento ya recibió varios galardones, podría convertirse con esto en favorita.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 17 de agosto de 2019

[Cine] Crítica: 'King Lear' (2019). Actuaciones memorables para revivir la tragedia shakespeariana

Con unas interpretaciones inconmensurables, el telefilm de la BBC y Amazon, nominado a los próximos Emmy, adapta la tragedia de Shakespeare, manteniendo los diálogos y situando la acción en el presente



Shakespeare, a pesar de haber sido uno de los autores más adaptados al cine y la televisión en diversos formatos, supone, en parte por eso y en parte por la complejidad de su universo, un desafío inmenso cada vez que es llevado a una pantalla –o, en realidad, a cualquier tipo de escenario o soporte–. Ese desafío aumenta cuando se introducen en las adaptaciones cambios o novedades, como puede ser la ambientación de la acción en el presente manteniendo los diálogos originales, lo que genera un contraste, por lo general, bastante apreciado tanto en el teatro como en la pantalla. Eso es lo que hace esta nueva versión televisiva de la BBC y Amazon de ‘King Lear’, que no rehúye el desafío, sino que lo enfrenta, dando lugar a una meritoria y satisfactoria versión de la tragedia del dramaturgo inglés.

Es cierto que hay momentos en los que la traslación de los diálogos shakespearianos a entornos y estéticas contemporáneos resbala y ese contraste que se busca se transforma en un choque de difícil cohesión. A su vez, hay una gran teatralidad en la obra, algo que plantea una nueva dificultad por la distinción entre el lenguaje teatral y el cinematográfico/televisivo. Desde luego, ni la fotografía ni el cuidado de los decorados y los efectos especiales son el punto fuerte de esta adaptación de ‘King Lear’


A esto se suma un aspecto relativamente secundario, pero cuyo efecto no podemos obviar; y es que para el espectador medio, el que no sea un gran experto en la obra de Shakespeare o, sobre todo, en su idioma, la versión original –imprescindible, dadas las inconmensurables actuaciones que conviene disfrutar en su máxima pureza– puede ser insuficiente, e incluso los subtítulos en inglés pueden no alcanzar para comprender la obra al completo y en profundidad en un primer visionado

Poderosísimas y muy teatrales interpretaciones 


Mas estas debilidades, que, en cualquier caso, son solo parciales o puntuales, quedan eclipsadas por el verdadero punto fuerte del telefilm. Los intérpretes alcanzan un trabajo coral único, como pocas veces he visto en una pantalla. Tienen un gran componente teatral, con una expresividad asombrosa, algo que ayuda en ese cruce de lenguajes y artes. Estamos hablando de Anthony Hopkins, Emma Thompson, Emily Watson, Florence Pugh, Jim Broadbent, Jim Carter, Tobias Menzies, John Macmillan o Andrew Scott, entre otras bestias de la interpretación. 

Anthony Hopkins completa una actuación memorable, capturando la esencia del personaje, su fragilidad, su decadencia y su locura. El suyo es uno de los ejercicios interpretativos más poderosos e impresionantes que recuerdo. Por la complejidad de su papel, también Andrew Scott, que no es la primera vez que da vida a un personaje con algún desequilibrio mental, está magnífico, igual que su hermanastro en la historia, John MacMillan, con un rol mucho más contenido y logrando trasladarnos las intenciones de una figura maquiavélica y cargada de secretos. También Emma Thompson y Emily Watson están en su línea habitual, con grandes trabajos.


En general, todo el reparto está magistral a las órdenes de Richard Eyre. Lo demás debe ser secundario. Puede haber imperfecciones, inevitables en cualquier adaptación de una obra de estas dimensiones, pero la labor de unión de cine, televisión y teatro es muy meritoria. Y las interpretaciones que la hacen posible, irrepetibles. 

Lo mejor: las interpretaciones, encabezadas por Anthony Hopkins 
Lo peor: una ambientación contemporánea imperfecta 
Nota: 8/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 14 de junio de 2019

[Cine] Crítica: 'Criminales en el mar' (2019). Superficial homenaje a Agatha Christie

‘Criminales en el mar’, que se estrena hoy en Netflix, reformula ‘Asesinato en el Orient Express’ en clave de comedia con Adam Sandler y Jennifer Aniston 




No suelo coincidir con los puristas que defienden que el cine debe mantenerse en las salas y no expandirse por plataformas de uso doméstico, pero es cierto que en determinados casos la experiencia es mucho más completa y rica en una sala, centrados únicamente en la historia, a oscuras y con las mejores condiciones técnicas posibles: ‘Roma’, ‘Endgame’ o el oscurísimo y polémico capítulo ‘La larga noche’ de la última temporada de Juego de Tronos pueden ser algunos ejemplos de esto. Frente a estos casos, siempre ha habido títulos en las carteleras que nos llamaban la atención, aunque no lo suficiente para pagar una entrada; el clásico “me espero a que la echen en televisión” o, más recientemente, a que esté en Netflix o HBO. ‘Criminales en el mar’ (‘Murder Mystery’), la nueva película de Netflix, que se estrena hoy 14 de junio, entra perfectamente en esta categoría.

En ella, Jennifer Aniston y Adam Sandler –probablemente, dos de los intérpretes más habituales en ese tipo de comedias románticas que “bah, mejor me espero a que la den por la tele”–, dan vida a una pareja neoyorkina que, en un viaje a Europa por su 15º aniversario, se ven envueltos en un caso de asesinato propio de las novelas de Agatha Christie. Entre hoteles de lujo, yates y mansiones, su viaje les lleva de Málaga a Mónaco y al Lago Como, huyendo de la policía, que les considera los principales culpables, e intentando descubrir quién está detrás de lo ocurrido.

Comedia de detectives 


La película recurre intencionadamente a todos los clichés del género: mayordomos, venganzas, personajes siniestros, matrimonios por interés, confesiones falsas, sospechosos que aparecen muertos… Se parodian y, en cierta medida, se homenajean las novelas y películas de este estilo. La referencia más clara, por el espacio cerrado y los múltiples personajes con motivo, es ‘Asesinato en el Orient Express’, a la que se alude además en el final de la historia. Se incluye, igualmente, un inspector francés, interpretado por Dany Boon, que, inevitablemente, recuerda a Hercule Poirot. Mas los personajes aunque variopintos y paródicos del género, resultan, como casi todo en la cinta, superficiales.


Está lejos, en definitiva, de cualquier obra de Agatha Christie y de la mayoría de adaptaciones. Resulta menos enrevesada e ingeniosa, pero es entretenida si no le buscamos demasiado la lógica y si no somos demasiados exigentes. También en la narración se acude a numerosos lugares comunes, dejando clara la perspectiva estadounidense de la película y mostrando el exotismo que tiene Europa para ellos. En este sentido, abunda ese humor tan propio del cine estadounidense, que pretende ser gamberro pero que en realidad resulta básico e infantil. No obstante, a pesar de que buena parte de los chistes no tienen excesiva gracia y sean repetitivos o escatológicos, sí hay elementos divertidos. La mayoría, protagonizados por un Sandler que sabe caer en el patetismo y que durante el primer tercio de la obra protagoniza algunos momentos bastante incómodos con Aniston, dando vida a una pareja mal avenida tras quince años de matrimonio. 

Que eso sea lo más atractivo de la obra da una idea del tipo de película. Una película aceptable para desconectar, para seguir con el tirón de ‘Alta mar’ o para echar un puñado de risas fáciles. Lo más seguro es que no hubiera merecido la pena ir al cine y pagar por verla, pero es probable que encaje en el catálogo de Netflix y que sea un buen pasatiempo doméstico.

Lo mejor: la calculada ridiculez del personaje de Adam Sandler
Lo peor: la falta de inteligencia de la mayoría de chistes
Nota: 5.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 5 de junio de 2019

[Opinión] Piratas de agua dulce

Las plataformas de streaming han democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, convirtiendo a la piratería en una elección al servicio del consumismo


Imagen: El Mundo

Hace unos pocos años 'Juego de Tronos' era la serie más pirateada que existía. Probablemente lo siga siendo. Pero esa noticia es ahora menos mediática que el aluvión de bajas que se produjeron en HBO el día después de la emisión del último capítulo de la serie de David Benioff y D. B. Weiss. Entre otras muchísimas cosas'Juego de Tronos' es una de las series que han protagonizado la transición entre el boom de la piratería por internet y el cambio de paradigma de las plataformas de streaming.

La revolución del vídeo bajo demanda, protagonizada por la popularidad de Netflix y apuntalada por la calidad de HBO, ha cambiado por completo la forma de consumir contenidos audiovisuales. Y es que desde hace un par de años, Netflix y compañía han permitido reducir de manera notable la piratería, pues por fin se ofrecía a los consumidores lo que demandaban en sus justificaciones para recurrir a la piratería: “los contenidos son muy caros y no me los puedo permitir”, decían (decíamos, casi cualquiera). Cuando estas plataformas llegaron con un precio de unos siete u ocho euros al mes, con series y películas suficientes para estar viendo durante el resto de nuestra vida sin que se agotasen, la piratería dejó de compensar –en parte también gracias al cierre de webs y al esfuerzo de las autoridades, que poco a poco, fueron surtiendo efecto–. 


No obstante, la producción y la oferta han crecido exponencialmente –es probable que estemos ante una burbuja que puede llegar a explotar, pero eso es tema para otra columna–, por lo que ahora quien solo tiene una plataforma, sea la que sea, se está perdiendo una cantidad muy importante de contenidos. Así, nos hemos vuelto mucho más exigentes, no necesariamente en términos de calidad, pero sí en nuestra “necesidad” de ver aquello de lo que todo el mundo habla. El problema es que la serie del momento puede no estar en las plataformas que tenemos contratadas. Y es evidente que no podemos tener todas las plataformas contratadas. El límite al consumismo, como casi siempre, lo pone nuestro bolsillo. 

Quienes recurren a la piratería en la actualidad no pueden justificarlo en que consumir series o películas es caro. De hecho, nunca ha sido tan barato y sencillo acceder a tantísima oferta audiovisual. Lo que es caro es tenerlo todo. Eso siempre ha sido caro. No podemos tener acceso a todas las series, de la misma forma que no podemos comprarnos toda la ropa de la tienda ni toda la comida del supermercado. La inmensa mayoría de nosotros tenemos que priorizar y elegir, prescindiendo de cosas que nos gustarían. 

Todo esto no es óbice para defender que la Cultura –y digo la Cultura, no los productos comerciales que generan las grandes productoras bajo la lógica capitalista– deba ser considerada un bien común que debe ser incentivado para que sea accesible a toda la sociedad. Y ese incentivo llegará más de un cambio de mentalidad, explicando que las industrias culturales no son únicamente sectores que generan riqueza económica, sino, y sobre todo, expresiones creativas que enriquecen a la sociedad como tal, que de un abaratamiento. 

Y es cierto que hay ámbitos culturales prohibitivos para la mayoría, mas no lo son ni el cine ni las series. Desde luego no lo son las plataformas de streaming, que siguen resultando ridículamente baratas para la cantidad de material que ofrecen –de nuevo, querer acceder a todo es inviable, pero cada plataforma de manera individual tiene un catálogo suficiente para que encontremos material para toda una vida–. Pero tampoco lo es el cine: una entrada de cine sin palomitas ni bebida, que esas tampoco las incluye Netflix ni ninguna opción pirata, cuesta poco más que dos cañas, más o menos como una copa, menos que una cena y mucho menos que una entrada a la mayoría de eventos deportivos. Si cualquiera de estas opciones te parece barata, pero la entrada al cine no, el problema no es del precio, sino del valor que asignas a cada cosa y de tu escala de prioridades.

Imagen: El País

¿Podría ser más barato asistir al cine o consumir series de televisión? Sí. Y debería serlo si los consideramos bienes culturales antes que productos explotables económicamente. 
De hecho, no puedo estar de acuerdo con figuras como Steven Spielberg o Christopher Nolan, que defienden el consumo de películas exclusivamente en las salas, pues la multiplicidad de pantallas y plataformas ha permitido democratizar el acceso a estos contenidos. Mejor una película en el cine que en el móvil, sí, pero mejor una película en el móvil que una pirata. Y mejor una pirata que ninguna película en absoluto.


Porque el problema es quien recurre a la piratería por consumismo y no por verdadera falta de recursos. No podría censurar a alguien que consume ilegalmente una película porque de verdad no tiene recursos materiales para consumirla por vías legales. A quien censuro es a quienes lo hacen por pereza o por querer abarcar todo sin comprender que lo más frecuente es tener que elegir. Aprovechemos, entonces, que la Cultura nunca ha sido tan accesible y que para casi todos nosotros la piratería es una elección.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 18 de mayo de 2019

[Festivales] Las luces cinematográficas ganan a las sombras técnicas

Balance muy positivo de la VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León, que hoy pone fin a 15 días de cine con la entrega de sus galardones



Cuando esta tarde se entreguen los galardones a los premiados en el Auditorio Ciudad de León habrá concluido la VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León. Las últimas proyecciones tuvieron lugar ayer viernes y es, por lo tanto, el momento de hacer balance. 

Lo hicieron el director del festival, Tomás Martínez Antolín, y la coordinadora del mismo, María Oliden, en la rueda de prensa celebrada el jueves para anunciar los premiados. Destacaron la calidad de las películas, la mayor asistencia de público a las proyecciones y la participación de este en los coloquios con los productores, directores o intérpretes invitados. Ahí residen, desde luego, las principales conclusiones del festival: las obras presentadas han tenido una calidad notable y, sobre todo, se han podido ver títulos más conocidos y de mayor renombre. Muchas de las obras llegan precedidas por un gran éxito en pasados festivales; ‘Las distancias’, elegida como Mejor Largometraje, llegaba tras haber recibido la Biznaga de Oro en Málaga, festival en el que ‘Sin fin’ también había cosechado premios. Entre los cortometrajes ‘Cerdita’ había recibido el Goya este mismo año, mientras entre los documentales obras se han visto obras tan reconocidas como ‘Peret: Yo soy la rumba’, ‘En busca del Oscar’ –elegido Mejor Documental del certamen– o ‘Almost Ghosts’, estrenado en la Seminciganador en el Arizona International Film Festival y producido por nuestra compañera Cris Vivó.

Cris Vivó, productora de 'Almost Ghosts', con miembros del equipo del Festival

La discusión que protagonizó con los espectadores que acudieron al pase de su obra, centrada en tres curiosos personajes de la Ruta 66 estadounidense, fue una muestra de las múltiples que se han podido presenciar desde el 4 de mayo en las cuatro sedes en las que se han proyectado películas. La asistencia de miembros de los equipos de algunas de las obras del festival a presentar sus trabajos y discutir con los espectadores ha vuelto a ser uno de sus principales atractivos, enriqueciendo la experiencia del visionado y ofreciendo algo poco habitual para el público leonés

Tanto la calidad y conocimiento de las obras como la asistencia de cineastas han sido, probablemente, los principales argumentos que explican el aumento de público de esta edición. Mas también ha contribuido la importante campaña de promoción realizada en la ciudad y en medios de comunicación –es destacable, no obstante, una cierta falta de interés que siguen mostrando medios locales y regionales– o la inclusión de nuevas sedes –han sido cuatro en total–. La tendencia del festival es muy positiva y, si el público sigue respondiendo, este todavía jovencísimo festival tiene potencial para convertirse en un evento grande. 

Margen de mejora 


Es cierto que para ello debería mejorar ciertos aspectos: por un lado, se han visto ciertas deficiencias técnicas en las proyecciones –en una ocasión se pudo ver a un insecto revoloteando alrededor del proyector y colándose en la imagen–; por otro, los horarios de las proyecciones han hecho que algunas se superpongan o que haya sido imposible llegar a las que se celebraban, con escaso margen, en otras sedes. Son, en cualquier caso, aspectos logísticos menores y totalmente comprensibles y esperables en un certamen con unos medios y un contexto como este, y que no oscurecen en absoluto la valía cinematográfica del festival.

Analia Fraser, directora y guionista de 'Isabela y nosotros', presentando su obra junto a María Oliden, coordinadora del Festival

Los casi 120 títulos proyectados en estos 15 días de buen cine son los que dejan verdadero poso en este festival que ahora se despide. Hasta el año que viene. Y que sea enhorabuena.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 4 de mayo de 2019

[Festivales] Optimismo hacia el futuro en la inauguración del VI Festival de Cine y Televisión Reino de León

La VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León proyectará más de 100 títulos hasta el 18 de mayo en cuatro escenarios de la capital leonesa



Si la V edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León podía verse como su consolidación, la VI, que arrancó ayer, va camino de convertirse en el despegue definitivo de un festival que, en realidad, cumple este año su décimo aniversario. Iniciado en 2009, la dureza de la crisis económica impidió su celebración varios años, haciendo que sus seis ediciones no hayan sido todas consecutivas. En los últimos años, no obstante, el apoyo público y privado –destacado en sus discursos tanto por el alcalde de León, Antonio Silván, como por el director del festival, Tomás Martínez Antolín– ha permitido que el festival continúe creciendo y sueñe con metas más ambiciosas para el futuro. El creciente número de obras y secciones, así como la calidad de las mismas, son la principal señal de optimismo. 

La gala de inauguración, celebrada en el Teatro San Francisco de la capital leonesa con una asistencia de público bastante notable, fue conducida por Chema Trujillo. Además de dos actuaciones musicales y de los citados discursos del alcalde de León y el director del festival, lo más destacado del evento fue la presentación de las categorías oficiales y de los trabajos que se podrán ver hasta el día 18 de mayo. Siete largometrajes, nueve documentales, 23 cortometrajes, 16 cortometrajes de animación, once trabajos en la sección Historias con sentido, nueve títulos para la sección Portugal de Cine, once obras de Castilla y León –la única sección nueva en esta edición del festival– y trece más procedentes de Latinoamérica. A ello se suman, fuera de concurso, las cuatro obras de la Muestra de Cine Leonés y las siete de la Muestra Cine y Despoblación, así como los ocho trabajos que, procedentes de otras secciones, se proyectarán en escuelas de la ciudad durante estos días. 

En total, más de un centenar de títulos; algunos ya han sido premiados en múltiples festivales nacionales e internacionales, otros están todavía por ser descubiertos. Las proyecciones se realizarán en horario de tarde-noche y, en esta ocasión, algunas tendrán lugar de manera simultánea en diversos escenarios, muestra de la expansión del festival. 

Para abrir boca 


En una gala en la que el presentador hizo frecuentes referencias al apetito voraz –como leones– de los espectadores por el cine, la proyección de tres cortometrajes fue lo más útil de cara a poner los dientes largos al auditorio. El primero de ellos fue ‘Robarte una noche’, dirigido por Fernando Vera y protagonizado por Miren Ibarguren y Telmo Irureta, presente este último en la gala con su silla de ruedas y su humor imparable para introducir una obra que, en sus propias palabras, “no es comedia ni drama, es la vida misma”. También acudieron a esta ceremonia Ignasi López y Roberto Martín Maiztegui, responsables de ‘Viacruxis’ y ‘Sushi’, respectivamente; muy meritoria la primera, un corto de once minutos sobre dos montañeros realizado con stop-motion a lo largo de 18 meses, y muy personal la segunda, sobre una pareja en un restaurante japonés.


Concluida esta obra, daba comienzo el VI Festival de Cine y Televisión Reino de León. Y con él, dos semanas de cine en el Reino de León.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)