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domingo, 22 de marzo de 2020

[Documental] Crítica: ‘Ciberguerra en las Elecciones Estadounidenses’. La puerta trasera para la manipulación electoral

HBO estrena el documental ‘Kill Chain: The Cyber War on America’s Elections’, que destapa las vulnerabilidades del sistema de voto electrónico en las elecciones estadounidenses, aunque con una argumentación floja e insuficiente


Ciberguerra Portada

Al analizar ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’ hablábamos del fenómeno de las noticias falsas como una amenaza para las Elecciones Presidenciales de Estados Unidos que deben celebrarse este año. Esas campañas de desinformación son, en realidad, una forma de guerra asimétrica y de terror cibernético cuyo objetivo no es necesariamente convencer de una mentira, sino que suele ser suficiente con introducir duda y caos en un sistema. La guerra cibernética es muy amplia, desde el robo de información hasta el hackeo de recursos e instalaciones críticas, y constituye una amenaza de la que ningún país está libre. Y menos el país más poderoso e intervencionista en el exterior del mundo: Estados Unidos.

‘Kill Chain’, que llega a HBO España el próximo 27 de marzo, es un documental bastante preocupante sobre la falibilidad y vulnerabilidad del sistema de votación existente en Estados Unidos, en el que cada estado tiene capacidad de decidir el sistema y en el que en gran parte de los centros de votación utilizan máquinas electrónicas, sin papeletas que puedas ser verificadas antes un hackeo o fallo de unas máquinas obsoletas y más expuestas a ello de lo que las autoridades estadounidenses quieren admitir. Cuenta con la participación de hackers y expertos en ciberseguridad, con Harri Hursti a la cabeza, que demuestran en repetidas ocasiones algo que ya habían demostrado en 2006, en el documental ‘Hacking Democracy’: que el sistema de voto electrónico estadounidense es menos seguro de lo que sus responsables defienden. 

Si lo que se cuenta en el documental es cierto, la amenaza es inmensa y la situación es inquietante. Por supuesto, no hay motivos para dudarlo; ahora bien, salvo para los mayores expertos, el documental no permite comprobarlo, pues realiza una aproximación muy poco didáctica y de difícil acceso para el ciudadano medio, que puede creerse estos argumentos como puede creerse los contrarios, ya que resultan, en su mayoría, inalcanzables.

Un abordaje insuficiente


Al mismo tiempo, y a pesar de la gravedad de lo que se muestra, no parece suficiente, pues es repetir lo mismo una y otra vez: esta máquina se puede hackear; esta máquina da errores; esta máquina ya la hackeé en 2006. El cúmulo de errores y problemas a los que se alude es inmenso, pero no deja de ser un mismo problema en diferentes estados y con diferentes máquinas. Se echa en falta una aproximación más completa del problema, abordando quién, cuándo, cómo y por qué. Que las máquinas son hackeables e inseguras puede demostrarse en diez minutos, dejando los ochenta restantes para abordar otras derivadas de la situación, sobre todo si el título ambiciona “la guerra cibernética contra las elecciones americanas”.


Harri Hursti

La otra limitación de la obra es la de no dar voz a la otra vertiente, la de quienes defienden la seguridad del sistema. Es cierto que el documental busca la denuncia, pero la matización de las acusaciones a través de la inclusión de opiniones enfrentadas le hubiera añadido riqueza y, probablemente, mayor capacidad persuasiva. Lo mismo hubiera ocurrido con un repaso más global de la situación, observando errores y aciertos de otros sistemas. Así, la apresurada conclusión de que la solución es utilizar papeletas que garanticen la revisión en caso de duda, error o ataque informático, aunque a priori acertada, no tiene la suficiente justificación.  

Un documental que pretende destapar una amenaza tan importante, con acusaciones de tal gravedad y con unas ambiciones tan elevadas no puede abordar el problema desde una sola perspectiva, con un número tan reducido de voces y con un foco tan limitado del problema. Es encomiable y muy necesario el objetivo, lo que falla es el proceso para lograrlo; es una lástima, pues, con mejores argumentos, esta obra tendría que sacudir el proceso electoral en el que se encuentra la todavía nación más poderosa del planeta. 

Lo mejor: la urgencia e importancia del tema
Lo peor: la insuficiencia de los argumentos
Nota: 5,5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 19 de marzo de 2020

[Documental] Crítica: ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’. La política estadounidense y las noticias falsas

Aunque atractivo, el documental ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’, que HBO estrena el día 20, se aproxima a este fenómeno de manera incompleta y con una visión excesivamente centrada en la política estadounidense


Portada Posverdad

La situación tan extraordinaria en la que nos encontramos está dejando la política en un segundo plano. Las primarias demócratas en Estados Unidos también se están viendo afectadas, siendo aplazadas en algunos estados y extremando las precauciones en los que se han celebrado. Aun así, el proceso lleva en marcha un tiempo y, además del coronavirus, hay una amenaza, algo más subyacente pero igualmente preocupante, cuya sombra alcanza las anteriores Elecciones Presidenciales de Estados Unidos en la que ganó Donald Trump. Las noticias falsas.

El documental que estrena HBO el día 20, dirigido por Andrew Rossi, aborda este problema desde una perspectiva exclusivamente política y estadounidense, intentando comprender las consecuencias que este fenómeno tiene sobre los ciudadanos de a pie. Es un punto de vista interesante y no demasiado común; sin embargo, al obviar un análisis sociológico, tecnológico y comunicativo, impide una mayor comprensión del fenómeno. Se centra en un puñado de casos en los que la desinformación y las noticias falsas tuvieron efectos importantes en la vida de las personas, destacando el Pizzagate, un caso en el que un hombre armado irrumpió en una pizzería al creerse bulos sobre casos de pedofilia que afectaban a la candidata demócrata, Hillary Clinton, y a otras figuras públicas, como el millonario George Soros.

Estos casos y el rol que la desinformación tuvo en ellos, son retratados de manera ilustrativa y completa, mas no dejan de ser casos aislados, que nunca se interconectan y de los que no se extraen lecturas más amplias, por lo que no se profundiza en cómo el fenómeno actual se diferencia de las campañas de desinformación que se han seguido con fines políticos y propagandísticos a lo largo de la historia. En realidad, parte de la tesis de esta obra parece ser que las noticias falsas son solamente una herramienta política y que el buen periodismo puede solucionarlo, lo cual es cierto en parte, pero, una vez más, obvia parte de las dimensiones del problema y libera de responsabilidad a los ciudadanos, retratados aquí solamente como víctimas.

Only in America


Por supuesto, optar por unos casos concretos es necesario para poder comprimir un fenómeno tan amplio en un largometraje de 90 minutos; y poner el foco sobre la política estadounidense, uno de los campos más afectados por las noticias falsas, tampoco es un error. Sí lo es seguir hablando de las noticias falsas como si Rusia fuera la inventora y única responsable y como si el fenómeno no tuviera relevancia en otras esferas y países –la crisis del coronavirus es un buen ejemplo de que esto no es un fenómeno exclusivo de Trump y los rusos–. Y es que para comprender las consecuencias de esta problemática sobre las personas es necesario comprenderla con mayor amplitud, diferenciando noticias falsas de desinformación –algo que hacen algunos de los entrevistados, pero que en ningún momento se explica–, situando el problema en el actual contexto de posverdad –que está en el título, pero que es referido en muy pocas ocasiones y sin clarificar en qué consiste y por qué es tan relevante– y recurriendo a algunos aspectos sociológicos, tecnológicos y comunicativos esenciales para comprender la dimensión alcanzada por este fenómeno en la actualidad.

Pizzagate fake news

En realidad, se podría haber hecho, pues la obra cuenta con el testimonio de periodistas, expertos y académicos de gran prestigio, si bien desaprovechando a algunos de ellos, que apenas aparecen unos segundos en pantalla. El problema, por lo tanto, es de concepto; no es que la narración o el contenido sean incorrectos, sino que se opta por mostrar una imagen incompleta, aunque más atractiva para un volumen más amplio de espectadores. Y es que es innegable el interés de la obra, entretenida y con contenido y reflexiones de gran validez. Podría –y debería– haber ampliado el foco, ganando riqueza y resultando más ilustrativa, mas de esta forma logra un trabajo más cercano al potencial y con mayor capacidad de remover alguna conciencia. 

Lo mejor: la perspectiva humana del problema
Lo peor: la falta de análisis del fenómeno en su totalidad
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 19 de noviembre de 2019

[Series] 'The Sleepers'. autenticidad checa para ilustrar el fin de la Guerra Fría

‘The Sleepers’, estrenada en HBO España el 17 de noviembre, coincidiendo con el trigésimo aniversario de la Revolución de Terciopelo en Praga, ofrece una compleja historia de espías con un sello muy personal y verosímil


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Hace menos de dos semanas se conmemoraba el trigésimo aniversario de uno de los eventos históricos más determinantes del siglo XX, la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989. Unos días más tarde, consecuencia inevitable de aquello, comenzaba la Revolución de Terciopelo, que pondría fin al régimen comunista en Checoslovaquia. Y justo treinta años después del día más determinante de esta revolución, el 17 de noviembre, se ha estrenado en HBO ‘The Sleepers’, una miniserie checa de seis capítulos ambientada en los meses y eventos que cambiaron la Historia de Europa, del mundo y, sobre todo, de países como Checoeslovaquia, que más tarde daría lugar a las actuales República Checa y Eslovaquia. 

La tristeza que se transmite en muchos momentos, la presencia de la música clásica –sobre todo de algún violín lacónico–, el marcado tono pesimista y el uso de una iluminación y colorimetría apagadas son comunes en gran parte de la producción de los países europeos del antiguo bloque comunista, lo que demuestra la influencia que su pasado todavía ejerce en la obra audiovisual de estas naciones. Sin embargo, en esta historia centrada en la Guerra Fría y el cambio de régimen, esa estética y esas sensaciones son especialmente útiles, pues permiten transmitir de manera fidedigna el espíritu que se vivía en la Praga de finales de 1989, con un modelo comunista que se agotaba sin remedio y una libertad y prosperidad que no llegaban.

Desde luego, esta miniserie no hubiera resultado tan verosímil, ni en su estética ni en su ritmo, si se hubiera realizado en otro país, pues son esas peculiaridades de la producción audiovisual de República Checa –extensible, tal vez, a otras filmografías europeas del antiguo bloque comunista– las que le permiten esa autenticidad al aproximarse al tema que articula la trama. Así, de la misma forma que criticábamos hace tiempo la unificación que Netflix había impuesto sobre ‘Criminal’, privándola de la riqueza de sus variaciones nacionales, en este caso hay que alabar la valentía de HBO, produciendo una obra de clara vocación nacional, que, aunque quizás resulte más difícil de seguir para otros públicos, ofrece un valor añadido y diferenciador que debe ser reconocido. 

Historia de espías en el final de la Guerra Fría


En este sentido, también es de agradecer encontrarnos con un trabajo centrado en la Guerra Fría que se aleja de las clásicas historias de espías ambientadas en Estados Unidos o en la Unión Soviética, que apuesta por conocer qué ocurrió con los espías y con los fieles y traidores de ambos bandos una vez que el Telón de Acero hubo desaparecido y, sobre todo, que no se posiciona, dejando claros los abusos cometidos por representantes de ambos bloques y la complejidad que residía tras cada decisión y tras cada traición. De esta forma, ‘The Sleepers’ se va convirtiendo, a medida que avanza, en una historia más y más enmarañada, combinando pistas falsas y verdaderas para el espectador, jugando con el montaje, y añadiendo intriga y tensión.

the sleepers Tatiana Pauhofová

La historia central es la de la mujer de un conocido disidente que, tras regresar a Praga poco antes de la Revolución de Terciopelo, es atropellada por un coche cuando caminaba junto a su marido, que desaparece. La búsqueda que emprenden ella, la Embajada Británica en Praga y los servicios secretos checoeslovacos se van entrelazando, dibujando un juego de alianzas que parecen ir cambiando y que no son fáciles de desentrañar. La narración ofrece numerosos giros y, aunque los capítulos son largos y lentos, están cargados de información y sucesos; es cierto que no es una serie ágil, pero nada de lo que se cuenta es prescindible.

Por último, los nada disimulados movimientos de la cámara, el cuidado y realismo de los decorados, las visiones aéreas de Praga y la inclusión de referencias sutiles e inteligentes a la actualidad son argumentos que añaden valor, complejidad y personalidad a ‘The Sleepers’. Y es precisamente en esa complejidad y personalidad donde reside el mayor atractivo de la obra, aunque también su mayor impedimento para alcanzar a públicos más amplios.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 30 de septiembre de 2019

[Series] ‘El padrino de Harlem’: la segregación racial, vista desde la mafia

‘El padrino de Harlem’ se estrena el 1 de octubre en HBO como un ejemplo magnífico de lo que es el género negro: personajes duales y análisis inteligente del contexto sociopolítico


padrino de harlem forest whitaker

El thriller y el noir son de los géneros que permiten un análisis más profundo y completo de sus personajes y contextos: primero, porque la dualidad y complejidad de los personajes, central en este tipo de obras, se aproximan como en casi ningún otro género a la condición humana; y segundo, porque el análisis del entorno queda en un segundo plano detrás de la trama principal, algo que también ocurre en la realidad, pues los condicionantes sociopolíticos acostumbran a estar presentes de manera subyacente y casi nunca protagonista en nuestras vidas. El caso más claro puede ser ‘The Wire’, en el que las historias de una serie de personajes extremadamente difíciles de clasificar en buenos y malos permitían aproximarse de manera sutil y rica a la corrupción, la adicción a la droga, la desigualdad, etc.

Con ‘El padrino de Harlem’, sin querer compararlo con la obra maestra de David Simon, sucede algo semejante. Más allá del devenir de los personajes, me atrae sobremanera su reflejo de un contexto social, político y económico: es el momento de la lucha de Malcolm X y de Martin Luther King, la Presidencia de Kennedy, la llegada de la heroína a los barrios pobres de Estados Unidos, la aparición de Mohammed Ali… El racismo y la segregación están siempre presentes, y su retrato es uno de los principales atractivos de la serie.

reverendo powell, malcolm X y bumpy johnson

El otro es Forest Whitaker. Su interpretación de un capo de la mafia en Harlem resulta a priori chocante, pero es precisamente su contraste con personajes o actores más duros lo que otorga una nueva dimensión a su personaje, basado en el gángster real Bumpy Johnson. Tras once años en la prisión de Alcatraz, el regreso de Bumpy a las calles está marcado por su lucha con las familias italoamericanas por el control del territorio y por su interacción con figuras relevantes de la comunidad afroamericana, como Malcolm X o el reverendo Adam Clayton Powell. La dureza del personaje contrasta con esa aura mucho más calmada que parece otorgarle Whitaker, logrando una figura redonda y con un mundo interior que, a medida que avanza la serie –al menos los cuatro capítulos que HBO España ha avanzado a los medios–, se comprueba cómo se va haciendo más rico.

Convencional y atractivo


También la ambientación y la caracterización de los mafiosi italoamericanos, aunque menos novedosa, es cuidada y correcta. Y lo mismo ocurre con la narración: quizás le falte cierta mordiente y una mayor tensión, pero su progresión lineal no se pierde en artificios innecesarios ni comete fallos en ningún momento. Hay, es cierto, una cierta sensación de que estamos ante un producto convencional, un thriller más sobre la mafia en Estados Unidos. Lo es, desde luego. Es más, se trata de una adaptación de una película homónima en español –‘Black Ceasar’ era el título original– de 1973, y bebe claramente del blaxploitation, un subgénero del noir protagonizado por afroamericanos en los años 70 principalmente.

Sin embargo, sin revolucionar el género, sí que lo explota de una forma atractiva y muy rica. En este sentido, se nota el saber hacer de los creadores, Chris Brancato y Paul Eckstein, responsables de ‘Narcos’, capaces de lograr un thriller negro clásico, entretenido, sin divisiones sencillas entre buenos y malos y, sobre todo, capaz de retratar sutil y acertadamente un contexto sociopolítico muy complejo.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 19 de agosto de 2019

[Premios] Camino a los Emmy 2019: Mejor TV Movie

Continuamos nuestro camino hacia los Emmy 2019 repasando las nominadas a Mejor TV Movie, es decir, películas directamente producidas para su emisión en televisión: 'Bandersnatch', 'Brexit', 'Deadwood: The Movie', 'King Lear' y 'My Dinner with Hervé'


Aunque a veces quedan relegadas en importancia por las series y miniseries, más influyentes por contar con emisiones más extensas y con mayor potencial para lograr nominaciones dado su mayor número de capítulos y personajes, las películas para televisión van ganando peso a medida que las fronteras entre cine y televisión se desvanecen. Además, las plataformas de streaming producen un mayor número de películas propias para engrosar sus catálogos y varias series han completado sus universos con películas estrenadas directamente en las plataformas o canales donde se emitían –es el caso de 'Sense8' o de una de las nominadas, 'Deadwood'–. A esto hay que añadir la innovación que estamos viendo en las películas interactivas, como otra de las nominadas, 'Bandersnatch', y que abren un nuevo filón para estos contenidos. Con todo esto, las TV Movies tienen mucho interés, y las nominadas este año en esta categoría pueden servir para demostrarlo.

'Bandersnatch'

'Bandersnatch'

No quiero decir que la película interactiva creada por Charlie Brooker para Netflix está en esta lista solo por la novedad que supone, pero desde luego no está precisamente por la calidad de su narración o de sus interpretaciones. La historia de este adolescente (Fionn Whitehead) que diseña un videojuego en 1984 puede ser manipulada por el espectador, que toma decisiones en diversos momentos, afectando en mayor o menor medida al resultado final. Resulta muy interesante como experimento llamado a revolucionar el mundo de la producción audiovisual, y su inclusión en el universo de 'Black Mirror' –que ya lleva dos premios en esta categoría con 'San Junípero' y 'USS Callister'– parece especialmente acertada, como también lo es la reflexión tecnológica y metacinematográfica que plantea. 

Desde luego esta película estrenada en diciembre de 2018 pasará a la historia, pero desde un punto de vista exclusivamente cinematográfico, resulta floja, con una narración todavía limitada por su apuesta técnica y con actuaciones bastante mejorables.

'Brexit: The Uncivil War'

'Brexit: The Uncivil War'


Quizá sea la obra más actual, ya que uno de sus personajes secundarios, Boris Johnson, se convirtió hace pocas semanas en Primer Ministro del Reino Unido y ya que su protagonista, Dominic Cummings, pasará a ser una figura de relevancia en el gobierno británico. Narra la historia de cómo se fraguó el plan maestro de Cummings (un magnífico Benedict Cumberbatch) para la campaña que llevó a la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Aunque a menudo se queda en la superficie, sí que retrata de forma acertada y precisa algunos de los sentimientos, ideas y estrategias que explican la decisión de los británicos en el referéndum de 2016. 

El guion de James Graham, las interpretaciones (insisto, inmejorable, una vez más, Cumberbatch) y el tema que trata, unido al estado de la política británica, que hace que la película esté de actualidad continuamente, añaden relevancia e interés a esta producción de Channel 4 y HBO.


'Deadwood: The Movie'


'Deadwood: The Movie'

La continuación de la premiada serie homónima emitida entre 2004 y 2006 en HBO retoma la historia diez años después del final de la tercera y última temporada de la serie, reuniendo a la mayor parte del equipo, tanto entre los intérpretes (Timothy Olyphant, Ian McShane, Molly Parker, Paula Malcomson, John Hawkes o Gerald McRaney), como tras las cámaras (con Daniel Minahan en la dirección y con guion del creador de la serie, David Milch). Pone un broche de oro a la serie, con grandes interpretaciones y diálogos memorables, y logrando algo muy complejo, que es no decepcionar tras una de las mejores series realizadas en la televisión estadounidense.


'King Lear'

Con la BBC y Amazon detrás del proyecto, adaptando una obra de Shakespeare, y con animales interpretativos de la talla de Anthony Hopkins, Emma Thompson, Emily Watson, Andrew Scott o Jim Broadbent, las garantías de éxito son elevadas. Y si el magnífico elenco está en un estado de gracia absoluta, con un trabajo que combina perfectamente el registro cinematográfico y el teatral, se puede aspirar a todo. Hay, riesgo, por supuesto, en la traslación del lenguaje de Shakespeare a una ambientación contemporánea, algo que no siempre funciona en el film, pero las colosales interpretaciones de Anthony Hopkins y compañía, absolutamente extraordinarias, creo que eclipsan cualquier posible defecto.

De los cinco nominados, quizá sea el telefilm más 'tradicional', siguiendo esa costumbre de la BBC de adaptar obras literarias de sus grandes plumas. En este sentido, también parece ser la, a priori, menos conocida en un contexto en el que las plataformas de streaming son ya las claras dominadoras.

'My Dinner with Hervé'



Peter Dinklage (Tyrion Lannister en 'Juego de Tronos') produce y protagoniza este biopic centrado en los últimos días de la vida del actor Hervé Villechaize, que se suicidó en 1993 con 50 años. La trama gira en torno a una entrevista que el que actor de 'Fantasy Island' o 'El hombre de la pistola de oro' concedió a un periodista con problemas de alcoholismo (interpretado por Jamie Dornan). Las interpretaciones protagonistas, sobre todo la de un Dinklage que captura la complejidad del personaje, añaden atractivo a una historia por sí misma morbosa. Escrita y dirigida por Sacha Gervasi, cuenta en el reparto también con Andy García y Oona Chaplin.

Pronóstico


'Bandersnatch' es la que más ruido ha hecho y la más relevante para la industria, además de tener el sello 'Black Mirror', algo que, tras haber ganado los dos años anteriores, es difícil saber si podría resultar beneficioso o perjudicial. Por otro lado, la película interactiva de Netflix es la más débil si medimos exclusivamente criterios artísticos y cinematográficos y, siendo sincero, prefiero que se sigan valorando este tipo de argumentos por encima de estrategias técnicas y comerciales como las que destacan en 'Bandersnatch'. Así, por calidad, tanto 'King Lear' como 'Deadwood' lo merecen más; la de HBO, habiendo mantenido el nivel de una serie que en su momento ya recibió varios galardones, podría convertirse con esto en favorita.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 5 de julio de 2019

[Series] Review: 'Years and years' (2019). El futuro nunca había estado tan cerca

‘Years and years’, emitida en junio en HBO, se adentra en un futuro cercano y realista en el que una familia británica personifica la llegada de un apocalipsis sociopolítico



Ni la distopía socialista del Orwell en 1984, ni la distopía tecnológica de ‘Black Mirror’, ni la distopía postnuclear de ‘Mad Max’. O quizás un poco de todas. ‘Years and years’, la serie coproducida por la BBC y por HBO muestra un futuro cercano y muy realista que combina elementos de múltiples distopías para, en definitiva, realizar un análisis de la dirección que la política mundial está tomando en la actualidad. 

Ambientada en un lapso de tiempo que abarca los próximos diez años de la sociedad británica, se centra en el devenir de una familia, los Lyons, diversa y moderna, en la que sus miembros, aunque en general bien avenidos, se enfrentan a la realidad que les rodea de una forma diferente. Así, los distintos miembros de la familia permiten una aproximación mayor y más realista a los problemas y desafíos que se retratan. 

Entre esos desafíos, destacan las crisis de refugiados y el ascenso de opciones políticas radicales y populistas. Se trata, en realidad, de fenómenos que ya conocemos en la actualidad, pero llevándolos al siguiente nivel: un líder político populista de cabello platino –magistral, como es habitual, Emma Thompson–, Trump apretando el botón nuclear y llevando la guerra comercial con China a un nuevo extremo, Rusia entrando en Ucrania y ampliando la guerra, islas artificiales con intenciones geopolíticas, partidos extremistas gobernando países europeos, deportaciones masivas de refugiados… Nada, en realidad, que no podamos imaginarnos. 

Ahí reside uno de los principales aciertos y valores diferenciales de esta serie de seis capítulos, pues nos remite a un futuro cercano en tiempo y realidad, lo que permite reflexiones y lecturas mucho más profundas e impactantes. Lo cierto es que los temas no podrían ser más actuales, haciendo referencias a sucesos muy recientes o que siguen desarrollándose en estos momentos –la guerra comercial entre Estados Unidos y China, por ejemplo–; resulta casi sorprendente que una producción televisiva de este tipo pueda mantenerse tan al día en un mundo que evoluciona tan rápido. En ese sentido, ‘Years and years’ demuestra que el mundo cambia y que a veces parece que el apocalipsis se acerca, pero esos cambios y ese apocalipsis no son –ni en mundo real ni en el diegético– instantáneos, sino que se producen de una manera más o menos rápida, aunque sin duda progresiva. 

La estructura que organiza la narración acentúa perfectamente esta sensación, combinando momentos acelerados en los que parece que todo se viene abajo –la amenazante banda sonora resalta estos instantes de manera muy adecuada–, con otros mucho más calmados, en los que la normalidad de una familia se mantiene a pesar de ese mundo convulso que les rodea. La sucesión de años y la linealidad con la que se presenta la trama, ordenada a pesar de los cambios de ritmo, contribuyen a comprender cómo se ha llegado a cada situación.


A pesar de esto, la serie corre riesgos, casi siempre acertados, incorporando elementos o escenas imprevisibles e impactantes. En otras ocasiones se añaden momentos divertidos, explotando el humor negro británico, y en otras son las historias melodramáticas y familiares las que cobran protagonismo. Se logra así un producto muy completo que, no obstante, tiene dos aspectos decepcionantes. 

Dos sombras 


La serie pierde fuerza precisamente en esos momentos en los que pasa a centrarse demasiado en el drama familiar de los Lyon en detrimento de la realidad sociopolítica que les rodea y que es en lo que de verdad destaca la obra de Russell T. Davies. Esta familia, como decíamos antes, funciona muy bien como hilo conductor, personificando esos cambios sociales y (geo)políticos del mundo que se avecina; también tienen carisma y, aunque en unos personajes más que otros, sus hilos argumentales están bien desarrollados. Sin embargo, es una pena que, por tratar historias familiares o amorosas como podría hacer cualquier otra obra, no se pueda profundizar más en aspectos sobre ese futuro que se avecina, algo que ‘Years and years’ logra como muy pocas otras producciones. 

A su vez, y en parte porque esos elementos amorosos adquieren mayor peso, el final resulta decepcionante. Por un lado, porque el desenlace de las tramas principales resulta menos profundo y elaborado que todo el desarrollo anterior; y por otro, porque, sobre todo en la última escena, la narrativa se pierde por completo, se vuelve más abstracta, y se adentra en algo mucho menos realista que el resto de la serie. 

Y es una pena, porque ese es el elemento diferenciador de la serie. Y es que pocas distopías o historias futuristas habían realizado un análisis tan cuidado, moderado y viable, con sus luces y, sobre todo, sus sombras, del futuro que se avecina en los próximos años.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 5 de junio de 2019

[Opinión] Piratas de agua dulce

Las plataformas de streaming han democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, convirtiendo a la piratería en una elección al servicio del consumismo


Imagen: El Mundo

Hace unos pocos años 'Juego de Tronos' era la serie más pirateada que existía. Probablemente lo siga siendo. Pero esa noticia es ahora menos mediática que el aluvión de bajas que se produjeron en HBO el día después de la emisión del último capítulo de la serie de David Benioff y D. B. Weiss. Entre otras muchísimas cosas, 'Juego de Tronos' es una de las series que han protagonizado la transición entre el boom de la piratería por internet y el cambio de paradigma de las plataformas de streaming.

La revolución del vídeo bajo demanda, protagonizada por la popularidad de Netflix y apuntalada por la calidad de HBO, ha cambiado por completo la forma de consumir contenidos audiovisuales. Y es que desde hace un par de años, Netflix y compañía han permitido reducir de manera notable la piratería, pues por fin se ofrecía a los consumidores lo que demandaban en sus justificaciones para recurrir a la piratería: “los contenidos son muy caros y no me los puedo permitir”, decían (decíamos, casi cualquiera). Cuando estas plataformas llegaron con un precio de unos siete u ocho euros al mes, con series y películas suficientes para estar viendo durante el resto de nuestra vida sin que se agotasen, la piratería dejó de compensar –en parte también gracias al cierre de webs y al esfuerzo de las autoridades, que poco a poco, fueron surtiendo efecto–. 


No obstante, la producción y la oferta han crecido exponencialmente –es probable que estemos ante una burbuja que puede llegar a explotar, pero eso es tema para otra columna–, por lo que ahora quien solo tiene una plataforma, sea la que sea, se está perdiendo una cantidad muy importante de contenidos. Así, nos hemos vuelto mucho más exigentes, no necesariamente en términos de calidad, pero sí en nuestra “necesidad” de ver aquello de lo que todo el mundo habla. El problema es que la serie del momento puede no estar en las plataformas que tenemos contratadas. Y es evidente que no podemos tener todas las plataformas contratadas. El límite al consumismo, como casi siempre, lo pone nuestro bolsillo. 

Quienes recurren a la piratería en la actualidad no pueden justificarlo en que consumir series o películas es caro. De hecho, nunca ha sido tan barato y sencillo acceder a tantísima oferta audiovisual. Lo que es caro es tenerlo todo. Eso siempre ha sido caro. No podemos tener acceso a todas las series, de la misma forma que no podemos comprarnos toda la ropa de la tienda ni toda la comida del supermercado. La inmensa mayoría de nosotros tenemos que priorizar y elegir, prescindiendo de cosas que nos gustarían. 

Todo esto no es óbice para defender que la Cultura –y digo la Cultura, no los productos comerciales que generan las grandes productoras bajo la lógica capitalista– deba ser considerada un bien común que debe ser incentivado para que sea accesible a toda la sociedad. Y ese incentivo llegará más de un cambio de mentalidad, explicando que las industrias culturales no son únicamente sectores que generan riqueza económica, sino, y sobre todo, expresiones creativas que enriquecen a la sociedad como tal, que de un abaratamiento. 

Y es cierto que hay ámbitos culturales prohibitivos para la mayoría, mas no lo son ni el cine ni las series. Desde luego no lo son las plataformas de streaming, que siguen resultando ridículamente baratas para la cantidad de material que ofrecen –de nuevo, querer acceder a todo es inviable, pero cada plataforma de manera individual tiene un catálogo suficiente para que encontremos material para toda una vida–. Pero tampoco lo es el cine: una entrada de cine sin palomitas ni bebida, que esas tampoco las incluye Netflix ni ninguna opción pirata, cuesta poco más que dos cañas, más o menos como una copa, menos que una cena y mucho menos que una entrada a la mayoría de eventos deportivos. Si cualquiera de estas opciones te parece barata, pero la entrada al cine no, el problema no es del precio, sino del valor que asignas a cada cosa y de tu escala de prioridades.

Imagen: El País

¿Podría ser más barato asistir al cine o consumir series de televisión? Sí. Y debería serlo si los consideramos bienes culturales antes que productos explotables económicamente. 
De hecho, no puedo estar de acuerdo con figuras como Steven Spielberg o Christopher Nolan, que defienden el consumo de películas exclusivamente en las salas, pues la multiplicidad de pantallas y plataformas ha permitido democratizar el acceso a estos contenidos. Mejor una película en el cine que en el móvil, sí, pero mejor una película en el móvil que una pirata. Y mejor una pirata que ninguna película en absoluto.


Porque el problema es quien recurre a la piratería por consumismo y no por verdadera falta de recursos. No podría censurar a alguien que consume ilegalmente una película porque de verdad no tiene recursos materiales para consumirla por vías legales. A quien censuro es a quienes lo hacen por pereza o por querer abarcar todo sin comprender que lo más frecuente es tener que elegir. Aprovechemos, entonces, que la Cultura nunca ha sido tan accesible y que para casi todos nosotros la piratería es una elección.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)