Mostrando entradas con la etiqueta Netflix. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Netflix. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de agosto de 2019

[Premios] Camino a los Emmy 2019: Mejor TV Movie

Continuamos nuestro camino hacia los Emmy 2019 repasando las nominadas a Mejor TV Movie, es decir, películas directamente producidas para su emisión en televisión: 'Bandersnatch', 'Brexit', 'Deadwood: The Movie', 'King Lear' y 'My Dinner with Hervé'


Aunque a veces quedan relegadas en importancia por las series y miniseries, más influyentes por contar con emisiones más extensas y con mayor potencial para lograr nominaciones dado su mayor número de capítulos y personajes, las películas para televisión van ganando peso a medida que las fronteras entre cine y televisión se desvanecen. Además, las plataformas de streaming producen un mayor número de películas propias para engrosar sus catálogos y varias series han completado sus universos con películas estrenadas directamente en las plataformas o canales donde se emitían –es el caso de 'Sense8' o de una de las nominadas, 'Deadwood'–. A esto hay que añadir la innovación que estamos viendo en las películas interactivas, como otra de las nominadas, 'Bandersnatch', y que abren un nuevo filón para estos contenidos. Con todo esto, las TV Movies tienen mucho interés, y las nominadas este año en esta categoría pueden servir para demostrarlo.

'Bandersnatch'

'Bandersnatch'

No quiero decir que la película interactiva creada por Charlie Brooker para Netflix está en esta lista solo por la novedad que supone, pero desde luego no está precisamente por la calidad de su narración o de sus interpretaciones. La historia de este adolescente (Fionn Whitehead) que diseña un videojuego en 1984 puede ser manipulada por el espectador, que toma decisiones en diversos momentos, afectando en mayor o menor medida al resultado final. Resulta muy interesante como experimento llamado a revolucionar el mundo de la producción audiovisual, y su inclusión en el universo de 'Black Mirror' –que ya lleva dos premios en esta categoría con 'San Junípero' y 'USS Callister'– parece especialmente acertada, como también lo es la reflexión tecnológica y metacinematográfica que plantea. 

Desde luego esta película estrenada en diciembre de 2018 pasará a la historia, pero desde un punto de vista exclusivamente cinematográfico, resulta floja, con una narración todavía limitada por su apuesta técnica y con actuaciones bastante mejorables.

'Brexit: The Uncivil War'

'Brexit: The Uncivil War'


Quizá sea la obra más actual, ya que uno de sus personajes secundarios, Boris Johnson, se convirtió hace pocas semanas en Primer Ministro del Reino Unido y ya que su protagonista, Dominic Cummings, pasará a ser una figura de relevancia en el gobierno británico. Narra la historia de cómo se fraguó el plan maestro de Cummings (un magnífico Benedict Cumberbatch) para la campaña que llevó a la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Aunque a menudo se queda en la superficie, sí que retrata de forma acertada y precisa algunos de los sentimientos, ideas y estrategias que explican la decisión de los británicos en el referéndum de 2016. 

El guion de James Graham, las interpretaciones (insisto, inmejorable, una vez más, Cumberbatch) y el tema que trata, unido al estado de la política británica, que hace que la película esté de actualidad continuamente, añaden relevancia e interés a esta producción de Channel 4 y HBO.


'Deadwood: The Movie'


'Deadwood: The Movie'

La continuación de la premiada serie homónima emitida entre 2004 y 2006 en HBO retoma la historia diez años después del final de la tercera y última temporada de la serie, reuniendo a la mayor parte del equipo, tanto entre los intérpretes (Timothy Olyphant, Ian McShane, Molly Parker, Paula Malcomson, John Hawkes o Gerald McRaney), como tras las cámaras (con Daniel Minahan en la dirección y con guion del creador de la serie, David Milch). Pone un broche de oro a la serie, con grandes interpretaciones y diálogos memorables, y logrando algo muy complejo, que es no decepcionar tras una de las mejores series realizadas en la televisión estadounidense.


'King Lear'

Con la BBC y Amazon detrás del proyecto, adaptando una obra de Shakespeare, y con animales interpretativos de la talla de Anthony Hopkins, Emma Thompson, Emily Watson, Andrew Scott o Jim Broadbent, las garantías de éxito son elevadas. Y si el magnífico elenco está en un estado de gracia absoluta, con un trabajo que combina perfectamente el registro cinematográfico y el teatral, se puede aspirar a todo. Hay, riesgo, por supuesto, en la traslación del lenguaje de Shakespeare a una ambientación contemporánea, algo que no siempre funciona en el film, pero las colosales interpretaciones de Anthony Hopkins y compañía, absolutamente extraordinarias, creo que eclipsan cualquier posible defecto.

De los cinco nominados, quizá sea el telefilm más 'tradicional', siguiendo esa costumbre de la BBC de adaptar obras literarias de sus grandes plumas. En este sentido, también parece ser la, a priori, menos conocida en un contexto en el que las plataformas de streaming son ya las claras dominadoras.

'My Dinner with Hervé'



Peter Dinklage (Tyrion Lannister en 'Juego de Tronos') produce y protagoniza este biopic centrado en los últimos días de la vida del actor Hervé Villechaize, que se suicidó en 1993 con 50 años. La trama gira en torno a una entrevista que el que actor de 'Fantasy Island' o 'El hombre de la pistola de oro' concedió a un periodista con problemas de alcoholismo (interpretado por Jamie Dornan). Las interpretaciones protagonistas, sobre todo la de un Dinklage que captura la complejidad del personaje, añaden atractivo a una historia por sí misma morbosa. Escrita y dirigida por Sacha Gervasi, cuenta en el reparto también con Andy García y Oona Chaplin.

Pronóstico


'Bandersnatch' es la que más ruido ha hecho y la más relevante para la industria, además de tener el sello 'Black Mirror', algo que, tras haber ganado los dos años anteriores, es difícil saber si podría resultar beneficioso o perjudicial. Por otro lado, la película interactiva de Netflix es la más débil si medimos exclusivamente criterios artísticos y cinematográficos y, siendo sincero, prefiero que se sigan valorando este tipo de argumentos por encima de estrategias técnicas y comerciales como las que destacan en 'Bandersnatch'. Así, por calidad, tanto 'King Lear' como 'Deadwood' lo merecen más; la de HBO, habiendo mantenido el nivel de una serie que en su momento ya recibió varios galardones, podría convertirse con esto en favorita.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 18 de agosto de 2019

[Series] 'Así nos ven': Necesaria e impactante miniserie contra los prejuicios raciales

'Así nos ven', la miniserie de Netflix nominada a 11 premios Emmy, muestra, con dureza y empatía, uno de los casos más polémicos y dramáticos de discriminación y prejuicios raciales en Estados Unidos


'Así nos ven'


Cuatro de las cinco nominadas al Emmy a Mejor Miniserie se basan en historias o en personajes reales. No es cuestión de competir en importancia histórica, porque parece claro que la más relevante debe ser ‘Chernobyl’, pero no creo que sea aventurado afirmar que el trabajo con mayor capacidad de movilizar y provocar un efecto en la sociedad es ‘Así nos ven’ (‘When They See Us’), que además, con sus once nominaciones, es la segunda producción más nominada de esta edición de los Emmy por detrás de ‘Juego de Tronos’. Ahora que OITNB ha terminado y nos ha obligado a enfrentarnos a las injusticias del sistema penitenciario estadounidense, el visionado de esta miniserie de cuatro episodios nos lleva a reflexionar sobre el racismo y los prejuicios de la sociedad estadounidense a través de la revisión de uno de sus casos más dramáticos, mediáticos y oscuros.

El 19 de abril de 1989, una mujer blanca que corría en Central Park fue brutalmente agredida y violada. Esa misma noche, un grupo de jóvenes afroamericanos e hispanos había estado supuestamente atacando e intimidando a otros viandantes en el parque. Cinco de esos jóvenes, cuatro de ellos menores de 16 años, fueron acusados por las autoridades como responsables de la agresión sexual. Con pruebas obtenidas en interrogatorios en los que no se respetaron los derechos de los detenidos y tras un juicio extremadamente mediático, fueron condenados a penas de varios años de prisión. Más de doce años después, cuando el mayor de los cinco todavía seguía en la cárcel, fueron exonerados de todos sus crímenes tras la confesión del verdadero autor del ataque.

Este polémico caso se convirtió en una muestra más de los prejuicios policiales, judiciales y, en general, de toda la sociedad hacia la población afroamericana e hispana en Estados Unidos. Treinta años después de aquello, el racismo y los prejuicios siguen siendo parte del país que ahora preside Donald Trump, por lo que una serie como la que se estrenó en Netflix el 31 de mayo es, por desgracia, tan necesaria como siempre.

Además, esta miniserie creada y dirigida por Ava DuVernay tiene la capacidad de impactar e incomodar como pocas producciones. Las náuseas y la tensión que despierta en algunos momentos me recordaban a las que sentía con el primer capítulo de ‘The night of’, en la que un joven se despierta en la escena de un asesinato y es acusado por la policía, sin entender qué ha pasado, y es arrojado en un mundo mucho más duro y difícil de lo que este chaval, como los Cinco de Central Park, están preparados para afrontar. De hecho, las semejanzas con la serie de HBO se deben también al análisis que ambas hacen del sistema penitenciario y judicial de Estados Unidos. En ese aspecto, aunque las dos son ilustrativas y de gran dureza, esta se incrementa en la miniserie de Netflix por la veracidad que hay detrás de lo que vemos. Ese es el elemento más destacado y el que más impresión causa en ‘When They See Us’, pues saber que lo que se muestra está basado en hechos reales impide mirar a otro lado diciendo “es solo ficción”.

Una historia en cuatro partes 


También ayuda en este sentido el extraordinario trabajo de todo el elenco, con el que es imposible no empatizar, capaz de mostrar de forma muy precisa y acertada la evolución de los personajes. Las ocho nominaciones en categorías interpretativas que la serie cosechó son totalmente incuestionables. Destaca, a su vez, la narración y la división de la trama en cuatro partes claramente diferenciadas, con duraciones superiores a la hora y alguna cercana a los 90 minutos.

'Así nos ven'

El primer capítulo muestra a los cinco jóvenes en sus entornos, generalmente estables y felices, antes de dar paso al crimen y al comienzo de la investigación policial. La presentación de cada personaje es magistral y el episodio va construyendo la tensión que se desata en la segunda parte del mismo, mucho más agobiante, cuando se retratan las irregularidades de la instrucción y los abusos policiales. El segundo episodio, se centra en el juicio y, quizá por mostrar casi exclusivamente el lado de los acusados, sin intentar comprender o analizar la otra versión, resulta más flojo. Por ese mismo motivo, la ilustración sobre el desarrollo del proceso resulta en cierta medida incompleta. 

El tercer episodio se centra en la vida en el centro de menores y tras salir de la cárcel de los cuatro protagonistas que, en el momento del crimen, no habían cumplido los 16 años –y, por lo tanto, todavía eran considerados menores de edad–. La dificultad para lograr su reinserción, sobre todo con un crimen sexual sobre ellos, así como la importancia de contar con apoyo y recursos, son elementos centrales en este episodio. Por último, la cuarta parte está reservada a Korey Wise, el mayor de los cinco, el que mayores dificultades enfrentó al haber sido enviado desde el primer momento a una cárcel de máxima seguridad. Es el episodio más duro, con una interpretación soberbia de Jharrel Jerome.

Esta estructura, que permite profundizar en cada personaje y lograr una imagen bastante clara y ordenada de lo que ocurrió, es muy adecuada. Con ella se pone el acento sobre las injusticias que se cometieron y los efectos que tuvieron sobre quienes las vivieron. De esta forma, por su capacidad para servir no solo de homenaje, sino de llamada de atención para que fenómenos semejantes no se repitan, ‘When They See Us’ es un trabajo tan importante y tan necesario.


'Así nos ven'

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 1 de agosto de 2019

[Series] Review 'Orange Is the New Black' (7ª Temporada): La serie en la que mirarnos

La séptima temporada de 'Orange Is the New Black' cierra una serie que cambió el panorama televisivo con una crítica social muy poderosa y con un toque de optimismo


'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Ha sido mucho menos ruidoso y mediático que el final de ‘Juego de Tronos’, pero el final de 'Orange Is the New Black' supone un momento probablemente más determinante por el cambio que esta serie ha supuesto para el panorama televisivo. Y es que 'Juego de Tronos' ha sido uno de los mayores fenómenos televisivos de la historia, mas no ha implicado un punto de inflexión y un cambio de era de las dimensiones del que ha supuesto OITNB.


En 2013, cuando se estrenó esta serie en clave de comedia, Netflix era una promesa de cambio más que una realidad, la televisión seguía regida por las emisiones semanales y las historias estaban mayoritariamente protagonizadas por hombres blancos heterosexuales. Hoy Netflix, que tuvo en OITNB uno de sus primeros grandes éxitos, es líder en el mercado de la televisión y su modelo es replicado por cada vez mayor número de competidores; la forma de consumir series ha cambiado por completo y el lanzamiento de una temporada completa de golpe –algo en lo que OITNB fue pionera– es una práctica frecuente, igual que los maratones; y, sobre todo, la diversidad de personajes protagonistas y la abundancia de historias sobre y para diferentes colectivos, la mayor ruptura que introdujo OITNB, es cada vez mayor.

Manteniendo la esencia 


Consciente de su relevancia, esta séptima y última temporada ha regresado parcialmente al origen, con más humor que en entregas pasadas y centrándose en la evolución de unos personajes que han mostrado unos arcos muchos más cuidados que esa serie de la que hablábamos antes. Tras dos temporadas discordantes –la sexta se centró en un nuevo escenario con nuevos personajes, mientras la quinta fue exclusivamente la historia de la revuelta en la cárcel– que, no obstante, levantaron el vuelo tras haberse quedado un tanto estancada en la tercera y la cuarta temporadas, estos últimos trece episodios permiten cerrar de manera satisfactoria y solvente la mayoría de las tramas que habíamos seguido desde el comienzo. Ha sido precisamente en la multiplicidad y riqueza de tramas e historias secundarias donde siempre ha estado el mayor atractivo de la ficción creada por Jenji Kohan. 

'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Y eso se confirma en esta última, pues, aunque el hilo argumental de Piper Chapman (basada en Piper Kerman, cuyas memorias adapta la serie) es el central, con Piper enfrentándose a la realidad fuera de prisión, es el menos atractivo de todos, como ha ocurrido prácticamente desde la primera temporada. La historia de una pija neoyorkina que entra en la cárcel por haber transportado dinero proveniente de la droga en su juventud es mucho menos atractiva y compleja que la de mujeres racializadas, con identidades y orientaciones sexuales no normativas o provenientes de entornos desafortunados

Más crítica social 


En este aspecto, esta temporada incluye un centro de detención de personas inmigrantes, algo que le permite reflexionar de manera mucho más dura y cercana sobre la realidad y, especialmente, sobre la crueldad del sistema de deportaciones y la privatización del sistema penitenciario estadounidense. La serie mira con más fuerza que nunca hacia fuera, añadiendo a este análisis de las prisiones fenómenos como el #MeToo y el acoso, así como la dificultad de la reinserción tras el cumplimiento de una pena de prisión –gracias a los personajes de Piper, Cindy y Taystee, este es el tema central sobre el que gira toda la temporada–. 

Con esto, se detecta un cierto pesimismo hacia la realidad del país y hacia su sistema penitenciario, pero hay mucho más optimismo y una visión mucho más bondadosa hacia las personas que lo pueblan –sean delincuentes o no–. Así, aun dentro de su complejidad, el lado bueno de los protagonistas se acaba imponiendo, de manera que se pierde en multidimensionalidad y resulta más sencilla la distinción entre buenos y malos, alcanzando personajes un tanto estereotipados.

Con esta última temporada imperfecta, que resume una serie imperfecta y por momentos irregular, se demuestra que pocas producciones pueden realizar críticas tan feroces y coherentes al panorama sociopolítico actual en Estados Unidos. Y es que OITNB siempre ha representado exactamente lo opuesto a lo que el actual presidente de ese país representa.

De esta forma, su crítica, dura aunque optimista, hacia el panorama social y político puede trasladarse también a esa nueva era televisiva de la que OITNB se ha convertido en paradigma. Sigamos, por tanto, el ejemplo de OITNB y adoptemos una postura crítica ante este nuevo panorama, pero que no nos falte optimismo para reconocer toda la bondad y belleza que se esconde detrás.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 14 de junio de 2019

[Cine] Crítica: 'Criminales en el mar' (2019). Superficial homenaje a Agatha Christie

‘Criminales en el mar’, que se estrena hoy en Netflix, reformula ‘Asesinato en el Orient Express’ en clave de comedia con Adam Sandler y Jennifer Aniston 




No suelo coincidir con los puristas que defienden que el cine debe mantenerse en las salas y no expandirse por plataformas de uso doméstico, pero es cierto que en determinados casos la experiencia es mucho más completa y rica en una sala, centrados únicamente en la historia, a oscuras y con las mejores condiciones técnicas posibles: ‘Roma’, ‘Endgame’ o el oscurísimo y polémico capítulo ‘La larga noche’ de la última temporada de Juego de Tronos pueden ser algunos ejemplos de esto. Frente a estos casos, siempre ha habido títulos en las carteleras que nos llamaban la atención, aunque no lo suficiente para pagar una entrada; el clásico “me espero a que la echen en televisión” o, más recientemente, a que esté en Netflix o HBO. ‘Criminales en el mar’ (‘Murder Mystery’), la nueva película de Netflix, que se estrena hoy 14 de junio, entra perfectamente en esta categoría.

En ella, Jennifer Aniston y Adam Sandler –probablemente, dos de los intérpretes más habituales en ese tipo de comedias románticas que “bah, mejor me espero a que la den por la tele”–, dan vida a una pareja neoyorkina que, en un viaje a Europa por su 15º aniversario, se ven envueltos en un caso de asesinato propio de las novelas de Agatha Christie. Entre hoteles de lujo, yates y mansiones, su viaje les lleva de Málaga a Mónaco y al Lago Como, huyendo de la policía, que les considera los principales culpables, e intentando descubrir quién está detrás de lo ocurrido.

Comedia de detectives 


La película recurre intencionadamente a todos los clichés del género: mayordomos, venganzas, personajes siniestros, matrimonios por interés, confesiones falsas, sospechosos que aparecen muertos… Se parodian y, en cierta medida, se homenajean las novelas y películas de este estilo. La referencia más clara, por el espacio cerrado y los múltiples personajes con motivo, es ‘Asesinato en el Orient Express’, a la que se alude además en el final de la historia. Se incluye, igualmente, un inspector francés, interpretado por Dany Boon, que, inevitablemente, recuerda a Hercule Poirot. Mas los personajes aunque variopintos y paródicos del género, resultan, como casi todo en la cinta, superficiales.


Está lejos, en definitiva, de cualquier obra de Agatha Christie y de la mayoría de adaptaciones. Resulta menos enrevesada e ingeniosa, pero es entretenida si no le buscamos demasiado la lógica y si no somos demasiados exigentes. También en la narración se acude a numerosos lugares comunes, dejando clara la perspectiva estadounidense de la película y mostrando el exotismo que tiene Europa para ellos. En este sentido, abunda ese humor tan propio del cine estadounidense, que pretende ser gamberro pero que en realidad resulta básico e infantil. No obstante, a pesar de que buena parte de los chistes no tienen excesiva gracia y sean repetitivos o escatológicos, sí hay elementos divertidos. La mayoría, protagonizados por un Sandler que sabe caer en el patetismo y que durante el primer tercio de la obra protagoniza algunos momentos bastante incómodos con Aniston, dando vida a una pareja mal avenida tras quince años de matrimonio. 

Que eso sea lo más atractivo de la obra da una idea del tipo de película. Una película aceptable para desconectar, para seguir con el tirón de ‘Alta mar’ o para echar un puñado de risas fáciles. Lo más seguro es que no hubiera merecido la pena ir al cine y pagar por verla, pero es probable que encaje en el catálogo de Netflix y que sea un buen pasatiempo doméstico.

Lo mejor: la calculada ridiculez del personaje de Adam Sandler
Lo peor: la falta de inteligencia de la mayoría de chistes
Nota: 5.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 8 de junio de 2019

[Series] Review 'Black Mirror' (5ª Temporada): Charlie Brooker ya no nos estremece

Los tres episodios de la quinta temporada de ‘Black Mirror’, estrenada el 5 de junio en Netflix, continúan reflexionando sobre la tecnológica sociedad contemporánea occidental, pero pierden su mordiente y capacidad de impresionar, convirtiéndose en productos convencionales y menos atractivos que los capítulos originales 


Black Mirror, Serie, 5ª Temporada, Review

Como casi ninguna otra producción, ‘Black Mirror’ ha sido capaz, desde sus inicios, de plantear complejos dilemas y profundas advertencias alrededor de las tendencias que seguían la tecnología y las sociedades occidentales contemporáneas. La serie creada por Charlie Brooker se adelantaba a una tecnología que avanzaba a una velocidad incalculable, estudiando unos riesgos que, aunque acechantes, todavía no habían llegado. Los mundos distópicos que presentaba resultaban especialmente inquietantes por su verosimilitud, y las tecnologías sobrecogían porque, a pesar de su nivel de perfeccionamiento y omnipotencia, mantenían claras semejanzas con las actuales.

Cada capítulo era despiadado, sin límites y sin escrúpulos, lo que permitía agitar las mentes y concienciar sobre la realidad que nos rodeaba. Historias como la de ‘White Christmas’ o ‘White Bear’–aunque no solo ellas–, con sus reflexiones sobre el castigo, resultaban estremecedoras. La tercera temporada, la primera que se produce bajo la millonaria sombra de Netflix y la que supone su consagración en forma de premios, audiencia y presencia mediática, mantiene la brutalidad y la capacidad de remover conciencias de las dos temporadas anteriores, emitidas en el Channel 4 británico, y capítulos como ‘Shut Up and Dance’ o ‘Nosedive’ no solo resultaban impactantes, sino también premonitorios. Sin embargo, la cuarta temporada fue perdiendo gran parte de su característica dureza y capacidad de sobrecoger. Algo que también pareció intuirse en el experimento interactivo de cuestionable éxito que fue ‘Bandersnatch’. Esta nueva mentalidad se confirma de manera muy especial en la quinta temporada que estrenó Netflix el pasado lunes 5 de junio. 

Es cierto que se mantiene el cuestionamiento de determinados aspectos de nuestra ultratecnológica sociedad contemporánea, por lo que la serie sigue resultando vigente y necesaria, mas han desaparecido los elementos que identificaban a ‘Black Mirror’ como algo único y absolutamente rompedor. De esta manera lo que cambia no es el qué, sino el cómo: se refina la narrativa, pero esta se torna convencional, actuando dentro de unos patrones menos sorprendentes e impactantes. Las tres entregas de esta nueva temporada tienen un potencial inmenso y el debate socio-tecnológico que subyace tras cada una de ellas daría para discusiones y análisis extensos. Y es que, una vez más, el debate gira en torno a las expectativas, porque cualquiera de estas tres historias las podría haber visto en el cine o en otro programa y estaría encantado con lo necesario y relevante del tema que presentan. Pero eso no es a lo que nos había acostumbrado ‘Black Mirror’. 

Tres historias con más potencial que fuerza 


‘Striking Vipers’ indaga en las consecuencias de lo que hacemos en el mundo digital y los desafíos que eso implica para una amistad, una pareja o nuestra propia ética personal. Aunque se trata un tema necesario y bien planteado, la narración es convencional, demasiado larga y sin capacidad de atrapar al espectador. Además, junto a algunos fallos de guion, considero que la conclusión que ofrece es insatisfactoria. 

‘Smithereens’, regresa sobre un tema relativamente frecuente en ‘Black Mirror’: las redes sociales que generan adicción y conocen todo sobre nosotros. Una vez más, el potencial es enorme y hay grandes dosis de intriga, sobre todo gracias a la descomunal interpretación de Andrew Scott –Moriarty en ‘Sherlock’–, pero no resulta tan impresionante. En cualquier caso, es el mejor episodio de la serie, que no el más cercano al ‘Black Mirror’ clásico.

Miley Cyrus, Black Miror, 5ª Temporada

Ese honor le corresponde a ‘Rachel, Jack and Ashley Too’, protagonizado por Miley Cyrus, que se aproxima al funcionamiento de la industria musical y del merchandising más que a la tecnología que, aunque presente en todo momento, no es ni central ni objeto de debate. Finalmente, el episodio ofrece mucho menos de lo que el comienzo daba a entender y se centra en una trama atractiva que, no obstante, abandona casi cualquier atisbo de reflexión. 

Son tres historias mucho más introvertidas y podríamos incluso considerar que esta temporada ha ganado sutileza, al mostrar los riesgos y los debates de una forma más suavizada y personificada en historias más pequeñas e individuales, sin ofrecer las imparables espirales de locura tecnológica del pasado. Sin embargo, las tecnologías que se muestran son mucho más cercanas y los debates se plantean de manera directa, sin tamizarlos a través de ingenios casi imposibles, dramáticos y sorprendentes. Se mantiene el potencial crítico, pero se pierde la forma de mostrarlo. Y esa forma, sello de ‘Black Mirror’, era la que amplificaba la reflexión y la que convertía a la serie en una experiencia tan estremecedora como única.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 5 de junio de 2019

[Opinión] Piratas de agua dulce

Las plataformas de streaming han democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, convirtiendo a la piratería en una elección al servicio del consumismo


Imagen: El Mundo

Hace unos pocos años 'Juego de Tronos' era la serie más pirateada que existía. Probablemente lo siga siendo. Pero esa noticia es ahora menos mediática que el aluvión de bajas que se produjeron en HBO el día después de la emisión del último capítulo de la serie de David Benioff y D. B. Weiss. Entre otras muchísimas cosas'Juego de Tronos' es una de las series que han protagonizado la transición entre el boom de la piratería por internet y el cambio de paradigma de las plataformas de streaming.

La revolución del vídeo bajo demanda, protagonizada por la popularidad de Netflix y apuntalada por la calidad de HBO, ha cambiado por completo la forma de consumir contenidos audiovisuales. Y es que desde hace un par de años, Netflix y compañía han permitido reducir de manera notable la piratería, pues por fin se ofrecía a los consumidores lo que demandaban en sus justificaciones para recurrir a la piratería: “los contenidos son muy caros y no me los puedo permitir”, decían (decíamos, casi cualquiera). Cuando estas plataformas llegaron con un precio de unos siete u ocho euros al mes, con series y películas suficientes para estar viendo durante el resto de nuestra vida sin que se agotasen, la piratería dejó de compensar –en parte también gracias al cierre de webs y al esfuerzo de las autoridades, que poco a poco, fueron surtiendo efecto–. 


No obstante, la producción y la oferta han crecido exponencialmente –es probable que estemos ante una burbuja que puede llegar a explotar, pero eso es tema para otra columna–, por lo que ahora quien solo tiene una plataforma, sea la que sea, se está perdiendo una cantidad muy importante de contenidos. Así, nos hemos vuelto mucho más exigentes, no necesariamente en términos de calidad, pero sí en nuestra “necesidad” de ver aquello de lo que todo el mundo habla. El problema es que la serie del momento puede no estar en las plataformas que tenemos contratadas. Y es evidente que no podemos tener todas las plataformas contratadas. El límite al consumismo, como casi siempre, lo pone nuestro bolsillo. 

Quienes recurren a la piratería en la actualidad no pueden justificarlo en que consumir series o películas es caro. De hecho, nunca ha sido tan barato y sencillo acceder a tantísima oferta audiovisual. Lo que es caro es tenerlo todo. Eso siempre ha sido caro. No podemos tener acceso a todas las series, de la misma forma que no podemos comprarnos toda la ropa de la tienda ni toda la comida del supermercado. La inmensa mayoría de nosotros tenemos que priorizar y elegir, prescindiendo de cosas que nos gustarían. 

Todo esto no es óbice para defender que la Cultura –y digo la Cultura, no los productos comerciales que generan las grandes productoras bajo la lógica capitalista– deba ser considerada un bien común que debe ser incentivado para que sea accesible a toda la sociedad. Y ese incentivo llegará más de un cambio de mentalidad, explicando que las industrias culturales no son únicamente sectores que generan riqueza económica, sino, y sobre todo, expresiones creativas que enriquecen a la sociedad como tal, que de un abaratamiento. 

Y es cierto que hay ámbitos culturales prohibitivos para la mayoría, mas no lo son ni el cine ni las series. Desde luego no lo son las plataformas de streaming, que siguen resultando ridículamente baratas para la cantidad de material que ofrecen –de nuevo, querer acceder a todo es inviable, pero cada plataforma de manera individual tiene un catálogo suficiente para que encontremos material para toda una vida–. Pero tampoco lo es el cine: una entrada de cine sin palomitas ni bebida, que esas tampoco las incluye Netflix ni ninguna opción pirata, cuesta poco más que dos cañas, más o menos como una copa, menos que una cena y mucho menos que una entrada a la mayoría de eventos deportivos. Si cualquiera de estas opciones te parece barata, pero la entrada al cine no, el problema no es del precio, sino del valor que asignas a cada cosa y de tu escala de prioridades.

Imagen: El País

¿Podría ser más barato asistir al cine o consumir series de televisión? Sí. Y debería serlo si los consideramos bienes culturales antes que productos explotables económicamente. 
De hecho, no puedo estar de acuerdo con figuras como Steven Spielberg o Christopher Nolan, que defienden el consumo de películas exclusivamente en las salas, pues la multiplicidad de pantallas y plataformas ha permitido democratizar el acceso a estos contenidos. Mejor una película en el cine que en el móvil, sí, pero mejor una película en el móvil que una pirata. Y mejor una pirata que ninguna película en absoluto.


Porque el problema es quien recurre a la piratería por consumismo y no por verdadera falta de recursos. No podría censurar a alguien que consume ilegalmente una película porque de verdad no tiene recursos materiales para consumirla por vías legales. A quien censuro es a quienes lo hacen por pereza o por querer abarcar todo sin comprender que lo más frecuente es tener que elegir. Aprovechemos, entonces, que la Cultura nunca ha sido tan accesible y que para casi todos nosotros la piratería es una elección.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 5 de febrero de 2019

[Series] Review: 'The Umbrella Academy'. Novedosa aproximación de Netflix al género de superhéroes

'The Umbrella Academy', producción propia de Netflix que se estrena el 15 de febrero, ofrece una serie de superhéroes con más aristas, poniendo el foco más en los personajes y sus interacciones que en sus poderes, e incorporando interesantes dosis de misterio y acción



En un mercado saturado de productos audiovisuales protagonizados por superhéroes, se ha convertido en una prioridad lograr una nueva vuelta de tuerca, con personajes alejados de estereotipos previos. ‘The Umbrella Academy’ busca ir más allá y, sin romper por completo con el género y su concepción como producto de consumo, sí deja los distintos superpoderes en una posición secundaria y se centra en los personajes desde una perspectiva algo más penetrante y dramática de lo habitual.


La nueva producción de Netflix, que se estrena el 15 de febrero, se basa en una saga de cómics escrita por Gerard Way y publicada por Dark Horse ComicsNarra la historia de seis treintañeros que, nacidos en condiciones extrañas y adoptados por un excéntrico millonario, se reúnen de nuevo tras su muerte. Juntos deberán enfrentarse a la amenaza de un apocalipsis y al misterio que rodea el fallecimiento de su padre, mas las diferencias y los rencores entre ellos volverán a separarlos, como había ocurrido cuando eran adolescentes y formaban parte de un equipo de superhéroes infantiles. La trama, mucho más complicada de lo que una breve sinopsis pueda anticipar, recuerda en cierta medida a X-Men, pero sin trajes o poderes tan visuales y con más dimensiones y sin una distinción clara entre buenos y malos.

Esa redondez y complejidad de los personajes es lo más atractivo de una historia en la que abundan las sorpresas. Cada episodio –de los cinco que Netflix ha adelantado a la prensa– incluye varios giros y constantemente parecen abrirse nuevas líneas argumentales. En ellas se combina el misterio, la acción y el drama de una forma más madura –aunque todavía juguetona– que en otras series sobre superhéroes. Pensemos, por ejemplo, en ‘Titans’, de DC, que Netflix ha estrenado hace menos de un mes, con un tono mucho más juvenil y activo.

Una serie con mucho potencial 


Otros elementos, secundarios, aunque igualmente atractivos, pueden ser una banda sonora que es central en muchas escenas, con algunos temas muy conocidos; varios toques de humor y buen rollo, incluso en escenas más o menos dramáticas; el protagonismo de la cámara, con planos –como el nadir– y montajes –como la split-screen– arriesgados y poco habituales. En todos estos aspectos la serie también busca la novedad, presentando los personajes de forma curiosa o combinando las tres –música, imagen y humor– en secuencias llamativas. También las actuaciones son muy meritorias, contenidas unas y exageradas otras, pero logrando personajes verosímiles y profundos. Las más destacadas son las de los dos nombres más conocidos del reparto: Robert Sheehan y, sobre todo, Ellen Page.


Con esto, la serie creada por Jeremy Slater tiene capacidad para trascender al comic, logrando unos niveles de calidad y atractivo poco habituales en el mundo de los superhéroes. Precisamente, la escasa presencia de algunos de los tópicos recurrentes en este tipo de producciones –espectaculares luchas contra el mal, por ejemplo– es lo que permite que la serie se centre en mayor medida en las relaciones personales entre los protagonistas o que aborde con mayor consciencia algunos misterios sobre el pasado de los mismos. Esto permite interesantes debates sobre temas que van desde la fama hasta los viajes en el tiempo, abordándolos casi siempre con inteligencia.

Todavía quedan muchos cabos sueltos y muchas tramas por completar, por lo que hay elementos que todavía resultan de difícil valoración. No obstante, si se mantiene la línea mostrada hasta ahora y se resuelven de manera satisfactoria los grandes desafíos que se han planteado, ‘The Umbrella Academy’ tiene material y calidad suficiente para convertirse en una de las series sobre superhéroes más sagaces e interesantes.



(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 24 de enero de 2019

[Cine] Crítica: 'Polar' (2019), de Jonas Åkerlund. Asesinos de cómic

Mañana se estrena en Netflix ‘Polar’, en la que Mads Mikkelsen da vida a un asesino a sueldo que, a punto de retirarse, es perseguido por su antigua organización. La obra adapta una novela gráfica de Dark Horse Comics e introduce un tono más liviano y una estética más colorida y espectacular que las historias clásicas sobre asesinos 


Polar, Mads Mikkelsen, Netflix

Estamos a pocos meses de que se estrene la tercera entrega de ‘John Wick’ y a pocas semanas de que vea la luz en Netflix ‘The Umbrella Academy’. A lo mejor no hace falta esperar tanto, porque mañana, 25 de enero, se estrena también en Netflix una película que, en gran medida, combina ambas. ‘Polar’ es, como ‘John Wick 3: Parabellum’, la historia de un asesino infalible que busca retirarse y al que su antigua organización querrá eliminar –y que, aunque sea por poco tiempo, también tiene un perro–; y también es una adaptación, como ‘The Umbrella Academy’, de una novela gráfica de Dark Horse, en la que oscuros personajes conviven con otros mucho más coloristas y casi paródicos, y en la que una trama cruda se adereza con toques de humor negro. 

No tiene la seriedad ni la dureza de las películas protagonizadas por Keanu Reeves, pero para quienes no somos devotos aficionados al thriller de fríos asesinos ultraefectivos, resulta novedosa y juguetona, además de tener momentos y guiños muy divertidos. Sin llegar a ser una parodia, sí que es consciente de las reglas del género, jugando con ellas e introduciendo una estética novedosa. Estética que se deriva de su origen como cómic y que incluye títulos sobreimpresos con caligrafías llamativas, pantallas partidas y vestimentas muy particulares y reconocibles. A esto se suma la música de deadmau5, que le imprime un ritmo muy ágil.

Podríamos, tal vez, cuestionar la adecuación de las herramientas que utiliza para la historia que se narra, y es cierto que en ocasiones parece no encontrar su sitio al caminar entre dos estilos. Sin embargo, esto le permite jugar con los contrastes. El más interesante, el que se da entre los coloridos, cómicos y brutales perseguidores y el gris y casi anodino protagonista, que también deja, no obstante, notas de su visualmente espectacular violencia. 

Es interesante el trabajo de Mads Mikkelsen ('La Caza') y el de una melancólica e inescrutable Vanessa Hudgens, pero ni sus personajes, ni mucho menos el resto, muestran un arco evolutivo desarrollado. Son personajes bastante estereotipados, algunos de ellos hasta el extremo, lo que aligera la trama, pero le resta profundidad. Tampoco se caracteriza la película de Jonas Åkerlund por una gran inteligencia, ni por la presencia de giros de guion ni grandes sorpresas. Pero esta sencillez no juega en su contra, pues permite un visionado mucho más relajado y disfrutable –a lo que se suman esos elementos cómicos y visuales–, y evita perderse en narraciones demasiado rebuscadas e irresolubles.

Polar, Mads Mikkelsen, Netflix

Y no podemos terminar sin señalar que, al contrario que en otras obras de asesinos, no hay peleas verdaderamente emocionantes en los que el enfrentamiento físico o el cruce de disparos sea intenso. Se trata más bien de choques muy breves resueltos de manera espectacular, pero sin haberse generado una gran dosis de tensión o interés. Aquí se nota, una vez más, la influencia del cómic en la presentación. 

Influencia muy interesante y bienvenida, que refresca un tipo de cine, como son las historias de asesinos implacables y efectivos, muy marcado por unos patrones. Sin la intensidad ni la fuerza de historias como el citado ‘John Wick’ o ‘Venganza’, ‘Polar’ sabe jugar sus cartas para lograr un trabajo menos normativo, pero muy entretenido. 

Lo mejor: es realmente divertida 
Lo peor: un poco más de profundidad en la narración no hubiera estado mal 
Nota: 7/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 11 de enero de 2019

[Series] Review: 'Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas'. Los Baudelaire y el conde Olaf saben poner punto final a sus aventuras

La tercera temporada de ‘Una serie de catastróficas desdichas’, disponible en Netflix desde el 1 de enero, adapta las últimas aventuras de la saga de novelas y cierra la serie con mayor madurez, autoconsciencia y libertad, pero explotando las particulares que desde su estreno en 2017 la convirtieron en una serie única



Con una estructura y un estilo tan particulares y definidos, con personajes excéntricos y estereotipados hasta la parodia y con una trama tan enrevesada, resulta muy adecuada la decisión de Netflix de no alargar ‘Una serie de catastróficas desdichas’ tras su tercera temporada. La serie, que ofrecía siete capítulos en esta última entrega, no ha dado muestras de agotamiento y todavía conseguía mantenerse fresca e ingeniosa, pero una mayor extensión podría haber arriesgado todos los elementos que han caracterizado la serie protagonizada por Neil Patrick Harris.

Su personaje, el conde Olaf, vuelve a ser el aspecto central y más atractivo de la serie, mostrando una profundidad mayor gracias a un pasado que ya se intuía complejo y definitorio de su carácter en la segunda temporada. También aparecerán nuevos personajes, aunque casi todos con roles muy secundarios, y, sobre todo, volveremos a encontrarnos con algunas de las figuras y escenarios de las temporadas pasadas que, al igual que Olaf, tienen un rico pasado. En este sentido, los últimos capítulos de la serie suponen un cierre muy correcto a la mayoría de historias secundarias. 

Quedan ciertos cabos sueltos y hay aspectos de la historia principal que se clausuran con menor ingenio del habitual. Tal vez la continua complicación de la trama, con elementos verdaderamente meritorios y con historias que se entrecruzan en una compleja e inteligente telaraña, llevara a situaciones casi imposibles de resolver, mas la sensación general es satisfactoria. Contribuye a ello la mayor libertad en la estructura, que rompe en parte los patrones de los episodios dobles de las anteriores temporadas. Esto motiva una evolución clara con respecto a las dos temporadas anteriores, mucho más unitarias en estilo y narración, pero en cierta medida agotadas en sus planteamientos. Este desarrollo da lugar a una serie más adulta y profunda, también más oscura y ambivalente, que sabe adaptarse para cerrar sus historias con solvencia, pero manteniendo sus señas de identidad.

Una seria que sigue siendo excepcional


Entre ellas vuelven a encontrarse escenarios y vestuarios extremos, en los que el color y la luz van ganando espacio; situaciones inverosímiles, resueltas o no por hechos igualmente increíbles; personajes caricaturizados con características o comportamientos muy marcados; abundantes toques de humor, provenientes tanto de comedia física y de la ridiculización de comportamientos como de pequeños guiños mucho más ingeniosos e inteligentes; así como cultas referencias literarias y una marcada e intencionada tendencia al sabelotodismo. Y, por supuesto, un Lemony Snicket que, como narrador resulta menos cenizo e impertinente que en el pasado, y como personaje, cierra su línea argumental de forma elegante. Con todo, es una serie menos extravagante y más madura, consciente de sus límites, aunque capaz de explotar sus inmensas peculiaridades y particularidades, pues hasta el final ha sido una producción única.


Se va en el momento adecuado, habiendo agotado las novelas publicadas por Daniel Handler bajo el pseudónimo de Lemony Snicket y manteniendo el interés por ellas hasta el final, sin caer en la tentación de alargarse más allá de la obra original y sabiendo hasta qué punto era capaz de llevar las aventuras de los Baudelaire y del conde Olaf.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 6 de diciembre de 2018

[Series] 'Hakan, el protector': la primera serie turca de Netflix busca ser algo más que un homenaje a Estambul

El 14 de diciembre se estrena en Netflix ‘Hakan, el protector’, la primera serie turca producida por la plataforma de streaming


Hakan, el protector

Estambul es la ciudad más occidental del país en el que se unen oriente y occidente. Es precisamente en Estambul, en el Estrecho del Bósforo, que divide la ciudad, donde se separan –o unen– Europa y Asia. La gigantesca urbe, capital de grandes imperios, como el bizantino y el otomano, posee una riqueza cultural, artística e histórica inmensa. Se convierte así en un escenario ideal para la primera producción turca de Netflix.

‘Hakan, el protector’, que se estrena el próximo 14 de diciembre en Netflix, narra la historia de un joven vendedor de El Gran Bazar que, tras la muerte de su padre adoptivo, descubre que es el heredero de una antigua y secreta organización dedicada a proteger Estambul. Convertido en el último Protector, solo él podrá derrotar al Inmortal, asesino de su familia y amenaza de cuanto le rodea.

Hakan, el protector, Netflix, Los Lunes Seriéfilos

La trama, semejante a tantas otras historias de aventuras, de míticas órdenes secretas y de guerreros fantásticos, es convencional y no presenta abundantes novedades. Como suele ocurrir en este tipo de productos, tiene un toque gamberro y divertido, oscuros y trajeados malos, y protagonistas (físicamente) atractivos y carismáticos. Es cierto que no se le puede exigir lo mismo que en producciones de las grandes industrias estadounidenses o europeas, pero es evidente que cae en frecuentes clichés y en elementos artificiales, además de no contar con una gran profundidad en la narración. No obstante, resulta llamativa por lo novedoso de su origen y ambientación.

Estambul, escenario único 


La serie es consciente de su potencial, y por eso convierte a la ciudad en un personaje más, probablemente el principal. Las imágenes aéreas, la recreación estética y vocación didáctica en torno a sus monumentos principales –con la imponente Santa Sofía como elemento central–, el contraste entre zonas y mundos dentro de la misma ciudad, las constantes referencias al pasado bizantino y otomano… Se percibe incluso una cierta vocación promocional. Y la sensación de que, tras los seis capítulos que Netflix ha adelantado a los medios, la metrópolis euroasiática seguirá ganando protagonismo.

También se pueden intuir algunas sorpresas y un desarrollo del guion que, aunque todavía sin explotar, creo que puede tener oculto más potencial del que hasta ahora se ha mostrado. Los primeros capítulos han sido de construcción de los personajes y planteamiento del universo, pero todavía quedan numerosas lados oscuros y ramificaciones de la historia que revisten interés y que pueden aprovecharse. Pueden quedarse en nada, pero también pueden sorprendernos.

Hakan, el protector, Netflix, Los Lunes Seriéfilos

De hecho, se plantean algunas sorpresas al mostrar a una sociedad turca menos religiosa y más occidental de lo que podría esperarse. Estambul es la más cosmopolita, desarrollada y abierta y la menos ‘turca’ de toda Turquía, sin embargo, sí que permite desmontar algunos tópicos sobre la sociedad turca y abrir algunas mentes. Al mismo tiempo, esa proximidad cultural permite que el choque sea menor para el espectador occidental –mayoritario en Netflix– y generar menores recelos ante lo nuevo o diferente.

Veremos si la serie puede ofrecer algo más allá de los alicientes derivados de su procedencia o si se queda en una hermosa postal de Estambul. Y eso, que es posible, porque hay material para ello si se sabe aprovechar, tendría un mérito muy notable. Veremos si ‘Hakan, el protector’ consigue destacar por encima de la ciudad a la que su destino obliga a proteger.

Nota, Hakan, el protector, Netflix, Los Lunes Seriéfilos

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)