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jueves, 6 de diciembre de 2018

[Series] 'Hakan, el protector': la primera serie turca de Netflix busca ser algo más que un homenaje a Estambul

El 14 de diciembre se estrena en Netflix ‘Hakan, el protector’, la primera serie turca producida por la plataforma de streaming


Hakan, el protector

Estambul es la ciudad más occidental del país en el que se unen oriente y occidente. Es precisamente en Estambul, en el Estrecho del Bósforo, que divide la ciudad, donde se separan –o unen– Europa y Asia. La gigantesca urbe, capital de grandes imperios, como el bizantino y el otomano, posee una riqueza cultural, artística e histórica inmensa. Se convierte así en un escenario ideal para la primera producción turca de Netflix.

‘Hakan, el protector’, que se estrena el próximo 14 de diciembre en Netflix, narra la historia de un joven vendedor de El Gran Bazar que, tras la muerte de su padre adoptivo, descubre que es el heredero de una antigua y secreta organización dedicada a proteger Estambul. Convertido en el último Protector, solo él podrá derrotar al Inmortal, asesino de su familia y amenaza de cuanto le rodea.

Hakan, el protector, Netflix, Los Lunes Seriéfilos

La trama, semejante a tantas otras historias de aventuras, de míticas órdenes secretas y de guerreros fantásticos, es convencional y no presenta abundantes novedades. Como suele ocurrir en este tipo de productos, tiene un toque gamberro y divertido, oscuros y trajeados malos, y protagonistas (físicamente) atractivos y carismáticos. Es cierto que no se le puede exigir lo mismo que en producciones de las grandes industrias estadounidenses o europeas, pero es evidente que cae en frecuentes clichés y en elementos artificiales, además de no contar con una gran profundidad en la narración. No obstante, resulta llamativa por lo novedoso de su origen y ambientación.

Estambul, escenario único 


La serie es consciente de su potencial, y por eso convierte a la ciudad en un personaje más, probablemente el principal. Las imágenes aéreas, la recreación estética y vocación didáctica en torno a sus monumentos principales –con la imponente Santa Sofía como elemento central–, el contraste entre zonas y mundos dentro de la misma ciudad, las constantes referencias al pasado bizantino y otomano… Se percibe incluso una cierta vocación promocional. Y la sensación de que, tras los seis capítulos que Netflix ha adelantado a los medios, la metrópolis euroasiática seguirá ganando protagonismo.

También se pueden intuir algunas sorpresas y un desarrollo del guion que, aunque todavía sin explotar, creo que puede tener oculto más potencial del que hasta ahora se ha mostrado. Los primeros capítulos han sido de construcción de los personajes y planteamiento del universo, pero todavía quedan numerosas lados oscuros y ramificaciones de la historia que revisten interés y que pueden aprovecharse. Pueden quedarse en nada, pero también pueden sorprendernos.

Hakan, el protector, Netflix, Los Lunes Seriéfilos

De hecho, se plantean algunas sorpresas al mostrar a una sociedad turca menos religiosa y más occidental de lo que podría esperarse. Estambul es la más cosmopolita, desarrollada y abierta y la menos ‘turca’ de toda Turquía, sin embargo, sí que permite desmontar algunos tópicos sobre la sociedad turca y abrir algunas mentes. Al mismo tiempo, esa proximidad cultural permite que el choque sea menor para el espectador occidental –mayoritario en Netflix– y generar menores recelos ante lo nuevo o diferente.

Veremos si la serie puede ofrecer algo más allá de los alicientes derivados de su procedencia o si se queda en una hermosa postal de Estambul. Y eso, que es posible, porque hay material para ello si se sabe aprovechar, tendría un mérito muy notable. Veremos si ‘Hakan, el protector’ consigue destacar por encima de la ciudad a la que su destino obliga a proteger.

Nota, Hakan, el protector, Netflix, Los Lunes Seriéfilos

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 8 de julio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Daha' (2017), de Onur Saylak

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Daha' (2017), de Onur Saylak

'Daha', presente en el Atlàntida Film Fest, se aproxima magistralmente al drama de quienes huyen de la guerra desde la perspectiva del hijo de un traficante de personas en Turquía


En marzo de 2016 entró en vigor un polémico acuerdo entre la Unión Europea y Turquía para frenar la llegada de demandantes de asilo, procedentes en su mayoría de Siria, a las costas griegas. Aunque cuestionable desde el punto de vista de los derechos humanos, el acuerdo sirvió para disminuir el número de muertes en el mar Egeo y para reducir el número de migrantes que optaban por la conocida como ruta del Mediterráneo oriental. Aunque la acción de las mafias y los traficantes de personas sigue activa, sobre todo en otros puntos del Mediterráneo, su presencia parece menor en las costas turcas. 

Sin embargo, sobre todo entre 2015 y 2016, la relevancia del tráfico de personas en Turquía fue muy notable, con historias dramáticas, por supuesto, para quienes huían de la guerra o del terrorismo y eran tratados como mercancía. Pero también con víctimas colaterales que se vieron afectadas por la brutalidad y el dolor del fenómeno. Una de esas víctimas es Gaza, un joven que vive con su padre, camionero y traficante de personas, al que ayuda mientras culmina sus estudios. 

El comportamiento despótico, violento y primario del padre, Ahad, no siempre consigue hacer mella en el joven Gaza, que encuentra en sus amigos, el hip-hop que escucha en otros jóvenes de su localidad o en el mar junto al que vive la libertad para huir del mundo que le rodea. Sin embargo, Gaza está condenado a acabar convirtiéndose en un monstruo, pues es complicado llegar a ser un ser humano cuando a tu alrededor nunca has observado ni un gesto de humanidad. 

Una obra magistral para un tema doloroso 


La película muestra así una cara más del horror. Y lo hace con fuerza, con una estructura compacta y bien construida y con elementos visuales atractivos. También son extraordinarias las actuaciones protagonistas: la del joven Hayat Van Evk pasa de la inexpresividad y la desorientación a la rabia, convirtiéndose en el personaje desatado, irracional y primitivo que interpreta el veterano Ahmet Mumtaz Taylan. La evolución del protagonista y el análisis de ese proceso son magistrales.

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Daha' (2017), de Onur Saylak

También lo es la capacidad de incorporar, aunque sea fugazmente, la capacidad de incorporar en una obra pequeña tantos elementos relacionados con la migración de los demandantes de asilo procedentes de Oriente Medio: el viaje en barco de gente que no sabe nadar y que siente pavor ante el agua, el riesgo de naufragios de las barcas sobrecargadas, la inutilidad de chalecos salvavidas relleno de resina, los sobornos y la complicidad de las fuerzas de seguridad, los abusos sexuales que sufren las mujeres, la fragilidad de los menores, el agobio y la falta de aire en el interior de los camiones, la conversión de seres humanos en mercancía con la que negociar, la lejanía e ignorancia de los líderes sobre el conflicto… Así, una historia personal, un improbable Coming of Age, se convierte en una obra mucho más compleja y completa, reflexionando sin victimismos sobre las diversas aristas y víctimas de esta problemática. 

Con todos estos argumentos, ‘Daha’, que en turco significa “más”, consiguió el premio FIPRESCI en la Seminci de Valladolid y formó parte de la sección oficial del prestigioso festival de Karlovy Vary. Sin embargo, su mayor valor no es solo el de contar una historia tan dolorosa como la del tráfico de seres humanos, sino el de hacerlo desde una perspectiva menos habitual, en la que todos los implicados son vistos como víctimas y en el que la maldad no es innata, sino inevitablemente adquirida. Una historia horrible en el fondo y fascinante en la forma que invita a reflexionar e ir más allá en una materia tan dura y complicada. 

Lo mejor: la fuerza de la película gracias al tema y las interpretaciones 
Lo peor: que se pierdan algunos matices al no diferenciar el idioma de los migrantes del turco que hablan los protagonistas 
Nota: 8


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 3 de julio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Holiday' (2018), de Isabella Eklöf

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Holiday' (2018), de Isabella Eklöf

Isabella Eklöf debuta en la dirección con la impactante y angustiosa 'Holiday'. Presentada en Sundance, es una de las obras más notables del Atlàntida Film Fest de Filmin


Bodrum, en el Mar Egeo, es uno de los principales destinos turísticos de Turquía. Aunque no es una zona ajena al lujo, no es un lugar prototípico en el que ambientar una película de mafiosos. Tampoco son los daneses a quienes asociaríamos en primer lugar con el narcotráfico. Ya desde su sinopsis ‘Holiday’ rompe moldes, pues narra una historia de gánsteres daneses que pasan sus vacaciones en esta localidad costera turca. Y lo hace desde la perspectiva de Sascha, una joven atractiva y superficial, novia-trofeo de un poderoso narcotraficante. 

Desde su llegada, es tratada con desprecio y violencia por el hombre que la recoge, anticipando el comportamiento que su novio tendrá durante toda la obra. Esa capacidad de anticipar lo que puede ocurrir, de dar pistas, se prolonga durante todo el film, resultando muy adecuada para crear un ambiente de tensión, de miedo y de incomodidad, que nos lleva a plantearnos por qué la protagonista continúa en su prisión de lujo, vicios y violencia[1]

Aunque ella parece ignorarlo, es imposible no sentir que Sascha está en constante peligro y que su comportamiento puede acarrear dramáticas consecuencias. En un momento vemos cómo conduce una Vespa con un pañuelo al cuello. Un obrero al que pide indicaciones le aconseja tener cuidado para que no se enganche en la rueda y tenga un accidente. En el siguiente plano vemos a la protagonista en el suelo, con las rodillas ensangrentadas, y entonces descubrimos la marca que el foulard produjo en su cuello al enrollarse en la rueda trasera de la moto. Esta secuencia se hace extensible a todo su entorno, en el que se mueve con excesiva despreocupación, sin parecer ser consciente –aunque el espectador sí lo es– de lo arriesgado de su situación y su comportamiento. Sin embargo, Michael, su novio o, como él se define en una ocasión, “su jefe”, no utiliza la violencia ni parece actuar de una forma tan controladora como en otras obras del género. Volvemos a ver una obra que rompe con los patrones tradicionales de este cine. Pero con ello lo que genera es un incremento en esa tensión e incomodidad, dando a entender que algo horrible puede estar a punto de suceder, pero sin que parezca llegar nunca.

Pero llega. Y la violencia y angustia acumuladas se desatan, con una escena durísima pero magistral, que cambia por completo la película, dando paso a una obra mucho más explícita. El hecho que tiene lugar[2] se muestra sin tapujos, en un plano fijo incómodo y desafiante. Tanto lo que se muestra como la forma de hacerlo son brutales, con una fuerza descomunal.

El apartado visual refuerza y otorga profundidad a una narración extraordinaria


En realidad, ese es otro de los puntos fuertes de ‘Holiday’. La fotografía, el juego con el segundo plano, las tomas largas, el encuadre con una acción principal rodeada por mucho espacio o con más de un foco de atención en planos habitualmente abiertos, el juego con los reflejos… Todo ello añade profundidad y dobles interpretaciones a las imágenes, trasladando además esa duplicidad y todos esos elementos audiovisuales a la narración y otorgándole nuevos significados. A lo que también contribuyen la fotografía y las  notables interpretaciones, sobre todo la protagónica de Victoria Carmen Sonne.

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'Holiday' (2018), de Isabella Eklöf

Todos estos elementos convierten al debut de la sueca Isabella Eklöf en una clase magistral de cine. ‘Holiday’ es una obra en la que el poder de lo que se muestra explícitamente y el poder de lo que se intuye indirectamente se equilibran. Una cinta diferente desde el punto de vista de la trama, pero única en su construcción de la narración, de los personajes y de los enfoques. Un trabajo construido de forma magnífica en la forma y en el fondo. Tan angustiosa como impactante y fascinante.

Lo mejor: la construcción de la tensión en la primera parte del film
Lo peor: que la incomodidad que genera pueda impedir apreciar otros elementos más "superficiales"
Nota: 9

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)


[1] Sigue leyendo únicamente si quieres conocer el final de la película. En la última imagen vemos cómo Sascha continúa su vida de lujo sonriente, como si esa violencia que ha sufrido –y que a punto estuvo de denunciar ante la policía– no le importase y solamente quisiera seguir su lujosa y despreocupada vida.
[2] A continuación, se describe, con spoilers, la escena en cuestión. Continúa leyendo solo si no te importa conocer qué es lo que sucede. Tras haber dado una paliza a uno de sus gregarios, Michael se siente tenso y, cuando Sascha intenta consolarlo, él comienza a estrangularla. Ante su rechazo, él la golpea, la tira en el suelo y la viola vaginal y oralmente. En un momento se observa cómo alguien baja las escaleras y, ante lo que ve, se da media vuelta y vuelve a subir. Al terminar, ella queda en el suelo mientras él se vuelve a colocar el reloj y se tumba en el sofá. Todo esto se muestra con un plano general fijo en el que se ve todo el salón y la acción transcurre en el centro de la pantalla. Más adelante en el film Michael vuelve a humillar y golpear a Sascha delante de un amigo de esta, de nuevo con la cámara alejada.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Turquía: conflictos internos y externos en 2016

Tras el atentado con coche bomba que el pasado 4 de diciembre mató a más de 40 personas en Estambul, Turquía ha vuelto a estremecerse con otro acto terrorista. En esta ocasión ha sido contra un autobús militar en la ciudad de Kayseri, en el centro del país, y la cifra de muertos asciende a trece. Estos han sido los últimos, pero no los únicos ataques terroristas contra el país otomano este año.

FOTO: EP
Aunque menos mediáticos que los de Francia o Bélgica, los ataques terroristas en suelo turco han generado un fatídico flujo informativo, tanto por su reiteración como por la diversidad de los terroristas. Han sido hasta 16 los atentados de consideración que han sacudido Turquía este año (la mayoría contra policías y centros turísticos), perpetrados no solo por los yihadistas del ISIS y grupos afines, sino también por grupos kurdos, con los que el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan mantiene una intensa confrontación.

Precisamente el conflicto kurdo es una de las causas detrás del intento de golpe de estado que en julio intentó derrocar al gobierno turco. Aunque ha habido voces que lo consideran un movimiento para justificar una importante represión política, con detenciones y suspensiones de empleo masivas, parece que el golpe fue auténtico, a pesar de la existencia todavía de vacíos informativos en un suceso que se saldó con más de 250 muertos.

El retroceso del Estado de derecho que siguió a la asonada militar, y que ya se había hecho patente en meses anteriores, ha sido uno de los puntos de mayor tensión entre Turquía y la Unión Europea. Sobre todo, porque en marzo, Bruselas y Ankara habían firmado un pacto que permitía devolver a Turquía a demandantes de asilo llegados a países europeos sin permiso. A cambio, se prometía a los otomanos un acercamiento a la Unión Europea y compensaciones económicas.

Migrantes

Las llegadas de migrantes a países miembros de la UE han caído, pero las muertes en el mar han aumentado, pues los refugiados se han visto obligados a optar por la ruta del Mediterráneo Central entre Libia e Italia, mucho más peligrosa. El que ha sido denominado por muchos como “Pacto de la Vergüenza” ha permitido a Europa lavarse las manos, externalizando el problema a otros países de dudoso respeto a los Derechos Humanos. Sin embargo, en los últimos meses han crecido los reparos a seguir negociando con Turquía. Así, la Eurocámara votó a finales de noviembre por congelar esas negociaciones, a lo que el gobierno turco respondió amenazando con dejar pasar a Europa a los refugiados que se encuentran en suelo otomano.

A la cabeza del veto a Turquía se encuentra Austria. La relación entre ambos países hace mucho que no es sencilla y la convivencia entre la población turca en Austria y los ciudadanos locales tampoco es un camino de rosas. El papel de los medios en el país alpino, sobre todo de aquellos de corte sensacionalista, tampoco ha facilitado las relaciones entre ambos países. La escalada diplomática, que se ha reavivado en los últimos días, ha tenido al ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlüt Çavusoglu, y a su homologo austriaco, Sebastian Kurz, como protagonistas, y en ningún modo parece estar cerca de solucionarse.

Desde países como España se contemplan estos eventos sin demasiado interés. Se observa la deriva autoritaria de Erdogan y su participación activa en la guerra de Siria, pero nadie parece querer implicarse demasiado con un país y unos conflictos que resultan más lejanos de lo que en realidad son.

Y es que el país otomano volverá a jugar en 2017 un papel clave en la compleja situación de Oriente Medio. No solo como ruta de paso de refugiados procedentes sobre todo de Siria, sino por la trascendencia de sus decisiones en la guerra civil de este país. Ahora que Estados Unidos parece querer mantenerse al margen, el protagonismo de Turquía y Rusia -o lo que es lo mismo, de Erdogan y de Putin- hace presagiar un año complejo. Un año en el que el mundo volverá a estar pendiente de Turquía, tras haber sido pieza clave en la geopolítica de este 2016.

(Publicado en bez.es)

martes, 25 de octubre de 2016

"Working" refugees

Three days ago we talked about the entrepreneurship story of the founder of Inditex, the matrix of Zara. We mentioned the shadows that this company had, but we didn’t get into any detail. BBC has done it for us. They broadcasted on Sunday a program about how Turkish factories employ Syrian refugee kids to make clothes. Zara was, together with other big chains like Marks & Spencer, one of the retails that would afterwards distribute those clothes.

Marks & Spencer labels shwon in the program
What BBC’s Panorama showed was the conditions in which refugees, both adults and children, are “employed” in some Turkish factories; they had access to contracts stablishing a payment of one euro per hour. Also, the working conditions, the safety measures and the number of daily hours were far from meeting any decent standard. At least not ours, maybe those standards are not far from Turkish ones, but that’s what happens when you pay a country to get all the refugees you don’t want, because Turkey is already safe, no Human Rights are violated there. Right, Europe?

Let’s get back to the topic. The big Europeans brands that are using these companies are suppliers have already said that they are investigating or that they didn’t know because it was a supplier of a supplier. Of course, they condemn child labor and the exploitation of refugees, some of them already explained that they are collaborating with NGOs to stop that… But these companies are getting millions every day, and in order to do that, being completely fair and caring is not always their most profitable way.

But hey! We are all furious now… go and check your closest Zara or Marks & Spencer shop… I bet it’s not empty. So, who’s the last responsible?

We have always heard that the problem of migration is in the origin, that we have to act there. And it’s true, the drama of these people is not because they want to arrive to Europe; it’s because they don’t want to leave their countries. But there is not much to do for regular citizens about it. Also not many chances for us to leave our jobs and studies to go to the Mediterranean and help. But we do have a power where we are. And it’s bigger than we think.


This case that BBC unveiled has had a big media effect, mainly because the firms involved are the ones we use every day and because we feel it close enough. But it’s just a tiny extra problem in the life of Syrian refugees. And for them it might not be even a problem, because in their conditions, finding a job like that, even if it’s completely unfair and unsafe, it’s the only option to keep surviving.

But this problem goes much further than Syrian refugees. They are usually the most dramatic and present cases, but there is much more out there about the migration topic, also if we don’t know about it. Therefore, our “Migration: From challenge to opportunity” will try to bring some light into one of the most complex of today’s challenges.

(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the  Aspire Conference 2016)

jueves, 10 de marzo de 2016

La responsabilidad de los acuerdos que firmamos


Turquía fue protagonista en los medios de comunicación el martes tras el acuerdo alcanzado con la Unión Europea, que está dispuesta a pagar 3.000 millones de euros y a hacer importantes concesiones al país otomano para que se quede con los refugiados que no queremos en esta tierra de idílica democracia y de derechos humanos para unos cuantos. Ese mismo día, 8 de marzo, se celebraba el Día Internacional de la Mujer. La llegada a los cines españoles de Mustang (2015, Deniz Gamze Ergüven) este viernes es quizás la mejor reflexión posible sobre ambos asuntos.

Esta cinta, nominada al Oscar y al Globo de Oro a Mejor película de habla no inglesa, ha sido galardonada en numerosos festivales y entregas de premios, además de haber sido alabada por la crítica. Rodada en turco en un pueblo a orillas del Mar Negro, cuenta con un magnífico reparto, sobre todo las cinco jóvenes protagonistas, y con una directora novel que da vida con maestría a un cuidado guion. Mustang narra la historia de cinco hermanas adolescentes que comparten el verano con los chicos de su escuela. Pero su condición de mujeres hará que unos juegos inocentes sean tachados de inmorales y escandalosos. Huérfanas de padre y madre, su abuela y su tío intentarán limitar el despertar sexual y las ansias de libertad de las chicas imponiendo estrictas normas y tratando de convertirlas en lo que se espera que sean: futuras esposas.

Se trata de una magnífica reflexión sobre la condición de la mujer en Turquía: sexualmente reprimida, limitada a su papel de esposa, expuesta a la violencia machista casi sin control y, en definitiva, privada de igualdad y libertad.

No podemos obviar la existencia de países y culturas mucho más discriminatorias hacia la mujer. Lugares en los que el empoderamiento y la rebelión contra el patriarcado –algo que también encontramos en la película- son aun imposibles de concebir, y en las que la violencia contra la mujer no solo no se pena, sino que se incluye en la legislación. Son batallas que también hay que luchar. Pero el caso turco nos toca de lleno y nos convierte en responsables.

Turquía lleva años intentando ser miembro de la Unión Europea. Hasta ahora sin éxito, pero el nuevo acuerdo firmado el martes supone un acercamiento muy importante. Este acercamiento no se ha producido porque Turquía haya dado pasos hacia una mayor democracia, ni hacia una mayor protección de las libertades de expresión e información, ni hacia una mayor igualdad de la mujer como la que se demanda en Mustang. Se produce el acercamiento porque van a quedarse con las personas que no queremos en Europa. Con personas que huyen de la guerra –de las que huyen de la miseria o de conflictos que no sean la Guerra de Siria ni hablamos, porque esas, como dijo el Presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, “que no vengan a Europa”-, y a las que se va a negar el derecho al asilo. En lugar de centrar nuestros esfuerzos en acoger a esas personas, los centramos en financiar a Turquía para que se queden ellos con los refugiados porque consideramos que se trata de un país lo suficientemente "seguro".

En Europa se nos llena la boca al hablar de democracia, de libertad, de igualdad, de derechos humanos... pero esas palabras no concuerdan con el régimen de Erdogan, que gobierna en Turquía con mano de hierro. Esos valores sí concuerdan con la mentalidad de muchos turcos, pero es con sus gobernantes con quienes firmamos los acuerdos. Y son ellos los que no tienen ningún respeto por esos valores sobre los que supuestamente se basa la Unión.

La Unión Europea, una idea que recibió el Nobel de la Paz en 2012, no vale nada si sus principios fundamentales se pueden activar y desactivar, abriendo y cerrando las fronteras, en función de nuestra disponibilidad y nuestro interés en ayudar a las víctimas de una guerra que –de una forma más o menos directa- también estamos alimentando.

Permitimos que el Reino Unido se salte los principios europeos para que no se rompa la Unión. Permitimos que los países miembros sigan levantando vallas y limitando el espacio Schengen para que la situación no se descontrole. Permitimos que Turquía siga violando derechos humanos mientras nos ayude en la contención de la ola de refugiados. Permitimos muchas cosas, pero lo que no permitimos es que personas que huyen de las bombas y los disparos se refugien en nuestros países.

Eso sí, cuando veamos Mustang diremos indignados que “estos moros que no respetan a la mujer no pueden venir aquí”. A lo mejor tenemos más responsabilidad en esa situación de la que pensamos.

(Publicado en Neupic)