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jueves, 10 de agosto de 2017

¿Simbolizan Wonder Woman o Daenerys Targaryen un cambio de modelo para una cultura audiovisual más igualitaria?



Como periodista siempre he defendido que, junto a la foto fija, para explicar una realidad es necesario observar también la tendencia. La situación actual en cualquier sociedad occidental (y suponiendo que Occidente está “desarrollado”) es la de una profunda desigualdad entre hombres y mujeres: en salarios, en violencia de género, en representación en puestos directivos y cargos políticos… Y también en industrias teóricamente progresistas como son el cine o la ficción televisiva.

Mas esa pésima realidad que necesita ser modificada con urgencia puede encontrar una visión más positiva si analizamos la tendencia durante los últimos años. Porque, a pesar de todos los pasos atrás que damos, la dirección es la correcta y los roles de género, la brecha salarial y, en general, todo tipo de discriminación, van desapareciendo, aunque no al ritmo que deberían. Y en este sentido este verano se están produciendo una serie de pasos, más simbólicos que reales, pero que resultan muy significativos y que muestran un cierto cambio de paradigma en la industria de la cultura audiovisual.

Uno de los fenómenos más destacados ha sido el estreno de la película Wonder Woman, la superheroína de DC Comics. Dirigida por Patty Jenkins y protagonizada por Gal Gadot, ha cosechado un éxito muy importante de crítica y público. Más allá de su consideración como icono feminista, lo que ha despertado importantes discusiones, el hecho de dar visibilidad a una superheroína que nada tiene que envidiar a sus colegas masculinos y que sirve como ejemplo de empoderamiento para niñas y mujeres es muy necesario. También lo es, por supuesto, que la dirección y el protagonismo tengan nombres de mujer y que el film, aunque sea por motivaciones comerciales, ponga la cuestión feminista sobre la mesa.

Ese argumento ha servido a su vez para que algunos espectadores se hayan mostrado poco interesados en el largometraje porque “una superheroína, como que meh…”. Pero precisamente ese prejuicio solo se derribará si los personajes femeninos poderosos van ganando espacio en la gran pantalla y se va haciendo cada vez más habitual que las mujeres protagonicen historias hasta ahora reservadas a los hombres.

Un ejemplo de esto sería el Agente 007, de quien en mayo de 2016 la actriz Gillian Anderson opinaba que podría ser interpretado por una mujer. No hay necesidad de que Bond sea un personaje femenino, pues el cine no está obligado a luchar por la igualdad, sino a ser artísticamente lo mejor posible y –nos guste o no, y sobre todo– a ser rentable para sus productoras. Pero por ese mismo motivo tampoco hay excusa para que Bond no pueda ser una mujer. Y si alguien piensa que una actriz no puede hacer lo mismo que Daniel Craig o Sean Connery es porque todavía nos parece raro que una mujer sea aficionada a los Martinis, a los coches caros o conquiste a hombres para poder frenar a un científico loco; ese es, exactamente, el rol que debe desaparecer en una sociedad moderna, y considerar la posibilidad de una Jane Bond es ya un primer paso en esta dirección.

Menos polémico, pues la práctica totalidad de la sociedad británica se ha mostrado favorable al cambio, ha sido el anuncio de la BBC de que la decimotercera identidad del Doctor Who será una mujer. Jodie Whitaker será la primera actriz que dé vida, desde su aparición en 1963, a uno de los personajes más míticos de la cultura popular británica. Han pasado 54 años para que una mujer llegara a interpretar al popular viajero en el tiempo, pero ese paso que hoy es noticia dentro de unos años será visto como algo normal.

También en televisión, y sin intención de desvelar nada de lo ocurrido en la nueva temporada de Juego de Tronos, sí parece acertado destacar el rol de las mujeres en el éxito de HBO. Es poco habitual que en una ficción fantástica, o simplemente no dirigida al público femenino, existan mujeres tan poderosas y con tanto peso en la trama. El hecho de tratarse además de una serie tan popular, que proviene además de la literatura y de combatir esos roles de género con total normalidad y sin grandes aspavientos, contribuye en pro de la igualdad de una forma menos directa o visible, pero quizás más útil y efectiva.


Porque el feminismo combativo y la lucha por la igualdad en la esfera política, social y académica son esenciales, pero a menudo son los productos mainstream sin grandes aspiraciones igualitarias los que más participan en el cambio de modelo. Porque el hecho de dar un rol dominante o tradicionalmente masculino a una mujer o que sea una directora quien esté detrás de las cámaras en uno de los blockbusters del año suponen, a veces sin pretenderlo, avances muy notables y demuestran que algo está cambiando.

Y a pesar de ello, lo anterior resulta insuficiente, sobre todo porque siguen siendo excepciones. Y sí, la tendencia es positiva y aparentemente imparable, pero la foto fija sigue reflejando una enorme falta de igualdad. Tanto dentro como fuera de la pantalla.

(Publicado en Culturamas)

miércoles, 7 de junio de 2017

Crítica N° 2: 'Pieles' (2017), de Eduardo Casanova


El culto a la imagen no es algo nuevo de nuestro tiempo. El retrato de Dorian Gray que escribió Oscar Wilde hace más de un siglo es solo una muestra de cómo las personas llevan preocupándose por parecer hermosas a ojos del resto desde hace ya mucho tiempo. Por eso, considerar a 'Pieles' como una cinta crítica con la importancia que la imagen física de las personas tiene en las actuales sociedades occidentales sería reduccionista, ya que la crítica se puede extender a otras culturas y épocas.

Al final, la tendencia a discriminar al que nos parece extraño está detrás de muchos de nuestros problemas como sociedad global. Porque lo deforme o monstruoso no solo nos repugna, también nos asusta, ya que no podemos comprenderlo. Pero al mismo tiempo, lo diferente, lo raro, fascina. Por eso, aunque 'Pieles' pueda producir incomodidad por momentos, tiene la capacidad de atraparnos. Que ver un cuerpo quemado, deforme o contrario a las convenciones estéticas nos resulte desagradable es la situación que la ópera prima de Eduardo Casanova aspira a denunciar; que ese mismo cuerpo nos resulte a la vez llamativo y nos invite a mirar para satisfacer nuestra curiosidad es la herramienta que el film tiene para lograrlo.

Porque sí, 'Pieles' es impactante y puede generar rechazo, mas tiene la capacidad de cautivar y de obligarnos a mirar de frente lo que en otros contextos tenderíamos a evitar. Y en esa oportunidad de observar sin máscaras o maquillaje lo que suele estar escondido encontramos una realidad con la que logramos empatizar a pesar de que pueda parecernos ajena.

Ese es el objetivo, que logremos ponernos en el lugar del otro, del que es distinto. En realidad es una temática que ya hemos visto en muchas ocasiones en el cine con filmes que retratan el racismo, la homofobia o la discriminación por razones sociales, religiosas o de género... 'Pieles' va sobre otro tipo de discriminación, quizás menos retratada, pero que resulta igualmente dolorosa para el que la sufre, solo por el hecho de contar con una apariencia física diferente.

Y diferente es precisamente el término que mejor define a esta película en un nivel formal. El aprovechamiento del montaje para conectar las historias cruzadas se une a la fotografía, que busca siempre la originalidad, jugando con los distintos planos y utilizando con frecuencia la cámara fija. La estética recuerda a menudo tanto a Pedro Almodóvar como a Wes Anderson. Y como ellos, y en esto la semejanza es innegable, la gama cromática adquiere un importante protagonismo. El color se ha convertido en la seña de identidad de la película, también en su promoción con una estrategia de marketing muy reconocible, explotando las variaciones del rosa y el violeta hasta un extremo quizás exagerado.

Y es que casi todo en la cinta lo es, intentando tensar los extremos, como queriendo probar cuánto aguantan: la narración, el monocromatismo, las interpretaciones, los defectos físicos... Todo resulta –premeditadamente– forzado. Una apuesta que debemos apreciar en un autor joven como Casanova, que todavía debe encontrar su estilo y que hace bien en explorar nuevos caminos. Quizá su falta de experiencia le haga tambalearse en algunos de los riesgos que asume, pero sin duda consigue una obra muy particular. 

Y todos estos riesgos que Casanova está dispuesto a asumir hay que agradecérselos a sus padrinos, desde Álex de la Iglesia hasta Netflix –que lleva, por cierto, distribuyendo la película fuera del mercado español desde hace bastantes semanas–. También el hecho de tratarse de un actor lo suficientemente reconocido, gracias sobre todo a su papel en la popular serie de televisión Aída, le ha permitido una presencia mediática y una campaña promocional muy necesarias para poder dar visibilidad a una cinta como esta.


Y es que si esta obra se hubiera producido en otro contexto menos glamuroso no estaríamos hablando de ella, ni siquiera sabríamos que existe. Pero lo mencionado, unido a un reparto muy conocido –con Candela Peña, Ana Polvorosa, Macarena Gómez, Jon Kortajarena, Carmen Machi o Secun de la Rosa, entre otros– y a su presencia en el Festival de Málaga y en la Berlinale, llamando la atención en ambas, le han permitido un estreno y una repercusión envidiables.

Y eso es algo que celebrar porque, más allá de tratarse de un valiente aunque mejorable producto cinematográfico, 'Pieles' nos obliga, de una forma perturbadora y directa, a replantearnos las convenciones sociales en torno a la belleza y la discriminación que se esconde tras ellas. 

La irónica prueba de ello es la censura que Instagram ejerció sobre alguno de los carteles promocionales de la obra, en los que distintos orificios corporales se entremezclan en una rosada piel. Es curioso que en la propia película lo mismo le ocurra a uno de los personajes, que tiene la boca y el orificio del ano intercambiados y que, tras subir una fotografía de su cara, Instagram se la censura porque “no cumple las normas de la comunidad”. La tiranía de lo aceptable y lo bonito en redes sociales obliga a que, quienes no cumplen las normas, se vean relegados a la marginalidad del diferente.

Y no, el culto a la imagen no es algo nuevo de nuestra sociedad. Pero sí ha cobrado una nueva dimensión. Y por eso 'Pieles' es tan necesaria.

Lo mejor: las conclusiones que se pueden extraer sobre nuestra sociedad
Lo peor: que toma demasiados riesgos y a veces no sale bien parada
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 23 de enero de 2017

Reflexión sobre la igualdad en Hollywood en plena campaña de premios


Natalie Portman, probable candidata al Oscar por su interpretación de Jackie Kennedy en la película Jackie de Pablo Larraín, ha confesado en una reciente entrevista a la revista Marie Claire UK que su compañero de rodaje en la película Sin compromiso, Ashton Kutcher, percibió un salario tres veces mayor que el suyo. Natalie Portman reconoce que en aquel momento no se enfadó lo suficiente ya que lo percibía como algo habitual y a lo que debía resignarse.

Pero estas declaraciones no son ninguna sopresa en Hollywood. En octubre de 2015 era Jennifer Lawrence la que reclamaba cobrar lo mismo que “sus colegas con pene”. A pesar de ser la actriz mejor pagada, Lawrence cobraba un 60% menos que Robert Downey Jr., su equivalente masculino.

El negocio manda

Este tipo de informaciones resultan curiosas: ¿cómo puede ser que Hollywood, que presume de progresismo, tenga diferencias salariales superiores a la media de Estados Unidos? En primer lugar porque Hollywood, posiblemente más que cualquier otra industria cinematográfica occidental, es muy conservadora en lo que a interés comercial se refiere. De ahí se desprende que las producciones vayan a lo tradicional y que no corran demasiados riesgos.

Hay que tener en cuenta también que, aunque directores, intérpretes o guionistas -es decir, los artistas que están detrás de las películas- sí puedan compartir esa tendencia progresista, son finalmente las productoras quienes deciden los salarios. Y para las productoras, que se mueven únicamente por intereses económicos, luchar por la igualdad no es prioritario.

Los hombres protagonizan y dirigen más

Hay que destacar también que el papel principal de un film sigue estando interpretado en la mayor parte de los casos por hombres. El cine de acción, el western, el policíaco, el bélico o el de superhéroes son géneros eminentemente masculinos. Además, dado que la Historia, hasta fechas muy recientes, ha estado protagonizada casi exclusivamente por hombres, la mayor parte de las películas basadas en episodios o personajes históricos tienen una mayor presencia masculina.

En este sentido, el Test de Bechdel, que mide la presencia femenina en las películas, demuestra que todavía en el siglo XXI un alto porcentaje de películas son casi exclusivamente masculinas. De hecho, un 45% de las 108 últimas cintas nominadas a Mejor Película en los Oscar no supera este test al no contar con al menos dos mujeres que dialoguen en algún punto de la película sobre un tema que no sea un hombre.

También detrás de las cámaras encontramos una abrumadora mayoría de hombres. Haca pocos días la Universidad de San Diego, en un informe titulado Techo de celuloide, denunciaba que solo un 7% de las 250 películas más taquilleras de 2016 habían sido dirigidas por mujeres. Son peores datos que los del año 2015 y el panorama no mejora si prestamos atención a otras profesiones detrás de la cámara, como productoras o directoras de fotografía.

Y otro dato: en la historia de los Oscar, solo cuatro mujeres han sido nominadas a la Mejor Dirección, y solo una de ellas, Kathryn Bigelow, ha ganado el premio.

El cine español también debe aplicarse

La situación es solo un poco mejor en España, donde tres directoras han ganado el Goya a la Mejor Dirección en las 30 ediciones de estos premios y cuatro más lo han hecho en la categoría de Mejor Dirección Novel. También en cuanto a protagonismo, el papel de las mujeres ha sido algo más relevante en nuestro cine: por un lado, gracias a las películas de Pedro Almodóvar, frecuentemente centradas en mujeres, y de las que han bebido otros cineastas; por otro, dada la idiosincrasia de la propia industria, que desde el fin del franquismo se ha mostrado más progresista y comprometida que Hollywood.

Aunque en la comparativa con Hollywood España salga bien parada, la realidad es que solo el 36% de las películas cuentan con una mujer como protagonista y sus roles siguen estando muy limitados o subordinados a los de los hombres. Aunque la tendencia es positiva, el avance, también en nuestro país, es todavía muy lento.

Pero ese avance existe. Este año Felicity Jones ha conseguido cobrar por su papel en Rogue One, el spin off de Star Wars, más que sus compañeros varones. Se rompe así no solo la barrera salarial, sino también la de protagonizar una película de una saga como Star Wars, algo que supera muchos de los estereotipos del cine de ciencia-ficción. Esto quizás pruebe que las denuncias de Natalie Portman o Jennifer Lawrence están calando y que dentro de un tiempo esta desigualdad en la gran pantalla -y ojalá también en la sociedad- será algo del pasado.

(Publicado en Neupic)

miércoles, 19 de octubre de 2016

Who is free?

It was one of the images of the Olympic Games. Very likely one of the images of the year. A German beach-volley player wearing a bikini faces her Egyptian rival, who covers her body completely. An example of the cultural diversity of the Olympics. But it was also a polemic picture, rising a lot of questions:

Is one of the players freer than the other? Are they both victims of different kinds of sexism? Is it possible that they are both free? It would be easy to say that the German girl was free to play as comfortable as she wants while the Egyptian one was forced by her religion to cover her body and head. But is it that easy?

The rules about how to dress in female beach-volley are now a bit lighter, but until 2012 the sides of the down part of the bikinis couldn’t be larger than seven centimeters. Was that in order to make it more comfortable for competing? Was that a way of sexualizing the players? Would those dresses derivate attention from the performance of the players to their bodies?

In 2012 the rules admitted other uniforms (like the one of the Egyptian player) because “many countries have religious or cultural demands”, like Richard Baker, speaker of the International Beach-Volley Federation said. Not because women had the right to choose over their dresses, but because some religions or cultures wouldn’t allow their women to play dressed with just a bikini.

So, did both players choose their dresses freely? They both said so, but, were those “free” decisions really free or were they based on sexist subjacent ideas that see the female body as something to hide or to show but not as something to compete?

And maybe the biggest question of all: why are we debating about the way sportswomen dress but we don’t do the same with sportsmen?


We can clearly see the interplay of religion, culture or sexism in this debate. This case is just a very visual and recent example about it, but in Aspire we have prepared a Track inside our Conference 2016 that will tackle many other similar cases, with much more developed questions and answers and addressed by real experts in the topic.


(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the Aspire Conference 2016)

sábado, 20 de agosto de 2016

La Paz Olímpica

En los Juegos Olímpicos de la Antigüedad era costumbre que, para permitir que los deportistas viajasen a Olimpia para la disputa de los Juegos, se suspendiesen durante ese tiempo todas las guerras que estuvieran teniendo lugar en Grecia. El Comité Olímpico Internacional ha realizado intentos de lograr algo similar a aquella Tregua Olímpica, pero parece que el valor del olimpismo en la Grecia Clásica era mayor que en las sociedades actuales, hasta el punto de que para ellos esa competición deportiva estaba por encima de conquistas y conflictos bélicos, algo que sigue sin suceder en nuestros días. Y es que las guerras no se han parado estas semanas. En Siria, por citar el ejemplo más mediático, se abrieron corredores humanitarios para que la ayuda llegara a las víctimas civiles, pero no tenía nada que ver con los Juegos Olímpicos; y lo que es peor, además de no respetarse, las bombas han seguido cayendo y los inocentes han seguido muriendo.

Efectivamente, los Juegos Olímpicos no disfrutan de un elemento que les haría aun más notables y admirables, pero siguen suponiendo uno de los mejores ejemplos de la grandeza de los seres humanos y de los pueblos. Solo hace falta recordar los valores que defiende el movimiento olímpico: esfuerzo, sacrificio, juego limpio, respeto al contrario y a las normas, superación o deportividad, pero también otros que tienen una dimensión más política, como la reconciliación, el respeto al contrario o la amistad entre naciones.

Hay una serie de imágenes que se han hecho virales estos Juegos y que simbolizan esto a la perfección. Por un lado, el selfie de dos sonrientes gimnastas; una de Korea del Norte y la otra de Korea del Sur. Dos países enfrentados durante décadas, pero que durante unos segundos se reconcilian de la mano de dos chicas que acaban de medirse sobre los aparatos de gimnasia.

Por otro lado tenemos la polémica foto del partido de volley-playa entre alemanas y egipcias; el contraste entre el reducido bikini de las europeas y la prenda que cubría todo el cuerpo de las africanas mostraba un choque cultural que no impedía la disputa de un choque deportivo. Personas de orígenes, culturas y religiones diversas que ponen sus diferencias a un lado para golpear un balón.

Esta foto también abría un debate muy necesario sobre el velo islámico, sobre la libertad y sobre el sexismo en el vestuario de las deportistas, tanto de las que se ven obligadas a taparse como a destaparse. Este debate no es inherente a los Juegos Olímpicos, pero sí se lo debemos a su disputa, pues sin ella no habría sido posible esta imagen o, en su caso, habría pasado desapercibida para los medios de comunicación de masas. Porque, aunque la brecha aun sea excesivamente elevada, los JJOO son la única oportunidad del deporte femenino de lograr una atención mediática mínimamente comparable al deporte masculino.

Dicho todo esto, no olvido que el COI, como la mayor parte de altos organismos deportivos nacionales e internacionales, es una institución podrida por la corrupción. Tampoco que los valores y las bondades de los Juegos Olímpicos son una mera excusa, detrás de la que se hallan intereses económicos y políticos. Ni que el juego limpio solo lo practican unos cuantos, pues el dopaje y las trampas campan a sus anchas por la villa olímpica. Tampoco olvido que merece más admiración quien lo deja todo para irse a un campamento de refugiados en Grecia o a una misión en Sierra Leona a ayudar a los demás que quien gana una medalla olímpica. O que los Juegos Olímpicos modernos no son capaces de parar guerras y que ya no existe la Paz Olímpica.

Aun así, necesitamos unos valores en los que creer y una utopía a la que aspirar. Y eso es, al fin y al cabo, lo que nos proporcionan los Juegos Olímpicos.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

martes, 14 de junio de 2016

Héroes sin capa

Hoy 14 de junio se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre. Como ocurre con todos los días mundiales y efemérides, 24 horas no suelen ser suficientes, pero sí son un buen momento para recordar a todos los héroes y heroínas que día a día dan lo más valioso que poseen.

Porque la sangre de una persona tiene un valor incalculable. Sobre todo cuando se da de forma gratuita para otro ser humano que ni siquiera conoces. Dar tu sangre por alguien es el mayor gesto de sacrificio que puedes realizar. Te convierte en salvador. Y ello sin necesidad de viajar a un lugar desolado por la guerra o un terremoto y sin tener que ser médico, policía o bombero. En realidad, no hace falta ponerse una capa para convertirse en un héroe.

Solo hace falta ser mayor de 18 años, encontrarse bien de salud y desayunar bien ese día. Con eso y con 30 minutitos puedes haber salvado la vida a otra persona. Una persona con leucemia que necesita transfusiones casi diarias para sobrevivir, un joven que tuvo un accidente en su moto o alguien que ha sido víctima de un atentado terrorista.

Precisamente los ataques terroristas o las grandes catástrofes tienen la costumbre de despertar la solidaridad de las personas. Los hospitales de Madrid se colapsaron el 11 de marzo de 2004: no solo por las víctimas del ataque, sino también con ciudadanos anónimos que acudían a donar sangre. En España somos muchas cosas, no todas buenas, pero de lo que sí podemos estar orgullosos es de nuestra solidaridad: nuestra respuesta ante este tipo de catástrofes acostumbra a ser ejemplar, pero además, España es líder mundial en donación de órganos. Nuestro país, vago e ineficiente, está llenos de héroes y heroínas.

FOTO: Getty Images
Este domingo en Orlando, tras el tiroteo que causó medio centenar de muertes, los centros de donación de sangre se llenaron de héroes. Pero precisamente en el estado de Florida está prohibido que las personas homosexuales donen sangre. Hubo rumores sobre el levantamiento de esa prohibición tras el atentado en el club Pulse, pero desconozco si finalmente fue así.

Es una muestra más de la falta de igualdad que sigue sufriendo la comunidad LGTBI y que estos días es tan necesario reivindicar. Y es que, independientemente de este caso concreto, los homosexuales no pueden donar sangre en numerosos países del mundo, incluyendo muchos países occidentales y europeos. La teórica razón es su mayor riesgo de contraer VIH; como si los heterosexuales no pudieran contagiarse y como si no se hicieran análisis en todas y cada una de las donaciones.

Por cierto, estos análisis son una de las ventajas de la donación de sangre. Acudir regularmente a donar (cada tres meses los hombres y cada cuatro las mujeres) nos permite tener nuestra salud un poquito más vigilada. Pero es que también nos invitan a un bocadillo y un refresco después de cada donación para recuperar fuerzas. Eso, a cambio de un pinchazo que, de verdad, duele menos que arrancarte un pelo de la nariz.Y por encima de todo eso, el sentimiento de estar salvando la vida a una persona. Una persona que vive gracias a ti. Saber eso, saber que eres un auténtico héroe, es una sensación impagable. Y es que solo lo verdaderamente valioso se paga con sangre.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

jueves, 10 de marzo de 2016

La responsabilidad de los acuerdos que firmamos


Turquía fue protagonista en los medios de comunicación el martes tras el acuerdo alcanzado con la Unión Europea, que está dispuesta a pagar 3.000 millones de euros y a hacer importantes concesiones al país otomano para que se quede con los refugiados que no queremos en esta tierra de idílica democracia y de derechos humanos para unos cuantos. Ese mismo día, 8 de marzo, se celebraba el Día Internacional de la Mujer. La llegada a los cines españoles de Mustang (2015, Deniz Gamze Ergüven) este viernes es quizás la mejor reflexión posible sobre ambos asuntos.

Esta cinta, nominada al Oscar y al Globo de Oro a Mejor película de habla no inglesa, ha sido galardonada en numerosos festivales y entregas de premios, además de haber sido alabada por la crítica. Rodada en turco en un pueblo a orillas del Mar Negro, cuenta con un magnífico reparto, sobre todo las cinco jóvenes protagonistas, y con una directora novel que da vida con maestría a un cuidado guion. Mustang narra la historia de cinco hermanas adolescentes que comparten el verano con los chicos de su escuela. Pero su condición de mujeres hará que unos juegos inocentes sean tachados de inmorales y escandalosos. Huérfanas de padre y madre, su abuela y su tío intentarán limitar el despertar sexual y las ansias de libertad de las chicas imponiendo estrictas normas y tratando de convertirlas en lo que se espera que sean: futuras esposas.

Se trata de una magnífica reflexión sobre la condición de la mujer en Turquía: sexualmente reprimida, limitada a su papel de esposa, expuesta a la violencia machista casi sin control y, en definitiva, privada de igualdad y libertad.

No podemos obviar la existencia de países y culturas mucho más discriminatorias hacia la mujer. Lugares en los que el empoderamiento y la rebelión contra el patriarcado –algo que también encontramos en la película- son aun imposibles de concebir, y en las que la violencia contra la mujer no solo no se pena, sino que se incluye en la legislación. Son batallas que también hay que luchar. Pero el caso turco nos toca de lleno y nos convierte en responsables.

Turquía lleva años intentando ser miembro de la Unión Europea. Hasta ahora sin éxito, pero el nuevo acuerdo firmado el martes supone un acercamiento muy importante. Este acercamiento no se ha producido porque Turquía haya dado pasos hacia una mayor democracia, ni hacia una mayor protección de las libertades de expresión e información, ni hacia una mayor igualdad de la mujer como la que se demanda en Mustang. Se produce el acercamiento porque van a quedarse con las personas que no queremos en Europa. Con personas que huyen de la guerra –de las que huyen de la miseria o de conflictos que no sean la Guerra de Siria ni hablamos, porque esas, como dijo el Presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, “que no vengan a Europa”-, y a las que se va a negar el derecho al asilo. En lugar de centrar nuestros esfuerzos en acoger a esas personas, los centramos en financiar a Turquía para que se queden ellos con los refugiados porque consideramos que se trata de un país lo suficientemente "seguro".

En Europa se nos llena la boca al hablar de democracia, de libertad, de igualdad, de derechos humanos... pero esas palabras no concuerdan con el régimen de Erdogan, que gobierna en Turquía con mano de hierro. Esos valores sí concuerdan con la mentalidad de muchos turcos, pero es con sus gobernantes con quienes firmamos los acuerdos. Y son ellos los que no tienen ningún respeto por esos valores sobre los que supuestamente se basa la Unión.

La Unión Europea, una idea que recibió el Nobel de la Paz en 2012, no vale nada si sus principios fundamentales se pueden activar y desactivar, abriendo y cerrando las fronteras, en función de nuestra disponibilidad y nuestro interés en ayudar a las víctimas de una guerra que –de una forma más o menos directa- también estamos alimentando.

Permitimos que el Reino Unido se salte los principios europeos para que no se rompa la Unión. Permitimos que los países miembros sigan levantando vallas y limitando el espacio Schengen para que la situación no se descontrole. Permitimos que Turquía siga violando derechos humanos mientras nos ayude en la contención de la ola de refugiados. Permitimos muchas cosas, pero lo que no permitimos es que personas que huyen de las bombas y los disparos se refugien en nuestros países.

Eso sí, cuando veamos Mustang diremos indignados que “estos moros que no respetan a la mujer no pueden venir aquí”. A lo mejor tenemos más responsabilidad en esa situación de la que pensamos.

(Publicado en Neupic)

viernes, 18 de diciembre de 2015

Sufragistas y cine para un fin de semana de Elecciones


Hoy se produce en los cines de España uno de los estrenos más esperados de los últimos años. No es una película más, sino un auténtico fenómeno cinematográfico, cultural y de marketing. Todo lo que rodea a Star Wars tiene ese aire grandioso y épico del que George Lucas impregnó a una de las sagas imprescindibles en la historia del séptimo arte. Este fin de semana, por lo tanto, las salas se llenarán de aficionados en busca de aventuras galácticas, haciendo que el resto de la cartelera se veaa en serias dificultades. Es frecuente que ante estrenos de este calibre, las cintas con aspiraciones comerciales tienden a evitar el enfrentamiento y busquen otros fines de semana para llevar a cabo sus lanzamientos. Por eso este viernes no habrá gran cantidad de estrenos, siendo la mayoría de ellos de los considerados poco ambiciosos.

Sin embargo, sí hay una película importante que ha decidido desembarcar en nuestros cines este viernes haciendo frente a la maquinaria de promoción desplegada por El despertar de la Fuerza (Star Wars. Episode VII: The Force Awakens, J.J. Abrams 2015). Se trata de Sufragistas (Suffragette, Sarah Gavron 2015), protagonizada por Carey Mulligan, Meryl Streep, Helena Bonham Carter y Brendan Gleeson. En un fin de semana como este, a pesar de sus caras conocidas y del buen hacer de directora, intérpretes y equipo técnico, constituye una apuesta tan arriesgada como valiente.

Valientes. Así eran precisamente las mujeres retratadas en la película. Sus esfuerzos y sacrificios para alcanzar un derecho fundamental, el derecho al voto, fueron descomunales. Se trataba de una lucha desigual en la que la ley y la fuerza estaban contra ellas. Pero las sufragistas, valientes luchadoras, se enfrentaron a la injusticia hasta lograr alzar sus voces sobre al ruido de la ignorancia y la opresión.

En países como el Reino Unido, escenario destacado de este movimiento, hace aproximadamente un siglo desde que aquella lucha se convirtiera en un ejemplo y diera sus primeros frutos. En España, con la figura de Clara Campoamor a la cabeza, las mujeres pudieron acudir a las urnas por primera vez el 19 de noviembre de 1933. Poco tiempo después, el conjunto del país volvió a verse privado de ese derecho. Y solo hace un puñado de décadas que lo recuperamos.

A los jóvenes se nos olvida a veces que algo tan obvio y básico hace no tanto tiempo estaba prohibido. Fue la lucha de muchas personas, que dieron su vida, su sangre o su libertad, la que hoy nos permite gozar de este derecho. Y gracias a estas personas, el domingo volveremos a hablar de la “Fiesta de la Democracia”.

El pueblo será quien decida qué futuro quiere para los próximos cuatro años. Pero ir a votar no sirve solamente para decidir el futuro, sino para honrar y recordar el pasado y a quienes lucharon en él para que hoy seamos los dueños de nuestro destino. Porque el sufragio es una responsabilidad y un honor que todos compartimos, pero también es una deuda con quienes lo hicieron posible. 

Y es que podemos votar de distintos colores, incluyendo el blanco. Podemos incluso no votar. Pero aun en nuestros días hay quienes no tienen esta elección, especialmente entre las mujeres. Es por eso que debemos sentirnos afortunados por poder hacer uso de este derecho. Y precisamente utilizando nuestra libertad –tanto la libertad de voto como la libertad en un sentido más amplio-, estaremos honrando tanto a quienes se sacrificaron por ella, como a quienes aun no pueden disfrutarla.

El domingo, cuando abran las urnas, todos estaremos llamados a ejercer nuestro derecho. Será un día de fiesta. Y como en todas las fiestas, es de buena educación mostrar nuestro agradecimiento a quienes la hicieron posible. Y ese agradecimiento no puede expresarse de mejor forma que disfrutando, por supuesto con responsabilidad, la Fiesta de la Democracia.

Yo, como casi todos, tengo mis favoritos y tengo unas esperanzas depositadas en las urnas. Pero tras la jornada electoral, independientemente de que en unos hoteles y en unos balcones haya más alegría que en otros, me iré a dormir contento porque entre todos habremos decidido que así sea. La democracia -con sus enormes defectos- habrá hablado y todos deberemos aceptar su dictado.

El domingo será también buen momento para mirar atrás y ver el camino que hemos recorrido, agradeciendo a quienes, como las Sufragistas, hicieron posible que hoy estemos donde estamos. Pero, como ellas, también deberemos plantearnos cómo seguir avanzando hacia una sociedad mejor, más justa, próspera e igualitaria. Para ello, haremos bien en seguir el ejemplo de aquellas valientes luchadoras que no aceptaron la injusticia. Que su lucha nos muestre el camino y, ya que estamos, que la Fuerza nos acompañe al recorrerlo.

(Publicado en Neupic)

jueves, 5 de noviembre de 2015

Un ejemplo. El futuro


Mañana viernes 6 de noviembre se estrena en los cines españoles Él me llamó Malala (He Named Me Malala, Davis Guggenheim 2015), la historia de Malala Yousafzai, que el año pasado recogió el Nobel de la Paz "por su lucha contra la supresión de los niños y jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación", convirtiéndose así en la persona más joven en recibir el prestigioso galardón en cualquiera de sus categorías.

A sus diecisiete años, Malala ya contaba con una historia tan dramática como inspiradora: con once años había comenzado a escribir un blog para la BBC denunciando la imposibilidad de las niñas de su región, en el Valle del Swat pakistaní, de asistir a la escuela. Este mensaje, y los que siguieron desde entonces, no gustaron a los talibanes, que atentaron contra ella un día cuando regresaba a su casa del colegio. Tenía quince años. Este ataque estuvo a punto de costarle la vida, pero tras una larga y compleja recuperación, Malala se recuperó. Lejos de acallar sus denuncias, el ataque logró que Malala se convirtiera en una de las voces más destacadas en la lucha por la educación de los niños y niñas de todo el mundo. En la actualidad, con dieciocho años, Malala reside en el Reino Unido con su familia y asiste a clase a diario en su colegio de Birmingham. Ella y su padre siguen amenazados de muerte por haber luchado por una causa justa.

El documental que mañana llega a los cines se adentra en esta historia, tan extraordinaria que, más que un documental, debería haberse reflejado en una auténtica película de superheroínas. Y es que esa es la única definición posible para esta niña, para esta mujer valiente que se enfrentó a siglos de injusticia y pidió, sin que le temblara la voz, que las niñas también tuvieran acceso a la educación en su Pakistán natal.

Allí, como en muchos otros lugares, los radicales, los cobardes quisieron callarla de la única forma que saben: con un disparo. Pero esos retrasados no fueron capaces de prever que su intento de asesinato y sus amenazas multiplicarían el eco de una voz que tiene la calma y la seguridad de quien se sabe responsable del futuro de millones de niños y niñas. Una voz que no se entrecorta cuando tiene que reclamar, ante las personas más poderosas del planeta, los derechos básicos de las más debiles. La voz de Malala no es estridente, no grita ni interrumpe, pero tampoco titubea ni se amedrenta. Esa voz no es importante por sí misma, sino por su mensaje y por su ejemplo, porque ella muestra el camino para quienes quieren cambiar el mundo. Y porque es la voz de aquellos a quienes no les dejan tenerla. Una voz que habla de perdón, de educación, de igualdad y de futuro.

Porque eso es lo que representan Malala y su fundación: el futuro. Un futuro para los niños y niñas del mundo que solo se abre a través de la educación y la igualdad de oportunidades. Un futuro que todavía no se vislumbra para muchos niños y, sobre todo, niñas de este planeta. Un futuro que es todavía un sueño.

Un sueño en el que los niños y las niñas de todos los países del mundo tienen acceso a la educación. Un sueño por el que han luchado muchas personas antes que Malala y por el que seguirán luchando muchas más hasta que se haga realidad. Porque este sueño, el sueño de una niña de once años que quería ir al colegio, es un sueño por el que vale la pena luchar.

(Publicado en Neupic)

miércoles, 25 de febrero de 2015

Premios y discursos políticos

Tenemos todavía en nuestras retinas las imágenes de la gala de entrega de los premios Oscar el pasado domingo. Y tampoco queda lejos la ceremonia de los Goya. Es buen momento para realizar algunas valoraciones sobre ambas y sobre la presencia de elementos de tinte político en ellas.

Los premios españoles se caracterizaron por un marcado triunfalismo tras un año de récord en el que casi 21 millones de espectadores compraron una entrada para ver una película hecha en España. Los 123 millones de euros recaudados suponían más de un 25% de la taquilla total. Datos muy positivos que se remarcaron una y otra vez durante la interminable gala.

Quizá por ese motivo, salvo en lo referente al IVA cultural del 21%, no hubo excesivas alusiones políticas durante la ceremonia. Al contrario que otros años, de lo que más se habló fue de cine. Eso alegró a gran parte de la audiencia, que veía la gala como aficionados al cine más que a la política. Pero enfadó a algunos sectores que demandan que las estrellas del celuloide actúen como referentes de la sociedad y den voz y denuncien fenómenos como la corrupción política o los desahucios.

En Estados Unidos, por su parte, se llegaba a los Oscar con un año más flojo que el anterior, especialmente debido a una pésima taquilla durante el verano. 2014 había estado marcados por la falta de ideas, con gran cantidad de secuelas y adaptaciones entre las películas más exitosas, y por un considerable descenso de la calidad de las producciones.

En cualquier caso, estos datos tampoco preocupaban a la Academia, que se sabe la reina del mambo y que ve que su liderazgo es incuestionable. No existe una industria cinematográfica como la de Hollywood. Y no se prevé que pueda haberla en un futuro cercano.

Lo que sí preocupa son las acusaciones de racismo y machismo que se han producido recientemente. Hubo actrices que denunciaron la dificultad de las mujeres para encontrar papeles una vez que llenan a la madurez. Y hubo fuertes críticas por la ausencia de intérpretes negros o latinos entre los nominados, así como por la teórica discriminación a la película Selma, centrada en la figura de Martin Luther King.

Quizá por eso este año se tocaron muchos temas controvertidos. Neil Patrick Harris comenzó la gala aludiendo a la exclusión racial en Hollywood. La ganadora del Oscar a Mejor Actriz de reparto, Patricia Arquette, reivindicó la igualdad salarial entre hombres y mujeres. El mexicano Alejandro González Iñárritu recibió de manos de Sean Penn el premio a la Mejor Película por Birdman, por la que había Ganado previamente el Oscar al Mejor Director; tanto Pean como Iñárritu se refirieron al problema de la inmigración. Graham Moore, que se llevó el Oscar a Mejor Guión Adaptado por The Imitation Game -sobre el genial matemático británico Alan Turing-, denunció las dificultades que tanto el protagonista de la película como él mismo habían sufrido por su condición de homosexuales.

Estas referencias, que van más allá de lo meramente cinematográfico, puede que no gustaran a los puretas que quieren que la política no sea protagonista en este tipo de eventos. En la otra cara de la moneda, hubo muchas voces que se mostraron encantadas con estas reivindicaciones.

Entonces, ¿política en las galas de entrega de premios sí o no? Pues hay momentos para cada cosa. Igual que hay personas y formas. ¿Son los Oscar o los Goya un buen momento? ¿Qué personas y de qué formas pueden implicarse?

Cuando el guionista Graham Moore defiende al colectivo de homosexuales, claramente marginado en muchas sociedades, tras ser premiado por una película inspirada en un homosexual, habiendo sido el propio Moore víctima de acoso por su orientación sexual y con un discurso respetuoso, sutil y optimista, yo me quito el sombrero. Estamos ante un claro ejemplo de cómo una reivindicación socio-política puede –y debe- estar presente en una gala cinematográfica.

Pero si Pedro Almodóvar saluda a todos los “amigos del cine y la cultura” y añade que el ministro Wert “no está incluido”, vemos que se da el caso contrario.

Así, mientras en los Goya se miraban únicamente su ombligo reivindicando el cine español y pidiendo que se rebaje el IVA cultural, pero sin apenas referencias a la complicada situación del país, en los Oscar se recordaba a los enfermos de ELA, los homosexuales, los inmigrantes o las mujeres. A la persona de a pie le da prácticamente igual si el cine español va bien o si Almodóvar es un maleducado, pero sí le preocupa que se discrimine a personas por su orientación sexual o que la igualdad salarial todavía no sea un hecho. Y eso hay que denunciarlo. También entre el glamour de las alfombras rojas.


(Publicado en Neupic)

lunes, 2 de junio de 2014

Viena se vuelve a teñir de arcoíris para su Life Ball

Conchita Wurst fue la rutilante estrella de un evento benéfico al que asistieron figuras como Ricky Martin o Bill Clinton

Hace dos domingos Austria se acostaba como un país nacionalista, extremista y ultraconservador tras el ascenso en las Elecciones Europeas del partido de extrema derecha FPÖ. Este domingo se ha despertado como un país que enarbola la bandera de la tolerancia y favorable a la libertad sexual tras la celebración el sábado del Life Ball de Viena; el evento más importante en Europa de apoyo a los afectados por VIH o sida.

Y es que el Ayuntamiento de Viena se quedó pequeño el pasado sábado 31 de mayo para acoger a los 3.800 asistentes a esta fiesta en la que hubo música, desfiles de moda, alfombra roja, concurso de disfraces, reivindicación y mucha generosidad para una causa benéfica como es la lucha contra el sida.
FOTO: Life Ball / Harald Klemm

Poco más se puede pedir, porque además el tiempo acompañó a las 40.000 personas que se congregaron en la Plaza del Ayuntamiento para ver los coloridos vestidos de las 200 parejas que desfilaron por la alfombra roja junto a celebridades como Ricky Martin, Bill Clinton, Jean Paul Gautier, Courtney Love o Conchita Wurst.
Fue precisamente la flamante ganadora del Festival de Eurovisión la principal atracción del evento como nuevo icono del movimiento LGTBI en Austria. O quizá sería más correcto decir en Europa, o incluso en el mundo, porque el alter ego de Thomas Neuwirth se ha convertido en un fenómeno de masas desde que el pasado 10 de mayo asombrara al mundo con su tema Rise Like a Phoenix

Con ese tema cerró una gala que había comenzado fuerte con la actuación de Ricky Martin y su nuevo sencillo Vida, muy acorde con el acontecimiento en sí: un acontecimiento sobre la vida, la alegría y la belleza, perfectamente reflejados en El Jardín de las Delicias, el hilo conductor escogido este año por la organización para el evento.

Por eso la pasión, las flores, los insectos y la lujuria fueron temas recurrentes entre los coloristas disfraces que los participantes escogieron para la ocasión. Disfraces verdaderamente inverosímiles y logrados que harían morirse de envidia a la mismísima Reina del Carnaval de Gran Canaria.

Y si no a ella, sí a Bill Clinton, ya un clásico en esta cita anual, que con su sencillo traje de noche dijo sentirse "tan mal vestido". Y es cierto que el expresidente de Estados Unidos era casi el único que no parecía salido del cuadro de El Bosco.

No todo es fiesta

A lo largo del evento, que se prolongó hasta las 5 de la madrugada, también hubo momentos de silencio en recuerdo de las víctimas y para reflexionar sobre una enfermedad cuyo número de víctimas sigue aumentando año tras año en el mundo.

Desde AIDS LIFE se recalca, como cada año, que el objetivo de esta noche es doble: recaudar fondos para los seropositivos y enfermos de sida; y concienciar a la sociedad y dar visibilidad a un problema que solo se solucionará cuando los enfermos sientan libertad para hablar y tratarse sin ser juzgados. 

En ello quería hacer hincapié una gala que también busca luchar por los derechos y la igualdad independientemente de la orientación sexual. Y con ese fin se diseñó el poster del evento para este año. En él aparece la modelo transexual Carmen Carrera desnuda con genitales femeninos en una versión y masculinos en otra, acompañada en ambas modalidades de la leyenda: "Soy Adán, Soy Eva, Soy yo".

FOTO: APA / Roland Schlager
El cartel, diseñado por el fotógrafo David LaChapelle, ha levantado además una fuerte polémica al mostrarse una realidad aun difícil de ver para una gran parte de la sociedad. Representante de esta sociedad puede ser una ancianita que ha ido mutilando los carteles que encontraba por Viena removiendo las "partes al descubierto" de los protagonistas de la fotografía.

Pero al final, con ataques o sin ellos, con incomprensión o sin ella, la imagen fue subastada el sábado en el Palacio del Hofburg vienés -ni más ni menos que donde habitaban los emperadores- junto a artículos como un Audi A1 diseñado por el mismo fotógrafo o un collar de la firma Chopard. La recaudación, donada también para la causa, ascendió a 800.000 euros. Que se sumaron al resto de ingresos de la noche para lograr un total de más 3 millones de euros.

Y con 100.000 euros, que tampoco están mal, está dotado el premio Crystal of Hope, que Marcia Cross y Billy Zane -conocidos por sus papeles en Mujeres desesperadas y Titanic, respectivamente- entregaron a un proyecto de potabilización de aguas en Kisumu, Kenia, para mejorar las condiciones higiénicas de los afectados por el virus. 

Al final, en eso consistía la noche; en realizar algunas buenas obras y luchar por una causa noble. Y en pasárselo bien. Porque el evento no pudo ser muy aburrido cuando hubo un millón y medio de austriacos en sus casas viéndolo por televisión y un seguimiento internacional que pocas galas benéficas logran.

Y eso, quizás no agradase a los tradicionalistas miembros del FPÖ pero, como rezaba el lema del baile este año, "el amor es una flor que crece en cualquier lugar". Y Viena fue, una vez más, el mejor de esos lugares.