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sábado, 28 de julio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'El caso Kurt Waldheim' (2018), de Ruth Beckermann

Crítica: 'El caso Kurt Waldheim' (2018), de Ruth Beckermann

‘El caso Kurt Waldheim’, sobre el pasado nazi del que fuera Secretario General de la ONU y Presidente de Austria, recibió el Premio del Público en el reciente Atlàntida Film Fest


En 1986, tras haber sido Secretario General de la ONU entre 1972 y 1981, Kurt Waldheim se presentaba como candidato a Presidente de la República de Austria por el ÖVP, el partido popular austríaco. Durante la campaña, se hicieron públicos datos sobre el pasado de Waldheim en las SA nazis y su posible participación en crímenes de guerra, una información que se había mantenido oculta hasta entonces. A pesar de estas acusaciones e informaciones, Waldheim fue elegido Presidente. 

Este hecho puso a la sociedad austriaca frente al espejo, pues el pasado de Waldheim, más allá de ocultaciones, mentiras y de la relevancia pública del personaje, no era excesivamente distinto del de muchos otros austríacos de su generación. La película conduce a la reflexión sobre las excusas de Waldheim, extensibles a toda la sociedad: que la población no sabía nada del Holocausto y que su comportamiento era propio de soldados o ciudadanos obedientes. 

Gracias a esto y a determinados intereses geopolíticos de la postguerra, la sociedad austríaca fue considerada, tanto a sí misma como por el resto de países, como la primera víctima del nazismo tras el Anschluss –la anexión de Austria por el Tercer Reich en 1938–y no como una parte culpable. Esa culpabilidad solo comenzó a asumirse tras lo ocurrido con Kurt Waldheim, y no por la gravedad de su historia, sino, precisamente, porque su rol no fue tan diferente del de otros compatriotas. 

Así, la película resulta de una relevancia incuestionable. Primero por la importancia de este fenómeno, poco conocido fuera de la sociedad austriaca, y por la fascinación que despierta que un miembro de las SA nacionalsocialistas alcanzara la presidencia de su país y la más alta posición de las Naciones Unidas. Segundo, por el momento en el que este documental vio la luz, coincidiendo con la llegada al gobierno austríaco de una coalición entre el Partido Popular de Austria (ÖVP), al que pertenecía Waldheim, y el Partido de la Libertad (FPÖ), de corte ultranacionalista y xenófobo.

Crítica: 'El caso Kurt Waldheim' (2018), de Ruth Beckermann

Salvando las distancias –algo que tal vez no se está haciendo con la suficiente frecuencia, cayendo en asociaciones fáciles e injustificadas–, es evidente que lo que se narra en la película ayuda a explicar los acontecimientos de la política actual del país alpino. En este sentido, la propia directora, Ruth Beckermann, afirma al comienzo del documental que “no fue casualidad que estos viejos materiales aparecieran justo ahora”, aludiendo a la cinta VHS que encontró con los documentos audiovisuales relacionados con el caso Kurt Waldheim que ella misma había rodado durante 1986.

Un auténtico vals audiovisual


Más allá de los intensos, inteligentes e interesantes debates políticos que despierta la cinta de Beckermann, debemos reparar en el título original: “Waldheims Walzer”. El Vals de Waldheim hubiera sido una traducción acertada, pues el documental transcurre con un ritmo extraordinario. Trata el tema con conocimiento, pero el saber hacer desde el plano formal no es menos atractivo, ayudando a su comprensión incluso para el público ajeno al tema. 

El material, tanto el captado por la autora en 1986 –con un estilo común al cine protesta germanoparlante de los años 80 y 90–, como el procedente de archivo –entrevistas en televisión, mítines políticos, sesiones parlamentarias…– no se obtuvo pensando en el documental, de ahí que el valor del montaje sea todavía mayor, logrando un muy buen trabajo desde el punto de vista del estilo y la narración. 

El premio en la Berlinale como Mejor Documental y el Premio del Público en el Atlàntida Film Fest confirman la calidad de esta obra. El mayor acierto reside en que el aspecto formal y el ritmo de la narración resultan incuestionables, permitiendo así que el tema de fondo sea capaz de abrir numerosos debates y reflexiones. 

Lo mejor: lo acertado del momento en el que aparece la obra 
Lo peor: la excesiva importancia que se otorga a EE.UU. en el film 
Nota: 8


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 2 de mayo de 2017

Egal wie. Filmkritik von 'Die Fälscher'


Bereits Viktor Frankl schrieb, dass es für einen KZ-Gefangenen vor allem um eines ging: zu überleben, egal wie. In Die Fälscher zeigt uns Stefan Ruzowitzky eine Option. Die Fälscher, die Kapos und die restlichen Gefangenen, aber auch die Soldaten, machen nur, was sie tun müssen, um noch einen weiteren Tag zu leben. Kaum einer hatte diese (un)gewisse Sicherheit zu überleben. 

Die Fälscher basiert auf einer wahren Geschichte von Leuten, die diese Möglichkeit hatten. Verantwortlich für das Überleben dieser Menschen war ein Verbrecher, der zum Held wurde. Es ist spannend zu sehen, wie ein unergründlicher Karl Markovics versucht Geld zu fälschen. Aber ist es ok diesen Nervenkitzel in einem Film über den Holocaust zu finden? Selbstverständlich ist dies kein gewöhnlicher Film über ein Thema, das schon oft im Kino behandelt wurde; er fokussiert auf eine wahre und kuriose Geschichte, aber er macht dies nicht manieristisch, sondern mit einer undeutlichen Linie zwischen Gut und Böse. Damit lernen wir nicht zu verurteilen. So eröffnete er einen Weg, dem kürzlich auch andere Filme, wie Saul fia (László Nemes, 2015), gefolgt sind.

Diese Neuheiten, sein Unterhaltungspotential und die enthaltenen Reflexionen, sind gute Gründe um den Oscar zu rechtfertigen. Dennoch –vielleicht ist das jedoch die einzige Option um den Film nicht zu dramatisch zu machen– vermisst man eine stärkere Entwicklung der Geschichte und eine Tiefe in den Charakteren. Charaktere, die, egal wie, trotzdem Ja zum Leben sagen.

martes, 6 de diciembre de 2016

Las mujeres y la diplomacia exterior, claves del triunfo de Van der Bellen

La victoria, más abultada de lo esperado, del progresista Alexander van der Bellen sobre el ultranacionalista Norbert Hofer en las elecciones presidenciales de Austria ha despertado numerosos análisis que sitúan a Austria como el ejemplo a seguir si se quiere frenar el ascenso de partidos populistas de extrema derecha.

FOTO: REUTERS/Leonhard Foeger
Sí es cierto que es la primera derrota de un partido ultranacionalista en los últimos dos años. Pero no es menos cierto que el hecho de haber llegado hasta donde ha llegado es una muestra de la buena salud de la que goza el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), que se erige en referente para otras formaciones como el Frente Nacional francés o el UKIP británico. La consecución de casi la mitad de los votos en la segunda vuelta y el apoyo de más del 30% del electorado en la primera no son datos para la calma. Eso, sumado a las halagüeñas perspectivas que auguran las encuestas, en las que el FPÖ cada vez se distancia más de sus perseguidores, indica que Austria permanece como un improtante bastión de la extrema derecha.

Las claves de la derrota nacionalista

Aun así la derrota de este domingo demuestra que los nacionalistas no son infalibles y que también cometen errores. El principal ha sido seguramente el enfoque de la campaña. Presentarse como el candidato de la gente contra el establishment había funcionado para diferenciarse de los dos grandes partidos tradicionales, pero no es el discurso más adecuado contra un político proveniente de Los Verdes, claramente progresistas y no menos alejados de la élite. El antagonismo entre alguien de 42 años como Hofer y un veterano como Van der Bellen, que tiene 72, tampoco ha funcionado, pues la mayoría de la juventud se ha volcado con el ecologista. Por el contrario, como defiende el instituto demoscópico Sora, su experiencia y su mejor imagen internacional han sido argumentos de peso para que los austriacos se decantaran por el candidato europeísta.

Precisamente la imagen externa ha pesado mucho a la hora de votar. Austria es un país en el que las formas y las apariencias tienen una gran importancia, por lo que la posibilidad de que en otros países les critiquen o les culpen de dar vía libre a la extrema derecha también ha influído. Precisamente el riesgo de que el ultranacionalismo regresara al poder por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial ha pesado mucho; no solo por lo que digan en el exterior, sino porque, aunque no todos y no siempre, en Austria han aprendido algo de su historia.

Ese argumento movilizó a muchos votantes, que hicieron que la participación, a pesar del hartazgo por la repetición electoral, creciera con respecto a los anteriores comicios y alcanzara el 74%. De estos votantes, han sido las mujeres las que decantaron la balanza, pues un 62% del voto femenino fue a parar al ya elegido presidente.

Y si Van der Bellen consiguió activar a su electorado ha sido en parte gracias a una campaña muy intensa, en la que el papel de las redes sociales ha sido fundamental. En su primera entrevista en ORF, la televisión pública austriaca, Van der Bellen reconocía el trascendental papel de los voluntarios que le han ayudado.

Quienes también le han apoyado han sido la mayoría de políticos y cargos públicos en Austria, como el anterior presidente, Heinz Fischer, el canciller, Christian Kern, o el alcalde de Viena, Michael Häupl, todos ellos socialistas. Ha sido en las filas de los conservadores del ÖVP donde la división ha sido mayor, pero no únicamente por su cercanía a la extrema derecha, sino por su rechazo a un candidato tan a la izquierda como Van der Bellen.

Por último, algunos fallos propios del populismo pasaron factura a Hofer: el cambio de discurso para aparentar moderación le restó credibilidad, haciendo que una parte importante de sus votantes de mayo se quedaran ahora en casa; al mismo tiempo, la ausencia de noticias sobre refugiados en los medios de comunicación durante las últimas semanas le ha impedido explotar del todo el discurso del miedo al extranjero que tan bien le estaba funcionando.

Este cúmulo de circunstancias no implican que Austria -y mucho menos Europa- se haya vacunado contra el ascenso de la extrema derecha. Se ha evitado una ola, pero la marea sigue subiendo. Aun así, si se aprovechan, quizá Austria sí nos haya dado algunas pistas sobre cómo evitar que el discurso ultranacionalista se imponga en Europa.

(Publicado en bez.es)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Austria contiene el avance de la ultraderecha en Europa

Tras un año cargado de sorpresas en las votaciones más trascendentes a nivel mundial, las Elecciones Presidenciales en Austria han deparado una nueva sorpresa. La diferencia, no obstante, reside en que en esta ocasión se ha impuesto la continuidad frente a las apuestas arriesgadas y populistas. El candidato ecologista Alexander van der Bellen, que ya había sido el ganador en mayo, se ha vuelto a imponer en la repetición electoral celebrada este domingo.

Van der Bellen ha sorprendido a las encuestas preélectorales, una vez más. El antiguo líder de Los Verdes se ha impuesto al ultraderechista Norbert Hofer con un 53,3% de los votos, tras haber contabilizado un 98% de las papeletas y teniendo en cuenta las estimaciones del voto por correo. A pesar de que Hofer se ha impuesto en la mayoría de zonas rurales, la ventaja de Van der Bellen en Viena -se impuso en los 23 distritos- ha sido muy notable.

¿Por qué tanta diferencia?

Esta sería la primera derrota que el populista Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) recibe en casi dos años, en los que el ascenso ha sido muy notable. La explicación no reside en un giro a la izquierda de los austriacos, sino en el hartazgo que este largo periodo electoral de casi un año ha generado en el electorado. La impugnación de los resultados por el FPÖ les coloca como responsables de la repetición de las elecciones, algo que no ha gustado a muchos votantes, que hoy lamentaban el gasto de esta nueva convocatoria electoral y la inutilidad de la misma.

FOTO: REUTERS/Leonhard Foeger
Asimismo, la moderación del discurso de Norbert Hofer le hizo perder credibilidad, pues no consiguió desprenderse de la etiqueta de „neonazi“ o „germanófilo“, pero sí que generó dudas entre algunos votantes que demandan aun más dureza con extranjeros y políticos tradicionales. También hay que tener en cuenta que la elección de Trump en Estados Unidos o el brexit en Reino Unido suponían un arma de doble filo para el ultranacionalista: por un lado mostraban la fuerza de ideas extremistas y populistas como las suyas, pero para el votante moderado también demostraban que las consecuencias de querer castigar a los grandes partidos tradicionales y al establishment podían ser mayores y más dramáticas de lo deseado. Finalmente, la campaña de Van der Bellen, centrada en la movilización contra el riesgo del extremismo, parece haber funcionado mejor que el discurso nacionalista, que ha perdido fuerza tras algunos meses en los que el tema de los refugiados ha pasado a un segundo plano en los medios de comunicación.

¿Qué va a pasar ahora?

La elección de Alexander van der Bellen garantiza una cierta continuidad en un país en el que el Gobierno en coalición entre socialdemócratas del SPÖ y democristianos del ÖVP se desmorona. Cada día parece más próxima una convocatoria electoral para la primavera de 2017 y, aunque la elección de Hofer podría haberlo precipitado, no parece que Van der Bellen vaya a ser capaz de evitarlo.

Además la elección del candidato ecologista puede tener una consecuencia más grave. Los electores austriacos no suelen mostrarse partidarios de que un partido o una tendencia ideológica acapare el poder en la jefatura del Estado y en el Gobierno. Por ese motivo la elección de Hofer habría servido como freno a un posible Gobierno de extrema derecha, sin embargo, la victoria de un candidato de izquierda puede ser un incentivo para que el FPÖ consiga una mayoría más holgada de la que ahora mismo le otorgan las encuestas. Encuestas que ahora mismo lidera con más de un 30% de los votos, distanciándose cada vez más de socialistas y conservadores.

Esa es la preocupación que surge ahora, pues el cargo de Canciller lleva asociadas unas competencias mucho mayores que las del Presidente. Y esa posición, en manos de alguien como Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ y mucho más radical que el propio Hofer, conllevaría un auténtico riesgo. Pero de momento, algo más de la mitad de los austriacos y gran parte de Europa celebran que durante los próximos seis años no habrá un radical ocupando el despacho del Presidente de la República en el Palacio del Hofburg.

(Publicado en bez.es)

domingo, 4 de diciembre de 2016

El discurso del miedo marca las elecciones en Austria

2016 ha sido el año que ha consolidado el ascenso de la extrema derecha y de los populismos en el mundo, el año de las sorpresas electorales y el año de la polarización de la política. Ahora que llega diciembre y toca hacer balance, Austria, que presume de eficiencia, parece querer hacer un resumen acelerado.

FOTO: REUTERS/Leonhard Foeger
Este domingo los austriacos están llamados a repetir la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebrada en mayo. Entonces, el candidato apoyado por Los Verdes, Alexander Van der Bellen, consiguió imponerse al ultraderechista Norbert Hofer por solo 30.863 papeletas. La impugnación de los resultados debido a irregularidades en el recuento del voto por correo, que fue el que decantó la balanza a favor del candidato europeísta, obligó a repetir los comicios a principios de octubre. Sin embargo, un problema con el pegamento de los sobres descubierto durante el verano obligó a retrasar la votación hasta este domingo. Las encuestas vuelven a mostrar a un país dividido entre dos candidatos totalmente opuestos.

Aunque parece que la votación volverá a decidirse por muy pocos votos, Hofer se sitúa como el ganador más probable pues, al impulso que supuso la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, se une un dato que en estos momentos resulta casi más fiable que las encuestas: las cotizaciones de ambos candidatos en las casas de apuestas, que otorgan una cierta ventaja al candidato nacionalista.

Una campaña tensa

La tensión, que ha quedado patente en todos los debates televisivos, lleva escalando desde que se conoció que el país centroeuropeo debería volver a las urnas. Hace pocas semanas, Heinz-Christian Strache, líder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), al que pertenece Norbert Hofer, llegó a especular con la posibilidad de “una guerra civil a medio plazo” si seguían llegando extranjeros. Hofer, a pesar de mostrar un tono más moderado y una sonrisa más amable, también ha entonado el discurso del miedo contra los refugiados, apoyado en consignas populistas que le convierten en representante del pueblo frente a las élites.

Aunque con más sensatez, Van der Bellen también ha utilizado la carta del miedo, en su caso, al retorno del nazismo. Hace pocos días compartía en su página de Facebook el vídeo de una superviviente del campo de exterminio de Auschwitz, Frau Gertrude, que alertaba de cómo el fomento del odio que lleva a cabo el FPÖ le recuerda a lo que vivió Austria en los años 30.

Pero a pesar de la crispación en los debates y en los discursos políticos, la sociedad vive las elecciones con resignación tras ocho meses de incertidumbre. Si en España se criticaba la incapacidad de los políticos para lograr acuerdos, en Austria se critica la incapacidad de las autoridades electorales de contar los sobres o de hacer que el pegamento funcione.

El ascenso de los radicales

Ya en abril, en la primera vuelta de estas elecciones, los austriacos castigaron con dureza a socialdemócratas y democristianos, los dos grandes partidos tradicionales que gobiernan en coalición. Precisamente las decisiones erróneas de este Gobierno, que a la mala gestión de la crisis de refugiados tiene que sumar una tasa de desempleo creciente, son las que han aupado a fuerzas extremistas. Eso, en un país tan preocupado por su “identidad cultural” como este, se acaba traduciendo en el ascenso de partidos como el FPÖ.

Por eso estas elecciones son diferentes. No por el cargo en juego, pues la Presidencia de la República es más protocolaria que funcional, sino por lo que podría suponer que un país con la historia y la centralidad de Austria tuviera al frente un político de extrema derecha.

Esa es la posibilidad que preocupa a Europa, que este domingo tendrá un ojo en el referéndum que Renzi ha convocado en Italia sobre la reforma constitucional y otro en Austria, donde la extrema derecha podría apuntarse la primera victoria real en una Europa que sigue acercándose a un nacionalismo y populismo que parecían olvidados.


(Publicado en bez.es)

viernes, 30 de septiembre de 2016

Pedro no está solo

El descalabro del PSOE parece tener un culpable claro, pero, independientemente de la crítica que se le pueda realizar tanto a Pedro Sánchez como al conjunto del partido y sus federaciones en España, podemos hacer una lectura más amplia del problema para ver que Pedro y el PSOE no están solos.

FOTO: EFE
El primer caso, el más claro, tiene como protagonista al PASOK en Grecia. El partido que había dominado la política helena en los ochenta, noventa y parte de la primera década del siglo XXI pasó a convertirse en una fuerza casi marginal, muy lejos de los conservadores de Nueva Democracia y de Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical. Naturalmente, la dramática situación griega ha tenido mucho que ver en este vuelco; el hecho de que el PASOK de Papandreu fuera el partido que gobernaba al estallar la crisis les ha lastrado notablemente. Salvando las distancias, vemos algunas semejanzas con el caso español, motivo por el que la amenaza de que el PSOE pueda acabar como el PASOK se ha escuchado en alguna ocasión.

Otro ejemplo: Francia. Aunque el Partido Socialista esté al mando del Gobierno, tanto los resultados regionales y locales como las encuestas les auguran un futuro bastante pobre. El ultraderechista Frente Nacional de Le Pen y Los Republicanos de Sarkozy parecen estar muy por delante de un partido que no ha sabido hacer frente al terrorismo, ha sufrido numerosas y duras huelgas y se ha visto salpicado por las polémicas de su Presidente, François Hollande, que van desde sus infidelidades hasta el salario de su peluquero particular.

FOTO: Getty
En el Reino Unido, a pesar de que (o precisamente porque) los protagonistas del Brexit han sido los Tories de David Cameron y el euroescéptico UKIP de Nigel Farage, el Partido Laborista parece haber pasado a un segundo plano. Su única alegría en los últimos meses ha sido la consecución de la alcaldía de Londres por Sadiq Khan. En esas Elecciones Locales el Partido Laborista no supo aprovechar el desgaste de los conservadores y solo logró salvar los muebles y ganar algo de tiempo para su líder, un Jeremy Corbyn que, como le ocurre a Pedro Sánchez, tiene más enemigos en el seno de su partido que fuera.

En Austria el caso es más complejo: el pasado mayo hubo elecciones para elegir al Presidente de la República y a la segunda vuelta llegaron el candidato de extrema derecha Norbert Hofer y la candidatura apoyada por Los Verdes, Alexander van der Bellen. Tanto el candidato socialista como el conservador se quedaron en porcentajes de voto cercanos al 11%, una cifra ínfima si consideramos el tradicional dominio de ambos, sobre todo de los socialistas, en los comicios austriacos desde el regreso de la democracia. Dejando a un lado el hecho de que, por distintos y curiosos motivos, el país sigue sin Jefe de Estado, los socialdemócratas austriacos tampoco viven su mejor momento. Al revés en estas Elecciones Presidenciales hay que sumar la dimisión del Canciller Werner Faymann (que gobernaba en coalición con los democristianos) a raíz de las mismas, pero también hay que tener en cuenta el retroceso que el partido está sufriendo en los sondeos tras su mala gestión de la crisis de refugiados y de un panorama económico que muestra signos de debilidad.

Sin negar el papel de los responsables nacionales, quizás convenga reflexionar también sobre la falta de identidad de estos partidos. El adjetivo socialista no les pega, pues todos han renegado del Socialismo, motivo por el que son adelantados por su izquierda. Además, en sociedades avanzadas como las europeas, la lucha por los derechos sociales, aunque siga siendo esencial, no se percibe como tal, de ahí que el papel de estos partidos pierda valor. Al mismo tiempo, la crisis y la inmigración han hecho ascender a partidos populistas que han robado votos a los partidos tradicionales. Y frente a estos partidos, han sido los conservadores moderados quienes parecen haberse convertido en la única alternativa capaz de hacerles frente.

La crisis del socialismo en Europa va más allá de los nombres de sus distintos líderes. Y quizás parte de su resurrección pase por cambiar de responsables, pero también resulta necesario un replanteamiento a nivel internacional de lo que estos partidos quieren y representan. Y no sé si este mal de muchos consuela a Pedro Sánchez, pero al menos le demuestra que no está solo.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

sábado, 21 de mayo de 2016

Some pre-election thoughts


In Aspire we are convinced that one way to stay connected to reality in order to be able to act accordingly is to discuss it. A mature discussion about a current situation is not only one of the best ways to use and improve democracy, but it can also be very illustrative and even funny. Especially if at the same time you are sharing a bottle of wine with some nice people.

Located in Vienna, it is obvious that one of the main topics on the agenda these days are the Presidential Elections that gave in the first round on Sunday 24th of April most votes to Norbert Hofer. The candidate supported by the right party FPÖ got a 35,6% of the votes, followed by the “green” Alexander van der Bellen, who was supported by 21% of the Austrians. The two of them will appear in the ballots again this Sunday.

A few days after these results Aspire celebrated its first All-Hands Meeting. After dealing with the topics connected with our work and the organization we decided to discuss these Elections. This Sunday we will finally know who the President of the Bundesrepublik is, but before that, let´s have a look at some of the conclusions that we could get from our interesting and fruitful debate:
  • Many of the members of Aspire are foreigners, so we see all these events partly from an outside perspective. We mix skepticism and fear, which led some of us to one question: “are we even wanted here?” It might sound excessive or even sensationalist, but the possibility of repeating the biggest mistakes of our past seems at times closer, and in that context this question would make too much sense. Maybe it’s good to stop a second and ask about how our votes would be seen with another perspective: not only from the point of view of other people, but also from the point of view of the medium-term future, that can show us the dimension that our decisions can have.
  • We might not like a lot what happens but we are not surprised. We all know the events that motivate this polarization and this tendency to extremism, although it doesn’t mean that we agree with the approach to them. Society is complex, much more than what the easy cries of patriotism or truth let many people see. And it is precisely this complexity what might push us to radical, direct and supposedly safe options as a way to simplify a reality that, nevertheless, can’t be simplified like this. We must understand what happens around us, without looking for easy explanations and without denying that the same events can make us all feel different. And again, it will be our capacity to stand in each other’s shoes what will help us find the respect and the responsibility that we all need to make the right choices.
  • These elections can’t be understood isolated. That is not the world we live in anymore. The political processes in Austria have a lot of relation with the German ones, but also with those in the Scandinavian countries or with the USA; and at the same time they are connected with those in Greece, Italy or Spain. And here the European Union plays a huge role: not only because of its responsibility for some of the mistakes committed in the last years, but also as the most effective (and maybe the only possible) way to overcome our problems and stay strong together. It’s important to look around and comprehend that the world is strongly connected and it is already impossible to think only about your own country trying to leave the others out of the picture.
The discussion kept going for a while, and it left Austrian politics to focus on the basic principles of democracy, the capitalist system, the possibility of the Brexit, the threats of climate change or the conquest of the outer space. This shows again the necessity to look further than the borders of our countries and the impossibility to see a national political process without its interconnections.

Elections are something for what we had to fight so hard. Sunday will be another day to remember that. But also to remember the past, think about the future, and act according to what we really believe it´s best. Let us all be responsible, respectful and generous. Let us all be free. Schönen Wahlsonntag!


domingo, 8 de mayo de 2016

Viaje al rincón más oscuro de nuestra memoria

La visita al campo de concentración de Mauthausen-Gusen nos obliga a reflexionar sobre los errores que la humanidad no debería repetir 

Vista exterior del campo de concentración de Mauthausen

En Austria se vive estas semanas un intenso debate sobre qué debe hacerse con la casa en la que nació Adolf Hitler. El Estado expropió la vivienda, situada en la localidad de Braunau am Inn, hace unas semanas para evitar que pudiera caer en las manos equivocadas y convertirse en un lugar de peregrinación. Desde entonces, la sociedad austriaca se divide entre quienes defienden la necesidad de empujar al olvido determinados asuntos y quienes entienden que se debe mantener vivo su recuerdo para evitar repetir los mismos errores. La cada vez más restrictiva política de fronteras o la victoria del candidato de extrema derecha Norbert Hofer en las recientes Elecciones Presidenciales nos hacen pensar que la segunda opción todavía resulta necesaria para muchos austriacos. 

De los lugares que rememoran el Holocausto pocos resultan tan impactantes y significativos como un campo de concentración. El de Mauthausen-Gusen, a veinte kilómetros de Linz, capital del Bundesland de Alta Autria, y a menos de doscientos de Viena, fue el más grande de los levantados en Austria y el penúltimo en ser liberado por las tropas aliadas. Allí murieron, entre 1938 y 1945, más de 90.000 personas. Visitarlo supone una reflexión imprescindible para comprender la etapa más oscura del siglo XX en Europa.

Aunque el año está siendo inusualmente cálido en Austria, al llegar a Mauthausen la temperatura es poco superior a los cero grados y la sensación térmica disminuye por el intenso viento. Un día gris y triste que parece dotar de mayor realismo y dureza al escenario de una de las mayores atrocidades de la Historia. 

El pueblo de Mauthausen, a orillas del Danubio, en la frontera entre los Bundesländer de Alta y Baja Austria, resulta idílico; un típico pueblo austriaco lleno de encanto, con sus casas de colores y las plazas llenas de flores. A sus espaldas, sobre una colina, se aprecia el lugar al que inevitablemente está asociado esta población de menos de 5.000 habitantes. La ubicación del campo, visible desde el pueblo y con varias casas directamente en las faldas de la pequeña elevación en la que se asienta, parece contradecir lo que muchos austriacos argumentaron durante décadas para disculparse por el Holocausto: que la población no conocía lo que ocurría. 

Esto me lo explica una austriaca, graduada en Historia, que me acompaña. También me cuenta que todos los colegios e institutos del país llevan a sus alumnos de catorce o quince años a visitar alguno de estos infames campos. Sin embargo, más de un austriaco se extrañó ante el interés de un extranjero por acudir a un campo de concentración; aunque ya no se niega la responsabilidad, el sentimiento de vergüenza todavía está muy presente.

Esta es la filosofía que se sigue en el centro de recepción del Memorial de Mauthausen. Son conscientes de lo que supone ese lugar para la historia del país, por lo que se pretende evitar su frivolización y mercantilización. Así, nos explican que la entrada es gratuita y que únicamente es necesario pagar por las audioguías. Disponibles en varios idiomas, nos permiten hacernos una idea más detallada de las atrocidades cometidas entre aquellos muros. La inclusión de relatos reales nos deja en varios momentos sumidos en el silencio de quien no alcanza a comprender las dimensiones de lo ocurrido en el lugar en el que se encuentra.

Comenzamos la visita fuera del recinto amurallado, sobre la explanada en la que se encontraba el campamento para los enfermos. Al lado, los soldados jugaban partidos de fútbol con los habitantes del pueblo. De nuevo, la excusa del desconocimiento de la existencia del campo parece desmoronarse. 

Bordeando el muro de piedra, llegamos a uno de los puntos más sobrecogedores del recorrido: diversos países, asociaciones y organismos públicos austriacos han erigido aquí sus monumentos en recuerdo de las víctimas. A ellos se suman incontables pequeños homenajes particulares que van desde una foto hasta un trozo de bandera. Pero desde aquí también se divisa la cantera en la que los prisioneros eran explotados, la escalera por la que debían cargar las pesadas piedras que extraían y el barranco por el que eran empujados a capricho de los guardias.

El camino nos lleva a la puerta principal del campo, por donde se accede. A la izquierda se levantaban los barracones. A la derecha, los edificios comunes. Frente a nosotros, el amplio tramo central en el que se realizaban los recuentos y las marchas. 

Casi solos, deambulamos por las distintas zonas del campo de exterminio hasta llegar a la enfermería, donde ahora se ubica el museo. Este, por la inclusión de fotografías, entrevistas y grabaciones de los protagonistas reales, resulta más ilustrativo que el resto del conjunto, pero no alcanza el dramatismo de los edificios reales, vacíos y desnudos. 

Bajo el museo, el crematorio y la cámara de gas. Ese oscuro horno y ese amarillento habitáculo se convierten, por su significado, en uno de los puntos más inquietantes de todo el campo de la muerte.

Ya en el último tramo de la visita, encontramos nuevas muestras espontáneas de dolor y recuerdo. Y junto a ellas, un impresionante monumento con todos los nombres de quienes allí fueron víctimas de la barbarie. 

De regreso al centro de recepción cruzamos la puerta sobre la que se ubicaban la cruz gamada y el áquila imperial que representaban el poder del Tercer Reich. Una de las primera acciones de las tropas estadounidense tras la liberación del campo el 5 de mayo de 1945 fue el derribo, con la ayuda de algunos prisioneros, de estos símbolos. La guerra había terminado y, tras mucho dolor, la libertad llegaba a uno de los rincones que mejor ilustran los errores de nuestro pasado.

Pero el optimismo de esta imagen contrasta con otra que encontramos en el museo. En ella vemos uno de los muros exteriores del campo cubierto por un gran plástico blanco. Bajo él se esconde, según reza el pie de foto, una pintada con expresiones neonazis. La foto fue tomada en febrero de 2009. Y no ha sido el último caso. Esta imagen, a priori mucho más intrascendente e inofensiva que la cámara de gas, el crematorio o las alambradas, se convierte en la más impresionante de la visita. No por lo que muestra, sino por lo que implica: que el extremismo no pertenece únicamente al pasado.

Y es cierto que a la sociedad austriaca le ha costado décadas realizar la tarea de arrepentimiento, de asunción de responsabilidades y de compensación del daño. Pero no es menos cierto que, sobre todo en los últimos veinte años, los austriacos han alcanzado una reconciliación casi total con su memoria. 

Esa reconciliación no se ha logrado olvidando el pasado, sino manteniendo vivo el recuerdo. Y esa es precisamente la labor del Memorial de Mauthausen.

viernes, 22 de abril de 2016

“Si vemos la Marca España como algo comercial, no hay duda de que nuestro idioma y nuestra cultura son sus productos estrella”

Aprovechamos el cuarto centenario de la muerte del autor del Quijote y las bodas de plata del Instituto Cervantes para hablar con Carlos Ortega, director del Instituto en Viena


Faltan unos días para que se cumpla el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. Su legado literario es incuestionable, pero va mucho más allá de eso. De hecho, y aunque pueda resultar curioso, su creación más popular, el Quijote, “ha inspirado más música que literatura”. Son palabras de Carlos Ortega Bayón, que forma parte de la importante herencia del Príncipe de los Ingenios. 

Este vallisoletano nacido en 1956 dirige la sede del Instituto Cervantes en Viena desde septiembre de 2015, en la que es su segunda etapa al frente de la sede vienesa de esta institución. Entre medias estuvo al frente de la sede del Instituto en la ciudad alemana de Bremen. También ha dirigido la editorial Losada y la Biblioteca Nacional entre 1994 y 1996. Un hombre, por lo tanto, del mundo de la cultura y las letras. Una personalidad que no desentona en una sociedad “culta” como la del país centroeuropeo. 

Y menos en una ciudad como Viena, en la que “el aspecto cultural es esencial, por lo que se necesita hacer cosas de nivel”. Una de ellas pretende ser la semana cervantina que se celebrará en la capital austriaca entre el 6 y el 10 de junio para conmemorar el cuarto centenario de la muerte del polifacético escritor.

Y es precisamente “el multifacetismo de los muchos Cervantes que existen” el aspecto en el que se centrarán las actividades musicales, académicas, teatrales, cinematográficas y, por supuesto, literarias que se celebraran esos días. No olvidemos que el autor del Quijote fue un escritor que tocó prácticamente todos los géneros y que, además de la escritura, desempeñó muchos otros oficios para poder sobrevivir en aquella España de finales del siglo XVI y principios del XVII. Una figura que constituye un mundo en sí mismo; o, mejor dicho, un universo. Así se titulará el conjunto de actividades programadas: Universo Cervantes.

Esto en Viena. Pero el Instituto Cervantes no se ha olvidado del genio de quien toma el nombre, y sus sedes en todo el mundo han planeado numerosos actos con motivo del cuarto centenario de su muerte. Y no solo esta institución, pues Ortega defiende que, a pesar de haberse producido “cierto descuido en la comunicación, en parte debido a la falta de gobierno desde que se convocaron las elecciones”, sí se han planeado actos para celebrar esta efeméride, especialmente porque “parece que los poderes públicos tienen la necesidad de ensalzar periódicamente a alguna de sus figuras”. Y eso que el padre del Ingenioso Hidalgo no sería quien más los necesita, ya que “siempre tiene el foco puesto”.
“Parece que los poderes públicos necesitan ensalzar periódicamente a alguna de sus figuras”
Esto se debe a su condición de “clásico”. Una calificación que también podemos otorgar a William Shakespeare, con quien comparte homenajes derivados de su coincidente fecha de defunción. La obra de ambos “tiene validez en todas las épocas, algo que prueba su calidad”, pero no los convierte en los mejores escritores de la Historia de la Literatura. Ese título no existe porque “en la literatura, como en todas las artes, no valen los rankings. En el arte no existe el progreso”. Una conclusión muy acertada si nos paramos a pensar: “¿es mejor una obra de Andy Warhol que las pirámides de Egipto? ¿Qué posición ocuparían Homero, Sófocles o Platón dentro de la Literatura?”. 

El Instituto Cervantes y el español

Carlos Ortega, Licenciado en Filología Alemana y Francesa, habla como un hombre de letras. No esconde que hay cosas que escapan a su conocimiento, pero opina de forma fundamentada sobre aquellas que sí conoce, que no son pocas. Tampoco oculta la crítica cuando es necesaria, pero no la derrocha sin motivo. Y todo ello, con un tono calmado y suave. Solo alza la voz en un momento de la entrevista, tras ser preguntado por la labor realizada en los 25 años de vida del Instituto Cervantes. “¡Es una institución increíble!”, pues “a pesar de su juventud, se codea con instituciones hermanas como el British Council [fundado en 1934] o el Goethe-Institut [que data de 1951], que cuentan con más de 50 años a sus espaldas”. Además se trata de un organismo “baratísimo para el Estado y para la sociedad”, a través del que se consiguen “una importante presencia internacional y una diplomacia blanda o cultural, que consigue crear lazos más estables y profundos que las relaciones puramente económicas o políticas”. Naturalmente, sin olvidar la difusión de la lengua.
“En la literatura no valen los rankings. En el arte no existe el progreso” 
Una lengua, el español, que se habla en más de 20 países. “Uno de los aspectos esenciales del Instituto Cervantes es su riqueza, pues también nos permite acercarnos a Latinoamérica y servir así de vehículo y de lugar de encuentro de la cultura en español de todo el mundo”. 

Esa es la importancia del idioma, junto a la de “transmitir la mentalidad de las distintas sociedades”, repercutiendo en nuestra propia forma de ser. Una muestra: el alemán es un idioma “preciso, que exige una férrea disciplina y una elevada responsabilidad al permitir crear palabras a través de la unión de términos ya existentes”; el español, por su parte, es una lengua que nos permite “un alegre estado, con mayor libertad porque, por ejemplo, podemos colocar el adjetivo en el lugar que queramos”. Estamos describiendo lenguas, pero bien podría tratarse de un estudio de la diferente personalidad de españoles y austriacos.

No obstante, en la literatura “no hay grandes diferencias, puesto que ambos países pertenecen a la cultura europea y occidental”. Quizá la más reseñable sea la mayor introversión de los autores austriacos. Ortega cita como ejemplos a Joseph Winkler o Thomas Bernhard, sin embargo, también menciona que “esa timidez puede dispararse y dar lugar a una tremebunda audacia en algunas de las obras de escritores austriacos”.

Otro aspecto diferenciador entre ambos países, en este caso en lo referido al lector, es la afición de los austriacos por el teatro, lo que genera un “gran dinamismo en la producción de literatura para teatro”. Por lo demás, cabe mencionar que “la producción editorial austriaca es pequeña, con gran proliferación de la novela negra o policíaca por ser el género que más gusta al público”. En este sentido, Ortega lamenta que en España, sobre todo los jóvenes, lean poco. Mas se muestra escéptico ante estos datos porque, parafrasea a Winston Churchill, “hay verdades, medias verdades, mentiras y estadísticas”.

Otro lamento llega por la escasa habilidad de los españoles para aprender idiomas. Pero, existe una explicación histórica: “hasta ahora, nunca hemos tenido necesidad de conocer idiomas, eso lo ha marcado nuestra Historia, porque hemos vivido confinados y enclaustrados y solo el turismo fue capaz de abrir un poco las puertas a otras lenguas”.

Y tanto ese turismo, derivado del sol del que gozamos en España, como la producción automovilística -España es el segundo productor europeo de coches tras Alemania y está entre los cinco primeros a nivel mundial-, conforman para Carlos Ortega los “productos estrella de la Marca España, siempre que entendamos esta desde su vertiente más comercial”. Y sí, en ese trío de cabeza están incluidas nuestra lengua y nuestra cultura. 

Ambas le deben mucho a Miguel de Cervantes. Y mucho le debe también el Manco de Lepanto al Instituto que lleva su nombre por mantener viva su memoria. Y en especial, somos todos nosotros los que debemos mucho a quienes hacen posible que esta institución siga llevando la riqueza del español por el mundo.

sábado, 29 de agosto de 2015

¿Punto de inflexión?

FOTO: APA/Hans Punz

Hoy hace 52 años que Martin Luther King pronunció a los pies del Monumento a Lincoln en Washington su famoso “I Have Dream”. No fue el único discurso de Luther King, ni menos aun, el único discurso del Movimiento por los Derechos Civiles. Pero su relevancia fue tal que impulsó esta lucha más allá de las fronteras estadounidenses y permitió que Luther King se convirtiera en una de las personalidades más influyentes de la Historia. Este discurso supuso un punto de inflexión que cambió para siempre la lucha por la igualdad racial en Estados Unidos y posibilitó que la ansiada y necesaria igualdad entre negros y blancos se hiciera realidad.

Hace dos días apareció un camión abandonado en el arcén de una carretera austriaca, cerca de la frontera con Hungría. Dentro había 71 personas asfixiadas. No conocemos sus nombres, ni su historia, ni su sufrimiento. Son solamente un número. Pequeño, si lo comparamos con la gran cantidad de refugiados y migrantes que diariamente se juegan (o se dejan) la vida tratando de llegar, de una forma u otra, a un lugar donde existan unas mínimas opciones de tener un futuro.

Aquel discuro, y la marcha que se había producido previamente, afectaba a los dirigentes en Washington más directamente que los enfrentamientos y manifestaciones en los estados sureños. De la misma forma, estos cadáveres en un camión en Austria los sentimos más cercanos que los encontrados el mismo día en un barco en el Mediterráneo. Por eso es posible que sea este número el que nos haga reflexionar lo suficiente para darnos cuenta del drama que estamos presenciando impasibles. Quizá la muerte de estas personas se convierta en el punto de inflexión que nos lleve a encontrar una solución.

Y esa solución no es contruir una valla de alambre en Hungría; ni cancelar los Acuerdos de Schengen; ni movilizar al ejército en la frontera entre Grecia y Macedonia; ni devolver al otro lado a quienes saltan la valla de Melilla. No se trata de mirar nuestros arrogantes y eurocéntricos ombligos e impedir la entrada de personas en nuestros países. No hay que buscar remedio a la inmigración. Sino a la necesidad de emigración y de asilo. Es decir, el problema no reside en que lleguen personas a Europa (Estados Unidos y Donald Trump también pueden darse por aludidos, si quieren), sino en que esas personas se hayan visto forzadas previamente a abandonar sus países de origen por la guerra o la miseria.

Las personas que emigran o huyen a otros países lo hacen impulsadas por su instinto de supervivencia, ese que lleva a muchos españoles a buscarse la vida en otros países europeos ante la falta de trabajo en España. La única diferencia entre quienes murieron en ese camión y quienes se tienen que ir de España es la fortuna o desgracia de haber nacido en un país o en otro y la legalidad o ilegalidad de sus papeles. En España no queremos que nos ofrezcan contratos decentes en Alemania, sino que nos ofrezcan oportunidades en nuestro país. En Siria no quieren que abran las fronteras de Europa, sino que se termine la estúpida guerra que ya lleva más de cuatro años asolando su país.

Y ni la Guerra de Siria se acabará en un día, ni el drama de los refugiados y migrantes se esfumarán con ella. Pero la igualdad entre negros y blancos también necesitó de muchos años y de avances progresivos para alcanzar la situación actual, en la que un presidente afroamericano se sienta en la Casa Blanca. Estamos ante un proceso lento y complejo, pero confío en que el descubrimiento de esos cuerpos en el camión frigorífico en Austria se convierta en el punto de inflexión que impulse la búsqueda de soluciones y que nos acerque al final de este drama.

Y de verdad espero que esto se cumpla. Porque si no, a estas 71 muertes sin sentido seguiremos sumando números: Unos 90 cadáveres y más de 200 desaparecidos frente a las costas de Libia esta misma tarde. 2.500 muertos en lo que va de año en el Mediterráneo. Más de 4.000.000 de refugiados sirios en los países de su alrededor... Y detrás de cada número, un nombre, una historia y un sufrimiento que seguiremos sin conocer.

(Publicado en Neupic)

miércoles, 15 de abril de 2015

No son solamente cifras

FOTO: EFE

Los factores de interés que hacen que un hecho se convierta en noticia vienen marcados por la actualidad, la cercanía y la influencia que pueda ejercer en la sociedad. Parece lógico. Y lo es. Por norma general, nos preocupan más los debates políticos españoles que los de Dinamarca porque tienen mayor influencia sobre nosotros. De la misma forma que 11 periodistas muertos en París tienen más repercusión mediática que 147 universitarios en Kenia. Además de la distancia física y psicológica que nos separa existen otros factores, como el simbolismo que se extrae de cada uno de estos hechos o la posibilidad de acceder a información relevante y contrastada.

La ventaja de no escribir para un medio de comunicación es que puedo saltarme el “agenda setting”, la tematización de la actualidad que realizan los medios de masas, y centrarme en lo que a mí me parezca más interesante. Por eso no voy a tratar ahora una noticia de gran repercusión. Sí se habrá colado en los medios, igual la viste mientras comías o la leíste de pasada en tu smartphone, pero no se ha hecho hincapié en ella. Como periodista, puedo comprenderlo. Como ser humano, no.

Porque unos 400 (¡cuatrocientos!) seres humanos han perdido la vida hoy en aguas del Mediterráneo cuando intentaban alcanzar Italia. La Guardia Costera de este país rescató anoche a 150 supervivientes, que fueron quienes advirtieron de la existencia de alrededor de 400 personas más en la embarcación que había salido el día anterior de Libia. La sitación meteorológica y de la mar ha hecho que solo en los últimos cuatro días, 7000 personas llegasen a las costas italianas. Las 400 últimas no tuvieron esa suerte.

Esos son los datos más importantes de la noticia. Si se indaga un poco en la red se puede encontrar alguna cifra más. Pero solo son cifras. Cifras de inmigrantes, de supervivientes, de víctimas. Cifras de personas.

Igual que una cifra son las 150 personas que murieron en la tragedia aérea de los Alpes el pasado 24 de marzo. Pero a esas personas se les ha puesto cara y nombre. Se ha ido una por una en la lista de pasajeros. Y se han investigado las cajas negras, y se han rendido homenajes, y se ha debatido, y se han buscado responsables, y se seguirá recordando aun durante algún tiempo.

También se sabe que el avión estuvo ocho minutos descendiendo y que los pasajeros eran conscientes de que iban a morir. Pensarlo te hiela la sangre. Pero nadie se ha dado cuenta de que las 400 personas que hoy han desaparecido en el Mediterráneo también eran conscientes de que iban a morir. Y no durante ocho minutos, sino desde siempre. Desde que les tocó nacer en África, en países asolados por la guerra y el hambre.

Estos 400 quedarán en el olvido del periódico de ayer y no se volverá a hablar de ellos. Como datos estadísticos quizás o al hacer balance del año en organismos europeos e italianos. Pero nada más. Porque no son europeos que viajaban en avión. Son pobres negritos africanos, tan desesperados que no les importa embarcarse en ruinosas barcazas a cruzar el Mediterráneo ni trepar por vallas plagadas de cuchillas en Melilla.

Esas personas, a los europeos blancos, nos dan igual. No son relevantes para nuestros medios de comunicación. Y lo peor de todo es que comprendo las razonas por las que, desde el punto de vista periodístico de nuestro país, podría ser correcto no prestar demasiada atención a este desgraciado suceso. Pero quizás deberíamos buscar un periodismo menos académico y más humano en el que la vida de 400 inmigrantes africanos no valga menos que la de 150 viajeros europeos.

(Publicado en Neupic)

lunes, 2 de junio de 2014

Viena se vuelve a teñir de arcoíris para su Life Ball

Conchita Wurst fue la rutilante estrella de un evento benéfico al que asistieron figuras como Ricky Martin o Bill Clinton

Hace dos domingos Austria se acostaba como un país nacionalista, extremista y ultraconservador tras el ascenso en las Elecciones Europeas del partido de extrema derecha FPÖ. Este domingo se ha despertado como un país que enarbola la bandera de la tolerancia y favorable a la libertad sexual tras la celebración el sábado del Life Ball de Viena; el evento más importante en Europa de apoyo a los afectados por VIH o sida.

Y es que el Ayuntamiento de Viena se quedó pequeño el pasado sábado 31 de mayo para acoger a los 3.800 asistentes a esta fiesta en la que hubo música, desfiles de moda, alfombra roja, concurso de disfraces, reivindicación y mucha generosidad para una causa benéfica como es la lucha contra el sida.
FOTO: Life Ball / Harald Klemm

Poco más se puede pedir, porque además el tiempo acompañó a las 40.000 personas que se congregaron en la Plaza del Ayuntamiento para ver los coloridos vestidos de las 200 parejas que desfilaron por la alfombra roja junto a celebridades como Ricky Martin, Bill Clinton, Jean Paul Gautier, Courtney Love o Conchita Wurst.
Fue precisamente la flamante ganadora del Festival de Eurovisión la principal atracción del evento como nuevo icono del movimiento LGTBI en Austria. O quizá sería más correcto decir en Europa, o incluso en el mundo, porque el alter ego de Thomas Neuwirth se ha convertido en un fenómeno de masas desde que el pasado 10 de mayo asombrara al mundo con su tema Rise Like a Phoenix

Con ese tema cerró una gala que había comenzado fuerte con la actuación de Ricky Martin y su nuevo sencillo Vida, muy acorde con el acontecimiento en sí: un acontecimiento sobre la vida, la alegría y la belleza, perfectamente reflejados en El Jardín de las Delicias, el hilo conductor escogido este año por la organización para el evento.

Por eso la pasión, las flores, los insectos y la lujuria fueron temas recurrentes entre los coloristas disfraces que los participantes escogieron para la ocasión. Disfraces verdaderamente inverosímiles y logrados que harían morirse de envidia a la mismísima Reina del Carnaval de Gran Canaria.

Y si no a ella, sí a Bill Clinton, ya un clásico en esta cita anual, que con su sencillo traje de noche dijo sentirse "tan mal vestido". Y es cierto que el expresidente de Estados Unidos era casi el único que no parecía salido del cuadro de El Bosco.

No todo es fiesta

A lo largo del evento, que se prolongó hasta las 5 de la madrugada, también hubo momentos de silencio en recuerdo de las víctimas y para reflexionar sobre una enfermedad cuyo número de víctimas sigue aumentando año tras año en el mundo.

Desde AIDS LIFE se recalca, como cada año, que el objetivo de esta noche es doble: recaudar fondos para los seropositivos y enfermos de sida; y concienciar a la sociedad y dar visibilidad a un problema que solo se solucionará cuando los enfermos sientan libertad para hablar y tratarse sin ser juzgados. 

En ello quería hacer hincapié una gala que también busca luchar por los derechos y la igualdad independientemente de la orientación sexual. Y con ese fin se diseñó el poster del evento para este año. En él aparece la modelo transexual Carmen Carrera desnuda con genitales femeninos en una versión y masculinos en otra, acompañada en ambas modalidades de la leyenda: "Soy Adán, Soy Eva, Soy yo".

FOTO: APA / Roland Schlager
El cartel, diseñado por el fotógrafo David LaChapelle, ha levantado además una fuerte polémica al mostrarse una realidad aun difícil de ver para una gran parte de la sociedad. Representante de esta sociedad puede ser una ancianita que ha ido mutilando los carteles que encontraba por Viena removiendo las "partes al descubierto" de los protagonistas de la fotografía.

Pero al final, con ataques o sin ellos, con incomprensión o sin ella, la imagen fue subastada el sábado en el Palacio del Hofburg vienés -ni más ni menos que donde habitaban los emperadores- junto a artículos como un Audi A1 diseñado por el mismo fotógrafo o un collar de la firma Chopard. La recaudación, donada también para la causa, ascendió a 800.000 euros. Que se sumaron al resto de ingresos de la noche para lograr un total de más 3 millones de euros.

Y con 100.000 euros, que tampoco están mal, está dotado el premio Crystal of Hope, que Marcia Cross y Billy Zane -conocidos por sus papeles en Mujeres desesperadas y Titanic, respectivamente- entregaron a un proyecto de potabilización de aguas en Kisumu, Kenia, para mejorar las condiciones higiénicas de los afectados por el virus. 

Al final, en eso consistía la noche; en realizar algunas buenas obras y luchar por una causa noble. Y en pasárselo bien. Porque el evento no pudo ser muy aburrido cuando hubo un millón y medio de austriacos en sus casas viéndolo por televisión y un seguimiento internacional que pocas galas benéficas logran.

Y eso, quizás no agradase a los tradicionalistas miembros del FPÖ pero, como rezaba el lema del baile este año, "el amor es una flor que crece en cualquier lugar". Y Viena fue, una vez más, el mejor de esos lugares.