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domingo, 16 de diciembre de 2018

[Cine] Crítica: 'Una chica de Brooklyn' (2014), de Desiree Akhavan: detallista e inteligente retrato social contemporáneo

El pasado viernes 14 de diciembre se incorporó al catálogo de Filmin ‘Una chica de Brooklyn’, una obra escrita, dirigida y protagonizada por la hasta ahora desconocida Desiree Akhavan, que narra la historia de una chica bisexual de origen iraní que acaba de romper con su novia



‘Master of None’, una de las series del año pasado en Netflix, se caracterizaba porque siendo, como su propio título decía, maestra de nada ni nadie, era una obra tremendamente actual, que retrataba los problemas y la realidad (pos)moderna de la sociedad estadounidense. Con las limitaciones y la riqueza que implica el largometraje frente a la serie, es imposible no analizar ‘Una chica de Brooklyn’ en asociación con esta o, quizás de forma demasiado obvia, con trabajos de Lena Dunham como 'Girls' o 'Tiny Furniture'.  

Desiree Akhavan anticipa en esta obra de 2014 a Aziz Ansari –y, a su vez, imita a Lena Dunham– para, desde casi el anonimato, escribir, dirigir y protagonizar, con notable solvencia en los tres casos, un trabajo muy novedoso, ajeno a convenciones, que no necesita caras conocidas, efectos especiales o grandes giros de guion para captar la realidad que le rodea. Y si en ‘Master of None’ la historia es la de un joven hindú, Dev, que vive en Nueva York sin saber qué rumbo dar a su vida, en ‘Una chica de Brooklyn’ la protagonista es Shirin, una chica iraní bisexual que vive en Brooklyn y que acaba de romper con su novia. Tanto Dev como Shirin proceden de familias inmigrantes, de clase media acomodada, y, a pesar de vivir en una sociedad abierta, multicultural y progresista, como la que rodea a los jóvenes neoyorquinos, siguen teniendo que enfrentar situaciones complejas derivadas de su origen o, en el caso de Shirin, de su condición de mujer y de su orientación sexual. 


Todo esto se aborda con grandes dosis de humor. Un humor que no se basa en situaciones surrealistas o en gags descacharrantes, sino en ingeniosos diálogos y en un tono agradable y gracioso que, no obstante, a menudo resulta agridulce. Sobre todo en ‘Una chica de Brooklyn’, donde hay un cierto pesimismo –que también existe en algunos capítulos de ‘Master of None’– que a veces impide que el humor se abra paso. 

Normalidad para que brillen los temas de fondo


Ya centrados en ‘Una chica de Brooklyn’ –aunque la mayoría de lo que sigue siendo válido para la serie de Netflix y, de paso, para la de HBO–, lo más destacable es la aparente normalidad e irrelevancia de la obra, que la aproxima a su público. Al fin y al cabo, para que un personaje y su historia sean creíbles y cercanos, lo más adecuado es que sean tan normales como el espectador y su vida. La trama es muy sencilla: las aventuras de una joven tras una ruptura. En realidad, no sucede nada extraordinario, no hay un gran final, no se busca una redención, una nueva historia o un cambio radical. Tampoco la narración es particularmente novedosa, intercalando en el duelo tras la ruptura algunos flashbacks del periodo de romance. Todo esto, que considero un gran acierto, es evidente que le resta un punto de esa magia que el cine también necesita. Nunca llega a ser aburrida, para nada, mas tampoco se convierte en un trabajo especial e irrepetible. 

Esta normalidad y humildad de la trama y de la presentación no solo no impiden, sino que potencian un profundo análisis crítico de la sociedad. El título original de la película, ‘Appropriate Behaviour’, resulta mucho más ilustrativo e interesante en este sentido. Akhavan demuestra cómo sigue siendo necesario luchar contra las discriminaciones o injusticias que, incluso en nuestros modernos y desarrollados entornos, siguen existiendo. Ahí está su vocación de reivindicación del feminismo y de los derechos LGTBIQ+, así como su crítica a estos movimientos y a determinadas conductas que, aunque a menudo imperceptibles y bienintencionadas, siguen teniendo cierto corte xenófobo. Esta reflexión se logra con gran sutileza e inteligencia, sin ideas absolutas, y más a través de detalles que de burdas alusiones directas.


Y es que es en esa normalidad de lo que nos rodea donde de verdad podemos descubrir su complejidad y su multitud de aristas. Y donde podemos apreciar cómo somos, cuánto hemos avanzado y cuánto nos queda todavía de camino. 

Lo mejor: el análisis social que se esconde tras la normalidad 
Lo peor: que no resulta especial ni verdaderamente novedosa 
Nota: 7.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 3 de junio de 2017

Review 'All Hail King Julien' - Temporadas 1 a 3


Tras varias secuelas y el spin-off, tanto en forma de película como de serie de televisión con ‘Los pingüinos de Madagascar’, podría parecer que el universo ‘Madagascar’ estaba ya casi agotado. Pero entre Netflix y Dreamworks consiguieron alargar el chicle hasta unos límites que deberían haber resultado inadecuados. Y ha sido uno de los personajes más irritante de todos el que consiguió en 2014 su propio spin-off.

El rey Julien, monarca de los lemures, adicto a la fama y a la fiesta, necesitaba una serie para narrar su obra y milagros. Se trata de un personaje pedante y egocéntrico, rodeado por unos súbditos –sobre todo el fidelísimo Mort, todavía más cargante y con una voz aguda casi insoportable– simples y estereotipados. 

¿De momento, ni una palabra buena, verdad? Pues ‘All Hail King Julien’ resulta mucha más divertida e imprevisible de lo que cabría esperar. Y esto es debido, en parte, a su nulo sentido del ridículo.

A pesar de que cuesta coger cariño a los personajes y llegar a encontrar la gracia a unos chistes basados en gran medida en la reiteración episodio tras episodio, la serie se acaba volviendo adictiva. Es, sin duda, uno de esos placeres culpables que disfrutas aunque sabes que estás ante algo muy sencillo. Mas su concepción un tanto anárquica e imprevisible, con un humor que combina lo repetitivo, lo escatológico y los juegos basados en la voz y la música, consigue desatar la risa en ocasiones que, pensándolo bien, no deberían resultar tan divertidas a un adulto. Sin embargo, y pensándolo aun mejor, lo cierto es que hay una notable inteligencia en la serie, que se camufla tras chistes y aventuras aparentemente inofensivos. 

Y es que puede parecer sencilla, pero es mucho más impredecible y mucho menos complaciente que la mayoría de productos similares. No todos los finales son completamente felices y no siempre es posible extraer una moraleja socialmente aceptada, algo bastante poco frecuente y que le otorga, sin duda, una frescura muy bienvenida, liberándose de la rigidez que acompaña a este tipo de series.


Fresca es también, y bastante pegadiza, la música, como no podía ser de otra manera con un rey tan bailongo y moderno. Un rey, el protagonista, bastante plano, como el resto de personajes. Pero eso, llevado casi hasta el extremo, consigue resultar cómico. De hecho, las mayores carcajadas las generan en ocasiones los personajes secundarios, limitados a menudo a una frase que esperas durante todo el capítulo y que celebras cuando aparece, o ridiculizados con una crueldad bastante inocente, aunque poco habitual en una serie infantil.

Y ahí reside su virtud, en esa incorrección, escapando de cánones y sin buscar transmitir valores a los niños, centrándose solo en hacerles disfrutar con un humor básico y ágil que resulta acertado para ellos, pero que, por el mismo motivo, y por su toque gamberro, también permite que los adultos pasemos un buen rato.

Puede que ‘All Hail King Julien’ no sea nada especial, pero sí que tiene algo diferente. Y al verla pueden ocurrir dos cosas: o profundizamos en la serie para descubrir que nuestros lemúridos amigos ofrecen en realidad más de lo que aparentaban; o nos quedamos en la superficie y disfrutamos como niños. En cualquier caso, nos daremos cuenta que los peores chistes a menudo son los que más gracia tienen.

P.D.: Por el momento la serie ha tenido un total de cuatro temporadas y una quinta adicional en forma de serie independiente: ‘All Hail King Julien: Exiled’. En Netflix España solo está disponible la primera temporada por ahora.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 28 de mayo de 2015

Una película sobre sí misma

Supongo que habrá opiniones de todo tipo en lo que se refiere al cine de superhéroes, pero está claro que Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia) es ya uno de los argumentos con más peso que se han generado al calor de esta discusión. Una crítica sin piedad a los blockbusters que salvan la taquilla año tras año pero que, salvo honrosas excepciones, siguen sin aportar nada al lenguaje cinematográfico y a la búsqueda del arte.

La propuesta de Iñárritu es tan arriesgada como la aventura en la que se embarca su protagonista, un actor que alcanzó la fama dando vida a un superhéroe en el cine y que ahora desea recuperar el prestigio de su profesión con una obra de teatro en Broadway. Y es arriesgada no solo por el desafío técnico que plantea el rodaje de dos horas de película en un solo plano secuencia, sino por la capacidad que tiene de introducirnos en la mente del actor venido a menos.

Un actor venido a menos en los últimos años era, precisamente, Michael Keaton, que regresa con una fuerza insuperable, logrando la más poderosa interpretación de su dilatada carrera. La elección del que diera vida al Batman de Tim Burton parece el mejor acierto de toda la cinta. Sin desmerecer el trabajo del resto del elenco, destacando a una Emma Stone más profunda y oscura de lo que esa cara de ángel nos da a entender.

No cabe duda de que el peso de la película recae en sus magníficas actuaciones, que destacan aun más dado el minimalismo de la película: un único plano secuencia guiado por el magistral trabajo de Emmanuel Lubezki con la cámara –por algo ha ganado dos Oscar consecutivos a la Mejor Fotografía-, el backstage de un teatro neoyorquino casi como único decorado, sin más vestuario y efectos especiales que los estrictamente necesarios, y una banda sonora que se reduce al efectismo de una batería y un sonido sobrio pero inmejorable. Oposición total a las películas de superhéroes que tan poco parecen gustar a Iñárritu.

Y si el blockbuster está hecho para vender entradas y que los espectadores acudan en masa, de nuevo, Birdman se opone a esta concepción. Explora los límites de la narración, de la interpretación y del guión, pero no es una obra fácil de ver y la conexión con el público no es total. Pero, al fin y al cabo, de eso trata Birdman, de producir obras prodigiosas que consiguen llenar una sala de 800 intelectuales, pero que no logran conectar con los millones de seguidores de un superhéroe con alas de pájaro.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Premios y discursos políticos

Tenemos todavía en nuestras retinas las imágenes de la gala de entrega de los premios Oscar el pasado domingo. Y tampoco queda lejos la ceremonia de los Goya. Es buen momento para realizar algunas valoraciones sobre ambas y sobre la presencia de elementos de tinte político en ellas.

Los premios españoles se caracterizaron por un marcado triunfalismo tras un año de récord en el que casi 21 millones de espectadores compraron una entrada para ver una película hecha en España. Los 123 millones de euros recaudados suponían más de un 25% de la taquilla total. Datos muy positivos que se remarcaron una y otra vez durante la interminable gala.

Quizá por ese motivo, salvo en lo referente al IVA cultural del 21%, no hubo excesivas alusiones políticas durante la ceremonia. Al contrario que otros años, de lo que más se habló fue de cine. Eso alegró a gran parte de la audiencia, que veía la gala como aficionados al cine más que a la política. Pero enfadó a algunos sectores que demandan que las estrellas del celuloide actúen como referentes de la sociedad y den voz y denuncien fenómenos como la corrupción política o los desahucios.

En Estados Unidos, por su parte, se llegaba a los Oscar con un año más flojo que el anterior, especialmente debido a una pésima taquilla durante el verano. 2014 había estado marcados por la falta de ideas, con gran cantidad de secuelas y adaptaciones entre las películas más exitosas, y por un considerable descenso de la calidad de las producciones.

En cualquier caso, estos datos tampoco preocupaban a la Academia, que se sabe la reina del mambo y que ve que su liderazgo es incuestionable. No existe una industria cinematográfica como la de Hollywood. Y no se prevé que pueda haberla en un futuro cercano.

Lo que sí preocupa son las acusaciones de racismo y machismo que se han producido recientemente. Hubo actrices que denunciaron la dificultad de las mujeres para encontrar papeles una vez que llenan a la madurez. Y hubo fuertes críticas por la ausencia de intérpretes negros o latinos entre los nominados, así como por la teórica discriminación a la película Selma, centrada en la figura de Martin Luther King.

Quizá por eso este año se tocaron muchos temas controvertidos. Neil Patrick Harris comenzó la gala aludiendo a la exclusión racial en Hollywood. La ganadora del Oscar a Mejor Actriz de reparto, Patricia Arquette, reivindicó la igualdad salarial entre hombres y mujeres. El mexicano Alejandro González Iñárritu recibió de manos de Sean Penn el premio a la Mejor Película por Birdman, por la que había Ganado previamente el Oscar al Mejor Director; tanto Pean como Iñárritu se refirieron al problema de la inmigración. Graham Moore, que se llevó el Oscar a Mejor Guión Adaptado por The Imitation Game -sobre el genial matemático británico Alan Turing-, denunció las dificultades que tanto el protagonista de la película como él mismo habían sufrido por su condición de homosexuales.

Estas referencias, que van más allá de lo meramente cinematográfico, puede que no gustaran a los puretas que quieren que la política no sea protagonista en este tipo de eventos. En la otra cara de la moneda, hubo muchas voces que se mostraron encantadas con estas reivindicaciones.

Entonces, ¿política en las galas de entrega de premios sí o no? Pues hay momentos para cada cosa. Igual que hay personas y formas. ¿Son los Oscar o los Goya un buen momento? ¿Qué personas y de qué formas pueden implicarse?

Cuando el guionista Graham Moore defiende al colectivo de homosexuales, claramente marginado en muchas sociedades, tras ser premiado por una película inspirada en un homosexual, habiendo sido el propio Moore víctima de acoso por su orientación sexual y con un discurso respetuoso, sutil y optimista, yo me quito el sombrero. Estamos ante un claro ejemplo de cómo una reivindicación socio-política puede –y debe- estar presente en una gala cinematográfica.

Pero si Pedro Almodóvar saluda a todos los “amigos del cine y la cultura” y añade que el ministro Wert “no está incluido”, vemos que se da el caso contrario.

Así, mientras en los Goya se miraban únicamente su ombligo reivindicando el cine español y pidiendo que se rebaje el IVA cultural, pero sin apenas referencias a la complicada situación del país, en los Oscar se recordaba a los enfermos de ELA, los homosexuales, los inmigrantes o las mujeres. A la persona de a pie le da prácticamente igual si el cine español va bien o si Almodóvar es un maleducado, pero sí le preocupa que se discrimine a personas por su orientación sexual o que la igualdad salarial todavía no sea un hecho. Y eso hay que denunciarlo. También entre el glamour de las alfombras rojas.


(Publicado en Neupic)

sábado, 8 de noviembre de 2014

El cine es una Fiesta para todo el año

La última edición de la Fiesta del Cine, celebrada durante los días 27, 28 y 29 de octubre, ha conseguido que más de 2 millones de personas acudan a las salas para disfrutar de la cartelera: en pantalla gigante y con sonido envolvente. Los cinéfilos hemos disfrutado de proyecciones a un precio asequible, toda una suerte dado los tiempos que corren y con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina. Para poder beneficiarse de este chollazo, los organizadores, en esta ocasión, han facilitado la adquisición de entradas promocionales, individuales y para grupos, desde la página web oficial; no obstante, los menores de 14 años y las personas mayores de 60 estaban exentos de obtener dichas acreditaciones. Todo había sido dispuesto para que las salas de cine recuperasen ese tono vivo que desde hacía tiempo se estaba apagando. No es de extrañar que el último día de la promoción fuese el que más afluencia de espectadores alcanzase, nadie quiso perder la oportunidad de ver los grandes títulos que conjugan la cartelera actual.

Son tantas las buenas producciones que una de las mejores opciones era hacer sesión continua para no dejar escapar ninguna. Por suerte, había cintas para todos los gustos, desde comedia española hasta cine de terror y superproducciones para ser admiradas, preferiblemente, en 3D. Según los datos de asistencia que se han recogido hasta el momento, las películas más vistas durante la Fiesta del Cine han sido: Drácula, la leyenda jamás contada, Torrente 5, Operación Eurovegas y The Equalizer: El protector. Otras, como Perdida, La isla mínimaEl juez o Annabelle, también han obtenido muy buenos datos. Todos los que asistimos a la fiesta del celuloide, sea cual fuere nuestra opción, reafirmamos nuestro gusto por el cine y comentábamos cuánto nos gustaría asistir con mayor frecuencia. Y es que ir al cine siempre ha sido una de las aficiones por la que más hemos optado cuando de disfrutar del tiempo libre se trata. El confort y el ambiente que se crea en las salas es inigualable a cualquier otro soporte donde se pueden reproducir películas.

Hacia la revitalización del cine


Las instituciones públicas, al igual que lo hacen en otros países, deberían apostar más por nuestras salas y filmaciones cinematográficas, los resultados obtenidos en esta pasada Fiesta del Cine lo requieren. La mayoría de los medios han evolucionado en la última década hacia nuevas formas y soportes para ofrecer contenidos, mientras que nuestras salas de cine han sido poco estimuladas y, por el contrario, han sufrido un fuerte mazazo con la desmesurada subida de precio de las entradas. El cine es parte de nuestra cultura, de nuestros hábitos, y algunas de las historias que hemos presenciado desde la butaca han sido cómplices de muchas de nuestras emociones, provocando más de una carcajada incontrolable y contribuido a que se produzcan esos inolvidables amores en el cine de verano.
 
FOTO: El Heraldo de Aragón
En la última década las producciones de cine se han visto afectadas por numerosos factores negativos que han causado un descenso brutal, tanto de las recaudaciones obtenidas como de las asistencia de espectadores a las salas. Estas adversidades no han hecho otra cosa que erosionar un sector que alberga a distintos profesionales que trabajan detrás de cada una de las filmaciones que después encontramos en la cartelera de nuestra ciudad. Advertimos que no pretendemos detenernos en las desgracias que sabemos llevan consigo los despidos y cierres continuos de empresas audiovisuales; sin embargo, sí tratamos de destacar los beneficios del cine en el espectador y reivindicamos, al igual que celebramos con energía, la tendencia positiva en la que se encuentra  el sector en los últimos meses.

Las ganas de los espectadores por recuperar el hábito de acudir con frecuencia a las proyecciones de películas en el cine se han visto revitalizadas con promociones tan interesantes como la Fiesta del Cine. Esto demuestra que los espectadores están dispuestos a pasar parte de su tiempo de ocio en las salas cinematográficas. Todos vivimos con ilusión los instantes previos al comienzo de una película: comentamos nuestras impresiones, charlamos sobre qué actores participan o, simplemente, esperamos con impaciencia a la historia que en breve se construirá sobre la gran pantalla. Asistimos en compañía, con nuestra pareja o bien con la familia al completo, hay quien, incluso, acude en solitario porque prefiere admirar la película sin que nada ni nadie le entretenga. El cine no concluye cuando termina la cinta, todo lo contrario, en ese momento asimilamos todo lo que hemos presenciado y forjamos nuestras opiniones y conjeturas para compartir con los demás: ¿recuerdas las ocasiones en que una película de terror sobrecogedora ha sido comentada con diferentes personas por la impresión que nos ha causado?; ¿cuántas veces hemos debatido esos finales incompletos con nuestros acompañantes durante muchas horas después? ¿Y la satisfacción que sentimos al ver a los pequeños de la casa sonreír y emocionarse con las aventuras que han estado viviendo hace tan solo un momento? Estas y muchas otras circunstancias son producto de esa magia que va adherida y nos proporciona el cine. Los que de verdad apreciamos el valor del cine sabemos que hay muchas maneras de disfrutarlo, y no nos perdemos los estrenos más esperados, por todos los medios, tratamos de asistir a un preestreno y no hacemos otra cosa que alabar las sensaciones que nos suscita el cine.

Por una Fiesta constante


Los precios bajos de las entradas son el aliciente perfecto para que volvamos a poblar las salas, y hagamos de la Fiesta del Cine una festividad para celebrar varias veces al año, con la misma afluencia e intensidad que se merece. ¡Todos al cine!: celebra Mortadelo en el spot promocional de la campaña, y razón no le falta cuando afirma que es la ocasión perfecta para que nadie se quede sin sus entradas. Es difícil encontrar a alguien que no acuda con regularidad al cine por otra razón que no sea por el elevado precio de las entradas. Por ello nosotros seguiremos defendiendo nuestra propuesta, mientras cruzamos los dedos para que la organización de la Fiesta del Cine nos traiga, cuanto antes, más días dedicados al espectador.


Autor: Víctor Manuel Arenas

jueves, 6 de noviembre de 2014

Una fiesta solo en el precio

Son muchas las personas que entre los días 27 y 29 de octubre que duró la Fiesta del Cine se acercaron a las salas a disfrutar de un placer que, habitualmente, no pueden o no quieren permitirse. Más de dos millones de entradas se vendieron al precio de 2,90 euros. Un nuevo récord para esta séptima edición de la Fiesta.

Para la gran mayoría, la conclusión es sencilla: la gente sigue queriendo ir al cine y si las entradas costaran todo el año este dinero muchísimas más personas acudirían a unas salas cada vez más vacías. Esa fue mi conclusión también tras la edición de 2013, la que puso a este evento en boca de todos. Pero tras las dos ediciones de este año me parece un análisis demasiado simple. No digo que esta campaña haga mal a la industria, pero creo que tampoco le hace demasiado bien.

¿Entonces por qué se adhiere el 95% de las salas a la promoción?

Pues precisamente por eso, porque es una promoción que quizás permita atraer a las salas a un público que había olvidado lo que se siente en un hall que huela a palomitas rodeado de gente o en un medio de una sala oscura con un sonido envolvente. Ojalá esa gente vuelva tras la Fiesta y pague los hasta 12 euros que se pagan en algunos cines habitualmente -que conste que con mi artículo no intento defender estos precios, me parecen aberrantes, dicho sea de paso-. El objetivo real es ese, recuperar espectadores en un corto o medio plazo, no llenar las salas durante un puñado de sesiones para así recaudar algo y que el resto de días esas salas continúen vacías.

Y esto no se ha cumplido si observamos las cifras del fin de semana que siguió a la Fiesta del Cine. Podríamos pensar que de esos casi 2,2 millones de espectadores, alguno se habría emocionado tanto con la idea del cine que habría vuelto más ilusionado que nunca durante el fin de semana. No sucedió tal cosa -ni en el fin de semana de Halloween cuando muchos acuden en busca de ciertas dosis de terror-, y las entradas vendidas fueron unas 950.000 según Rentrak Spain. Pensemos que solo el miércoles se habían cortado más 900.000 tickets.

Vale que hubiera un Madrid-Barça la tarde del sábado y que no había en cartel estrenos de grandísimo renombre, pero ya ha ocurrido en las anteriores ediciones de la Fiesta que los fines de semana anterior -aquí las cifras fueron todavía más duras puesto que muchos se reservaron el fin de semana para asistir al cine los días siguientes mucho más barato- y posterior suelen sufrir importantes descensos de espectadores. O lo que mi abuela definiría como pan para hoy, hambre para mañana. Y todavía más hambre para ayer, claro.

Otro motivo para que los cines se adhieran es que sería mucho peor no hacerlo. La alternativa es tener casi todas las salas vacías porque los espectadores están en los otros cines de la ciudad. Y eso sí que no cubre los costes.

Precios que no cubren costes

Juan Herbera analizaba en su ya clásico Desde la taquilla el reparto que se hace del precio de las entradas. Su conclusión era que un precio de 2,90 euros -o un poco superior, que viene a ser casi lo mismo- solamente permite ganar algo a los cines si se vende una cantidad ingente de entradas. Y esta cantidad es verdaderamente grande, porque incluso en estos tres días, con las colas que se han producido y con todo el furor que ha acompañado a la campaña, ha habido cines que han perdido dinero porque la asistencia a las salas no ha sido suficiente. Y es que ni siquiera concentrando la Fiesta del Cine en periodos de tiempo muy cortos se consigue llenar todas las salas.

Pero es innegable que la asistencia a las salas es masiva y, aunque agobiante, es una gozada ver tanta gente haciendo cola para ver una película. El hecho de que la promoción se concentre en tres días cada seis meses hace que la demanda sea la que es; cuando algo se reduce a una quinta parte de su precio habitual, la gente acude como loca. Cuando algo se percibe como una oportunidad casi irrepetible, el efecto llamada es más que notable. A esto se suma el ambientillo que hay en las salas y las ventajas ofrecidas por los organizadores para comprar las entradas por Internet. Pero no nos engañemos, si ese precio se mantiene constante en el tiempo, no vamos a volver a ver un miércoles con casi un millón de espectadores en nuestros cines.

No niego que con precios más bajos la asistencia a las salas aumente, pero no va a aumentar lo suficiente como para cubrir los cuantiosisímos -con "sí" extra incluido- gastos de los exhibidores: la tarifas de luz más cara de Europa, un 23% de IVA cultural, el inmenso porcentaje de las distribuidoras...

Otros factores relevantes

El precio es clave, y más en la coyuntura económica en la que nos encontramos, pero quizás las salas deban plantearse alternativas que vayan más allá del precio. Estados Unidos también está sufriendo su particular annus horribilis, lastrado por la falta de nuevas ideas y por la abundancia de secuelas, precuelas, remakes, spin-offs y reboots. El 3D, que cuando apareció casi de la mano de Avatar fue calificado como el avance más importante en el séptimo arte desde la introducción del color, se ha quedado un tanto estancado y no siempre la mejora de la experiencia sensorial justifica el sobreprecio.

Luego hay que pensar en los gastos complementarios de palomitas, refrescos y golosinas, que tampoco son baratos. La pérdida de calidad en el servicio, con menos empleados y acomodadores, y la falta de renovación en las campañas de marketing no centradas en el precio. Porque si, encima de subir los precios, el servicio no es bueno, entonces el problema se agrava.

Además, no podemos olvidarlo, es extremadamente fácil descargarse una película -legal o ilegalmente- y verla en tu salón en tu gran pantalla LCD y con la luz apagada mientras comes palomitas hechas en el microondas sin que nadie te moleste. Y es que hay cada vez más alternativas a las salas, y por mucho que baje el precio, nunca va a ser más barato que la televisión o el ordenador.

Yo he pagado recientemente 8,30€ en un cine en versión original en Austria para ver Perdida (Gone Girl, 2014, David Fincher) y la sala estaba casi llena. Vale que el nivel de vida sea más alto, pero no es una diferencia de precios tan grande. Así que habrá que buscar otras explicaciones. Algunos ejemplos pueden ser la distribución de mayor variedad de snacks y aperitivos -cierto que aquí también hay detractores, pero ampliamos la posibilidad de ingresos complementarios-; mayor importancia a las películas en VO y VOS; actividades especiales con proyección de clásicos... Son solamente algunas ideas, pero quizás sea bueno pensar en promociones más allá de las centradas en el precio.

En muchas ciudades tomarse una copa una noche es más caro que una entrada de cine. Y una entrada para un partido de fútbol, con una duración muy similar, es bastantes veces mayor que el acceso al cine. El placer que a cada uno será el que finalmente nos lleve a decidir en qué gastamos nuestros escasísimo dinero. Ojalá hubiera más personas dispuestas a pagar el precio de una entrada, fuera el que fuera, pero la afición al cine no aumentará únicamente con entradas más baratas.

lunes, 2 de junio de 2014

Viena se vuelve a teñir de arcoíris para su Life Ball

Conchita Wurst fue la rutilante estrella de un evento benéfico al que asistieron figuras como Ricky Martin o Bill Clinton

Hace dos domingos Austria se acostaba como un país nacionalista, extremista y ultraconservador tras el ascenso en las Elecciones Europeas del partido de extrema derecha FPÖ. Este domingo se ha despertado como un país que enarbola la bandera de la tolerancia y favorable a la libertad sexual tras la celebración el sábado del Life Ball de Viena; el evento más importante en Europa de apoyo a los afectados por VIH o sida.

Y es que el Ayuntamiento de Viena se quedó pequeño el pasado sábado 31 de mayo para acoger a los 3.800 asistentes a esta fiesta en la que hubo música, desfiles de moda, alfombra roja, concurso de disfraces, reivindicación y mucha generosidad para una causa benéfica como es la lucha contra el sida.
FOTO: Life Ball / Harald Klemm

Poco más se puede pedir, porque además el tiempo acompañó a las 40.000 personas que se congregaron en la Plaza del Ayuntamiento para ver los coloridos vestidos de las 200 parejas que desfilaron por la alfombra roja junto a celebridades como Ricky Martin, Bill Clinton, Jean Paul Gautier, Courtney Love o Conchita Wurst.
Fue precisamente la flamante ganadora del Festival de Eurovisión la principal atracción del evento como nuevo icono del movimiento LGTBI en Austria. O quizá sería más correcto decir en Europa, o incluso en el mundo, porque el alter ego de Thomas Neuwirth se ha convertido en un fenómeno de masas desde que el pasado 10 de mayo asombrara al mundo con su tema Rise Like a Phoenix

Con ese tema cerró una gala que había comenzado fuerte con la actuación de Ricky Martin y su nuevo sencillo Vida, muy acorde con el acontecimiento en sí: un acontecimiento sobre la vida, la alegría y la belleza, perfectamente reflejados en El Jardín de las Delicias, el hilo conductor escogido este año por la organización para el evento.

Por eso la pasión, las flores, los insectos y la lujuria fueron temas recurrentes entre los coloristas disfraces que los participantes escogieron para la ocasión. Disfraces verdaderamente inverosímiles y logrados que harían morirse de envidia a la mismísima Reina del Carnaval de Gran Canaria.

Y si no a ella, sí a Bill Clinton, ya un clásico en esta cita anual, que con su sencillo traje de noche dijo sentirse "tan mal vestido". Y es cierto que el expresidente de Estados Unidos era casi el único que no parecía salido del cuadro de El Bosco.

No todo es fiesta

A lo largo del evento, que se prolongó hasta las 5 de la madrugada, también hubo momentos de silencio en recuerdo de las víctimas y para reflexionar sobre una enfermedad cuyo número de víctimas sigue aumentando año tras año en el mundo.

Desde AIDS LIFE se recalca, como cada año, que el objetivo de esta noche es doble: recaudar fondos para los seropositivos y enfermos de sida; y concienciar a la sociedad y dar visibilidad a un problema que solo se solucionará cuando los enfermos sientan libertad para hablar y tratarse sin ser juzgados. 

En ello quería hacer hincapié una gala que también busca luchar por los derechos y la igualdad independientemente de la orientación sexual. Y con ese fin se diseñó el poster del evento para este año. En él aparece la modelo transexual Carmen Carrera desnuda con genitales femeninos en una versión y masculinos en otra, acompañada en ambas modalidades de la leyenda: "Soy Adán, Soy Eva, Soy yo".

FOTO: APA / Roland Schlager
El cartel, diseñado por el fotógrafo David LaChapelle, ha levantado además una fuerte polémica al mostrarse una realidad aun difícil de ver para una gran parte de la sociedad. Representante de esta sociedad puede ser una ancianita que ha ido mutilando los carteles que encontraba por Viena removiendo las "partes al descubierto" de los protagonistas de la fotografía.

Pero al final, con ataques o sin ellos, con incomprensión o sin ella, la imagen fue subastada el sábado en el Palacio del Hofburg vienés -ni más ni menos que donde habitaban los emperadores- junto a artículos como un Audi A1 diseñado por el mismo fotógrafo o un collar de la firma Chopard. La recaudación, donada también para la causa, ascendió a 800.000 euros. Que se sumaron al resto de ingresos de la noche para lograr un total de más 3 millones de euros.

Y con 100.000 euros, que tampoco están mal, está dotado el premio Crystal of Hope, que Marcia Cross y Billy Zane -conocidos por sus papeles en Mujeres desesperadas y Titanic, respectivamente- entregaron a un proyecto de potabilización de aguas en Kisumu, Kenia, para mejorar las condiciones higiénicas de los afectados por el virus. 

Al final, en eso consistía la noche; en realizar algunas buenas obras y luchar por una causa noble. Y en pasárselo bien. Porque el evento no pudo ser muy aburrido cuando hubo un millón y medio de austriacos en sus casas viéndolo por televisión y un seguimiento internacional que pocas galas benéficas logran.

Y eso, quizás no agradase a los tradicionalistas miembros del FPÖ pero, como rezaba el lema del baile este año, "el amor es una flor que crece en cualquier lugar". Y Viena fue, una vez más, el mejor de esos lugares.

martes, 20 de mayo de 2014

"No vale con tener una pegatina de León en el coche; hay que conocer para saber defender nuestra Historia"

Recién terminada la Feria del Libro de León, hablamos con Diego Asensio, el más joven de los autores que por allí pasaron. El reino de los cuatro poderes, centrado en las Cortes de León de 1188, es el libro que ha llevado a este licenciado en Derecho, Publicidad y Relaciones Públicas de 25 años a compartir cartel con figuras de la talla de José María Merino, Luis Mateo Díez o Pilar Urbano. 

Como escritor e historiador, le preguntamos cómo ve la Historia de León casi mil años después de aquel hito, en el que un rey leonés convocó, por primera vez en el mundo, a representantes de las ciudades para participar en unas cortes. Una merecida convocatoria que "aquellos cives electi sabían apreciar mucho más que la casta política actual, acomodados en una silla ganada sin esfuerzo".

La obra de este joven ha estado presente en gran parte de las casetas pero su valoración de "las ventas del libro en general y durante la Feria en particular" no es positiva, pues "el libro es una parcela del comercio muy fetiche, reducida y casi gourmet, porque la lectura no es una de las mayores potencias en este país". 

Y si la novela histórica de ficción sí tiene tirón, ocurre lo contrario si hablamos del ensayo histórico, ya que "nos movemos en círculos mucho más reducidos y en gente que consume otro tipo de libros, muy distintos a los comerciales". 

Pero eso no es problema para él, porque "cuando coges un proyecto con tantas ganas, no buscas una retribución o compensación económica, sino que te vale con que gente de tu entorno, o incluso de fuera, te diga que engancha, que les ha gustado y te pregunten cuándo vas a escribir más". Y sobre todos estos motivos, Asensio señala algo más: "haber acercado a los leoneses una parte muy importante de nuestra historia, que era la motivación del libro".

Siguiendo con este afán por mostrar a los habitantes de León una parte de su historia, Asensio publicó hace poco más de un mes, junto al artesano Antonio Suárez, una serie de 1188 facsímiles de los Decreta -los decretos donde se resumió el contenido de aquellas cortes leonesas-. La acogida cree que ha sido positiva, teniendo en cuenta la situación económica, y valora este tipo de productos divulgativos porque "no vale solo tener una pegatina de León en el coche, sino que hay que hay que conocer para saber defender nuestra Historia".

Precisamente el interés por la Historia de León, especialmente en lo que respecta a literatura, parece haber sufrido un auge "en los últimos cincuenta años, acentuándose tras el 1100 aniversario del Reino de León en 2010, la declaración de la UNESCO de León como Cuna el Parlamentarismo el pasado año y -se muestra esperanzado- con el milenario del Fuero de León que se celebrará en 2017". 

Considera que este debe ser el camino a seguir por la ciudad puesto que "si el punto fuerte de Urueña son los libros, el de Salamanca es la Universidad y el de Santiago, el peregrinaje; el de León es su Historia, y ese debe ser el enfoque hacia el futuro que debe tener León: entender, querer y saber transmitir nuestro pasado". 

Sin embargo, se moja para decir que la Historia de León no ha sido olvidada ni marginada, sino "tergiversada", y critica "el enfoque castellanista que dio Alfonso X a toda la historia por el hecho de buscar legitimar su reinado, y que ha marcado como una lacra la historiografía posterior de España". Entre otras consecuencias destaca algo que en León tuvo bastante polémica recientemente como fue la presencia en la página web del Consejo de Estado de un texto que indicaba que las Cortes de León fueron celebradas por Alfonso IX de Castilla. 

A raíz de esto, y ahora que a los estudiantes se les habla de asuntos como las dos Españas "igual habría que empezar por cribar y dejar traslucir un poco de nuestra historia", pues defiende que el único modo de cambiar este abandono es "desde las aulas", y lamenta que los niños y niñas no estudien a los monarcas leoneses en la escuela.

Pero al preguntarle cómo concienciar también a la población adulta, tomando como ejemplo el escaso aprovechamiento de la ya citada declaración de León como Cuna del Parlamentarismo por la UNESCO, nos dice que "todo lo que rezuma historia, está politizado" y concluye, como ya ha afirmado en entrevistas anteriores, que "hasta que la promoción de la historia y la cultura leonesas no se despolitice, no vamos a ningún sitio".


El reino de los cuatro poderes nace tras la adaptación de un trabajo de fin de carrera en el que encontramos un apasionante viaje por la Historia de León, que tiene como colofón los trascendentales hechos que tuvieron lugar en la Colegiata de San Isidoro de la capital leonesa en 1188, cuando Alfonso IX de León convocó aquellas Cortes a las que asistieron representantes de los cuatro poderes del Reino: nobleza, clero, monarca y pueblo llano.