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lunes, 23 de octubre de 2017

Especial Halloween 2017. Crítica: 'Una serie de catastróficas desdichas' (2004), de Brad Silberling


Es todo un clásico, así que este año vuelve el especial de Halloween de Los Lunes Seriéfilos. Desde hoy, y hasta el día 31, podréis encontrar en nuestra web críticas y reviews de películas y series de terror y todo lo que asociamos a estas fechas tan tenebrosas.

Y para los cobardes a los que nos da verdadero pavor el cine de terror, pero aun así queremos disfrutar de Halloween, el cine de Tim Burton y los especiales de “terror” de universos de animación, como Shrek o Disney, han sido siempre nuestra salvación. Sin ser ninguna de las dos, vamos a arrancar nuestro especial con Una serie de catastróficas desdichas –vamos a hablar de la película de 2004, aunque también existe una serie con Neil Patrick Harris de este mismo año–, que puede ser un buen sustituto o complemento para este Halloween, sobre todo por sus semejanzas con el cine burtoniano.

Y esto es así por su estética steampunk y un tanto gótica, por la presencia constante de la muerte, la fantasía y el misterio, por el protagonismo de unos niños peculiares y por la complicación extrema de la trama, que no obstante acaba alcanzando un final casi completamente feliz. En definitiva, el resumen de (casi) cualquier película de Tim Burton que se nos pueda ocurrir.

La dirección artística es extraordinaria; no olvidemos que es una película de hace ya más de una década, con técnicas menos desarrolladas y sin referentes más allá del propio Burton. La oscuridad, el juego de colores y la fotografía de Lubezki, unidos al maquillaje, el vestuario y la banda sonora, dan lugar a un espectáculo visual muy atractivo.


Le falta cierta profundidad en la trama, con un guion un tanto irregular y con personajes más flojos de lo que cabría desear. Son, en realidad, caricaturas, con todo lo bueno y lo malo que esto implica. En especial el protagonista, el Conde Olaf al que da vida un Jim Carrey haciendo el mismo exagerado y excéntrico papel de siempre. De nuevo, con todo lo bueno y lo malo que esto implica. Sí hay que destacar la interpretación de los jóvenes Emily Browning y Liam Aiken, que sobresalen en un reparto cargado de quilates –Timothy Spall, Billy Connolly, Meryl Streep o Catherine O’Hara– pero lastrado por personajes premeditadamente estereotipados que impiden aprovechar todo ese talento.

Especialmente porque, como ocurre con la historia, todo queda subordinado al componente audiovisual y estético. Y puede que sea muy meritorio y atractivo, pero no es suficiente. Tal vez sí para verla con niños (valientes o ya algo mayores) o para disfrutar en Halloween con esa estética tan apropiada en estas fechas, mas no para poder hablar de una auténtica sustitución, y mucho menos superación, de las fantásticas y únicas obras de Tim Burton.

Lo mejor: la dirección artística y los créditos finales
Lo peor: que Jim Carrey llega a resultar pesado 
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 30 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio II: El ataque de los clones' (2002), de George Lucas


Igual que el Episodio I podría equipararse con el Episodio IV en tanto en cuanto ambos definen sus respectivas trilogías y condensan los elementos clave en ellas –una completa revolución en la trilogía original y una inevitable polémica en la trilogía de precuelas–, podríamos considerar que el Episodio II guarda notables semejanzas con el Episodio V. Y si al analizar ‘El Imperio contraataca’ destacábamos su trascendencia para la trama del conjunto de la saga o la aparición de personajes clave como Yoda o el Emperador, algo similar, salvando las distancias siderales, sucede con ‘El ataque de los clones’.

En ella se dibujan los bandos del conflicto que subyace en el resto de largometrajes, se descubre el origen de los Stormtroopers y de los soldados clones, se comienza a sentir el poder del lado oscuro de la Fuerza y se profundiza en la historia de Anakin y la princesa Amidala. Este conjunto de aspectos da empaque a la cinta, que se ve lastrada precisamente por el último de ellos, pues esa historia de amor algo floja, estereotipada y demasiado melosa ocupa demasiados minutos en un metraje ya de por sí demasiado largo.



Esa sensación de excesiva duración se agudiza teniendo en cuenta que la cinta no goza de ideas tan novedosas como sus predecesoras. A menudo tenemos la sensación de que lo que nos cuenta la obra, o quizás la forma en la que lo hace, ya han sido vistos con anterioridad. Y eso es algo que lastra mucho a una película dentro de una saga con una vocación rompedora e innovadora como Star Wars.

Y eso, junto a la innecesariamente extensa historia de amor de Anakin y Amidala y a algunos tramos de la primera mitad del film, acaban causando que las dos horas y cuarto de películas resulten exageradas. De nuevo, un crimen inmenso en la saga de Lucas, pues el entretenimiento constante y las ganas de más eran también señas de identidad hasta entonces.

No obstante, no se puede obviar que ese entretenimiento sigue ahí. Y si la primera parte puede resultar por momentos incluso un poco pesada, el segundo tramo de la obra es pura emoción y dinamismo. Ayudada por unos efectos visuales, de nuevo, extraordinarios, es un espectacular y divertido pasatiempo, aderezado con toques de épica y con una cierta complejidad en la trama que resulta muy enriquecedora y que le otorga cierta trascendencia.

Una trascendencia muy lejana de la que suponían las tres cintas originales, pero que puede que ayudara a levantar un poco el vuelo tras el dubitativo regreso de ‘La amenaza fantasma’. Elementos tiene: batallas épicas, abundantes y curiosas criaturas y planetas, un lado oscuro que se va perfilando como una verdadera amenaza, buenas dosis de intriga... Es cierto que se ven lastrados por una narración a ratos lenta y por esa historia de amor que eclipsa lo que de verdad queremos ver en Star Wars, mas ‘El ataque de los clones’ es un caramelo muy disfrutable en muchos sentidos. Y más si olvidamos la comparación que se establece con las películas originales. Ahora bien, no podemos olvidar de quién es sucesora porque, para bien o para mal, la herencia de Star Wars pesa y, aunque impide que este filme brille más en el firmamento creado por Lucas, también le permite ganar peso y atractivo por su aprovechamiento de una historia incomparable.

Lo mejor: la suma de elementos y piezas de la trama
Lo peor: que se hace pesada en algunos momentos, sobre todo en lo referido al romance de Anakin y Amidala
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 23 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio I: La amenaza fantasma' (1999), de George Lucas


El regreso al universo de Star Wars en el año 1999 fue, sobre todo desde el punto de vista de los aficionados a la trilogía original, una decisión más que controvertida. Tras haber repasado ‘Una nueva esperanza’, ‘El Imperio contraataca’ y ‘El retorno del Jedi’, es el turno de saltar 16 años y adentrarnos en el Episodio I: ‘La amenaza fantasma’, la película que materializó de forma paradigmática el, para muchos, polémico regreso de la franquicia ideada por George Lucas.

A pesar de su gran éxito de taquilla, derivado en parte de la presencia de estrellas y de jóvenes promesas de la interpretación, así como de una gran campaña de márketing, la crítica se mostró muy dividida sobre esta obra. Hubo una práctica unanimidad en torno a la espectacularidad de los efectos especiales y elementos técnicos, que recibieron varios reconocimientos y premios, incluyendo tres nominaciones a los Oscar. Pero al mismo tiempo se criticó la pobreza de las actuaciones y la escasa profundidad de la historia.

Lo cierto es que esas conclusiones se podrían extraer, grosso modo, de cualquiera de las entregas de la saga intergaláctica, aunque en esta ocasión el aspecto positivo no alcanza la perfección de otras obras, mientras el negativo sí se va acentuado. Prueba de esto último podrían ser las nominaciones a los Razzie y el “premio” a Ahmed Best al Peor actor secundario como voz de Jar-Jar Binks.

Precisamente el cómico personaje del planeta Naboo es uno de los más cuestionados en la saga y ejemplifica lo que sucedía con muchos de los elementos de esta trilogía de precuelas: derroche visual, cierta caricaturización y falta de aprobación por ciertos sectores del público, sobre todo el espectro formado por la legión de fans de la saga. Ellos fueron quienes más críticos se mostraron con una cinta que buscaba mantener el tirón comercial de sus predecesoras, multiplicando sus objetivos de merchandising, mas sin buscar la revolución o el impacto que la obra original había conseguido.



Es cierto que aspirar a repetir esos logros es misión casi imposible, aunque se hubiera agradecido una mayor voluntad de cuidar lo que Star Wars significa –como parece haber sucedido con ‘El despertar de la Fuerza’ en fechas más recientes–. No obstante, y a pesar de esta crítica, no podemos olvidar que el modelo no cambia, pues la saga de George Lucas siempre ha buscado el éxito comercial, prestando además gran atencon a aspectos ajenos al rendimiento en taquilla, como puede ser el merchandising. Al mismo tiempo, y ya en términos cinematográficos, los filmes de La guerra de las galaxias destacan por su capacidad de entretenimiento a través de la espectacularidad técnica y el dinamismo de trama, personajes y escenarios, algo que también sucede en el largometraje de 1999.

Por eso, aunque ‘La amenaza fantasma’ resulte menos novedosa o atractiva que lo que la franquicia había ofrecido hasta ese momento, y a pesar de haber decepcionado a muchas fans y de haber dividido a la crítica, hay que reconocerle que hace lo que Star Wars y George Lucas saben hacer: reventar las taquillas y ofrecer un impresionante espectáculo visual. El resto son, por así decirlo, añadidos. Y sí, fueron esos añadidos los que habían convertido a la trilogía original en un hito en la historia del cine, pero esas ya no eran las pretensiones de este Episodio I.

Lo mejor: que sigue siendo tan entretenida como espectacular
Lo peor: que pierda el sentido de trascendencia

Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 16 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio VI: El retorno del Jedi' (1983), de Richard Marquand


Al hablar del Episodio V mencionábamos que su valor yace en su condición de pegamento y pieza clave de la saga, pero menos como película independiente. Lo más destacado del Episodio IV, la primera de las entregas de la saga, había sido, por su parte, su papel como pionera en una concepción del cine nunca antes vista, lo que la convertía en uno de los largometrajes imprescindibles al analizar la evolución del séptimo arte. Cuando analizamos ‘El retorno del Jedi’ podemos encontrar una tercera visión. De la trilogía original es el episodio que más potencial podría tener como obra independiente.

Mas, como ocurre con cualquiera de las cintas de Star Wars, sería un error entenderla de forma aislada, pues una trilogía y una saga concebida como lo está La guerra de las galaxias funciona casi exclusivamente como un conjunto en el que las obras se retroalimentan y completan. Sin embargo, si tuviéramos que elegir –en un plano teórico– una de todas estas partes para verla y disfrutarla sin el resto, yo me quedaría con este Episodio VI. 

Más allá de su encaje en la saga, es una película particularmente entretenida y dinámica, con diversos escenarios, personajes e historias paralelas. La trama se va desplazando entre planetas y protagonistas, combinando en su trancurso géneros, desde la comedia al romance, pasando por el drama y la acción y dejando, por supuesto, espacio para la ciencia-ficción. El clímax llega en esa épica batalla final con el Emperador, Darth Vader y Luke Skywalker dirimiendo dónde residen las lealtades mientras las fuerzas imperiales y rebeldes se baten el cobre; el montaje paralelo en este tramo final y la incertidumbre sobre qué lado de la Fuerza triunfará alcanzan unos niveles de tensión y entretenimiento que impiden apartar la vista de la pantalla.

Muy atractiva en este filme es también la aparición de nuevas criaturas del universo Star Wars, como el Sarlacc, los Ewoks o los variopintos criados de Jabba, así como de nuevos planetas y entornos. Todos ellos, sin alcanzar la relevancia de los principales protagonistas, son los responsables de la riqueza de la saga, que se sigue aquí cargando de detalles y criaturas. Todo esto permite, a su vez, el aprovechamiento de unos efectos especiales que, como ocurría con ‘Una nueva esperanza’ y ‘El Imperio contraataca’, no tenían equivalente en su época.


Pero no debemos olvidar que, aunque hayamos resaltado su valor como obra con mayor potencial de brillar de forma aislada, su capacidad de hacerlo aumenta gracias a sus predecesoras. Y es que ese clímax que hemos señalado no lo es solo de este largometraje, sino de toda la trilogía, poniendo un broche de oro a una historia que debe ser entendida como la suma de tres episodios íntimamente conectados. De hecho, ‘El retorno del Jedi’ es un gran medida eso, un retorno a personajes, tramas y escenarios presentados en los dos filmes anteriores y que en este tercero encuentran su conclusión.

Porque sí, puede ser que este Episodio VI funcione aislado casi tan bien como dentro de la saga, pero solo como colofón de la misma se puede extraer todo su jugo. Y es que el verdadero fuerte de la cinta dirigida por Richard Marquand es su papel de punto final de una trilogía –punto y seguido dentro del conjunto de la saga– que cambió la historia del cine.

Lo mejor: su riqueza y dinamismo
Lo peor: que resulte menos novedosa que sus predecesoras
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 11 de agosto de 2017

Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (2017), de Guy Ritchie

Un Rey Arturo incapaz de ofrecer algo al público



Tiene los ingredientes para ser uno de los blockbusters del verano: una historia legendaria aderezada con magia y fantasía, un reparto cargado de talento y de intérpretes guapos –que, además, de vez en cuando no dudan en quitarse la camiseta–, un director con tirón como Guy Ritchie, generosos efectos especiales y de sonido, el cameo de David Beckham… Sin embargo, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur llega a la cartelera española tras haber protagonizado un importante fracaso en la taquilla internacional y sin la fuerza de otros grandes estrenos del verano, como Wonder Woman o Dunkerque.

Todd McCarthy decía en su crítica en The Hollywood Reporter que esta nueva adaptación del personaje del Rey Arturo es una obra “vulgar para tiempos vulgares”. Mas esa pobre actuación en la taquilla mundial desmiente sus palabras, demostrando que el público no es tan simple como algunos críticos piensan. La prueba es que los dos grandes éxitos estivales que acabamos de mencionar son tan completos y han recibidos críticas tan positivas –en especial la cinta bélica de Nolan– como muchas de las películas que triunfarán en la temporada de premios.

Y aunque es innegable la importante falta de nuevas ideas que sufre Hollywood y la banalización de muchos contenidos, los espectadores tienden a reconocer una mínima calidad y a desechar los productos que de verdad no aportan nada, como sucedió con la reciente adaptación de Los vigilantes de la playa, que ha pasado con más pena que gloria por los cines de casi todo el mundo. Y ahí reside la clave: para que una película triunfe, en términos generales, por supuesto, necesita ofrecer algo, preferiblemente nuevo, al espectador, porque la mayoría de personas que acuden a las salas no son estúpidas ni vulgares.

Y ese es probablemente el aspecto en el que falla La leyenda de Excalibur, pues no aporta nada a un personaje esencial en la cultura británica y mundial, que ya ha sido llevado en numerosas ocasiones a la gran pantalla. Ni el propio Arturo incorpora nuevos matices en su personalidad, ni el protagonismo de la espada como elemento articulador del relato es un elemento diferenciador, ni el componente fantástico y mágico destaca lo suficiente.

Sí es atractivo el uso de la cámara, con tomas oblicuas y poco habituales, así como de la banda sonora y de la estructura narrativa, con saltos temporales que añaden cierto desafío y motivación en el visionado. Se consigue así una cinta ágil y dinámica, pero de una forma que ya habíamos visto en el Sherlock Holmes del propio Guy Ritchie. Y lo cierto es que esa narración, a ratos acelerada y a ratos ralentizada, utilizando en ocasiones el montaje paralelo y con un protagonista tan sabelotodo y ocurrente se adapta mucho más al ingenioso inspector de Baker Street que al más solemne Rey Arturo. Con todo, esta estrategia es lo único que salva a la película, ya que consigue que resulte entretenida, algo muy apreciado en este tipo de pasatiempos veraniegos.

Por lo demás, un largometraje bastante pobre sobre un chico criado en un burdel que resulta ser el verdadero heredero al trono y que, con la ayuda de su pandilla callejera y de un grupo de fieles al antiguo rey, desafiará a su tío, que se hizo con la corona gracias a la magia negra. Charlie Hunnam, Jude Law, Erica Bana, Djimon Hounsou o Astrid Bergès-Frisbey son los encargados de dar vida a unos personajes demasiado fácilmente divisibles en buenos y malos, con escaso protagonismo de los roles femeninos y con un regusto a oscuridad y violencia que recuerda a Juego de Tronos, a la que aspira a parecerse. A ello contribuye la presencia de Aiden Gillen, Meñique en la exitosa serie de HBO. Pero en realidad esto, más que servirle de lanzadera, lo que consigue es que pierda identidad propia –si es que en algún momento la tuvo–, y que no consiga desprenderse de comparaciones, como ya ocurría con Sherlock Holmes, en las que sale perdiendo.

Por seguir comparando, son curiosas las semejanzas entre Arturo y el profeta Moisés, sobre todo en la huida de Arturo en una barca siendo un niño y en la posterior orden de Vortigern de apresar a todos los hombres con una edad similar a la que tendría entonces el heredero al trono. En cualquier caso, que nadie se piense que va a confundir al Arturo de Charlie Hunnam con el personaje bíblico, pues a lo que de verdad recuerda es a un hipster, con esa barba cuidada, ese pelo peinado hacia atrás con los laterales rasurados y esas vestimentas que, sin ser experto en la Edad Media, me recuerdan más a lo que podríamos ver en un bar moderno de Brooklyn que a lo que debían de vestir los habitantes de Londinium.


Una anacronía en el vestuario que se une a la de una banda sonora un tanto chocante en un largometraje de capa y espada y a la presencia de personajes racialmente diversos en la Gran Bretaña medieval. Aunque son toques interesantes, no dejan de ser detalles incapaces de dar el empaque suficiente a la obra en su conjunto.

Y al final, junto a dichos detalles, la única novedad de este Rey Arturo es ver a un hipster buenorro blandiendo una espada que sacó de una piedra y reclamando su legítimo trono. Y eso, por entretenida que resulte la película, no es suficiente para satisfacer a una audiencia que quizás no sea demasiado exigente, pero que no es del todo vulgar y que sabe que este Arturo no es digno de sacar la espada de la piedra.

(Publicado en Culturamas)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio V: El Imperio contraataca (1980), de Irvin Kerschner


Al hablar de ‘Una nueva esperanza’ destacábamos la revolución y el hito que esta película había supuesto en la historia del cine. ‘El Imperio contraataca’ continúa esa línea, sin la misma relevancia a nivel global, pero con mayor peso y atractivo dentro de la saga. Considerada por muchos la mejor de la trilogía ­–y por gran parte de ellos, también la mejor de la saga–, artícula los elementos clave de este universo cinematográfico y lo confirma, incluso a falta de que llegaran las siguientes entregas, como uno de los más importantes del séptimo arte.

Esto se debe, en primer lugar, a que Yoda su aparición hace. Se trata de uno de los personajes más originales, carismáticos e influyentes que nos ha ofrecido la gran pantalla, siendo precursos de numerosos personajes desde entonces: yo, por ejemplo, no puedo evitar ver a Dumbledore como heredero del pequeño maestro Jedi. De hecho, me atrevería a decir que Yoda es también un antecedente de esos coaches contemporáneos que persiguen ayudar y motivar a las personas a encontrarse a sí mismas.


También descubrimos en esta entrega gran parte del resto de elementos clave de la saga, como pueden ser el Emperador –que sí, también considero que es, parcialmente, precursor de Voldemort–, la verdadera dimensión de la Fuerza o la interesantísima y compleja figura de Darth Vader y su relación con su hijo.

Creo que conviene hacer un pequeño inciso: aunque tiendo a evitar los spoilers, no oculto esa declaración de Vader a Luke porque me resulta llamativo cómo uno de los mayores giros de guion en toda la historia del cine sea, a su vez, una de las escenas más conocidas de la misma. Y es que la mayoría de nuevos espectadores de la película se aproximan a ella conociendo este importante detalle. No obstante, es precisamente el conocimiento de su relación sanguínea lo que hace que, en detrimento de la sorpresa, la tensión y la lucha entre ambos esté cargada de suspense.

No hay duda de que este Episodio V presenta escenas y personajes imprescindibles para el cine y, sobre todo, para la saga. Porque esta cinta, más que ninguna otra, es esencial para comprender la trilogía ideada por George Lucas. Pero al mismo tiempo, solo es posible entender y, sobre todo, disfrutar esta obra, enmarcada en el contexto de La guerra de las galaxias, pues aislada pierde gran parte de su valor.

En una saga concebida como un conjunto y no como una suma de películas no parece que sea un problema tan grande, pero al analizar el filme de forma aislada sí que se nota esa falta de autoconclusión y se pierden notables matices. Es magnífica como secuela del Episodio IV y como precuela del VI, mas se vacía de contenido sin ellas. Esto también implica que 'El Imperio contraataca' resulte algo menos atractiva para quienes se nos sentimos tan identificados con la saga.

A pesar de ello, sigue siendo una obra entretenida y muy completa, con amor, criaturas y tecnología fantásticas, combates con espadas-láser, toques de comedia... Y sí, podríamos pedir más, sobre todo si queremos verla de forma independiente, pero... ¿queremos?

Lo mejor: su relevancia dentro de la saga
Lo peor: que pierda matices como película aislada
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 21 de julio de 2017

Crítica: 'Gru 3. Mi villano favorito' (2017), de Kyle Balda, Pierre Coffin y Eric Guillon


La llegada de ‘Gru, mi villano favorito’ en 2010 fue una de las mayores sorpresas del cine de animación de los últimos años. No solo por aportar algunas ideas frescas y por su diversión, sino, y sobre todo, por crear a esas figuras amarillas de incomprensible lenguaje que se han convertido en un fenómeno cultural y comercial casi nunca visto. Y es que el merchandising generado por los Minions ha ido mucho más allá del material escolar, los juguetes o los productos para niños, fascinando también a numerosos adultos, que comparten los cortos en sus redes sociales y que han contribuído en las impresionantes cifras de taquilla de las películas de Illumination Entertainment.

Porque ya van tres largometrajes de Gru, además de los numerosos cortometrajes y del spin-off protagonizados íntegramente por los Minions. Y no parece que los seguidores se estén cansando o que el universo de Gru y los Minions ya esté agotando, porque la taquilla sigue respaldando cada nueva entrega.

Ha vuelto a ocurrir con ‘Gru 3. Mi villano favorito’, que debutó haciéndose con el número uno en las taquillas de casi todos los países donde se ha estrenado, incluyendo Estados Unidos (donde sale perdiendo ligeramente en comparación con las anteriores entregas) y España (donde ha superado a sus dos predecesoras). Y es muy probable que las cifras y el éxito se repitan cuando llegue la secuela de ‘Los Minions’, esperada para 2020.

Pero lo cierto es que, aunque siga contando con el favor del público, Gru y sus asistentes han perdido gran parte de su frescura. La fórmula no ha varíado un ápice y la combinación entre el humor tierno de las niñas y el humor gamberro y anárquico de los Minions cada vez resulta menos efectiva. Puede que todavía siga funcionando en ciertos momentos de la cinta, con algunas –aunque menos que en las anteriores películas– secuencias bastante divertidas, pero se va quedando escaso.


La tercera aventura de Gru ofrece algunos nuevos personajes con potencial para ser aprovechados en futuras entregas, pero apenas hay evolución en los ya existentes. Ese es en realidad el lastre de ‘Gru 3’, pues prácticamente todo lo hemos visto ya antes. Está claro que la fórmula funciona y parece que los creadores han apostado por mantenerla, pero se echa de menos una ambición mayor: una decisión comercialmente inteligente, aunque artísticamente pobre.

La trama sí resulta algo más rica, con dos historias paralelas: por un lado, el reencuentro de Gru con su hermano gemelo, cuya existencia desconocía tras haber sido separados al nacer; por otro, la lucha del antihéroe protagonista contra Balthazar Pratt, un antiguo niño estrella dispuesto a vengarse de Hollywood por haber cancelado su serie durante los ochenta y que pretende robar el mayor diamante del mundo. Mientras tanto, la mujer de Gru aspira a congeniar con las niñas y los Minions, por su parte, hartos de que Gru haya dejado de lado sus villanías, deciden abandonarlo.

Hay material, y está claro que los personajes, la música de Pharrell Williams (con Morat y Álvaro Soler en la versión en castellano), la agilidad de la narración y la animación tienen el carisma y el atractivo suficientes para lograr una película divertida y entretenida. Y lo es, pero, menos que las anteriores entregas. Y si la saga de Gru y los Minions aspira a seguir dominando las taquillas quizá sea necesaria cierta renovación. No de la fórmula, que se ha probado inmejorable, pero sí de alguno de sus ingredientes.

Lo mejor: algunos golpes de humor
Lo peor: la comparación con sus predecesoras
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 19 de julio de 2017

Verano Syfy. Crítica: ‘La guerra de las galaxias. Episopio IV: Una nueva esperanza’ (1977), de George Lucas


No podía faltar. En este verano que en Los Lunes Seriéfilos estamos dedicando a la ciencia-ficción era inevitable volver la vista a la que es una de las películas más relevantes, exitosas e influyentes en la historia de este género –y de todo el cine, en realidad–.

Soy demasiado joven para comprender el fenómeno de la primera trilogía de Star Wars y lo cierto es que mi afición por el séptimo arte nació bastante tarde, por lo que también me perdí la segunda trilogía. Ahora, envueltos de nuevo en una nueva vorágine de aventuras galácticas, me intereso por estos estrenos como cinéfilo más que como fan de la saga. Y así es como he visto ‘La guerra de las galaxias. Episopio IV: Una nueva esperanza’: más como una pieza clave en la historia del cine que como una cinta con la que me sienta identificado. 

Porque le falta algo que me impide una mayor fascinación: tal vez cierta profundidad en la historia o quizás una mayor introspección que permitiera una película con valor por y para sí misma, sin estar tan condicionada por su revolución técnica y comercial, aspectos en los que reside su mayor interés. Y aunque estas podrían considerarse debilidades importantes en cualquier otro filme, lo cierto es que la valía de Star Wars, sobre todo de esta primera obra, reside en el significado de la cinta fuera del plano estrictamente cinematográfico. Y como tal es obligatorio admirar sus logros. 

Siendo el mayor de ellos, quizás, que ‘Una nueva esperanza’ puede ser considerada mainstream según la concepción actual. Y esto se debe a que constituye un elemento esencial para establecer lo que hoy consideramos como mainstream, fijando el rumbo que otras obras posteriores habrían de seguir. Y quizás nunca tanto como en la actualidad, con un Hollywood centrado en producir sagas capaces de generar merchandising sin parar y otorgando a los efectos especiales un papel preponderante. Precisamente las características que definían al clásico de George Lucas de 1977 y que son las que también determinan la mayoría de largometrajes que encabezan las listas de taquillazos de los últimos años. 

Y ya que mencionamos a George Lucas, hay que reconocerle como padre de la criatura. No por su magnífica dirección o por la calidad de su obra, ambas notables pero no sobresalientes, sino por lo que supuso. Su visión comercial –sobre todo esa conocida decisión de ceder los derechos de las películas a cambio de los futuros ingresos por merchandising–, su inagotable imaginación y su uso de tecnologías revolucionarias convirtieron al ‘Episodio IV’ en una pieza única hasta entonces y en el eslabón perdido que marcaría la evolución de todo el cine posterior. Y no solo del cine como arte, sino también, y sobre todo, del cine como industria. 

Y aunque nos estamos centrando en el papel que Star Wars juega en un plano extracinematográfico, no es tampoco desdeñable su calidad artística. Sin ser una obra maestra, desborda imaginación, entretenimiento y novedad. Desde la mítica y archiconocida introducción en la que ya se intuye la inolvidable banda sonora de John Williams, hasta la riquísima variedad de personajes, vestuarios, tramas y mundos, todo en el film nos hace ver que estamos ante algo único. 


Única y pionera, porque sus novedades no se ciñen a los efectos especiales o a la comercialización, sino también a un guion en el que se cuidan todos los detalles y en el que, por ejemplo, gracias a la luchadora Princesa Leia, se rompen parcialmente algunas concepciones sobre roles de género y de amor romántico que seguirían prevaleciendo todavía durante mucho tiempo. 

Y el mérito es adicional si tenemos en cuenta que este ‘Episodio IV’ se concibe como tal. Es la primera película de la saga, pero ya pensada como cuarto episodio de una historia mayor, algo que, indudablemente, complica y enriquece la construcción de la historia y de los personajes, haciendo que cada comentario o pasaje tenga que ser muy cuidado para mantener la coherencia con las tramas que sucederían a esta. 

Todas ellas colaborarían a engrandecer, de una forma u otra, la leyenda de esta saga y a desarrollar su universo. Pero lo veremos en próximas semanas. Por ahora, disfrutemos de todo lo que ofrece este clásico, sin olvidar que con él, en una galaxia muy, muy lejana, nacía uno de los mayores mitos del cine.

Lo mejor: su influencia en el cine que vendría después
Lo peor: la escasa profundidad de la narración
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 16 de junio de 2017

Crítica: 'Colossal' (2016), de Nacho Vigalondo


Estamos, hasta cierto punto, saturados de monstruos que vienen a invadir la Tierra. Desde Godzilla a Transformers, la lista crece sin cesar y cada pocos meses encontramos alguna cinta sobre criaturas gigantes que amenazan con destruir o conquistar nuestro planeta. Ante el aluvión de películas de este estilo, las posibilidades de innovación se van agotando y realizar algo novedoso cuando hay un monstruo colosal en pantalla se va volviendo más difícil. Sin embargo, de vez en cuando hay agradables sorpresas en este tipo de cine y las dos últimas, probablemente, sean dos obras con reparto internacional y dirección española. Hablo de ‘Un monstruo viene a verme’, de J.A. Bayona, uno de las trabajos más destacadas del año pasado, y de ‘Colossal’, escrita y dirigida por Nacho Vigalondo, que se estrena el próximo día 30 en España.

‘Colossal’ narra la historia de Gloria, una mujer con problemas de alcoholismo que, tras perder su trabajo y su novio, ha tocado fondo y decide regresar a la casa donde creció en una pequeña y aburrida ciudad. Durante su estancia allí descubre que una monstruosa criatura está asolando Seúl y que, por alguna extraña razón, podría tener algún tipo de conexión con ella. Una premisa, sin duda, ingeniosa, pero con una sencillez suficiente para permitir a la película ir mucho más allá de ella.

Porque 'Colossal' es, en primer lugar, un relato de ciencia-ficción, aunque también es una divertida comedia, que sabe adquirir en ocasiones un tono más solemne para incluir algunos (por suerte, no demasiados) toques de romance y una interesante lectura dramática sobre lo que implica crecer –algo que, por cierto, también encontrábamos en Un monstruo viene a verme–. Y en esa mezcla reside el atractivo del filme, capaz de ofrecer lecturas mucho más allá del simple entretenimiento.

Y es que esa es la mayor virtud de 'Colossal', que resulta muy entrenida. Y en especial la primera mitad, más ágil y divertida que la segunda, algo más oscura y desconcertante. No es necesariamente peor, aunque sí menos disfrutable. Sobre todo porque la conexión entre Gloria y el monstruo, inspirado en los kaiju japoneses, se agota bastante rápido. Es una pena que una idea tan original se desarrolle con tanta rapidez y no se explote más. Que tengamos que aguantar secuelas de Tranformers cada poco y que esta cinta en 110 minutos tenga que repartirse entre la historia de monstruos y las relaciones entre humanos es una injusticia para los aficionados a lo monstruoso.

Y ahí reside también el fallo de la película. Su combinación de géneros y tramas es una apuesta muy bienvenida e interesante, pero a la vez impide una mayor recreación en cada una de las historias. Y eso que los protagonistas, sobre todo Anne Hathaway, brillante de nuevo, podrían haber sido mucho mejor aprovechados.


Con esto y con todo, a pesar de algunos fallos, la sensación general que deja ‘Colossal’ es de agradable sorpresa. Vigalondo se confirma así en el panorama internacional como un director con un toque particular y con buenas ideas, pero suficientemente conservador en las formas para poder triunfar en Hollywood. 

Mas con independencia del éxito que Vigalondo obtenga en el futuro, es innegable lo valioso de esta cinta en el presente. No solo por el soplo de aire fresco que insufla al cine de catástrofes y monstruos, sino porque además tiene la valentía necesaria para abordar temas complejos y la capacidad de resultar divertida haciéndolo. Y todo ello, gozando de algo de lo que anda bastante escaso el cine actual: ideas brillantes y sorprendentes, mezcladas con una narración cuidada y sin artificios innecesarios.

Lo mejor: su novedosa idea de partida
Lo peor: que podría haber sido mejor aprovechada
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 25 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: La venganza de Salazar' (2017), de Joachim Rønning y Espen Sandberg


Jack Sparrow, como Johnny Depp, ha vivido tiempos mejores. Continuamente borracho, sin barco y casi sin tripulación, solo la aparición de Corina, una joven científica acusada de brujería, y de Henry –ambos protagonizan la historia de amor que parece obligatoria en toda película y que recuerda a la de William Turner y Elizabeth Swan, los padres de Henry–, le permitirán regresar al mar para intentar encontrar el legendario y poderoso Tridente de Poseidón y poder escapar así de la venganza del Capitán Salazar y su tripulación fantasma.

La elección del dúo formado por los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg para colocarse al timón de esta producción parece acertada, tanto por sus trabajos previos como por el resultado. Por los mismos motivos resulta otro acierto convertir a Javier Bardem en el malo, vuelviendo a demostrar su solvencia como antagonista malvado. Con un Sparrow más flojo, con un rol más propio casi de secundario cómico, la interpretación más destacada es la de un Bardem más profundo y maduro que el resto del reparto, en el que cabe destacar también a la joven Kaya Scodelario.


Junto a ellos, Geoffrey Rush y Brenton Thwaites, así como los cameos de Orlando Bloom y Keira Knightley. También regresan varios de los secundarios de las primeras películas, algo que, junto a la propia concepción de la trama, recupera el espíritu perdido en ‘En mareas misteriosas’ y garantiza el retorno de esta quinta entrega a la trilogía original. Aunque mantiene suficientes novedades para conservar un estilo propio y no resultar repetitiva, retoma la esencia que convirtió a Piratas del Caribe en una saga imprescindible para comprender el cine del siglo XXI.

Igualmente apreciable, los toques de humor, algunos de ellos muy divertidos, protagonizados casi siempre por Jack. A esto hay que unir algunos guiños que quienes han seguido la saga desde que se hizo a la mar sabrán apreciar. Lo cierto es que hay una notable riqueza de detalles y, si bien la narración no resulta particularmente novedosa o arriesgada, sí que encontramos subtramas e incidentes que incrementan el atractivo de la historia.

Una historia quizás algo más predecible de lo acostumbrado, pero capaz de retener la atención y no resultar pesada. A pesar de su más de dos horas de metraje –más reducido que en anteriores entregas aunque todavía algo excesivo–, la fuerza del componente visual y del maquillaje, sobre todo en la representación de los no-muertos de la tripulación de Salazar, mantiene la cinta siempre a flote.


Esta atención a los elementos fantásticos, los que más pueden explotarse gracias a la tecnología y los efectos especiales, hace que la obra haya abandonado parte de la concepción de ‘La maldición de la Perla Negra’ como cine palomitero de aventuras para dar paso a filmes más grandilocuentes y épicos. Más allá de esta tendencia y de la presencia de un antagonista muy interesante, el regreso parcial de ‘La venganza de Salazar’ a la historia que dio vida y fama a esta saga es un soplo de viento a favor en las velas de la franquicia de Disney.

Y sí, por suerte o por desgracia, habrá una sexta parte. La aparición de una bruja apenas esbozada en la trama y la escena poscréditos casi garantizan el regreso de Piratas del Caribe. No hay fecha ni planes, pero me jugaría mi pata de palo a que será así.

Lo mejor: ya no es Jack, sino el Capitán Salazar
Lo peor: los escasos riesgos de la historia
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

Crítica: 'Piratas del Caribe: En mareas misteriosas' (2011), de Rob Marshall


Tras la tercera entrega de Piratas del Caribe parecía claro que para seguir explotando el filón era necesaria cierta renovación. Y es cierto que dicha renovación existe. Gore Verbinski cede el timón a Rob Marshall, mientras Keira Knightley, Orlando Bloom y la mayoría de secundarios de la trilogía original ceden su puesto a nuevos personajes, encabezados por Penélope Cruz e Ian McShane. Aunque el intento podría haber sido acertado, ni Marshall domina este tipo de cine como Verbinski, ni el nuevo reparto consigue salvar a unos personajes mucho menos carismáticos que sus predecesores.

También se pierde, y este es quizás el mayor fallo de ‘En mareas misteriosas’, la capacidad de sorpresa de las aventuras anteriores. Los giros del guion, el juego de lealtades de los personajes y el cambio de bandos resultaban tan atractivos como impredecibles, siendo capaces de levantar la historia cuando flojeaba. En esta ocasión falta esa capacidad de sorpresa y sobra una cierta sensación de que, aunque la trama principal sea clara, no sabemos en realidad qué mueve a cada personaje y qué justifica sus actos; que en dos horas y cuarto de película queden cabos sueltos, más que el misterio que promete su título, lo que produce es confusión.

Pero confusión en los detalles pues, por primera vez en toda la saga, la sinopsis es sencilla: Jack Sparrow se reencuentra con una mujer de su pasado que le arrastra al barco del peligroso y malvado Barbanegra, a quien deberá ayudar a encontrar la Fuente de la Juventud, un objetivo que comparte con los españoles y con el capitán Barbossa, ahora al servicio del Rey de Inglaterra. La estructura es más sencilla, con una narración más clásica que, a pesar de sus errores en los detalles, mantiene siempre la seriedad y la madurez que le faltaban a otras cintas.

Lo que sobra en esta historia es la relación de Jack y Angélica, pues no creo que encaje en el excéntrico Sparrow el enamoramiento. Además de resultar poco creíble, resta cierto misticismo a un personaje que así parece más humano y vulnerable, cuando el Sparrow que quiero es el mítico sinvergüenza. Lo peor en este sentido es que la relación, que aparenta ser un elemento central en la narración, apenas se explora, resultando siempre acartonada y sin ser capaz de aportar nada de interés.


Tampoco aporta demasiado el hecho de pasar gran parte del metraje en tierra: ni un cañonazo, ni un abordaje, ni una batalla naval... Es innegable el atractivo de la selva y la espectacularidad de los efectos visuales fuera del agua, pero la esencia de un pirata está en la mar, no en tierra firme. Por mucho que el objetivo sea una fuente.

Una fuente, por cierto, que también ansían los españoles, presentes por fin en estas aventuras caribeñas. Con una representación basada en clichés, sí que resulta divertida esa visión estereotipada que hace Hollywood de todo lo que escapa de sus fronteras. Igualmente divertida es la inclusión de figuras históricas, de Jorge II a Ponce de León, que aportan un toque irónico muy bienvenido.

Salvo eso, pocos momentos verdaderamente graciosos encontramos en el film, menos alocado de lo acostumbrado y, como decíamos, con mucha menor capacidad de sorprender. A cambio, una narración más ordenada y menos pretenciosa que las anteriores. Debemos entender que la saga entraba en una nueva era con ‘En mareas misteriosas’; no hay cambios rupturistas, pero sí se nota que el barco, el capitán y parte de la tripulación son nuevos. Debemos reconocer el intento y la capacidad de entretenimiento que sigue manteniendo la película, mas yo echo de menos las orginales. 

Lo mejor: el componente visual y –aunque lo mantengo más que nada por tradición– Jack Sparrow
Lo peor: que resulta más predecible y que ha perdido parte de la esencia
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: En el fin del mundo' (2007), de Gore Verbinski


Si al hablar de ‘El cofre del hombre muerto’ destacábamos su mayor espectacularidad, oscuridad y grandilocuencia con respecto a ‘La maldición de la Perla Negra’, en el caso de ‘En el fin del mundo’ la tendencia continúa. Y si la segunda parte llegaba a resultar excesiva por momentos, esta tercera entrega padece el mismo mal incluso con más frecuencia. Eso sí, en esta ocasión no quedan dudas de que nos encontramos ante una cinta épica.

Y es que ya no son Jack Sparrow, Elizabeth Swan o Will Turner los que están en peligro, sino que la existencia de la piratería misma depende de una reunión a la que serán congregados los nueve señores de la piratería para decidir cómo enfrentarse a la Compañía de las Islas Orientales. Uno de ellos es Jack Sparrow, que se encuentra en el Dominio de Davy Jones, una condena peor que la muerte. Para ello, Swan, Turner y los demás seguidores de Sparrow viajarán, capitaneados por Barbossa, a donde nadie ha llegado: el fin del mundo.

Es una historia con todos los tintes épicos que culmina con una impresionante batalla naval. Una obra de casi tres horas de metraje que, a pesar de no resultar larga en absoluto, sí que deja algunas tramas pocos definidas, con personajes o historias que podrían haberse completado o explorado más. Y es que en la marabunta de tramas y figuras secundarias, algunas de ellas verdaderamente interesantes, resulta complicado comprender dónde residen las lealtades en cada momento o quiénes son en realidad los buenos. La narración es más floja de lo que cabría esperar y, aunque se consigue salvar gracias al derroche visual, hay partes de la cinta que hacen agua.


Mas siempre sale a flote, gracias también a los toques de humor y a la capacidad que mantiene de sorprendernos, como ha ocurrido durante toda la saga. Como ocurre con sus predecesoras, es puro entretenimiendo y diversión, aunque en esta ocasión los fallos narrativos sean algo más notables y se vislumbre ya el intento por exprimir en exceso la gallina de los huevos de oro –algo que no ha impedido a Disney hacer, hasta el momento, dos películas más–.

Tanto el reparto como la historia principal guardan importante relación con ‘El cofre del hombre muerto’, con la que tiene abundantes similitudes, sobre todo en su tendencia a la espectacularidad y la exageración, y con la que fue rodada de forma simultánea. Sin embargo se distancia de ella en su mayor tendencia a escenas marítimas a bordo de barcos, abandonando tanta tierra firma como aparecía en esa segunda parte. Un acierto que la aproxima a lo que había sido ‘La maldición de la Perla Negra’, a lo que contribuye también la presencia del capitán Barbossa, interpretado por Geoffrey Rush, uno de los personajes más atractivos del universo de Piratas del Caribe y quizás el único que hace sombra en ingenio a Jack Sparrow.

Un acierto también es la música de Hans Zimmer, que contribuye a dar más sensación de obra épica y monumental. Que lo es, sin duda, pero que queda empañada por dejarnos la sensación de que estos mares ya los hemos surcado. La fórmula que tan bien ha fundionado, para poder seguir explotándose, necesita renovación. Aunque haya que ir al fin del mundo a encontrarla.

Lo mejor: los efectos especiales y la música. Sin olvidar a Jack Sparrow, como siempre
Lo peor: la narración, caótica y poco cuidada
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 23 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto' (2006), de Gore Verbinski


Enemigos más siniestros y casi invencibles, personajes más desagradables, más sentimientos de amor o familia, más profundidad, más violencia, más peligro, más oscuridad, más fantasía... Tras el éxito de ‘La maldición de la Perla Negra’, la secuela de Piratas del Caribe necesitaba algo más que la piratería casi inocente de su predecesora. Lo consigue, pero para ello entrega al diablo –o a Davy Jones– su alma, perdiendo su esencia y cayendo por momentos en el exceso.

No obstante, bienvenido sea ese exceso. Es tan entretenida como la primera y mucho más espectacular, manteniendo los mismos impredecibles giros de guion, aunque en esta ocasión resulten menos efectistas y más ajustados a la narración. Una narración más cuidada pero menos creíble. Aun así, la acción, la fantasía y el humor siguen intactos, haciendo que la película sea disfrutable al máximo.

En esta ocasión, con Elizabeth Swan y Will Turner enfrentándose a la horca por haber ayudado a escapar a Jack Sparrow, el propio Will se lanzará a buscar al pirata de la Perla Negra conseguir el perdón de manos de Lord Beckett, que ansía una peculiar brújula en manos de Sparrow. Jack, por su parte, está obsesioando por encontrar la forma de saldar una deuda con Davy Jones, capitán del Holandés Errante, un barco fantasma capaz de invocar al monstruo más peligroso del océano.

Todo ello con el añadido de caníbales, de personajes mitad humanos-mitad criaturas marinas, de cofres con tesoros más valiosos que el oro, de piratas que regresan del Más Allá... Y, por supuesto, con el estrafalario Jack Sparrow. Johnny Depp vuelve a destacar sobre un reparto más imponente si cabe que en la primera parte, añadiendo a Orlando Bloom, Keira Kngihtley o Jack Davenport, nombres de la talla de Bill Nighy o de Stellan Skarsgard.

Todo eso ayudó a que el éxito en taquilla superase al de su predecesora, batiendo varios records de recaudación. Además, y aunque la crítica no mostró el entusiasmo anterior, los premios volvieron a sonreir a los piratas, consiguiendo el Oscar y el BAFTA a Mejores efectos visuales y el Globo de Oro para Johnny Depp. Ambas categorías demuestran las fortalezas de la cinta: el exagerado y excéntrico capitán Sparrow y el podería visual de las batallas navales, de los paisajes salvajes de las islas caribeñas y de las criaturas fantásticas.


Y estos elementos son clave a la hora de conseguir una obra de grandes dimensiones, tanto en su espectáculo, como en su duración. Dos horas y media de metraje que por momentos pueden parecer demasiadas debido a algunas escenas innecesarias, pero que se esfuman como un barco navegando a toda vela, dejándonos pidiendo más y deseando comenzar el abordaje de la tercera parte.

‘El cofre del hombre muerto’ puede resultar abrumadora y excesiva, pero es que ese parece ser el objetivo: aprovechar los aciertos de la original en una cinta de mayores dimensiones. Y es que Gore Verbinski sabe conducir la nave en esas aguas y, acompañado por una tripulación de grandes intérpretes, logra una estupenda y entretenida película de aventuras. Y, aunque no iguala lo que supuso 'La maldición de la Perla Negra', es una secuela perfectamente satisfactoria.

Lo mejor: de nuevo, el Capitán Jack Sparrow
Lo peor: que algunas escenas aporten muy poco a la trama y alarguen en exceso la película
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)