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jueves, 25 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: La venganza de Salazar' (2017), de Joachim Rønning y Espen Sandberg


Jack Sparrow, como Johnny Depp, ha vivido tiempos mejores. Continuamente borracho, sin barco y casi sin tripulación, solo la aparición de Corina, una joven científica acusada de brujería, y de Henry –ambos protagonizan la historia de amor que parece obligatoria en toda película y que recuerda a la de William Turner y Elizabeth Swan, los padres de Henry–, le permitirán regresar al mar para intentar encontrar el legendario y poderoso Tridente de Poseidón y poder escapar así de la venganza del Capitán Salazar y su tripulación fantasma.

La elección del dúo formado por los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg para colocarse al timón de esta producción parece acertada, tanto por sus trabajos previos como por el resultado. Por los mismos motivos resulta otro acierto convertir a Javier Bardem en el malo, vuelviendo a demostrar su solvencia como antagonista malvado. Con un Sparrow más flojo, con un rol más propio casi de secundario cómico, la interpretación más destacada es la de un Bardem más profundo y maduro que el resto del reparto, en el que cabe destacar también a la joven Kaya Scodelario.


Junto a ellos, Geoffrey Rush y Brenton Thwaites, así como los cameos de Orlando Bloom y Keira Knightley. También regresan varios de los secundarios de las primeras películas, algo que, junto a la propia concepción de la trama, recupera el espíritu perdido en ‘En mareas misteriosas’ y garantiza el retorno de esta quinta entrega a la trilogía original. Aunque mantiene suficientes novedades para conservar un estilo propio y no resultar repetitiva, retoma la esencia que convirtió a Piratas del Caribe en una saga imprescindible para comprender el cine del siglo XXI.

Igualmente apreciable, los toques de humor, algunos de ellos muy divertidos, protagonizados casi siempre por Jack. A esto hay que unir algunos guiños que quienes han seguido la saga desde que se hizo a la mar sabrán apreciar. Lo cierto es que hay una notable riqueza de detalles y, si bien la narración no resulta particularmente novedosa o arriesgada, sí que encontramos subtramas e incidentes que incrementan el atractivo de la historia.

Una historia quizás algo más predecible de lo acostumbrado, pero capaz de retener la atención y no resultar pesada. A pesar de su más de dos horas de metraje –más reducido que en anteriores entregas aunque todavía algo excesivo–, la fuerza del componente visual y del maquillaje, sobre todo en la representación de los no-muertos de la tripulación de Salazar, mantiene la cinta siempre a flote.


Esta atención a los elementos fantásticos, los que más pueden explotarse gracias a la tecnología y los efectos especiales, hace que la obra haya abandonado parte de la concepción de ‘La maldición de la Perla Negra’ como cine palomitero de aventuras para dar paso a filmes más grandilocuentes y épicos. Más allá de esta tendencia y de la presencia de un antagonista muy interesante, el regreso parcial de ‘La venganza de Salazar’ a la historia que dio vida y fama a esta saga es un soplo de viento a favor en las velas de la franquicia de Disney.

Y sí, por suerte o por desgracia, habrá una sexta parte. La aparición de una bruja apenas esbozada en la trama y la escena poscréditos casi garantizan el regreso de Piratas del Caribe. No hay fecha ni planes, pero me jugaría mi pata de palo a que será así.

Lo mejor: ya no es Jack, sino el Capitán Salazar
Lo peor: los escasos riesgos de la historia
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

Crítica: 'Piratas del Caribe: En mareas misteriosas' (2011), de Rob Marshall


Tras la tercera entrega de Piratas del Caribe parecía claro que para seguir explotando el filón era necesaria cierta renovación. Y es cierto que dicha renovación existe. Gore Verbinski cede el timón a Rob Marshall, mientras Keira Knightley, Orlando Bloom y la mayoría de secundarios de la trilogía original ceden su puesto a nuevos personajes, encabezados por Penélope Cruz e Ian McShane. Aunque el intento podría haber sido acertado, ni Marshall domina este tipo de cine como Verbinski, ni el nuevo reparto consigue salvar a unos personajes mucho menos carismáticos que sus predecesores.

También se pierde, y este es quizás el mayor fallo de ‘En mareas misteriosas’, la capacidad de sorpresa de las aventuras anteriores. Los giros del guion, el juego de lealtades de los personajes y el cambio de bandos resultaban tan atractivos como impredecibles, siendo capaces de levantar la historia cuando flojeaba. En esta ocasión falta esa capacidad de sorpresa y sobra una cierta sensación de que, aunque la trama principal sea clara, no sabemos en realidad qué mueve a cada personaje y qué justifica sus actos; que en dos horas y cuarto de película queden cabos sueltos, más que el misterio que promete su título, lo que produce es confusión.

Pero confusión en los detalles pues, por primera vez en toda la saga, la sinopsis es sencilla: Jack Sparrow se reencuentra con una mujer de su pasado que le arrastra al barco del peligroso y malvado Barbanegra, a quien deberá ayudar a encontrar la Fuente de la Juventud, un objetivo que comparte con los españoles y con el capitán Barbossa, ahora al servicio del Rey de Inglaterra. La estructura es más sencilla, con una narración más clásica que, a pesar de sus errores en los detalles, mantiene siempre la seriedad y la madurez que le faltaban a otras cintas.

Lo que sobra en esta historia es la relación de Jack y Angélica, pues no creo que encaje en el excéntrico Sparrow el enamoramiento. Además de resultar poco creíble, resta cierto misticismo a un personaje que así parece más humano y vulnerable, cuando el Sparrow que quiero es el mítico sinvergüenza. Lo peor en este sentido es que la relación, que aparenta ser un elemento central en la narración, apenas se explora, resultando siempre acartonada y sin ser capaz de aportar nada de interés.


Tampoco aporta demasiado el hecho de pasar gran parte del metraje en tierra: ni un cañonazo, ni un abordaje, ni una batalla naval... Es innegable el atractivo de la selva y la espectacularidad de los efectos visuales fuera del agua, pero la esencia de un pirata está en la mar, no en tierra firme. Por mucho que el objetivo sea una fuente.

Una fuente, por cierto, que también ansían los españoles, presentes por fin en estas aventuras caribeñas. Con una representación basada en clichés, sí que resulta divertida esa visión estereotipada que hace Hollywood de todo lo que escapa de sus fronteras. Igualmente divertida es la inclusión de figuras históricas, de Jorge II a Ponce de León, que aportan un toque irónico muy bienvenido.

Salvo eso, pocos momentos verdaderamente graciosos encontramos en el film, menos alocado de lo acostumbrado y, como decíamos, con mucha menor capacidad de sorprender. A cambio, una narración más ordenada y menos pretenciosa que las anteriores. Debemos entender que la saga entraba en una nueva era con ‘En mareas misteriosas’; no hay cambios rupturistas, pero sí se nota que el barco, el capitán y parte de la tripulación son nuevos. Debemos reconocer el intento y la capacidad de entretenimiento que sigue manteniendo la película, mas yo echo de menos las orginales. 

Lo mejor: el componente visual y –aunque lo mantengo más que nada por tradición– Jack Sparrow
Lo peor: que resulta más predecible y que ha perdido parte de la esencia
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: En el fin del mundo' (2007), de Gore Verbinski


Si al hablar de ‘El cofre del hombre muerto’ destacábamos su mayor espectacularidad, oscuridad y grandilocuencia con respecto a ‘La maldición de la Perla Negra’, en el caso de ‘En el fin del mundo’ la tendencia continúa. Y si la segunda parte llegaba a resultar excesiva por momentos, esta tercera entrega padece el mismo mal incluso con más frecuencia. Eso sí, en esta ocasión no quedan dudas de que nos encontramos ante una cinta épica.

Y es que ya no son Jack Sparrow, Elizabeth Swan o Will Turner los que están en peligro, sino que la existencia de la piratería misma depende de una reunión a la que serán congregados los nueve señores de la piratería para decidir cómo enfrentarse a la Compañía de las Islas Orientales. Uno de ellos es Jack Sparrow, que se encuentra en el Dominio de Davy Jones, una condena peor que la muerte. Para ello, Swan, Turner y los demás seguidores de Sparrow viajarán, capitaneados por Barbossa, a donde nadie ha llegado: el fin del mundo.

Es una historia con todos los tintes épicos que culmina con una impresionante batalla naval. Una obra de casi tres horas de metraje que, a pesar de no resultar larga en absoluto, sí que deja algunas tramas pocos definidas, con personajes o historias que podrían haberse completado o explorado más. Y es que en la marabunta de tramas y figuras secundarias, algunas de ellas verdaderamente interesantes, resulta complicado comprender dónde residen las lealtades en cada momento o quiénes son en realidad los buenos. La narración es más floja de lo que cabría esperar y, aunque se consigue salvar gracias al derroche visual, hay partes de la cinta que hacen agua.


Mas siempre sale a flote, gracias también a los toques de humor y a la capacidad que mantiene de sorprendernos, como ha ocurrido durante toda la saga. Como ocurre con sus predecesoras, es puro entretenimiendo y diversión, aunque en esta ocasión los fallos narrativos sean algo más notables y se vislumbre ya el intento por exprimir en exceso la gallina de los huevos de oro –algo que no ha impedido a Disney hacer, hasta el momento, dos películas más–.

Tanto el reparto como la historia principal guardan importante relación con ‘El cofre del hombre muerto’, con la que tiene abundantes similitudes, sobre todo en su tendencia a la espectacularidad y la exageración, y con la que fue rodada de forma simultánea. Sin embargo se distancia de ella en su mayor tendencia a escenas marítimas a bordo de barcos, abandonando tanta tierra firma como aparecía en esa segunda parte. Un acierto que la aproxima a lo que había sido ‘La maldición de la Perla Negra’, a lo que contribuye también la presencia del capitán Barbossa, interpretado por Geoffrey Rush, uno de los personajes más atractivos del universo de Piratas del Caribe y quizás el único que hace sombra en ingenio a Jack Sparrow.

Un acierto también es la música de Hans Zimmer, que contribuye a dar más sensación de obra épica y monumental. Que lo es, sin duda, pero que queda empañada por dejarnos la sensación de que estos mares ya los hemos surcado. La fórmula que tan bien ha fundionado, para poder seguir explotándose, necesita renovación. Aunque haya que ir al fin del mundo a encontrarla.

Lo mejor: los efectos especiales y la música. Sin olvidar a Jack Sparrow, como siempre
Lo peor: la narración, caótica y poco cuidada
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)