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miércoles, 3 de octubre de 2018

[Cine] Crítica: 'Christopher Robin' (2018): solo de nostalgia no se vive

Crítica: 'Christopher Robin' (2018): solo de nostalgia no se vive

Este viernes llega a los cines la nostálgica ‘Christopher Robin’, en la que Ewan McGregor da vida a un Robin adulto que se ha olvidado de Winnie the Pooh y sus amigos del Bosque de los Cien Acres


La nostalgia es desde hace algunos años uno de los sentimientos que más se está aprovechando en la industria del entretenimiento audiovisual. Desde el espíritu ochentero de ‘Stranger Things’ a la ola de remakes, reboots o secuelas de obras clásicas, donde se incluyen, por supuesto, los abundantes remakes en acción real de clásicos Disney. 

‘Christopher Robin’ podría englobarse en estos, mas se trata de una historia independiente de todas las que conocemos del adorable osito y sus amigos. Se trata, en realidad, de una historia puramente nostálgica que se centra en un Christopher Robin adulto, padre ya de una niña, que se ha olvidado de sus amigos del Bosque de los Cien Acres debido a las obligaciones del mundo real. 

Es un tema que ya hemos visto en muchas ocasiones y que podría tener sentido por la compatibilidad de la historia con la de aquellos adultos que, como Christopher Robin, hace ya mucho que tuvieron que dejar atrás su infancia. Sin embargo, lo que ofrece es una trama previsible y, en gran medida, sensiblera. Tampoco hay sutileza, capacidad de sorpresa o riqueza de detalles y, salvo por algunos momentos alocados y graciosos, siempre con los animales en pantalla, la obra de Marc Forster apenas ofrece diversión. Así, el aparente planteamiento original se malgasta, haciendo que la película solo sea capaz de funcionar como posible pasatiempo infantil. 

Mantener la esencia 


El mundo de Winnie the Pooh fue, y sigue siendo, uno de los más queridos por personas de distintas generaciones. A ello contribuye la sencillez y dulzura –que, como ocurre con la miel, a veces llega a ser empalagosa– de sus historias, así como la fácil identificación y clasificación de los personajes. Todo esto se cumple en la cinta que ahora protagoniza Ewan McGregor, en la que además se realizan varias alusiones a elementos conocidos por los seguidores de las aventuras previas de Pooh, como el Heffalump, la cola de Ígor o el globo rojo. 

Y es que ‘Christopher Robin’ parece tener como único objetivo el de mantenerse fiel al espíritu original. Esto puede resultar adecuado para captar al público más joven –a lo que hay que sumar la nueva textura de Pooh, Tiger y compañía, que recuerda más si cabe a abrazables peluches–, pero impide cualquier evolución que lleve a esta obra a aportar algo novedoso en una saga ya abundantemente poblada.

Crítica: 'Christopher Robin' (2018): solo de nostalgia no se vive

La sencillez y la fidelidad a lo que ya conocíamos son esenciales para lograr la tan ansiada nostalgia. Mas, si eso es lo único que aporta esta película, ¿cuál es su función? ¿No resultaría más nostálgico y efectivo revisionar alguno de los clásicos que ya habían protagonizado Pooh y compañía? 

Lo mejor: cómo consigue trasladar el espíritu de Winnie the Pooh a la acción real 
Lo peor: que capturar ese espíritu parezca ser el único objetivo de la película 
Nota: 5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 8 de diciembre de 2017

Crítica: 'Coco', de Lee Unkrich y Adrián Molina (2017)


No creo que sea posible ni necesario discutir si Coco es la mejor obra de Pixar o no. Mas el hecho de que esta posibilidad se contemple dice mucho, muchísimo, sobre la nueva cinta de la franquicia del flexo.

Y esto no es solo por la conveniencia de realizar una hermosa declaración de amor a la cultura mexicana ahora que Donald Trump se sienta en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Hay que reconocer que esto le añade atractivo, aunque creo que en cualquier otro contexto el resultado hubiera sido parecido. De hecho, seas quien seas y sea cuando sea, es casi imposible no desear sentirse un poquito azteca después de la película.

Una película sobre vivos y muertos. Y también una película sobre la familia, la de Miguel en concreto. Un chico que desea ser cantante como su ídolo, el popular Ernesto de la Cruz, pero su familia rechaza todo tipo de música. En su intento de cumplir su sueño, Miguel cruzará a la Tierra de los Muertos. No es una trama particularmente novedosa, con un joven buscando su destino con la oposición de su familia. Incluso la fiesta del Día de Muertos también se trató hace poco en El libro de la vida (The Book of Life, 2014, Jorge R. Gutiérrez).


Y es que, aunque pueda resultar atractiva, Coco no destaca por su historia, sino por la forma de contarla, pues el film de Lee Unkrich y Adrián Molina ofrece todo un ejercicio de técnica, de colorido y de narración. Técnica para construir y diseñar unos decorados y unos personajes encantadores y cuidados al detalle, con figuras bastante más redondas y sorpresivas de lo que suele suceder con las cintas de animación. Colorido porque entre las cualidades de Pixar está la de crear, probablemente, la mejor animación del cine, y una fiesta como el Día de Muertos es ideal para explotar todo ese componente visual. Y narración porque los giros de guion son continuos, con gran dinamismo y una enorme capacidad de enganchar al espectador.

Son 109 minutos, no es poco para una cinta animada, pero se pasa volando, te deja deseando más. Más música, más cultura, más diversión, más emoción. Porque en realidad ofrece de todo: un ritmo que te hace bailar casi sin parar en la butaca, inteligencia para satisfacer la curiosidad de niños y adultos, unos toques de humor verdaderamente irresistibles y la capacidad para, al final, derramar alguna lagrimilla.


Y al terminar el recuerdo es grato. Sales del cine consciente de haber visto algo especial. Porque Coco es especial. No por una historia apasionante pero poco original. Ni tampoco por una narración y unos elementos formales perfectos que son, no obstante, reproducibles. Es por todo eso y es por nada en concreto. Como los lazos que nos unen a la familia o a los muertos. Lazos invisibles que, en la vida real, muchas veces no significan nada. Pero esto es Pixar, chamacos, y aquí la nada puede serlo todo.

Lo mejor: cada detalle, cada sorpresa
Lo peor: que se nos escapen algunos guiños a la cultura mexicana
Nota: 9

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos

jueves, 25 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: En mareas misteriosas' (2011), de Rob Marshall


Tras la tercera entrega de Piratas del Caribe parecía claro que para seguir explotando el filón era necesaria cierta renovación. Y es cierto que dicha renovación existe. Gore Verbinski cede el timón a Rob Marshall, mientras Keira Knightley, Orlando Bloom y la mayoría de secundarios de la trilogía original ceden su puesto a nuevos personajes, encabezados por Penélope Cruz e Ian McShane. Aunque el intento podría haber sido acertado, ni Marshall domina este tipo de cine como Verbinski, ni el nuevo reparto consigue salvar a unos personajes mucho menos carismáticos que sus predecesores.

También se pierde, y este es quizás el mayor fallo de ‘En mareas misteriosas’, la capacidad de sorpresa de las aventuras anteriores. Los giros del guion, el juego de lealtades de los personajes y el cambio de bandos resultaban tan atractivos como impredecibles, siendo capaces de levantar la historia cuando flojeaba. En esta ocasión falta esa capacidad de sorpresa y sobra una cierta sensación de que, aunque la trama principal sea clara, no sabemos en realidad qué mueve a cada personaje y qué justifica sus actos; que en dos horas y cuarto de película queden cabos sueltos, más que el misterio que promete su título, lo que produce es confusión.

Pero confusión en los detalles pues, por primera vez en toda la saga, la sinopsis es sencilla: Jack Sparrow se reencuentra con una mujer de su pasado que le arrastra al barco del peligroso y malvado Barbanegra, a quien deberá ayudar a encontrar la Fuente de la Juventud, un objetivo que comparte con los españoles y con el capitán Barbossa, ahora al servicio del Rey de Inglaterra. La estructura es más sencilla, con una narración más clásica que, a pesar de sus errores en los detalles, mantiene siempre la seriedad y la madurez que le faltaban a otras cintas.

Lo que sobra en esta historia es la relación de Jack y Angélica, pues no creo que encaje en el excéntrico Sparrow el enamoramiento. Además de resultar poco creíble, resta cierto misticismo a un personaje que así parece más humano y vulnerable, cuando el Sparrow que quiero es el mítico sinvergüenza. Lo peor en este sentido es que la relación, que aparenta ser un elemento central en la narración, apenas se explora, resultando siempre acartonada y sin ser capaz de aportar nada de interés.


Tampoco aporta demasiado el hecho de pasar gran parte del metraje en tierra: ni un cañonazo, ni un abordaje, ni una batalla naval... Es innegable el atractivo de la selva y la espectacularidad de los efectos visuales fuera del agua, pero la esencia de un pirata está en la mar, no en tierra firme. Por mucho que el objetivo sea una fuente.

Una fuente, por cierto, que también ansían los españoles, presentes por fin en estas aventuras caribeñas. Con una representación basada en clichés, sí que resulta divertida esa visión estereotipada que hace Hollywood de todo lo que escapa de sus fronteras. Igualmente divertida es la inclusión de figuras históricas, de Jorge II a Ponce de León, que aportan un toque irónico muy bienvenido.

Salvo eso, pocos momentos verdaderamente graciosos encontramos en el film, menos alocado de lo acostumbrado y, como decíamos, con mucha menor capacidad de sorprender. A cambio, una narración más ordenada y menos pretenciosa que las anteriores. Debemos entender que la saga entraba en una nueva era con ‘En mareas misteriosas’; no hay cambios rupturistas, pero sí se nota que el barco, el capitán y parte de la tripulación son nuevos. Debemos reconocer el intento y la capacidad de entretenimiento que sigue manteniendo la película, mas yo echo de menos las orginales. 

Lo mejor: el componente visual y –aunque lo mantengo más que nada por tradición– Jack Sparrow
Lo peor: que resulta más predecible y que ha perdido parte de la esencia
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: En el fin del mundo' (2007), de Gore Verbinski


Si al hablar de ‘El cofre del hombre muerto’ destacábamos su mayor espectacularidad, oscuridad y grandilocuencia con respecto a ‘La maldición de la Perla Negra’, en el caso de ‘En el fin del mundo’ la tendencia continúa. Y si la segunda parte llegaba a resultar excesiva por momentos, esta tercera entrega padece el mismo mal incluso con más frecuencia. Eso sí, en esta ocasión no quedan dudas de que nos encontramos ante una cinta épica.

Y es que ya no son Jack Sparrow, Elizabeth Swan o Will Turner los que están en peligro, sino que la existencia de la piratería misma depende de una reunión a la que serán congregados los nueve señores de la piratería para decidir cómo enfrentarse a la Compañía de las Islas Orientales. Uno de ellos es Jack Sparrow, que se encuentra en el Dominio de Davy Jones, una condena peor que la muerte. Para ello, Swan, Turner y los demás seguidores de Sparrow viajarán, capitaneados por Barbossa, a donde nadie ha llegado: el fin del mundo.

Es una historia con todos los tintes épicos que culmina con una impresionante batalla naval. Una obra de casi tres horas de metraje que, a pesar de no resultar larga en absoluto, sí que deja algunas tramas pocos definidas, con personajes o historias que podrían haberse completado o explorado más. Y es que en la marabunta de tramas y figuras secundarias, algunas de ellas verdaderamente interesantes, resulta complicado comprender dónde residen las lealtades en cada momento o quiénes son en realidad los buenos. La narración es más floja de lo que cabría esperar y, aunque se consigue salvar gracias al derroche visual, hay partes de la cinta que hacen agua.


Mas siempre sale a flote, gracias también a los toques de humor y a la capacidad que mantiene de sorprendernos, como ha ocurrido durante toda la saga. Como ocurre con sus predecesoras, es puro entretenimiendo y diversión, aunque en esta ocasión los fallos narrativos sean algo más notables y se vislumbre ya el intento por exprimir en exceso la gallina de los huevos de oro –algo que no ha impedido a Disney hacer, hasta el momento, dos películas más–.

Tanto el reparto como la historia principal guardan importante relación con ‘El cofre del hombre muerto’, con la que tiene abundantes similitudes, sobre todo en su tendencia a la espectacularidad y la exageración, y con la que fue rodada de forma simultánea. Sin embargo se distancia de ella en su mayor tendencia a escenas marítimas a bordo de barcos, abandonando tanta tierra firma como aparecía en esa segunda parte. Un acierto que la aproxima a lo que había sido ‘La maldición de la Perla Negra’, a lo que contribuye también la presencia del capitán Barbossa, interpretado por Geoffrey Rush, uno de los personajes más atractivos del universo de Piratas del Caribe y quizás el único que hace sombra en ingenio a Jack Sparrow.

Un acierto también es la música de Hans Zimmer, que contribuye a dar más sensación de obra épica y monumental. Que lo es, sin duda, pero que queda empañada por dejarnos la sensación de que estos mares ya los hemos surcado. La fórmula que tan bien ha fundionado, para poder seguir explotándose, necesita renovación. Aunque haya que ir al fin del mundo a encontrarla.

Lo mejor: los efectos especiales y la música. Sin olvidar a Jack Sparrow, como siempre
Lo peor: la narración, caótica y poco cuidada
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 22 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra' (2003), de Gore Verbinski


Este viernes llegará a los cines españoles, por fin, la quinta entrega de una de las sagas más relevantes y exitosas, si no de toda la historia del cine, sí de lo que llevamos de siglo. 'Piratas del Caribe' vuelve, casi catorce años después del estreno de la primera parte. Aprovechamos la ocasión para echarnos a la mar y repasar las cuatro aventuras que hasta ahora ha protagonizado el capitán Jack Sparrow. Y comenzamos por esa sorpresa que fue 'La maldición de la Perla Negra'.

La historia, ambientada en el Mar Caribe en el siglo XVIII, muestra los intentos de Jack Sparrow por recuperar la Perla Negra, el barco que había capitaneado hasta el amotinamiento de sus tripulantes, mientras el herrero Will Turner hará todo lo posible para rescatar a Elizabeth Swan, secuestrada por la tripulación maldita de la Perla Negra, lo que llevará a ambos a unir fuerzas. En realidad todo es mucho más complicado, pues la película está estructurada en torno a continuos cambios de lealtades, amistades y bandos, impredecibles giros de guion y constantes sorpresas y trucos. 

Y aunque todo esto disminuye la profundidad, coherencia y lógica en la trama, permite una gran agilidad y un ritmo frenéticos que la convierten en una cinta entretenida como pocas. Gracias a la combinación de humor, acción, aventuras y romance en torno a una historia fantástica de piratas y fantasmas, con un reparto de lujo y un presupuesto de 140 millones de dólares, logró un éxito casi irrepetible que superó con creces cualquier expectativa. Con el respaldo de Disney, el público se enamoró de la vida pirata como nunca antes.

Pero más allá del blockbuster, hay que reconocer el buen hacer de los equipos de maquillaje, vestuario o efectos especiales, que alcanzan un realismo y una espectacularidad muy llamativos. Y también hay que destacar el trabajo de los actores, sobre todo, por supuesto, el de un Johnny Depp que confirmó su condición de estrella en uno de sus papeles más emblemáticos. El excéntrico y carismático capitán Jack Sparrow permitió a Depp un derroche interpretativo exagerado y trabajado, que se une además a la larga lista de personajes peculiares a los que ha dado vida el magnífico y polémico actor estadounidense.


Todo lo anterior generó un suculento botín a la cinta dirigida por Gore Verbinski, que consiguió cinco nominaciones a los Oscar, otra en los Globos de Oro y cinco más en los BAFTA, donde se llevó el Premio al mejor maquillaje. También el Sindicato de Actores entregó el galardón a Johnny Depp como Mejor actor. Y por encima de los premios y del reconocimiento de buena parte de la crítica, destaca el éxito del público y el hecho de haber pasado a formar parte de la cultura popular. El personaje de Jack Sparrow es de los más trascendentes del cine, la música de Hans Zimmer sigue poniendo fondo a momentos épicos y las aventuras marinas no se comprenden ya sin esta película.

Y es que 'La maldición de la Perla Negra' cambió la concepción del blockbuster y el cine de entretenimiento para siempre. Sin mayores pretensiones, porque no hacen falta, esta primera parte de 'Piratas del Caribe' surca los mares ofreciendo diversión y entretenimiento sin límites. Solo queda descorchar el ron y disfrutarla.

Lo mejor: Jack Sparrow, posiblemente el mejor pirata que hayáis conocido
Lo peor: la falta de coherencia o de profundidad en algunos aspectos de la historia
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 26 de abril de 2017

'Frozen 2' y otras novedades en el horizonte de Disney


Disney ha hecho oficial la fecha de estreno de una de sus secuelas más esperadas: el 27 de noviembre de 2019 verá la luz 'Frozen 2', en la que volverán a aparecer Elsa y Anna. 'Frozen' se estrenó en 2013 y se convirtió en uno de los mayores fenómenos de los últimos años, alzándose como la película animada más taquillera de la historia. Jennifer Lee y Chris Buck volverán a dirigir el proyecto, del que no han trascendido informaciones sobre el argumento o sobre nuevos personajes.

En 2019 habrán pasado seis años desde el estreno de la película original de 'Frozen' y el público objetivo de la cinta habrá dejado atrás su etapa de locura por 'Frozen'. Aunque siguen vendiéndose mochilas, cuadernos, muñecas y demás productos de merchandising con Anna, Elsa y Olaf, el fenómenos se va poco a poco apagando y parece que se acerca el momento de relanzarlo con una secuela. Veremos si el éxito se repite, pero ya podemos anticipar cuál será la película de las Navidades de 2019 y qué juguetes inundarán las tiendas durante esas fiestas.

Otros estrenos anunciados por Disney han sido 'Toy Story 4', que aparecerá el 21 de mayo de 2019 y el remake en acción real de 'El rey león', que se espera para el 19 de julio del mismo año. Precisamente esta misma semana se conoció también que Billy Eicher y Seth Rogen darán vida a Timón y Pumba en esta versión.

Más para 2019: el 24 de mayo parece ser la fecha elegida para el desembarco del Episodio IX de Star Wars, que seguirá a 'El despertar de la fuerza' y a 'Los últimos jedi' (cuyo estreno está previsto para este diciembre) para cerrar así la trilogía actual. Y otro regreso que se esperaba para 2019 y que se ha pospuesto hasta el verano de 2020 es la quinta entrega de Indiana Jones, con Steven Spielberg dirigiendo y con un Harrison Ford que rondará los 80 años dando vida de nuevo al famoso arqueólogo.


Y si esto queda todavía un poco lejos, para 2018 Marvel ha revelado tres de sus estrenos más destacados. El 13 de abril llegará 'New Mutants', el 1 de junio hará lo propio la esperada secuela de 'Deadpool', que promete seguir los pasos de su exitosa y gamberra predecesora, y, por último, el 2 de noviembre se estrenará 'X-Men: Dark Phoenix'.

Todas estas fechas se presuponen para el mercado estadounidense, y no existe aún confirmación sobre si se tratará de estrenos globales o si se retrasarán algo más en otros mercados, incluyendo el español. En cualquier caso, lluvia de secuelas, remakes spin-offs para tenernos a los fans contentos durante una temporada.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 30 de marzo de 2017

Los remakes de clásicos Disney como herramienta para explicar el cine de Hollywood


El estreno hace unos días de la versión de acción real de La bella y la bestia acentúa una tendencia que Disney lleva siguiendo desde hace varios años. El éxito que han tenido cintas como La Cenicienta o El libro de la selva, así como los anuncios de futuras adaptaciones para los próximos años –El Rey León o Dumbo– demuestran lo acertado de este proyecto desde el punto de vista comercial. Sin embargo, este fenómeno se explica también gracias a algunos aspectos comunes a toda la industria del cine.

En primer lugar, y quizá sea la base de todo, está la falta de ideas que parece sufrir Hollywood. De las diez películas más taquilleras de 2016 (no se incluye Rogue One, el spin-off de Star Wars, por haber concentrado la mayor parte de su recaudación en 2017), cuatro eran secuelas, había un remake y tres más formaban parte de universos de superhéroes. En total, solo dos de esas cintas, Zootrópolis y Mascotas, eran ideas originales.

Los estudios aprovechan el tirón comercial y la seguridad financiera que universos como Star Wars, sagas literarias como Harry Potter o franquicias intermediales como Marvel les ofrecen. Una película de estas características parte de antemano con una publicidad y un mercado potencial muy jugosos, por lo que el beneficio económico para las productoras es muy elevado. Algo similar ocurre con films de culto como Trainspotting o Blade Runner, que este 2017 presentan sus secuelas, como también hará Alien. En 2015 habían sido las sagas de Jurassic Park y Star Wars las que regresaron a las carteleras.

Detrás de esa recuperación de éxitos del pasado se encuentra la nostalgia que las películas de la infancia despiertan en nosotros. Independientemente de la calidad de las nuevas versiones, quienes crecieron con Parque Jurásico, La bella y la bestia o con Cenicienta volverán casi inevitablemente a los cines para revivir esa niñez o juventud. En este sentido, las recreaciones en acción real dotan a las películas de una dimensión más adulta, orientándose a quienes eran niños cuando se estrenó la película primigenia.

Por otro lado, y aquí llega el tercer argumento, estas revisiones buscan aprovechar los avances técnicos del cine. Si la versión que Tim Burton hizo de Alicia en el país de las maravillas en 2010 aprovechaba un todavía incipiente 3D para lograr una experiencia sensorial muy novedosa, el reboot de El libro de la selva de Jon Favreau el pasado año ofrecía, en palabras de la crítica, un “prodigio técnico” y un “milagro tecnológico”. En ambos casos podemos discutir su calidad narrativa o debatir si su magia iguala a la de sus originales, pero técnicamente suponen una auténtica demostración de los avances tecnológicos de los últimos años.

Y como realizar películas solo para presumir de lo que se puede hacer en una pantalla no suele ser suficiente, estos remakes de clásicos de Disney han buscado adaptar sus tramas y personajes a los nuevos tiempos. Maléfica, por ejemplo, desmonta el mito de la mujer como ente pasivo dominado por las figuras masculinas: el príncipe, con un beso, ya no despierta a la princesa, de la misma forma que una mujer independiente y poderosa ya no es necesariamente una bruja malvada.


En el caso más reciente, La bella y la bestia, gracias a la interpretación del icono feminista que representa Emma Watson en un rol ya de por sí más empoderado de lo que era habitual, como es la inteligente e independiente Bella, plantea un debate sobre el papel de la mujer en las historias clásicas de Disney. A su vez, la inclusión de personajes homosexuales en una de las tramas de la película rompe otra barrera, incluso a cambio de sacrificar jugosos mercados como el ruso o el de algunos países del sudeste asiático. En este sentido cabría discutir igualmente si este compromiso social puede reportar beneficios al servir como reclamo comercial, pero ese sería un debate demasiado complejo y extenso que dejaremos para otra ocasión.

Este cuarto elemento de análisis se enmarca también en el intento del cine contemporáneo por reivindicar el protagonismo del que las mujeres se han visto tradicionalmente privadas. El reestreno de Ocean’s Eleven o Cazafantasmas con repartos femeninos puede ser un buen ejemplo. En el caso de la factoría del ratón hemos citado el ejemplo de Maléfica, pero éxitos como Brave, Frozen o Moana demuestran que las princesas Disney han dejado de ser objetos de deseo para ser protagonistas de sus propias historias. Aunque el camino es todavía muy largo, la actualización de clásicos puede suponer un paso más en pro de la igualdad.

A modo de síntesis, las revisiones de clásicos de Disney se explican gracias a la escasez de nuevas ideas en Hollywood, a la nostalgia de los espectadores, al aprovechamiento de las nuevas técnicas cinematográficas y al interés por modernizar y dotar de compromiso a las historias clásicas. Y sí, estos motivos acaban desembocando en el interés comercial, pero las renovaciones que aportan, tanto de fondo como de forma resultan muy bienvenidas. Podemos discutir su calidad y su necesidad, mas no cabe duda de su capacidad para explicar el cine mainstream actual.

(Publicado en Culturamas)