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viernes, 13 de septiembre de 2019

[Series] Review: 'El tiempo de la felicidad' (2018). El triunfo del modelo noruego

La serie noruega ‘El tiempo de la felicidad’, estrenada el 10 de septiembre en Filmin, realiza un inteligente y sutil análisis del momento en el que se descubrió petróleo en el país nórdico 


portada el tiempo de la felicidad filmin

Ya lo hemos hecho en varias ocasiones, mas creo que sigue siendo bueno recordar que la plataforma de referencia para series europeas es Filmin. Más allá de producciones puntuales y éxitos de otras plataformas de mayor tamaño, Filmin sigue demostrando su apuesta por ficciones del continente, primando el impacto y el interés frente a las superproducciones con más ruido que nueces. Una de sus últimas incorporaciones, añadida a su catálogo el pasado 10 de septiembre, es la noruega ‘El tiempo de la felicidad’ (‘Lykkeland’).

Es, además, una serie consciente de esa distinción entre el modelo europeo y el estadounidense. No tanto en el campo de la ficción y el estilo, pues no posee el verismo, la crudeza y la calma que acompaña a muchas producciones europeas –y, especialmente, nórdicas– y que las diferencia de los productos mainstream que llegan del otro lado del Atlántico, pero sí en su comparación entre modelos económicos y sociales

De hecho, es una serie que gira en gran medida en torno al debate sobre la necesidad de normas, de burocracia y de un cierto control estatal sobre los recursos naturales y los bienes comunes. Contrapone el modelo socialista –o socialdemócrata, en realidad– noruego, con más restricciones, aunque también mayor protección, al liberalismo y el capitalismo yanqui. Sus reflexiones en este sentido son básicas y sencillas, pero acertadas e inteligentes, añadiendo también la lucha de clases y la distinción entre ricos y pobres al debate. 

Más fondo que forma 


La serie, de ocho capítulos de 45 minutos, se ambienta en la localidad de Stavanger a finales de la década de los sesenta, cuando se encontró un yacimiento petrolero de enormes dimensiones que cambió la economía noruega y el mercado del crudo por completo. La trama se centra en los primeros pasos de la industria del petróleo del país nórdico, con las implicaciones que tuvo para esa localidad, hasta entonces marcada por la religión y la pesca, y la lucha de las compañías multinacionales por instalarse allí. En este marco se cuelan también la historia de dos jóvenes prometidos y las personas que los rodean, que vivirán los cambios asociados al oro negro en primera persona. 

Las decisiones que se tomaron en aquel momento, cuando Noruega debatía si entrar en la Comunidad Europea, son esenciales para comprender el presente tanto del mercado del petróleo a nivel global como de ese país. La mentalidad que explica el actual desarrollo de su estado del bienestar o su liderazgo en movilidad sostenible quedan patentes a través de guiños sutiles que claramente dialogan con fenómenos contemporáneos. Así, aunque la serie no parece decantarse por un modelo ni tomar partido, la lectura de aquellas decisiones desde la perspectiva actual nos permite añadir nuevas capas de interpretación.

el tiempo de la felicidad fotograma

Más allá del contenido, con un interés y atractivo enormes, la serie sí tiene algunas deficiencias técnicas o de coherencia interna. Así, por ejemplo, hay numerosos fallos de raccord y también hay pequeños detalles que no funcionan: líneas temporales sin sentido, comida que desaparece de los platos con demasiada rapidez, vestimentas que no parecen adecuarse al clima de cada lugar… Son aspectos menores, pero demuestran quizás la falta de experiencia o de medios de la producción. 

Aun con esto, y sin destacar en aspectos narrativos ni interpretativos, sigue siendo una obra de muchísimo nivel e inteligencia. Su crítica sutil al modelo capitalista y a la trampa de los recursos que supone, con demasiada frecuencia, el descubrimiento de petróleo, es muy acertada. Una muestra más, en definitiva, de lo atractivo de esa ficción europea menos conocida.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 17 de junio de 2017

Crítica: 'El fundador' (2016), de John Lee Hancock


Durante los años que estudié economía y gestión de empresas en secundaria y en la unversidad creo que aprendí más de las películas que nos ponían algunos profesores que de cualquier manual o libro de texto. El mundo empresarial en la realidad es tan sorprendente y feroz que resulta inevitable aprovecharlo para generar material para el cine. Desde las tramas que han causado la crisis económica del 2008, hasta las penurias que implicó la del 29, pasando por la épicas historias de personajes que lograron fundar empresas tan relevantes como Apple o Facebook.

Menos glamourosa, pero seguramente mucho más paradigmática, es la historia de McDonald’s que retrata ‘El fundador’, dirigida por John Lee Hancock y con un gran Michael Keaton como protagonista dando vida a Ray Kroc. En los años 50 Kroc era un vendedor ambulante de batidoras para restaurantes que, en uno de sus negocios, conoce a los hermanos McDonald, responsables de una hamburguesería en San Bernardino, California, basada en la rapidez y la calidad de su comida. Fascinado por el modelo, Kroc consiguió ser el responsable de las franquicias de la compañía, arrebatándosela progresivamente a los hermanos McDonald, y dando lugar a la cadena de restauración más importante del planeta.

Es innegable la capacidad de este biopic de contar no solo la historia de un hombre, sino de mostrar cómo las buenas ideas de negocio no son sino mejoras y adaptaciones de otras. Y es que una buena idea no suele surgir de la nada, sino que la imitación, la copia y la inspiración son esenciales para crear algo revolucionario. Y eso se aplica a los restaurantes, pero se extiende a cualquier ámbito de la vida, incluído el cine o la televisión, que beben continuamente de ideas pasadas para poder crear películas o series novedosas.

Si luego esas ideas son robadas y pervertidas, como ocurre en ‘El fundador’, es una asunto que debe ser criticado no solo en el plano personal de quien lo hace, sino también en el nivel de un sistema corporativo que lo permite. Y en ese aspecto, ningún lugar como Estados Unidos –y más en la era Trump– para mostrar que la ambición y la falta de escrúpulos son elementos esenciales para conseguir el sueño americano.

Y si el sueño que los hermanos Mac y Rick McDonald tuvieron mediado el siglo XX se basaba en la rapidez y la calidad, creando el concepto de comida rápida, hoy McDonald’s se asocia más con comida basura, siendo el principal estandarte de la obesidad y la comida no saludable. En este sentido cabe recordar al documental ‘Super Size Me’, que criticaba con dureza a McDonald’s como cabeza más visible de esa comida basura de la que no es, ni mucho menos, el único representante.

Y es que el modelo de McDonald’s se ha repetido y perpetuado desde entonces, revolucionando la forma de alimentarse de varias generaciones. Y lo que ha cambiado en la cadena a lo largo de los años hace que, desde la perspectiva actual, lo que narra la película resulte tan curioso, pues parece casi imposible que la idea de Mac y Rick llegara a ser lo que hoy es.


Lo que no es tan curioso o novedoso es la forma de narrarlo, bastante tradicional y poco arriesgada. Es cierto que la historia es lo suficientemente poderosa como para dejarla brillar con luz propia, pero la recaída en tópicos y modelos narrativos ya vistos impiden una obra del nivel de ‘La red social’.

Sin embargo, sí que reúne importantes atractivos, sobre todo sus interpretaciones, encabezadas por Michael Keaton como antihéroe con el que, a pesar de todo, conseguimos empatizar. Pero también es una obra inteligente, que sabe contar lo que quiere y que logra una cierta crítica que, aunque podría haber sido más mordaz, es muy ilustrativa. 

Por eso imagino que más de un profesor de dirección de empresas ya estará preparando la cinta para proyectársela a sus alumnos el próximo curso.

Lo mejor: que sabe aprovechar el potencial de la historia
Lo peor: que no sea más dura con el sistema
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 30 de marzo de 2017

Los remakes de clásicos Disney como herramienta para explicar el cine de Hollywood


El estreno hace unos días de la versión de acción real de La bella y la bestia acentúa una tendencia que Disney lleva siguiendo desde hace varios años. El éxito que han tenido cintas como La Cenicienta o El libro de la selva, así como los anuncios de futuras adaptaciones para los próximos años –El Rey León o Dumbo– demuestran lo acertado de este proyecto desde el punto de vista comercial. Sin embargo, este fenómeno se explica también gracias a algunos aspectos comunes a toda la industria del cine.

En primer lugar, y quizá sea la base de todo, está la falta de ideas que parece sufrir Hollywood. De las diez películas más taquilleras de 2016 (no se incluye Rogue One, el spin-off de Star Wars, por haber concentrado la mayor parte de su recaudación en 2017), cuatro eran secuelas, había un remake y tres más formaban parte de universos de superhéroes. En total, solo dos de esas cintas, Zootrópolis y Mascotas, eran ideas originales.

Los estudios aprovechan el tirón comercial y la seguridad financiera que universos como Star Wars, sagas literarias como Harry Potter o franquicias intermediales como Marvel les ofrecen. Una película de estas características parte de antemano con una publicidad y un mercado potencial muy jugosos, por lo que el beneficio económico para las productoras es muy elevado. Algo similar ocurre con films de culto como Trainspotting o Blade Runner, que este 2017 presentan sus secuelas, como también hará Alien. En 2015 habían sido las sagas de Jurassic Park y Star Wars las que regresaron a las carteleras.

Detrás de esa recuperación de éxitos del pasado se encuentra la nostalgia que las películas de la infancia despiertan en nosotros. Independientemente de la calidad de las nuevas versiones, quienes crecieron con Parque Jurásico, La bella y la bestia o con Cenicienta volverán casi inevitablemente a los cines para revivir esa niñez o juventud. En este sentido, las recreaciones en acción real dotan a las películas de una dimensión más adulta, orientándose a quienes eran niños cuando se estrenó la película primigenia.

Por otro lado, y aquí llega el tercer argumento, estas revisiones buscan aprovechar los avances técnicos del cine. Si la versión que Tim Burton hizo de Alicia en el país de las maravillas en 2010 aprovechaba un todavía incipiente 3D para lograr una experiencia sensorial muy novedosa, el reboot de El libro de la selva de Jon Favreau el pasado año ofrecía, en palabras de la crítica, un “prodigio técnico” y un “milagro tecnológico”. En ambos casos podemos discutir su calidad narrativa o debatir si su magia iguala a la de sus originales, pero técnicamente suponen una auténtica demostración de los avances tecnológicos de los últimos años.

Y como realizar películas solo para presumir de lo que se puede hacer en una pantalla no suele ser suficiente, estos remakes de clásicos de Disney han buscado adaptar sus tramas y personajes a los nuevos tiempos. Maléfica, por ejemplo, desmonta el mito de la mujer como ente pasivo dominado por las figuras masculinas: el príncipe, con un beso, ya no despierta a la princesa, de la misma forma que una mujer independiente y poderosa ya no es necesariamente una bruja malvada.


En el caso más reciente, La bella y la bestia, gracias a la interpretación del icono feminista que representa Emma Watson en un rol ya de por sí más empoderado de lo que era habitual, como es la inteligente e independiente Bella, plantea un debate sobre el papel de la mujer en las historias clásicas de Disney. A su vez, la inclusión de personajes homosexuales en una de las tramas de la película rompe otra barrera, incluso a cambio de sacrificar jugosos mercados como el ruso o el de algunos países del sudeste asiático. En este sentido cabría discutir igualmente si este compromiso social puede reportar beneficios al servir como reclamo comercial, pero ese sería un debate demasiado complejo y extenso que dejaremos para otra ocasión.

Este cuarto elemento de análisis se enmarca también en el intento del cine contemporáneo por reivindicar el protagonismo del que las mujeres se han visto tradicionalmente privadas. El reestreno de Ocean’s Eleven o Cazafantasmas con repartos femeninos puede ser un buen ejemplo. En el caso de la factoría del ratón hemos citado el ejemplo de Maléfica, pero éxitos como Brave, Frozen o Moana demuestran que las princesas Disney han dejado de ser objetos de deseo para ser protagonistas de sus propias historias. Aunque el camino es todavía muy largo, la actualización de clásicos puede suponer un paso más en pro de la igualdad.

A modo de síntesis, las revisiones de clásicos de Disney se explican gracias a la escasez de nuevas ideas en Hollywood, a la nostalgia de los espectadores, al aprovechamiento de las nuevas técnicas cinematográficas y al interés por modernizar y dotar de compromiso a las historias clásicas. Y sí, estos motivos acaban desembocando en el interés comercial, pero las renovaciones que aportan, tanto de fondo como de forma resultan muy bienvenidas. Podemos discutir su calidad y su necesidad, mas no cabe duda de su capacidad para explicar el cine mainstream actual.

(Publicado en Culturamas)

viernes, 24 de febrero de 2017

El autocine o la renovación de un modelo de negocio

FOTO: autocinesmadrid.es

Este viernes abre sus puertas el Autocine Madrid RACE, el primer autocine permanente en la capital desde 1959. Esta apertura acentúa la tendencia actual hacia la diversificación del modelo de negocio para hacer frente a la crisis del sector de exhibición cinematográfica.

La asistencia a las salas varía en función del precio de la entrada y de la calidad del producto: a medida que baja el precio o sube la calidad, aumenta la demanda. Al no tratarse de un bien de primera necesidad, la influencia del precio, así como de la situación económica de los consumidores, es bastante elevada. Así, la mayor parte de grandes apuestas para capear el temporal ha tenido que ver con esta variable: la Fiesta del Cine, los descuentos de los miércoles, etc.

Nuevos modelos de negocio

Sin embargo, los cines han apostado por otro tipo de estrategias, que han dado lugar a iniciativas novedosas para generar un valor añadido mucho mayor al visionado de una película. Sin ese valor añadido, las múltiples alternativas y mejoras técnicas para disfrutar del cine en casa acabarían con el negocio de la exhibición.

En el nuevo autocine de Madrid, además de una forma diferente y un punto romántica de ver películas, se ofrece una experiencia gastronómica y de ocio que trasciende lo cinematográfico. Los asistentes no acudirán solo por ver la película, sino por ser partícipes de la novedad, por la posibilidad de disfrutar del cine el aire libre o por la existencia de food trucks o de un diner americano.

Algo similar han buscado ofrecer desde hace ya varios años el resto de autocines españoles. El de Gijón, por citar solo uno, dispone de un autobús abierto desde el que ver las películas de una forma diferente o de terrazas para que a las dos horas de largometraje se pueda añadir un rato más de esparcimiento en un entorno distinto.

Pero no solo los autocines han ofrecido renovación. También los cines convencionales se han renovado, proyectando películas que en ocasiones escapan los circuitos habituales de exhibición. Películas independientes, jornadas temáticas, una mayor apuesta por la versión original -con o sin subtítulos- o la reposición de filmes antiguos han acompañado a los estrenos más comerciales a los que hasta ahora acostumbraban.

Otro cines han realizado proyecciones especiales con fines educativos para centros escolares, algunos han alquilado de salas para eventos o proyecciones especiales y otros aprovechan su pantalla grande para retransmitir otros espectáculos, como ópera o teatro. También, por supuesto, la técnica ha permitido la aparición de salas que aprovechan las últimas novedades sonoras o visuales.

Algunos cines incluso han comenzado a ofrecer cine a la carta; se crea un evento a través de Internet para proyectar una determinada película y solo tendrá lugar si se alcanza un cupo mínimo de espectadores interesados.

Pero la inventiva va más allá del contenido de la pantalla. A imitación del teatro, algunas compañías ofrecen ya desde hace años precios distintos dependiendo de la ubicación de la butaca en la sala o de su comocidad. También la variedad gastronómica ha aumentado, y ya son muchos los cines que han ampliado su menú fuera de las clásicas palomitas.

También han surgido iniciativas más humildes que han buscado mantener abiertos los cines o determinadas salas a través de cooperativas. Muchos cines han logrado salvarse del cierre gracias a espectadores comprometidos, pasando casi de ser un negocio a un bien cultural.

La renovación está dando sus frutos

Muchas de estas innovaciones reflejan una mayor cercanía a los intereses de los grandes aficionados al cine, que cuentan con nuevas opciones para disfrutar de una película. Pero también, dada su versatilidad, consiguen llegar a un público que hasta ahora no tenía incentivos para acudir a una sala de cine.

La originalidad de todas estas ideas está detrás de la supervivencia de muchas de las salas que, con el modelo de estrenos+palomitas, ya habrían cerrrado. Y también se ha visto reflejado en el repunte en la venta de entradas en estos últimos años. Obviamente, el precio, la mejora de la situación neconómica y el atractivo de las películas también han influído. Sin embargo, más allá de las cifras globales, la renovación del modelo de negocio de los cines es ya imparable. Y de momento, ni el IVA, ni la piratería, ni Netflix podrán acabar con el cine.

(Publicado en Mundiario)

miércoles, 15 de febrero de 2017

Día decisivo para el CETA en el Parlamento Europeo

FOTO: Europa Press
En medio de la ola proteccionista que se extiende progresivamente por los países occidentales, la Unión Europea y Canadá aspiran a dar este miércoles un paso clave para la firma del acuerdo CETA. El Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio (CETA, por sus siglas en inglés) busca derribar hasta un 98% de las barreras al comercio y la inversión entre Canadá y la Unión Europea. Se estima que el PIB de las naciones involucradas cercerá en torno al 0,03%.

Las primeras negociaciones comenzaron en 2009 y el texto se concluyó cinco años más tarde, en agosto de 2014. Pero la firma del acuerdo solo pudo lograrse el pasado 30 de octubre, tras intensas negociaciones con la región belga de Valonia, que inicialmente se había mostrado contraria al acuerdo. Hoy tendrá lugar en el Parlamento Europeo la votación para ratificarlo.

Democristianos y liberales votarán a favor, como también hará buena parte de los europarlamentarios socialistas, entre los que existe una notable división. Los verdes, los populistas y los partidos más a la izquierda y a la derecha votarán en contra. Sería una sorpresa mayúscula que el tratado no se ratificase. De hecho, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se dirigirá mañana a la cámara para agradecer y celebrar dicha ratificación.

El acuerdo entrará entonces en vigor y en los próximos meses comanzará a aplicarse, al menos de forma parcial. Sin embargo, el proceso amenaza con alargarse varios años.

El proceso aún será largo

Para una aplicación total del tratado, se precisa el visto bueno formal de los parlamentos nacionales de todos los estados miembros. El proceso puede durar años, pues los ministerios responsables de economía, medio ambiente o asuntos exteriores en cada país deberán revisarlo minuciosamente.

Además, en algunas naciones esa aceptación depende de más de una cámara parlamentaria, lo que no solo retrasaría la votación nacional, sino que podría llegar a impedirla. Es el caso de Bélgica, que para poder ratificar el acuerdo a nivel estatal, deberá contar con el consentimiento del parlamento valón, que ya ha amenazado con no ratificar el tratado si no se respetan sus reivindicaciones. En total, se estima que a los parlamentos nacionales de los Veintiocho, se sumen diez cámaras regionales más.

Eso no es todo. Varios grupos políticos han anunciado su intención de someter la decisión de los parlamentos a un referéndum popular. Es el caso de los partidos nacionalistas, que cuentan con bastantes opciones de hacerse fuertes en muchos de los países europeos llamados a las urnas este año o el que viene. Si los partidos contrarios al CETA llegaran al poder o lograran mayorías suficientes en sus respectivos parlamentos nacionales, algo que es probable que se produzca en países como Francia, Holanda, Alemania o Austria, la ratificación del tratado no se produciría. El CETA podría pasar años deambulando por los parlamentos europeos hasta conseguir, si lo hiciera, una entrada en vigor completa.

Protestas ciudadanas

Pero la oposición al acuerdo no está solo en las esferas políticas, sino también en la calle. En prácticamente todos los países europeos, incluída España, se han sucedido manifestaciones, algunas de considerable magnitud.

Las críticas se centran en un sistema de arbitraje entre Estados y multinacionales que inicialmente se había concebido como una institución privada. También se había cuestionado el poder que acumulaban las grandes empresas, la pérdida de puestos de trabajo locales -sobre todo en sectores como la agricultura- y la posible bajada de los estándares en materia de seguridad alimentaria y medio ambiente.

Aunque algunos de estos puntos se han intentado limar, muchos ciudadanos siguen mostrándose escépticos, sobre todo debido al secretismo en el que se llevaron a cabo las negociaciones durante la redacción del tratado. 

Estos recelos son muy similares a los que había despertado el TTIP, el tratado que la UE y Estados Unidos habían negociado. Con una oposición popular aun mayor, y tras haber sido rechazado tanto por Trump como por Hillary Clinton durante sus campañas, el acuerdo está congelado. 

De momento el CETA parece que seguirá adelante. Si finalmente consigue implantarse por completo o si acaba también fracasando tardaremos todavía años en saberlo.

(Publicado en bez.es)

lunes, 30 de enero de 2017

El coche eléctrico acelera en España

FOTO: Acciona
El pasado 14 de enero en Buenos Aires se cerraba una de las ediciones más exigentes del Dakar, en la que la meteorología había afectado a varias de las etapas del recorrido. Pero más allá de la dureza del rally, esta edición se recordará por haber sido la primera en la que un coche totalmente eléctrico terminó la mítica prueba. El Acciona 100% EcoPowered consiguió completar el recorrido sin emitir CO2 y sin utilizar combustible. La hazaña demuestra no solo una creciente concienciación con las energías limpias, sino las posibilidades de una tecnología con cada vez mayores prestaciones.

Esas conclusiones son las mismas que explican el importante crecimiento de las ventas de coches eléctricos en España. En 2016 el mercado de automóviles eléctricos aumentó en un 51,5%, según los datos de la ANFAC, la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles. Aquí se incluyen los vehículos eléctricos puros (BEV), de autonomía extendida (E-REV) y los híbridos enchufables (PHEV), mientras los vehículos híbridos, que se contabilizan de forma independiente, han visto sus ventas aumentar en un 68% con respecto al año 2015. En total, las ventas de vehículos de combustión alternativa en España alcanzaron una cuota de mercado del 2,6%.

Estas cifras continúan la tendencia creciente de los últimos años y alcanzan datos nunca vistos. Sin embargo, nuestro país todavía tiene un largo camino por recorrer para equipararse a otras naciones europeas como Francia o Alemania, donde el coche 100% eléctrico supera el 1% de cuota de mercado, mientras aquí no se alcanza el 0,25%. En países como Holanda o Noruega, estos niveles son aun mayores, destacando el 17% del país escandinavo, la referencia a nivel mundial.

Diferencias y desafíos futuros

Aunque la concienciación con el medio ambiente y el nivel de renta de los ciudadanos son argumentos de peso, estas diferencias tienen su origen habitualmente en los incentivos de los distintos gobiernos. En el caso noruego, los vehículos enchufables están exentos de impuestos, tienen acceso al carril bus y a zonas restringidas y disfrutan de gratuidad en los peajes y en los aparcamientos públicos. Alemania, por su parte, incentiva con importantes descuentos a los compradores de vehículos eléctricos. El Gobierno de Angela Merkel también ha anunciado su intención de prohibir la circulación de todos los coches de combustión térmica a partir de 2030.

España intenta recuperar terreno y, a pesar del recorte a muchas de las medidas destinadas a potenciar el coche eléctrico debido a la crisis, el Plan de Impulso a la Movilidad con Vehículos de Energías Alternativas 2017 (MOVEA) pretende fomentar la compra de automóviles “limpios” a través de ayudas. Ese mismo plan aspira también a aumentar el número de puntos de recarga para vehículos eléctricos, otro de los aspectos en los que estamos a la cola de Europa.

Mas, aunque estos esfuerzos estén dando más fruto que en España, la falta de una mayor red de estaciones de recarga sigue siendo uno de los mayores frenos al coche eléctrico a escala global. Por eso, tanto Tesla, que como líder del mercado actúa a menudo de forma independiente, como otros grandes fabricantes de automóviles intentan ahora dotar a Europa de una red de puntos de recarga que hagan más sencilla la circulación con vehículos dependientes de una batería enchufable. BMW, Daimler, Ford y Volkswagen anunciaron a finales de 2016 un plan conjunto con el que buscan construir una red de 400 estaciones de carga por toda Europa.

Pero también hace falta que los coches eléctricos continúen mejorando su tecnología, de modo que la autonomía de sus baterías pueda equipararse a la de un motor de combustión térmica. También será necesario un equilibrio en el precio: los fabricantes se están aplicando en el lanzamiento de modelos eléctricos cada vez más asequibles, pero aun faltan años -se estima 2025- para que se iguale el precio de vehículos eléctricos y tradicionales.

Estas mejoras, unidas a la recuperación económica, los planes gubernamentales y a la creciente preocupación medioambiental, harán que las ventas sigan aumentando en 2017. Y más en España, donde el desembarco de Tesla a lo largo de este año debería suponer el impulso definitivo para el vehículo eléctrico.

(Publicado en Neupic)

martes, 25 de octubre de 2016

"Working" refugees

Three days ago we talked about the entrepreneurship story of the founder of Inditex, the matrix of Zara. We mentioned the shadows that this company had, but we didn’t get into any detail. BBC has done it for us. They broadcasted on Sunday a program about how Turkish factories employ Syrian refugee kids to make clothes. Zara was, together with other big chains like Marks & Spencer, one of the retails that would afterwards distribute those clothes.

Marks & Spencer labels shwon in the program
What BBC’s Panorama showed was the conditions in which refugees, both adults and children, are “employed” in some Turkish factories; they had access to contracts stablishing a payment of one euro per hour. Also, the working conditions, the safety measures and the number of daily hours were far from meeting any decent standard. At least not ours, maybe those standards are not far from Turkish ones, but that’s what happens when you pay a country to get all the refugees you don’t want, because Turkey is already safe, no Human Rights are violated there. Right, Europe?

Let’s get back to the topic. The big Europeans brands that are using these companies are suppliers have already said that they are investigating or that they didn’t know because it was a supplier of a supplier. Of course, they condemn child labor and the exploitation of refugees, some of them already explained that they are collaborating with NGOs to stop that… But these companies are getting millions every day, and in order to do that, being completely fair and caring is not always their most profitable way.

But hey! We are all furious now… go and check your closest Zara or Marks & Spencer shop… I bet it’s not empty. So, who’s the last responsible?

We have always heard that the problem of migration is in the origin, that we have to act there. And it’s true, the drama of these people is not because they want to arrive to Europe; it’s because they don’t want to leave their countries. But there is not much to do for regular citizens about it. Also not many chances for us to leave our jobs and studies to go to the Mediterranean and help. But we do have a power where we are. And it’s bigger than we think.


This case that BBC unveiled has had a big media effect, mainly because the firms involved are the ones we use every day and because we feel it close enough. But it’s just a tiny extra problem in the life of Syrian refugees. And for them it might not be even a problem, because in their conditions, finding a job like that, even if it’s completely unfair and unsafe, it’s the only option to keep surviving.

But this problem goes much further than Syrian refugees. They are usually the most dramatic and present cases, but there is much more out there about the migration topic, also if we don’t know about it. Therefore, our “Migration: From challenge to opportunity” will try to bring some light into one of the most complex of today’s challenges.

(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the  Aspire Conference 2016)

sábado, 22 de octubre de 2016

Entrepreneurship out of Silicon Valley

Busdongo de Arbás is a small village in the northwest of Spain. Located 1300 meters over the level of the sea, winters are very hard for the 100 inhabitants of this place, most of them, retired railway men and coal miners who have seen better times in their industries. Most people in Busdongo have no idea about where Silicon Valley is, and many don’t even know what Google or Apple are. But they do know one of the most successful entrepreneurs ever, Amancio Ortega, born there 80 years ago.

He lived there until he was 14, when his father, a worker of the railway company, was sent to A Coruña, a big city by the Atlantic coast. Shortly afterwards, he began to work for a local shirtmaker. In 1972 he started a bathrobe business and three years later, together with his wife, he opened the first Zara shop. That shop would become the flagship of the biggest fashion group in the world, Inditex.

The business model of Zara and Inditex redefined the whole fashion system: they produce and sell fashionable products with moderate prices; they designed a computer system when not so many companies were even aware of the importance that it would have in the future; they don’t make any advertising outside of their shops, which are located in some of the most commercial corners and buildings of the world; they work with very tight inventories, what allows them to sell their fashion during the season, without needing to reduce their price to get rid of stock; they have a diversified group of shops, so they cover almost every spectrum of the fashion world… This multinational company owns nowadays more than 7000 shops in more than 90 countries in 5 continents. And thanks to it, Amancio Ortega is now sitting next to Bill Gates as the richest man on Earth.

Now, we don’t want to forget that there are shadows in that road to success, even though we can consider Inditex as a more or less fair player in the capitalism game. And no, we don’t always like that game. So, if we don’t like something, we have to change it, and no better way to do this than showing that there are alternatives.

Today, an entrepreneur in the field of fashion would need very likely more than just cheap trendy clothes; eco-friendly processes and completely fair labor conditions could be a nice option. Maybe not to become richer than Amancio Ortega, but to prove that entrepreneurship is another way of changing the rules, making your business your own particular Manufactury of Change.


Far from the glamour of North American garages and smartphones, this was an example of a real successful entrepreneurship story and, somehow, we could also see it as an aspiring one. There will be many of those, even more interesting, in our “Challenging paradigms through new business models” track.


(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the Aspire Conference 2016)

sábado, 15 de octubre de 2016

Do we need to degrow?

There is no doubt that Pope Francis is being a revolution inside of the Catholic Church. His second encyclical, a particular kind of letter that catholic popes send out, had an environmental content that nobody was expecting from the highest hierarchy of such a traditionalist institution. Laudato si’ criticizes consumerism and irresponsible development, which lay behind climate change and environmental destruction. It also defends a more equalitarian share of wealth and the need of economic growth to be connected to social development.

This text has been even seen as a support by some defenders of Degrowth theories. This movement supports anti-consumerism and anti-capitalism, looking for a better balance between environment and human beings. This theory seeks to reduce production and consumption, which would mean a contraction of economies but, they defend, a more proportional share of wealth and a solution to environmental problems.

Would that work? Is it necessary such a “drastic” measure? Is environment more important than employment? Are we (and our governments, enterprises and societies) willing to sacrifice economic growth in order to stop the destruction of environment? Could we sacrifice our life standards, high-technology devices, comfortable homes and exquisite diet? Up to what point our life style would be affected? Is there any alternative to keep growing in a way that our planet would resist?

Some of these questions were also made around the transcendental 2015 United Nations Climate Change Conference in Paris. The COP 21 showed that countries are more concerned about climate change and environment protection than ever. But above that, they are still more concerned about employment and economic growth of their societies.

Degrowth, whether if Pope Francis likes it or not, doesn’t seem to be in any agenda right now. We might not need it and maybe there is a way to make development sustainable without affecting our economies. But we should find it soon. Otherwise, climate change might be not only an environmental catastrophe, but also a huge handicap for economy and employment. Or you think it’s easy for countries to develop when they are flooded or during a draught?


And that’s where our Aspire 2016 track “Limited resources – limiting resources” appears. With the objective of finding the right balance between our infinite needs and the limited resources available to satisfy them, this track will reunite experts and motivated people around a topic that is more urgent that it seems.


(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the Aspire Conference 2016)

lunes, 3 de octubre de 2016

Navigating under the storm


The economic crisis was disappearing, employment figures were slowly growing, recession was already in the past and the rescues, little by little, seemed to work. The Euro and the EU looked saved. But just when we thought the storm was over, the hurricane struck.

The European Union, although built initially upon shared economic interests, has Equality, Freedom, Democracy and Human Rights as main values. Those basic principles are at stake now, pushing the EU towards the biggest challenge in its history.

Let’s start with the refugee crisis. Many people are turning their hopes to Europe, looking for that land of Freedom and Human Rights that we are supposed to be. But the lack of solidarity, both between European countries and with the asylum seekers, has shown exactly the opposite. And with some countries welcoming refugees while other were building new walls, the EU showed how unprepared she was to give an answer to this humanitarian problem. So far, the only solution offered was a deal with Turkey so the problem stays far from our borders, but without really caring about the Human Rights of those refugees.

This whole refugee crisis increased a process that had already started during the economic crisis: the appearing and growing of populist, nationalist and extremist parties all across Europe. Some ideas that we thought buried in the past returned, offering the same easy solutions to the complex problems that we are facing. Politics seem to be in the middle of a renewing process, with traditional parties losing their support to some new and interesting ideas, but also to some scaring ones.

Among the last one some might include those supporting the Brexit. The fact that a country wants to leave the Union meant that something was not being done properly. But the possibility that this country might not be the only one shows the dimension of the problem. So far the EU had only added countries, it had never lost one, but that changed now. How to face that new challenge remains still a mystery, but the consequences are still to come.

One of the main reasons for those who voted “Leave” was the threat of terrorism in Europe. France has been so far the most punished country by these despicable actions, but the whole Europe feels the risk. Terrorism is not only scary; it has also meant a cut in our freedom in order to maintain security. And with it, also racism and islamophobia have increased, showing precisely what shouldn’t be done.

Let’s add to this cocktail the hottest year since there are records due to the effects of climate change, some failed elections in countries like Austria or Spain, the loose  of rights in countries like Hungary or Poland, and the still very damaged economy (that might be facing now the menace of a new financial crisis).

We are in the middle of the perfect storm. And keeping the boat afloat won’t be easy. And if you expect now solutions to these problems, I’m afraid I have none. It’s not that easy. Answers will only be found through dialogue.


That’s exactly what we offer in our Aspire Conference 2016: dialogue about some of the most challenging topics of our days, such as gender equality, migration, new business models and environment. To learn more about the Conference, stay with us, because we pretend to discover how to navigate the crossroads of our days under this perfect storm.

(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the Aspire Conference 2016)

martes, 10 de marzo de 2015

"El IVA cultural bajará del 21 al 10%"


O eso publicaba ayer el diario ABC ocupando toda su portada y con un rojo que ni los mejores tomates. Tras esta información, el secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ferre, declaró que "no hay nada que anunciar" sobre una posible bajada del IVA cultural y Rajoy, desde Nicaragua, ha dicho que “hoy no es posible pero no se descarta para el futuro”. Independientemente de si nos creemos lo que dice ABC, no parece extraño que el Ejecutivo opte por una bajada del IVA cultural en los próximos meses en vista de los comicios que asoman en el horizonte.

La subida del IVA cultural del 8% al 21% supuso un golpe muy duro para un sector que estaba sufriendo con dureza la crisis. La piratería e Internet habían dañado al cine y la música; mientras los altos precios hacían que el teatro y otros espectáculos artísticos se resintieran. En esas estábamos cuando en septiembre de 2012 se produjo ese aumento del IVA en nada menos que 13 puntos. Era más del doble. Y la industria veía peligrar muchos puestos de trabajo.

Pero no afectó a Javier Bardem. Afectó a los pequeños exhibidores, a los grupos de múscia que estaban empezando, a las compañías de teatro más desconocidas... A los de siempre, a la clase media y baja; en este caso de un sector. Y, por supuesto, también tocó el bolsillo del español medio, que tuvo que dejar de ir al cine y de comprar música. Porque había necesidades más acuciantes.

Muchas voces del mundo de la cultura abogaban porque esta subida del IVA era una venganza del Gobierno popular por su posicionamiento contra la Guerra de Irak y que, dicen, acabó costando las elecciones de 2004 al PP. Me cuesta creer esa teoría; me inclino más por la opción de que unas personas con no demasiadas luces adoptaron una serie de medidas que quizás hubieran debido llevarse a cabo de diferente manera. A esto hay que sumar la opinión, un tanto generalizada en nuestro país, de que la cultura es algo prescindible para la sociedad.

Efectivamente, comprar un abrigo en invierno, pañales para un bebé o comer a diario son mucho más importantes que ver una obra de teatro. Pero la cultura, que es el arte, no puede ser despreciada en una sociedad. No se puede dejar de lado un sector que aporta creatividad, educación e identidad a un país. Y, en términos más prosaicos, que mueve grandes cantidades de dinero y que emplea a muchas personas.

Por eso entiendo que el IVA cultural debería bajar. No solo para salvar al sector y que pueda seguir participando de la economía espaola, sino como elemento de creación de riqueza en términos de educación, entretenimiento, creatividad y valores.

Pero esto lo digo siendo consciente de que hay muchos otros productos que deberían ver su impuesto sobre el valor añadido reducido. De hecho, considero que el IVA de artículos de primera necesidad como pañales y compresas, que también se sitúa en el 21%, debería bajar con mayor urgencia que el de la cultura. Pero eso no creo que figuer en la agenda del Gobierno. Y de eso son responsables en gran medida los medios de comunicación, que prestan más atención a las reivindicaciones de los artistas que de las madres, otorgando mayor prioridad a la cultura que a la higiene. Yo mismo reconozco mi modesta parte de culpa y confieso, que de no ser por el dichoso IVA cultural, no habría descubierto que algo tan básico e imprescindible como los pañales o los productos de higiene femenina son grabados también con un 21%.

Pero los bebés no tienen la capacidad de movilización que tienen las estrellas de la gran pantalla. Y el Gobierno sabe que la reducción del IVA cultural llenará más portadas y abrirá más telediarios que el de los pañales. Y eso, con fines electoralistas, se valora mucho. Aun así, todo lo que sea aflojar el cinturón impositivo sobre los ciudadanos será bienvenido. Aunque el único motivo para hacerlo sea seguir apoltronado en el sillón del ministerio.

(Publicado en Neupic)

sábado, 8 de noviembre de 2014

El cine es una Fiesta para todo el año

La última edición de la Fiesta del Cine, celebrada durante los días 27, 28 y 29 de octubre, ha conseguido que más de 2 millones de personas acudan a las salas para disfrutar de la cartelera: en pantalla gigante y con sonido envolvente. Los cinéfilos hemos disfrutado de proyecciones a un precio asequible, toda una suerte dado los tiempos que corren y con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina. Para poder beneficiarse de este chollazo, los organizadores, en esta ocasión, han facilitado la adquisición de entradas promocionales, individuales y para grupos, desde la página web oficial; no obstante, los menores de 14 años y las personas mayores de 60 estaban exentos de obtener dichas acreditaciones. Todo había sido dispuesto para que las salas de cine recuperasen ese tono vivo que desde hacía tiempo se estaba apagando. No es de extrañar que el último día de la promoción fuese el que más afluencia de espectadores alcanzase, nadie quiso perder la oportunidad de ver los grandes títulos que conjugan la cartelera actual.

Son tantas las buenas producciones que una de las mejores opciones era hacer sesión continua para no dejar escapar ninguna. Por suerte, había cintas para todos los gustos, desde comedia española hasta cine de terror y superproducciones para ser admiradas, preferiblemente, en 3D. Según los datos de asistencia que se han recogido hasta el momento, las películas más vistas durante la Fiesta del Cine han sido: Drácula, la leyenda jamás contada, Torrente 5, Operación Eurovegas y The Equalizer: El protector. Otras, como Perdida, La isla mínimaEl juez o Annabelle, también han obtenido muy buenos datos. Todos los que asistimos a la fiesta del celuloide, sea cual fuere nuestra opción, reafirmamos nuestro gusto por el cine y comentábamos cuánto nos gustaría asistir con mayor frecuencia. Y es que ir al cine siempre ha sido una de las aficiones por la que más hemos optado cuando de disfrutar del tiempo libre se trata. El confort y el ambiente que se crea en las salas es inigualable a cualquier otro soporte donde se pueden reproducir películas.

Hacia la revitalización del cine


Las instituciones públicas, al igual que lo hacen en otros países, deberían apostar más por nuestras salas y filmaciones cinematográficas, los resultados obtenidos en esta pasada Fiesta del Cine lo requieren. La mayoría de los medios han evolucionado en la última década hacia nuevas formas y soportes para ofrecer contenidos, mientras que nuestras salas de cine han sido poco estimuladas y, por el contrario, han sufrido un fuerte mazazo con la desmesurada subida de precio de las entradas. El cine es parte de nuestra cultura, de nuestros hábitos, y algunas de las historias que hemos presenciado desde la butaca han sido cómplices de muchas de nuestras emociones, provocando más de una carcajada incontrolable y contribuido a que se produzcan esos inolvidables amores en el cine de verano.
 
FOTO: El Heraldo de Aragón
En la última década las producciones de cine se han visto afectadas por numerosos factores negativos que han causado un descenso brutal, tanto de las recaudaciones obtenidas como de las asistencia de espectadores a las salas. Estas adversidades no han hecho otra cosa que erosionar un sector que alberga a distintos profesionales que trabajan detrás de cada una de las filmaciones que después encontramos en la cartelera de nuestra ciudad. Advertimos que no pretendemos detenernos en las desgracias que sabemos llevan consigo los despidos y cierres continuos de empresas audiovisuales; sin embargo, sí tratamos de destacar los beneficios del cine en el espectador y reivindicamos, al igual que celebramos con energía, la tendencia positiva en la que se encuentra  el sector en los últimos meses.

Las ganas de los espectadores por recuperar el hábito de acudir con frecuencia a las proyecciones de películas en el cine se han visto revitalizadas con promociones tan interesantes como la Fiesta del Cine. Esto demuestra que los espectadores están dispuestos a pasar parte de su tiempo de ocio en las salas cinematográficas. Todos vivimos con ilusión los instantes previos al comienzo de una película: comentamos nuestras impresiones, charlamos sobre qué actores participan o, simplemente, esperamos con impaciencia a la historia que en breve se construirá sobre la gran pantalla. Asistimos en compañía, con nuestra pareja o bien con la familia al completo, hay quien, incluso, acude en solitario porque prefiere admirar la película sin que nada ni nadie le entretenga. El cine no concluye cuando termina la cinta, todo lo contrario, en ese momento asimilamos todo lo que hemos presenciado y forjamos nuestras opiniones y conjeturas para compartir con los demás: ¿recuerdas las ocasiones en que una película de terror sobrecogedora ha sido comentada con diferentes personas por la impresión que nos ha causado?; ¿cuántas veces hemos debatido esos finales incompletos con nuestros acompañantes durante muchas horas después? ¿Y la satisfacción que sentimos al ver a los pequeños de la casa sonreír y emocionarse con las aventuras que han estado viviendo hace tan solo un momento? Estas y muchas otras circunstancias son producto de esa magia que va adherida y nos proporciona el cine. Los que de verdad apreciamos el valor del cine sabemos que hay muchas maneras de disfrutarlo, y no nos perdemos los estrenos más esperados, por todos los medios, tratamos de asistir a un preestreno y no hacemos otra cosa que alabar las sensaciones que nos suscita el cine.

Por una Fiesta constante


Los precios bajos de las entradas son el aliciente perfecto para que volvamos a poblar las salas, y hagamos de la Fiesta del Cine una festividad para celebrar varias veces al año, con la misma afluencia e intensidad que se merece. ¡Todos al cine!: celebra Mortadelo en el spot promocional de la campaña, y razón no le falta cuando afirma que es la ocasión perfecta para que nadie se quede sin sus entradas. Es difícil encontrar a alguien que no acuda con regularidad al cine por otra razón que no sea por el elevado precio de las entradas. Por ello nosotros seguiremos defendiendo nuestra propuesta, mientras cruzamos los dedos para que la organización de la Fiesta del Cine nos traiga, cuanto antes, más días dedicados al espectador.


Autor: Víctor Manuel Arenas