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sábado, 23 de mayo de 2020

[Series] Review ‘El incendio’. El buen hacer de la intriga británica

David Tennant protagoniza una miniserie tensa y opresiva sobre la muerte de una familia en un incendio en una pequeña localidad escocesa 


El incendio - Portada

Es una de las cimas de la ficción audiovisual británica: la (mini)serie de intriga ambientada en una pequeña población. ‘Broadchurch’ es quizás la referencia más clara, pero en fechas recientes hemos tenido ejemplos claros y de gran calidad, como ‘Back to Life’ o ‘The Accident’, ofrecidas por Filmin en España, que ha encontrado en ellas un filón con trabajos sencillos, de calidad y, en general, con respuestas notables por parte del público. En esta línea, el pasado 19 de mayo se estrenaba ‘El incendio’ (‘Deadwater Fell’), una miniserie de cuatro capítulos que comparte con ‘Broadchurch’ no solo la temática y el estilo, sino también producción y protagonismo para David Tennant.

No es necesario destacar que David Tennant es una de las figuras más relevantes en la televisión británica en los últimos años, pues, además de ‘Broadchurch’, dio vida al ‘Doctor Who’ durante varios años y ha estado presente en producciones como ‘Good Omens’, 'Jessica Jones' o ‘Criminal’. Aquí da vida a Tom, padre de tres niñas que fallecen, junto a su esposa y madre de las pequeñas, en el incendio de su casa, al que él sobrevive. Tras la conmoción inicial, se descubre que el incendio no fue accidental y que hay algo que no cuadra en medio de la tragedia

Esta historia se narra desde la perspectiva de una pareja de amigos de la familia, incorporando nuevas capas y profundizando no solo en el diseño de los personajes, sino también en las relaciones entre ellos. Así, las cuatro principales son figuras complejas, con secretos y oscuridades, y con motivaciones y sentimientos, a menudo, difíciles de desentrañar. Conviene destacar el gran trabajo de interpretación, no solo de Tennant, sino también del resto de protagonistas, destacando a Cush Jumbo, que da vida al personaje más presente y el catalizador con el que el espectador se puede identificar en mayor medida. 

La narración como elemento opresivo 


Particularmente meritoria es la capacidad, tanto de los intérpretes como de la creadora, Daisy Coulam, y de la directora, Lynsey Miller, para transmitir una constante sensación de opresión: opresión de cada personaje sobre sí mismo, de las parejas en cada casa y del pueblo sobre sus miembros. Este aspecto, presente en esas miniseries que indicábamos al principio, resulta de gran interés, pues el pequeño tamaño de esta agradable población escocesa acerca a las personas y estrecha sus lazos, lo que impide la independencia de la investigación policial y obliga a los protagonistas a recuperar sus (traumáticas) relaciones y conflictos pasados.

David Tennant y Cush Jumbo

Se recurre para ello al flashback, con abundante montaje paralelo, en el que no siempre es sencillo establecer el orden de los eventos, lo que incrementa la tensión. Una tensión perfectamente dosificada, que juega con la intriga y el suspense, aunque sin excederse. Resulta adictiva, pero nunca es excesiva, pues la serie resulta compleja en lo que respecta a riqueza de matices, no a dificultad. Un acierto, ya que una mayor atención al desarrollo de la trama y al componente de intriga restaría peso al desarrollo emocional y a la fuerza de la narración. 

Quizás es cierto que la historia central y el misterio, despojados de estos elementos, resultan pobres, mas ahí reside la capacidad de la buena ficción audiovisual de sobrecoger con una base sencilla. Ahí es precisamente donde las miniseries británicas suelen relucir. ‘El incendio’ lo consigue. Y no será la última.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 28 de noviembre de 2019

[Series] 'The Accident': la fortaleza frente a la tragedia

‘The Accident’, mejor estreno en la historia de Filmin, relata la tragedia de los habitantes de un deprimido pueblo galés tras un accidente en el que mueren ocho niños y un adulto



the accident leona

Ha sido el mejor estreno en la historia de Filmin. La miniserie con más visionados durante su primer día. Aunque en parte haya que explicar esto gracias al crecimiento de Filmin (debido, entre otras causas, a promociones como la del Black Friday, a su presencia mediática como garantes de un modelo diferente, a su apuesta por una producción europea y clásica o a su pago de impuestos en España sin trucos fiscales), es evidente que el elemento clave es la calidad y el atractivo de la serie. No sé hasta qué punto ‘The Accident’ tiene el atractivo comercial que le garantice ese honor de estreno más visto de la plataforma, pero desde luego sí tiene la calidad y la capacidad de atrapar al espectador que la inicia.

Es cierto que la carta de presentación de ‘The Accident’ es muy llamativa: serie más vista del año en Channel 4, del creador de ‘The Virtues’ y con las protagonistas de ‘Happy Valley’ y ‘Borgen’. Sin embargo, no creo que esto haga justicia a una obra que va mucho más allá, y cuyo verdadero nivel solo se descubre a través de sus cuatro capítulos. Cuatro capítulos de 50 minutos que saben a muy poco, la historia hubiera dado para más y hay elementos en los que se echa de menos más detalle y detenimiento.

Pero esta estructura, en cualquier caso, es muy acertada para relatar una historia sobre un accidente en un edificio en construcción que acaba con la vida de ocho niños y un hombre en una pequeña localidad galesa. Los cuatro capítulos van distanciándose del accidente que tiene lugar en el primer episodio, mostrando los efectos más directos unos días después en el segundo, profundizando en las secuelas y la construcción del caso unas semanas más tarde en el tercero, y centrándose en el juicio a los responsables varios meses después en el cuarto.

El cuidado de los personajes 


Esta organización de la narración permite que la evolución y el análisis interior de los personajes se muestre de forma extraordinaria. Los tres más relevantes, la joven Leona, su padre, Iwan y su madre, Polly –con una genial Sarah Lancashire–, ofrecen una lección magistral de construcción de unos personajes muy complejos, reflejando el patetismo del padre, la fortaleza de la madre y la evolución de la niña.

sarah lancashire the accident

Más allá de estos tres personajes, de los más ricos y redondos que he visto en mucho tiempo, hay un gran elenco en el que fijarse. En realidad, todo el pueblo, como comunidad que busca recuperarse de la tragedia, ejerce como una figura más, ilustrando el drama a nivel colectivo y profundizando, gracias a ese retrato coral, en las particularidades individuales. Este análisis se adereza con la visualización de las regiones periféricas del Reino Unido y de una cierta lucha de clases, algo que, aunque presente de forma transversal en una gran cantidad de obras de distintos lugares, se suele mostrar de manera muy directa en la producción británica –pienso, como ejemplos muy distantes, en ‘Peaky Blinders’ o en cualquier obra de Ken Loach–.

Todo este retrato ambiental y de los personajes se impone al drama judicial, a las consecuencias del juicio y al reparto de culpas, que pierden relevancia y se convierten en una excusa. El accidente que articula la miniserie escrita por Jack Thorne es, en definitiva, un argumento para contar una historia mucho más importante, la de la resiliencia y la entereza de unos personajes tan reales como los que habitan las regiones más deprimidas y olvidadas de nuestros paraísos primermundistas.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 3 de noviembre de 2019

[Series] 'Un espía entre nosotros': Guerra Fría entre pompa y circunstancia

El 29 de octubre se estrenó en Filmin la miniserie británica ‘Un espía entre nosotros’, en la que Stephen Poliakoff aborda una historia de la Guerra Fría en el Reino Unido


fotograma un espía entre nosotros

La Guerra Fría, con su tensión y amenaza constante, con el riesgo de la aniquilación más absoluta, con su extensa duración a lo largo de décadas y con sus efectos en la geopolítica y la organización del mundo hasta el presente, ofrece uno de los telones de fondo más comunes para la ficción en el cine y la televisión. Estamos acostumbrados –y abrumados por ella– a la perspectiva estadounidense, aunque también abundan las historias ambientadas en la Unión Soviética o en aquellos países en los que se separaban el Este y el Oeste, sobre todo en Alemania y, en especial, en Berlín, materialización más evidente del telón de acero. Sin embargo, no son tan comunes las historias de aquellos países que, alineados con una de las dos potencias, vivían la amenaza de una forma más latente, aunque con los servicios secretos igualmente en constante ebullición.

‘Un espía entre nosotros’ (con el título algo más novedoso de ‘Summer of Rockets’ en la versión original) relata precisamente una historia sobre la Guerra Fría en el Reino Unido, uno de los aliados más poderosos de Estados Unidos, todavía poseedor de un vasto imperio colonial y con el MI5 y el MI6 como servicios de inteligencia de referencia. Este país, en el que la pompa y la tradición chocan con la carrera tecnológica y armamentística de la época, ofrece un entorno menos habitual pero muy interesante para este tipo de historias.
La trama se centra en la figura de un inventor judío de origen ruso que acabará viéndose envuelto en una red de conspiraciones y espionaje. Lo más destacado de esta miniserie de seis capítulos que acaba de llegar a España de la mano de Filmin es que esta historia principal está acompañada por varias líneas argumentales secundarias de gran relevancia. Entre ellas, sobresalen el racismo, la ruptura con la tradición de las hijas de la aristocracia de ser presentadas ante la Reina, la supervivencia de un niño con mucha imaginación en un internado o la búsqueda de un hijo desaparecido. Estas tramas, aunque le restan atractivo a la historia principal, que a veces funciona más como excusa que como elemento central, le añaden una notable riqueza a la narración. 


¿Quién es el espía? 



Es cierto que le cuesta arrancar y que la mayoría de las historias avanzan con lentitud, pero desde el comienzo se percibe que hay más de lo que se ve a simple vista y que la narración no da pasos en falso. Además, existe una tensión casi constante que a mitad de la miniserie ha atrapado al espectador, en parte también gracias a la falta de conocimiento sobre el fondo de cada personaje, no sabiendo de quién fiarse ni qué creer, y dudando siempre sobre quiénes son los “buenos” y cuáles son las motivaciones de cada uno.


un espía entre nosotros timothy spall


Esto no es extraño en las obras de Stephen Poliakoff, que refuerza esta cierta confusión con diálogos y situaciones que tienden a la artificialidad, la exageración o la falta de justificación. Se logra, con todo esto, esa sensación de inseguridad y desorientación que refleja con fidelidad lo que se vivía en los peores años de la Guerra Fría, si bien es cierto que es difícil determinar si es esa la verdadera intención del director y guionista británico o si simplemente le sale así.

En realidad, esto me impide decidir hasta qué punto me gusta la serie. Desde el primer momento es evidente todo su potencial y la fuerza de lo que cuenta, y es incuestionable que las interpretaciones son cuidadas –con Timothy Spall o Keele Hawes como nombres más destacados– y tanto los escenarios como el vestuario gozan de una gran belleza. Pero creo no haber comprendido el porqué de parte de lo que sucede y eso le resta un atractivo que, de otra forma, podría haber convertido a ‘Un espía entre nosotros’ en una obra memorable.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 3 de septiembre de 2019

[Series] 'Back to Life': Un caramelito británico

‘Back to Life’ se estrena en Filmin con una historia pequeña y breve, pero con personajes carismáticos y un humor negro muy atractivo 


protagonista back to life

Hay muchos ejemplos recientes de series británicas, sobre todo de la todopoderosa BBC, que, alejadas de las grandes producciones de las cadenas de streaming, han encontrado su nicho en un contexto cambiante y nada sencillo para las ficciones televisivas tradicionales. Hemos reseñado varias en la web, desde las más populares ‘Fleabag’ o ‘Line of Duty’, a obras más pequeñas como ‘Mrs Wilson’ o ‘Press’, aunque hay muchas más. Hablamos de producciones muy diversas, pero hay una serie de rasgos comunes que coinciden en ‘Back to Life’, estrenada hoy, 3 de septiembre, en Filmin

Quizás el aspecto más asociado a la televisión británica –y, en general, a toda su cultura– sea ese humor tan negro que también concentra la serie creada y dirigida por Chris Sweeney. Los chistes sobre la muerte, la cárcel, el asesinato y el sexo son continuos; también el uso de un lenguaje directo y vulgar le aportan realismo y verosimilitud, así como grandes dosis de humor, permitiendo juegos de palabras. Esto, enmarcado en la pequeña población de Hythe, en la costa sur de Inglaterra, ofrece un escenario realista, sencillo y cercano. Es el mejor marco para una serie como esta, breve y pequeña. Y es, precisamente, en este tipo de series en las que la BBC está consiguiendo unos réditos más elevados, con más prestigio que espectacularidad y con más peso de la trama que de los efectos especiales. 

Una patética historia de reinserción


Esa trama es la de una mujer que regresa a su localidad natal tras años en prisión por haber asesinado, siendo una adolescente, a su amiga y compañera de clase. Su llegada a un lugar en el que todos la conocen y pocos le darán una oportunidad hará que retomar su vida, ese ‘Back to Life’ del título, sea más complicado de lo esperado. A pesar de ser una historia bastante simple, va ganando interés y, a medida que avanzan los seis capítulos de 25 minutos, se van incorporando crecientes dosis de misterio, que complementan la línea argumental principal. Pero, más allá de los acontecimientos, lo interesante es el desarrollo de la narración; no es tan atractivo el qué, sino el cómo, que hace que la serie nos deje con ganas de más. Esto se incrementa por el doble nivel de análisis que, aunque no es muy profundo, sí añade lecturas sobre la dificultad de la reinserción o sobre el rol de los medios de comunicación en los casos más mediáticos. 

back to life filmin

No obstante, por encima de la historia destacan los personajes y su evolución. No se trata de personajes particularmente redondos ni complejos, pero sí que tienen un carisma y un atractivo enormes. Estos personajes incrementan las dosis de patetismo de las situaciones, ayudados en gran medida por unos intérpretes que resultan muy solventes, sacando el máximo jugo de sus figuras. 

Esto potencia la vis cómica de esta serie tan británica, considerada heredera de ‘Fleabag’, que además ejemplifica y resume una forma de producir ficción para televisión: mientras gran parte de los grandes éxitos estiran el chicle hasta dejarlo sin sabor, trabajos como esta serie de Chris Sweeney nos ofrecen un caramelito que nos deja pidiendo más. Menos mal que la televisión británica en general y la BBC en particular siguen apostando por ellos; y menos mal que Filmin sigue trayéndolos a España. Por suerte todavía hay mucho espacio para seguir disfrutando de estos pequeños placeres.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 5 de julio de 2019

[Series] Review: 'Years and years' (2019). El futuro nunca había estado tan cerca

‘Years and years’, emitida en junio en HBO, se adentra en un futuro cercano y realista en el que una familia británica personifica la llegada de un apocalipsis sociopolítico



Ni la distopía socialista del Orwell en 1984, ni la distopía tecnológica de ‘Black Mirror’, ni la distopía postnuclear de ‘Mad Max’. O quizás un poco de todas. ‘Years and years’, la serie coproducida por la BBC y por HBO muestra un futuro cercano y muy realista que combina elementos de múltiples distopías para, en definitiva, realizar un análisis de la dirección que la política mundial está tomando en la actualidad

Ambientada en un lapso de tiempo que abarca los próximos diez años de la sociedad británica, se centra en el devenir de una familia, los Lyons, diversa y moderna, en la que sus miembros, aunque en general bien avenidos, se enfrentan a la realidad que les rodea de una forma diferente. Así, los distintos miembros de la familia permiten una aproximación mayor y más realista a los problemas y desafíos que se retratan. 

Entre esos desafíos, destacan las crisis de refugiados y el ascenso de opciones políticas radicales y populistas. Se trata, en realidad, de fenómenos que ya conocemos en la actualidad, pero llevándolos al siguiente nivel: un líder político populista de cabello platino –magistral, como es habitual, Emma Thompson–, Trump apretando el botón nuclear y llevando la guerra comercial con China a un nuevo extremo, Rusia entrando en Ucrania y ampliando la guerra, islas artificiales con intenciones geopolíticas, partidos extremistas gobernando países europeos, deportaciones masivas de refugiados… Nada, en realidad, que no podamos imaginarnos. 

Ahí reside uno de los principales aciertos y valores diferenciales de esta serie de seis capítulos, pues nos remite a un futuro cercano en tiempo y realidad, lo que permite reflexiones y lecturas mucho más profundas e impactantes. Lo cierto es que los temas no podrían ser más actuales, haciendo referencias a sucesos muy recientes o que siguen desarrollándose en estos momentos –la guerra comercial entre Estados Unidos y China, por ejemplo–; resulta casi sorprendente que una producción televisiva de este tipo pueda mantenerse tan al día en un mundo que evoluciona tan rápido. En ese sentido, ‘Years and years’ demuestra que el mundo cambia y que a veces parece que el apocalipsis se acerca, pero esos cambios y ese apocalipsis no son –ni en mundo real ni en el diegético– instantáneos, sino que se producen de una manera más o menos rápida, aunque sin duda progresiva. 

La estructura que organiza la narración acentúa perfectamente esta sensación, combinando momentos acelerados en los que parece que todo se viene abajo –la amenazante banda sonora resalta estos instantes de manera muy adecuada–, con otros mucho más calmados, en los que la normalidad de una familia se mantiene a pesar de ese mundo convulso que les rodea. La sucesión de años y la linealidad con la que se presenta la trama, ordenada a pesar de los cambios de ritmo, contribuyen a comprender cómo se ha llegado a cada situación.


A pesar de esto, la serie corre riesgos, casi siempre acertados, incorporando elementos o escenas imprevisibles e impactantes. En otras ocasiones se añaden momentos divertidos, explotando el humor negro británico, y en otras son las historias melodramáticas y familiares las que cobran protagonismo. Se logra así un producto muy completo que, no obstante, tiene dos aspectos decepcionantes. 

Dos sombras 


La serie pierde fuerza precisamente en esos momentos en los que pasa a centrarse demasiado en el drama familiar de los Lyon en detrimento de la realidad sociopolítica que les rodea y que es en lo que de verdad destaca la obra de Russell T. Davies. Esta familia, como decíamos antes, funciona muy bien como hilo conductor, personificando esos cambios sociales y (geo)políticos del mundo que se avecina; también tienen carisma y, aunque en unos personajes más que otros, sus hilos argumentales están bien desarrollados. Sin embargo, es una pena que, por tratar historias familiares o amorosas como podría hacer cualquier otra obra, no se pueda profundizar más en aspectos sobre ese futuro que se avecina, algo que ‘Years and years’ logra como muy pocas otras producciones

A su vez, y en parte porque esos elementos amorosos adquieren mayor peso, el final resulta decepcionante. Por un lado, porque el desenlace de las tramas principales resulta menos profundo y elaborado que todo el desarrollo anterior; y por otro, porque, sobre todo en la última escena, la narrativa se pierde por completo, se vuelve más abstracta, y se adentra en algo mucho menos realista que el resto de la serie. 

Y es una pena, porque ese es el elemento diferenciador de la serie. Y es que pocas distopías o historias futuristas habían realizado un análisis tan cuidado, moderado y viable, con sus luces y, sobre todo, sus sombras, del futuro que se avecina en los próximos años.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 6 de mayo de 2019

[Series] Review: 'Mrs. Wilson' (2018). A veces las historias reales más sencillas esconden las mayores intrigas

Filmin estrena este martes la miniserie británica ‘Mrs Wilson’, una poderosa historia familiar basada en hechos reales con una Ruth Wilson extraordinaria que ha sido nominada a cuatro premios BAFTA TV 



No es necesario caer en el tópico de la realidad que supera a la ficción para reconocer el valor añadido que, a menudo como reclamo, y casi siempre cuestionada en función de su fidelidad, supone la etiqueta de “basado en hecho reales”. La serie británica ‘Mrs. Wilson’ es una muestra clara de cómo el origen de la ficción puede servir como acicate, pero sobre todo de cómo el principal valor de esa historia original es cómo está narrada y qué transmite. 

Basada en la historia real de la abuela de Ruth Wilson, productora y protagonista de la serie, ‘Mrs. Wilson’ cuenta cómo, tras la muerte de su marido Alec, Alison Wilson recibe una visita de una mujer que también dice ser esposa del fallecido y, por lo tanto, y como ella, otra señora Wilson. A partir de ahí, el duelo de Alison se verá trastocado por sus descubrimientos sobre quién era su marido. A lo largo de tres episodios de una hora, el espectador va construyendo, de la mano de los recuerdos y las versiones que los implicados cuentan a la propia Alison, su visión de la historia. 

Lo más atractivo, no obstante, no es conocer esa versión como la única aproximación posible a la historia de Alec Wilson, sino dejar la interpretación abierta, como también hace Alison en la carta que escribe a sus hijos, para que seamos nosotros, igual que los hijos de Alec, quienes decidamos cómo juzgarle y, sobre todo, si y cómo perdonarle. A su vez, el guion de la serie, basado precisamente en esa carta de Alison Wilson, consigue capturar el coraje que necesitó esta mujer para enfrentarse al pasado oculto de su esposo.

Ruth Wilson como elemento central de una serie con mucho que ofrecer 


Y sin dudar por un instante de la valía de una narración cargada de flashbacks y del acierto de la libre interpretación que se ofrece al espectador, la mayor fuerza de la miniserie la encontramos en la extraordinaria y poderosa actuación de Ruth Wilson, alma y guía de la historia. Deben destacarse, igualmente, la adecuada ambientación de la serie en las décadas de 1940 y 1950, es decir, en plena guerra y posguerra; la intriga que se despierta a lo largo de trama; ese sello british de tantas producciones de la BBC; y el buen hacer tanto en lo referente a vestuario y maquillaje como a interpretaciones secundarias. Mas todo esto queda subordinado a la, de nuevo, magnífica interpretación de la protagonista.


La miniserie que llega a España gracias a Filmin el martes 7 de mayo, pocos días antes de que se entreguen, el día 12, los premios BAFTA TV, en los que ‘Mrs. Wilson’ cuenta con cuatro nominaciones, incluyendo la de Mejor Miniserie.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 4 de marzo de 2019

[Series] 'Press': Acertada y desfasada crítica periodística

Desde el 26 de febrero está disponible en Filmin ‘Press’, un entretenido análisis del periodismo británico que, aunque desfasado y con errores, refleja el fondo de una profesión cargada de ironías y claroscuros


Press, Serie

Un escritor tan británico como Charles Dickens inició una de sus novelas, ‘Historia de dos ciudades’, con la famosa cita: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura”. En los últimos tiempos, utilizar esta frase para referirse a la situación del mundo y, en concreto, del Reino Unido, se ha convertido en algo habitual. Tampoco creo ser el primero que la utilice para referirse a la situación de los medios de comunicación y la prensa. Y de nuevo, es particularmente válida para hablar de los medios de comunicación británicos: pocos países tienen la tradición periodística y los medios de referencia (BBCThe EconomistThe GuardianFinantial Times) del Reino Unido; pero también son pocos los que tienen tanta prensa sensacionalista (The SunDaily MirrorDaily ExpressDaily Mail) y con tanta influencia.

De esa doble cara del periodismo del Reino Unido bebe ‘Press’, centrado en las redacciones de dos periódicos con sede en Londres. The Post y The Herald, ubicados en dos extremos de una misma plaza, reflejan esos dos modelos: The Post es un diario sensacionalista y conservador con claras semejanzas con The Sun; y The Herald es un medio progresista de calidad, con una tipografía y una política que recuerdan con claridad a The Guardian. Así, los elementos más destacados de la serie son la comparación de dos formas de entender la información, los debates sobre la deontología profesional y las reflexiones sobre el futuro de la prensa en papel

De hecho, se establece una suerte de sinécdoque al asociar periodismo y prensa diaria, a la que considera, si no la única forma de periodismo, sí la más pura. Y esa es, probablemente, una aproximación simplista que, de hecho, ha contribuido a que los propios periódicos sean en parte responsables de su declive (y hablamos aquí del declive que se produce en la realidad, no en la serie). En este sentido, la serie parece olvidar que la forma de hacer periodismo en la redacción de un periódico no es aplicable a otros medios y que el funcionamiento de la profesión ha cambiado de forma radical en los últimos años

Mejor como drama que como análisis realista

Parece, en realidad, que ‘Press’ refleja una situación más propia de finales del siglo XX, cuando conseguir una exclusiva en la portada del diario matutino era el mayor fenómeno mediático. Eso ha cambiado en la actualidad y la portada de un diario ha perdido progresiva importancia, pues la noticia que vaya en la primera plana no suele influir significativamente en sus ventas ese día. Tampoco suele ser relevante la búsqueda de la exclusiva entre los diarios, al menos no en temas como los que se reflejan en la miniserie, algo más propio de medios digitales o de la televisión. Tampoco es habitual que una noticia bomba se reserve al diario de la mañana y no se cuelgue con anterioridad en la red. Tampoco tiene lógica que la lucha entre dos periódicos con modelos tan diferentes sea tan encarnizada: en la realidad The Post y The Herald no serían competidores. [1]

Press, Serie,

En general, el retrato de la profesión es poco realista. O, por lo menos, muy poco actual. No obstante, la miniserie creada por Mike Bartlett sí resulta acertada como alegoría y crítica de lo que esconde el mundo del periodismo. Los detalles no son verídicos, algunos personajes están caricaturizados y la imagen que se presenta está claramente desfasada, pero hay verdad en el análisis de la moral de los periodistas y de sus relaciones con el poder. Si se obvia la forma, el fondo es muy atractivo, censurando algunos comportamientos de la profesión y sin caer en esa idealización tan frecuente en series o películas sobre periodistas. 

Pero hay más aciertos, desde las notables interpretaciones –con Ben Chaplin y Charlotte Riley en los papeles protagonistas– hasta el trabajo de la cámara, que en determinados momentos se acerca mucho al rostro de los personajes, logrando picados que acentúan la intensidad. ‘Press’ resulta además dinámica, con unas dosis de drama y emoción muy atractivas y con una narración bien construida, creciendo en tensión. Así, si en los primeros tres capítulos de la miniserie, en los que predomina la comparación entre las dos redacciones, los fallos de la serie son más visibles, en los tres últimos, en los que el drama personal gana peso y el análisis de la profesión y la industria pasa a un lugar más secundario e indirecto, la serie funciona mucho mejor

Así, el mayor error de ‘Press’ es prestar demasiada atención a detalles y a aspectos periodísticos, en los que se equivoca, en lugar de explotar la combinación de entretenimiento y crítica sutil, en las que es mucho más solvente. Y es que en una serie de televisión no siempre es necesario elegir entre dos modelos como los del Herald y el Post, sino que a veces es posible combinar ambas formas de aproximarse a la verdad. 



(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

[1] [SPOILER] Tampoco el secuestro de la portada de The Herald es coherente, ni el drama que se desata tras ello, ni los cambios tan bruscos de periodistas entre una redacción y otra, ni la conversión de The Herald a un periódico gratuito…

domingo, 11 de noviembre de 2018

[Series] 'La ciudad y la ciudad' (2018): miniserie noir con lecturas políticos-sociales


Filmin estrena el martes 13 de noviembre la miniserie de la BBC Two ‘La ciudad y la ciudad’, protagonizada por David Morrisey y basada en la novela negra de China Miéville. Una obra inteligente, ambiciosa y compleja, con aciertos notables, pero que no consigue despertar toda la tensión que lleva dentro 


Dos ciudades físicamente unidas, pero radicalmente opuestas y separadas. En realidad, una ciudad dividida en dos. No por un muro o una valla, sino por la norma que impide mirar y cruzar hacia el otro lado. Los habitantes de una ciudad desconocen por completo cómo es y qué ocurre al otro lado. Y mientras tanto, la vida continúa en la decadente y nacionalista Besźel y en la más próspera y burocratizada Ul Qoma.
Puede sonar a una nueva alusión a la Berlín de la Guerra Fría, separada por el Muro, materialización del Telón de Acero que separaba los bloques capitalista y comunista. Incluso la torre desde la que se emite la propaganda para que los ciudadanos de Besźel solo vean Besźel recuerda a la Torre de Televisión en la Alexanderplatz berlinesa. No obstante, las referencias en la miniserie de la BBC Two que ahora llega a Filmin son mucho más escasas y sutiles que en otras obras semejantes, como la reciente ‘Counterpart’. 

Aquí el debate va un poco más allá, intuyendo críticas al nacionalismo y tanto al socialismo como al capitalismo, así como a la burocratización, la hipervigilancia o la propaganda. Tiene toques de ‘1984’, aunque sin la crudeza y el control extremo de esta, y realizando un cierto trabajo de aproximación de la distopía orwelliana al contexto actual. 

Construcción ambiciosa y compleja 


Más allá del mensaje y la crítica que subyace, lo llamativo de esta adaptación de la galardonada novela homónima de China Miéville está en su propia construcción. Los cuatro episodios de 60 minutos se organizan en torno a cuatro zonas: Besźel, Ul Qoma, Orciny (una mítica ciudad ubicada, supuestamente, entre las dos anteriores) y la Brecha (la frontera entre las dos primeras, regida por una poderosa y misteriosa organización). La línea argumental que une todo es la investigación del inspector Tyador Borlú del Equipo de Crímenes Violentos de Besźel, que se adentra en un entramado de mitos, conspiraciones y peligros al hacerse cargo del caso de una estudiante extranjera aparecida muerta en Besźel tras haber sido asesinada en Ul Qoma.


Hay un ligero caos en la estructura, que busca épica y complejidad en la narración, aunque parece perderse, generando sensación de desconcierto. Algo semejante ocurre con las visiones y recuerdos del mucho más desconcertado protagonista, notablemente interpretado por David Morrisey, que añaden capas a la historia, pero llegando a resultar en ocasiones innecesarios y hasta forzados, lo que hace que la historia sea más densa. 

Tal vez por eso, su capacidad de impedir al espectador apartar la vista de la pantalla es limitada. Es tensa y atractiva, sobre todo en su dimensión noir y en su valiente apuesta por el thriller político, si bien no consigue satisfacer toda su ambición. Ambición que se aprecia a su vez en la utilización de la imagen, con tomas y planos poco habituales, tendentes a la grandilocuencia y cargados de significado y simbolismo. También la suciedad de Besźel y la composición opuesta y equivalente de las dos ciudades transmite la opresión del entorno con acierto.


En general hay más aciertos –junto a los mencionados también encontramos algunos toques de humor gracias a personajes como la agente Corwi– que fallos –es más bien el hecho de saber que había posibilidades de mejora–. Mas, sobre todo, destaca un mensaje, que sobresale por encima de la alegoría de George Orwell o de las referencias al Muro de Berlín, y es que el dinero vale más que las ideas o los valores y que el nacionalismo no es más que otro negocio. Menos mal que el inspector Borlú no está de acuerdo.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 8 de noviembre de 2018

[Series] 'Regreso a Howards End': precioso y perfeccionista drama de época británico

Hayley Atwell y Matthew Macfadyen en Regreso a Howards End

‘Regreso a Howards End’, disponible en Filmin, combina casi todos los elementos del drama de época británico con unas grandes actuaciones para lograr una obra actual, sutil, inteligente, redonda y (tal vez demasiado) bonita


Pocos países cuentan con una producción tan reconocida y reconocible como el Reino Unido. ‘Downton Abbey’ no es ni de lejos el único, aunque sí es el más característico y al que es imposible no recurrir al analizar ‘Regreso a Howards End. Tampoco es posible separarse de la novela de E. M. Forster en la que se basa, ni de la película homónima de James Ivory estrenada en 1992.

La miniserie dirigida por Hettie MacDonald bebe de todos ellos, explotando al máximo los aspectos propios de los dramas de época británicos: tramas familiares, con un drama más bien ligero pero constante; ese humor británico tan popular y tan difícil de comprender; una banda sonora suave y frecuente; paisajes pintorescos y casas hermosas, con recogidos interiores y abiertos exteriores; el exceso de corrección y pompa de la sociedad, sobre el que constantemente se debate; y una profunda reflexión sobre la diferencia de clases, la revolución de la sociedad y la creciente independencia femenina, con el sufragismo como caso paradigmático. Cada uno de estos elementos puede observarse por separado, pues su riqueza es muy notable.

La trama: el camino de los hermanos Schlegel, sobre todo de las dos hermanas mayores, se cruza con el de la adinerada familia Wilcox y de el de la familia de clase trabajadora Bast. Una herencia disputada, un amor frustrado, un matrimonio casi de conveniencia, diversos líos inmobiliarios, dificultades económicas, alguna infidelidad... A pesar de su desigual gravedad, los temas se tratan con calma y sin excesiva gravedad, adentrándose en lo que significan para los personajes que los viven.

El humor: no abunda, pero es constante a lo largo de los cuatro capítulos, con el caprichoso y brutalmente sincero Tibby Schlegel como elemento cómico.

La música: de gran belleza, aparece en numerosos momentos, ayudando a comprender el tono y la sensación de secuencias que, en ocasiones, no resultan tan explícitas. Predomina la cuerda y el piano, también con presencia diegética.

El entorno: tanto la espléndida residencia rural de Howards End como las residencias urbanas son elementos centrales en la trama; tanto los edificios, más o menos lujosos, pero siempre coquetos y hermosos, como los exteriores naturales y urbanos (muy detallista y trabajada la combinación de carruajes y coches en las calles, un tanto sucias y embarradas) suponen uno de los aspectos más atractivos de la serie, gracias en parte a la preciosa fotografía, que cuida cada plano.

El lenguaje: la formalidad y la pompa británicas se tematizan aquí con personajes, sobre todo los tres Schlegel –de ascendencia alemana–, directos y honestos. La distinción entre la forma de hablar de las distintas clases sociales y entre géneros es sobra la que reposa el debate sobre sus desigualdades.

Regreso a Howards End

La reflexión sobre la desigualdad: es un tema recurrente en este tipo de obras, pues reflejan el momento en el que las brutales diferencias de clase y de género comenzaron a venirse abajo. Por supuesto, ese proceso no ha concluido en la actualidad, por lo que, sobre todo el contenido feminista, tiene una gran vigencia en el presente.

Perfección extrema


Cada uno de estos elementos es tratado con mimo, inteligencia y sutileza. De hecho, esa sutileza es la principal característica diferenciadora de esta miniserie, pues la maldad y la bondad son relativas, buscando comprender los motivos de cada personaje, y sin que sea sencillo incluir a cada uno de ellos en compartimentos estancos, pues su complejidad lo impide. Esto resulta especialmente interesante en lo referente a la discusión sobre la desigualdad social y de género, pues no se realiza un juicio desde la perspectiva actual, sino que, se observa desde la propia sociedad de aquel momento.

Así, la serie resulta cautivadora. Sin que esté sucediendo en la pantalla algo extraordinario, la inmersión en la trama es total, gracias en gran medida al lenguaje y carisma de los protagonistas. Sus actuaciones, en especial la de Hayley Atwell, son muy comprometidas y minuciosas.

Hayley Atwell y Matthew Macfadyen en Regreso a Howards End

Esto no impide, quizás incluso promueve, que la miniserie resulte excesivamente bonita y perfecta. El cuidado de cada plano, de cada situación y de cada diálogo llega a resultar un tanto empalagoso y a restarle credibilidad. Esto se ejemplifica en el último tramo del último episodio, en el que todo debe quedar resuelto y adornado. Sin embargo, el cierre resulta aséptico y precipitado, sin la profundidad y el nivel de detalle del resto de los capítulos, y con una inverosímil pulcritud.

Ese cierre deja una sensación agridulce, propia también de este tipo de producciones, si bien aquí no es una opción de la historia, sino una discutible decisión narrativa. Tal vez fuera este elemento el único que faltaba a esta miniserie para hacer un arte de todas las características del drama de época británico.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 20 de agosto de 2018

[Series] 'The Innocents': cuando una historia que engancha no es suficiente

'The Innocents': cuando una historia que engancha no es suficient

En ocasiones es necesario encontrarnos con series más o menos mediocres o que situaríamos por debajo de la media –en ningún caso hablo de malos trabajos– para poder darnos cuenta del verdadero nivel que las producciones de ficción televisiva han alcanzado en fechas recientes. La británica ‘The Innocents’ es una de esas series que hace algunos años hubiera estado en el top y que hoy parece decepcionar si se compara con otras grandísimas obras disponibles en Netflix, la plataforma en la que se estrena el próximo 24 de agosto.

June, una adolescente que vive con un padre muy restrictivo y un hermano que padece agorafobia, huye desde su pequeño pueblo hacia Londres con su novio del instituto. Allí, un intento de secuestro por parte de un hombre que dice conocer a su madre hace que June comience a experimentar cambios en su cuerpo que le llevan a adquirir de forma temporal la apariencia de las personas a las que toca. Una condición que, aparentemente, su madre también compartía. 

Sin resultar rompedora, se trata de una idea original que engancha, generando nuevas preguntas a medida que avanza. En este sentido, la narración resulta intencionadamente compleja, no permitiendo atar cabos hasta pasados un par de capítulos, e incorporando nuevas incógnitas, personajes y complicaciones en la trama.

The Innocent serie de Netflix

Escaso interés fuera de la historia 


Pero más allá de ese atractivo e interés por conocer el desenlace y las explicaciones que argumentan lo que conocemos, la serie no corre riesgos. El montaje y determinados aspectos de la narración resultan convencionales y previsibles, mientras que las actuaciones tampoco son extraordinarias. Se echa en falta algún elemento formal o técnico identificativo que ayude a resaltar y aprovechar el potencial de la historia. 

Volviendo al comienzo, en un contexto tan sobrecargado de series, y de buenas series, es necesario algún aspecto diferenciador, La nostalgia ochentera de ‘Stranger Things’, el carisma o la forma de hablar de los protagonistas de ‘Narcos’, la reivindicación por la libertad sexual en ‘Sense8’ o la estética oscura y misteriosa de ‘Dark’ –por citar solamente ejemplos de Netflix– son los que hacen que las tramas, ya de por sí atractivas de estas producciones, puedan destacar y ganar un valor añadido que las convierten en obras capaces de sobresalir. Eso es lo que le falta a ‘The Innocents’.

The Innocent serie de Netflix

No obstante, habiendo visto solo los cuatro capítulos disponibles antes del estreno, y siendo conscientes de la progresión en estos, el interés por la serie protagonizada, entre otros, por Guy Pearce, todavía tiene margen y capacidad para aumentar. Aunque todavía no sea conocido, la aparición de algún elemento diferenciador que complemente la trama, junto a un ligero pulido de las actuaciones y la fotografía, podría convertir en notable a una obra, por ahora, convencional.

Lo mejor: el interés por conocer qué ha pasado y qué pasará
Lo peor: su falta de riesgo y de atrevimiento para lograr una serie diferente


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 22 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Hace una semana el mundo, o la parte de él al que este tipo de noticias le afectan, se estremecía por el ataque de Estados Unidos, en coalición con Francia y Reino Unido, sobre Siria. Aunque el bombardeo se saldó, hasta donde se sabe, sin víctimas civiles ni militares, se desconoce el riesgo real que existió para soldados y civiles sobre el terreno. Lo que sí es casi evidente es que el riesgo para los atacantes fue muy bajo. Esa es la tónica habitual en una gran cantidad de operaciones militares en la actualidad, en la que los misiles teledirigidos o lanzados desde drones han permitido que el peligro para quienes aprietan el botón sea casi inexistente. 

Esto, que podrían ser buenas noticias cuando quien dispara es “de los buenos” –no hay comillas suficientes para remarcar esto–, plantea una serie de dilemas éticos muy importantes. Esos dilemas son los que 'Espías en el cielo' ('Eye in the Sky', 2015) pone sobre la mesa.

La película narra una operación de captura dirigida por el ejército británico, en colaboración con las fuerzas armadas estadounidenses y kenianas, sobre terroristas de Al Shabbaab en Nairobi (Kenia). Sin embargo, un cambio de circunstancias obliga a que el objetivo de la misión pase a ser matar a los terroristas. El protagonismo recaerá entonces sobre los pilotos del dron, que actúan desde Estados Unidos y que serán quienes deban efectuar el lanzamiento del misil, y sobre el gabinete, con presencia de un ministro, reunido en Londres, que será quien deba decidir si se da luz verde al operativo.

en esa cadena de decisiones entran en juego diversos conflictos militares, políticos, legales y, sobre todo, morales. Decisiones que deben ser tomadas con celeridad y bajo una inmensa presión, sabiendo que hay muchos intereses, además de vidas inocentes, en juego. Pero la obra de Gavin Hood no se posiciona con claridad, intentando reflejar la complejidad de las decisiones militares que se toman a miles de kilómetros y el error que supone utilizar argumentos simplistas o totales en esos debates. 

Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Una lección de humildad a todos los que alaban o critican sin el conocimiento y la empatía suficientes sobre un asunto mucho más complejo y lleno de aristas de lo que la mayoría de la población pueda suponer. 

Pero también una lección de cine. Primero, por la interpretación de sus magníficos actores, sobre todo Helen Mirren ('La dama de oro') y Alan Rickman. Segundo, por su construcción del suspense, siguiendo la lección de Hitchcock y la bomba bajo la mesa, solo que aquí la bomba no está bajo la mesa, sino en un misil que cae de un avión no tripulado. Y tercero, por el control de la narración y su estructura, que ayuda a construir la tensión, a transmitir la complejidad de la cadena de mando y de asunción de responsabilidades y a profundizar en la discusión sobre las nuevas formas de hacer la guerra.

Una discusión que queda premeditadamente inconclusa, porque la operación se cierra, con mayor o menor éxito, pero el dilema permanece abierto. Mientras tanto, los espías seguirán en el cielo. Y los inocentes, saltando por los aires. 

Lo mejor: su tensión y el debate moral que plantea 
Lo peor: que puntualmente recurra a algún truco para ganar efectismo
Nota: 8,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 2 de abril de 2018

[Series] 'The Terror': tensión y frío en el ártico

'The Terror': tensión y frío en el ártico

En 1845 partió de Inglaterra la Expedición Franklin con la intención de completar el codiciado Paso hacia el Noroeste. Inmersos en la época del colonialismo, los británicos aspiraban a dominar el paso por el Ártico que les permitiera conectar y comerciar con Asia sin bordear el continente africano. La expedición, compuesta por los modernos y poderosos navíos Erobus HMS Terror, quedó atrapada por el hielo y todos sus tripulantes fallecieron. Las investigaciones llevadas a cabo ya en este siglo han afirmado que las muertes se produjeron por neumonía, tuberculosis, escorbuto, así como por los efectos del frío y el hambre –se cree incluso que algunos de los expedicionarios llegaron a recurrir al canibalismo–, todo ello agravado por el envenenamiento derivado del plomo de las latas de conservas. 

Este 3 de abril se estrena en AMC 'The Terror', una serie de diez capítulos, producida por Ridley Scott y que ha despertado el aplauso de la crítica y una notable expectación. La novedad de la serie, inspirada en la novela homónima de Dan Simmons, es la incorporación de elementos ficticios que añaden a la desesperación, el aislamiento y el frío extremo un componente de terror inexplicable y paranormal.

Así, la zona que bordea la isla del Rey Guillermo, en el norte de Canadá, donde quedan atrapados los miembros de la tripulación se transforma en un entorno más amenazante si cabe. La tensión, la construcción de un peligro invisible, en un contexto especialmente duro y con personajes llevados al límite hacen que podamos sentir en nuestras casas una amenaza al acecho constante y, sobre todo, un frío helador como el que debían de sentir los protagonistas. 

Para descargar esa ansiedad la serie dirigida por Edward Berger incorpora interesantes flashbacks que, además de introducir una nota de color en una producción oscura y neblinosa, ayuda a construir la historia y el carácter de los protagonistas, dotándoles a ellos y a la trama de complejidad y profundidad.

'The Terror': tensión y frío en el ártico

Es inevitable la comparación con 'Master and Commander', ambientada en el mismo siglo y en también a bordo de una embarcación inglesa. Aun situada en el extremo opuesto del globo, la que probablemente sea la mejor película sobre aventuras navales podría encontrar una digna sucesora en esta serie. Y es que resulta ambiciosa, grandiosa, un prodigio técnico y visual, emocionante, narrada con pulso… Además de contar con las magníficas interpretaciones de notables actores británicos con amplia experiencia en exitosas series, como Tobias Menzies ('Juegos de Tronos' o 'Outlander'), Jared Harris ('Mad Men' o 'Fringe') y Ciarán Hinds ('Roma' o 'Juego de Tronos'). 

Todos estos elementos, junto a la combinación de hechos reales con aspectos ficticios que le añadan suspense, hacen esperar que la serie tenga un mejor desenlace –tal vez no en la trama, pero sí en su andadura televisiva– que el evento histórico. Como buen rompehielos, 'The Terror' avanza segura y firme, demostrando que en el mar de las ficciones televisivas hay sitio para los grandes navíos en los que navegan los buenos trabajos.

'The Terror': tensión y frío en el ártico

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)