Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2020

[Documental] Crítica: ‘Ciberguerra en las Elecciones Estadounidenses’. La puerta trasera para la manipulación electoral

HBO estrena el documental ‘Kill Chain: The Cyber War on America’s Elections’, que destapa las vulnerabilidades del sistema de voto electrónico en las elecciones estadounidenses, aunque con una argumentación floja e insuficiente


Ciberguerra Portada

Al analizar ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’ hablábamos del fenómeno de las noticias falsas como una amenaza para las Elecciones Presidenciales de Estados Unidos que deben celebrarse este año. Esas campañas de desinformación son, en realidad, una forma de guerra asimétrica y de terror cibernético cuyo objetivo no es necesariamente convencer de una mentira, sino que suele ser suficiente con introducir duda y caos en un sistema. La guerra cibernética es muy amplia, desde el robo de información hasta el hackeo de recursos e instalaciones críticas, y constituye una amenaza de la que ningún país está libre. Y menos el país más poderoso e intervencionista en el exterior del mundo: Estados Unidos.

‘Kill Chain’, que llega a HBO España el próximo 27 de marzo, es un documental bastante preocupante sobre la falibilidad y vulnerabilidad del sistema de votación existente en Estados Unidos, en el que cada estado tiene capacidad de decidir el sistema y en el que en gran parte de los centros de votación utilizan máquinas electrónicas, sin papeletas que puedas ser verificadas antes un hackeo o fallo de unas máquinas obsoletas y más expuestas a ello de lo que las autoridades estadounidenses quieren admitir. Cuenta con la participación de hackers y expertos en ciberseguridad, con Harri Hursti a la cabeza, que demuestran en repetidas ocasiones algo que ya habían demostrado en 2006, en el documental ‘Hacking Democracy’: que el sistema de voto electrónico estadounidense es menos seguro de lo que sus responsables defienden. 

Si lo que se cuenta en el documental es cierto, la amenaza es inmensa y la situación es inquietante. Por supuesto, no hay motivos para dudarlo; ahora bien, salvo para los mayores expertos, el documental no permite comprobarlo, pues realiza una aproximación muy poco didáctica y de difícil acceso para el ciudadano medio, que puede creerse estos argumentos como puede creerse los contrarios, ya que resultan, en su mayoría, inalcanzables.

Un abordaje insuficiente


Al mismo tiempo, y a pesar de la gravedad de lo que se muestra, no parece suficiente, pues es repetir lo mismo una y otra vez: esta máquina se puede hackear; esta máquina da errores; esta máquina ya la hackeé en 2006. El cúmulo de errores y problemas a los que se alude es inmenso, pero no deja de ser un mismo problema en diferentes estados y con diferentes máquinas. Se echa en falta una aproximación más completa del problema, abordando quién, cuándo, cómo y por qué. Que las máquinas son hackeables e inseguras puede demostrarse en diez minutos, dejando los ochenta restantes para abordar otras derivadas de la situación, sobre todo si el título ambiciona “la guerra cibernética contra las elecciones americanas”.


Harri Hursti

La otra limitación de la obra es la de no dar voz a la otra vertiente, la de quienes defienden la seguridad del sistema. Es cierto que el documental busca la denuncia, pero la matización de las acusaciones a través de la inclusión de opiniones enfrentadas le hubiera añadido riqueza y, probablemente, mayor capacidad persuasiva. Lo mismo hubiera ocurrido con un repaso más global de la situación, observando errores y aciertos de otros sistemas. Así, la apresurada conclusión de que la solución es utilizar papeletas que garanticen la revisión en caso de duda, error o ataque informático, aunque a priori acertada, no tiene la suficiente justificación.  

Un documental que pretende destapar una amenaza tan importante, con acusaciones de tal gravedad y con unas ambiciones tan elevadas no puede abordar el problema desde una sola perspectiva, con un número tan reducido de voces y con un foco tan limitado del problema. Es encomiable y muy necesario el objetivo, lo que falla es el proceso para lograrlo; es una lástima, pues, con mejores argumentos, esta obra tendría que sacudir el proceso electoral en el que se encuentra la todavía nación más poderosa del planeta. 

Lo mejor: la urgencia e importancia del tema
Lo peor: la insuficiencia de los argumentos
Nota: 5,5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 19 de marzo de 2020

[Documental] Crítica: ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’. La política estadounidense y las noticias falsas

Aunque atractivo, el documental ‘Posverdad: La desinformación y el coste de las fake news’, que HBO estrena el día 20, se aproxima a este fenómeno de manera incompleta y con una visión excesivamente centrada en la política estadounidense


Portada Posverdad

La situación tan extraordinaria en la que nos encontramos está dejando la política en un segundo plano. Las primarias demócratas en Estados Unidos también se están viendo afectadas, siendo aplazadas en algunos estados y extremando las precauciones en los que se han celebrado. Aun así, el proceso lleva en marcha un tiempo y, además del coronavirus, hay una amenaza, algo más subyacente pero igualmente preocupante, cuya sombra alcanza las anteriores Elecciones Presidenciales de Estados Unidos en la que ganó Donald Trump. Las noticias falsas.

El documental que estrena HBO el día 20, dirigido por Andrew Rossi, aborda este problema desde una perspectiva exclusivamente política y estadounidense, intentando comprender las consecuencias que este fenómeno tiene sobre los ciudadanos de a pie. Es un punto de vista interesante y no demasiado común; sin embargo, al obviar un análisis sociológico, tecnológico y comunicativo, impide una mayor comprensión del fenómeno. Se centra en un puñado de casos en los que la desinformación y las noticias falsas tuvieron efectos importantes en la vida de las personas, destacando el Pizzagate, un caso en el que un hombre armado irrumpió en una pizzería al creerse bulos sobre casos de pedofilia que afectaban a la candidata demócrata, Hillary Clinton, y a otras figuras públicas, como el millonario George Soros.

Estos casos y el rol que la desinformación tuvo en ellos, son retratados de manera ilustrativa y completa, mas no dejan de ser casos aislados, que nunca se interconectan y de los que no se extraen lecturas más amplias, por lo que no se profundiza en cómo el fenómeno actual se diferencia de las campañas de desinformación que se han seguido con fines políticos y propagandísticos a lo largo de la historia. En realidad, parte de la tesis de esta obra parece ser que las noticias falsas son solamente una herramienta política y que el buen periodismo puede solucionarlo, lo cual es cierto en parte, pero, una vez más, obvia parte de las dimensiones del problema y libera de responsabilidad a los ciudadanos, retratados aquí solamente como víctimas.

Only in America


Por supuesto, optar por unos casos concretos es necesario para poder comprimir un fenómeno tan amplio en un largometraje de 90 minutos; y poner el foco sobre la política estadounidense, uno de los campos más afectados por las noticias falsas, tampoco es un error. Sí lo es seguir hablando de las noticias falsas como si Rusia fuera la inventora y única responsable y como si el fenómeno no tuviera relevancia en otras esferas y países –la crisis del coronavirus es un buen ejemplo de que esto no es un fenómeno exclusivo de Trump y los rusos–. Y es que para comprender las consecuencias de esta problemática sobre las personas es necesario comprenderla con mayor amplitud, diferenciando noticias falsas de desinformación –algo que hacen algunos de los entrevistados, pero que en ningún momento se explica–, situando el problema en el actual contexto de posverdad –que está en el título, pero que es referido en muy pocas ocasiones y sin clarificar en qué consiste y por qué es tan relevante– y recurriendo a algunos aspectos sociológicos, tecnológicos y comunicativos esenciales para comprender la dimensión alcanzada por este fenómeno en la actualidad.

Pizzagate fake news

En realidad, se podría haber hecho, pues la obra cuenta con el testimonio de periodistas, expertos y académicos de gran prestigio, si bien desaprovechando a algunos de ellos, que apenas aparecen unos segundos en pantalla. El problema, por lo tanto, es de concepto; no es que la narración o el contenido sean incorrectos, sino que se opta por mostrar una imagen incompleta, aunque más atractiva para un volumen más amplio de espectadores. Y es que es innegable el interés de la obra, entretenida y con contenido y reflexiones de gran validez. Podría –y debería– haber ampliado el foco, ganando riqueza y resultando más ilustrativa, mas de esta forma logra un trabajo más cercano al potencial y con mayor capacidad de remover alguna conciencia. 

Lo mejor: la perspectiva humana del problema
Lo peor: la falta de análisis del fenómeno en su totalidad
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 7 de octubre de 2019

[Series] 'Héroes invisibles' (2019): Sobriedad nórdica, verismo latinoamericano

Filmin estrena el 8 de octubre ‘Héroes invisibles’, la historia real de un diplomático finlandés que salvó la vida a numerosos perseguidos tras el golpe de estado militar en Chile


fotograma héroes invisibles

Si bien es cierto que Finlandia cuenta con una historia bastante breve como Estado independiente y que su pasado no es del todo sencillo, su imagen actual, de forma semejante a la del resto de países nórdicos, es de paz, bienestar y neutralidad. En el caso chileno, aunque es, probablemente, el país más próspero y “desarrollado” de América Latina, una de sus asociaciones principales sigue siendo la de la brutal dictadura de Pinochet y el derrocamiento de Salvador Allende a través de un golpe militar. ‘Héroes invisibles’, una coproducción entre ambos países, retrata este hecho histórico, combinando las dos imágenes que se tienen de cada una de estas naciones y apoyándose también en dos formas de aproximarse a la ficción audiovisual.

La miniserie, de seis capítulos de 50 minutos, se centra en la figura de Tapani Brotherus, embajador finés en Chile que, tras el golpe de 1973, acogió, proporcionó visados e intercedió por numerosos chilenos perseguidos por la represión de la dictadura, desobedeciendo incluso órdenes y poniéndose a sí mismo y su familia en peligro. Aunque poco conocida para el público español, se trata de una figura de gran relevancia tanto en Finlandia como en Chile.

Quizá por eso, se echa en falta un estudio mayor de su personaje –que en ocasiones se aproxima excesivamente a un retrato hagiográfico– y, en general, de todos los que tienen protagonismo en la trama. Pero no porque se trate de personajes planos o sin profundidad, sino porque hay un potencial y una riqueza que no se explotan tanto como podrían. La serie se centra en reflejar lo que pasó en Chile y en intentar abordar el contexto histórico global, en el marco de la Guerra Fría, por lo que abandona en parte unos personajes que tienen mucho más atractivo e interés del que se muestra. En realidad, esto no sucede solo con los personajes, sino también con el propio análisis histórico; ambos aspectos están cuidados y presentados de manera correcta, mas queda la sensación de que podríamos adentrarnos más en ellos. Así, la figura un tanto caricaturizada del ministro Ismael Huerta o la del propio Tapani Bortherus, o hechos como las torturas en el Estadio Nacional, la muerte de Allende, el rol de la diplomacia de otros países o el entierro de Pablo Neruda, quedan esbozados, pero sin detenerse en ellos con excesiva profusión.

Acertada aproximación


De esta forma, aunque nos deje con ganas de más, la serie consigue no perderse ni irse por las ramas en su combinación entre drama histórico y thriller. Con esto, se trata de una narración sencilla y apasionante, con la garra suficiente para pegarte a la pantalla, pero sin despistarse con el ruido ni en generar tensión. Mantiene siempre esa sobriedad tan propia de la ficción nórdica, de la que también adopta una cierta sutileza y distanciamiento para no tomar partido de manera burda –si bien es evidente de qué lado se pone–, sino siendo consciente de la complejidad de la situación y sin la urgencia de buscar culpables.

brotherus embajador suecia entierro pablo neruda

Esa sobriedad finlandesa se complementa con un verismo propio de la producción latinoamericana, buscando el realismo y logrando una ambientación muy trabajada, con atención a los detalles. También se captura de manera notable el zeitgeist de la época, a lo que ayuda el uso del color, con abundancia de los tonos apagados y plomizos. Igualmente, los personajes –aunque insisto en que me gustaría un mayor detenimiento en su estudio interno– son fidedignos y creíbles, con un trabajo de casting y una dirección artística muy adecuadas, que permiten transmitir mucho con la sola presencia física de cada figura. 

Junto a lo interesante y relevante del tema, el mayor atractivo de la miniserie que llega a Filmin es precisamente esta combinación de sobriedad y realismo. Esta aproximación hace que podamos observar el golpe de estado chileno bajo un nuevo prisma y con nuevos protagonistas.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 1 de agosto de 2019

[Series] Review 'Orange Is the New Black' (7ª Temporada): La serie en la que mirarnos

La séptima temporada de 'Orange Is the New Black' cierra una serie que cambió el panorama televisivo con una crítica social muy poderosa y con un toque de optimismo


'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Ha sido mucho menos ruidoso y mediático que el final de ‘Juego de Tronos’, pero el final de 'Orange Is the New Black' supone un momento probablemente más determinante por el cambio que esta serie ha supuesto para el panorama televisivo. Y es que 'Juego de Tronos' ha sido uno de los mayores fenómenos televisivos de la historia, mas no ha implicado un punto de inflexión y un cambio de era de las dimensiones del que ha supuesto OITNB.


En 2013, cuando se estrenó esta serie en clave de comedia, Netflix era una promesa de cambio más que una realidad, la televisión seguía regida por las emisiones semanales y las historias estaban mayoritariamente protagonizadas por hombres blancos heterosexuales. Hoy Netflix, que tuvo en OITNB uno de sus primeros grandes éxitos, es líder en el mercado de la televisión y su modelo es replicado por cada vez mayor número de competidores; la forma de consumir series ha cambiado por completo y el lanzamiento de una temporada completa de golpe –algo en lo que OITNB fue pionera– es una práctica frecuente, igual que los maratones; y, sobre todo, la diversidad de personajes protagonistas y la abundancia de historias sobre y para diferentes colectivos, la mayor ruptura que introdujo OITNB, es cada vez mayor.

Manteniendo la esencia 


Consciente de su relevancia, esta séptima y última temporada ha regresado parcialmente al origen, con más humor que en entregas pasadas y centrándose en la evolución de unos personajes que han mostrado unos arcos muchos más cuidados que esa serie de la que hablábamos antes. Tras dos temporadas discordantes –la sexta se centró en un nuevo escenario con nuevos personajes, mientras la quinta fue exclusivamente la historia de la revuelta en la cárcel– que, no obstante, levantaron el vuelo tras haberse quedado un tanto estancada en la tercera y la cuarta temporadas, estos últimos trece episodios permiten cerrar de manera satisfactoria y solvente la mayoría de las tramas que habíamos seguido desde el comienzo. Ha sido precisamente en la multiplicidad y riqueza de tramas e historias secundarias donde siempre ha estado el mayor atractivo de la ficción creada por Jenji Kohan. 

'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Y eso se confirma en esta última, pues, aunque el hilo argumental de Piper Chapman (basada en Piper Kerman, cuyas memorias adapta la serie) es el central, con Piper enfrentándose a la realidad fuera de prisión, es el menos atractivo de todos, como ha ocurrido prácticamente desde la primera temporada. La historia de una pija neoyorkina que entra en la cárcel por haber transportado dinero proveniente de la droga en su juventud es mucho menos atractiva y compleja que la de mujeres racializadas, con identidades y orientaciones sexuales no normativas o provenientes de entornos desafortunados

Más crítica social 


En este aspecto, esta temporada incluye un centro de detención de personas inmigrantes, algo que le permite reflexionar de manera mucho más dura y cercana sobre la realidad y, especialmente, sobre la crueldad del sistema de deportaciones y la privatización del sistema penitenciario estadounidense. La serie mira con más fuerza que nunca hacia fuera, añadiendo a este análisis de las prisiones fenómenos como el #MeToo y el acoso, así como la dificultad de la reinserción tras el cumplimiento de una pena de prisión –gracias a los personajes de Piper, Cindy y Taystee, este es el tema central sobre el que gira toda la temporada–. 

Con esto, se detecta un cierto pesimismo hacia la realidad del país y hacia su sistema penitenciario, pero hay mucho más optimismo y una visión mucho más bondadosa hacia las personas que lo pueblan –sean delincuentes o no–. Así, aun dentro de su complejidad, el lado bueno de los protagonistas se acaba imponiendo, de manera que se pierde en multidimensionalidad y resulta más sencilla la distinción entre buenos y malos, alcanzando personajes un tanto estereotipados.

Con esta última temporada imperfecta, que resume una serie imperfecta y por momentos irregular, se demuestra que pocas producciones pueden realizar críticas tan feroces y coherentes al panorama sociopolítico actual en Estados Unidos. Y es que OITNB siempre ha representado exactamente lo opuesto a lo que el actual presidente de ese país representa.

De esta forma, su crítica, dura aunque optimista, hacia el panorama social y político puede trasladarse también a esa nueva era televisiva de la que OITNB se ha convertido en paradigma. Sigamos, por tanto, el ejemplo de OITNB y adoptemos una postura crítica ante este nuevo panorama, pero que no nos falte optimismo para reconocer toda la bondad y belleza que se esconde detrás.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 5 de julio de 2019

[Series] Review: 'Years and years' (2019). El futuro nunca había estado tan cerca

‘Years and years’, emitida en junio en HBO, se adentra en un futuro cercano y realista en el que una familia británica personifica la llegada de un apocalipsis sociopolítico



Ni la distopía socialista del Orwell en 1984, ni la distopía tecnológica de ‘Black Mirror’, ni la distopía postnuclear de ‘Mad Max’. O quizás un poco de todas. ‘Years and years’, la serie coproducida por la BBC y por HBO muestra un futuro cercano y muy realista que combina elementos de múltiples distopías para, en definitiva, realizar un análisis de la dirección que la política mundial está tomando en la actualidad

Ambientada en un lapso de tiempo que abarca los próximos diez años de la sociedad británica, se centra en el devenir de una familia, los Lyons, diversa y moderna, en la que sus miembros, aunque en general bien avenidos, se enfrentan a la realidad que les rodea de una forma diferente. Así, los distintos miembros de la familia permiten una aproximación mayor y más realista a los problemas y desafíos que se retratan. 

Entre esos desafíos, destacan las crisis de refugiados y el ascenso de opciones políticas radicales y populistas. Se trata, en realidad, de fenómenos que ya conocemos en la actualidad, pero llevándolos al siguiente nivel: un líder político populista de cabello platino –magistral, como es habitual, Emma Thompson–, Trump apretando el botón nuclear y llevando la guerra comercial con China a un nuevo extremo, Rusia entrando en Ucrania y ampliando la guerra, islas artificiales con intenciones geopolíticas, partidos extremistas gobernando países europeos, deportaciones masivas de refugiados… Nada, en realidad, que no podamos imaginarnos. 

Ahí reside uno de los principales aciertos y valores diferenciales de esta serie de seis capítulos, pues nos remite a un futuro cercano en tiempo y realidad, lo que permite reflexiones y lecturas mucho más profundas e impactantes. Lo cierto es que los temas no podrían ser más actuales, haciendo referencias a sucesos muy recientes o que siguen desarrollándose en estos momentos –la guerra comercial entre Estados Unidos y China, por ejemplo–; resulta casi sorprendente que una producción televisiva de este tipo pueda mantenerse tan al día en un mundo que evoluciona tan rápido. En ese sentido, ‘Years and years’ demuestra que el mundo cambia y que a veces parece que el apocalipsis se acerca, pero esos cambios y ese apocalipsis no son –ni en mundo real ni en el diegético– instantáneos, sino que se producen de una manera más o menos rápida, aunque sin duda progresiva. 

La estructura que organiza la narración acentúa perfectamente esta sensación, combinando momentos acelerados en los que parece que todo se viene abajo –la amenazante banda sonora resalta estos instantes de manera muy adecuada–, con otros mucho más calmados, en los que la normalidad de una familia se mantiene a pesar de ese mundo convulso que les rodea. La sucesión de años y la linealidad con la que se presenta la trama, ordenada a pesar de los cambios de ritmo, contribuyen a comprender cómo se ha llegado a cada situación.


A pesar de esto, la serie corre riesgos, casi siempre acertados, incorporando elementos o escenas imprevisibles e impactantes. En otras ocasiones se añaden momentos divertidos, explotando el humor negro británico, y en otras son las historias melodramáticas y familiares las que cobran protagonismo. Se logra así un producto muy completo que, no obstante, tiene dos aspectos decepcionantes. 

Dos sombras 


La serie pierde fuerza precisamente en esos momentos en los que pasa a centrarse demasiado en el drama familiar de los Lyon en detrimento de la realidad sociopolítica que les rodea y que es en lo que de verdad destaca la obra de Russell T. Davies. Esta familia, como decíamos antes, funciona muy bien como hilo conductor, personificando esos cambios sociales y (geo)políticos del mundo que se avecina; también tienen carisma y, aunque en unos personajes más que otros, sus hilos argumentales están bien desarrollados. Sin embargo, es una pena que, por tratar historias familiares o amorosas como podría hacer cualquier otra obra, no se pueda profundizar más en aspectos sobre ese futuro que se avecina, algo que ‘Years and years’ logra como muy pocas otras producciones

A su vez, y en parte porque esos elementos amorosos adquieren mayor peso, el final resulta decepcionante. Por un lado, porque el desenlace de las tramas principales resulta menos profundo y elaborado que todo el desarrollo anterior; y por otro, porque, sobre todo en la última escena, la narrativa se pierde por completo, se vuelve más abstracta, y se adentra en algo mucho menos realista que el resto de la serie. 

Y es una pena, porque ese es el elemento diferenciador de la serie. Y es que pocas distopías o historias futuristas habían realizado un análisis tan cuidado, moderado y viable, con sus luces y, sobre todo, sus sombras, del futuro que se avecina en los próximos años.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 20 de junio de 2019

[Series] Review: 'Chimerica' (2019). Reflejo del complejo mundo en el que vivimos

La miniserie británica ‘Chimerica’, disponible desde el 18 de junio en Filmin, combina realidad y ficción para rememorar la elección de Trump en 2016 y la violenta represión en Tiananmen en 1989 en un magnífico retrato que combina periodismo y política en Estados Unidos y China



Llevamos varios años teniendo la sensación de que vivimos un momento histórico: revoluciones sociales o tecnológicas, guerras, elecciones, avances sanitarios y científicos… Incluso hemos hablado de hechos históricos alrededor de la emisión de la última temporada de ‘Juego de Tronos’. Es evidente que el mundo se mueve cada vez más deprisa y, sobre todo, que nunca antes habíamos tenido tanto acceso a conocer lo que sucedía a nuestro alrededor, pero lo cierto es que sucesos históricos que verdaderamente merezcan ese nombre y que cambien por completo las reglas de juego hay muchos menos. La elección de Donald Trump y el referéndum del Brexit en 2016 sí pueden ser ejemplo de ello. Y, por supuesto, también lo son la revolución de Tiananmen y su icónica foto, de las que hace pocos días se han cumplido 30 años. 

Esencia de nuestra época 


Por esto, ni la ambientación histórica de esta miniserie de cuatro capítulos ni el momento en el que llega a nuestras pantallas podría ser mejor. Situar la trama en los días que rodearon a la sorprendente elección de Donald Trump resulta muy acertado porque ese hecho, poco después del no menos sorprendente resultado del referéndum del Brexit en Reino Unido y anticipando –o, tal vez, confirmando– el ascenso de personajes populistas y radicales a los gobiernos de democracias occidentales, supuso una auténtica conmoción a nivel global y sacudió la geopolítica mundial. Por otro lado, que su llegada a España a través de Filmin tenga lugar el 18 de junio, dos semanas después de que se haya conmemorado –aquí, no en China– la masacre que puso fin a las protestas en la Plaza de Tiananmen en 1989 no es casual. Como tampoco lo es que en el Reino Unido, de donde procede este trabajo de Channel 4, se estrenara a mediados de abril, coincidiendo con el aniversario del comienzo de dichas protestas. Por último, que en estos meses se estén viviendo en Hong Kong las mayores protestas desde su anexión por el gigante asiático o que se haya recrudecido la guerra comercial que dirimen las dos mayores potencias del planeta no hace sino reforzar la pertinencia de ‘Chimerica’

Ese es su mayor acierto: saber capturar el zeitgeist, el espíritu de nuestro tiempo como muy pocas series antes que ella. Es cierto que sobre Trump lo sabemos casi todo, pues los medios occidentales y Hollywood se han encargado de ello, pero la crítica a la opacidad china, a la Gran Muralla Digital –The Great Firewall– y a la falta de derechos humanos y democracia es menos frecuente por el interés de la mayoría de productos comerciales de hacerse un hueco en el inmenso y suculento mercado audiovisual chino. Así, resulta muy atractivo observar cómo se refleja esa sociedad que avanza a pasos agigantados en lo económico, convirtiéndose en un mercado capitalista y consumista como ninguno, pero que vive encapsulada en una realidad dictada por el Partido Comunista que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo controla

Periodismo, política y grandes personajes 


La historia, basada en la obra de teatro de Lucy Kirkwood, se centra en Lee Berger (Alessandro Nivola), un fotoperiodista que, en 1989, capturó una de las icónicas instantáneas del hombre frente a la columna de tanques en la Plaza de Tiananmen. En 2016, en medio de la campaña presidencial estadounidense, y tras haber perdido su credibilidad por haber manipulada una fotografía sobre la Guerra de Siria, comienza a indagar para conocer la identidad del misterioso hombre que se plantó ante los tanques con su camisa blanca y sus dos bolsas de la compra. Contará con la ayuda de una veterana colega del periódico y de su contacto en China, Zhang Lin, un hombre perdió a su mujer precisamente durante las protestas de Tiananmen.

FOTO: Jeff Widener

La trama permite, además de comparar la realidad de China y América –de ahí su nombre, ‘Chimerica’–, adentrarse en el sector del periodismo en el momento en el que la posverdad y las fake news se confirmaban como fenómenos ineludibles y en el que los medios tradicionales comenzaban a dar por perdida su batalla contra los digitales. La visión crítica, centrada en la escala de grises y las ironías que existen en este sector, aporta una riqueza añadida. Aquí, la figura del editor del ficticio ‘The New York Courier’ en el que trabaja el protagonista, encarnada por F. Murray Abrahams, nos deja algunas reflexiones muy poderosas sobre la complejidad y la falta de verdades absolutas, tanto en el periodismo como en la democracia. 

También son de gran interés los personajes de Tess Kendrick y de Liuli. Tess, interpretada por Sophie Okonedo, es una analista de datos británica que trabaja para una compañía de tarjetas de crédito y que comienza una relación con Lee; personifica la dificultad de censurar sin miramientos esa visión hipócrita de Occidente que antepone el beneficio de hacer negocios con el inmenso mercado chino a la dramática falta de democracia y de derechos humanos en el país. Liuli, la mujer de Zhang Lin asesinada en 1989, representa, a través de los recuerdos y la imaginación de su esposo viudo, a todas esas voces fuertes y valientes que la represión del Gobierno chino ha ido silenciando. Ambas mujeres son símbolos de lo distante que están el cambio y la democracia del país más poblado del planeta.

Ganas de más 


De hecho, resulta curioso que estos dos personajes y sus tramas parecen secundarios y casi innecesarios hasta el último capítulo. Solo ganan interés cuando estas dos historias pasan del plano de la ficción a representar elementos esenciales en la comprensión de la realidad que se refleja. Y es una pena, porque la trama ficticia, con momentos de puro thriller, también es rica, intensa y con abundantes sorpresas. Al mismo tiempo, la narración, en dos países y dos épocas, ofrece complejidad al retrato y permite comparaciones muy ricas, sobre todo a su inteligencia en el cuidado de los detalles. También resultan acertadas las interpretaciones y la evolución de los personajes. Mas queda ocultada por su condición, mucho más atractiva, de análisis socio-político.


En realidad, haber añadido algún capítulo para poder profundizar más, tanto en los elementos ficticios como reales, hubiera sido muy bienvenido. Y es que son pocas las producciones que aborden temas tan amplios y cargados de aristas de una manera tan alejada de visiones caricaturizadas y absolutas, por lo que es una pena que ‘Chimerica’ no haya tenido espacio para profundizar en ellos como se merecen ni para cerrar todas las historias que comienza

La visión honesta, ecuánime y crítica de ‘Chimerica’ se queda corta para poder abordar todo lo que pretende. Pero esas características, a veces olvidados incluso entre los propios periodistas, son las que convierten a esta miniserie en una obra tan necesaria e importante para comprender el mundo en el que vivimos.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 17 de diciembre de 2018

[Series] 'El milagro': tensa, terrorífica, espiritual, profunda y, sí, milagrosa

La serie ‘El milagro’ llega a Sky España el 22 de enero con su combinación de política, ciencia y fe en una obra misteriosa, intensa y absolutamente adictiva tras convertirse en un fenómeno en Italia


El Milagro, Il Miracolo, Sky,

Hay una serie de elementos que definen a la sociedad italiana y que, como tales, acostumbran a estar presentes en la notable producción audiovisual del país. Esos temas son la mafia, la religión católica y la caótica política. Los tres se encuentran presentes en ‘El milagro’, conformando una santísima trinidad de la grandeza y la miseria italianas, y aprovechando elementos más o menos habituales para combinarlos de manera novedosa y actual. Porque la actualidad de la serie, que se estrena el 22 de enero en España a través de Sky, es incuestionable.

El Primer Ministro italiano, en medio de la campaña del referéndum que sacaría a Italia de la Unión Europea, debe decir qué hacer con la figura de una Virgen que llora sangre que había sido incautada a un capo de la mafia calabresa. Sin aparente explicación científica posible y en un contexto político que obliga a gestionar el hallazgo con discreción, tanto en su vida como en la de las personas que han tenido contacto con la figura comenzarán a sucederse eventos de difícil explicación.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

En cierta medida, podría asemejarse a algunas de las obras de Dan Brown. Sin embargo, la eliminación de un personaje sabelotodo y absolutamente racional y científico como Robert Langdom permite mantener la espiritualidad y el misterio religioso. Además, y contraponiéndose también a ‘El joven papa’ –con el que, entre otras asociaciones, comparte la presencia del actor español Javier Cámara–, ‘El milagro’ no se centra las instituciones religiosas, corrompidas por los hombres, sino que pone el foco sobre el aspecto transcendental y divino y sobre su efecto en las personas. Así, entra en juego un elemento fantástico para unos, religioso para otros, que se sitúa por encima de las normas que establecen las acciones humanas y las leyes de la naturaleza y que incorpora, por su misterio e imposibilidad de comprensión, ciertas dosis de terror. 

Un terror que se deriva de una tensión constante y que apela a la base del miedo, que es el desconocimiento. Si nos da miedo la muerte es, sobre todo, porque no sabemos qué hay tras ella. Tampoco nos atemoriza la falta de luz, sino lo que se pueda esconder en la oscuridad. Y una obra de terror perdería tal condición si conociéramos cuándo se va a producir el siguiente susto o qué explica la presencia sobrenatural que acecha al protagonista. La religión, misteriosa e incomprensible por definición, es de esta forma una fuente inagotable para las obras de terror. Y en esta producción el miedo se manifiesta porque el milagro y lo que le rodea es imposible de racionalizar y comprender

Misterio e intensidad 


Es en ese misterio sobre las causas y las consecuencias de las lágrimas de la figura religiosa donde reside el principal atractivo. La dosificación de la información que se entrega al espectador es magistral, lo que da lugar a una de las series más absorbentes que he visto en mucho tiempo. Saber de dónde procede la madonna y qué ha provocado sus lágrimas resulta tan misterioso como adivinar cuál será el comportamiento de los personajes y los efectos que el misterio tendrá sobre ellos.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

Los protagonistas son atractivos y enigmáticos y, aunque no ha habido capacidad de evolución –los tres capítulos que Sky pone a disposición por adelantado reflejan cada uno de los tres días posteriores al hallazgo–, sí se advierte una profundidad y complejidad notables. Además, aunque interconectadas, las distintas tramas aportan riqueza y variedad, con diferentes aproximaciones al milagro, a la religión, a la vida y a la familia. La familia que, como institución central de la religión, cobra una particular relevancia a lo largo de la narración. 

La fuerza de la serie de Niccolò Ammaniti no se deriva solo de la trama y el misterioso desarrollo de los acontecimientos, sino de su poder visual. Particularmente impresionantes son los planos de la cara de la virgen con las lágrimas de sangre, aunque también la composición de algunas secuencias, superponiendo imágenes de un momento con sonido de otro posterior o anterior, transmite la tensión y la mística de la serie. Asimismo, la banda sonora, que a veces juega con la discordancia y la contraposición a la imagen, incrementa la intensidad.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

De esta forma, ‘El milagro’ es magnífica como ficción audiovisual, pero también lo es su conexión con la política italiana y europea o con los debates entre la fe y la ciencia. Y es que es posible que en pleno siglo XXI para volver a tener fe –y no me refiero solo a la creencia en un ente divino– lo que necesitemos sea un milagro. Y no descartemos que para lograr una serie tan extraordinaria haya hecho falta algún tipo de intercesión divina.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 3 de octubre de 2018

[Cine] Crítica: 'El reino' (2018), de Rodrigo Sorogoyen: magistral retrato de la corrupción


Rodrigo Sorogoyen disecciona y critica la corrupción política en ‘El reino’, un thriller tenso e inteligente protagonizado por un Antonio de la Torre impecable


Un poderoso vicesecretario autonómico que, como la mayoría de miembros de su partido, está involucrado en oscuras tramas corruptas. Un caso destapado por la fiscalía que obliga al implicado a traicionar a unos compañeros de partido que le han dado la espalda por completo. Una lucha sin escrúpulos por acumular más y más poder que sobrepasa al propio caso de corrupción. Mariscadas, fiestas en yates, trituradoras de papel funcionando a destajo, maletas llenas de dinero, cargos políticos con cuentas en Andorra o Suiza... 

Son ya muchos, muchísimos, demasiados los casos de corrupción que acumulamos a nuestras espaldas. Y en mayor o menor medida, casi todos pueden verse reflejados en la trama de ‘El reino’, el último y magistral trabajo de Rodrigo Sorogoyen, presentado en Toronto y San Sebastián y en salas desde el pasado viernes. Crítica profunda, más que juicio moral, de un fenómeno complejo y con unas ramificaciones que no alcanzamos a comprender porque, al final, “el poder protege al poder”. 

La película evita todo tipo de referencias directas que permitan ubicar la trama en una región, en unas siglas políticas o en un caso de corrupción concreto. Esa sutileza y falta de precisión –que puede llegar a resultar un tanto forzada– permiten que lo que se narra en la obra pueda hacerse extensible a todo el territorio nacional y a casi cualquier partido político. De hecho, como se aprecia en un diálogo del film, y como afirmó el propio Sorogoyen, los personajes ni siquiera tienen ideología: son individuos corruptos en un sistema corrupto –hace ya mucho tiempo que no se puede hablar de manzanas podridas–. 

Funciona, de esta forma, como síntesis y análisis de toda una forma de relacionarse con el poder y de hacer política. No obstante, los personajes y las situaciones son fácilmente identificables y a todos nos vienen a la cabeza nombres para el joven y elegante recién llegado que parece querer acabar con la vieja política, a la periodista incisiva en busca de una exclusiva o al líder de un partido que aparece en las anotaciones de un cuaderno. Es evidente que, aunque ‘El reino’ es ficción, tiene clarísimos vínculos con la realidad. 

Lección de cine 


La temática ofrece un material muy jugoso y explotable y la propia actualidad se encarga de ofrecer personajes e historias curiosas, patéticas, desvergonzadas y casi imposibles. Sin embargo, es incuestionable que hay dos elementos clave que convierten a ‘El reino’ en una cinta mucho más eficaz y excitante: los intérpretes y la dirección.


Pocos papeles resultan más complejos para un actor o actriz que el de un personaje con dos caras, pues hay que ser capaz de mostrar ambas de forma verosímil. En este sentido, el reparto en su conjunto está maravilloso, dando vida a cínicos e hipócritas inmersos en un juego de traiciones y mentiras en el que es esencial saber esconder las verdaderas intenciones. Pero destacan dos figuras por encima del resto: Luis Zahera, capaz de transmitir la vulgaridad y el desprecio que despierta un empresario sin escrúpulos como el que él interpreta; y el protagonista absoluto, Antonio de la Torre, por enésima vez, excelso, capaz de cambiar de registro y de desatar la ira de su personaje con una veracidad y fuerza que impresionan. 

Al mismo tiempo, el pulso en la narración y el uso de una banda sonora eminentemente electrónica, así como el manejo magistral de la cámara, los encuadres y los planos, hacen que la obra de Sorogoyen tenga un ritmo vertiginoso. Así, las discusiones, los gritos, los insultos, las amenazas, las traiciones, las alianzas selladas en secreto y los juegos de poder en los que no existen las reglas ni los límites generan incomodidad, intensidad y tensión. Una tensión que no para de crecer hasta llegar a una secuencia final en la que la cámara captura frontalmente a los personajes, que escupen argumentos e interpelan al espectador. 

Y es que, finalmente, lo que hace ‘El reino’ es intentar despertar una reflexión en los espectadores, las verdaderas víctimas y, en gran medida, responsables de este sistema corrupto. Un sistema que era merecedor de una película tan intensa, sobrecogedora e inteligente. Ojalá sea este un paso más para cambiarlo.


Lo mejor: el ritmo, el cuidado de los detalles y toda la crítica que realiza 
Lo peor: que su intención de no citar partidos políticos o regiones lleve a algunas conversaciones a resultar ligeramente artificiales 
Nota: 9/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 28 de julio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'El caso Kurt Waldheim' (2018), de Ruth Beckermann

Crítica: 'El caso Kurt Waldheim' (2018), de Ruth Beckermann

‘El caso Kurt Waldheim’, sobre el pasado nazi del que fuera Secretario General de la ONU y Presidente de Austria, recibió el Premio del Público en el reciente Atlàntida Film Fest


En 1986, tras haber sido Secretario General de la ONU entre 1972 y 1981, Kurt Waldheim se presentaba como candidato a Presidente de la República de Austria por el ÖVP, el partido popular austríaco. Durante la campaña, se hicieron públicos datos sobre el pasado de Waldheim en las SA nazis y su posible participación en crímenes de guerra, una información que se había mantenido oculta hasta entonces. A pesar de estas acusaciones e informaciones, Waldheim fue elegido Presidente. 

Este hecho puso a la sociedad austriaca frente al espejo, pues el pasado de Waldheim, más allá de ocultaciones, mentiras y de la relevancia pública del personaje, no era excesivamente distinto del de muchos otros austríacos de su generación. La película conduce a la reflexión sobre las excusas de Waldheim, extensibles a toda la sociedad: que la población no sabía nada del Holocausto y que su comportamiento era propio de soldados o ciudadanos obedientes. 

Gracias a esto y a determinados intereses geopolíticos de la postguerra, la sociedad austríaca fue considerada, tanto a sí misma como por el resto de países, como la primera víctima del nazismo tras el Anschluss –la anexión de Austria por el Tercer Reich en 1938–y no como una parte culpable. Esa culpabilidad solo comenzó a asumirse tras lo ocurrido con Kurt Waldheim, y no por la gravedad de su historia, sino, precisamente, porque su rol no fue tan diferente del de otros compatriotas. 

Así, la película resulta de una relevancia incuestionable. Primero por la importancia de este fenómeno, poco conocido fuera de la sociedad austriaca, y por la fascinación que despierta que un miembro de las SA nacionalsocialistas alcanzara la presidencia de su país y la más alta posición de las Naciones Unidas. Segundo, por el momento en el que este documental vio la luz, coincidiendo con la llegada al gobierno austríaco de una coalición entre el Partido Popular de Austria (ÖVP), al que pertenecía Waldheim, y el Partido de la Libertad (FPÖ), de corte ultranacionalista y xenófobo.

Crítica: 'El caso Kurt Waldheim' (2018), de Ruth Beckermann

Salvando las distancias –algo que tal vez no se está haciendo con la suficiente frecuencia, cayendo en asociaciones fáciles e injustificadas–, es evidente que lo que se narra en la película ayuda a explicar los acontecimientos de la política actual del país alpino. En este sentido, la propia directora, Ruth Beckermann, afirma al comienzo del documental que “no fue casualidad que estos viejos materiales aparecieran justo ahora”, aludiendo a la cinta VHS que encontró con los documentos audiovisuales relacionados con el caso Kurt Waldheim que ella misma había rodado durante 1986.

Un auténtico vals audiovisual


Más allá de los intensos, inteligentes e interesantes debates políticos que despierta la cinta de Beckermann, debemos reparar en el título original: “Waldheims Walzer”. El Vals de Waldheim hubiera sido una traducción acertada, pues el documental transcurre con un ritmo extraordinario. Trata el tema con conocimiento, pero el saber hacer desde el plano formal no es menos atractivo, ayudando a su comprensión incluso para el público ajeno al tema. 

El material, tanto el captado por la autora en 1986 –con un estilo común al cine protesta germanoparlante de los años 80 y 90–, como el procedente de archivo –entrevistas en televisión, mítines políticos, sesiones parlamentarias…– no se obtuvo pensando en el documental, de ahí que el valor del montaje sea todavía mayor, logrando un muy buen trabajo desde el punto de vista del estilo y la narración. 

El premio en la Berlinale como Mejor Documental y el Premio del Público en el Atlàntida Film Fest confirman la calidad de esta obra. El mayor acierto reside en que el aspecto formal y el ritmo de la narración resultan incuestionables, permitiendo así que el tema de fondo sea capaz de abrir numerosos debates y reflexiones. 

Lo mejor: lo acertado del momento en el que aparece la obra 
Lo peor: la excesiva importancia que se otorga a EE.UU. en el film 
Nota: 8


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 4 de julio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'The Great European Cigarette Mystery’ (2017), de Jeppe Rønde

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'The Great European Cigarette Mystery’ (2017), de Jeppe Rønde

La danesa ‘The Great European Cigarette Mystery’ reabre un polémico caso de lobby en la Comisión Europea con una narración más propia de una entretenida obra de ficción que del documental clásico


En 2012 el Comisario Europeo de Sanidad, el maltés John Dalli, dimitía, presumiblemente presionado por el Presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, por un supuesto caso de corrupción relacionado con un grupo de lobby de la industria tabacalera. ‘The Great European Cigarette Mystery’, una obra danesa que llega ahora a España gracias al Atlàntida Film Fest de Filmin, aspira a indagar en ese tema, pues podría deberse a una oscura maniobra de otros altos cargos, incluyendo al propio Durão Barroso y a Giovanni Kessler, Director general de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude, que buscaban ellos mismos beneficiarse de acuerdos con los lobbies del tabaco. 

Quizás el cine y la televisión, predominantemente provenientes de Hollywood, nos hayan llevado a circunscribir este tipo de historias a décadas pasadas en Washington, mas este fenómeno es mucho más cercano de lo que podríamos pensar. Lo cierto es que Bruselas es, tras la capital estadounidense, el lugar del mundo con una mayor presencia y actividad de lobistas y grupos de presión, y es obvio que el tabaco es uno de los más fuertes y polémicos. Esa es la principal lección que se extrae del documental pues, aunque no arroje ninguna prueba de interés sobre el polémico caso, pone de relieve la importancia de este tipo de actividades, casi siempre ocultas al gran público. 

Y es que, aunque parezcan actividades procedentes de una película de ciencia-ficción o algo casi exclusivo de los gobiernos más corruptos del mundo, el poder de los grupos de presión sigue siendo muy elevado y es interesante sacar a la luz su existencia. ‘The Great European Cigarette Mystery’, no consigue ofrecer sacar conclusiones sobre el tema concreto que proponía, pero sí permite acercarnos a un mundo secreto y oscuro del que probablemente se habla menos de lo que se debería. Y para lograr esto es tan válido un documental como una obra de ficción. 

Más cerca del thriller que del documental


Ese es realmente el debate de la película, que, aunque se distribuye como documental, se aproxima a un thriller político. Observamos a dos periodistas daneses, Mikael Bertelsen y Mads Brügger, que investigan el caso y entrevistan a los protagonistas, principalmente a John Dalli, pero sin que parezcan prestar atención a la cámara. Nunca se dirigen a ella, sino que parecen interpretarse a sí mismos, ajenos al espectador. La acción, a pesar de escenificada y hasta sobreactuada en ocasiones, resulta bastante creíble y comprensible. Y aunque artificial, es una estrategia atractiva, pues además de salirse de algunos patrones más clásicos del documental, se coloca al periodista en el centro, mostrando su proceso de investigación y otorgando dinamismo al relato. No obstante, esta técnica puede llegar a resultar forzada, ya que a través de los diálogos y de la acción se intenta explicar al espectador todo lo que sucede y por qué es relevante, por lo que dichos diálogos resultan artificiales en su intención didáctica.

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'The Great European Cigarette Mystery’ (2017), de Jeppe Rønde

A esto se añade que no se narran los hechos de forma lineal, sino que se reserva información para incorporar más adelante un giro en la trama. Este elemento de sorpresa aproxima la narración, una vez más, al thriller más que al documental, primando el atractivo sobre la veracidad y la verosimilitud. De hecho, incluso suponiendo que todo lo que se narra sea verdadero, lo artificial y artístico de la narración le resta cierta credibilidad. Y, aunque es una herramienta atractiva para comprender el proceso de investigación de los periodistas, es probable que los hechos demandasen otra aproximación. 

Lo que sucede con la película puede resumirse a través de su propio título: ‘The Great European Cigarette Mystery’. Por un lado, resulta decepcionante que el tema del tabaco y de los lobbies de la industria se abandone tan pronto; por otro lado, utilizar la expresión “The Great Mystery”, “El gran misterio” nos da pistas sobre la vocación artística y enigmática de la obra. Así, puede resultar chocante o decepcionante no encontrar exactamente lo que la obra prometía, mas no es una estrategia desacertada y, ante la falta de respuestas, bienvenidas sean las preguntas que plantea. 

Lo mejor: una narración atractiva 
Lo peor: que se aleje tan pronto de los lobbies del tabaco, el tema que inicialmente ofrecía 
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)