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lunes, 17 de diciembre de 2018

[Series] 'El milagro': tensa, terrorífica, espiritual, profunda y, sí, milagrosa

La serie ‘El milagro’ llega a Sky España el 22 de enero con su combinación de política, ciencia y fe en una obra misteriosa, intensa y absolutamente adictiva tras convertirse en un fenómeno en Italia


El Milagro, Il Miracolo, Sky,

Hay una serie de elementos que definen a la sociedad italiana y que, como tales, acostumbran a estar presentes en la notable producción audiovisual del país. Esos temas son la mafia, la religión católica y la caótica política. Los tres se encuentran presentes en ‘El milagro’, conformando una santísima trinidad de la grandeza y la miseria italianas, y aprovechando elementos más o menos habituales para combinarlos de manera novedosa y actual. Porque la actualidad de la serie, que se estrena el 22 de enero en España a través de Sky, es incuestionable.

El Primer Ministro italiano, en medio de la campaña del referéndum que sacaría a Italia de la Unión Europea, debe decir qué hacer con la figura de una Virgen que llora sangre que había sido incautada a un capo de la mafia calabresa. Sin aparente explicación científica posible y en un contexto político que obliga a gestionar el hallazgo con discreción, tanto en su vida como en la de las personas que han tenido contacto con la figura comenzarán a sucederse eventos de difícil explicación.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

En cierta medida, podría asemejarse a algunas de las obras de Dan Brown. Sin embargo, la eliminación de un personaje sabelotodo y absolutamente racional y científico como Robert Langdom permite mantener la espiritualidad y el misterio religioso. Además, y contraponiéndose también a ‘El joven papa’ –con el que, entre otras asociaciones, comparte la presencia del actor español Javier Cámara–, ‘El milagro’ no se centra las instituciones religiosas, corrompidas por los hombres, sino que pone el foco sobre el aspecto transcendental y divino y sobre su efecto en las personas. Así, entra en juego un elemento fantástico para unos, religioso para otros, que se sitúa por encima de las normas que establecen las acciones humanas y las leyes de la naturaleza y que incorpora, por su misterio e imposibilidad de comprensión, ciertas dosis de terror. 

Un terror que se deriva de una tensión constante y que apela a la base del miedo, que es el desconocimiento. Si nos da miedo la muerte es, sobre todo, porque no sabemos qué hay tras ella. Tampoco nos atemoriza la falta de luz, sino lo que se pueda esconder en la oscuridad. Y una obra de terror perdería tal condición si conociéramos cuándo se va a producir el siguiente susto o qué explica la presencia sobrenatural que acecha al protagonista. La religión, misteriosa e incomprensible por definición, es de esta forma una fuente inagotable para las obras de terror. Y en esta producción el miedo se manifiesta porque el milagro y lo que le rodea es imposible de racionalizar y comprender

Misterio e intensidad 


Es en ese misterio sobre las causas y las consecuencias de las lágrimas de la figura religiosa donde reside el principal atractivo. La dosificación de la información que se entrega al espectador es magistral, lo que da lugar a una de las series más absorbentes que he visto en mucho tiempo. Saber de dónde procede la madonna y qué ha provocado sus lágrimas resulta tan misterioso como adivinar cuál será el comportamiento de los personajes y los efectos que el misterio tendrá sobre ellos.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

Los protagonistas son atractivos y enigmáticos y, aunque no ha habido capacidad de evolución –los tres capítulos que Sky pone a disposición por adelantado reflejan cada uno de los tres días posteriores al hallazgo–, sí se advierte una profundidad y complejidad notables. Además, aunque interconectadas, las distintas tramas aportan riqueza y variedad, con diferentes aproximaciones al milagro, a la religión, a la vida y a la familia. La familia que, como institución central de la religión, cobra una particular relevancia a lo largo de la narración. 

La fuerza de la serie de Niccolò Ammaniti no se deriva solo de la trama y el misterioso desarrollo de los acontecimientos, sino de su poder visual. Particularmente impresionantes son los planos de la cara de la virgen con las lágrimas de sangre, aunque también la composición de algunas secuencias, superponiendo imágenes de un momento con sonido de otro posterior o anterior, transmite la tensión y la mística de la serie. Asimismo, la banda sonora, que a veces juega con la discordancia y la contraposición a la imagen, incrementa la intensidad.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

De esta forma, ‘El milagro’ es magnífica como ficción audiovisual, pero también lo es su conexión con la política italiana y europea o con los debates entre la fe y la ciencia. Y es que es posible que en pleno siglo XXI para volver a tener fe –y no me refiero solo a la creencia en un ente divino– lo que necesitemos sea un milagro. Y no descartemos que para lograr una serie tan extraordinaria haya hecho falta algún tipo de intercesión divina.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 2 de noviembre de 2018

[Cine] Crítica: ‘Asesinato en la universidad’ (2018), de Iñaki Peñafiel: notable en promoción, suspenso en cinematografía

‘Asesinato en la universidad’ (2018), de Iñaki Peñafiel

El telefilm de TVE aprovecha el pasado y la belleza de Salamanca y su ocho veces centenaria universidad, pero falla en una narración poco sutil y predecible


Asesinato en la universidad’ cumple su objetivo de servir como celebración del VIII Centenario años que ahora cumple la Universidad de Salamanca; repasa algunos momentos y personajes clave de su historia y explota la belleza y los tópicos –ese hornazo– de la ciudad y de la propia institución, poniendo de relieve el papel esencial que ambas han tenido en la evolución de la historia, la literatura, el pensamiento y el conocimiento en España. Es indiscutible el valor publicitario que el telefilm tiene para una ciudad de la hermosura y el recorrido histórico y educativo de Salamanca. Como película de drama o intriga, su valía es bastante más dudosa.

Y eso que la trama parece bien escogida: una historiadora es contratada por una congregación agustina para investigar el posible asesinato, cinco siglos atrás, de un catedrático de su orden, maestro de Fray Luis de León en la que era en aquel momento una de las universidades más importantes del mundo. En la investigación se verán involucrados oscuros intereses personales y eclesiásticos, pues lo sucedido en 1543 afecta a la no menos oscura Inquisición y a la lucha entre órdenes religiosas en el seno de la universitas salmantina. Esto, en el magníficamente explotado marco y con nombres como Patrick Criado, Leonor Watling, Javier Pereira o Daniel Grao, podría haber dado lugar a un trabajo mucho más rico e interesante.

Sin embargo, tanto la adecuación histórica como, y esto es más grave, la narración de la obra, se quedan lejos del aprobado. La falta de veracidad histórica es evidente mas, incluso cuando podríamos exigirle el rigor que se debería transmitir en una universidad, soy partidario de que la ficción se tome licencias históricas en favor de la narración. Más grave es, como digo, que esa narración resulte a ratos confusa, forzada y predecible. La estructura no es lo suficientemente clara como para mantener una doble línea argumental. Al mismo tiempo, los diálogos parecen artificiales, en especial por esa manía de muchas producciones españolas, sobre todo de televisión, de intentar demostrar cuántos detalles históricos conocen. Ese sabelotodismo, del que muchos hacemos gala en la universidad, transmite una cierta pedantería en la ficción, por mucho que se le quiera dotar a esta de una vertiente didáctica. Además, en todo momento le falta sutileza y parece querer darle al espectador todo migado para no hacerle pensar más de la cuenta. Esto lastra unas interpretaciones cuidadas en la expresividad, pero un tanto sobreactuadas en las conversaciones y en su deseo por explicar aspectos innecesarios.

‘Asesinato en la universidad’ (2018), de Iñaki Peñafiel

Tampoco se presta excesiva atención al vestuario, el maquillaje o los detalles, desde esa vaca en el medio de la carretera a ese coche que circula por la Plaza de Anaya, aunque sí hay dos de gran interés: por un lado, la forma en la que el maestro es enterrado vivo y despierta en el interior de la tumba recuerda a lo que le sucedió al propio Fray Luis de León en la realidad; por otro, existe una mención a una beca de doctorado que hará reír –o llorar– a múltiples doctorandos, tanto salmantinos como de otras universidades. 

Son estos guiños, junto a la imagen que se transmite de la capital charra y su universidad, los que permiten un notable interés, sobre todo para estudiantes, habitantes, visitantes o amantes de la ciudad del Tormes. Una lástima que los aspectos más puramente cinematográficos no estén a la altura.

Lo mejor: poder admirar la riqueza que ofrecen Salamanca y su universidad
Lo peor: que aprovechen la más mínima oportunidad para introducir datos históricos
Nota: 4.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 30 de septiembre de 2018

[Cine] Crítica: 'La monja' (2018): el spin-off de The Conjuring no consigue dar miedo

Crítica: 'La monja' (2018): el spin-off de The Conjuring no consigue dar miedo

Lo último de la saga Expediente Warren, 'La monja', ofrece menos terror del que su punto de partida prometía


Si ninguno de los estrenos que quedan hasta final de año –algunos de ellos bastante esperados y atractivos– lo evita, ‘La monja’ va camino de convertirse en la película de terror más taquillera de 2018. Se sumaría así al éxito de las anteriores obras de la saga Expediente Warren (The Conjuring), confirmándola además como una de las más relevantes en la historia del género. Y eso a pesar de que la calidad de esta última entrega y, sobre todo, el nivel de escalofríos que provoca, dejan bastante que desear. 

Esta cinta presenta el surgimiento del personaje de La Monja, encarnación de la presencia demoníaca Valak, que ya había sido introducida en ‘Expediente Warren: El caso Enfield’. Los hechos tienen lugar en 1952 en una abadía rumana, a la que el Vaticano envía a un sacerdote con experiencia en posesiones y a una novicia que todavía no ha tomado sus votos –Interpretada por Taissa Farmiga, hermana de Vera– para investigar el misterioso suicidio de una monja. Allí, junto al joven que encontró el cuerpo sin vida de la religiosa, serán testigos de una poderosa presencia maligna. 

Esta historia, enmarcada en una misteriosa abadía de clausura de Transilvania, ofrece una base consistente para un trabajo verdaderamente aterrador. Y más si cabe si quien está detrás de la misma y de la producción es James Wan. Sin embargo, la película que dirige Corin Hardy comete numerosos errores que juegan en su contra y que impiden explotar unas premisas bastante interesantes. 

Nunca logra infundir terror 


En primer lugar, y sobre todo, por la presencia de un personaje cómico, que descarga completamente la tensión que se intenta construir con el resto de elementos. La risa es la mejor medicina contra el miedo, y este personaje es el que impide una inmersión total en la experiencia terrorífica. Él mismo es también el que incorpora diversos aspectos más propios del cine de aventuras –enfrentarse a un ser demoníaco con una escopeta no parece demasiado lógico– que de terror.

Crítica: 'La monja' (2018): el spin-off de The Conjuring no consigue dar miedo

Por otro lado, y aunque es una decisión artística que no comparto más que un error, a la hora de construir un relato aterrador tiendo a preferir la amenaza velada por encima de la presentación directa y frontal del monstruo. Aquí, justificado con la aparición de La Monja en ‘El caso Enfield’, las figuras demoníacas aparecen sin ocultamientos y misterio desde el comienzo. Esto garantiza varios sustos –en ocasiones más efectistas que imprevisibles–, pero impide que el misterio, el desconocimiento y la expectación aumenten la tensión. Esto es precisamente lo que ocurría en las dos entregas de Expediente Warren, mucho más sutiles y esquivas en la representación del mal, y probablemente lo que les añadía un notable atractivo del que ‘La monja’ carece. Y si en las dos películas que dirigió James Wan se apreciaba el toque de terror clásico, en esta ocasión lo que destaca es la caída en abundantes lugares comunes del género, algunos más innecesarios que otros, además de una cierta sensación de previsibilidad y de falta de coherencia en la sucesión de fenómenos inexplicables y alucinaciones. 

Todo ello no impide una sensación de incomodidad a lo largo del film. Pero se trata más de la incomodidad que sientes con una película de aventuras que se ha pasado con la oscuridad que de la angustia y los escalofríos que una obra de la saga The Conjuring debería causar. 

Lo mejor: el planteamiento original 
Lo peor: que todas las decisiones que toma parezcan destinadas a evitar el miedo 

Nota: 3

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 1 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

En el día de Pascua, Domingo de Resurrección, día grande en el calendario litúrgico cristiano, llegamos al final de este especial centrado en las películas de Semana Santa. Y lo hacemos con una obra cuyo título resulta suficientemente explicativo: 'Resucitado'.

Se trata de una película muy nueva –2016–, sin la fuerza de la mayoría de cintas habituales en esta semana, y sin gozar de la tradición e implantación de ellos. Es novedoso y atractivo, al menos en cierto sentido, el protagonismo otorgado a un tribuno romano –cosa, por otra parte, habitual en títulos como 'Quo Vadis?' o 'Espartaco'–, pues aporta cierta perspectiva a la Pasión y, en este caso, Resurrección del Mesías, permitiendo la identificación del espectador con las dudas y comportamiento de Clavius. 

Es una apuesta muy interesante, con capacidad para alcanzar gran profundidad en aspectos religiosos y casi sobre los propios orígenes del cristianismo. De hecho, el planteamiento de la película, junto al desarrollo del protagonista, podrían permitirlo. No obstante, ni el film consigue mantener totalmente su sutilidad y cuidada aproximación, ni el personaje de Clavius consigue completar su arco de transformación de la manera que cabría esperar. Y eso a pesar del notable trabajo de Joseph Fiennes.

El potencial es notable, en parte porque las cintas que se centran en los hechos que suceden a la Resurrección de Cristo son más escasas que aquellas centradas en su vida y muerte, mas también por la forma de plantear dicha historia. Finalmente, aunque no logra explotar todas sus virtudes, queda la sensación de haber visto algo diferente, aunque sea poco memorable.

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Tampoco es su intención resultar imprescindible, pero en su búsqueda de un equilibrio entre el cine más épico y las producciones religiosas de mayor espiritualidad y sencillez, no encuentra nunca su camino. Sí lo encuentra en su servicio propagandístico del cristianismo, ya que, si bien 'Resucitado' ('Risen') es una adaptación bastante libre de las escrituras canónicas, sí que aspira a un fin último de servicio como promotora del mensaje de Jesucristo. Aunque sea de forma inconclusa y ambigua. 

Ambigua es también la estética, que resulta difícil de identificar: clásica por un lado y con toques más vanguardistas por el otro. Intenta aprovechar algunos avances técnicos, sobre todo en el aspecto visual, pero sin conseguirlo, perdiendo con ello gran parte de su fuerza, pues esos intentos quedan en nada. 

Al final, tanto a nivel visual como, principalmente, en el nivel del contenido y la historia, 'Risen', de Kevin Reynolds, podría haber ofrecido mucho más. Desde luego, narrar el hecho más trascendental en el que se apoyan las diversas corrientes del cristianismo puede dar para más y mejores obras, pero la película de Kevin Reynolds consigue capturar parte de la esencia de ese misterio y, sin convertirse en la pieza clave para comprenderlo, sí que es una de las más pertinentes aproximaciones a la Resurrección en el cine moderno. 

Lo mejor: su concepción y planteamiento iniciales 
Lo peor: que está más desorientada buscando su propio estilo que los discípulos tras la muerte de su Maestro 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 27 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Lo que se conmemora estos días en la tradición cristiana es una de las historias más espectaculares, grandiosas y trascendentales de la cultura occidental. Más allá de credos y de la credibilidad histórica de la misma, la historia de Jesús de Nazaret es, posiblemente, La historia más grande jamás contada. Uno de los títulos más acertados de la historia del cine y una película que debemos revisar, casi de forma ineludible, en esta serie de críticas de obras típicas y tópicas durante la Semana Santa

La cinta dirigida por George Stevens reúne un impresionante reparto para narrar la vida, muerte y resurrección de Jesús, a quien interpreta Max von Sidow. Junto a él, figuras de la talla de Charlton Heston –un imprescindible en este tipo de films, que da vida a Juan el Bautista–, Martin Landau, José Ferrer, Dorothy McGuire o John Wayne. Estrenada en 1965, recibió cinco nominaciones a los premios Oscar.

Aunque hemos calificado a este largometraje como ineludible en estas fechas, cabe reconocer que está por debajo de obras épicas como Ben-Hur (1959) o Espartaco (1960) y también de otras películas centradas en la vida del Mesías, como puede ser Rey de reyes (1961). La comparación con este título es inevitable pues, ambas otorgan gran protagonismo a las figuras de Herodes Antipas y de Poncio Pilatos como contraposición al Hijo de Dios. Así, aunque The Greatest Story Ever Told aspira a convertirse en una cinta épica y trascendente a imagen de las anteriores, resulta menos majestuosa que las anteriores, lastrada en parte por un montaje más acelerado, con secuencias bastante cortas que impiden el lucimiento de los magníficos intérpretes y con una narración que en ocasiones resulta muy poco sutil.

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Todo esto le resta solemnidad, algo que suple con una fotografía muy interesante, marcada por la tenue iluminación y los fuertes claroscuros, y, en más centrados en el contenido, con una clara orientación y una vocación didáctica y de transmisión del Evangelio mucho más fuerte que otras producciones. Así, además de las escenas de la Pasión –probablemente, las más interesantes del film– y de cierto protagonismo de los secundarios –sobre todo, Juan el Bautista, Herodes Antipas y Poncio Pilatos–, la mayor parte de los doscientos minutos de metraje se centra en las enseñanzas de Jesús. Y esa parte del Nuevo Testamento, aunque desde el punto de vista religioso tenga gran trascendencia, desde una perspectiva fílmica resulta menos atractivo. 

Se trata, por lo tanto, de una apuesta valiente pues, resulte más o menos acertada, y nos guste más o menos ese mensaje, consigue una identidad propia. Porque tal vez no sea la mejor, y mucho menos la única adaptación a la gran pantalla del Nuevo Testamento, pero es evidente que sabe capturar su esencia y narrar la historia más grande jamás contada. 

Lo mejor: el título y su búsqueda de un camino propio 
Lo peor: un montaje que prima la claridad del mensaje sobre la sutileza 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 25 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

El año pasado aprovechábamos la Semana Santa para realizar un repaso a algunos de los títulos más habituales y tópicos de estos días. Y si en 2017 comenzábamos la semana de Pasión con Los diez mandamientos, de Cecil B. DeMille, este año comenzamos con una actualización de la misma historia bíblica: El príncipe de Egipto.

Y el valor de la cinta animada de Dreamworks recae, como ocurría con la monumental obra protagonizada por Charlton Heston, en lo atractivo del contenido. El de Moisés es uno de los mitos más reconocibles, emocionantes y relevantes de cuantos forman parte de los libros sagrados de las tres grandes religiones monoteístas –cristianismo, judaísmo e islam–. Así, las películas que se inspiran en él parten de una base particularmente sólida y, con un mínimo cuidado y dominio de los aspectos fílmicos, las obras que se pueden obtener son de gran nivel. 

Eso ocurre en El príncipe de Egipto (The Prince of Egypt, 1998), que consigue concentrar los episodios que preceden a la huida de los judíos de Egipto en una cinta de 100 minutos orientada al público infantil. Este aspecto impide una profundidad mayor, pues premia cierta sencillez y simpleza para poder narrar, de manera más o menos comprensible para la infancia, una historia de gran intensidad y extensión. De aquí se deriva la decisión de centrarse en aspectos más épicos y tangibles, como la salida de Egipto de los hebreos tras la esclavitud, en lugar de otros de corte más religioso, como la adoración de ídolos falsos que precedió a la revelación de las Tablas de la Ley.

Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

No obstante, aunque se pueda perder cierto atractivo al aproximarse a la cinta con ojos adultos y con el film de Cecil B. DeMille en mente, es innegable el buen hacer de Dreamworks en esta obra, una de las primeras superproducciones ajenas a Walt Disney. La música de Hans Zimmer, menos pegadiza que en otras películas de animación, supone un rotundo acierto al aportar lirismo y solemnidad. Una banda sonora muy acorde con el ritmo que en todo momento prima en El príncipe de Egipto, suave, elevado y sobrecogedor. 

Uno de los errores de la obra reside en la introducción de toques de humor, que no aportan comicidad, mas sí restan gravedad al conjunto del film. La escena de los dos sacerdotes egipcios enfrentándose a la serpiente de Moisés es uno de esos casos que desentonan y hacen perder a la película parte de su nobleza y dignidad.

A pesar de estas ocasiones, la producción mantiene un corte épico, con una secuencia final que recuerda a las ampulosas obras de los cincuenta y sesenta, y con una factura técnica y un diseño muy trabajados y que sí concuerdan con el tono solemne predominante. Así, aun lejos de Los diez mandamientos y obras similares, el hecho de que continuamente la hayamos comparado con este clásico demuestra el grandísimo mérito de El príncipe de Egipto

Lo mejor: la banda sonora 
Lo peor: verla con ojos de adulto 
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 1 de febrero de 2018

Crítica: 'Que baje Dios y lo vea' (2018), de Curro Velázquez


De Que baje Dios y lo vea extraemos que tenemos que dar gracias al Cielo por Karra Elejalde y El Langui. En un material tan flojo, es su carisma y buen hacer en pantalla lo que permite una obra verdaderamente simpática y agradable. Eso es todo a lo que aspira la película de Curro Velázquez y, en ese sentido, cumple su propósito. Pedirle más, sería como pedirle a los novicios de San Teodosio que ganasen la 'Champions Clerum'. Es decir, haría falta un milagro. Y eso puede pasar en la película, pero en la vida real de estos andamos un poco más escasos.

En efecto, esa es la premisa: un grupo de novicios en un pequeño monasterio sin recursos que, para poder salvarlo, se apuntan a la 'Champions Clerum', un torneo de fútbol solamente para religiosos en el que apenas cuentan con opciones dada la escasa experiencia de los novicios en el deporte rey. Pero la llegada desde África de un sacerdote poco ortodoxo y el sacrificio de los jóvenes seminaristas les hará alcanzar el mismísimo Vaticano. Un curioso punto de partida, pero con un desarrollo y una narración muy básicas y predecibles en todo momento y con un par de tramas secundarias igualmente insulsas e irrelevantes.


Donde Que baje Dios y lo vea sí resulta atractiva es en su humor, sencillo, tópico y sin complejos. Y aunque es un humor que ya hemos visto, permite olvidar las deficiencias de la trama, pasando un buen rato y soltando alguna que otra carcajada. Y los principales artífices de ello son El Langui y Karra Elejalde. El primero gracias a esa infinita capacidad suya de reírse de sí mismo. Y el segundo porque, aunque es evidente que tiene potencial actoral para mucho más, tiene un carisma y un registro que le permiten cuajar una interpretación divertida. Y junto a ellos, algunos de los secundarios añaden sus tópicos y sus gags para que, incluso los menos devotos de la comedia, deban dejar escapar alguna sonrisa.

Y es que a veces con eso es suficiente. Y sí, se echan de menos muchas cosas en esta película. Pero al menos el buen humor no es una de ellas.

Lo mejor: El Langui
Lo peor: todo lo que no sean los momentos puramente cómicos
Nota: 4,5


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 30 de enero de 2018

Crítica Nº 2: 'La llamada' (2017), de Javier Calvo y Javier Ambrossi


Esta crítica de La llamada se justifica ahora por sus cinco candidaturas a los Goya, que se entregan este fin de semana, y por los dos premios Feroz –a Mejor comedia y Mejor tráiler– que se llevó hace una semana. Suponiendo que los premios de verdad valoran la calidad de una película, estamos ante una buena obra. Y lo es, como veremos, pero ese no es, ni de lejos, el valor de la cinta dirigida por “los Javis” –Javier Ambrossi y Javier Calvo–. Su interés reside en su capacidad de servir de himno a una generación. La llamada refleja con precisión muchos de los sentimientos y comportamientos de ese grupo de personas que se encuentran a caballo entre la generación Y, o millennial, y la generación Z.

Música electrónica o electro-latina, con fugaces ídolos de barro moldeados por redes sociales y smartphones; la pérdida de importancia de una religión que, no obstante, sigue presente en muchos aspectos de una sociedad a lo que todavía no pertenecen; una sensación de desorientación, de dudas ante el futuro –este es, seguramente, el aspecto clave y el que mejor refleja la cinta–, que contrastan con la claridad que la generación anterior tenía y que, en ocasiones, condujo a la frustración y el arrepentimiento. Todo eso se reproduce en La llamada sin realizar un estudio en profundidad, pero con la suficiente fidelidad como para convertirse en una de las mejores lecturas que el cine (español) ha realizado hasta ahora de los jóvenes que han (hemos) crecido para ver la explosión de la burbuja económica.


Centrados ya en aspectos fílmicos, la localización se limita casi exclusivamente al entorno del campamento, el número de personajes es reducido y la trama es sencilla: una adolescente (Macarena Gómez) que acude con su amiga (Anna Castillo) a un campamento organizado por monjas (Belén Cuesta y Gracia Olayo) cree ver a Dios. En ese contexto, es en la música y en las interpretaciones donde se logran los mayores méritos de la película. Y de estas, destaca la de Belén Cuesta; similar a la mayoría de sus papeles, el mérito es seguir precisamente fiel a un estilo reconocible y combinar algunas de las reflexiones más profundas sobre las decisiones erróneas y el consiguiente arrepentimiento con los mayores toques de humor del film. Y es que ahí reside otro de los elementos a destacar. En esa vis cómica que, sin embargo, es menor de lo que anticipaba el tráiler. Sí es cierto que el tono general es ligero y alegre, pero, en ocasiones se vuelve intensa y dramática, como si estuviéramos presenciando el derrumbe emocional de personajes que llevan rumiando interiormente esos problemas desde mucho antes de que arrancase la narración.


Inteligente esa visión, como inteligente es también el desarrollo de los acontecimientos, pues, en esa sencillez se esconden algunas sorpresas, así como un contenido y un mensaje más ricos de lo que cabría esperar. Así, La llamada está plagada de atractivos, desde la riqueza de la narración a las interpretaciones, pasando por esa banda sonora tan pegadiza y variada de Leiva que resulta particularmente acertada al estilo y el sentido de la obra. Y junto a dichos atractivos, sus características le hacen trascender la pantalla. Por eso la película ha sido uno de los fenómenos del año. Por eso el musical en el que se inspira lleva tanto tiempo en cartel. Por eso el discurso de Javi Calvo al recoger el Feroz fue tan popular en la redes sociales. Y por eso La llamada es tan relevante para comprender a esta generación. Porque, como ella, es simple y compleja a la vez. 

Lo mejor: cómo captura la desorientación de la adolescencia
Lo peor: que a veces puede llegar a resultar demasiado intensa y forzada
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 7 de noviembre de 2017

Crítica: 'Barakah meets Barakah' (2016), de Mahmoud Sabbagh


Arabia Saudí ha estado presente en los últimos días en los medios de comunicación tras la detención de varios príncipes, ministros y empresarios por supuestos casos de corrupción. Lo que se esconde tras este suceso es, en realidad, un golpe de mano de Mohammed bin Salman, hijo del rey Salman bin Abdulaziz y heredero al trono desde que el pasado junio sustituyera a su tío y hermano del actual monarca, Mohammed bin Nayef, al frente de la línea sucesoria. Mohammed bin Salman se caracteriza por su juventud, un treintañero con inmensos poderes en una tradicional gerontocracia y por su ambición y aspiración de modernizar la economía saudí, hasta ahora totalmente dependiente del petróleo. 

También se intuye un cierto progresismo en el país más grande del Golfo Pérsico, un país marcado por el wahabismo y por el integrismo de las doctrinas islámicas que promueve, pero que recientemente ha autorizado –era el único país del mundo que todavía no lo hacía– que las mujeres conduzcan o que acudan a eventos deportivos. Sin embargo, la Policía Religiosa sigue siendo un elemento clave en el país y el respeto por los Derechos Humanos y la libertad sigue brillando por su ausencia.

En ese contexto se produjo el año pasado Barakah meets Barakah, una de las pocas películas que nos llegan de un país en el que el cine está prohibido. Se trata de una divertida comedia sobre un funcionario municipal que vela por el cumplimiento de la normativa local en su ciudad y que se enamora de una famosa video-blogger e instagramer. A pesar de los frenos que la estricta sociedad saudí impone, los jóvenes intentarán concertar una cita. 

La cinta, disponible en Netflix, ha sido censurada en varias ocasiones y vemos como una cintura femenina, un gesto con el dedo corazón o un vaso de alcohol son pixelados; aun así, la crítica es incuestionable. Sobre todo, teniendo en cuenta las cortapisas que las instituciones sauditas pusieron a una película que, por cierto, representó al país en la carrera por los Oscar. También estuvo presente, con bastante buena acogida, en la Berlinale o en el Toronto International Film Festival.

Es cierto que, en un nivel formal y técnico, la obra no es ninguna maravilla, pero no olvidemos los condicionantes y las complicaciones de producir un largometraje como este en un país donde el séptimo arte apenas existe. Mas la pobreza de los encuadres y la narración –tal vez aquí la tijera del censor tenga cierta responsabilidad– se compensan con unas actuaciones bastante notables y carismáticas.

Más allá del valor artístico de la obra, lo más interesante es la posibilidad que ofrece de observar un país del que apenas conocemos un par de generalizaciones. Así, Barakah meets Barakah nos muestra una sociedad, efectivamente, sin libertad, pero en la que una nueva generación comienza a cuestionarse el estado de las cosas. De la misma forma, descubrimos que la situación que se vive en la actualidad no era lo habitual hace unas décadas, en la que el integrismo religioso era más relajado. También alcanzamos a comprender que no todo en Arabia Saudí son megaciudades con enormes rascacielos, aunque tampoco se trata únicamente de un desierto; tampoco todos los habitantes del país petrolero son jeques adinerados y, aunque minoritaria en un país de grandes desigualdades, también existe una, más o menos modesta, clase media. Por último, ni todos los hombres visten siempre túnicas blancas y ghutras, ni todas las mujeres llevan burka en todo momento.


Todo esto permite eliminar algunos estereotipos, pero lo más relevante es la crítica a una sociedad en la que las normas de la sharia siguen rigiendo todos los aspectos de la vida, en la que alcohol, relaciones sexuales y todo tipo de conductas pecaminosas están prohibidas, y en la que los hombres siguen teniendo que representar los papeles femeninos en las obras de teatro.

Solo por eso, la cinta ya merece ser vista. No resulta tan transgresora, valiente, ni cinematográficamente atractiva como su compatriota La bicicleta verde, una de las sensaciones del año 2012, aunque sin duda es necesario asomarse a la ventana que Barakah nos abre en la retrógrada pero optimista Arabia Saudita.

Lo mejor: que la película exista
Lo peor: su debilidad narrativa
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 27 de octubre de 2017

Especial Halloween. Crítica: 'O Apóstolo' (2012), de Fernando Cortizo

Galicia es, casi con toda seguridad, la región más mágica, misteriosa y, hasta cierto punto, terrorífica de España. Las Meigas, la Santa Compaña, la Queimada, la cultura del fuego –que tanto hemos tenido que lamentar recientemente–, el peso de la religión, la tradición, el mundo rural… Es difícil encontrar más y mejores ingredientes para un film de terror o, cuanto menos, de misterio y de fenómenos sobrenaturales. Y eso es algo que O Apóstolo (El Apóstol) sabe explotar a la perfección.

Tras escapar de una cárcel, y haciéndose pasar por peregrino, un ladrón llega a un pequeño y misterioso pueblo de Lugo buscando unas joyas que su compañero de fuga había escondido. Pero en el pueblo suceden fenómenos inexplicables: peregrinos que desaparecen, la Santa Compaña reclamando sus almas, condenas eternas…

Todo ello narrado a través de la técnica de claymation, o animación con plastilina, con las voces de pesos pesados como Carlos Blanco, Luis Tosar, Geraldine Chaplin, Jorge Sanz o Paul Naschy. Con un presupuesto que superó los cinco millones de euros y equipos internacionales con amplísima experiencia, tanto en el aspecto técnico y como detrás de la banda sonora, O Apóstolo fue la primera película europea rodada con la técnica de stop-motion estereoscópico.

La novedad de la historia, el cuidado de los detalles, el espectáculo visual y la valentía de una apuesta rompedora en España le valieron premios y reconocimientos en festivales de todo el mundo, siendo aclamada en el Festival de Málaga, y recibiendo el Premio del Público en Annecy y la nominación a Mejor película de animación en los Goya. Y todo galardón sería merecido y, probablemente, escaso, pues se trata de una de las cintas más meritorias que ha dado el cine español, tanto desde el punto de vista técnico como –excepto por un puñado de líneas de diálogo– narrativo.

Y si la trama va de misterio y condenas, la maldición que rodeó al film no se queda atrás. Comencemos por la financiación, y es que fue uno de los primeros proyectos costeados, al menos en parte, gracias al crowdfunding, tan popular en estos momentos pero que cuando se rodó esta obra hace más de ocho años todavía estaba dando sus primeros pasos. 

Tras numerosos cambios de fecha y retrasos, llegó finalmente a las pantallas españolas el 31 de octubre de 2012. Aunque estaba planeado un estreno extenso, la cinta se llegó a proyectar en menos de 30 cines, muchos de ellos minoritarios y con horarios extraños, algo de lo que el director, Fernando Cortizo, responsabilizó a la distribuidora, Aquelarre Films. Esta se defendió argumentando que los cines la habían rechazado porque las copias de la película solo estaban disponibles en digital y dada la competencia de la cartelera –SinisterSkyfall o Lo Imposible–.


El resultado fue una recaudación irrisoria, que no alcanzó los 50.000 euros en España y que internacionalmente, a pesar de las buenas perspectivas iniciales, también acabó haciendo aguas por diversos conflictos comerciales. Todo esto acabó llevando al borde la quiebra a la productora, Artefacto Producciones, y a que la obra haya quedado casi inaccesible para el gran público –en la web http://www.oapostolo.es/ se puede ver online y comprar el DVD–.

Y es una pena, porque hay pocas películas que combinen de una forma tan extraordinaria la comedia, el misterio, las aventuras y el terror. A su vez, los guiños a la cultura gallega, a Tim Burton o a filmes como Nosferatu, la novedosa técnica, la tensa narración, la inquietante atmósfera, la estética onírica, los golpes de humor y hasta la moraleja que se extrae convierten a O Apóstolo en una obra imprescindible. Lástima que haya condenas de las que no se puede escapar.

Lo mejor: el aprovechamiento del enxebre gallego 
Lo peor: que haya sido una producción maldita
Nota: 9,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 17 de abril de 2017

Crítica: 'Las sandalias del pescador' (1968), de Michael Anderson


Domingo de Resurrección. Finaliza la Semana Santa. Hoy el Papa Francisco se ha asomado al balcón de la basílica de San Pedro para ofrecer la bendición Urbi et Orbi.

Podemos considerar a Francisco como un papa atípico. Como también lo era Kiril I, el protagonista de Las sandalias del pescador. Un antiguo prisionero político en los campos de trabajos soviéticos en Siberia, enviado a Roma como asesor por el Presidente de la URSS, que había sido su antiguo carcelero. En Roma, y con la Guerra Fría amenazando con desatar un conflicto armado de dimensiones inimaginables, será nombrado cardenal poco antes de la muerte del hasta entonces papa. 

Rodada en 1968 y ambientada en la misma época, con personajes ficticios pero con una misma Guerra Fría en curso, se aleja de las superproducciones épicas que hemos abordado en días pasados. Se distancia de las obras basadas en pasajes bíblicos o ambientadas en el Oriente Medio de la Antigüedad, para situarse en la –entonces– contemporánea Europa. Huye de los efectos especiales para aprovechar en su lugar las majestuosidad de los decorados de Roma y el Vaticano. Y cambias las pomposas y teatralizadas interpretaciones por actores mucho más comedidos, sobre todo un Anthony Quinn que logra una intimísima y sentida actuación.

También se pasa de un discurso unidireccional y casi propagandístico de promoción de la Biblia y la religión a otro mucho más reflexivo. La visión de la Iglesia y sus instituciones es contradictoria, denunciando su opulencia y su desvío del mensaje de Dios, pero intentando comprender sus causas y defendiendo sus buenas intenciones. La película incluye igualmente una cierta carga de propaganda antimarxista, comprensible y habitual en los filmes estadounidenses de esos años; no obstante, es también un juicio moderado y más razonado de lo que solía suceder. Todo esto demuestra que estamos ante una película madura, capaz de realizar una crítica respetuosa y argumentada, aunque poco desarrollada dada la abundancia de tramas.


Cuatro, en concreto: pues a la historia principal de Kiril Lakota en Roma se suman el debate interno y externo de un sacerdote con una lectura heterodoxa de la doctrina católica, el conflicto chino-soviético y el drama matrimonial entre un periodista y una doctora. Finalmente ninguna parece culminarse, en todas se echa en falta algo, aunque todas consiguen aportar algo. Incluso la crisis de pareja de los Faber, la más vacía de estas tramas secundarias, ayuda a humanizar el personaje de Lakota y a ilustrar el funcionamiento y los entresijos del Vaticano.

Lo más llamativo de Las sandalias del pescador es algo que no tiene –que se sepa– ninguna relación con la cinta. En realidad, se trata de eventos que tendrían lugar más adelante y que, de alguna forma, habían sido anticipados en esta obra. Por un lado, el rechazo a la ceremonia de coronación y la imposición de la tiara papal por parte de Juan Pablo I en 1978, diez años después del estreno de la película. 

Poco después, debido al corto pontificado de este, fue elegido papa el polaco Karol Wojtyla; como Kiril Lakota, se convertiría en el primer papa no italiano tras cuatro siglos. Conocido como Juan Pablo II, Wojtyla se caracterizó por su participación en la caída del comunismo y en la llegada de la democracia tras la Guerra Fría, algo que también podemos intuir en la figura del protagonista de este filme.

Por último, quizá sea la figura de Francisco la que más se asemeje a la del ficticio papa Kiril. Francisco ha participado como mediador en diversos conflictos internacionales y su imagen puede recordar a la del papa interpretado por Anthony Quinn.

Todo esto otorga una nueva dimensión a la cinta dirigida por Michael Anderson, que goza de por sí de una brillante dirección artística, con una música, fotografía o vestuario muy cuidados, y con interpretaciones magníficas. Tanto los elementos inherentes a la película como aquellos que vienen impuestos no hacen sino reforzar el valor de una obra que puede distanciarse de las superproducciones bíblicas o romanas, pero que no queda por detrás de ellas en épica y religiosidad.


Lo mejor: su respetuosa pero certera crítica a Iglesia católica
Lo peor: que las distintas tramas no estén más desarrolladas
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 15 de abril de 2017

Crítica: 'Jesucristo Superstar' (1973), de Norman Jewison


Noche de Viernes Santo. Punto de inflexión. Toca adentrarse en una película y un estilo diferentes.

Jesucristo Superstar supuso una importante ruptura con las épicas superproducciones que habían tratado la Pasión de Jesucristo u otras escenas bíblicas con anterioridad. Los grandes decorados, los vestuarios detallistas y recargados, los repartos llenos de estrellas y de extras y la propaganda religiosa se dejaban de lado para dar paso a este musical con tintes hippies.

A principios de los años 70 se estrenaba en Broadway el que sería uno de los musicales más relevantes y exitosos que se hayan realizado. Y en 1973 se llevaba al cine esta adaptación de la mano de Norman Jewison. Y lo hace con canciones pegadizas, con un ritmo muy setentero –aunque incluyendo sonidos de otras épocas, como los años 20– y con una estética sencilla, sobre todo en un vestuario que combina elementos del Israel de hace dos milenios con otros de los años setenta del siglo XX.

Esa mezcla de estilos y épocas, su búsqueda premeditada del anacronismo y el intento de lograr una representación alternativa de los últimos días de Cristo fomentaron una cinta, en cierta medida, paródica. Seis años después, los Monty Python estrenarían La vida de Brian, ofreciendo también ellos una visión surrealista y alternativa al relato bíblico. Aunque sin alcanzar sus delirios, Jesucristo Superstar ya ofrecía una versión irreverente de una historia en la que en aquella época muchos querían ver un canto al amor libre, al antimilitarismo y al antirracismo del movimiento hippie. Precisamente los valores que la película pretende ensalzar.

Y lo consigue gracias a unas voces magníficas, a unos temas memorables y fáciles de tararear y a unas interpretaciones más humanas de lo que era habitual para estos personajes. Y entre esos personajes, el mayor protagonismo de María Magdalena y, sobre todo, de Judas Iscariote, así como la ausencia total de la Virgen María, refuerzan la visión alternativa de la historia. 

Una visión que en su momento, por rompedora y blasfema, recibió duras críticas de sectores conservadores de la Iglesia. No parece sorprendente, aunque sí llama la atención que con el paso del tiempo la propia Iglesia se fuera acercando a la obra como una forma de mostrar una cara más amable y de acercarse a nuevas generaciones que ya no se dejaban impresionar por los discursos normativos de las grandes obras bíblicas. 


Este aspecto externo al cine es el más interesante de la cinta, pues, a pesar de resultar entretenida y ágil en su narración y de contar con buenas interpretaciones, no tiene un atractivo cinematográfico mayor. Sobre todo porque, a pesar de la plasticidad de los números musicales, no tiene la fuerza visual que las localizaciones donde se rodó y la historia podrían permitir.

Pero Jesucristo Superstar no había sido concebida para convertirse en una obra maestra del séptimo arte. Simplemente buscaba cambiar una narrativa. Y eso sí que lo consiguió. Por eso, sea mejor o peor película, hay que reconocer su mérito en humanizar el mito.

Lo mejor: la música y las voces
Lo peor: que su estética pueda verse hoy como más paródica de lo que se pretendía
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)