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domingo, 1 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

En el día de Pascua, Domingo de Resurrección, día grande en el calendario litúrgico cristiano, llegamos al final de este especial centrado en las películas de Semana Santa. Y lo hacemos con una obra cuyo título resulta suficientemente explicativo: 'Resucitado'.

Se trata de una película muy nueva –2016–, sin la fuerza de la mayoría de cintas habituales en esta semana, y sin gozar de la tradición e implantación de ellos. Es novedoso y atractivo, al menos en cierto sentido, el protagonismo otorgado a un tribuno romano –cosa, por otra parte, habitual en títulos como 'Quo Vadis?' o 'Espartaco'–, pues aporta cierta perspectiva a la Pasión y, en este caso, Resurrección del Mesías, permitiendo la identificación del espectador con las dudas y comportamiento de Clavius. 

Es una apuesta muy interesante, con capacidad para alcanzar gran profundidad en aspectos religiosos y casi sobre los propios orígenes del cristianismo. De hecho, el planteamiento de la película, junto al desarrollo del protagonista, podrían permitirlo. No obstante, ni el film consigue mantener totalmente su sutilidad y cuidada aproximación, ni el personaje de Clavius consigue completar su arco de transformación de la manera que cabría esperar. Y eso a pesar del notable trabajo de Joseph Fiennes.

El potencial es notable, en parte porque las cintas que se centran en los hechos que suceden a la Resurrección de Cristo son más escasas que aquellas centradas en su vida y muerte, mas también por la forma de plantear dicha historia. Finalmente, aunque no logra explotar todas sus virtudes, queda la sensación de haber visto algo diferente, aunque sea poco memorable.

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Tampoco es su intención resultar imprescindible, pero en su búsqueda de un equilibrio entre el cine más épico y las producciones religiosas de mayor espiritualidad y sencillez, no encuentra nunca su camino. Sí lo encuentra en su servicio propagandístico del cristianismo, ya que, si bien 'Resucitado' ('Risen') es una adaptación bastante libre de las escrituras canónicas, sí que aspira a un fin último de servicio como promotora del mensaje de Jesucristo. Aunque sea de forma inconclusa y ambigua. 

Ambigua es también la estética, que resulta difícil de identificar: clásica por un lado y con toques más vanguardistas por el otro. Intenta aprovechar algunos avances técnicos, sobre todo en el aspecto visual, pero sin conseguirlo, perdiendo con ello gran parte de su fuerza, pues esos intentos quedan en nada. 

Al final, tanto a nivel visual como, principalmente, en el nivel del contenido y la historia, 'Risen', de Kevin Reynolds, podría haber ofrecido mucho más. Desde luego, narrar el hecho más trascendental en el que se apoyan las diversas corrientes del cristianismo puede dar para más y mejores obras, pero la película de Kevin Reynolds consigue capturar parte de la esencia de ese misterio y, sin convertirse en la pieza clave para comprenderlo, sí que es una de las más pertinentes aproximaciones a la Resurrección en el cine moderno. 

Lo mejor: su concepción y planteamiento iniciales 
Lo peor: que está más desorientada buscando su propio estilo que los discípulos tras la muerte de su Maestro 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 27 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Lo que se conmemora estos días en la tradición cristiana es una de las historias más espectaculares, grandiosas y trascendentales de la cultura occidental. Más allá de credos y de la credibilidad histórica de la misma, la historia de Jesús de Nazaret es, posiblemente, La historia más grande jamás contada. Uno de los títulos más acertados de la historia del cine y una película que debemos revisar, casi de forma ineludible, en esta serie de críticas de obras típicas y tópicas durante la Semana Santa

La cinta dirigida por George Stevens reúne un impresionante reparto para narrar la vida, muerte y resurrección de Jesús, a quien interpreta Max von Sidow. Junto a él, figuras de la talla de Charlton Heston –un imprescindible en este tipo de films, que da vida a Juan el Bautista–, Martin Landau, José Ferrer, Dorothy McGuire o John Wayne. Estrenada en 1965, recibió cinco nominaciones a los premios Oscar.

Aunque hemos calificado a este largometraje como ineludible en estas fechas, cabe reconocer que está por debajo de obras épicas como Ben-Hur (1959) o Espartaco (1960) y también de otras películas centradas en la vida del Mesías, como puede ser Rey de reyes (1961). La comparación con este título es inevitable pues, ambas otorgan gran protagonismo a las figuras de Herodes Antipas y de Poncio Pilatos como contraposición al Hijo de Dios. Así, aunque The Greatest Story Ever Told aspira a convertirse en una cinta épica y trascendente a imagen de las anteriores, resulta menos majestuosa que las anteriores, lastrada en parte por un montaje más acelerado, con secuencias bastante cortas que impiden el lucimiento de los magníficos intérpretes y con una narración que en ocasiones resulta muy poco sutil.

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Todo esto le resta solemnidad, algo que suple con una fotografía muy interesante, marcada por la tenue iluminación y los fuertes claroscuros, y, en más centrados en el contenido, con una clara orientación y una vocación didáctica y de transmisión del Evangelio mucho más fuerte que otras producciones. Así, además de las escenas de la Pasión –probablemente, las más interesantes del film– y de cierto protagonismo de los secundarios –sobre todo, Juan el Bautista, Herodes Antipas y Poncio Pilatos–, la mayor parte de los doscientos minutos de metraje se centra en las enseñanzas de Jesús. Y esa parte del Nuevo Testamento, aunque desde el punto de vista religioso tenga gran trascendencia, desde una perspectiva fílmica resulta menos atractivo. 

Se trata, por lo tanto, de una apuesta valiente pues, resulte más o menos acertada, y nos guste más o menos ese mensaje, consigue una identidad propia. Porque tal vez no sea la mejor, y mucho menos la única adaptación a la gran pantalla del Nuevo Testamento, pero es evidente que sabe capturar su esencia y narrar la historia más grande jamás contada. 

Lo mejor: el título y su búsqueda de un camino propio 
Lo peor: un montaje que prima la claridad del mensaje sobre la sutileza 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 17 de abril de 2017

Crítica: 'Las sandalias del pescador' (1968), de Michael Anderson


Domingo de Resurrección. Finaliza la Semana Santa. Hoy el Papa Francisco se ha asomado al balcón de la basílica de San Pedro para ofrecer la bendición Urbi et Orbi.

Podemos considerar a Francisco como un papa atípico. Como también lo era Kiril I, el protagonista de Las sandalias del pescador. Un antiguo prisionero político en los campos de trabajos soviéticos en Siberia, enviado a Roma como asesor por el Presidente de la URSS, que había sido su antiguo carcelero. En Roma, y con la Guerra Fría amenazando con desatar un conflicto armado de dimensiones inimaginables, será nombrado cardenal poco antes de la muerte del hasta entonces papa. 

Rodada en 1968 y ambientada en la misma época, con personajes ficticios pero con una misma Guerra Fría en curso, se aleja de las superproducciones épicas que hemos abordado en días pasados. Se distancia de las obras basadas en pasajes bíblicos o ambientadas en el Oriente Medio de la Antigüedad, para situarse en la –entonces– contemporánea Europa. Huye de los efectos especiales para aprovechar en su lugar las majestuosidad de los decorados de Roma y el Vaticano. Y cambias las pomposas y teatralizadas interpretaciones por actores mucho más comedidos, sobre todo un Anthony Quinn que logra una intimísima y sentida actuación.

También se pasa de un discurso unidireccional y casi propagandístico de promoción de la Biblia y la religión a otro mucho más reflexivo. La visión de la Iglesia y sus instituciones es contradictoria, denunciando su opulencia y su desvío del mensaje de Dios, pero intentando comprender sus causas y defendiendo sus buenas intenciones. La película incluye igualmente una cierta carga de propaganda antimarxista, comprensible y habitual en los filmes estadounidenses de esos años; no obstante, es también un juicio moderado y más razonado de lo que solía suceder. Todo esto demuestra que estamos ante una película madura, capaz de realizar una crítica respetuosa y argumentada, aunque poco desarrollada dada la abundancia de tramas.


Cuatro, en concreto: pues a la historia principal de Kiril Lakota en Roma se suman el debate interno y externo de un sacerdote con una lectura heterodoxa de la doctrina católica, el conflicto chino-soviético y el drama matrimonial entre un periodista y una doctora. Finalmente ninguna parece culminarse, en todas se echa en falta algo, aunque todas consiguen aportar algo. Incluso la crisis de pareja de los Faber, la más vacía de estas tramas secundarias, ayuda a humanizar el personaje de Lakota y a ilustrar el funcionamiento y los entresijos del Vaticano.

Lo más llamativo de Las sandalias del pescador es algo que no tiene –que se sepa– ninguna relación con la cinta. En realidad, se trata de eventos que tendrían lugar más adelante y que, de alguna forma, habían sido anticipados en esta obra. Por un lado, el rechazo a la ceremonia de coronación y la imposición de la tiara papal por parte de Juan Pablo I en 1978, diez años después del estreno de la película. 

Poco después, debido al corto pontificado de este, fue elegido papa el polaco Karol Wojtyla; como Kiril Lakota, se convertiría en el primer papa no italiano tras cuatro siglos. Conocido como Juan Pablo II, Wojtyla se caracterizó por su participación en la caída del comunismo y en la llegada de la democracia tras la Guerra Fría, algo que también podemos intuir en la figura del protagonista de este filme.

Por último, quizá sea la figura de Francisco la que más se asemeje a la del ficticio papa Kiril. Francisco ha participado como mediador en diversos conflictos internacionales y su imagen puede recordar a la del papa interpretado por Anthony Quinn.

Todo esto otorga una nueva dimensión a la cinta dirigida por Michael Anderson, que goza de por sí de una brillante dirección artística, con una música, fotografía o vestuario muy cuidados, y con interpretaciones magníficas. Tanto los elementos inherentes a la película como aquellos que vienen impuestos no hacen sino reforzar el valor de una obra que puede distanciarse de las superproducciones bíblicas o romanas, pero que no queda por detrás de ellas en épica y religiosidad.


Lo mejor: su respetuosa pero certera crítica a Iglesia católica
Lo peor: que las distintas tramas no estén más desarrolladas
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)