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jueves, 1 de febrero de 2018

Crítica: 'Que baje Dios y lo vea' (2018), de Curro Velázquez


De Que baje Dios y lo vea extraemos que tenemos que dar gracias al Cielo por Karra Elejalde y El Langui. En un material tan flojo, es su carisma y buen hacer en pantalla lo que permite una obra verdaderamente simpática y agradable. Eso es todo a lo que aspira la película de Curro Velázquez y, en ese sentido, cumple su propósito. Pedirle más, sería como pedirle a los novicios de San Teodosio que ganasen la 'Champions Clerum'. Es decir, haría falta un milagro. Y eso puede pasar en la película, pero en la vida real de estos andamos un poco más escasos.

En efecto, esa es la premisa: un grupo de novicios en un pequeño monasterio sin recursos que, para poder salvarlo, se apuntan a la 'Champions Clerum', un torneo de fútbol solamente para religiosos en el que apenas cuentan con opciones dada la escasa experiencia de los novicios en el deporte rey. Pero la llegada desde África de un sacerdote poco ortodoxo y el sacrificio de los jóvenes seminaristas les hará alcanzar el mismísimo Vaticano. Un curioso punto de partida, pero con un desarrollo y una narración muy básicas y predecibles en todo momento y con un par de tramas secundarias igualmente insulsas e irrelevantes.


Donde Que baje Dios y lo vea sí resulta atractiva es en su humor, sencillo, tópico y sin complejos. Y aunque es un humor que ya hemos visto, permite olvidar las deficiencias de la trama, pasando un buen rato y soltando alguna que otra carcajada. Y los principales artífices de ello son El Langui y Karra Elejalde. El primero gracias a esa infinita capacidad suya de reírse de sí mismo. Y el segundo porque, aunque es evidente que tiene potencial actoral para mucho más, tiene un carisma y un registro que le permiten cuajar una interpretación divertida. Y junto a ellos, algunos de los secundarios añaden sus tópicos y sus gags para que, incluso los menos devotos de la comedia, deban dejar escapar alguna sonrisa.

Y es que a veces con eso es suficiente. Y sí, se echan de menos muchas cosas en esta película. Pero al menos el buen humor no es una de ellas.

Lo mejor: El Langui
Lo peor: todo lo que no sean los momentos puramente cómicos
Nota: 4,5


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 13 de octubre de 2017

Crítica: 'Fe de etarras' (2017), de Borja Cobeaga


'Fe de etarras' se estrenó en Netflix el día 12 de octubre, Fiesta Nacional en España. Y es que la segunda producción española de Netflix precisamente eso, muy española. Y no por caer en los vicios que mucha gente achaca al cine hecho aquí, sino porque logra algo que yo creo que hacemos bastante bien en este país: reírnos de nosotros mismos. Lo vemos en Twitter cada vez que algún político mete la pata en el Congreso o cuando alguien mete ingredientes incorrectos en la paella. En el cine llevamos viéndolo años con 'Torrente', también lo vimos con 'Ocho apellidos vascos' y, con una temática similar, volvemos a verlo ahora.

Es evidente que en la comparación la cinta que dirigía Emilio Martínez Lázaro sale ganando, sobre todo en dos aspectos: su novedad y comicidad. Por una parte, en su novedad porque el film protagonizado por Dani Rovira y Clara Lago rompía el tabú del tópico regional, en particular del vasco, buscando el chiste en aspectos tan divertidos como, a menudo, espinosos. Hay que reconocer, no obstante, que Fe de etarras va mucho más allá, no solo abordando las diferencias locales o el conflicto vasco, sino centrándose en la propia organización terrorista ETA. Eso, además de la polémica con los carteles que suele acompañar a muchas producciones de Netflix, le ha granjeado numerosas críticas, pues el tema sigue resultando complejo y doloroso.

Por otro lado, en la comicidad, porque, aunque Javier Cámara y Julián López saben explotar la divertida historia de Borja Cobeaga y Diego San José –responsables también del guion de 'Ocho apellidos vascos'–, la cantidad de gags verdaderamente graciosos y el juego con los acentos y los tópicos resultan más pobres en esta ocasión. El punto de partida, cuatro etarras encerrados en un piso franco en una ciudad de provincias esperando órdenes para actuar mientras España conquista el Mundial de Fútbol de Sudáfrica en medio de una pasión desenfrenada en todo el país, sí resulta divertido y original, pero las escenas no consiguen explotar ese contexto lo suficiente.

Es cierto que esta cinta busca una mayor reflexión, aunque sin conseguirlo, quedándose en una comedia sin tanta gracia como anticipaba y sin el trasfondo sobre la búsqueda de sentido de lo terroristas a la que parece aspirar. Aun así, sí que consigue ridiculizar una lucha, como casi todas las luchas violentas, totalmente estúpida y carente de sentido. Y es que no se burla del conflicto ni de las víctimas, sino de los propios etarras, simples bufones en un juego que no alcanzan ni a comprender.

La factura técnica no resulta llamativa, sin correr riesgos de ningún tipo, mas sin cometer tampoco errores de bulto. También las interpretaciones y el ritmo son, en términos generales, correctos. Pero todo eso queda relegado a un segundo plano porque lo que da sentido a la obra es su capacidad de lograr que quienes querían imponer el terror ahora sean vistos con toda la ridiculez y patetismo que de verdad escondían.


Por eso considero que 'Fe de etarras', a pesar de su imperfección, es una magnífica noticia. Primero, y esto lo destacamos aquí por tratarse de una web especializada, porque confirma la apuesta de la plataforma estadounidense por el mercado español al realizar un largometraje bastante difícil de exportar, pero con nombres muy conocidos tanto delante como detrás de la pantalla. Y segundo, y muy especialmente, porque ser capaces de reírnos, no ya de nosotros mismos, sino de algo que ha causado tanto dolor, demuestra que la sociedad es cada vez más madura y consciente de que el camino es hacia delante. Porque sí, la risa y la euforia pueden ocultar el ruido de las bombas.

Lo mejor: que se haya podido hacer una película así
Lo peor: que se desaproveche la premisa y no sea más divertida
Nota: 6,5


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 17 de febrero de 2017

Cine y baloncesto; cuando las cámaras entran en la cancha

Este fin de semana coinciden dos de los eventos más trascendentes de la escena baloncestística. En España, Vitoria acoge entre el jueves y el domingo la Copa del Rey, que disputan los ocho mejores clasificados de la primera vuelta de la Liga Endesa. Al otro lado del charco, la NBA celebra el All-Star Weekend, el fin de semana de las estrellas, con multitud de eventos deportivos y de espectáculo que culminarán el domingo con el Partido de las Estrellas, en el que se enfrentan los mejores jugadores de la mejor liga de baloncesto del mundo.

El baloncesto también ha levantado pasiones en el mundo del cine; algo que es fácil de comprobar viendo la afición de Spike Lee por los New York Knicks o de Jack Nicholson por los Lakers de Los Ángeles. Como es lógico, esa pasión se ha trasladado a la gran pantalla. Y como un partido de baloncesto tiene cuatro cuartos, vamos ahora a mencionar cuatro películas que giran en torno al deporte de la canasta.

1 - Los blancos no la saben meter (White Men Can’t Jump, 1992)


Esta comedia de Ron Shelton jugaba con uno de los tópicos de un deporte en el que los afroamericanos son los líderes indiscutibles. Woody Harrelson y Wesley Snipes dan vida a dos ambiciosos jugadores de baloncesto que hacen dinero enfrentándose contra quienes se atreven a retarles en partidos callejeros.

Una comedia ligera, ingeniosa y entretenida, con personajes tan patéticos como entrañables, que refleja de forma irónica los partidos de baloncesto en las canchas de los suburbios estadounidenses, con peleas, egos subidos y ropas estrafalarias. No es una obra maestra, pero garantiza el disfrute y cuenta con protagonistas carismáticos. La película tuvo un notable éxito y una repercusión que se alargó varios años. 


Hace algunas semanas se anunció un remake del filme, que dirigirá Kenya Barris y que contará con Blake Griffin, una de las estrellas blancas de la NBA.


2 - Una mala jugada (He Got Game, 1998)

Spike Lee, todo un fan del baloncesto, escribe y dirige una de las mejores películas que se hayan realizado sobre este deporte. Al frente del reparto encontramos a Denzel Washington, que da vida a un hombre cumpliendo condena por el asesinato de su mujer al que el gobernador del estado ofrece un trato para reducir su condena si consigue convencer a su hijo, una estrella del baloncesto juvenil, para que fiche por el equipo local. El hijo, por cierto, está interpretado por el dos veces campeón de la NBA Ray Allen

En realidad, el baloncesto, a pesar de su continua presencia en la cinta, es poco más que un mcguffin, una excusa, pues el tema central es la compleja relación entre un padre y su hijo. Elementos de fondo como la reconciliación, la toma de decisiones y la supervivencia en entornos conflictivos otorgan a la película profundidad y dramatismo. Esto, unido al estudio de los personajes y a la gran actuación de los dos protagonistas, dio lugar a una película muy recomendable tanto para los amantes de este deporte como para quienes no lo son tanto.

3 - Entrenador Carter 
(Coach Carter, 2005)


Es la clásica historia deportiva épica: el equipo de baloncesto de un instituto de un barrio pobre cuenta sus partidos por derrotas y el ambiente en el equipo, lleno de jugadores egoístas, es pésimo. La llegada de un nuevo entrenador consigue cambiar la dinámica por completo. Sin embargo, a pesar de la racha de victorias, el entrenador Carter decide cancelar la participación de su equipo en el torneo mientras sus jugadores no mejoren sus resultados académicos para gozar de perspectivas de futuro. 

Samuel L. Jackson da vida a Ben Carter, el protagonista de esta película basada en hechos reales, mientras entre los jugadores destaca un joven Channing Tatum. Está cargada de tópicos y es muy previsible en casi todos sus aspectos, pero guarda cierto trasfondo sobre la ética profesional, la importancia de la educación y la situación en los barrios marginales estadounidenses.

4 - Hoosiers: más que ídolos (Hoosiers, 1986)

Una de las películas deportivas más admiradas de la Historia del cine. Con dos nominaciones a los Oscar (a Dennis Hooper como Mejor actor de reparto y a la BSO), una más a los Independent Spirit Awards (a Mejor ópera prima) y varias menciones en listados del American Film Institute, es la película de ficción más galardonada de todas las que giran alrededor del baloncesto.

Inspirada parcialmente en hechos reales, narra la historia del instituto de una pequeña ciudad de Indiana que en la década de los 50 consigue el campeonato estatal de la mano de un nuevo entrenador, que arrastra un complicado pasado y que inicialmente es rechazado en el centro. Una historia de superación y épica como muchas otras que abundan en las películas de temática deportiva, pero con una tendencia a la sencillez que le otorga mayor grandeza. Notables tanto la dirección de David Anspaugh, como las interpretaciones de Gene Hackman y Dennis Hooper.

Probablemente sea la película más baloncestística de la lista y en la que el amor por el deporte juega un papel más trascendente. Resulta interesante también para descubrir la evolución del juego, pues la película se ambienta en los 50, cuando los jugadores negros no podían competir en la liga de blancos y cuando la competición era mucho menos ágil y espectacular.

Prórroga - Space Jam (1996)

No podía faltar. Es la película de baloncesto por excelencia. Protagonizada por el mejor jugador de la Historia de este deporte, Michael Jordan, combina animación con actores reales, incluyendo estrellas de la época dorada de la NBA. Esta divertida película narra cómo los Looney Tunes deben enfrentarse a un grupo de pequeños extraterrestres que les han desafiado. Si Bugs Bunny y su equipo pierden, deberán dejar la Tierra e irse a otro planeta; ante las trampas de sus rivales, solo Michael Jordan podrá evitar la derrota de los Looney Tunes.

Una película de culto para muchos y un recuerdo imborrable en la infancia de otros, debemos reconocer que es un producto comercial que buscaba aprovechar el tirón de uno de los deportistas más rentables que ha habido. Sin embargo, el desfile de jugadores de élite, el humor sencillo y entretenido, el inolvidable “I Believe I Can Fly” de su banda sonora y la siempre curiosa mezcla de animación con acción real hicieron que esta película pasara a los anales del cine. Y del baloncesto.

Para 2018 se espera una secuela dirigida por Justin Lin y que contará con el jugador llamado a suceder a Jordan, Lebron James, como gran estrella. 

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 19 de octubre de 2016

Who is free?

It was one of the images of the Olympic Games. Very likely one of the images of the year. A German beach-volley player wearing a bikini faces her Egyptian rival, who covers her body completely. An example of the cultural diversity of the Olympics. But it was also a polemic picture, rising a lot of questions:

Is one of the players freer than the other? Are they both victims of different kinds of sexism? Is it possible that they are both free? It would be easy to say that the German girl was free to play as comfortable as she wants while the Egyptian one was forced by her religion to cover her body and head. But is it that easy?

The rules about how to dress in female beach-volley are now a bit lighter, but until 2012 the sides of the down part of the bikinis couldn’t be larger than seven centimeters. Was that in order to make it more comfortable for competing? Was that a way of sexualizing the players? Would those dresses derivate attention from the performance of the players to their bodies?

In 2012 the rules admitted other uniforms (like the one of the Egyptian player) because “many countries have religious or cultural demands”, like Richard Baker, speaker of the International Beach-Volley Federation said. Not because women had the right to choose over their dresses, but because some religions or cultures wouldn’t allow their women to play dressed with just a bikini.

So, did both players choose their dresses freely? They both said so, but, were those “free” decisions really free or were they based on sexist subjacent ideas that see the female body as something to hide or to show but not as something to compete?

And maybe the biggest question of all: why are we debating about the way sportswomen dress but we don’t do the same with sportsmen?


We can clearly see the interplay of religion, culture or sexism in this debate. This case is just a very visual and recent example about it, but in Aspire we have prepared a Track inside our Conference 2016 that will tackle many other similar cases, with much more developed questions and answers and addressed by real experts in the topic.


(Published in the Blog of Aspire. Manufactury of Change to promote the Aspire Conference 2016)

sábado, 20 de agosto de 2016

La Paz Olímpica

En los Juegos Olímpicos de la Antigüedad era costumbre que, para permitir que los deportistas viajasen a Olimpia para la disputa de los Juegos, se suspendiesen durante ese tiempo todas las guerras que estuvieran teniendo lugar en Grecia. El Comité Olímpico Internacional ha realizado intentos de lograr algo similar a aquella Tregua Olímpica, pero parece que el valor del olimpismo en la Grecia Clásica era mayor que en las sociedades actuales, hasta el punto de que para ellos esa competición deportiva estaba por encima de conquistas y conflictos bélicos, algo que sigue sin suceder en nuestros días. Y es que las guerras no se han parado estas semanas. En Siria, por citar el ejemplo más mediático, se abrieron corredores humanitarios para que la ayuda llegara a las víctimas civiles, pero no tenía nada que ver con los Juegos Olímpicos; y lo que es peor, además de no respetarse, las bombas han seguido cayendo y los inocentes han seguido muriendo.

Efectivamente, los Juegos Olímpicos no disfrutan de un elemento que les haría aun más notables y admirables, pero siguen suponiendo uno de los mejores ejemplos de la grandeza de los seres humanos y de los pueblos. Solo hace falta recordar los valores que defiende el movimiento olímpico: esfuerzo, sacrificio, juego limpio, respeto al contrario y a las normas, superación o deportividad, pero también otros que tienen una dimensión más política, como la reconciliación, el respeto al contrario o la amistad entre naciones.

Hay una serie de imágenes que se han hecho virales estos Juegos y que simbolizan esto a la perfección. Por un lado, el selfie de dos sonrientes gimnastas; una de Korea del Norte y la otra de Korea del Sur. Dos países enfrentados durante décadas, pero que durante unos segundos se reconcilian de la mano de dos chicas que acaban de medirse sobre los aparatos de gimnasia.

Por otro lado tenemos la polémica foto del partido de volley-playa entre alemanas y egipcias; el contraste entre el reducido bikini de las europeas y la prenda que cubría todo el cuerpo de las africanas mostraba un choque cultural que no impedía la disputa de un choque deportivo. Personas de orígenes, culturas y religiones diversas que ponen sus diferencias a un lado para golpear un balón.

Esta foto también abría un debate muy necesario sobre el velo islámico, sobre la libertad y sobre el sexismo en el vestuario de las deportistas, tanto de las que se ven obligadas a taparse como a destaparse. Este debate no es inherente a los Juegos Olímpicos, pero sí se lo debemos a su disputa, pues sin ella no habría sido posible esta imagen o, en su caso, habría pasado desapercibida para los medios de comunicación de masas. Porque, aunque la brecha aun sea excesivamente elevada, los JJOO son la única oportunidad del deporte femenino de lograr una atención mediática mínimamente comparable al deporte masculino.

Dicho todo esto, no olvido que el COI, como la mayor parte de altos organismos deportivos nacionales e internacionales, es una institución podrida por la corrupción. Tampoco que los valores y las bondades de los Juegos Olímpicos son una mera excusa, detrás de la que se hallan intereses económicos y políticos. Ni que el juego limpio solo lo practican unos cuantos, pues el dopaje y las trampas campan a sus anchas por la villa olímpica. Tampoco olvido que merece más admiración quien lo deja todo para irse a un campamento de refugiados en Grecia o a una misión en Sierra Leona a ayudar a los demás que quien gana una medalla olímpica. O que los Juegos Olímpicos modernos no son capaces de parar guerras y que ya no existe la Paz Olímpica.

Aun así, necesitamos unos valores en los que creer y una utopía a la que aspirar. Y eso es, al fin y al cabo, lo que nos proporcionan los Juegos Olímpicos.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

jueves, 9 de junio de 2016

It's just football

On the 29th of January, a football game in the Greek city of Larissa between the AE Larissa and the Acharnaikos made it into the media of many other countries. It was a more or less irrelevant match of the Second League of Greece, nothing special apparently, but as soon as the referee blew his whistle to show the start of the game, the players, trainers and assistants of both teams sat on the field during two minutes in complete silence. In the speakers of the stadium it was announced that this gesture pretended to honor the hundreds of dead kids in the Aegean Sea due to the inaction of the European Union and Turkey. Then the game went on as usual.


Those two minutes saved no one from the death -proof is that hundreds of people keep dying trying to reach the security of European lands-. But that small gesture, in a small game, with small teams might have opened a few eyes. It´s clearly not enough, but in a world where the dramatic reality is not shocking enough to make us take action, these small signs become extremely important and necessary.

That's the power of football. Something that big and popular is a perfect tool to raise awareness and make people think about the real problems of the world. It's not always like that. It's actually almost never like that. But it could be. I leave the offer here for the stars that are already in France ready to play with their national teams. Imagine if beside McDonald's, Hyundai or Adidas there were some campaigns to show the impact of climate change or to fight against homophobia. That would be great, but also, let's not forget that you don’t need to be Cristiano Ronaldo o David Alaba to make an impact; you can be a small Greek football player and send a powerful message to the world.

Of course there are many things to criticize about football. Or rather about the business and corruption around it. But there is also a positive side. Think about how the Rathausplatz in Vienna will be next Tuesday when Austria makes its debut in the tournament: no more division between green and blue, Hofer and Van der Bellen, left and right… For some hours, it will be all about the red t-shirts and about the fun.

That's the whole point. There are too many things in the world that scare, worry or divide us. So, even if it´s an imperfect sports event, let´s enjoy those things that bring us together. Because if we use it well, football can also be a great way to make people aspire, dream, wish for a better world and, why not, get active and start fighting for it.

Let's see football as the amazing and powerful instrument that it is and let’s use it to bring more people together and to help making possible the positive change we want to see in the world.

And also, let's have some fun. In a moment in which some crazy people want to make us all live in fear and without freedom, having fun and using that freedom to be happy is a really useful and peaceful weapon against nonsense and terror.

It's just football. But we could make it so much more. Let's play.