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domingo, 5 de mayo de 2019

[Series] 'No limit': Piloto de una serie convencional

El 10 de mayo llega a Cosmo TV la serie de acción francesa ‘No limit’, una obra entretenida y convencional creada por Luc Besson 


No Limit, Critica, Cosmo

No cabe ninguna duda de que Luc Besson es una figura muy respetada y con amplia experiencia en el cine, responsable de alguna de las obras de acción más relevantes de los 90, como ‘El profesional’. También es un director bastante polifacético, capaz de adentrarse en la animación con ‘Arthur y los Minimoys’ o la ciencia-ficción con ‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’. Lo que faltaba en la trayectoria del francés era la televisión, en la que se estrena como creador, escritor y productor en esta ‘No limit’, que el próximo 10 de mayo llega a España gracias a Cosmo, que estrenará los seis episodios de la primera temporada con un capítulo doble cada viernes a las 22.00

‘No limit’ se centra en la figura de Vincent Liberati, un antiguo soldado que, a cambio de un tratamiento experimental para una enfermedad incurable, accede a trabajar para los servicios secretos de manera clandestina. De esta forma, Vincent podrá estar más cerca de su hija adolescente, que vive con su exmujer, y de su hermana, policía de homicidios que investiga un caso que se cruzará con el del propio Vincent. Una trama, en definitiva, cargada de intriga y acción, pero también de clichés y convencionalismos y sin ningún tipo de novedad dentro del género. 

No Limit, Critica, Cosmo

Es cierto que la serie se estrenó en Francia en 2012, es decir, aunque no podemos hablar de una ficción antigua, sí es cierto que en estos siete años las obras de acción y, sobre todo, las series de televisión, han evolucionado mucho. El público televisivo es mucho más maduro y este tipo de trabajos parecen quedarse ligeramente pasados de moda. Ahora bien, sigue existiendo mercado –siempre lo habrá– para una serie entretenida, intrigante, tensa y sencilla como esta. Conocemos la puesta en escena, la narración y los personajes de sobra, podemos incluso anticipar un cierto final –esto es una elucubración, pues estamos valorando únicamente el piloto de la serie–, mas este tipo de obras siguen siendo ideales como pasatiempos adictivos. De hecho, el cliffhanger al final del primer episodio ya es una buena muestra de la capacidad de atracción y de las armas de la serie. Es evidente, por otra parte, que entre estas armas no se intuyen novedades en la dirección, efectos especiales espectaculares, grandes interpretaciones o una trama inteligentísima y cargada de análisis subyacentes.

Podemos hablar con bastante propiedad de un placer culpable. Además, el hecho de tener a Luc Besson como responsable de ‘No limit’ –la verdad es que ni siquiera el título es original–, le añade una pátina de prestigio bastante interesante. En definitiva, puede que ‘No limit’ sea un producto prescindible, pero no es una serie pesada o aburrida en absoluto. Al contrario, acción e intriga clásicas y sin pretensiones, ideales para desconectar

Lo mejor: su capacidad de entretener 
Lo peor: su falta de atrevimiento 
Nota: 6/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 7 de diciembre de 2018

[Cine] Crítica: ‘The Wild Boys’, de Bertrand Mandico. Única en su reflejo de la transexualidad

‘Les garçons sauvages’, disponible en Filmin, presente en el Atlàntida Film Fest y elegida por Cahiers du Cinema como película del año, es, además, la cinta que mejor capta la fluidez del género y la identidad transexual



La gran película americana. La voz de una generación. El reflejo de una época. El largometraje definitivo sobre el Holocausto. La película feminista por excelencia. La obra del año. De la década. Del siglo. Hablar de cine no es fácil. Caer en los tópicos, sí. Y realizar estas o alguna afirmación semejante es habitual, tanto con intención promocional como descriptiva. Lo más frecuente es equivocarse. Sin embargo, en ocasiones se presentan trabajos tan extraordinarios, transgresores y sorprendentes que recurrir a estas sentencias totales es casi inevitable. 

‘Les garçons sauvages’ es, probablemente, la película que mejor ha captado la fluidez de género y la transexualidad. Estoy de acuerdo con Carlos Laureda, de Fotogramas, que la define como “LA película queer y transgénero del siglo XXI”. Cahiers du Cinema la ha elegido como mejor película de 2018. Tanto en el contenido que destaca Laureda, como en un aspecto más estético que suele preocupar a la revista francesa, la cinta de Bertrand Mandico se convierte en algo único y rompedor. 

Cinco jóvenes burgueses son puestos en manos de un capitán holandés como castigo por la última de sus salvajadas. El Capitán, intentando doblegar su libérrima, violenta y desatada voluntad, los conducirá a una isla de exuberante vegetación, en la que se esconden lascivos placeres. Guiados por una voz en off omnisciente y un uso casi completo del blanco y negro –combinado en determinados momentos con secuencias en color–, nos vamos alejando de una narración convencional y de una película de aventuras marinas para encontrarnos con una surrealista sucesión de alegorías cargadas de simbolismo.


Lujuriosa, lúbrica y orgiástica, la práctica totalidad de las imágenes contienen referencias sexuales. Esto, sumado al hecho de que los cinco protagonistas estén interpretados por chicas, nos lleva a una profunda reflexión sobre la sexualidad, el feminismo, las barreras y la fluidez de género, el rechazo a la virilidad o la identidad. Si bien todos ellos puedan enmarcarse en la transexualidad, sus ramificaciones alcanzan otros muchos campos, lo que dota de mayor atractivo y de nuevas dimensiones a ‘The Wild Boys’. De todos los elementos mencionados, y esto es solo una opinión, son ese rechazo a la virilidad y la identidad los más interesantes, aunque solo sea por la posición que ocupa en la narración. 

Más allá de una película queer 


Visualmente, el componente onírico es muy poderoso, como también lo es la vegetación de la isla. Las actuaciones están muy cuidadas en todos los casos, mostrando una evolución, tanto física como psicológica, muy elaborada. Sin embargo, a pesar de que el aspecto cinematográfico podría considerarse tan novedoso y atractivo como su enfoque transgénero, palidece ante la fuerza de este aspecto, al que queda subordinado. 

Con todo esto, la película es muy compleja. No es lenta ni tan abstracta como para que resulte imposible seguir el desarrollo de los hechos, pero quizás sí acabe siendo demasiado densa. Tampoco es una obra inclasificable o incomprensible, aunque sí es extraña y demanda una visión muy reposada que permita desentrañar todas las alegorías y referencias ocultas. Es, por supuesto, una película muy particular. Y, sin ser un gran aficionado del surrealismo, reconozco que me siento muy atraído por ella. No sé si como un placer oculto o como deseo irrefrenable e incomprensible, pero hay algo en ‘Les garçons sauvages’ que me atrae y me distancia al mismo tiempo. Como la marea que mece el barco en el que viajan los chicos salvajes. O como los placeres de la isla que les transforma y seduce.


Y es que solo un trabajo tan especial y complejo puede aspirar a convertirse en la película que mejor retrata la fluidez del género y la identidad transexual. Sea o no digna merecedora, su tratamiento de una materia tan –todavía– marginal y su valiente apuesta en la que la normatividad es arrasada, la convierten en una experiencia única. 

Lo mejor: su simbolismo y su incursión en el debate sobre la identidad 
Lo peor: me gustan más todos sus elementos –tanto en la forma como en el fondo– que la película en sí misma 
Nota: 8/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 30 de junio de 2018

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'La posverdad rusa' (2018), de Paul Moreira

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'La posverdad rusa' (2018), de Paul Moreira

Uno de los títulos que se presentan dentro del Atlàntida Film Fest de Filmin es el documental francés 'La posverdad rusa', de Paul Moreira, que no trata con acierto un tema de gran relevancia


Las noticias falsas o falseadas, las conocidas como fake news, plantean uno de los principales desafíos para el sector del periodismo y, en general, para la democracia. Enmarcadas en la ola de la posverdad, en la que la emocionalización del discurso ha hecho que las opiniones pasen a tratarse como hechos, son el elemento central de la desinformación. Los investigadores Bennet y Livingston definen este fenómeno como “la irrupción sistemática de flujos de información autoritarios”. Esto es exactamente lo que Rusia lleva años haciendo. 

‘Inside the Russian Info War Machine’ analiza este fenómeno, centrándose en la influencia que el gigante euroasiático tuvo en procesos electorales tan destacados como los de Estados Unidos y Francia, así como las conexiones de las redes rusas con partidos extremistas europeos, campañas de desinformación a través de la red con otro tipo de contactos geopolíticos. El documental, traducido en castellano por 'La posverdad rusa', parece orientarse a esa guerra de la información, pero se introduce sin demasiado acierto en formas tradicionales de influencia geopolítica que, aunque muy cuestionables, posiblemente sean llevadas a cabo por gran cantidad de gobiernos y naciones. 

En realidad, ahí reside otro problema de la obra de Paul Moreira, y es que de lo que aquí se culpa a Rusia –intentar ganar aliados en otros países, desestabilizar a sus rivales, explotar internet con fines dudosos, etc.– no es algo exclusivo de este país. Ni la posverdad ni las noticias falsas pueden reducirse exclusivamente a Rusia, de la misma forma que tampoco parece adecuado generalizar –como en ocasiones parece ocurrir– al conjunto de la población rusa, sino a una élite, con Vladimir Putin a la cabeza, que forma parte de una red de partidos nacionalistas y autoritarios que se apoyan y retroalimentan entre sí. Lo extraño sería que no lo hicieran y, que utilicen la propaganda en la red, que se financien entre ellos o que establezcan alianzas es casi lo esperable de ellos.

[Atlàntida Film Fest] Crítica: 'La posverdad rusa' (2018), de Paul Moreira

Es cierto que lo que hace el gobierno ruso es más complejo por su dimensión y por sobrepasar líneas que otros colegas no alcanzan, y por eso es tan peligroso y censurable, mas es necesario atacarlo con los argumentos adecuados. Primero, para evitar que sean contraargumentados. En segundo lugar, para no generar un ruido excesivo que impida distinguir acusaciones banales y más o menos irrelevantes de los comportamientos verdaderamente graves, que lo que sucede con Trump, a quien se critica de la misma forma cuando se le vuela el peluquín que cuando denigra a las mujeres o cuando viola los derechos humanos de las minorías. Y tercero, para no caer en los propios males que se critican.

Este fin hubiera demandado otros medios


De hecho, el documental comete el error de mostrar una visión excesivamente sesgada, dando a entender que Emmanuel Macron o la BBC lo hacen todo bien y que Marine LePen o Russia Today lo hacen todo mal, cuando no es así. Para poder atacar a la dirigente ultraderechista francesa o al medio propagandista ruso es necesario utilizar argumentos muy cuidados, reconocer que sus antítesis no son perfectos y no caer en falacias, pues de lo contrario se cometería el mismo error que ellos, ofreciendo visiones parciales de la realidad y alimentando el peligrosísimo discurso de buenos contra malos.

El trabajo de Paul Morerira, muy meritorio y en algunos aspectos muy completo, cuenta cosas que en su mayoría son totalmente ciertas, pero sin una justificación suficiente. Es probable que este tipo de información plantee ciertas complicaciones, pero una mayor tarea de contextualización y de explicación hubiera ayudado a comprender mejor la dimensión de esta problemática. El documental comienza mucho más moderado en el análisis y con una construcción más completa, pero la narración va dando paso a una gran cantidad de elementos y temas que no puede abarcar sin utilizar argumentos más vacíos e incompletos en ocasiones casi falaces, que restan credibilidad. 

Es evidente que el mensaje final del documental es muy válido, pero la forma de hacerlo llegar al espectador es más cuestionable. Precisamente porque no se aleja tanto de la retórica y de las fórmulas de los contenidos falsos o ‘alternativos’ que busca criticar. Así, aunque la conclusión sea importante, no es esta la mejor forma de llegar a ella. Aquí el fin, por admirable y necesario que sea, no justifica estos medios. 

Lo mejor: la tarea de investigación que hay detrás del film.
Lo peor: que los argumentos no estén suficientemente justificados y lleguen a resultar falaces; algo inadmisible en un tema tan delicado y criticable.
Nota: 4


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 24 de enero de 2018

Crítica: '120 pulsaciones por minuto' (2017), de Robin Campillo


Sobrecogedor. Así es el tema y así es también 120 pulsaciones por minuto. No es una película agradable ni disfrutable, pero tampoco cae en el melodrama de otras obras semejantes, logrando una personalidad propia que le llevó a conseguir el Gran Premio del Jurado en Cannes o reconocimientos y galardones de diversas organizaciones.

Su valor está en conseguir capturar la esencia de lo que supuso el movimiento Act Up Paris y, sobre todo, de lo que supone el drama de ser seropositivo. Y en ambos casos, la cinta de Robin Campillo destaca por su didacticidad y su respeto. Didacticidad al mostrar las acciones del movimiento, su intenso debate interno y el contexto que rodeó a la epidemia de sida en Francia en los años 90. Y respeto porque transmite sin sentimentalismos, pero con humanidad, la dureza de la enfermedad y de lo que implicaba la falta de esperanza de saber que las instituciones públicas y privadas no estaban luchando por salvar la vida de todas las personas contagiadas con el VIH.

Es el componente didáctico el que resulta más interesante, principalmente por su contenido. Así, sobre todo en la primera mitad del film, las escenas con las acciones de Act Up o las asambleas semanales resultan muy ilustrativas y con una capacidad de concienciación muy potente. La segunda parte, más centrada en la enfermedad y la relación sentimental entre los dos protagonistas, a pesar de ser en la que reside el alama de la obra, llega a resultar pesada. Más que pesada, agotadora. Y no por mal hecha, sino por lo sobrecogedor del tema. Es cierto que sus 140 minutos de metraje, unidos a lo doloroso del tema, acaban resultando demasiado largos. Y aunque el espectador es consciente de que no está presenciando ningún pasatiempo intrascendente, la sensación final –con una estrategia en la última secuencia muy adecuada para ello– es de mal cuerpo, resultando más intensa de lo que se podría esperar.


Porque no es esa la tónica general durante el film. Junto a los elementos más dinámicos de las campañas de concienciación y visibilidad, lo habitual es un acusado intimismo con los personajes. Unos personajes magníficamente interpretados, con gran cantidad de matices y capaces de hacer sentir con ellos al espectador.

A eso ayuda una cámara que se les acerca mucho, primando los primeros planos y manteniéndose siempre en movimiento. La sensación es naturalista, captando con gran realismo momentos más o menos trascendentes de la historia, haciendo uso de grandes y no siempre claras elipsis, en ocasiones mostrando acciones sin aparente conexión. Encuentros sexuales en la oscuridad se combinan con rítmicas escenas de fiesta y con luchas a la desesperada por unos tratamientos o una visibilidad que parecen no llegar.

Y, efectivamente, no llegan. No hay sorpresas ni milagros. Somos conscientes, como los protagonistas, del fatalismo de la situación. No hay final feliz. Pero la lucha y el amor quedan. Y quizás eso sea lo más doloroso. Y lo más bonito.

Lo mejor: su combinación de sexo, fiesta y lucha
Lo peor: su excesiva duración
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 29 de mayo de 2017

Palmarés del (flojo) Festival de Cannes 2017


Era la edición número 70 y la intención era que el Festival de Cannes 2017 resultara memorable. Lo cierto es que se hablará más tiempo de sus polémicas –que si photoshop a Claudia Cardinale, que si las películas de Netflix– que de sus películas. La entrega de la Palma de Oro este domingo ha puesto el cierre a una edición bastante floja en La Croisette.

El jurado presidido por Pedro Almodóvar, y en el que también figuraban Maren Ade, Jessica Chastain, Fan BingBing, Agnès Jaoui, Park Chan-wook, Paolo Sorrentino, Gabriel Yared y Will Smith, ha seleccionado a la comedia sueca ‘The Square’, de Ruben Östlund, como mejor película de la Sección Oficial de Cannes. La cinta, una sátira sobre el mundo del arte contemporáneo, combina elementos surrealistas e irónicos para criticar la corrección política. 

FOTO: Ian Langsdon (EFE)

El premio a la Mejor dirección ha sido para Sofia Coppola, por ‘La seducción’ (‘The Beguiled’), el remake feminista de ‘El seductor’, dirigida en 1971 por Don Siegel. Protagonizada por Colin Farrell, Elle Fanning, Nicole Kidman y Kirsten Dunst, había sido una de las películas más comentadas del festival. Coppola se convierte así en la segunda mujer en ganar este premio en la historia del Festival tras la rusa Yuliya Solntseva, que lo consiguió en 1961 por "La epopeya de los años de fuego".

Joaquin Phoenix fue elegido Mejor actor por su papel en 'You Were Never Really Here', de Lynne Ramsay, que también se llevó (ex aequo junto a 'The Killing of a Sacred Deer') el premio a Mejor guion. El reconocimiento a Phoenix resultó parcialmente sorprendente, algo que no ocurrió con el galardón a Mejor actriz, que fue merecidamente para Diane Kruger, lo más notable de la película alemana 'Aus dem Nichts', de Fatih Akin.

EL Gran Premio del Jurado fue para la francesa ‘120 battements par minute’, un drama sobre la lucha contra el sidra, mientras que el polaco Andrey Zvyagintsev se llevó el Premio del Jurado por 'Loveless'. Por su parte, el Premio Especial 70 aniversario, creado casi de repente con motivo del aniversario, fue para una Nicole Kidman ausente en la gala pero que había participado en cuatro de las películas proyectadas en el festival. Will Smith fue el encargado tanto de entregar como de recoger este premio a una actriz con una carrera amplísima y que sigue trabajando sin descanso.

El palmarés completo de la 70 edición del Festival de Cannes ha sido:

Palma de Oro: 'The square', de Ruben Östlund
Gran Premio del Jurado: '120 battements par minute', de Robin Campillo
Premio del Jurado: 'Loveless', de Andrey Zvyagintsev
Mejor dirección: Sofia Coppola, por 'The Beguiled'
Mejor actor: Joaquin Phoenix, por 'You were never really here'
Mejor actriz: Diane Kruger, por 'Aus Dem Nights (In the fade)'
Mejor guion: Ex-aequo para Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou por 'The killing of a sacred deer' y para Lynne Ramsay por 'You were never really here'
Mejor película de la Semana de la Crítica: 'Makala', de Emmanuel Gras
Premio Cámara de Oro a la mejor ópera prima: 'Jeune femme', de Léonor Serraille.
Premio FIPRESCI de la crítica: '120 battements par minute', de Robin Campillo
Mejor película en 'Un Certain Regard': 'Lerd (A Man of Integrity)', de Mohammad Rasoulof
Mejor cortometraje: 'Xiao Cheng Er Yue', de Qiu Yang

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 15 de mayo de 2017

Crítica: 'Sahara' (2017), de Pierre Coré


Es posible el cine siga perteneciendo a las salas. Aun así, resulta complicado justificar la decisión del Festival de Cannes de no permitir en próximas ediciones películas que no vayan a ser estrenadas en salas francesas –decisión derivada de las protestas de los exhibidores galos por la presencia de dos producciones de Netflix en la sección oficial del certamen–. No solo porque las plataformas digitales son el futuro y el presente del cine y la televisión, sino porque gracias a ellas están viendo la luz muchas producciones que, de seguir vigente únicamente el modelo tradicional, no habrían tenido cabida.

Un ejemplo de ello puede ser 'Sahara', una película animada estrenada hace poco gracias a Netflix y que rompe una barrera en el cine. Es una barrera totalmente irrelevante en realidad, pero resulta curioso que un animal tan denostado en la cultura popular como la serpiente protagonice una película ambientada en un entorno tan poco glamouroso como el desierto. No es que las serpientes o el desierto merezcan justicia por su escaso o negativo tratamiento en el pasado, pero el hecho de que un largometraje de animación pueda tener estos protagonistas y este entorno da una muestra de la apertura y de la novedad que plataformas como Netflix aportan al séptimo arte.

No pretendo con esto realizar una defensa encendida de Netflix o plataformas similares, pues el tema es bastante más complejo y cargado de matices, pero creo que resulta apropiado para introducir la premisa de 'Sahara'.

Y es que su concepción es seguramente lo más interesante de esta cinta. Ajar (con la voz de Omar Sy en la versión orginal) es una serpiente que no encaja entre los de su especie, habitantes en el duro desierto del Sahara. Por eso él y su amigo Pitt, un escorpión, intentarán adentrarse en el oasis, dominio de otra población de serpientes, mucho más elitistas y acomodadas. Allí, nuestro protagonista se enamorará de Eva –magnífica elección del nombre, por cierto–, que será capturada por un encantador de serpientes. Ajar deberá entonces recorrer todo el desierto para liberarla.


De no tratarse de serpientes del desierto estaríamos hablando de una cinta más, con una trama y una narración que ya hemos visto en muchas ocasiones: un héroe que no encaja entre los suyos, algunos secundarios estereotipados, una princesa secuestrada, un romance imposible... La más manida narración clásica de las historias infantiles, aunque en lugar de caballos o leones, con serpientes.

La animación, sin ser Pixar, resulta colorista y atractiva, prestando atención a los detalles. También consigue sacarnos alguna sonrisa en varios momentos. Y por encima de esto, cabe destacar la música, con ritmos ágiles y exóticos, en números que tienden que combinar animación y sonido de forma notable y vistosa.

En el otro lado de la balanza, y como ya hemos mencionado, la excesiva falta de riesgos narrativos que corre la película más allá de su concepción inicial. Al mismo tiempo, ayudado por el hecho de estar orientada claramente hacia el público infantil, adolece de una excesiva simplicidad. Nunca conseguimos conectar del todo con unos personajes demasiado planos y algo faltos de carisma.

Mas con todos esos fallos, es de agradecer el valor de la película de explorar nuevos territorios. 'Sahara' no pasará a la historia, no batirá records y tampoco marcará una pauta para el cine del futuro, pero sirve para ilustrar cómo, en una época en la que los grandes estudios están más centrados en producir secuelas, precuelas y spin-offs de productos enlatados, las plataformas digitales están ayudando a mantener la originalidad y a abrir nuevos caminos al hacer cine. Y eso, en lugar de frenado, debería ser incentivado.

Lo mejor: la novedad de estar protagonizada por una serpiente en el desierto
Lo peor: su excesiva simplicidad y falta de novedad en la narración
Nota: 7


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 30 de septiembre de 2016

Pedro no está solo

El descalabro del PSOE parece tener un culpable claro, pero, independientemente de la crítica que se le pueda realizar tanto a Pedro Sánchez como al conjunto del partido y sus federaciones en España, podemos hacer una lectura más amplia del problema para ver que Pedro y el PSOE no están solos.

FOTO: EFE
El primer caso, el más claro, tiene como protagonista al PASOK en Grecia. El partido que había dominado la política helena en los ochenta, noventa y parte de la primera década del siglo XXI pasó a convertirse en una fuerza casi marginal, muy lejos de los conservadores de Nueva Democracia y de Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical. Naturalmente, la dramática situación griega ha tenido mucho que ver en este vuelco; el hecho de que el PASOK de Papandreu fuera el partido que gobernaba al estallar la crisis les ha lastrado notablemente. Salvando las distancias, vemos algunas semejanzas con el caso español, motivo por el que la amenaza de que el PSOE pueda acabar como el PASOK se ha escuchado en alguna ocasión.

Otro ejemplo: Francia. Aunque el Partido Socialista esté al mando del Gobierno, tanto los resultados regionales y locales como las encuestas les auguran un futuro bastante pobre. El ultraderechista Frente Nacional de Le Pen y Los Republicanos de Sarkozy parecen estar muy por delante de un partido que no ha sabido hacer frente al terrorismo, ha sufrido numerosas y duras huelgas y se ha visto salpicado por las polémicas de su Presidente, François Hollande, que van desde sus infidelidades hasta el salario de su peluquero particular.

FOTO: Getty
En el Reino Unido, a pesar de que (o precisamente porque) los protagonistas del Brexit han sido los Tories de David Cameron y el euroescéptico UKIP de Nigel Farage, el Partido Laborista parece haber pasado a un segundo plano. Su única alegría en los últimos meses ha sido la consecución de la alcaldía de Londres por Sadiq Khan. En esas Elecciones Locales el Partido Laborista no supo aprovechar el desgaste de los conservadores y solo logró salvar los muebles y ganar algo de tiempo para su líder, un Jeremy Corbyn que, como le ocurre a Pedro Sánchez, tiene más enemigos en el seno de su partido que fuera.

En Austria el caso es más complejo: el pasado mayo hubo elecciones para elegir al Presidente de la República y a la segunda vuelta llegaron el candidato de extrema derecha Norbert Hofer y la candidatura apoyada por Los Verdes, Alexander van der Bellen. Tanto el candidato socialista como el conservador se quedaron en porcentajes de voto cercanos al 11%, una cifra ínfima si consideramos el tradicional dominio de ambos, sobre todo de los socialistas, en los comicios austriacos desde el regreso de la democracia. Dejando a un lado el hecho de que, por distintos y curiosos motivos, el país sigue sin Jefe de Estado, los socialdemócratas austriacos tampoco viven su mejor momento. Al revés en estas Elecciones Presidenciales hay que sumar la dimisión del Canciller Werner Faymann (que gobernaba en coalición con los democristianos) a raíz de las mismas, pero también hay que tener en cuenta el retroceso que el partido está sufriendo en los sondeos tras su mala gestión de la crisis de refugiados y de un panorama económico que muestra signos de debilidad.

Sin negar el papel de los responsables nacionales, quizás convenga reflexionar también sobre la falta de identidad de estos partidos. El adjetivo socialista no les pega, pues todos han renegado del Socialismo, motivo por el que son adelantados por su izquierda. Además, en sociedades avanzadas como las europeas, la lucha por los derechos sociales, aunque siga siendo esencial, no se percibe como tal, de ahí que el papel de estos partidos pierda valor. Al mismo tiempo, la crisis y la inmigración han hecho ascender a partidos populistas que han robado votos a los partidos tradicionales. Y frente a estos partidos, han sido los conservadores moderados quienes parecen haberse convertido en la única alternativa capaz de hacerles frente.

La crisis del socialismo en Europa va más allá de los nombres de sus distintos líderes. Y quizás parte de su resurrección pase por cambiar de responsables, pero también resulta necesario un replanteamiento a nivel internacional de lo que estos partidos quieren y representan. Y no sé si este mal de muchos consuela a Pedro Sánchez, pero al menos le demuestra que no está solo.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

lunes, 1 de agosto de 2016

Pequeños gestos

En el periódico de ayer, en el del verano pasado, lo que nos ocupaba era la crisis de los refugiados. Cientos, miles de personas intentaban llegar a Europa huyendo de la guerra, la violencia y la miseria. Fue ya casi en septiembre, con la vuelta al cole, cuando los medios de comunicación españoles centraron de verdad el foco en este drama, cimentado durante los meses estivales por naufragios, llegadas masivas y cierres de fronteras.

En medio del drama, fue una historia aparentemente irrelevante la que consiguió emocionarme. Tras el cierre de la frontera entre Hungría y Austria, un coche en el que habían conseguido cruzar algunos refugiados fue parado por la policía austriaca. Un agente se aproximó al vehículo, en el que encontró un grupo de refugiados asustados ante la posibilidad de ser devueltos a Hungría. Les dijo “Bienvenidos a Austria” y les indicó el mejor camino para proseguir hacia su siguiente destino.

Este verano siguen intentando llegar refugiados a nuestras fronteras. Pero la UE ha firmado un acuerdo con la Turquía de Erdogan (sí, el democrático responsable de incontables violaciones de Derechos Humanos en Turquía y de la purga tras el fallido golpe de Estado) que relaja la presión sobre nuestros países, por lo que el nivel de atención mediática es mucho menor. Este verano las noticias que nos inquietan son las relacionadas con el terrorismo, que se ha convertido en un verdadero problema porque ha llegado a Occidente.

FOTO: Agencia EFE
Uno de los últimos y más brutales casos tuvo lugar en una iglesia de Rouen, donde dos terroristas entraron mientras se celebraba misa, tomaron rehenes y degollaron al párroco. Este domingo, la comunidad islámica francesa hizo un llamamiento para que los musulmanes galos acudiesen a las ceremonias católicas en señal de solidaridad. Este gesto, también aparentemente irrelevante, ha sido el que ha vuelto a conseguir emocionarme en medio de tanta locura y sinsentido.

Esos musulmanes que celebraron ritos católicos con sus hermanos crisitanos son los verdaderos musulmanes, que sienten el dolor de los demás y lloran con ellos. Y esos cristianos que les acogieron en sus iglesias con sus pañuelos y turbantes son los verdaderos cristianos, que no juzgan, sino que acogen, a quienes no rezan a su mismo Dios.

Por sí solos, los actos de fraternidad de este domingo en Francia, igual que el de aquel policía austriaco, no pueden cambiar una realidad demasiado compleja, ni acabar con unos problemas demasiado extendidos, pero sí pueden recordarnos al resto la humanidad y la solidaridad que hacen falta para modificar esa realidad y para solucionar esos problemas.

Estos ejemplos, gotas en un mar de alambradas y extremismo, pueden ser tomados por muchos como "buenismo", defendiendo que no arreglan nada y que la solución pasa por más mano dura y por no dejarse llevar por el sentimentalismo. Quizá sea cierto y solo las armas pararán esta ola de violencia y terror que amenaza con ahogarnos en miedo y sangre. Pero para mí, estos gestos son la balsa que nos mantiene a flote.


(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

jueves, 9 de junio de 2016

It's just football

On the 29th of January, a football game in the Greek city of Larissa between the AE Larissa and the Acharnaikos made it into the media of many other countries. It was a more or less irrelevant match of the Second League of Greece, nothing special apparently, but as soon as the referee blew his whistle to show the start of the game, the players, trainers and assistants of both teams sat on the field during two minutes in complete silence. In the speakers of the stadium it was announced that this gesture pretended to honor the hundreds of dead kids in the Aegean Sea due to the inaction of the European Union and Turkey. Then the game went on as usual.


Those two minutes saved no one from the death -proof is that hundreds of people keep dying trying to reach the security of European lands-. But that small gesture, in a small game, with small teams might have opened a few eyes. It´s clearly not enough, but in a world where the dramatic reality is not shocking enough to make us take action, these small signs become extremely important and necessary.

That's the power of football. Something that big and popular is a perfect tool to raise awareness and make people think about the real problems of the world. It's not always like that. It's actually almost never like that. But it could be. I leave the offer here for the stars that are already in France ready to play with their national teams. Imagine if beside McDonald's, Hyundai or Adidas there were some campaigns to show the impact of climate change or to fight against homophobia. That would be great, but also, let's not forget that you don’t need to be Cristiano Ronaldo o David Alaba to make an impact; you can be a small Greek football player and send a powerful message to the world.

Of course there are many things to criticize about football. Or rather about the business and corruption around it. But there is also a positive side. Think about how the Rathausplatz in Vienna will be next Tuesday when Austria makes its debut in the tournament: no more division between green and blue, Hofer and Van der Bellen, left and right… For some hours, it will be all about the red t-shirts and about the fun.

That's the whole point. There are too many things in the world that scare, worry or divide us. So, even if it´s an imperfect sports event, let´s enjoy those things that bring us together. Because if we use it well, football can also be a great way to make people aspire, dream, wish for a better world and, why not, get active and start fighting for it.

Let's see football as the amazing and powerful instrument that it is and let’s use it to bring more people together and to help making possible the positive change we want to see in the world.

And also, let's have some fun. In a moment in which some crazy people want to make us all live in fear and without freedom, having fun and using that freedom to be happy is a really useful and peaceful weapon against nonsense and terror.

It's just football. But we could make it so much more. Let's play.


sábado, 14 de noviembre de 2015

Hijos de una generación que no se va a dejar intimidar


La noche del 23 de febrero de 1981, la noche en la que se produjo el infame intento de golpe de estado en España, es popularmente conocida como la Noche de los Transistores. Recuerdo a mi madre explicarme el porqué de esta denominación: muchas personas siguieron los sucesos que tenían lugar en Madrid y en otros puntos de la geografía española a través de la radio. Esa noche muchas personas no durmieron sabiendo que la democracia volvía estar en peligro en España.

Hoy comprendo mejor a esa generación de jóvenes a la que pertenecían mis padres y que vivió aquellos hechos con el miedo de que la todavía reciente e insegura democracia volviera a derrumbarse. Hoy yo estoy viviendo una noche similar, en la que la democracia, la libertad y la seguridad han vuelto a ser atacadas.

Todos somos hijos e hijas de nuestra generación, forjados por la Historia que nos toca en suerte. Y lo que hoy yo vivo con miedo, nerviosismo e impotencia, es lo que vivieron otros jóvenes cuando Londres, Madrid o Estados Unidos fueron atacados por grupos terroristas el 7 de julio de 2005, el 11 de marzo de 2004 y el 11 de septiembre de 2001, respectivamente. La misma experiencia de quienes siguieron el desarrollo del 23-F a través de los transistores.

Hoy esta generación experimenta vulnerabilidad ante la facilidad con la que se puede sembrar el caos en una de las principales urbes del planeta. Y siente miedo ante la posibilidad de que la seguridad que tomamos por garantizada deje de estarlo. Esta noche todos hemos sentido miedo porque hemos visto que nuestra libertad se ha visto atacada de forma inesperada, bárbara, sangrienta y violenta. De forma irracional, inútil y cobarde.

Eso es lo que los monstruos querían: que el miedo campara a sus anchas por el mundo entero igual que los terroristas habían campado a las suyas por las calles de París. El miedo ha sido un sentimiento esencial esta noche en todo Occidente. Pero conviene recordar algo muy importante que leí en Facebook hace un momento, y es que el terror vivido esta noche en París es el terror que hace huir a quienes muchos quieren negar la entrada en nuestras fronteras.

Ese es el desafío que se plantea ahora: responder al terror con entereza y justicia, diferenciando a los verdaderos responsables, a los fanáticos, del resto de las personas, y sabiendo que el Islam, el de verdad, es todo lo contrario a lo que unos locos pretendieron imponer esta noche.

Ahora nos toca demostrar que seguimos siendo libres, que siempre vamos a serlo y que lucharemos hasta que todas las personas del mundo lo sean. Y cantaremos la Marsellesa, y nos manifestaremos, y escribiremos mensajes de repulsa en las redes sociales, y rezaremos por las víctimas y sus familias, y abriremos las puertas de nuestras casas a quienes huyan de la barbarie. Haremos todo lo que sea necesario hasta que quienes quieren imponer con las armas su locura descubran que no tienen nada que hacer.

Somos los hijos de una generación que hoy se sorprende, se asusta y se escandaliza por lo ocurrido en París. Somos los responsables de que nadie tenga que seguir viviendo esa tragedia, ni en París, ni en Alepo, ni en Kabul. Porque las víctimas de París no valen más que las víctimas que se suceden sin parar en ciudades donde el terror ya no es noticia.

Esta noche, además de las dolorosas víctimas, han atacado nuestra libertad. Pero los radicales no se dan cuenta de eso. Ellos solo conocen la violencia como medio para imponer ideas y creencias. Ellos no saben lo que significa la palabra “libertad”. Es hora de que lo aprendan.

(Publicado en Neupic)