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miércoles, 20 de febrero de 2019

[Cine] Crítica: 'They' (2017), de Anahita Ghazvinizadeh. Sensible normalización

‘They’, presentada en el Festival de Cannes, llega al catálogo de Filmin este viernes, 22 de febrero, con una sutil reflexión sobre la pubertad y la identidad de género


‘They’, presentada como la historia una persona de género fluido que debe dejar de tomar la medicina que frena su pubertad y decidir finalmente cuál es el género con el que debe entrar en la juventud, narra una historia más compleja que esto. Y ese es el elemento clave de la película, pues normaliza la situación y el fenómeno de la fluidez de género y de la búsqueda de identidad, restándole drama y protagonismo para otorgárselo a otros personajes, dejando que esta historia se convierta en el marco, casi el macguffin, de todo el film. De esta forma, las leyes de extranjería de Estados Unidos, el acceso a la sanidad, la interacción entre culturas o la ausencia de un miembro de la familia ganan peso, añadiéndole capas a la obra.

Ellos, pronombre al que responde J, es, no obstante, el personaje central de la narración. Es la ausencia de sus padres la que hace que su hermana y su novio iraní pasen unos días con ellos; y es la decisión que debe tomar sobre su identidad de género la que abre y cierra la película. No existe un elevado grado de dramatismo asociado al personaje, al menos no en su relación con otros, pero sí se percibe su desorientación interna. El reflejo de este aspecto presenta una de las reflexiones más interesantes de la obra: ¿cómo se siente una persona que, cuidada por una familia que la quiere y aceptada por quienes le rodean, no sabe definir quién es? Esto, junto a la tematización de la terminología con la que ellos –el personaje de J– quieren ser referidos, es la mayor aportación del film. 

Poco interés más allá del personaje central 


La película, en términos puramente fílmicos, tiene algunos fallos. La incorporación de una parte más artística y experimental a la narración, con el juego con el foco de la cámara, las flores, la música o la poesía, que sirve en gran medida como leit motiv y como reflejo de las dudas de ellos, resulta solo parcialmente atractiva y no siempre acertada. Y, si bien es cierto que la película no se alarga por este motivo –en total son poco más de 75 minutos–, tal vez se agradecería una mayor profundización en la historia de los personajes que estas referencias más alegóricas. A su vez, los personajes, aunque bien diseñados y con abundantes matices, se ven limitados por algunas líneas de diálogo artificiales y por interpretaciones un tanto mediocres por momentos.


Pero esto es comprensible y excusable, pues se aprecia la sencillez y amataurismo de esta obra presentada en el Festival de Cannes de 2017. Una obra, por cierto, financiada en gran medida por dinero qatarí y escrita y dirigida por la iraní Anahita Ghazvinizadeh, alumna de Abbas Kiarostami. Puede resultar sorpresivo este origen dada la intransigencia religiosa que define a ambos países, no obstante conviene apuntar que la transexualidad está más aceptada y extendida en Irán que en muchos países occidentales.

Más allá de lo que rodea a la obra, más allá incluso de las propias características de la misma, el valor de esta cinta radica en su capacidad de sensibilización y normalización al retratar la realidad de muchas personas que deben descubrir algo tan básico como su identidad. 

Lo mejor: el debate sobre la terminología y el conflicto interno de las personas de género fluido
Lo peor: el nivel de algunas interpretaciones y diálogos 
Nota: 6/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 7 de diciembre de 2018

[Cine] Crítica: ‘The Wild Boys’, de Bertrand Mandico. Única en su reflejo de la transexualidad

‘Les garçons sauvages’, disponible en Filmin, presente en el Atlàntida Film Fest y elegida por Cahiers du Cinema como película del año, es, además, la cinta que mejor capta la fluidez del género y la identidad transexual



La gran película americana. La voz de una generación. El reflejo de una época. El largometraje definitivo sobre el Holocausto. La película feminista por excelencia. La obra del año. De la década. Del siglo. Hablar de cine no es fácil. Caer en los tópicos, sí. Y realizar estas o alguna afirmación semejante es habitual, tanto con intención promocional como descriptiva. Lo más frecuente es equivocarse. Sin embargo, en ocasiones se presentan trabajos tan extraordinarios, transgresores y sorprendentes que recurrir a estas sentencias totales es casi inevitable. 

‘Les garçons sauvages’ es, probablemente, la película que mejor ha captado la fluidez de género y la transexualidad. Estoy de acuerdo con Carlos Laureda, de Fotogramas, que la define como “LA película queer y transgénero del siglo XXI”. Cahiers du Cinema la ha elegido como mejor película de 2018. Tanto en el contenido que destaca Laureda, como en un aspecto más estético que suele preocupar a la revista francesa, la cinta de Bertrand Mandico se convierte en algo único y rompedor. 

Cinco jóvenes burgueses son puestos en manos de un capitán holandés como castigo por la última de sus salvajadas. El Capitán, intentando doblegar su libérrima, violenta y desatada voluntad, los conducirá a una isla de exuberante vegetación, en la que se esconden lascivos placeres. Guiados por una voz en off omnisciente y un uso casi completo del blanco y negro –combinado en determinados momentos con secuencias en color–, nos vamos alejando de una narración convencional y de una película de aventuras marinas para encontrarnos con una surrealista sucesión de alegorías cargadas de simbolismo.


Lujuriosa, lúbrica y orgiástica, la práctica totalidad de las imágenes contienen referencias sexuales. Esto, sumado al hecho de que los cinco protagonistas estén interpretados por chicas, nos lleva a una profunda reflexión sobre la sexualidad, el feminismo, las barreras y la fluidez de género, el rechazo a la virilidad o la identidad. Si bien todos ellos puedan enmarcarse en la transexualidad, sus ramificaciones alcanzan otros muchos campos, lo que dota de mayor atractivo y de nuevas dimensiones a ‘The Wild Boys’. De todos los elementos mencionados, y esto es solo una opinión, son ese rechazo a la virilidad y la identidad los más interesantes, aunque solo sea por la posición que ocupa en la narración. 

Más allá de una película queer 


Visualmente, el componente onírico es muy poderoso, como también lo es la vegetación de la isla. Las actuaciones están muy cuidadas en todos los casos, mostrando una evolución, tanto física como psicológica, muy elaborada. Sin embargo, a pesar de que el aspecto cinematográfico podría considerarse tan novedoso y atractivo como su enfoque transgénero, palidece ante la fuerza de este aspecto, al que queda subordinado. 

Con todo esto, la película es muy compleja. No es lenta ni tan abstracta como para que resulte imposible seguir el desarrollo de los hechos, pero quizás sí acabe siendo demasiado densa. Tampoco es una obra inclasificable o incomprensible, aunque sí es extraña y demanda una visión muy reposada que permita desentrañar todas las alegorías y referencias ocultas. Es, por supuesto, una película muy particular. Y, sin ser un gran aficionado del surrealismo, reconozco que me siento muy atraído por ella. No sé si como un placer oculto o como deseo irrefrenable e incomprensible, pero hay algo en ‘Les garçons sauvages’ que me atrae y me distancia al mismo tiempo. Como la marea que mece el barco en el que viajan los chicos salvajes. O como los placeres de la isla que les transforma y seduce.


Y es que solo un trabajo tan especial y complejo puede aspirar a convertirse en la película que mejor retrata la fluidez del género y la identidad transexual. Sea o no digna merecedora, su tratamiento de una materia tan –todavía– marginal y su valiente apuesta en la que la normatividad es arrasada, la convierten en una experiencia única. 

Lo mejor: su simbolismo y su incursión en el debate sobre la identidad 
Lo peor: me gustan más todos sus elementos –tanto en la forma como en el fondo– que la película en sí misma 
Nota: 8/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)