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lunes, 5 de junio de 2017

Crítica: 'La momia' (1999), de Stephen Sommers


El próximo 9 de junio se estrenará en España ‘La momia’, protagonizada por Tom Cruise y dirigida por Alex Kurtzman. Pero esta no es la primera vez que vemos a un monstruo egipcio en el cine. Aunque en 1918 Ernst Lubitsch ya había llevado una momia al cine, fue Boris Karloff quien encarnó a la primera momia verdaderamente memorable de la historia del séptimo arte. En esos años, aprovechando la llegada del sonido al cine, surgía dentro del género de terror lo que podríamos definir como el cine de monstruos. Junto a Frankenstein, Drácula y King Kong, la momia se convertía en uno de los paradigmas de monstruo poderoso y misterioso que trae consigo destrucción y que resulta casi imparable por medios humanos.

Desde entonces, todas estas criaturas han protagonizado decenas y decenas de películas, muchas de ellas de serie B, otras, auténticos taquillazos. Entre las últimas, y centrándonos ya únicamente en los embalsados de la civilización egipcia, fue ‘La momia’ que dirigió Stephen Sommers en 1999 con Brendan Fraser como protagonista la más exitosa de todas. A arrebatarle ese título parece dispuesta la cinta que llegará esta semana; mientras esperamos para comprobar si eso ocurre, analizamos ahora el filme de Sommers.

En realidad lo más destacado de la película ya está dicho: su éxito. Con un presupuesto de unos 80 millones, con críticas bastante divididas y con dudas sobre si un remake del clásico protagonizado por Karloff en los años 30 podría funcionar, la cinta consiguió arrasar en taquilla y superar los 400 millones de dólares recaudados en todo el mundo. En los años siguientes Universal lanzó dos secuelas y una precuela (protagonizada esta última por Dwayne Johnson) para aprovechar el tirón de la franquicia.

Su éxito, en parte imprevisto, se basa en un entretenimiento clásico: cine de aventuras, un reparto atractivo y atlético, un romance, algunos misterios, efectos especiales... Es una fórmula habitual y poco rompedora, pero está claro funciona. ‘La momia’ no aporta nada a la historia de este personaje salvo, quizás, la introducción en la película de pasajes en egipcio antiguo.

También es cierto que la obra es ágil, que pasan cosas y que sus dos horas no se hacen en ningún momento aburridas. A pesar de que su predecibilidad y de la abundancia de estereotipos, tiene momentos de cierta tensión y, en conjunto, logra un ameno pasatiempo. Y que nadie busque en este filme algo que no eso, porque ni lo va a encontrar ni la película aspira a ofrecerlo.


Los efectos especiales, que le valieron a la obra algunos reconocimientos, resultan algo flojos para el presupuesto y la fecha. Hay elementos, como puede ser la momia o las tormentas de arena, bastante logrados, pero en general la sensación es de decepción. Porque, aunque sabemos que las interpretaciones o el guion de este tipo de cintas suelen ser mediocres, sí esperamos que el componente visual y sonoro sea impresionante, y eso no siempre ocurre en ‘La momia’. No obstante, debe quedar claro que esto no implica que estos efectos sean malos; son menos espectaculares de lo que cabría imaginar, pero siguen siendo atractivos.

Y es que son ellos, junto a la capacidad de entretenimiento de la cinta, los que atrajeron a un público considerable a las salas para ver volver a la vida a una figura esencial en el cine de monstruos. La versión que se estrena en unos días parece seguir la misma premisa. Veremos también si el resultado es el mismo.

Lo mejor: que es muy amena
Lo peor: que, en realidad, es mala, desde las interpretaciones al guion
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 25 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: La venganza de Salazar' (2017), de Joachim Rønning y Espen Sandberg


Jack Sparrow, como Johnny Depp, ha vivido tiempos mejores. Continuamente borracho, sin barco y casi sin tripulación, solo la aparición de Corina, una joven científica acusada de brujería, y de Henry –ambos protagonizan la historia de amor que parece obligatoria en toda película y que recuerda a la de William Turner y Elizabeth Swan, los padres de Henry–, le permitirán regresar al mar para intentar encontrar el legendario y poderoso Tridente de Poseidón y poder escapar así de la venganza del Capitán Salazar y su tripulación fantasma.

La elección del dúo formado por los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg para colocarse al timón de esta producción parece acertada, tanto por sus trabajos previos como por el resultado. Por los mismos motivos resulta otro acierto convertir a Javier Bardem en el malo, vuelviendo a demostrar su solvencia como antagonista malvado. Con un Sparrow más flojo, con un rol más propio casi de secundario cómico, la interpretación más destacada es la de un Bardem más profundo y maduro que el resto del reparto, en el que cabe destacar también a la joven Kaya Scodelario.


Junto a ellos, Geoffrey Rush y Brenton Thwaites, así como los cameos de Orlando Bloom y Keira Knightley. También regresan varios de los secundarios de las primeras películas, algo que, junto a la propia concepción de la trama, recupera el espíritu perdido en ‘En mareas misteriosas’ y garantiza el retorno de esta quinta entrega a la trilogía original. Aunque mantiene suficientes novedades para conservar un estilo propio y no resultar repetitiva, retoma la esencia que convirtió a Piratas del Caribe en una saga imprescindible para comprender el cine del siglo XXI.

Igualmente apreciable, los toques de humor, algunos de ellos muy divertidos, protagonizados casi siempre por Jack. A esto hay que unir algunos guiños que quienes han seguido la saga desde que se hizo a la mar sabrán apreciar. Lo cierto es que hay una notable riqueza de detalles y, si bien la narración no resulta particularmente novedosa o arriesgada, sí que encontramos subtramas e incidentes que incrementan el atractivo de la historia.

Una historia quizás algo más predecible de lo acostumbrado, pero capaz de retener la atención y no resultar pesada. A pesar de su más de dos horas de metraje –más reducido que en anteriores entregas aunque todavía algo excesivo–, la fuerza del componente visual y del maquillaje, sobre todo en la representación de los no-muertos de la tripulación de Salazar, mantiene la cinta siempre a flote.


Esta atención a los elementos fantásticos, los que más pueden explotarse gracias a la tecnología y los efectos especiales, hace que la obra haya abandonado parte de la concepción de ‘La maldición de la Perla Negra’ como cine palomitero de aventuras para dar paso a filmes más grandilocuentes y épicos. Más allá de esta tendencia y de la presencia de un antagonista muy interesante, el regreso parcial de ‘La venganza de Salazar’ a la historia que dio vida y fama a esta saga es un soplo de viento a favor en las velas de la franquicia de Disney.

Y sí, por suerte o por desgracia, habrá una sexta parte. La aparición de una bruja apenas esbozada en la trama y la escena poscréditos casi garantizan el regreso de Piratas del Caribe. No hay fecha ni planes, pero me jugaría mi pata de palo a que será así.

Lo mejor: ya no es Jack, sino el Capitán Salazar
Lo peor: los escasos riesgos de la historia
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

Crítica: 'Piratas del Caribe: En mareas misteriosas' (2011), de Rob Marshall


Tras la tercera entrega de Piratas del Caribe parecía claro que para seguir explotando el filón era necesaria cierta renovación. Y es cierto que dicha renovación existe. Gore Verbinski cede el timón a Rob Marshall, mientras Keira Knightley, Orlando Bloom y la mayoría de secundarios de la trilogía original ceden su puesto a nuevos personajes, encabezados por Penélope Cruz e Ian McShane. Aunque el intento podría haber sido acertado, ni Marshall domina este tipo de cine como Verbinski, ni el nuevo reparto consigue salvar a unos personajes mucho menos carismáticos que sus predecesores.

También se pierde, y este es quizás el mayor fallo de ‘En mareas misteriosas’, la capacidad de sorpresa de las aventuras anteriores. Los giros del guion, el juego de lealtades de los personajes y el cambio de bandos resultaban tan atractivos como impredecibles, siendo capaces de levantar la historia cuando flojeaba. En esta ocasión falta esa capacidad de sorpresa y sobra una cierta sensación de que, aunque la trama principal sea clara, no sabemos en realidad qué mueve a cada personaje y qué justifica sus actos; que en dos horas y cuarto de película queden cabos sueltos, más que el misterio que promete su título, lo que produce es confusión.

Pero confusión en los detalles pues, por primera vez en toda la saga, la sinopsis es sencilla: Jack Sparrow se reencuentra con una mujer de su pasado que le arrastra al barco del peligroso y malvado Barbanegra, a quien deberá ayudar a encontrar la Fuente de la Juventud, un objetivo que comparte con los españoles y con el capitán Barbossa, ahora al servicio del Rey de Inglaterra. La estructura es más sencilla, con una narración más clásica que, a pesar de sus errores en los detalles, mantiene siempre la seriedad y la madurez que le faltaban a otras cintas.

Lo que sobra en esta historia es la relación de Jack y Angélica, pues no creo que encaje en el excéntrico Sparrow el enamoramiento. Además de resultar poco creíble, resta cierto misticismo a un personaje que así parece más humano y vulnerable, cuando el Sparrow que quiero es el mítico sinvergüenza. Lo peor en este sentido es que la relación, que aparenta ser un elemento central en la narración, apenas se explora, resultando siempre acartonada y sin ser capaz de aportar nada de interés.


Tampoco aporta demasiado el hecho de pasar gran parte del metraje en tierra: ni un cañonazo, ni un abordaje, ni una batalla naval... Es innegable el atractivo de la selva y la espectacularidad de los efectos visuales fuera del agua, pero la esencia de un pirata está en la mar, no en tierra firme. Por mucho que el objetivo sea una fuente.

Una fuente, por cierto, que también ansían los españoles, presentes por fin en estas aventuras caribeñas. Con una representación basada en clichés, sí que resulta divertida esa visión estereotipada que hace Hollywood de todo lo que escapa de sus fronteras. Igualmente divertida es la inclusión de figuras históricas, de Jorge II a Ponce de León, que aportan un toque irónico muy bienvenido.

Salvo eso, pocos momentos verdaderamente graciosos encontramos en el film, menos alocado de lo acostumbrado y, como decíamos, con mucha menor capacidad de sorprender. A cambio, una narración más ordenada y menos pretenciosa que las anteriores. Debemos entender que la saga entraba en una nueva era con ‘En mareas misteriosas’; no hay cambios rupturistas, pero sí se nota que el barco, el capitán y parte de la tripulación son nuevos. Debemos reconocer el intento y la capacidad de entretenimiento que sigue manteniendo la película, mas yo echo de menos las orginales. 

Lo mejor: el componente visual y –aunque lo mantengo más que nada por tradición– Jack Sparrow
Lo peor: que resulta más predecible y que ha perdido parte de la esencia
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: En el fin del mundo' (2007), de Gore Verbinski


Si al hablar de ‘El cofre del hombre muerto’ destacábamos su mayor espectacularidad, oscuridad y grandilocuencia con respecto a ‘La maldición de la Perla Negra’, en el caso de ‘En el fin del mundo’ la tendencia continúa. Y si la segunda parte llegaba a resultar excesiva por momentos, esta tercera entrega padece el mismo mal incluso con más frecuencia. Eso sí, en esta ocasión no quedan dudas de que nos encontramos ante una cinta épica.

Y es que ya no son Jack Sparrow, Elizabeth Swan o Will Turner los que están en peligro, sino que la existencia de la piratería misma depende de una reunión a la que serán congregados los nueve señores de la piratería para decidir cómo enfrentarse a la Compañía de las Islas Orientales. Uno de ellos es Jack Sparrow, que se encuentra en el Dominio de Davy Jones, una condena peor que la muerte. Para ello, Swan, Turner y los demás seguidores de Sparrow viajarán, capitaneados por Barbossa, a donde nadie ha llegado: el fin del mundo.

Es una historia con todos los tintes épicos que culmina con una impresionante batalla naval. Una obra de casi tres horas de metraje que, a pesar de no resultar larga en absoluto, sí que deja algunas tramas pocos definidas, con personajes o historias que podrían haberse completado o explorado más. Y es que en la marabunta de tramas y figuras secundarias, algunas de ellas verdaderamente interesantes, resulta complicado comprender dónde residen las lealtades en cada momento o quiénes son en realidad los buenos. La narración es más floja de lo que cabría esperar y, aunque se consigue salvar gracias al derroche visual, hay partes de la cinta que hacen agua.


Mas siempre sale a flote, gracias también a los toques de humor y a la capacidad que mantiene de sorprendernos, como ha ocurrido durante toda la saga. Como ocurre con sus predecesoras, es puro entretenimiendo y diversión, aunque en esta ocasión los fallos narrativos sean algo más notables y se vislumbre ya el intento por exprimir en exceso la gallina de los huevos de oro –algo que no ha impedido a Disney hacer, hasta el momento, dos películas más–.

Tanto el reparto como la historia principal guardan importante relación con ‘El cofre del hombre muerto’, con la que tiene abundantes similitudes, sobre todo en su tendencia a la espectacularidad y la exageración, y con la que fue rodada de forma simultánea. Sin embargo se distancia de ella en su mayor tendencia a escenas marítimas a bordo de barcos, abandonando tanta tierra firma como aparecía en esa segunda parte. Un acierto que la aproxima a lo que había sido ‘La maldición de la Perla Negra’, a lo que contribuye también la presencia del capitán Barbossa, interpretado por Geoffrey Rush, uno de los personajes más atractivos del universo de Piratas del Caribe y quizás el único que hace sombra en ingenio a Jack Sparrow.

Un acierto también es la música de Hans Zimmer, que contribuye a dar más sensación de obra épica y monumental. Que lo es, sin duda, pero que queda empañada por dejarnos la sensación de que estos mares ya los hemos surcado. La fórmula que tan bien ha fundionado, para poder seguir explotándose, necesita renovación. Aunque haya que ir al fin del mundo a encontrarla.

Lo mejor: los efectos especiales y la música. Sin olvidar a Jack Sparrow, como siempre
Lo peor: la narración, caótica y poco cuidada
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 23 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto' (2006), de Gore Verbinski


Enemigos más siniestros y casi invencibles, personajes más desagradables, más sentimientos de amor o familia, más profundidad, más violencia, más peligro, más oscuridad, más fantasía... Tras el éxito de ‘La maldición de la Perla Negra’, la secuela de Piratas del Caribe necesitaba algo más que la piratería casi inocente de su predecesora. Lo consigue, pero para ello entrega al diablo –o a Davy Jones– su alma, perdiendo su esencia y cayendo por momentos en el exceso.

No obstante, bienvenido sea ese exceso. Es tan entretenida como la primera y mucho más espectacular, manteniendo los mismos impredecibles giros de guion, aunque en esta ocasión resulten menos efectistas y más ajustados a la narración. Una narración más cuidada pero menos creíble. Aun así, la acción, la fantasía y el humor siguen intactos, haciendo que la película sea disfrutable al máximo.

En esta ocasión, con Elizabeth Swan y Will Turner enfrentándose a la horca por haber ayudado a escapar a Jack Sparrow, el propio Will se lanzará a buscar al pirata de la Perla Negra conseguir el perdón de manos de Lord Beckett, que ansía una peculiar brújula en manos de Sparrow. Jack, por su parte, está obsesioando por encontrar la forma de saldar una deuda con Davy Jones, capitán del Holandés Errante, un barco fantasma capaz de invocar al monstruo más peligroso del océano.

Todo ello con el añadido de caníbales, de personajes mitad humanos-mitad criaturas marinas, de cofres con tesoros más valiosos que el oro, de piratas que regresan del Más Allá... Y, por supuesto, con el estrafalario Jack Sparrow. Johnny Depp vuelve a destacar sobre un reparto más imponente si cabe que en la primera parte, añadiendo a Orlando Bloom, Keira Kngihtley o Jack Davenport, nombres de la talla de Bill Nighy o de Stellan Skarsgard.

Todo eso ayudó a que el éxito en taquilla superase al de su predecesora, batiendo varios records de recaudación. Además, y aunque la crítica no mostró el entusiasmo anterior, los premios volvieron a sonreir a los piratas, consiguiendo el Oscar y el BAFTA a Mejores efectos visuales y el Globo de Oro para Johnny Depp. Ambas categorías demuestran las fortalezas de la cinta: el exagerado y excéntrico capitán Sparrow y el podería visual de las batallas navales, de los paisajes salvajes de las islas caribeñas y de las criaturas fantásticas.


Y estos elementos son clave a la hora de conseguir una obra de grandes dimensiones, tanto en su espectáculo, como en su duración. Dos horas y media de metraje que por momentos pueden parecer demasiadas debido a algunas escenas innecesarias, pero que se esfuman como un barco navegando a toda vela, dejándonos pidiendo más y deseando comenzar el abordaje de la tercera parte.

‘El cofre del hombre muerto’ puede resultar abrumadora y excesiva, pero es que ese parece ser el objetivo: aprovechar los aciertos de la original en una cinta de mayores dimensiones. Y es que Gore Verbinski sabe conducir la nave en esas aguas y, acompañado por una tripulación de grandes intérpretes, logra una estupenda y entretenida película de aventuras. Y, aunque no iguala lo que supuso 'La maldición de la Perla Negra', es una secuela perfectamente satisfactoria.

Lo mejor: de nuevo, el Capitán Jack Sparrow
Lo peor: que algunas escenas aporten muy poco a la trama y alarguen en exceso la película
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 22 de mayo de 2017

Crítica: 'Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra' (2003), de Gore Verbinski


Este viernes llegará a los cines españoles, por fin, la quinta entrega de una de las sagas más relevantes y exitosas, si no de toda la historia del cine, sí de lo que llevamos de siglo. 'Piratas del Caribe' vuelve, casi catorce años después del estreno de la primera parte. Aprovechamos la ocasión para echarnos a la mar y repasar las cuatro aventuras que hasta ahora ha protagonizado el capitán Jack Sparrow. Y comenzamos por esa sorpresa que fue 'La maldición de la Perla Negra'.

La historia, ambientada en el Mar Caribe en el siglo XVIII, muestra los intentos de Jack Sparrow por recuperar la Perla Negra, el barco que había capitaneado hasta el amotinamiento de sus tripulantes, mientras el herrero Will Turner hará todo lo posible para rescatar a Elizabeth Swan, secuestrada por la tripulación maldita de la Perla Negra, lo que llevará a ambos a unir fuerzas. En realidad todo es mucho más complicado, pues la película está estructurada en torno a continuos cambios de lealtades, amistades y bandos, impredecibles giros de guion y constantes sorpresas y trucos. 

Y aunque todo esto disminuye la profundidad, coherencia y lógica en la trama, permite una gran agilidad y un ritmo frenéticos que la convierten en una cinta entretenida como pocas. Gracias a la combinación de humor, acción, aventuras y romance en torno a una historia fantástica de piratas y fantasmas, con un reparto de lujo y un presupuesto de 140 millones de dólares, logró un éxito casi irrepetible que superó con creces cualquier expectativa. Con el respaldo de Disney, el público se enamoró de la vida pirata como nunca antes.

Pero más allá del blockbuster, hay que reconocer el buen hacer de los equipos de maquillaje, vestuario o efectos especiales, que alcanzan un realismo y una espectacularidad muy llamativos. Y también hay que destacar el trabajo de los actores, sobre todo, por supuesto, el de un Johnny Depp que confirmó su condición de estrella en uno de sus papeles más emblemáticos. El excéntrico y carismático capitán Jack Sparrow permitió a Depp un derroche interpretativo exagerado y trabajado, que se une además a la larga lista de personajes peculiares a los que ha dado vida el magnífico y polémico actor estadounidense.


Todo lo anterior generó un suculento botín a la cinta dirigida por Gore Verbinski, que consiguió cinco nominaciones a los Oscar, otra en los Globos de Oro y cinco más en los BAFTA, donde se llevó el Premio al mejor maquillaje. También el Sindicato de Actores entregó el galardón a Johnny Depp como Mejor actor. Y por encima de los premios y del reconocimiento de buena parte de la crítica, destaca el éxito del público y el hecho de haber pasado a formar parte de la cultura popular. El personaje de Jack Sparrow es de los más trascendentes del cine, la música de Hans Zimmer sigue poniendo fondo a momentos épicos y las aventuras marinas no se comprenden ya sin esta película.

Y es que 'La maldición de la Perla Negra' cambió la concepción del blockbuster y el cine de entretenimiento para siempre. Sin mayores pretensiones, porque no hacen falta, esta primera parte de 'Piratas del Caribe' surca los mares ofreciendo diversión y entretenimiento sin límites. Solo queda descorchar el ron y disfrutarla.

Lo mejor: Jack Sparrow, posiblemente el mejor pirata que hayáis conocido
Lo peor: la falta de coherencia o de profundidad en algunos aspectos de la historia
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 14 de marzo de 2017

Review 'Trollhunters' - 1° Temporada


La apuesta de Netflix por el público infantil se hace patente desde el mismo momento en el que nos ofrecen un perfil para niños al crearnos la cuenta. Al mismo tiempo, es evidente que el público objetivo de Netflix es joven-adulto, como demuestran los contenidos más relevantes y seguidos de la plataforma. Trollhunters parece aunar ambas premisas para, con una serie fantástica de animación por ordenador, ganar nuevos adeptos en ambos grupos de edad.

El éxito de la propuesta todavía es difícil de medir, pero en febrero ya se anunció una segunda temporada para este mismo año. Probablemente haya ayudado en este aspecto la buena acogida de la crítica y los tres premios Annie -Storyboard, Animación de personajes y Diseño de personajes- conseguidos por la serie estrenada el 23 de diciembre del pasado año.

Guillermo del Toro está detrás de una producción que, como es habitual en el realizador mexicano, refleja el choque entre un mundo real y uno fantástico poblado por monstruos, gnomos y, sobre todo, trols. Trols que viven bajo una ficticia ciudad estadounidense llamada Arcadia y a los que el adolescente Jim Lake tendrá que proteger tras ser elegido Trollhunter por un amuleto mágico. El equilibrio entre sus nuevas tareas, a las que nunca se había enfrentado un humano, y su actividad diaria en el instituto solo será posible gracias a la ayuda de sus amigos de ambos mundos.


Debo reconocer que tras un puñado de episodios la serie engancha. De hecho hay capítulos con un nivel de emoción y de tensión envidiable. Además la interrelación entre los capítulos es notable, no dedicando cada uno a una aventura más o menos aislada, y las tramas van evolucionando de manera más adulta que en la mayoría de series animadas. 

La narración es consistente, permaneciendo accesible y entretenida para los niños, pero ofreciendo a la vez desafíos y atractivos para los adultos. Es una serie sencilla y poco novedosa en su concepción, mas rica en detalles y con unos personajes más redondos de lo que aparentan. 

Y si el desarrollo de la historia es destacable, no lo es menos la animación. Sabemos que en eso Del Toro es un genio, pero Dreamworks, productora del proyecto, tampoco es nueva en la materia. De la fusión entre ambos estilos nace una serie colorista y con un diseño cuidado prestando, también en este aspecto, gran atención a los detalles.

Más allá de la producción, Trollhunters también cuenta con nombres propios en el doblaje: en la versión original encontramos las voces de actores como Jonathan Hyde, Ron Perlman, Tom Hiddleston o el fallecido Anton Yelchin, que da voz al protagonista en el que fue uno de sus últimos proyectos. La decisión de mantener su voz en la grabación fue en gran medida de Guillermo del Toro. 

Suyo es precisamente el sello de calidad que imprime a la serie, su primera incursión en la animación y en las producciones infantiles. Pero Trollhunters es bastante más que su creador y, sin revolucionar la animación televisiva, este ambicioso proyecto de Netflix sí que resulta muy bienvenido.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 4 de marzo de 2017

Review 'Santa Clarita Diet' - 1° Temporada


El éxito de Netflix obedece a tantos motivos que necesitaríamos varias entradas para tratarlo. Uno de ellos puede ser su publicidad, que en ocasiones pasa a ser noticia. Si en Navidad hablábamos de la polémica despertada por un cartel de ‘Narcos’ en la Puerta del Sol, en febrero fueron varias de las imágenes promocionales de ‘Santa Clarita Diet’ las que se convirtieron en objeto de debate.

De todos los carteles de la serie estrenada el 3 de febrero, algunos muy ingeniosos, vamos a poner solo un ejemplo. La imagen, un cartón de patatas fritas que, en su lugar contiene dedos, juega con el término “Finger food”, utilizado en inglés para referirse al picoteo y sabiendo que “finger” también significa “dedo”. Tanto el cartel como el chiste -que también se encuentra en uno de los episodios de la primera temporada- reflejan perfectamente lo que es ‘Santa Clarita Diet’: una divertida e irónica serie plagada de humor negro y de escenas un tanto gores.

Podemos encontrar reflexiones subyacentes sobre el matrimonio o la complacencia con la vida, mas todo eso queda subordinado a la refrescante ráfaga de ironías, sarcasmos y diálogos de unos atractivos personajes. Personajes casi caricaturizados al principio, pero que, como en otras producciones de Netflix, van mejorando con el paso de los episodios.

Esos personajes se apoyan en interpretaciones solventes, destacando por supuesto la de Drew Barrymore, principal reclamo de la serie. Da vida a Sheila, una agente inmobiliario que, junto a su marido Joel (Timothy Olyphant), vende casas en el barrio residencial de Santa Clarita, a las afueras de Los Ángeles. Viven una vida anodina hasta que, sin aparente explicación, Sheila se convierte en un muerto viviente con un insaciable apetito por carne humana. A partir de entonces, mientras intentan aparentar una vida normal con su hija (Liv Hewson), deberán procurarse un tipo de comida que no se vende en supermercados.

Otro de los elementos de su éxito ha sido esta concepción satírica del canibalismo y de los zombies. No se sobredimensiona el gore, aunque tampoco se esconde, dando lugar a situaciones bastante desagradables pero, en parte por eso, aun más divertidas. La serie creada por Victor Fresco tiene un humor muy negro, aunque también inofensivo y casi ridículo.

Se espera una segunda temporada, no solo porque quedan algunas cuestiones por resolver en la trama, sino porque, aunque ese humor no es apto para todos los paladares, ‘Santa Clarita Diet’ todavía puede resultar divertida e ingeniosa una temporada más. De ahí en adelante quizás haga falta cierta renovación, pero de momento la primera temporada de ‘Santa Clarita Diet’ me ha abierto el apetito.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 27 de febrero de 2017

Análisis de la 89° Edición de los Oscars - Que cinco minutos no eclipsen cuatro horas


Nadie duda que el error al anunciar el premio a la Mejor película eclipsó cualquier otro galardón o instante de la 89° edición de los Oscar, pero dejemos de lado ese sorprendente final para analizar qué más nos deparó la ceremonia, que para algo hubo cuatro horas más de gala.

Cuatro horas que no se hicieron pesadas gracias a un maestro de ceremonias que supo desenvolverse bien. Aunque Jimmy Kimmel no es un magnífico monologuista, sabe ‘liarla’ y generar momentos memorables. Uno de ellos fue la visita de un grupo de sorprendidos turistas que, sin saberlo, fueron conducidos al interior del Dolby Theatre de Los Ángeles, donde se hicieron selfies con los actores de las primeras filas.



Muy comentado fue también el tuit que el presentador envió a Donald Trump, pues “preocupado” por la falta de actividad del Presidente en Twitter, decidió mandarle un “u up?” para saber si estaba despierto. Del mismo modo, habló con ironía de lo “sobrevalorada” que está Meryl Streep y de su intención de vetar a medios de comunicación con los que Trump ha tenido encontronazos. La presencia de la política estadounidense fue constante pero indirecta, sin llegar nunca a convertirse en la protagonista. 

Carga política en los premios

Tras las críticas del año pasado por la falta de diversidad racial, la Academia parece haber buscado un lavado de imagen en una velada en la que numerosos premios y nominaciones cayeron en manos no blancas. Podemos dudar si el aspecto político pesó más que las cuestiones puramente cinematográficas, pero la intención de rebelarse contra el nuevo equipo de gobierno estadounidense y contra la etiqueta de #OscarsSoWhite es innegable.

‘El viajante’, de Asghar Farhadi, fue elegida Mejor película extranjera por delante de la favorita ‘Toni Erdmann’. El director iraní había anunciado su intención de no acudir a la ceremonia por respeto a los afectados por el veto migratorio del gobierno estadounidense. El discurso de agradecimiento leído en su nombre fue uno de los instantes más reivindicativos de la noche.

Por su parte, el colectivo afroamericano estuvo notablemente representado con los premios a Mahershala Ali como Mejor actor de reparto en ‘Moonlight’, Viola Davis como Mejora ctriz de reparto por su papel en ‘Fences’, el Mejor documental que ganó la miniserie de Netflix sobre OJ Simpson y los reconocimientos a Mejor guión adaptado y Película de ‘Moonlight’.

Galardones muy repartidos

Es discutible si lo de ‘La La Land’ lo consideramos fracaso. Aspiraba a trece estatuillas -contaba con catorce nominaciones, pero dos coincidían en una misma categoría-, por lo que seis galardones, sobre todo tras perder la de Mejor película pueden saber a poco. Mas en esa media docena encontramos algunos de los principales: dirección, actriz principal, fotografía, banda sonora, canción y diseño de producción. No es una cosecha menor, aunque sí menor de lo esperada, lo que permitió que los premios se repartieran.

El equipo de ‘Moonlight’ puede estar más que satisfecho. Sus tres premios, incluyendo Mejor película, junto a guión adaptado y actor de reparto, son un magnífico resultado. También contentos estarán los responsables de ‘Manchester frente al mar’ -Mejor actor para Casey Affleck y Mejor guión original- y de ‘Hasta el último hombre’ -Mejor sonido y, por sorpresa, montaje-.


Curioso encontrar blockbusters como ‘Escuadrón Suicida’, ‘Animales fantásticos y dónde encontrarlos’ o ‘El libro de la selva’ entre las premiadas, pero en las categorías técnicas el presupuesto influye mucho. ‘El libro de la selva’, por cierto, se sumó a ‘Zootrópolis’ y ‘Piper’, que consiguieron los premios en las categorías de animación, dejando a Disney con tres galardones.

‘La llegada’ y ‘Fences’ -merecido y esperado Oscar para Viola Davis como Mejor actriz de reparto- se fueron solo con uno, mientras ‘Lion’ no se llevó ninguno. Aunque no se trate de sorpresas, es lo más cercano a “decepciones” que podemos mencionar.

También un poco decepcionados nos quedamos en España al saber que ‘Timecode’, de Juanjo Giménez, no se llevaba el premio a Mejor cortometraje de ficción, que se iba para la húngara ‘Sing’. La nota española la puso un Javier Bardem que, tras alabar el trabajo de Meryl Streep en ‘Los puentes de Madison’, presentó junto a ella uno de los premios de la noche.

El balance final se puede calificar como justo, a pesar de no producirse el esperado dominio de ‘La La Land’ y de algunos premios que, aunque puedan considerarse políticos, no son para nada inmerecidos. Todo eso en una gala bastante entretenida, que, por un garrafal error final, es ya Historia del Cine.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

ESE momento en la 89° edición de los Oscar

Da igual todo. El análisis de la ceremonia de los Oscar 2017 pasa por un único instante. Todos sabemos al que me refiero.


‘La La Land’ partía como grandísima favorita tras batir récord de premios en los Globos de Oro y en las nominaciones de los Oscars. La gran duda de la noche parecía ser si conseguiría igualar -o incluso superar- los once galardones de ‘Ben-Hur’, ‘Titanic’ y ‘El retorno del rey’. A medida que avanzaba la gala se confirmaba que no habría tal récord, pues los premios estaban siendo muy repartidos.

Pero el final de la ceremonia parecía ser territorio de ‘La ciudad de las estrellas’. Damien Chazelle y Emma Stone confirmaban las predicciones y se convertían en Mejor director y Mejor actriz protagonista. Acumulaban seis premios y quedaba el principal, para el que también se veían favoritos.

Y sí, Warren Beatty y Faye Dunaway, veteranos del cine, salieron al escenario y anunciaron a ‘La La Land’ como Mejor película. Nadie se sorprendía. Hubo ciertas dudas al abrir el sobre, pero nadie se sorprendió al conocer a la vencedora; seguramente la edad de los actores que interpretaron a Bonnie y Clyde había empeorado su vista. 

Pero los académicos sabían que esa no era la película elegida. Tuvo que ser un realizador el que, mientras el equipo del musical dirigido por Damien Chazelle celebraba su premio sobre el escenario, saliera a comunicarles que se había producido un error. Y fue el productor de ‘La ciudad de las estrellas’, Jordan Horowitz, quien anunció que habían perdido. "No es un chiste", repetían desde el escenario. ‘Moonlight’ era la vencedora.

Y con los miembros de ambas películas sobre el escenario, Warren Beatty explicó que el sobre que le habían entregado contenía el premio de Mejor actriz protagonista para Emma Stone. Algo no cuadraba, pero en el papel ponía ‘La La Land’ y era la esperada vencedora, por lo que optaron por pronunciar su nombre.

La cuenta oficial de Twitter de la Academia de Hollywood y los medios de comunicación de todo el mundo informaron sobre el séptimo galardón de la noche para ‘La La Land’. Poco después, todos se vieron -nos vimos- obligados a rectificar en medio del estupor.

Fue el momento de la gala. Y seguramente sea uno de los momentos de la Historia de los Oscars desde que aparecieron en 1929. Nunca se había producido un error así, y menos en la categoría más destacada de todas.

Incluso si no se hubiera producido este error, la sorpresa habría sido mayúscula. La forma solo demuestra que los finales alternativos y sorprendentes no son patrimonio exclusivo del otro lado de la pantalla. En ocasiones la realidad también nos depara (bochornosas) sorpresas. Si el resultado final es satisfactorio o no y si la triunfadora de la noche es 'La La Land' o 'Moonlight' queda abierto para el debate. Y que se produzca ese debate es en sí mismo llamativo en una edición en la que 'La La Land' iba a arrasar, pero en la que un error de última hora le privó de su final feliz.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 26 de febrero de 2017

Review Grace and Frankie - 1° Temporada


A primera vista, lo más llamativo de la serie estrenada por Netflix en 2015 eran sus protagonistas: Jane Fonda y Martin Sheen, estrellas rutilantes, junto a Lily Tomlin y Sam Waterston, quizás de menos renombre, pero que no llevan décadas de carrera por casualidad. Y detrás del proyecto, Marta Kauffman, responsable, entre otras, de Friends. Un cartel impresionante, pero estos nombres son, probablemente, lo de menos.

Sin duda, tanto Jane Fonda como, sobre todo, la divertidísima Lily Tomlin, están extraordinarias. No es casual que sean sus personajes los que den nombre a la serie. Sobre ellas cae el peso narrativo y son ellas las únicas capaces de levantar los capítulos que flojean.

Porque los hay. 30 minutos de sitcom se antojan excesivos en algunas ocasiones. Sobre todo durante la primera mitad de la temporada, en la que parte de las tramas tienden al manierismo y sirven solo como relleno. Pero es cuestión de paciencia; la serie avanza despacito, con la calma de las personas mayores.

Poco a poco, los personajes, que habían comenzado como meros estereotipos, van ganando profundidad y, sin hacer ruido, la serie va agarrando. De hecho, los trece episodios avanzan en ordenada progresión hasta el clímax del final de la temporada.

El planteamiento resulta tan sencillo como atractivo: dos setentones, compañeros de negocios durante décadas, que dejan a sus respectivas mujeres para, tras veinte años viviéndolo en secreto, celebrar su amor ahora que por fin pueden casarse. La consecuencia, dos mujeres rotas que, a las puertas de la vejez, deberán aprender a vivir otra vez.


La normalidad con la que se trata el tema, dejando el romance homosexual en un segundo plano, pero analizando continuamente sus consecuencias, es muy bienvenida. Como también lo son las reflexiones que plantea sobre la amistad y la familia moderna.

Reflexiones que llegan sin gravedad y sin imposición, diluídas en la comedia. Porque a pesar del trasfondo que consigue remover, Grace and Frankie es, ante todo, una comedia indudablemente divertida. Y a ratos, especialmente cuando Lily Tomlin está en pantalla, muy divertida e inteligente. 

Es evidente que está lejos de la perfección, pero eso no es necesariamente una crítica. Quizá las elipsis sean por momentos un tanto caóticas y determinados aspectos interpretativos y de guión necesiten todavía una mayor definición. Pero, sin alcanzar altísimas cotas narrativas -a las que tampoco aspira-, avanza con paso más seguro que firme, sin tropiezos y sin decepciones, consiguiendo ofrecer bastante más de lo que prometía.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 17 de febrero de 2017

Cine y baloncesto; cuando las cámaras entran en la cancha

Este fin de semana coinciden dos de los eventos más trascendentes de la escena baloncestística. En España, Vitoria acoge entre el jueves y el domingo la Copa del Rey, que disputan los ocho mejores clasificados de la primera vuelta de la Liga Endesa. Al otro lado del charco, la NBA celebra el All-Star Weekend, el fin de semana de las estrellas, con multitud de eventos deportivos y de espectáculo que culminarán el domingo con el Partido de las Estrellas, en el que se enfrentan los mejores jugadores de la mejor liga de baloncesto del mundo.

El baloncesto también ha levantado pasiones en el mundo del cine; algo que es fácil de comprobar viendo la afición de Spike Lee por los New York Knicks o de Jack Nicholson por los Lakers de Los Ángeles. Como es lógico, esa pasión se ha trasladado a la gran pantalla. Y como un partido de baloncesto tiene cuatro cuartos, vamos ahora a mencionar cuatro películas que giran en torno al deporte de la canasta.

1 - Los blancos no la saben meter (White Men Can’t Jump, 1992)


Esta comedia de Ron Shelton jugaba con uno de los tópicos de un deporte en el que los afroamericanos son los líderes indiscutibles. Woody Harrelson y Wesley Snipes dan vida a dos ambiciosos jugadores de baloncesto que hacen dinero enfrentándose contra quienes se atreven a retarles en partidos callejeros.

Una comedia ligera, ingeniosa y entretenida, con personajes tan patéticos como entrañables, que refleja de forma irónica los partidos de baloncesto en las canchas de los suburbios estadounidenses, con peleas, egos subidos y ropas estrafalarias. No es una obra maestra, pero garantiza el disfrute y cuenta con protagonistas carismáticos. La película tuvo un notable éxito y una repercusión que se alargó varios años. 


Hace algunas semanas se anunció un remake del filme, que dirigirá Kenya Barris y que contará con Blake Griffin, una de las estrellas blancas de la NBA.


2 - Una mala jugada (He Got Game, 1998)

Spike Lee, todo un fan del baloncesto, escribe y dirige una de las mejores películas que se hayan realizado sobre este deporte. Al frente del reparto encontramos a Denzel Washington, que da vida a un hombre cumpliendo condena por el asesinato de su mujer al que el gobernador del estado ofrece un trato para reducir su condena si consigue convencer a su hijo, una estrella del baloncesto juvenil, para que fiche por el equipo local. El hijo, por cierto, está interpretado por el dos veces campeón de la NBA Ray Allen

En realidad, el baloncesto, a pesar de su continua presencia en la cinta, es poco más que un mcguffin, una excusa, pues el tema central es la compleja relación entre un padre y su hijo. Elementos de fondo como la reconciliación, la toma de decisiones y la supervivencia en entornos conflictivos otorgan a la película profundidad y dramatismo. Esto, unido al estudio de los personajes y a la gran actuación de los dos protagonistas, dio lugar a una película muy recomendable tanto para los amantes de este deporte como para quienes no lo son tanto.

3 - Entrenador Carter 
(Coach Carter, 2005)


Es la clásica historia deportiva épica: el equipo de baloncesto de un instituto de un barrio pobre cuenta sus partidos por derrotas y el ambiente en el equipo, lleno de jugadores egoístas, es pésimo. La llegada de un nuevo entrenador consigue cambiar la dinámica por completo. Sin embargo, a pesar de la racha de victorias, el entrenador Carter decide cancelar la participación de su equipo en el torneo mientras sus jugadores no mejoren sus resultados académicos para gozar de perspectivas de futuro. 

Samuel L. Jackson da vida a Ben Carter, el protagonista de esta película basada en hechos reales, mientras entre los jugadores destaca un joven Channing Tatum. Está cargada de tópicos y es muy previsible en casi todos sus aspectos, pero guarda cierto trasfondo sobre la ética profesional, la importancia de la educación y la situación en los barrios marginales estadounidenses.

4 - Hoosiers: más que ídolos (Hoosiers, 1986)

Una de las películas deportivas más admiradas de la Historia del cine. Con dos nominaciones a los Oscar (a Dennis Hooper como Mejor actor de reparto y a la BSO), una más a los Independent Spirit Awards (a Mejor ópera prima) y varias menciones en listados del American Film Institute, es la película de ficción más galardonada de todas las que giran alrededor del baloncesto.

Inspirada parcialmente en hechos reales, narra la historia del instituto de una pequeña ciudad de Indiana que en la década de los 50 consigue el campeonato estatal de la mano de un nuevo entrenador, que arrastra un complicado pasado y que inicialmente es rechazado en el centro. Una historia de superación y épica como muchas otras que abundan en las películas de temática deportiva, pero con una tendencia a la sencillez que le otorga mayor grandeza. Notables tanto la dirección de David Anspaugh, como las interpretaciones de Gene Hackman y Dennis Hooper.

Probablemente sea la película más baloncestística de la lista y en la que el amor por el deporte juega un papel más trascendente. Resulta interesante también para descubrir la evolución del juego, pues la película se ambienta en los 50, cuando los jugadores negros no podían competir en la liga de blancos y cuando la competición era mucho menos ágil y espectacular.

Prórroga - Space Jam (1996)

No podía faltar. Es la película de baloncesto por excelencia. Protagonizada por el mejor jugador de la Historia de este deporte, Michael Jordan, combina animación con actores reales, incluyendo estrellas de la época dorada de la NBA. Esta divertida película narra cómo los Looney Tunes deben enfrentarse a un grupo de pequeños extraterrestres que les han desafiado. Si Bugs Bunny y su equipo pierden, deberán dejar la Tierra e irse a otro planeta; ante las trampas de sus rivales, solo Michael Jordan podrá evitar la derrota de los Looney Tunes.

Una película de culto para muchos y un recuerdo imborrable en la infancia de otros, debemos reconocer que es un producto comercial que buscaba aprovechar el tirón de uno de los deportistas más rentables que ha habido. Sin embargo, el desfile de jugadores de élite, el humor sencillo y entretenido, el inolvidable “I Believe I Can Fly” de su banda sonora y la siempre curiosa mezcla de animación con acción real hicieron que esta película pasara a los anales del cine. Y del baloncesto.

Para 2018 se espera una secuela dirigida por Justin Lin y que contará con el jugador llamado a suceder a Jordan, Lebron James, como gran estrella. 

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)