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martes, 30 de octubre de 2018

[Especial Halloween] Crítica: 'Errementari' (2018), de Paul Urkijo: auténtico terror vasco


Paul Urkijo debuta con 'Errementari', una fantástica y terrorífica obra rodada en euskera sobre un herrero alavés del siglo XIX al que temía el mismísimo diablo


Más allá del incuestionable éxito que supone ganar diez Premios Goya, el principal mérito de ‘Handia’ tal vez sea el precedente que sienta para otras producciones, demostrando que el euskera y el folclore vasco tienen cabida mucho más allá de Euskadi. Si bien es cierto que ‘Loreak’ ya había esbozado el camino en 2014, fue la descomunal ‘Handia’ quien lo definió hace ahora un año. No es extraño, por lo tanto, que pocos meses después llegara a los cines ‘Errementari’, adaptación de un cuento popular vasco, que se sitúa lo suficientemente cerca de ‘Handia’ como para aprovechar su estela, y lo suficientemente alejada como para tener identidad y estilo propios.

La similitud más evidente se deriva de la presencia de algunos actores y miembros del equipo técnico de ‘Handia’, sobre todo un –de nuevo– magnífico y –de nuevo– casi irreconocible Eneko Sagardoy. Esta vez no se trata de un gigante, sino de un demonio llegado desde el mismísimo infierno. Situar la trama en el siglo XIX, con la Primera Guerra Carlista como punto de partida, es otra semejanza con ‘Handia’ y es, al mismo tiempo, un gran acierto, por la relevancia que el territorio vasco jugó en esta contienda y por la elección de una época oscura y misteriosa de la que, como afirmaba en una entrevista el director, Paul Urkijo, han salido otros monstruos como Drácula o Frankenstein. 


Una última semejanza es el uso del euskera. O, en realidad, de un dialecto del euskera que se hablaba en Álava en el siglo XIX y que supone una tarea encomiable de investigación y de búsqueda de la autenticidad. De nuevo, la cuidada ambientación histórica y estética es una cualidad más que comparte con ‘Handia’.


Es cierto que ‘Errementari’ no puede entenderse sin ‘Handia’, mas no es la única asociación que genera la obra de Paul Urkijo. Por un lado, es innegable ese toque de humor negro tan característico de Álex de la Iglesia, productor del film. Por otro lado, tanto el prólogo que introduce la historia, como el hecho de aprovechar la tradición religiosa y pagana de una región del norte de España, recuerdan a ‘O Apóstolo’, la cinta gallega que ya habíamos comentado en el Especial de Halloween de 2017

Terror con identidad propia 


Pero ‘Errementari’ va más allá de cualquier asociación. La apuesta por la fantasía –un género no tan habitual en el cine que se hace en España–, la imprevisibilidad de la historia, el horror gótico y lo dantesco de la trama son elementos propios y muy atractivos. Como muy atractiva es también la historia, inspirada en Patxi el herrero, un cuento de principios del siglo XX: años después del fin de la Primera Guerra Carlista, un comisario de la Diputación llega a una aldea de Álava en busca de un herrero que vive aislado en una alejada y siniestra herrería en el bosque. Allí se cuela una niña huérfana, que descubre el oscuro secreto que esconde Patxi, un herrero temido por el propio diablo. La leyenda traspasa la infernal fantasía, adentrándose en un debate sobre los prejuicios y sobre la absurda clasificación de las personas en malas y buenas.


Con todo ello, los pequeños errores en la narración, lo limitado de algunas interpretaciones y ciertos elementos estilísticos, que quizás no llegan a la altura de producciones más grandes y directores más experimentados, quedan casi ocultos. Esas imperfecciones le otorgan cierto toque auténtico y anticuado, como un viejo libro de leyendas que se preocupa más por la ambientación que por el estilo. Así, ‘Errementari’ consigue despertar un miedo cercano a ese terror ancestral que los alaveses del siglo XIX sentían ante las criaturas del Infierno. 

Lo mejor: la autenticidad de una obra que bebe de una fuente de terror y fantasía tan mágica y escalofriante 
Lo peor: la falta de experiencia del director y, sobre todo, no poder apreciar la valía de la versión original 
Nota: 8.5/10


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 27 de octubre de 2018

[Especial Halloween] Crítica: 'Frankenstein de Mary Shelley' (1994): decepcionante y poco terrorífica criatura

Doscientos años después de que el Frankenstein original viera la luz, repasamos la adaptación que Kenneth Brannagh hizo del monstruo que vuelve a la vida en la pretenciosa ‘Frankenstein de Mary Shelley’



Este año se cumplen dos siglos de la publicación, el 11 de marzo de 1818, de una de las obras cumbres de la ciencia-ficción y el terror: ‘Frankenstein, o el Moderno Prometeo’, de la escritora británica Mary Shelley. Concebida durante una estancia en la villa de Lord Byron en Suiza en 1816, conocido como el año sin verano por la erupción de un volcán indonesio, es, junto a Drácula, una de las novelas más adaptadas y uno de los monstruos más populares del cine. Por lo tanto, en este especial de Halloween de Los Lunes Seriéfilos era inevitable regresar a una de las versiones de la criatura. No a la mejor, sin duda, pero sí a una de las más ambiciosas.

Ambición que se traduce sobre todo en un elenco sensacional; Kenneth Branagh, Helena Bonham Carter –curiosamente, en un papel más dulce y menos gótico de lo habitual– y Robert de Niro se colocan al frente de un reparto que también incluye a Aidan Quinn, Tom Hulce, John Cleese o Hugh Bonneville. Si bien es cierto que ninguno está en su mejor papel, lastrados en parte por una cierta grandilocuencia y exageración, merece mención Robert de Niro, que da vida –valga la redundancia– al monstruo, el personaje más complejo y atractivo de todo el film. 


Su evolución no resulta novedosa, pasando de una creación huérfana y bondadosa a una vengativa ante el desprecio del mundo y de su creador, mas sí alcanza nuevos límites por la profundidad de la figura. Lo que no transmite en ningún momento es miedo, ni la creación de Frankenstein ni la película en su conjunto, pues la preocupación de Kenneth Branagh parece estar más en conseguir una narración ampulosa y teatral, lo que se traduce en un trabajo menos oscuro y gótico de lo que se podría esperar.

Decepcionante por ambiciosa

Lo que se podría esperar es, en realidad, algo más próximo a ‘Drácula de Bram Stoker’, estrenada dos años antes que esta y dirigida por Francis Ford Coppola, que actúa en esta ocasión como coproductor. Junto a la presencia del director de ‘El Padrino’, la composición del título o el excelente reparto plantean semejanzas que en ningún caso se aprecian en la calidad de la cinta de Branagh.


Es cierto que sin esta comparación y con una mayor humildad en el planteamiento de la trama y los personajes podríamos estar ante una película indiscutiblemente entretenida que no va más allá y que, como tal, sí cumple sus objetivos. Pero ese no es el caso, y lo que queda es un regusto de insatisfacción y de palidez al situarse en línea con otras adaptaciones del monstruo revivido en Ingolstadt. No tanto por sus deficiencias, sino por la promesa incumplida de una creación perfecta. 

Lo mejor: Robert de Niro 
Lo peor: le faltan sombras y tinieblas 
Nota: 5.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 29 de octubre de 2017

Especial Halloween. Review: 'Una serie de catastróficas desdichas' - 1ª temporada

Hablábamos hace unos días de la película Una serie de catastróficas desdichas, protagonizada por Jim Carrey en 2004. Hoy toca centrarnos en la serie homónima protagonizada por Neil Patrick Harris y que se centra en los cuatro primeros volúmenes de las populares novelas publicadas por Daniel Handler bajo el seudónimo de Lemony Snicket.

Aunque con una atmósfera menos oscura y más alejada del gótico estilo de Tim Burton que caracterizaba a la película, la serie de Netflix también ofrece un sugestivo pasatiempo para disfrutar este Halloween. De hecho, resulta mucho más atractiva y entretenida que el largometraje de Brad Silberling, prestando una atención extraordinaria a los detalles y con interpretaciones mucho mejores.

En especial la de un inspiradísimo Neil Patrick Harris, que consigue dar vida a un Conde Olaf mucho más complejo y expresivo que el de Jim Carrey. Y llama la atención que, aunque ambos actores se ciñen casi por completo a sus particulares y extravagantes estilos, el personaje de Carrey se vuelve repetitivo y pesado, mientras el de Harris despliega una gama mucho mayor de movimientos, juegos de voz y expresiones. También los secundarios tienen papeles más interesantes en la serie, probablemente debido a las mayores posibilidades de desarrollo que ofrecen ocho capítulos de 50 minutos con respecto a una película de 90. Esto permite un mayor aprovechamiento de las peculiaridades y marcados caracteres de unos personajes que en la obra de 2004 se veían demasiado limitados.

Del mismo modo cabe destacar el guion de la adaptación televisiva, pues explota mucho más las tramas complementarias y derrocha ingenio con referencias culturales –tanto tradicionales como contemporáneas– y guiños cómicos que dotan de profundidad y chispa a la historia. Y es que ese es el verdadero punto fuerte de la serie, su clara orientación a la comedia, siendo aquí el aspecto visual mucha más secundario. Es así como Neil Patrick Harris y el inteligente e irónico guion pueden ser completamente aprovechados.

Es cierto que, en el lado negativo de la balanza, debemos mencionar las actuaciones de los tres niños protagonistas, algo más flojas que en la película, y una producción visual que, si bien es llamativa, resulta menos novedosa. También la narración, que mejora de forma notable en comparación con la película, sigue teniendo momentos tediosos. Sobre todo, cuando entra en escena Lemony Snicket, el narrador, que añade otro elemento cómico y original al entremezclarse mucho más con la historia, pero que la ralentiza en exceso. 


Mas, a pesar de estas apreciaciones finales, Una serie de catastróficas desdichas es mucho mejor como serie que como película. Y asumo mi responsabilidad por haber presentado esta crítica como una comparación, pero, igual que el largometraje de 2004 no podía escapar de su condición de heredera del cine de Tim Burton, esta serie no consigue escapar del todo de su predecesora.

No obstante, atractivos le sobran para poder hacerlo y las prometidas segunda y tercera temporadas tienen potencial para conseguir una identidad propia y para seguir mostrándonos con ese toque tan divertido e ingenioso qué misterios se esconden detrás de los Baudelaire y qué artimañas planea el Conde Olaf para continuar esta serie de catastróficas desdichas.




(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 27 de octubre de 2017

Especial Halloween. Crítica: 'O Apóstolo' (2012), de Fernando Cortizo

Galicia es, casi con toda seguridad, la región más mágica, misteriosa y, hasta cierto punto, terrorífica de España. Las Meigas, la Santa Compaña, la Queimada, la cultura del fuego –que tanto hemos tenido que lamentar recientemente–, el peso de la religión, la tradición, el mundo rural… Es difícil encontrar más y mejores ingredientes para un film de terror o, cuanto menos, de misterio y de fenómenos sobrenaturales. Y eso es algo que O Apóstolo (El Apóstol) sabe explotar a la perfección.

Tras escapar de una cárcel, y haciéndose pasar por peregrino, un ladrón llega a un pequeño y misterioso pueblo de Lugo buscando unas joyas que su compañero de fuga había escondido. Pero en el pueblo suceden fenómenos inexplicables: peregrinos que desaparecen, la Santa Compaña reclamando sus almas, condenas eternas…

Todo ello narrado a través de la técnica de claymation, o animación con plastilina, con las voces de pesos pesados como Carlos Blanco, Luis Tosar, Geraldine Chaplin, Jorge Sanz o Paul Naschy. Con un presupuesto que superó los cinco millones de euros y equipos internacionales con amplísima experiencia, tanto en el aspecto técnico y como detrás de la banda sonora, O Apóstolo fue la primera película europea rodada con la técnica de stop-motion estereoscópico.

La novedad de la historia, el cuidado de los detalles, el espectáculo visual y la valentía de una apuesta rompedora en España le valieron premios y reconocimientos en festivales de todo el mundo, siendo aclamada en el Festival de Málaga, y recibiendo el Premio del Público en Annecy y la nominación a Mejor película de animación en los Goya. Y todo galardón sería merecido y, probablemente, escaso, pues se trata de una de las cintas más meritorias que ha dado el cine español, tanto desde el punto de vista técnico como –excepto por un puñado de líneas de diálogo– narrativo.

Y si la trama va de misterio y condenas, la maldición que rodeó al film no se queda atrás. Comencemos por la financiación, y es que fue uno de los primeros proyectos costeados, al menos en parte, gracias al crowdfunding, tan popular en estos momentos pero que cuando se rodó esta obra hace más de ocho años todavía estaba dando sus primeros pasos. 

Tras numerosos cambios de fecha y retrasos, llegó finalmente a las pantallas españolas el 31 de octubre de 2012. Aunque estaba planeado un estreno extenso, la cinta se llegó a proyectar en menos de 30 cines, muchos de ellos minoritarios y con horarios extraños, algo de lo que el director, Fernando Cortizo, responsabilizó a la distribuidora, Aquelarre Films. Esta se defendió argumentando que los cines la habían rechazado porque las copias de la película solo estaban disponibles en digital y dada la competencia de la cartelera –SinisterSkyfall o Lo Imposible–.


El resultado fue una recaudación irrisoria, que no alcanzó los 50.000 euros en España y que internacionalmente, a pesar de las buenas perspectivas iniciales, también acabó haciendo aguas por diversos conflictos comerciales. Todo esto acabó llevando al borde la quiebra a la productora, Artefacto Producciones, y a que la obra haya quedado casi inaccesible para el gran público –en la web http://www.oapostolo.es/ se puede ver online y comprar el DVD–.

Y es una pena, porque hay pocas películas que combinen de una forma tan extraordinaria la comedia, el misterio, las aventuras y el terror. A su vez, los guiños a la cultura gallega, a Tim Burton o a filmes como Nosferatu, la novedosa técnica, la tensa narración, la inquietante atmósfera, la estética onírica, los golpes de humor y hasta la moraleja que se extrae convierten a O Apóstolo en una obra imprescindible. Lástima que haya condenas de las que no se puede escapar.

Lo mejor: el aprovechamiento del enxebre gallego 
Lo peor: que haya sido una producción maldita
Nota: 9,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 23 de octubre de 2017

Especial Halloween 2017. Crítica: 'Una serie de catastróficas desdichas' (2004), de Brad Silberling


Es todo un clásico, así que este año vuelve el especial de Halloween de Los Lunes Seriéfilos. Desde hoy, y hasta el día 31, podréis encontrar en nuestra web críticas y reviews de películas y series de terror y todo lo que asociamos a estas fechas tan tenebrosas.

Y para los cobardes a los que nos da verdadero pavor el cine de terror, pero aun así queremos disfrutar de Halloween, el cine de Tim Burton y los especiales de “terror” de universos de animación, como Shrek o Disney, han sido siempre nuestra salvación. Sin ser ninguna de las dos, vamos a arrancar nuestro especial con Una serie de catastróficas desdichas –vamos a hablar de la película de 2004, aunque también existe una serie con Neil Patrick Harris de este mismo año–, que puede ser un buen sustituto o complemento para este Halloween, sobre todo por sus semejanzas con el cine burtoniano.

Y esto es así por su estética steampunk y un tanto gótica, por la presencia constante de la muerte, la fantasía y el misterio, por el protagonismo de unos niños peculiares y por la complicación extrema de la trama, que no obstante acaba alcanzando un final casi completamente feliz. En definitiva, el resumen de (casi) cualquier película de Tim Burton que se nos pueda ocurrir.

La dirección artística es extraordinaria; no olvidemos que es una película de hace ya más de una década, con técnicas menos desarrolladas y sin referentes más allá del propio Burton. La oscuridad, el juego de colores y la fotografía de Lubezki, unidos al maquillaje, el vestuario y la banda sonora, dan lugar a un espectáculo visual muy atractivo.


Le falta cierta profundidad en la trama, con un guion un tanto irregular y con personajes más flojos de lo que cabría desear. Son, en realidad, caricaturas, con todo lo bueno y lo malo que esto implica. En especial el protagonista, el Conde Olaf al que da vida un Jim Carrey haciendo el mismo exagerado y excéntrico papel de siempre. De nuevo, con todo lo bueno y lo malo que esto implica. Sí hay que destacar la interpretación de los jóvenes Emily Browning y Liam Aiken, que sobresalen en un reparto cargado de quilates –Timothy Spall, Billy Connolly, Meryl Streep o Catherine O’Hara– pero lastrado por personajes premeditadamente estereotipados que impiden aprovechar todo ese talento.

Especialmente porque, como ocurre con la historia, todo queda subordinado al componente audiovisual y estético. Y puede que sea muy meritorio y atractivo, pero no es suficiente. Tal vez sí para verla con niños (valientes o ya algo mayores) o para disfrutar en Halloween con esa estética tan apropiada en estas fechas, mas no para poder hablar de una auténtica sustitución, y mucho menos superación, de las fantásticas y únicas obras de Tim Burton.

Lo mejor: la dirección artística y los créditos finales
Lo peor: que Jim Carrey llega a resultar pesado 
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)