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miércoles, 16 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio VI: El retorno del Jedi' (1983), de Richard Marquand


Al hablar del Episodio V mencionábamos que su valor yace en su condición de pegamento y pieza clave de la saga, pero menos como película independiente. Lo más destacado del Episodio IV, la primera de las entregas de la saga, había sido, por su parte, su papel como pionera en una concepción del cine nunca antes vista, lo que la convertía en uno de los largometrajes imprescindibles al analizar la evolución del séptimo arte. Cuando analizamos ‘El retorno del Jedi’ podemos encontrar una tercera visión. De la trilogía original es el episodio que más potencial podría tener como obra independiente.

Mas, como ocurre con cualquiera de las cintas de Star Wars, sería un error entenderla de forma aislada, pues una trilogía y una saga concebida como lo está La guerra de las galaxias funciona casi exclusivamente como un conjunto en el que las obras se retroalimentan y completan. Sin embargo, si tuviéramos que elegir –en un plano teórico– una de todas estas partes para verla y disfrutarla sin el resto, yo me quedaría con este Episodio VI. 

Más allá de su encaje en la saga, es una película particularmente entretenida y dinámica, con diversos escenarios, personajes e historias paralelas. La trama se va desplazando entre planetas y protagonistas, combinando en su trancurso géneros, desde la comedia al romance, pasando por el drama y la acción y dejando, por supuesto, espacio para la ciencia-ficción. El clímax llega en esa épica batalla final con el Emperador, Darth Vader y Luke Skywalker dirimiendo dónde residen las lealtades mientras las fuerzas imperiales y rebeldes se baten el cobre; el montaje paralelo en este tramo final y la incertidumbre sobre qué lado de la Fuerza triunfará alcanzan unos niveles de tensión y entretenimiento que impiden apartar la vista de la pantalla.

Muy atractiva en este filme es también la aparición de nuevas criaturas del universo Star Wars, como el Sarlacc, los Ewoks o los variopintos criados de Jabba, así como de nuevos planetas y entornos. Todos ellos, sin alcanzar la relevancia de los principales protagonistas, son los responsables de la riqueza de la saga, que se sigue aquí cargando de detalles y criaturas. Todo esto permite, a su vez, el aprovechamiento de unos efectos especiales que, como ocurría con ‘Una nueva esperanza’ y ‘El Imperio contraataca’, no tenían equivalente en su época.


Pero no debemos olvidar que, aunque hayamos resaltado su valor como obra con mayor potencial de brillar de forma aislada, su capacidad de hacerlo aumenta gracias a sus predecesoras. Y es que ese clímax que hemos señalado no lo es solo de este largometraje, sino de toda la trilogía, poniendo un broche de oro a una historia que debe ser entendida como la suma de tres episodios íntimamente conectados. De hecho, ‘El retorno del Jedi’ es un gran medida eso, un retorno a personajes, tramas y escenarios presentados en los dos filmes anteriores y que en este tercero encuentran su conclusión.

Porque sí, puede ser que este Episodio VI funcione aislado casi tan bien como dentro de la saga, pero solo como colofón de la misma se puede extraer todo su jugo. Y es que el verdadero fuerte de la cinta dirigida por Richard Marquand es su papel de punto final de una trilogía –punto y seguido dentro del conjunto de la saga– que cambió la historia del cine.

Lo mejor: su riqueza y dinamismo
Lo peor: que resulte menos novedosa que sus predecesoras
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio V: El Imperio contraataca (1980), de Irvin Kerschner


Al hablar de ‘Una nueva esperanza’ destacábamos la revolución y el hito que esta película había supuesto en la historia del cine. ‘El Imperio contraataca’ continúa esa línea, sin la misma relevancia a nivel global, pero con mayor peso y atractivo dentro de la saga. Considerada por muchos la mejor de la trilogía ­–y por gran parte de ellos, también la mejor de la saga–, artícula los elementos clave de este universo cinematográfico y lo confirma, incluso a falta de que llegaran las siguientes entregas, como uno de los más importantes del séptimo arte.

Esto se debe, en primer lugar, a que Yoda su aparición hace. Se trata de uno de los personajes más originales, carismáticos e influyentes que nos ha ofrecido la gran pantalla, siendo precursos de numerosos personajes desde entonces: yo, por ejemplo, no puedo evitar ver a Dumbledore como heredero del pequeño maestro Jedi. De hecho, me atrevería a decir que Yoda es también un antecedente de esos coaches contemporáneos que persiguen ayudar y motivar a las personas a encontrarse a sí mismas.


También descubrimos en esta entrega gran parte del resto de elementos clave de la saga, como pueden ser el Emperador –que sí, también considero que es, parcialmente, precursor de Voldemort–, la verdadera dimensión de la Fuerza o la interesantísima y compleja figura de Darth Vader y su relación con su hijo.

Creo que conviene hacer un pequeño inciso: aunque tiendo a evitar los spoilers, no oculto esa declaración de Vader a Luke porque me resulta llamativo cómo uno de los mayores giros de guion en toda la historia del cine sea, a su vez, una de las escenas más conocidas de la misma. Y es que la mayoría de nuevos espectadores de la película se aproximan a ella conociendo este importante detalle. No obstante, es precisamente el conocimiento de su relación sanguínea lo que hace que, en detrimento de la sorpresa, la tensión y la lucha entre ambos esté cargada de suspense.

No hay duda de que este Episodio V presenta escenas y personajes imprescindibles para el cine y, sobre todo, para la saga. Porque esta cinta, más que ninguna otra, es esencial para comprender la trilogía ideada por George Lucas. Pero al mismo tiempo, solo es posible entender y, sobre todo, disfrutar esta obra, enmarcada en el contexto de La guerra de las galaxias, pues aislada pierde gran parte de su valor.

En una saga concebida como un conjunto y no como una suma de películas no parece que sea un problema tan grande, pero al analizar el filme de forma aislada sí que se nota esa falta de autoconclusión y se pierden notables matices. Es magnífica como secuela del Episodio IV y como precuela del VI, mas se vacía de contenido sin ellas. Esto también implica que 'El Imperio contraataca' resulte algo menos atractiva para quienes se nos sentimos tan identificados con la saga.

A pesar de ello, sigue siendo una obra entretenida y muy completa, con amor, criaturas y tecnología fantásticas, combates con espadas-láser, toques de comedia... Y sí, podríamos pedir más, sobre todo si queremos verla de forma independiente, pero... ¿queremos?

Lo mejor: su relevancia dentro de la saga
Lo peor: que pierda matices como película aislada
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 19 de julio de 2017

Verano Syfy. Crítica: ‘La guerra de las galaxias. Episopio IV: Una nueva esperanza’ (1977), de George Lucas


No podía faltar. En este verano que en Los Lunes Seriéfilos estamos dedicando a la ciencia-ficción era inevitable volver la vista a la que es una de las películas más relevantes, exitosas e influyentes en la historia de este género –y de todo el cine, en realidad–.

Soy demasiado joven para comprender el fenómeno de la primera trilogía de Star Wars y lo cierto es que mi afición por el séptimo arte nació bastante tarde, por lo que también me perdí la segunda trilogía. Ahora, envueltos de nuevo en una nueva vorágine de aventuras galácticas, me intereso por estos estrenos como cinéfilo más que como fan de la saga. Y así es como he visto ‘La guerra de las galaxias. Episopio IV: Una nueva esperanza’: más como una pieza clave en la historia del cine que como una cinta con la que me sienta identificado. 

Porque le falta algo que me impide una mayor fascinación: tal vez cierta profundidad en la historia o quizás una mayor introspección que permitiera una película con valor por y para sí misma, sin estar tan condicionada por su revolución técnica y comercial, aspectos en los que reside su mayor interés. Y aunque estas podrían considerarse debilidades importantes en cualquier otro filme, lo cierto es que la valía de Star Wars, sobre todo de esta primera obra, reside en el significado de la cinta fuera del plano estrictamente cinematográfico. Y como tal es obligatorio admirar sus logros. 

Siendo el mayor de ellos, quizás, que ‘Una nueva esperanza’ puede ser considerada mainstream según la concepción actual. Y esto se debe a que constituye un elemento esencial para establecer lo que hoy consideramos como mainstream, fijando el rumbo que otras obras posteriores habrían de seguir. Y quizás nunca tanto como en la actualidad, con un Hollywood centrado en producir sagas capaces de generar merchandising sin parar y otorgando a los efectos especiales un papel preponderante. Precisamente las características que definían al clásico de George Lucas de 1977 y que son las que también determinan la mayoría de largometrajes que encabezan las listas de taquillazos de los últimos años. 

Y ya que mencionamos a George Lucas, hay que reconocerle como padre de la criatura. No por su magnífica dirección o por la calidad de su obra, ambas notables pero no sobresalientes, sino por lo que supuso. Su visión comercial –sobre todo esa conocida decisión de ceder los derechos de las películas a cambio de los futuros ingresos por merchandising–, su inagotable imaginación y su uso de tecnologías revolucionarias convirtieron al ‘Episodio IV’ en una pieza única hasta entonces y en el eslabón perdido que marcaría la evolución de todo el cine posterior. Y no solo del cine como arte, sino también, y sobre todo, del cine como industria. 

Y aunque nos estamos centrando en el papel que Star Wars juega en un plano extracinematográfico, no es tampoco desdeñable su calidad artística. Sin ser una obra maestra, desborda imaginación, entretenimiento y novedad. Desde la mítica y archiconocida introducción en la que ya se intuye la inolvidable banda sonora de John Williams, hasta la riquísima variedad de personajes, vestuarios, tramas y mundos, todo en el film nos hace ver que estamos ante algo único. 


Única y pionera, porque sus novedades no se ciñen a los efectos especiales o a la comercialización, sino también a un guion en el que se cuidan todos los detalles y en el que, por ejemplo, gracias a la luchadora Princesa Leia, se rompen parcialmente algunas concepciones sobre roles de género y de amor romántico que seguirían prevaleciendo todavía durante mucho tiempo. 

Y el mérito es adicional si tenemos en cuenta que este ‘Episodio IV’ se concibe como tal. Es la primera película de la saga, pero ya pensada como cuarto episodio de una historia mayor, algo que, indudablemente, complica y enriquece la construcción de la historia y de los personajes, haciendo que cada comentario o pasaje tenga que ser muy cuidado para mantener la coherencia con las tramas que sucederían a esta. 

Todas ellas colaborarían a engrandecer, de una forma u otra, la leyenda de esta saga y a desarrollar su universo. Pero lo veremos en próximas semanas. Por ahora, disfrutemos de todo lo que ofrece este clásico, sin olvidar que con él, en una galaxia muy, muy lejana, nacía uno de los mayores mitos del cine.

Lo mejor: su influencia en el cine que vendría después
Lo peor: la escasa profundidad de la narración
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)