sábado, 20 de agosto de 2016

La Paz Olímpica

En los Juegos Olímpicos de la Antigüedad era costumbre que, para permitir que los deportistas viajasen a Olimpia para la disputa de los Juegos, se suspendiesen durante ese tiempo todas las guerras que estuvieran teniendo lugar en Grecia. El Comité Olímpico Internacional ha realizado intentos de lograr algo similar a aquella Tregua Olímpica, pero parece que el valor del olimpismo en la Grecia Clásica era mayor que en las sociedades actuales, hasta el punto de que para ellos esa competición deportiva estaba por encima de conquistas y conflictos bélicos, algo que sigue sin suceder en nuestros días. Y es que las guerras no se han parado estas semanas. En Siria, por citar el ejemplo más mediático, se abrieron corredores humanitarios para que la ayuda llegara a las víctimas civiles, pero no tenía nada que ver con los Juegos Olímpicos; y lo que es peor, además de no respetarse, las bombas han seguido cayendo y los inocentes han seguido muriendo.

Efectivamente, los Juegos Olímpicos no disfrutan de un elemento que les haría aun más notables y admirables, pero siguen suponiendo uno de los mejores ejemplos de la grandeza de los seres humanos y de los pueblos. Solo hace falta recordar los valores que defiende el movimiento olímpico: esfuerzo, sacrificio, juego limpio, respeto al contrario y a las normas, superación o deportividad, pero también otros que tienen una dimensión más política, como la reconciliación, el respeto al contrario o la amistad entre naciones.

Hay una serie de imágenes que se han hecho virales estos Juegos y que simbolizan esto a la perfección. Por un lado, el selfie de dos sonrientes gimnastas; una de Korea del Norte y la otra de Korea del Sur. Dos países enfrentados durante décadas, pero que durante unos segundos se reconcilian de la mano de dos chicas que acaban de medirse sobre los aparatos de gimnasia.

Por otro lado tenemos la polémica foto del partido de volley-playa entre alemanas y egipcias; el contraste entre el reducido bikini de las europeas y la prenda que cubría todo el cuerpo de las africanas mostraba un choque cultural que no impedía la disputa de un choque deportivo. Personas de orígenes, culturas y religiones diversas que ponen sus diferencias a un lado para golpear un balón.

Esta foto también abría un debate muy necesario sobre el velo islámico, sobre la libertad y sobre el sexismo en el vestuario de las deportistas, tanto de las que se ven obligadas a taparse como a destaparse. Este debate no es inherente a los Juegos Olímpicos, pero sí se lo debemos a su disputa, pues sin ella no habría sido posible esta imagen o, en su caso, habría pasado desapercibida para los medios de comunicación de masas. Porque, aunque la brecha aun sea excesivamente elevada, los JJOO son la única oportunidad del deporte femenino de lograr una atención mediática mínimamente comparable al deporte masculino.

Dicho todo esto, no olvido que el COI, como la mayor parte de altos organismos deportivos nacionales e internacionales, es una institución podrida por la corrupción. Tampoco que los valores y las bondades de los Juegos Olímpicos son una mera excusa, detrás de la que se hallan intereses económicos y políticos. Ni que el juego limpio solo lo practican unos cuantos, pues el dopaje y las trampas campan a sus anchas por la villa olímpica. Tampoco olvido que merece más admiración quien lo deja todo para irse a un campamento de refugiados en Grecia o a una misión en Sierra Leona a ayudar a los demás que quien gana una medalla olímpica. O que los Juegos Olímpicos modernos no son capaces de parar guerras y que ya no existe la Paz Olímpica.

Aun así, necesitamos unos valores en los que creer y una utopía a la que aspirar. Y eso es, al fin y al cabo, lo que nos proporcionan los Juegos Olímpicos.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

viernes, 5 de agosto de 2016

Cuando se nos cae el mito

Una de las mayores decepciones que me he llevado tuvo lugar, hace ya algunos años, cuando descubrí que Clint Eastwood era republicano. Tendemos a idealizar a nuestros ídolos, creyendo que todo lo hacen bien y que son similares a nosotros también en su ideología y en su comportamiento. Por eso te llevas un chasco cuando esa idealización se rompe y descubres que tu venerado actor, director, guionista y compositor tiene una ideología opuesta a la tuya. 

Quienes no sabían que Eastwood era miembro del Partido Republicano se habrán despertado este viernes con un gran sobresalto, al leer que el viejo Clint se mostraba favorable a Donald Trump y criticaba la “actual sociedad de nenazas”. Alguno quizás haya celebrado sus palabras, pero un gran volumen de aficionados del veterano cineasta habrán sentido decepción, enfado o tristeza. Algunos quizás hayan jurado no volver a ver sus películas. Todas estas opciones son perfectamente válidas, pero hay que tener en cuenta una serie de puntualizaciones. 

Primero, y quizás sea la base de todo, debemos ir más allá del titular. Dada la necesidad de generar tráfico en las redes sociales y en los portales de Internet, los medios de comunicación (sobre todo digitales) tienden a primar el titular gancho, que solo busca captar la atención del lector. Así, muchos medios españoles han titulado de formas que distan de lo que verdaderamente se extraía de las declaraciones: Eastwood no pide el voto para Trump, más bien critica a Hillary Clinton, pero sin defender al magnate de una forma tan directa o indudable como muchos titulares daban a entender. Por eso, y esto es extendible a todo tipo de informaciones y polémicas, antes de opinar y criticar conviene analizar las palabras originales y su contexto, sin quedarse únicamente con el titular. 

Eastwood opina que lo que dice Trump son tonterías e incorrecciones políticas, pero que eso no implica racismo, añadiendo que cuando él era joven las declaraciones de Trump no se hubieran considerado racistas en absoluto. No podemos olvidar la edad y el origen de Eastwood. Para un español de 24 años como yo, Trump no es solo racista, sino también machista, retrógado y un grandísimo ignorante. Pero creo poder comprender que un estadounidense de 86 años pueda diferir, pues su escala de valores es muy distinta. 

Aquí entra en juego su opinión acerca de la sociedad en la que vivimos, de “maricas” o “nenazas”, según las traducciones. Haya combatido o no, como estadounidense ha vivido abundantes (demasiadas) guerras, además de haber tratado el tema en sus numerosas películas bélicas. Como antes, es comprensible que para este “tipo duro” la sociedad actual parezca de blandos. Comprensible, pero para nada compartido, pues esas afirmaciones son machistas y anticuadas. 

Con todo esto, ¿qué debemos pensar y hacer sus fans? Podemos entristecernos o sentirnos defraudados por nuestro héroe si su ideología es antagónica a la nuestra, pero sin olvidar que su cine no es de menor calidad por el voto que deposita en la urna. En este sentido, su filiación política no parece un motivo suficiente para dejar de ver sus películas, pues son arte, y el arte debería ser valorado solo por sí mismo. 

Decidir qué película vemos en función de la ideología del director es una decisión política perfectamente respetable y admirable, pues muestra una elevada convicción sobre nuestros principios. De la misma forma, dejar de comprar camisetas de Leo Messi o discos de Isabel Pantoja, probados delincuentes, muestra un importante compromiso con la sociedad. El boicot en este caso está mucho más justificado, pero es indudable también que el fútbol del primero y la música de la segunda no van a ser mejores o peores. En cualquiera de estos casos las decisiones no se basan en su trabajo, sino en la personalidad del autor. 

Gran Torino (2008) o Million Dollar Baby (2004) van a seguir siendo tan buenas hoy como cuando se rodaron. Es nuestra opinión sobre su director y protagonista, sobre el hombre detrás de las cámaras, la que puede variar. Y tampoco es que el viejo Clint sea mejor o peor persona que Meryl Streep por apoyar al partido contrario, habrá que valorar una serie de acciones que van mucho más allá de unas declaraciones de contenido político. De hecho, para los simpatizantes del Partido Republicano, la propia Meryl Streep podría estar en entredicho por apoyar sin tapujos a los Demócratas, pero eso no le quita ni un ápice de mérito a sus magníficas interpretaciones. 

Puede que se nos rompa el mito, pero lo cierto es que nuestros referentes cinematográficos no necesitan pensar como nosotros. Basta, y no es poco, con que hagan buenas películas. Y para eso no importa el carnet de militante. ¿Verdad, McCarthy?


(Publicado en Neupic)

lunes, 1 de agosto de 2016

Pequeños gestos

En el periódico de ayer, en el del verano pasado, lo que nos ocupaba era la crisis de los refugiados. Cientos, miles de personas intentaban llegar a Europa huyendo de la guerra, la violencia y la miseria. Fue ya casi en septiembre, con la vuelta al cole, cuando los medios de comunicación españoles centraron de verdad el foco en este drama, cimentado durante los meses estivales por naufragios, llegadas masivas y cierres de fronteras.

En medio del drama, fue una historia aparentemente irrelevante la que consiguió emocionarme. Tras el cierre de la frontera entre Hungría y Austria, un coche en el que habían conseguido cruzar algunos refugiados fue parado por la policía austriaca. Un agente se aproximó al vehículo, en el que encontró un grupo de refugiados asustados ante la posibilidad de ser devueltos a Hungría. Les dijo “Bienvenidos a Austria” y les indicó el mejor camino para proseguir hacia su siguiente destino.

Este verano siguen intentando llegar refugiados a nuestras fronteras. Pero la UE ha firmado un acuerdo con la Turquía de Erdogan (sí, el democrático responsable de incontables violaciones de Derechos Humanos en Turquía y de la purga tras el fallido golpe de Estado) que relaja la presión sobre nuestros países, por lo que el nivel de atención mediática es mucho menor. Este verano las noticias que nos inquietan son las relacionadas con el terrorismo, que se ha convertido en un verdadero problema porque ha llegado a Occidente.

FOTO: Agencia EFE
Uno de los últimos y más brutales casos tuvo lugar en una iglesia de Rouen, donde dos terroristas entraron mientras se celebraba misa, tomaron rehenes y degollaron al párroco. Este domingo, la comunidad islámica francesa hizo un llamamiento para que los musulmanes galos acudiesen a las ceremonias católicas en señal de solidaridad. Este gesto, también aparentemente irrelevante, ha sido el que ha vuelto a conseguir emocionarme en medio de tanta locura y sinsentido.

Esos musulmanes que celebraron ritos católicos con sus hermanos crisitanos son los verdaderos musulmanes, que sienten el dolor de los demás y lloran con ellos. Y esos cristianos que les acogieron en sus iglesias con sus pañuelos y turbantes son los verdaderos cristianos, que no juzgan, sino que acogen, a quienes no rezan a su mismo Dios.

Por sí solos, los actos de fraternidad de este domingo en Francia, igual que el de aquel policía austriaco, no pueden cambiar una realidad demasiado compleja, ni acabar con unos problemas demasiado extendidos, pero sí pueden recordarnos al resto la humanidad y la solidaridad que hacen falta para modificar esa realidad y para solucionar esos problemas.

Estos ejemplos, gotas en un mar de alambradas y extremismo, pueden ser tomados por muchos como "buenismo", defendiendo que no arreglan nada y que la solución pasa por más mano dura y por no dejarse llevar por el sentimentalismo. Quizá sea cierto y solo las armas pararán esta ola de violencia y terror que amenaza con ahogarnos en miedo y sangre. Pero para mí, estos gestos son la balsa que nos mantiene a flote.


(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

viernes, 15 de julio de 2016

Una nueva realidad

Reconozco que yo siempre fui más aficionado a Digimon, pero soy muy consciente de la brutal revolución que se produjo a finales del siglo XX y principios del XXI de la mano de Pokémon. Prácticamente todos los niños y niñas que nacimos a principios de los 90 conocíamos esa serie japonesa, así como las colecciones de tazos y los juegos para videoconsolas asociados a ella.

Hace pocos días surgía Pokémon GO y el furor ha regresado. La realidad aumentada, que permite que los Pokémon “aparezcan” en nuestro propio mundo, supone un potente atractivo para unos jugadores que más de una vez han soñado que sus juegos se hicieran realidad. Ahora eso es relativamente sencillo: te descargas la aplicación en tu smartphone y, gracias al sistema de geolocalización y a la cámara del teléfono, puedes ir caminando y encontrando los objetos que necesitas y las diversas criaturas que debes capturar como un auténtico entrenador Pokémon.

El fenómeno es incuestionable. En Estados Unidos es fácil ver jugadores caminando por las ciudades apuntando con la cámara de sus teléfonos a árboles, charcos o edificios para encontrar a estas criaturas y poder capturarlas. Unos ladrones utilizaron el juego para guiar a varias personas a un lugar alejado en el que robarles y diversos establecimientos utilizan una estrategia similar par atraer clientes. Han aparecido Pokémon en casas particulares, iglesias, hospitales e incluso en el Museo de Holocausto en Washington, por lo que las autoridades han emitido mensajes pidiendo a los usuarios que respeten las normas de convivencia del mundo real, como cruzar la carretera sin mirar la pantalla del móvil o no invadir propiedades privadas.

Y todo esto ha tenido su reflejo en las redes sociales y en los medios de comunicación de todo el mundo, incluida España, donde el juego no ha llegado porque los servidores están saturados tras las abundantes descargas en los países donde sí se ha lanzado. Pero esto no ha impedido que el juego y su repercusión se hayan convertido en noticia y objeto de debate.

FOTO: Agencia EFE
Si esto lo enmarcamos en una semana en la que las redes sociales han ardido al calor de la discusión en torno a la tauromaquia y a las declaraciones de quienes celebraban la muerte de un torero, podemos hacernos una idea de la dimensión que el mundo digital está alcanzando en la realidad. No podemos negar que el mundo virtual y el mundo real son ya inseparables y casi indistinguibles. Podemos discutir sobre si esto nos gusta o no, pero es un hecho innegable. Nuestra realidad ya no se reduce a elementos físicos o psicológicos, sino que también debemos incluir en ella una serie de mundos virtuales paralelos.

La prueba es que buena parte de las noticias y reportajes, de las columnas de opinión y de las tertulias radiofónicas y televisivas estos días tienen como objeto un juego o un debate en las redes sociales. De hecho, los medios de comunicación han prestado más atención a una serie de insultos en la red o al surgimiento de un juego para smartphone que al conflicto que no cesa en Sudán del Sur, a la todavía dramática situación en Lesbos o a las mujeres que murieron a manos de sus parejas en lugar de frente a un toro.

No es necesario ni posible rechazar este mundo virtual, por lo que solo queda aceptarlo como una parte de la realidad. Pero sí convendría recordar cuál es el mundo de verdad. Porque lo digital y lo virtual pueden pasar a formar parte de nuestra vida, pero nunca deberían sustituir lo verdaderamente importante: las personas.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español

domingo, 26 de junio de 2016

Una historia de familia

Hay 197.245 personas que hoy están llamadas a las urnas por primera vez. El 20 de diciembre no tenían aun 18 años, por lo que muchas de ellas se estrenarán durante las próximas horas en el derecho básico de la democracia. En ese derecho no se estrenará mi abuela, pero sí vuelve a ejercerlo tras muchos años ausente de su cita electoral. 

Mis abuelos fueron juntos y llenos de ilusión a votar por Suárez en las primeras elecciones democráticas tras la Dictadura. Era el año 1977 y las únicas nociones de democracia que tenían no eran más que algunos recuerdos de su niñez y la clase acelerada que supusieron los primeros años de la Transición. Mi abuelo hace mucho que no está y mi abuela no ha vuelto a votar. Eso, a pesar de mi insistencia en las últimas convocatorias, en las que siempre me topé con su desencanto y con su “todos son iguales”. 

Pero donde yo fracasé, triunfó mi hermana. Tiene 21 años, acaba de terminar la carrera de Derecho y le gusta salir por la noche; no es especialmente activa en política, pero sí es consciente de lo que significa ejercer sus derechos. Sabe lo que quiere y, sobre todo, sabe lo que no quiere. Por eso, tras votar en su colegio electoral, acompañará a mi abuela al suyo. 

Mis padres también acudirán a las urnas. Ellos han sudado la camiseta toda su vida, trabajando duro, que es lo que tenemos que hacer los que no tenemos cuentas en Suiza ni en Panamá. Son dos personas bien informadas que sé que, elijan lo que elijan, lo harán con coherencia. 

Yo no esperé al domingo. Yo voté el viernes porque resido en otro país y, tras un largo proceso de ruego del voto, acudí a depositar mis papeletas en la urna disponible en la Embajada. Vivo en una capital europea, por lo que en menos de una hora puedo llegar a la Embajada y votar; muchos otros emigrados lo tienen más difícil y, dadas las dificultadas y trabas del proceso, más del 90% de españoles que viven en el extranjero se quedarán sin sufragio una vez más. 

En mi familia vamos a votar de maneras muy distintas, con intereses y nociones diversas, pero siempre intentando acertar en lo que es más adecuado para nosotros, para los nuestros y para todos. Es posible que nuestros votos apoyen candidaturas opuestas, pero eso es la democracia. Lo importante es que todos habremos votado con responsabilidad y raciocinio, considerando nuestras opciones y actuando en consecuencia. 

Nunca he sido muy bueno en lo de las generaciones, pero parece claro que aquí tenemos al menos tres. Tres generaciones que acudiremos a las urnas porque sabemos la importancia que eso tiene. Y junto a las generaciones que nosotros representamos, todas las generaciones del país que están llamadas a votar este 26-J. Ya lo hicimos hace seis meses y ahora debemos volver a hacerlo. O lo que es lo mismo, lo que los ciudadanos decidimos en diciembre fue inútil y nuestros representantes malgastaron nuestro voto, nuestro tiempo y nuestro dinero. 

Volver a las urnas puede considerarse de alguna manera un fracaso. En gran medida, está en nuestra mano que no vuelva a ocurrir. Y para eso hay que ir a votar. Y quizás mañana el panorama no haya cambiado mucho; puede incluso estar peor. Pero será nuestra decisión. Y solo si nosotros hemos cumplido con nuestros deberes podremos exigir a nuestros representantes que hagan lo mismo. 

FOTO: Juan Medina / ATLAS

Los colegios electorales ya están abiertos. Por eso desde este momento, desde todas partes, jóvenes, adultos y ancianos estamos llamados a decidir el futuro de nuestro país. Es nuestro derecho, pero también nuestra responsabilidad. Lo que ocurra a partir de ahora está en nuestras manos.


(Publicado en Neupic)

miércoles, 22 de junio de 2016

We are stronger together


Such an easy sentence. Theorically, not many people would disagree, specially seeing how many examples we can find. Last one can be Island’s National Football Team, who showed us that a good team is better than a few great independent players. The European Union could be another example.

Very likely you, dear reader, already know what this text is going to be about. Specially knowing what is happening today in the United Kingdom. But let’s bring another sports example before we continue. Talking about the UK, four years ago London was getting ready to host the 2012 Summer Olympics. By the end of those games, UK was third in the medal table with 29 golden medals, 17 silver ones and 19 bronzes for a total of 65 medals; a great result, for sure, but still far from the 103 and 88 metals of the USA and China. Just as a fact, if we put the medals of the EU members together, we would share 312 medals, including 95 golds. Clear leader of the medals table, because together we are more.

These are just small sport-related examples, but they support what we Aspirers feel: that unity brings strength. Therefore we believe that the European Union is a great project. It’s full of mistakes and challenges, but maybe it’s also the only way to survive in a world where the borders of countries start to blur -even if some people keep trying to raise fences and defend nationalisms-.

The longest peace period in the History of Europe, the Convention on Human Rights, the opportunity to travel in a much easier, safer and more free way or the possibility of finding friends in people that our grandparents would have been forced to kill are achievements that we owe to the European Union.

And at the same time we can’t deny its failures: one of them is to give special treatment to some countries just because of their powerful position. I’m talking, of course, about the UK and the advantages they already have and those that they have been promised if they vote to remain. That reminds me to what Groucho Marx -another one who knew that a team with his brothers was better than individualities- once said: “I don’t want to belong to any club that will accept people like me as a member”.

And yet, with our differences, with the mistakes and peculiarities of each country and with the problems that being all together might bring, unity makes us stronger.Let’s go back to sports with a nautical or sailing case: when we are with 27 people on a ship, if one makes a mistake and a hole appears in the hull of the ship, the whole boat can be in danger of sinking; but if that happens, all those partners are there to help us cover that hole and bale the water out. Being scared about a little hole in the hull is not a reason to leave the ship and row alone in a small wooden boat. Let’s stay all together aboard this ship and surf the complicated tides that our time brings; because we will only reach our harbor safe and sound if we all row together.


martes, 14 de junio de 2016

Héroes sin capa

Hoy 14 de junio se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre. Como ocurre con todos los días mundiales y efemérides, 24 horas no suelen ser suficientes, pero sí son un buen momento para recordar a todos los héroes y heroínas que día a día dan lo más valioso que poseen.

Porque la sangre de una persona tiene un valor incalculable. Sobre todo cuando se da de forma gratuita para otro ser humano que ni siquiera conoces. Dar tu sangre por alguien es el mayor gesto de sacrificio que puedes realizar. Te convierte en salvador. Y ello sin necesidad de viajar a un lugar desolado por la guerra o un terremoto y sin tener que ser médico, policía o bombero. En realidad, no hace falta ponerse una capa para convertirse en un héroe.

Solo hace falta ser mayor de 18 años, encontrarse bien de salud y desayunar bien ese día. Con eso y con 30 minutitos puedes haber salvado la vida a otra persona. Una persona con leucemia que necesita transfusiones casi diarias para sobrevivir, un joven que tuvo un accidente en su moto o alguien que ha sido víctima de un atentado terrorista.

Precisamente los ataques terroristas o las grandes catástrofes tienen la costumbre de despertar la solidaridad de las personas. Los hospitales de Madrid se colapsaron el 11 de marzo de 2004: no solo por las víctimas del ataque, sino también con ciudadanos anónimos que acudían a donar sangre. En España somos muchas cosas, no todas buenas, pero de lo que sí podemos estar orgullosos es de nuestra solidaridad: nuestra respuesta ante este tipo de catástrofes acostumbra a ser ejemplar, pero además, España es líder mundial en donación de órganos. Nuestro país, vago e ineficiente, está llenos de héroes y heroínas.

FOTO: Getty Images
Este domingo en Orlando, tras el tiroteo que causó medio centenar de muertes, los centros de donación de sangre se llenaron de héroes. Pero precisamente en el estado de Florida está prohibido que las personas homosexuales donen sangre. Hubo rumores sobre el levantamiento de esa prohibición tras el atentado en el club Pulse, pero desconozco si finalmente fue así.

Es una muestra más de la falta de igualdad que sigue sufriendo la comunidad LGTBI y que estos días es tan necesario reivindicar. Y es que, independientemente de este caso concreto, los homosexuales no pueden donar sangre en numerosos países del mundo, incluyendo muchos países occidentales y europeos. La teórica razón es su mayor riesgo de contraer VIH; como si los heterosexuales no pudieran contagiarse y como si no se hicieran análisis en todas y cada una de las donaciones.

Por cierto, estos análisis son una de las ventajas de la donación de sangre. Acudir regularmente a donar (cada tres meses los hombres y cada cuatro las mujeres) nos permite tener nuestra salud un poquito más vigilada. Pero es que también nos invitan a un bocadillo y un refresco después de cada donación para recuperar fuerzas. Eso, a cambio de un pinchazo que, de verdad, duele menos que arrancarte un pelo de la nariz.Y por encima de todo eso, el sentimiento de estar salvando la vida a una persona. Una persona que vive gracias a ti. Saber eso, saber que eres un auténtico héroe, es una sensación impagable. Y es que solo lo verdaderamente valioso se paga con sangre.

(Publicado en El Blog del Suscriptor de El Español)

jueves, 9 de junio de 2016

It's just football

On the 29th of January, a football game in the Greek city of Larissa between the AE Larissa and the Acharnaikos made it into the media of many other countries. It was a more or less irrelevant match of the Second League of Greece, nothing special apparently, but as soon as the referee blew his whistle to show the start of the game, the players, trainers and assistants of both teams sat on the field during two minutes in complete silence. In the speakers of the stadium it was announced that this gesture pretended to honor the hundreds of dead kids in the Aegean Sea due to the inaction of the European Union and Turkey. Then the game went on as usual.


Those two minutes saved no one from the death -proof is that hundreds of people keep dying trying to reach the security of European lands-. But that small gesture, in a small game, with small teams might have opened a few eyes. It´s clearly not enough, but in a world where the dramatic reality is not shocking enough to make us take action, these small signs become extremely important and necessary.

That's the power of football. Something that big and popular is a perfect tool to raise awareness and make people think about the real problems of the world. It's not always like that. It's actually almost never like that. But it could be. I leave the offer here for the stars that are already in France ready to play with their national teams. Imagine if beside McDonald's, Hyundai or Adidas there were some campaigns to show the impact of climate change or to fight against homophobia. That would be great, but also, let's not forget that you don’t need to be Cristiano Ronaldo o David Alaba to make an impact; you can be a small Greek football player and send a powerful message to the world.

Of course there are many things to criticize about football. Or rather about the business and corruption around it. But there is also a positive side. Think about how the Rathausplatz in Vienna will be next Tuesday when Austria makes its debut in the tournament: no more division between green and blue, Hofer and Van der Bellen, left and right… For some hours, it will be all about the red t-shirts and about the fun.

That's the whole point. There are too many things in the world that scare, worry or divide us. So, even if it´s an imperfect sports event, let´s enjoy those things that bring us together. Because if we use it well, football can also be a great way to make people aspire, dream, wish for a better world and, why not, get active and start fighting for it.

Let's see football as the amazing and powerful instrument that it is and let’s use it to bring more people together and to help making possible the positive change we want to see in the world.

And also, let's have some fun. In a moment in which some crazy people want to make us all live in fear and without freedom, having fun and using that freedom to be happy is a really useful and peaceful weapon against nonsense and terror.

It's just football. But we could make it so much more. Let's play.


sábado, 21 de mayo de 2016

Some pre-election thoughts


In Aspire we are convinced that one way to stay connected to reality in order to be able to act accordingly is to discuss it. A mature discussion about a current situation is not only one of the best ways to use and improve democracy, but it can also be very illustrative and even funny. Especially if at the same time you are sharing a bottle of wine with some nice people.

Located in Vienna, it is obvious that one of the main topics on the agenda these days are the Presidential Elections that gave in the first round on Sunday 24th of April most votes to Norbert Hofer. The candidate supported by the right party FPÖ got a 35,6% of the votes, followed by the “green” Alexander van der Bellen, who was supported by 21% of the Austrians. The two of them will appear in the ballots again this Sunday.

A few days after these results Aspire celebrated its first All-Hands Meeting. After dealing with the topics connected with our work and the organization we decided to discuss these Elections. This Sunday we will finally know who the President of the Bundesrepublik is, but before that, let´s have a look at some of the conclusions that we could get from our interesting and fruitful debate:
  • Many of the members of Aspire are foreigners, so we see all these events partly from an outside perspective. We mix skepticism and fear, which led some of us to one question: “are we even wanted here?” It might sound excessive or even sensationalist, but the possibility of repeating the biggest mistakes of our past seems at times closer, and in that context this question would make too much sense. Maybe it’s good to stop a second and ask about how our votes would be seen with another perspective: not only from the point of view of other people, but also from the point of view of the medium-term future, that can show us the dimension that our decisions can have.
  • We might not like a lot what happens but we are not surprised. We all know the events that motivate this polarization and this tendency to extremism, although it doesn’t mean that we agree with the approach to them. Society is complex, much more than what the easy cries of patriotism or truth let many people see. And it is precisely this complexity what might push us to radical, direct and supposedly safe options as a way to simplify a reality that, nevertheless, can’t be simplified like this. We must understand what happens around us, without looking for easy explanations and without denying that the same events can make us all feel different. And again, it will be our capacity to stand in each other’s shoes what will help us find the respect and the responsibility that we all need to make the right choices.
  • These elections can’t be understood isolated. That is not the world we live in anymore. The political processes in Austria have a lot of relation with the German ones, but also with those in the Scandinavian countries or with the USA; and at the same time they are connected with those in Greece, Italy or Spain. And here the European Union plays a huge role: not only because of its responsibility for some of the mistakes committed in the last years, but also as the most effective (and maybe the only possible) way to overcome our problems and stay strong together. It’s important to look around and comprehend that the world is strongly connected and it is already impossible to think only about your own country trying to leave the others out of the picture.
The discussion kept going for a while, and it left Austrian politics to focus on the basic principles of democracy, the capitalist system, the possibility of the Brexit, the threats of climate change or the conquest of the outer space. This shows again the necessity to look further than the borders of our countries and the impossibility to see a national political process without its interconnections.

Elections are something for what we had to fight so hard. Sunday will be another day to remember that. But also to remember the past, think about the future, and act according to what we really believe it´s best. Let us all be responsible, respectful and generous. Let us all be free. Schönen Wahlsonntag!


domingo, 8 de mayo de 2016

Viaje al rincón más oscuro de nuestra memoria

La visita al campo de concentración de Mauthausen-Gusen nos obliga a reflexionar sobre los errores que la humanidad no debería repetir 

Vista exterior del campo de concentración de Mauthausen

En Austria se vive estas semanas un intenso debate sobre qué debe hacerse con la casa en la que nació Adolf Hitler. El Estado expropió la vivienda, situada en la localidad de Braunau am Inn, hace unas semanas para evitar que pudiera caer en las manos equivocadas y convertirse en un lugar de peregrinación. Desde entonces, la sociedad austriaca se divide entre quienes defienden la necesidad de empujar al olvido determinados asuntos y quienes entienden que se debe mantener vivo su recuerdo para evitar repetir los mismos errores. La cada vez más restrictiva política de fronteras o la victoria del candidato de extrema derecha Norbert Hofer en las recientes Elecciones Presidenciales nos hacen pensar que la segunda opción todavía resulta necesaria para muchos austriacos. 

De los lugares que rememoran el Holocausto pocos resultan tan impactantes y significativos como un campo de concentración. El de Mauthausen-Gusen, a veinte kilómetros de Linz, capital del Bundesland de Alta Autria, y a menos de doscientos de Viena, fue el más grande de los levantados en Austria y el penúltimo en ser liberado por las tropas aliadas. Allí murieron, entre 1938 y 1945, más de 90.000 personas. Visitarlo supone una reflexión imprescindible para comprender la etapa más oscura del siglo XX en Europa.

Aunque el año está siendo inusualmente cálido en Austria, al llegar a Mauthausen la temperatura es poco superior a los cero grados y la sensación térmica disminuye por el intenso viento. Un día gris y triste que parece dotar de mayor realismo y dureza al escenario de una de las mayores atrocidades de la Historia. 

El pueblo de Mauthausen, a orillas del Danubio, en la frontera entre los Bundesländer de Alta y Baja Austria, resulta idílico; un típico pueblo austriaco lleno de encanto, con sus casas de colores y las plazas llenas de flores. A sus espaldas, sobre una colina, se aprecia el lugar al que inevitablemente está asociado esta población de menos de 5.000 habitantes. La ubicación del campo, visible desde el pueblo y con varias casas directamente en las faldas de la pequeña elevación en la que se asienta, parece contradecir lo que muchos austriacos argumentaron durante décadas para disculparse por el Holocausto: que la población no conocía lo que ocurría. 

Esto me lo explica una austriaca, graduada en Historia, que me acompaña. También me cuenta que todos los colegios e institutos del país llevan a sus alumnos de catorce o quince años a visitar alguno de estos infames campos. Sin embargo, más de un austriaco se extrañó ante el interés de un extranjero por acudir a un campo de concentración; aunque ya no se niega la responsabilidad, el sentimiento de vergüenza todavía está muy presente.

Esta es la filosofía que se sigue en el centro de recepción del Memorial de Mauthausen. Son conscientes de lo que supone ese lugar para la historia del país, por lo que se pretende evitar su frivolización y mercantilización. Así, nos explican que la entrada es gratuita y que únicamente es necesario pagar por las audioguías. Disponibles en varios idiomas, nos permiten hacernos una idea más detallada de las atrocidades cometidas entre aquellos muros. La inclusión de relatos reales nos deja en varios momentos sumidos en el silencio de quien no alcanza a comprender las dimensiones de lo ocurrido en el lugar en el que se encuentra.

Comenzamos la visita fuera del recinto amurallado, sobre la explanada en la que se encontraba el campamento para los enfermos. Al lado, los soldados jugaban partidos de fútbol con los habitantes del pueblo. De nuevo, la excusa del desconocimiento de la existencia del campo parece desmoronarse. 

Bordeando el muro de piedra, llegamos a uno de los puntos más sobrecogedores del recorrido: diversos países, asociaciones y organismos públicos austriacos han erigido aquí sus monumentos en recuerdo de las víctimas. A ellos se suman incontables pequeños homenajes particulares que van desde una foto hasta un trozo de bandera. Pero desde aquí también se divisa la cantera en la que los prisioneros eran explotados, la escalera por la que debían cargar las pesadas piedras que extraían y el barranco por el que eran empujados a capricho de los guardias.

El camino nos lleva a la puerta principal del campo, por donde se accede. A la izquierda se levantaban los barracones. A la derecha, los edificios comunes. Frente a nosotros, el amplio tramo central en el que se realizaban los recuentos y las marchas. 

Casi solos, deambulamos por las distintas zonas del campo de exterminio hasta llegar a la enfermería, donde ahora se ubica el museo. Este, por la inclusión de fotografías, entrevistas y grabaciones de los protagonistas reales, resulta más ilustrativo que el resto del conjunto, pero no alcanza el dramatismo de los edificios reales, vacíos y desnudos. 

Bajo el museo, el crematorio y la cámara de gas. Ese oscuro horno y ese amarillento habitáculo se convierten, por su significado, en uno de los puntos más inquietantes de todo el campo de la muerte.

Ya en el último tramo de la visita, encontramos nuevas muestras espontáneas de dolor y recuerdo. Y junto a ellas, un impresionante monumento con todos los nombres de quienes allí fueron víctimas de la barbarie. 

De regreso al centro de recepción cruzamos la puerta sobre la que se ubicaban la cruz gamada y el áquila imperial que representaban el poder del Tercer Reich. Una de las primera acciones de las tropas estadounidense tras la liberación del campo el 5 de mayo de 1945 fue el derribo, con la ayuda de algunos prisioneros, de estos símbolos. La guerra había terminado y, tras mucho dolor, la libertad llegaba a uno de los rincones que mejor ilustran los errores de nuestro pasado.

Pero el optimismo de esta imagen contrasta con otra que encontramos en el museo. En ella vemos uno de los muros exteriores del campo cubierto por un gran plástico blanco. Bajo él se esconde, según reza el pie de foto, una pintada con expresiones neonazis. La foto fue tomada en febrero de 2009. Y no ha sido el último caso. Esta imagen, a priori mucho más intrascendente e inofensiva que la cámara de gas, el crematorio o las alambradas, se convierte en la más impresionante de la visita. No por lo que muestra, sino por lo que implica: que el extremismo no pertenece únicamente al pasado.

Y es cierto que a la sociedad austriaca le ha costado décadas realizar la tarea de arrepentimiento, de asunción de responsabilidades y de compensación del daño. Pero no es menos cierto que, sobre todo en los últimos veinte años, los austriacos han alcanzado una reconciliación casi total con su memoria. 

Esa reconciliación no se ha logrado olvidando el pasado, sino manteniendo vivo el recuerdo. Y esa es precisamente la labor del Memorial de Mauthausen.