sábado, 4 de marzo de 2017

Review 'Santa Clarita Diet' - 1° Temporada


El éxito de Netflix obedece a tantos motivos que necesitaríamos varias entradas para tratarlo. Uno de ellos puede ser su publicidad, que en ocasiones pasa a ser noticia. Si en Navidad hablábamos de la polémica despertada por un cartel de ‘Narcos’ en la Puerta del Sol, en febrero fueron varias de las imágenes promocionales de ‘Santa Clarita Diet’ las que se convirtieron en objeto de debate.

De todos los carteles de la serie estrenada el 3 de febrero, algunos muy ingeniosos, vamos a poner solo un ejemplo. La imagen, un cartón de patatas fritas que, en su lugar contiene dedos, juega con el término “Finger food”, utilizado en inglés para referirse al picoteo y sabiendo que “finger” también significa “dedo”. Tanto el cartel como el chiste -que también se encuentra en uno de los episodios de la primera temporada- reflejan perfectamente lo que es ‘Santa Clarita Diet’: una divertida e irónica serie plagada de humor negro y de escenas un tanto gores.

Podemos encontrar reflexiones subyacentes sobre el matrimonio o la complacencia con la vida, mas todo eso queda subordinado a la refrescante ráfaga de ironías, sarcasmos y diálogos de unos atractivos personajes. Personajes casi caricaturizados al principio, pero que, como en otras producciones de Netflix, van mejorando con el paso de los episodios.

Esos personajes se apoyan en interpretaciones solventes, destacando por supuesto la de Drew Barrymore, principal reclamo de la serie. Da vida a Sheila, una agente inmobiliario que, junto a su marido Joel (Timothy Olyphant), vende casas en el barrio residencial de Santa Clarita, a las afueras de Los Ángeles. Viven una vida anodina hasta que, sin aparente explicación, Sheila se convierte en un muerto viviente con un insaciable apetito por carne humana. A partir de entonces, mientras intentan aparentar una vida normal con su hija (Liv Hewson), deberán procurarse un tipo de comida que no se vende en supermercados.

Otro de los elementos de su éxito ha sido esta concepción satírica del canibalismo y de los zombies. No se sobredimensiona el gore, aunque tampoco se esconde, dando lugar a situaciones bastante desagradables pero, en parte por eso, aun más divertidas. La serie creada por Victor Fresco tiene un humor muy negro, aunque también inofensivo y casi ridículo.

Se espera una segunda temporada, no solo porque quedan algunas cuestiones por resolver en la trama, sino porque, aunque ese humor no es apto para todos los paladares, ‘Santa Clarita Diet’ todavía puede resultar divertida e ingeniosa una temporada más. De ahí en adelante quizás haga falta cierta renovación, pero de momento la primera temporada de ‘Santa Clarita Diet’ me ha abierto el apetito.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 2 de marzo de 2017

Review Grace and Frankie - 2° Temporada


Si la primera temporada de Grace and Frankie había estado marcada por la sencillez, comenzando casi en la nada absoluta y ganando profundidad e interés a medida que avanzaban los capítulos, esta segunda se ha caracterizado por un mayor dramatismo y complejidad. No ha existido la misma tendencia hacia mayores cotas narrativas, sino que los trece episodios se han movido en el mismo nivel que había alcanzado el final de la primera tanda.

Los capítulos se han relacionado mucho más entre sí a través del mismo hilo conductor. Si en la primera temporada no pasaba nada por saltarse un episodio, en esta segunda sí que habría una pérdida considerable de información para poder seguir la trama.

Y es que los temas que se han tratado han gozado de una complejidad que, para abordarla, hace falta sobrepasar los 30 minutos de cada capítulo. La enfermedad y la muerte, la amistad, la maternidad y las relaciones paterno-filiales, el amor y el desamor o el balance entre familia y negocios se han reflejado con notable intensidad.

Así, hemos visto algunos finales un tanto duros y episodios más propios de una serie dramática que de una sitcom cómica. Y es comprensible; por mucha ligereza que se quiera imprimir, la vejez lleva asociados elementos como la soledad o la enfermedad de los que es muy difícil prescindir. De esta forma, Grace and Frankie ha ganado realismo y madurez.


Mas para ello ha perdido parte del encanto inicial: la sencillez y ligereza con la que se trataban los temas ha dado paso a una mayor intensidad. Así, cuando algo concebido como comedia ligera se adentra en profundas reflexiones sobre temas complejos, pierde su esencia y parte de su atractivo, pues ni logra una suave diversión ni un hondo debate -aunque en ocasiones se aproxima con gran acierto hacia este último-.

No obstante, ha habido humor, y varios de los los instantes más desternillantes de la serie se encuentran en esta segunda temporada. Y por supuesto, estos han venido de la mano de Frankie, que sigue interpretada magníficamente por Lily Tomlin.

Tanto ella como Jane Fonda han cedido cierto protagonismo a los secundarios, con la introducción de nuevos personajes y con un guión que ha prestado más atención a Sol y a Robert, que no solo han ganado minutos, sino peso narrativo. Sin embargo, sigue siendo con el dúo Fonda-Tomlin en pantalla cuando la serie alcanza todo su esplendor.

Y esto solo ha ocurrido en momentos muy puntuales de la temporada -incluyendo, eso sí, un final bastante épico-. Netflix ha optado por un ambicioso intento de dotar de nuevos niveles a la serie, pero ha sacrificado la sencillez y la sensación de normalidad, que fueron sus mayores bazas durante la primera temporada. Mañana comienza la tercera; veremos si las recupera.
  

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 1 de marzo de 2017

'Narcos' y la frivolidad del mal en los medios de comunicación

Estas Navidades ‘Narcos’ fue uno de los temas más comentados en cualquier reunión familiar o de amigos. Desde la parodia en el programa de Nochevieja de José Mota hasta el polémico anuncio en la Puerta del Sol, la presencia mediática de la serie inspirada en la vida de Pablo Escobar ha sido casi incomparable.


Yo, lo reconozco, fui parte de esa desmedida euforia que en ocasiones generan algunos fenómenos audiovisuales. Como tantos otros, imité las frases más características del protagonista de la serie de Netflix y me comencé a interesar por los personajes y sucesos reales en los que se inspira la serie. Hace poco, debido a esa curiosidad, me pasaron un artículo de El Mundo centrado en el hijo del poderoso narcotraficante colombiano, que estos días presenta un libro sobre su padre.

Reflexionando, tras leer los comentarios en la noticia y en redes sociales, me di cuenta de que la fascinación que la serie despertó por el Pablo Escobar ficticio había traspasado la pantalla y generado admiración por el auténtico, que no es sino un sanguinario asesino y peligroso narcotraficante.

‘Narcos’ vuelve a plantear un debate recurrente: ¿hasta qué punto es aceptable la fascinación por el mal -especialmente el que está basado en la realidad- en los productos culturales? El cineasta Rodrigo Cortés ha defendido en múltiples ocasiones en La Cultureta de Onda Cero la separación de la ficción de la realidad, descargando a series, películas o libros de la obligación moral de educar.

Según esta teoría, la serie no es responsable de que su retrato del narcotraficante, basado en una actuación portentosa y un punto caricaturesca de Wagner Moura, se haya convertido en un fenómeno de masas y haya elevado a mito a un criminal desalmado. De hecho, que el Pablo Escobar de Netflix genere admiración se debe a su representación como un hombre carismático, lo que podríamos considerar acertado, pues esta capacidad de generar afecto e idolatría entre buena parte de la sociedad fue en realidad una de las armas con las que Escobar contó en sus años al frente del cartel de Medellín.


Por eso podemos celebrar que la serie ilustre, con mayor o menor apego a la realidad, la historia de un hombre y un conflicto que sacudieron Colombia durante muchos años. El cine y las series, por el poder que ejercen sobre las personas, pueden ser utilizadas como herramientas educativas o de cambio social. Sin embargo, no podemos exigir un juicio de valor a una ficción si esta, por cuestiones narrativas o estéticas, no desea darlo.

Quizá se podría criticar el uso de la publicidad en la promoción de la serie, pues frivolizar temas como el tráfico de drogas con fines comerciales es moralmente cuestionable. Mas de nuevo volvemos a toparnos con la libertad creativa del autor. ¿Hasta qué punto se debe permitir esa frivolidad en una campaña de marketing que, a pesar de su dimensión publicitaria, no deja de ser una creación artística?

Crítica a los medios de comunicación

Lo que está fuera de debate es la responsabilidad de los medios de comunicación, ya que ellos no pueden anteponer, en ningún caso, cuestiones creativas o comerciales a su deber de información y explicación de la realidad. La confusión entre el Escobar real y el ficticio no se debe atribuir (solo) a la serie, sino a algunos medios de comunicación que han querido aprovechar el filón mediático para rentabilizar una figura tan atractiva. Por eso, cada vez que un diario publica una noticia relacionada con Pablo Escobar o con la serie de Netflix por cuestiones que obedecen más al interés por atraer lectores que a la relevancia informativa, se contribuye a fomentar el morbo y la fascinación por un personaje que, fuera de la pantalla, no lo merece.

El cinismo y la frivolidad pueden ser utilizados en un producto cultural sin que deban ser rechazados más allá de la elección narrativa o artística que suponen. Un caso distinto sería su uso con fines comerciales, que podría -aunque también sobre esto se pueda opinar- reprocharse. En los medios de comunicación, por el contrario, si su utilización no está justificada por un fin informativo o explicativo superior, no ha lugar. No solo porque resulte criticable, sino porque además es irresponsable.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 27 de febrero de 2017

Análisis de la 89° Edición de los Oscars - Que cinco minutos no eclipsen cuatro horas


Nadie duda que el error al anunciar el premio a la Mejor película eclipsó cualquier otro galardón o instante de la 89° edición de los Oscar, pero dejemos de lado ese sorprendente final para analizar qué más nos deparó la ceremonia, que para algo hubo cuatro horas más de gala.

Cuatro horas que no se hicieron pesadas gracias a un maestro de ceremonias que supo desenvolverse bien. Aunque Jimmy Kimmel no es un magnífico monologuista, sabe ‘liarla’ y generar momentos memorables. Uno de ellos fue la visita de un grupo de sorprendidos turistas que, sin saberlo, fueron conducidos al interior del Dolby Theatre de Los Ángeles, donde se hicieron selfies con los actores de las primeras filas.



Muy comentado fue también el tuit que el presentador envió a Donald Trump, pues “preocupado” por la falta de actividad del Presidente en Twitter, decidió mandarle un “u up?” para saber si estaba despierto. Del mismo modo, habló con ironía de lo “sobrevalorada” que está Meryl Streep y de su intención de vetar a medios de comunicación con los que Trump ha tenido encontronazos. La presencia de la política estadounidense fue constante pero indirecta, sin llegar nunca a convertirse en la protagonista. 

Carga política en los premios

Tras las críticas del año pasado por la falta de diversidad racial, la Academia parece haber buscado un lavado de imagen en una velada en la que numerosos premios y nominaciones cayeron en manos no blancas. Podemos dudar si el aspecto político pesó más que las cuestiones puramente cinematográficas, pero la intención de rebelarse contra el nuevo equipo de gobierno estadounidense y contra la etiqueta de #OscarsSoWhite es innegable.

‘El viajante’, de Asghar Farhadi, fue elegida Mejor película extranjera por delante de la favorita ‘Toni Erdmann’. El director iraní había anunciado su intención de no acudir a la ceremonia por respeto a los afectados por el veto migratorio del gobierno estadounidense. El discurso de agradecimiento leído en su nombre fue uno de los instantes más reivindicativos de la noche.

Por su parte, el colectivo afroamericano estuvo notablemente representado con los premios a Mahershala Ali como Mejor actor de reparto en ‘Moonlight’, Viola Davis como Mejora ctriz de reparto por su papel en ‘Fences’, el Mejor documental que ganó la miniserie de Netflix sobre OJ Simpson y los reconocimientos a Mejor guión adaptado y Película de ‘Moonlight’.

Galardones muy repartidos

Es discutible si lo de ‘La La Land’ lo consideramos fracaso. Aspiraba a trece estatuillas -contaba con catorce nominaciones, pero dos coincidían en una misma categoría-, por lo que seis galardones, sobre todo tras perder la de Mejor película pueden saber a poco. Mas en esa media docena encontramos algunos de los principales: dirección, actriz principal, fotografía, banda sonora, canción y diseño de producción. No es una cosecha menor, aunque sí menor de lo esperada, lo que permitió que los premios se repartieran.

El equipo de ‘Moonlight’ puede estar más que satisfecho. Sus tres premios, incluyendo Mejor película, junto a guión adaptado y actor de reparto, son un magnífico resultado. También contentos estarán los responsables de ‘Manchester frente al mar’ -Mejor actor para Casey Affleck y Mejor guión original- y de ‘Hasta el último hombre’ -Mejor sonido y, por sorpresa, montaje-.


Curioso encontrar blockbusters como ‘Escuadrón Suicida’, ‘Animales fantásticos y dónde encontrarlos’ o ‘El libro de la selva’ entre las premiadas, pero en las categorías técnicas el presupuesto influye mucho. ‘El libro de la selva’, por cierto, se sumó a ‘Zootrópolis’ y ‘Piper’, que consiguieron los premios en las categorías de animación, dejando a Disney con tres galardones.

‘La llegada’ y ‘Fences’ -merecido y esperado Oscar para Viola Davis como Mejor actriz de reparto- se fueron solo con uno, mientras ‘Lion’ no se llevó ninguno. Aunque no se trate de sorpresas, es lo más cercano a “decepciones” que podemos mencionar.

También un poco decepcionados nos quedamos en España al saber que ‘Timecode’, de Juanjo Giménez, no se llevaba el premio a Mejor cortometraje de ficción, que se iba para la húngara ‘Sing’. La nota española la puso un Javier Bardem que, tras alabar el trabajo de Meryl Streep en ‘Los puentes de Madison’, presentó junto a ella uno de los premios de la noche.

El balance final se puede calificar como justo, a pesar de no producirse el esperado dominio de ‘La La Land’ y de algunos premios que, aunque puedan considerarse políticos, no son para nada inmerecidos. Todo eso en una gala bastante entretenida, que, por un garrafal error final, es ya Historia del Cine.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

ESE momento en la 89° edición de los Oscar

Da igual todo. El análisis de la ceremonia de los Oscar 2017 pasa por un único instante. Todos sabemos al que me refiero.


‘La La Land’ partía como grandísima favorita tras batir récord de premios en los Globos de Oro y en las nominaciones de los Oscars. La gran duda de la noche parecía ser si conseguiría igualar -o incluso superar- los once galardones de ‘Ben-Hur’, ‘Titanic’ y ‘El retorno del rey’. A medida que avanzaba la gala se confirmaba que no habría tal récord, pues los premios estaban siendo muy repartidos.

Pero el final de la ceremonia parecía ser territorio de ‘La ciudad de las estrellas’. Damien Chazelle y Emma Stone confirmaban las predicciones y se convertían en Mejor director y Mejor actriz protagonista. Acumulaban seis premios y quedaba el principal, para el que también se veían favoritos.

Y sí, Warren Beatty y Faye Dunaway, veteranos del cine, salieron al escenario y anunciaron a ‘La La Land’ como Mejor película. Nadie se sorprendía. Hubo ciertas dudas al abrir el sobre, pero nadie se sorprendió al conocer a la vencedora; seguramente la edad de los actores que interpretaron a Bonnie y Clyde había empeorado su vista. 

Pero los académicos sabían que esa no era la película elegida. Tuvo que ser un realizador el que, mientras el equipo del musical dirigido por Damien Chazelle celebraba su premio sobre el escenario, saliera a comunicarles que se había producido un error. Y fue el productor de ‘La ciudad de las estrellas’, Jordan Horowitz, quien anunció que habían perdido. "No es un chiste", repetían desde el escenario. ‘Moonlight’ era la vencedora.

Y con los miembros de ambas películas sobre el escenario, Warren Beatty explicó que el sobre que le habían entregado contenía el premio de Mejor actriz protagonista para Emma Stone. Algo no cuadraba, pero en el papel ponía ‘La La Land’ y era la esperada vencedora, por lo que optaron por pronunciar su nombre.

La cuenta oficial de Twitter de la Academia de Hollywood y los medios de comunicación de todo el mundo informaron sobre el séptimo galardón de la noche para ‘La La Land’. Poco después, todos se vieron -nos vimos- obligados a rectificar en medio del estupor.

Fue el momento de la gala. Y seguramente sea uno de los momentos de la Historia de los Oscars desde que aparecieron en 1929. Nunca se había producido un error así, y menos en la categoría más destacada de todas.

Incluso si no se hubiera producido este error, la sorpresa habría sido mayúscula. La forma solo demuestra que los finales alternativos y sorprendentes no son patrimonio exclusivo del otro lado de la pantalla. En ocasiones la realidad también nos depara (bochornosas) sorpresas. Si el resultado final es satisfactorio o no y si la triunfadora de la noche es 'La La Land' o 'Moonlight' queda abierto para el debate. Y que se produzca ese debate es en sí mismo llamativo en una edición en la que 'La La Land' iba a arrasar, pero en la que un error de última hora le privó de su final feliz.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 26 de febrero de 2017

Review Grace and Frankie - 1° Temporada


A primera vista, lo más llamativo de la serie estrenada por Netflix en 2015 eran sus protagonistas: Jane Fonda y Martin Sheen, estrellas rutilantes, junto a Lily Tomlin y Sam Waterston, quizás de menos renombre, pero que no llevan décadas de carrera por casualidad. Y detrás del proyecto, Marta Kauffman, responsable, entre otras, de Friends. Un cartel impresionante, pero estos nombres son, probablemente, lo de menos.

Sin duda, tanto Jane Fonda como, sobre todo, la divertidísima Lily Tomlin, están extraordinarias. No es casual que sean sus personajes los que den nombre a la serie. Sobre ellas cae el peso narrativo y son ellas las únicas capaces de levantar los capítulos que flojean.

Porque los hay. 30 minutos de sitcom se antojan excesivos en algunas ocasiones. Sobre todo durante la primera mitad de la temporada, en la que parte de las tramas tienden al manierismo y sirven solo como relleno. Pero es cuestión de paciencia; la serie avanza despacito, con la calma de las personas mayores.

Poco a poco, los personajes, que habían comenzado como meros estereotipos, van ganando profundidad y, sin hacer ruido, la serie va agarrando. De hecho, los trece episodios avanzan en ordenada progresión hasta el clímax del final de la temporada.

El planteamiento resulta tan sencillo como atractivo: dos setentones, compañeros de negocios durante décadas, que dejan a sus respectivas mujeres para, tras veinte años viviéndolo en secreto, celebrar su amor ahora que por fin pueden casarse. La consecuencia, dos mujeres rotas que, a las puertas de la vejez, deberán aprender a vivir otra vez.


La normalidad con la que se trata el tema, dejando el romance homosexual en un segundo plano, pero analizando continuamente sus consecuencias, es muy bienvenida. Como también lo son las reflexiones que plantea sobre la amistad y la familia moderna.

Reflexiones que llegan sin gravedad y sin imposición, diluídas en la comedia. Porque a pesar del trasfondo que consigue remover, Grace and Frankie es, ante todo, una comedia indudablemente divertida. Y a ratos, especialmente cuando Lily Tomlin está en pantalla, muy divertida e inteligente. 

Es evidente que está lejos de la perfección, pero eso no es necesariamente una crítica. Quizá las elipsis sean por momentos un tanto caóticas y determinados aspectos interpretativos y de guión necesiten todavía una mayor definición. Pero, sin alcanzar altísimas cotas narrativas -a las que tampoco aspira-, avanza con paso más seguro que firme, sin tropiezos y sin decepciones, consiguiendo ofrecer bastante más de lo que prometía.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 24 de febrero de 2017

El autocine o la renovación de un modelo de negocio

FOTO: autocinesmadrid.es

Este viernes abre sus puertas el Autocine Madrid RACE, el primer autocine permanente en la capital desde 1959. Esta apertura acentúa la tendencia actual hacia la diversificación del modelo de negocio para hacer frente a la crisis del sector de exhibición cinematográfica.

La asistencia a las salas varía en función del precio de la entrada y de la calidad del producto: a medida que baja el precio o sube la calidad, aumenta la demanda. Al no tratarse de un bien de primera necesidad, la influencia del precio, así como de la situación económica de los consumidores, es bastante elevada. Así, la mayor parte de grandes apuestas para capear el temporal ha tenido que ver con esta variable: la Fiesta del Cine, los descuentos de los miércoles, etc.

Nuevos modelos de negocio

Sin embargo, los cines han apostado por otro tipo de estrategias, que han dado lugar a iniciativas novedosas para generar un valor añadido mucho mayor al visionado de una película. Sin ese valor añadido, las múltiples alternativas y mejoras técnicas para disfrutar del cine en casa acabarían con el negocio de la exhibición.

En el nuevo autocine de Madrid, además de una forma diferente y un punto romántica de ver películas, se ofrece una experiencia gastronómica y de ocio que trasciende lo cinematográfico. Los asistentes no acudirán solo por ver la película, sino por ser partícipes de la novedad, por la posibilidad de disfrutar del cine el aire libre o por la existencia de food trucks o de un diner americano.

Algo similar han buscado ofrecer desde hace ya varios años el resto de autocines españoles. El de Gijón, por citar solo uno, dispone de un autobús abierto desde el que ver las películas de una forma diferente o de terrazas para que a las dos horas de largometraje se pueda añadir un rato más de esparcimiento en un entorno distinto.

Pero no solo los autocines han ofrecido renovación. También los cines convencionales se han renovado, proyectando películas que en ocasiones escapan los circuitos habituales de exhibición. Películas independientes, jornadas temáticas, una mayor apuesta por la versión original -con o sin subtítulos- o la reposición de filmes antiguos han acompañado a los estrenos más comerciales a los que hasta ahora acostumbraban.

Otro cines han realizado proyecciones especiales con fines educativos para centros escolares, algunos han alquilado de salas para eventos o proyecciones especiales y otros aprovechan su pantalla grande para retransmitir otros espectáculos, como ópera o teatro. También, por supuesto, la técnica ha permitido la aparición de salas que aprovechan las últimas novedades sonoras o visuales.

Algunos cines incluso han comenzado a ofrecer cine a la carta; se crea un evento a través de Internet para proyectar una determinada película y solo tendrá lugar si se alcanza un cupo mínimo de espectadores interesados.

Pero la inventiva va más allá del contenido de la pantalla. A imitación del teatro, algunas compañías ofrecen ya desde hace años precios distintos dependiendo de la ubicación de la butaca en la sala o de su comocidad. También la variedad gastronómica ha aumentado, y ya son muchos los cines que han ampliado su menú fuera de las clásicas palomitas.

También han surgido iniciativas más humildes que han buscado mantener abiertos los cines o determinadas salas a través de cooperativas. Muchos cines han logrado salvarse del cierre gracias a espectadores comprometidos, pasando casi de ser un negocio a un bien cultural.

La renovación está dando sus frutos

Muchas de estas innovaciones reflejan una mayor cercanía a los intereses de los grandes aficionados al cine, que cuentan con nuevas opciones para disfrutar de una película. Pero también, dada su versatilidad, consiguen llegar a un público que hasta ahora no tenía incentivos para acudir a una sala de cine.

La originalidad de todas estas ideas está detrás de la supervivencia de muchas de las salas que, con el modelo de estrenos+palomitas, ya habrían cerrrado. Y también se ha visto reflejado en el repunte en la venta de entradas en estos últimos años. Obviamente, el precio, la mejora de la situación neconómica y el atractivo de las películas también han influído. Sin embargo, más allá de las cifras globales, la renovación del modelo de negocio de los cines es ya imparable. Y de momento, ni el IVA, ni la piratería, ni Netflix podrán acabar con el cine.

(Publicado en Mundiario)

lunes, 20 de febrero de 2017

67° edición de la Berlinale - Palmarés

La del 2017 no ha sido la mejor edición de la Berlinale. Un palmarés discutido, falta de estrellas y cierta mediocridad en las películas. Pero hay que ver lo positivo y podemos encontrarlo en el producto español; no solo por la cantidad, sino también por la elección de ‘Estiu 1993’ como mejor ópera prima.
FOTO: Tobias Schwarz

La sensible historia infantil y autobiográfica de la directora catalana Carla Simón recibió además, exaequo con la cinta coreana ‘Becoming Who I Was’, el gran premio especial del jurado en la sección Generation Kplus.

El Oso de Oro, por su parte, fue para la película húngara ‘On Body and Soul’. La historia de amor entre una autista y un discapacitado ha sido la elegida por el jurado que presidía Paul Verhoeven como la mejor de esta 67ª edición de la Berlinale. Los Osos de Plata individuales fueron para el director finlandés Aki Kaurismäki por ‘The Other Side of Hope’, para Georg Friedrich como mejor actor por ‘Bright Nights’ y para Kim Minhee como mejor actriz por ‘On the Beach at Night Alone’. El galardón al mejor guión lo recibió la chilena ‘Una mujer fantástica’, que también fue reconocida con los premios Teddy y la Mención Especial del Jurado Ecumenico, mientras ‘Ana, mon amour’ fue elegida como la cinta con mejor montaje.

El Gran Premio del Jurado fue para ‘Felicité’, un filme franco-senegalés sobre una mujer indomable. De las galardonadas fue, probablemente, la que mayor conciencia social aportaba. En un certamen como el de Berlín, que suele (o que, para muchos, debería) caracterizarse por la carga política y reivindicativa de las películas, este año parece haberse echado de menos más compromiso.

Sin unanimidad en casi ningún premio y sin estrenos que podamos considerar verdaderamente sobresalientes, esta edición de la Berlinale deja mucho espacio para el debate. Quizá eso sea una buena noticia en vista de lo que parece que tendrá lugar dentro de una semana en los Oscar. 
FOTO: Berlinale

El palmarés completo de la Berlinale 2017

Sección Oficial

- Oso de Oro a la mejor película: ‘On Body and Soul’ (Teströl és lélekröl), de Ildiko Enyedi (Hungría). 

- Oso de Plata - Gran Premio del Jurado: ‘Felicité’, de Alain Gomis (Francia, Senegal, Bélgica, Alemania) 

- Oso de Plata - Premio Alfred Bauer: ‘Spoor’ (Pokot), de Agnieszka Holland (Polonia) 

- Oso de Plata a la dirección: Akis Kaurismäki, por ‘The Other Side of Hope’ (Toivon tuolla puolen) (Finlandia) 

- Oso de Plata a la mejor actriz: Kim Minhee, por ‘On the Beach at Night Alone’ (Bamui Haebyun-Eoseo Honja) (Corea) 

- Oso de Plata al mejor actor: Georg Friedrich, por ‘Bright Nights’ (Helle Nächte) (Alemania) 

- Premio a la mejor ópera prima: ‘Verano 1993’ (Estiu 1993), de Carla Simón (España) 

- Oso de Plata al mejor guión: ‘Una mujer fantástica’, de Sebastián Lelio (Chile, España, Alemania, Estados Unidos) 

- Oso de Plata a la mejor aportación artística: ‘Ana, mon amour’, de Calin Peter Netzer (Rumanía) 

- Oso de Oro al mejor cortometraje: ‘Cidade pequena’, de Diogo Costa Amarante (Portugal) 

- Oso de Plata al cortometraje: ‘Ensueño en la Pradera’, de Esteban Arrangoiz Julien (México) 

Jurados independientes

- Premio de la Crítica Internacional Fipresci, sección a competición: ‘On Body and Soul’ (Testrol és Lélekrol), de Ildiko Enyedi (Hungría) 

- Premio de la Crítica Internacional Fipresci, sección Panorama: ‘Pendular’, de Julia Murat (Brasil) 

- Premio Amnistía Internacional: ‘La libertad del diablo’, de Everardo González (México) 

- Mención Especial del Jurado Ecuménico: ‘Una mujer fantástica’, de Sebastián Lelio (Chile, España, Alemania, EEUU) 

- Premio Teddy al cine de contenido LGTBI: ‘Una mujer fantástica’, de Sebastián Lelio (Chile, España, Alemania, EEUU). 

- Gran Premio del Jurado de la sección Generation Kplus: ‘Verano 1993’ (Estiu 1993), de Carla Simón (España); exaequo con ‘Becoming Who I Was’, de Chang-Yong Moon (Corea).

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 17 de febrero de 2017

Cine y baloncesto; cuando las cámaras entran en la cancha

Este fin de semana coinciden dos de los eventos más trascendentes de la escena baloncestística. En España, Vitoria acoge entre el jueves y el domingo la Copa del Rey, que disputan los ocho mejores clasificados de la primera vuelta de la Liga Endesa. Al otro lado del charco, la NBA celebra el All-Star Weekend, el fin de semana de las estrellas, con multitud de eventos deportivos y de espectáculo que culminarán el domingo con el Partido de las Estrellas, en el que se enfrentan los mejores jugadores de la mejor liga de baloncesto del mundo.

El baloncesto también ha levantado pasiones en el mundo del cine; algo que es fácil de comprobar viendo la afición de Spike Lee por los New York Knicks o de Jack Nicholson por los Lakers de Los Ángeles. Como es lógico, esa pasión se ha trasladado a la gran pantalla. Y como un partido de baloncesto tiene cuatro cuartos, vamos ahora a mencionar cuatro películas que giran en torno al deporte de la canasta.

1 - Los blancos no la saben meter (White Men Can’t Jump, 1992)


Esta comedia de Ron Shelton jugaba con uno de los tópicos de un deporte en el que los afroamericanos son los líderes indiscutibles. Woody Harrelson y Wesley Snipes dan vida a dos ambiciosos jugadores de baloncesto que hacen dinero enfrentándose contra quienes se atreven a retarles en partidos callejeros.

Una comedia ligera, ingeniosa y entretenida, con personajes tan patéticos como entrañables, que refleja de forma irónica los partidos de baloncesto en las canchas de los suburbios estadounidenses, con peleas, egos subidos y ropas estrafalarias. No es una obra maestra, pero garantiza el disfrute y cuenta con protagonistas carismáticos. La película tuvo un notable éxito y una repercusión que se alargó varios años. 


Hace algunas semanas se anunció un remake del filme, que dirigirá Kenya Barris y que contará con Blake Griffin, una de las estrellas blancas de la NBA.


2 - Una mala jugada (He Got Game, 1998)

Spike Lee, todo un fan del baloncesto, escribe y dirige una de las mejores películas que se hayan realizado sobre este deporte. Al frente del reparto encontramos a Denzel Washington, que da vida a un hombre cumpliendo condena por el asesinato de su mujer al que el gobernador del estado ofrece un trato para reducir su condena si consigue convencer a su hijo, una estrella del baloncesto juvenil, para que fiche por el equipo local. El hijo, por cierto, está interpretado por el dos veces campeón de la NBA Ray Allen

En realidad, el baloncesto, a pesar de su continua presencia en la cinta, es poco más que un mcguffin, una excusa, pues el tema central es la compleja relación entre un padre y su hijo. Elementos de fondo como la reconciliación, la toma de decisiones y la supervivencia en entornos conflictivos otorgan a la película profundidad y dramatismo. Esto, unido al estudio de los personajes y a la gran actuación de los dos protagonistas, dio lugar a una película muy recomendable tanto para los amantes de este deporte como para quienes no lo son tanto.

3 - Entrenador Carter 
(Coach Carter, 2005)


Es la clásica historia deportiva épica: el equipo de baloncesto de un instituto de un barrio pobre cuenta sus partidos por derrotas y el ambiente en el equipo, lleno de jugadores egoístas, es pésimo. La llegada de un nuevo entrenador consigue cambiar la dinámica por completo. Sin embargo, a pesar de la racha de victorias, el entrenador Carter decide cancelar la participación de su equipo en el torneo mientras sus jugadores no mejoren sus resultados académicos para gozar de perspectivas de futuro. 

Samuel L. Jackson da vida a Ben Carter, el protagonista de esta película basada en hechos reales, mientras entre los jugadores destaca un joven Channing Tatum. Está cargada de tópicos y es muy previsible en casi todos sus aspectos, pero guarda cierto trasfondo sobre la ética profesional, la importancia de la educación y la situación en los barrios marginales estadounidenses.

4 - Hoosiers: más que ídolos (Hoosiers, 1986)

Una de las películas deportivas más admiradas de la Historia del cine. Con dos nominaciones a los Oscar (a Dennis Hooper como Mejor actor de reparto y a la BSO), una más a los Independent Spirit Awards (a Mejor ópera prima) y varias menciones en listados del American Film Institute, es la película de ficción más galardonada de todas las que giran alrededor del baloncesto.

Inspirada parcialmente en hechos reales, narra la historia del instituto de una pequeña ciudad de Indiana que en la década de los 50 consigue el campeonato estatal de la mano de un nuevo entrenador, que arrastra un complicado pasado y que inicialmente es rechazado en el centro. Una historia de superación y épica como muchas otras que abundan en las películas de temática deportiva, pero con una tendencia a la sencillez que le otorga mayor grandeza. Notables tanto la dirección de David Anspaugh, como las interpretaciones de Gene Hackman y Dennis Hooper.

Probablemente sea la película más baloncestística de la lista y en la que el amor por el deporte juega un papel más trascendente. Resulta interesante también para descubrir la evolución del juego, pues la película se ambienta en los 50, cuando los jugadores negros no podían competir en la liga de blancos y cuando la competición era mucho menos ágil y espectacular.

Prórroga - Space Jam (1996)

No podía faltar. Es la película de baloncesto por excelencia. Protagonizada por el mejor jugador de la Historia de este deporte, Michael Jordan, combina animación con actores reales, incluyendo estrellas de la época dorada de la NBA. Esta divertida película narra cómo los Looney Tunes deben enfrentarse a un grupo de pequeños extraterrestres que les han desafiado. Si Bugs Bunny y su equipo pierden, deberán dejar la Tierra e irse a otro planeta; ante las trampas de sus rivales, solo Michael Jordan podrá evitar la derrota de los Looney Tunes.

Una película de culto para muchos y un recuerdo imborrable en la infancia de otros, debemos reconocer que es un producto comercial que buscaba aprovechar el tirón de uno de los deportistas más rentables que ha habido. Sin embargo, el desfile de jugadores de élite, el humor sencillo y entretenido, el inolvidable “I Believe I Can Fly” de su banda sonora y la siempre curiosa mezcla de animación con acción real hicieron que esta película pasara a los anales del cine. Y del baloncesto.

Para 2018 se espera una secuela dirigida por Justin Lin y que contará con el jugador llamado a suceder a Jordan, Lebron James, como gran estrella. 

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 15 de febrero de 2017

Día decisivo para el CETA en el Parlamento Europeo

FOTO: Europa Press
En medio de la ola proteccionista que se extiende progresivamente por los países occidentales, la Unión Europea y Canadá aspiran a dar este miércoles un paso clave para la firma del acuerdo CETA. El Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio (CETA, por sus siglas en inglés) busca derribar hasta un 98% de las barreras al comercio y la inversión entre Canadá y la Unión Europea. Se estima que el PIB de las naciones involucradas cercerá en torno al 0,03%.

Las primeras negociaciones comenzaron en 2009 y el texto se concluyó cinco años más tarde, en agosto de 2014. Pero la firma del acuerdo solo pudo lograrse el pasado 30 de octubre, tras intensas negociaciones con la región belga de Valonia, que inicialmente se había mostrado contraria al acuerdo. Hoy tendrá lugar en el Parlamento Europeo la votación para ratificarlo.

Democristianos y liberales votarán a favor, como también hará buena parte de los europarlamentarios socialistas, entre los que existe una notable división. Los verdes, los populistas y los partidos más a la izquierda y a la derecha votarán en contra. Sería una sorpresa mayúscula que el tratado no se ratificase. De hecho, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se dirigirá mañana a la cámara para agradecer y celebrar dicha ratificación.

El acuerdo entrará entonces en vigor y en los próximos meses comanzará a aplicarse, al menos de forma parcial. Sin embargo, el proceso amenaza con alargarse varios años.

El proceso aún será largo

Para una aplicación total del tratado, se precisa el visto bueno formal de los parlamentos nacionales de todos los estados miembros. El proceso puede durar años, pues los ministerios responsables de economía, medio ambiente o asuntos exteriores en cada país deberán revisarlo minuciosamente.

Además, en algunas naciones esa aceptación depende de más de una cámara parlamentaria, lo que no solo retrasaría la votación nacional, sino que podría llegar a impedirla. Es el caso de Bélgica, que para poder ratificar el acuerdo a nivel estatal, deberá contar con el consentimiento del parlamento valón, que ya ha amenazado con no ratificar el tratado si no se respetan sus reivindicaciones. En total, se estima que a los parlamentos nacionales de los Veintiocho, se sumen diez cámaras regionales más.

Eso no es todo. Varios grupos políticos han anunciado su intención de someter la decisión de los parlamentos a un referéndum popular. Es el caso de los partidos nacionalistas, que cuentan con bastantes opciones de hacerse fuertes en muchos de los países europeos llamados a las urnas este año o el que viene. Si los partidos contrarios al CETA llegaran al poder o lograran mayorías suficientes en sus respectivos parlamentos nacionales, algo que es probable que se produzca en países como Francia, Holanda, Alemania o Austria, la ratificación del tratado no se produciría. El CETA podría pasar años deambulando por los parlamentos europeos hasta conseguir, si lo hiciera, una entrada en vigor completa.

Protestas ciudadanas

Pero la oposición al acuerdo no está solo en las esferas políticas, sino también en la calle. En prácticamente todos los países europeos, incluída España, se han sucedido manifestaciones, algunas de considerable magnitud.

Las críticas se centran en un sistema de arbitraje entre Estados y multinacionales que inicialmente se había concebido como una institución privada. También se había cuestionado el poder que acumulaban las grandes empresas, la pérdida de puestos de trabajo locales -sobre todo en sectores como la agricultura- y la posible bajada de los estándares en materia de seguridad alimentaria y medio ambiente.

Aunque algunos de estos puntos se han intentado limar, muchos ciudadanos siguen mostrándose escépticos, sobre todo debido al secretismo en el que se llevaron a cabo las negociaciones durante la redacción del tratado. 

Estos recelos son muy similares a los que había despertado el TTIP, el tratado que la UE y Estados Unidos habían negociado. Con una oposición popular aun mayor, y tras haber sido rechazado tanto por Trump como por Hillary Clinton durante sus campañas, el acuerdo está congelado. 

De momento el CETA parece que seguirá adelante. Si finalmente consigue implantarse por completo o si acaba también fracasando tardaremos todavía años en saberlo.

(Publicado en bez.es)