jueves, 14 de enero de 2016

¿Cuál es el auténtico debate?


El viernes pasado, tras el encendido debate a raiz de las Cabalgatas de Reyes, hablaba de la importancia de las redes sociales como medio de expresión de la ciudadanía en un sistema democrático. Aunque su uso no siempre sea el adecuado y se caiga con frecuencia en las exageraciones, las simplificaciones y las generalizaciones, la posibilidad que ciudadanos hasta ahora mudos tienen de llegar a una audiencia relativamente amplia me parece un aspecto esencial en una democracia. Mejorable, sin duda, pero esencial.

Hoy el debate se centra en las insólitas imágenes que ayer presenciamos en el Congreso de los Diputados. Si una diputada decide llevar a su bebé al Congreso y darle el pecho allí, sea por autopromoción, sea por concienciación, parece lógico que se hable de ello. De la misma forma, la presencia de diputados con rastas o con vestimentas poco habituales en el hemiciclo ha despertado acaloradas discusiones. Por supuesto cada persona puede vestir como desee, pero es comprensible que la imagen, por su novedad, genere comentarios, tanto a favor como en contra.  

Estas discusiones, además de inevitables, me parecen saludables, pues lo que acontece dentro del Congreso, que pertenece a todos los españoles, es siempre un tema de interés público abierto a la discusión, aunque se trate de actos simbólicos. 

FOTO: EFE
Una vez justificados estos debates, no voy a entrar en ellos. No solo porque ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir, sino, y sobre todo, porque hay asuntos más importantes que se deberían debatir con más intensidad y vehemencia. Nos hemos centrado en el chico con rastas, pero poco se ha hablado de un hombre con una vestimenta mucho más formal que también se sentó ayer en la Cámara Baja. 

Este hombre, bien vestido, está siendo investigado por la Audiencia Nacional por un supuesto caso de cobro de comisiones ilegales. Este hombre, con un peinado correcto, había sido repudiado por su propio partido, que le había abierto expediente disciplinario y que durante la campaña electoral le había instado a abandonar las listas. Este hombre, que no llevó a sus hijos a la sesión, accedió al Congreso como número dos en la lista del Partido Popular por Segovia. Este hombre, que ayer no dio mucho que hablar, prometió su cargo como diputado, lo que le otorga condición de aforado, con una especial protección ante la Justicia, y pocas horas después de eso se dio de baja en el Partido Popular. 

También había ayer en el Congreso alguien que en la votación para elegir al Presidente del hemiciclo introdujo una papeleta en la que decía “el bebé de Bescansa”. Este diputado, hombre o mujer, del partido que sea, y vista como vista, es muy gracioso, no cabe duda. Pero lo que sí está en duda es su labor como diputado. Creo que este comportamiento deja bastante más que desear que la elección de un peinado o un atuendo. La política, aunque a veces lo parezca, no es una broma, y menos para alguien que representa la voluntad democrática de la ciudadanía. 

Los medios han hablado de estos asuntos bastante menos que de las cuestiones estéticas que todos conocemos. Se han quedado, en muchos casos, en los gestos simbólicos, sin prestar la suficiente atención a los verdaderos contenidos de la sesión inaugural de ayer en el Congreso de los Diputados. Ocurre a menudo, las formas se vuelven más relevantes que el fondo. 

Pero además de las formas, lo que parece auténticamente relevante es la novedad. Las rastas de un político son más novedosas que la investigación por corrupción de otro, pero eso no les otorga mayor relevancia en una sociedad democrática. Podemos debatir también sobre cuestiones estéticas, pero que haya corruptos en el Congreso tendría que ser el verdadero hecho novedoso, discutido y criticado en los medios de comunicación. 

Y el hecho de que la corrupción no sea novedosa no debería impedir que le demos su verdadera importancia. Igual que debemos dársela a otros muchos asuntos a los que la rutina hace desaparecer del debate de la actualidad una vez que su novedad se agota. Y si queremos discutir sobre estética, hagámoslo, pero que no se nos olviden los temas que de verdad importan a las personas.

(Publicado en Neupic)

viernes, 8 de enero de 2016

La tumba de la inteligencia, el elixir de la democracia

FOTO: EFE

Se ha hablado mucho en los últimos días de las cabalgatas de Reyes. Especialmente (y como siempre) de la de Madrid. Parte de la polémica se ha centrado en el tweet que Cayetana Álvarez de Toledo, antigua diputada del Partido Popular, dedicó a la actual alcaldesa de la capital prometiendo no perdonarle JAMÁS por la vestimenta de los Reyes Magos. Más allá de cuestionables decisiones estéticas, de Reyes y Reinas, de animales, de palcos VIP o de si merecemos carbón o juguetes, lo más interesante del debate no es el contenido, sino el debate en sí mismo. 

Resulta curioso que con el incierto panorama político nacional y catalán, con los conflictos diplomáticos y armados en Oriente Medio y con la infinidad de trascendentales asuntos que deberían ocuparnos, el debate más intenso de las últimas semanas tenga como protagonistas a unas cabalgatas que no deberían traer más que ilusión, magia y caramelos. Quizá nos espante tanto la realidad que nos refugiemos en debates más amables y más sencillos en los que las generalidades y las pasiones son más llevaderas. Además, y esto es muy importante, es casi inevitable utilizar el humor en una discusión sobre los vestidos de los Magos de Oriente; y, por suerte, el humor es inherente a los ciudadanos de este país. 

Aunque parece que no todos gozamos de ese sentido del humor tan patrio. La mencionada Cayetana Álvarez de Toledo parece tomarse estas cosas muy en serio (no me quiero imaginar entonces lo mal que lo pasará ante los casos de corrupción en su partido, la precaria situación socio-económica en la que viven muchas personas en España o las imágenes de los refugiados que arriesgan su vida para huir de la guerra). Álvarez de Toledo no está dispuesta a perdonar a Carmena, pero también se ha enfadado con quienes, a través de las redes sociales, se tomaron a risa su ya famoso: No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás. 

Y es que hoy, la portavoz de Libres e Iguales, ha publicado una columna en el diario El Mundo para opinar sobre quienes la han criticado en Twitter. Estoy de acuerdo con ella: las redes sociales permiten el comentario rápido sin razonamiento detrás, la exageración y la generalización, el insulto sin consecuencias, las teorías conspiranoicas (como las que utiliza la propia Álvarez de Toledo en su columna) y la crítica sin fundamento. Y todo ello amparado en el anonimato de la red. Es cierto que muchos de los internautas que publican en blogs, en Twitter o en otras redes sociales lo hacen sin pensar. Igual que siempre se ha hecho en los bares, pero lo que antes escuchaban cuatro colegas que te reían la gracia, ahora lo pueden leer miles de personas dispuestas a hacer un drama de ello. 

Pero de ahí a referirse a Twitter como “un vertedero, la tumba de la inteligencia” hay un gran trecho. Twitter, las redes sociales en general, son un reflejo de la sociedad, a la que dan voz. Hasta ahora esa voz estaba en manos de políticos (lo de tumba de la inteligencia igual también se puede aplicar aquí), medios de comunicación de masas y personajes famosos. Ahora, la peluquera, la doctora, el profesor, el fontanero, la estudiante o el parado pueden expresarse y llegar a las pantallas de todo el mundo. Y en ocasiones, su formación o su intelecto no les permiten hacer el análisis profundo y detallado, alejado de exageraciones y generalizaciones que realizan (solo de vez en cuando) los tertulianos de los medios de comunicación. 

Pero tanto unos como otros, fomentan el debate. Un debate a veces viciado, otras veces irrelevante, a menudo sacado de contexto y casi siempre inconcluyente. Pero eso no significa que debatir, mejor o peor, de un tema o de otra, sea negativo. Al contrario. Un debate siempre es positivo. Y deberíamos estar agradecidos de poder enfrentarnos dialécticamente, porque hasta hace no demasiados años, estaba prohibido. Sigue estándolo en muchos países, donde Twitter está cerrado por los gobiernos o donde opinar diferente implica la muerte. 

Las redes sociales permiten que el debate se abra a toda la sociedad. Y es posible que los tontos que ahora tienen voz entorpezcan este debate, pero, al contrario de lo que opina Cayetana Álvarez de Toledo, las redes NO están “arrasando con la política y el periodismo cultos, esforzados, incisivos e inteligentes”. Están enriqueciéndolos y planteándoles nuevas oportunidades y desafíos para que sean aun más cultos, más esforzados, más incisivos y más inteligentes.  

Y la plataforma donde me lees no es Twitter, pero este texto es parte de un debate que sí tiene lugar en Twitter, pero también en la calle y en los medios de comunicación. Neupic en sí mismo es un debate incesante; un debate imprescindible en una sociedad que pretende llamarse libre y democrática. Y no solo eso, puesto que si me estás leyendo, seguramente llegaste aquí gracias a Facebook o a Twitter. Por eso espero que, aunque decepcione a Álvarez de Toledo, no te hayas encontrado con un vertedero ni con la tumba de la inteligencia. 

Naturalmente, el respeto, la documentación previa y la responsabilidad deberán ser elementos básicos, pero ni los ciudadanos en Twitter, ni Monedero y Marhuenda en televisión, ni siquiera Pedro Sánchez en los debates electorales lo cumplen. 

Por eso, si la práctica hace al maestro, la única forma para que los debates sean verdaderamente constructivos, útiles y respetuosos es debatiendo. Así que, por el bien de nuestra sociedad, de nuestra libertad y de nuestra democracia, debatamos.

(Publicado en Neupic)

jueves, 24 de diciembre de 2015

Bendita y maldita Navidad

FOTO: Nilüfer Demir

Es difícil encontrar algo más navideño que un villancico interpretado por Raphael. Como cualquiera en este país, yo también he visto con mi familia muchos de los programas especiales que protagoniza casi cada Nochebuena. Con el tiempo he conseguido apreciar el valor de este artista y, aun más importante, he conseguido identificar el significado y la tradición que su música tiene en una noche como la de hoy. Hace ya bastantes años (era todavía un adolescente que se sentía demasiado guay para ver a un viejales cantando lo mismo de siempre) descubrí en uno de estos programas especiales un villancico diferente que llamó poderosamente mi atención. A día de hoy considero que se trata de uno de los reflejos más fieles que podemos encontrar sobre estas fechas. Bendita y maldita Navidad, que así se titula, es totalmente opuesta a lo habitual en una época tan cargada de tópicos.

Estos tópicos están presentes en las felicitaciones y buenos deseos que compartimos con nuestros seres queridos. Tópicos que se repiten en los medios de comunicación, con una programación y unos contenidos sin variaciones de año en año. Tópico es, por supuesto, el mensaje de S. M. El Rey. Y tópicos son también los villancicos. Villancicos populares interpretados por Manolo Escobar o por el propio Raphael. Villancicos clásicos a los que dan voz (y qué voz) Los Tres Tenores o Frank Sinatra. Villancicos modernos en inglés que nos llegan de la mano de Mariah Carey o Michael Buble. 

Todos ellos hablan de alegría y amor, cuentan la historia bíblica que inspira esta Fiesta o se acuerdan de Santa Claus y los Reyes Magos. Frente a esta temática, siempre en tono alegre y, a veces, vacía de contenido, encontramos el villancico que protagoniza este texto. Su propio título nos da pistas sobre los contrastes que se presentan, no solo en la canción, sino en la propia Navidad. Contrastes que no son sino reflejos de nuestro mundo. Contrastes que se acentúan ahora que a nuestros banquetes, fiestas y regalos se opone el sufrimiento de quienes no disfrutarán de ellos. Contrastes entre nosotros y nuestros propios hermanos; seres humanos que, mientras cenamos junto a nuestros familiares y amigos, se resguardarán del frío con cartones, huirán de las bombas que caen del cielo o coserán camisetas en condiciones infrahumanas. 

Este año, en el que el drama de los refugiados y los migrantes nos ha conmovido e impactado, resulta inevitable recordar a esas personas para las que no hay Navidad. Este es un buen momento para pararnos a pensar en una realidad en la que María y José se llaman Miriam y Yusuf, y en la que el niño Jesús, antes de descubrir la vida, ya habrá perdido la suya en el Mediterráneo. 

Por las contradicciones de la Navidad, que son las contradicciones de la vida. Que la alegría de estos días se imponga al miedo y al sufrimiento. Que nuestros buenos deseos borren las fronteras, los contrastes y las barreras. Que el amor de esta noche se desborde e inunde el resto de días del año. Y que esta Nochebuena sea una verdadera Noche de Paz. Para todos.


Feliz Navidad

(Publicado en Neupic)

viernes, 18 de diciembre de 2015

Sufragistas y cine para un fin de semana de Elecciones


Hoy se produce en los cines de España uno de los estrenos más esperados de los últimos años. No es una película más, sino un auténtico fenómeno cinematográfico, cultural y de marketing. Todo lo que rodea a Star Wars tiene ese aire grandioso y épico del que George Lucas impregnó a una de las sagas imprescindibles en la historia del séptimo arte. Este fin de semana, por lo tanto, las salas se llenarán de aficionados en busca de aventuras galácticas, haciendo que el resto de la cartelera se veaa en serias dificultades. Es frecuente que ante estrenos de este calibre, las cintas con aspiraciones comerciales tienden a evitar el enfrentamiento y busquen otros fines de semana para llevar a cabo sus lanzamientos. Por eso este viernes no habrá gran cantidad de estrenos, siendo la mayoría de ellos de los considerados poco ambiciosos.

Sin embargo, sí hay una película importante que ha decidido desembarcar en nuestros cines este viernes haciendo frente a la maquinaria de promoción desplegada por El despertar de la Fuerza (Star Wars. Episode VII: The Force Awakens, J.J. Abrams 2015). Se trata de Sufragistas (Suffragette, Sarah Gavron 2015), protagonizada por Carey Mulligan, Meryl Streep, Helena Bonham Carter y Brendan Gleeson. En un fin de semana como este, a pesar de sus caras conocidas y del buen hacer de directora, intérpretes y equipo técnico, constituye una apuesta tan arriesgada como valiente.

Valientes. Así eran precisamente las mujeres retratadas en la película. Sus esfuerzos y sacrificios para alcanzar un derecho fundamental, el derecho al voto, fueron descomunales. Se trataba de una lucha desigual en la que la ley y la fuerza estaban contra ellas. Pero las sufragistas, valientes luchadoras, se enfrentaron a la injusticia hasta lograr alzar sus voces sobre al ruido de la ignorancia y la opresión.

En países como el Reino Unido, escenario destacado de este movimiento, hace aproximadamente un siglo desde que aquella lucha se convirtiera en un ejemplo y diera sus primeros frutos. En España, con la figura de Clara Campoamor a la cabeza, las mujeres pudieron acudir a las urnas por primera vez el 19 de noviembre de 1933. Poco tiempo después, el conjunto del país volvió a verse privado de ese derecho. Y solo hace un puñado de décadas que lo recuperamos.

A los jóvenes se nos olvida a veces que algo tan obvio y básico hace no tanto tiempo estaba prohibido. Fue la lucha de muchas personas, que dieron su vida, su sangre o su libertad, la que hoy nos permite gozar de este derecho. Y gracias a estas personas, el domingo volveremos a hablar de la “Fiesta de la Democracia”.

El pueblo será quien decida qué futuro quiere para los próximos cuatro años. Pero ir a votar no sirve solamente para decidir el futuro, sino para honrar y recordar el pasado y a quienes lucharon en él para que hoy seamos los dueños de nuestro destino. Porque el sufragio es una responsabilidad y un honor que todos compartimos, pero también es una deuda con quienes lo hicieron posible. 

Y es que podemos votar de distintos colores, incluyendo el blanco. Podemos incluso no votar. Pero aun en nuestros días hay quienes no tienen esta elección, especialmente entre las mujeres. Es por eso que debemos sentirnos afortunados por poder hacer uso de este derecho. Y precisamente utilizando nuestra libertad –tanto la libertad de voto como la libertad en un sentido más amplio-, estaremos honrando tanto a quienes se sacrificaron por ella, como a quienes aun no pueden disfrutarla.

El domingo, cuando abran las urnas, todos estaremos llamados a ejercer nuestro derecho. Será un día de fiesta. Y como en todas las fiestas, es de buena educación mostrar nuestro agradecimiento a quienes la hicieron posible. Y ese agradecimiento no puede expresarse de mejor forma que disfrutando, por supuesto con responsabilidad, la Fiesta de la Democracia.

Yo, como casi todos, tengo mis favoritos y tengo unas esperanzas depositadas en las urnas. Pero tras la jornada electoral, independientemente de que en unos hoteles y en unos balcones haya más alegría que en otros, me iré a dormir contento porque entre todos habremos decidido que así sea. La democracia -con sus enormes defectos- habrá hablado y todos deberemos aceptar su dictado.

El domingo será también buen momento para mirar atrás y ver el camino que hemos recorrido, agradeciendo a quienes, como las Sufragistas, hicieron posible que hoy estemos donde estamos. Pero, como ellas, también deberemos plantearnos cómo seguir avanzando hacia una sociedad mejor, más justa, próspera e igualitaria. Para ello, haremos bien en seguir el ejemplo de aquellas valientes luchadoras que no aceptaron la injusticia. Que su lucha nos muestre el camino y, ya que estamos, que la Fuerza nos acompañe al recorrerlo.

(Publicado en Neupic)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Hijos de una generación que no se va a dejar intimidar


La noche del 23 de febrero de 1981, la noche en la que se produjo el infame intento de golpe de estado en España, es popularmente conocida como la Noche de los Transistores. Recuerdo a mi madre explicarme el porqué de esta denominación: muchas personas siguieron los sucesos que tenían lugar en Madrid y en otros puntos de la geografía española a través de la radio. Esa noche muchas personas no durmieron sabiendo que la democracia volvía estar en peligro en España.

Hoy comprendo mejor a esa generación de jóvenes a la que pertenecían mis padres y que vivió aquellos hechos con el miedo de que la todavía reciente e insegura democracia volviera a derrumbarse. Hoy yo estoy viviendo una noche similar, en la que la democracia, la libertad y la seguridad han vuelto a ser atacadas.

Todos somos hijos e hijas de nuestra generación, forjados por la Historia que nos toca en suerte. Y lo que hoy yo vivo con miedo, nerviosismo e impotencia, es lo que vivieron otros jóvenes cuando Londres, Madrid o Estados Unidos fueron atacados por grupos terroristas el 7 de julio de 2005, el 11 de marzo de 2004 y el 11 de septiembre de 2001, respectivamente. La misma experiencia de quienes siguieron el desarrollo del 23-F a través de los transistores.

Hoy esta generación experimenta vulnerabilidad ante la facilidad con la que se puede sembrar el caos en una de las principales urbes del planeta. Y siente miedo ante la posibilidad de que la seguridad que tomamos por garantizada deje de estarlo. Esta noche todos hemos sentido miedo porque hemos visto que nuestra libertad se ha visto atacada de forma inesperada, bárbara, sangrienta y violenta. De forma irracional, inútil y cobarde.

Eso es lo que los monstruos querían: que el miedo campara a sus anchas por el mundo entero igual que los terroristas habían campado a las suyas por las calles de París. El miedo ha sido un sentimiento esencial esta noche en todo Occidente. Pero conviene recordar algo muy importante que leí en Facebook hace un momento, y es que el terror vivido esta noche en París es el terror que hace huir a quienes muchos quieren negar la entrada en nuestras fronteras.

Ese es el desafío que se plantea ahora: responder al terror con entereza y justicia, diferenciando a los verdaderos responsables, a los fanáticos, del resto de las personas, y sabiendo que el Islam, el de verdad, es todo lo contrario a lo que unos locos pretendieron imponer esta noche.

Ahora nos toca demostrar que seguimos siendo libres, que siempre vamos a serlo y que lucharemos hasta que todas las personas del mundo lo sean. Y cantaremos la Marsellesa, y nos manifestaremos, y escribiremos mensajes de repulsa en las redes sociales, y rezaremos por las víctimas y sus familias, y abriremos las puertas de nuestras casas a quienes huyan de la barbarie. Haremos todo lo que sea necesario hasta que quienes quieren imponer con las armas su locura descubran que no tienen nada que hacer.

Somos los hijos de una generación que hoy se sorprende, se asusta y se escandaliza por lo ocurrido en París. Somos los responsables de que nadie tenga que seguir viviendo esa tragedia, ni en París, ni en Alepo, ni en Kabul. Porque las víctimas de París no valen más que las víctimas que se suceden sin parar en ciudades donde el terror ya no es noticia.

Esta noche, además de las dolorosas víctimas, han atacado nuestra libertad. Pero los radicales no se dan cuenta de eso. Ellos solo conocen la violencia como medio para imponer ideas y creencias. Ellos no saben lo que significa la palabra “libertad”. Es hora de que lo aprendan.

(Publicado en Neupic)

jueves, 5 de noviembre de 2015

Un ejemplo. El futuro


Mañana viernes 6 de noviembre se estrena en los cines españoles Él me llamó Malala (He Named Me Malala, Davis Guggenheim 2015), la historia de Malala Yousafzai, que el año pasado recogió el Nobel de la Paz "por su lucha contra la supresión de los niños y jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación", convirtiéndose así en la persona más joven en recibir el prestigioso galardón en cualquiera de sus categorías.

A sus diecisiete años, Malala ya contaba con una historia tan dramática como inspiradora: con once años había comenzado a escribir un blog para la BBC denunciando la imposibilidad de las niñas de su región, en el Valle del Swat pakistaní, de asistir a la escuela. Este mensaje, y los que siguieron desde entonces, no gustaron a los talibanes, que atentaron contra ella un día cuando regresaba a su casa del colegio. Tenía quince años. Este ataque estuvo a punto de costarle la vida, pero tras una larga y compleja recuperación, Malala se recuperó. Lejos de acallar sus denuncias, el ataque logró que Malala se convirtiera en una de las voces más destacadas en la lucha por la educación de los niños y niñas de todo el mundo. En la actualidad, con dieciocho años, Malala reside en el Reino Unido con su familia y asiste a clase a diario en su colegio de Birmingham. Ella y su padre siguen amenazados de muerte por haber luchado por una causa justa.

El documental que mañana llega a los cines se adentra en esta historia, tan extraordinaria que, más que un documental, debería haberse reflejado en una auténtica película de superheroínas. Y es que esa es la única definición posible para esta niña, para esta mujer valiente que se enfrentó a siglos de injusticia y pidió, sin que le temblara la voz, que las niñas también tuvieran acceso a la educación en su Pakistán natal.

Allí, como en muchos otros lugares, los radicales, los cobardes quisieron callarla de la única forma que saben: con un disparo. Pero esos retrasados no fueron capaces de prever que su intento de asesinato y sus amenazas multiplicarían el eco de una voz que tiene la calma y la seguridad de quien se sabe responsable del futuro de millones de niños y niñas. Una voz que no se entrecorta cuando tiene que reclamar, ante las personas más poderosas del planeta, los derechos básicos de las más debiles. La voz de Malala no es estridente, no grita ni interrumpe, pero tampoco titubea ni se amedrenta. Esa voz no es importante por sí misma, sino por su mensaje y por su ejemplo, porque ella muestra el camino para quienes quieren cambiar el mundo. Y porque es la voz de aquellos a quienes no les dejan tenerla. Una voz que habla de perdón, de educación, de igualdad y de futuro.

Porque eso es lo que representan Malala y su fundación: el futuro. Un futuro para los niños y niñas del mundo que solo se abre a través de la educación y la igualdad de oportunidades. Un futuro que todavía no se vislumbra para muchos niños y, sobre todo, niñas de este planeta. Un futuro que es todavía un sueño.

Un sueño en el que los niños y las niñas de todos los países del mundo tienen acceso a la educación. Un sueño por el que han luchado muchas personas antes que Malala y por el que seguirán luchando muchas más hasta que se haga realidad. Porque este sueño, el sueño de una niña de once años que quería ir al colegio, es un sueño por el que vale la pena luchar.

(Publicado en Neupic)

sábado, 3 de octubre de 2015

El AVE, la Renfe y la honradez

FOTO: Claudio Álvarez
Tras varios años de retraso y de promesas incumplidas por gobiernos de distinto color político, el pasado 29 de septiembre, Rajoy y demás personalidades llegaban a León a bordo del flamante AVE para hacerse la foto (las Elecciones se acercan). Ese día se inauguraba el tramo de alta velocidad que une Valladolid con Palencia y León. Estas dos ciudades quedaban conectadas con Madrid a través de la alta velocidad.  

El tema del AVE es uno de los más interesantes que se pueden plantear en un país con unos gobernantes que gustan de lo grandioso de las infraestructuras innecesarias. Llámense trenes o aeropuertos. Como leonés, y para no tirar piedras contra mi propio tejado de pizarra, no voy a entrar en este asunto. En su lugar, este artículo tratará sobre la honradez.

Vayamos por partes: el día 30, cuando la línea de AVE Madrid-León entró en funcionamiento, lo hacía con jugosos descuentos que permiten viajar desde la capital a Palencia por 15 euros y a León por 20. Se trata de una oferta muy llamativa (que no ha hecho gracia, por cierto, a las líneas de autobuses) y para la que, en sus primeros días de campaña, ya se habían vendido 22.000 billetes entre Madrid y León.

Hasta aquí, todo correcto: una jugosa promoción capaz de atraer a viajeros y de dar a conocer la nueva línea. Solo existe un fallo, y es que el tramo de esta línea que ya existía (entre Madrid y Valladolid) ha mantenido sus precios. Por lo tanto, viajar entre Madrid y Valladolid cuesta hasta 60 euros, mientras que un trayecto más largo hasta Palencia o León saldría por bastante menos dinero.

Un viajero que se percató de esto planteó a Renfe la siguiente cuestión a través de Twitter: “¿qué impide a los viajeros en AVE con destino Valladolid comprar un billete a Palencia (mucho más barato) y bajarse antes?” “¿La honradez, por ejemplo?” fue la respuesta del community manager de Renfe.

Han sido numerosos los medios de comunicación locales, regionales y nacionales que ya se han hecho eco de este debate. Por lo general, se ha tratado esta información desde un punto de vista “poco honrado”. En primer lugar, parece que se publica la información para aquellos viajeros a Valladolid que no se hayan enterado del gazapo y se quieran ahorrar un dinero. También se ha criticado la “metedura de pata” de Renfe. Y hasta ha habido burlas por su apelación a la “honradez”. También se ha mencionado, ahora ya con más criterio periodístico, que es posible que muchos asientos para Palencia y León no se cubran por culpa de aquellas personas que, bajándose en Valladolid, hayan adquirido pasajes para un trayecto más largo.

A estas publicaciones se han sumado los comentarios en los propios medios o en otras redes sociales que han criticado la falta de honradez de la propia compañía de trenes por fijar esos precios. He llegado a leer a alguien que censuraba la actuación de quien planteó su duda a Renfe porque así lo que se va a lograr es que quiten la oferta. Otros, los más, decían que pedir honradez en España resulta un tanto cómico, y más si es Renfe quien lo plantea.

Independientemente de si Renfe actúa de forma honrada o no. Independientemente de si consideramos que esta promocion (que no deja de ser una campaña de marketing como otras tantas que se realizan a diario) es correcta o no. Independientemente de si entendemos los precios de AVE como un abuso. Independientemente de todo eso, si quieres ir a Valladolid y te compras un billete para Palencia para ahorrarte dinero, no estás actuando con honradez.

Puede ser justificable y muy necesaria para algún maltrecho bolsillo. Y puede ampararse en la propia culpa de Renfe. Y puede argumentarse que la propia compañía ya contase con ello. Incluso podemos pensar que nadie en su sano juicio pagaría el precio completo si fuera consciente del truco. Podemos plantear mil razones de peso, pero es innegable que se trata de una falta de honradez. Quizá no sea un proceder del todo censurable. Pero sin duda, lo que no es, es honrado.

Este no deja de ser otro ejemplo de esa picaresca española que tanto nos gusta y enorgullece. Común a muchos (incluido quien escribe), y sin mala intención, pero no por ello más honrada. Y que no se nos olvide la próxima vez que critiquemos la poca honradez de los políticos, de los empresarios o de la Renfe. 

Quizá sería bueno empezar a actuar con verdadera honradez para poder después exigir lo mismo a los demás. Pero claro, a ver quién es el listo que paga 60 euros pudiendo pagar 15 sin consecuencia alguna...

(Publicado en Neupic)

sábado, 29 de agosto de 2015

¿Punto de inflexión?

FOTO: APA/Hans Punz

Hoy hace 52 años que Martin Luther King pronunció a los pies del Monumento a Lincoln en Washington su famoso “I Have Dream”. No fue el único discurso de Luther King, ni menos aun, el único discurso del Movimiento por los Derechos Civiles. Pero su relevancia fue tal que impulsó esta lucha más allá de las fronteras estadounidenses y permitió que Luther King se convirtiera en una de las personalidades más influyentes de la Historia. Este discurso supuso un punto de inflexión que cambió para siempre la lucha por la igualdad racial en Estados Unidos y posibilitó que la ansiada y necesaria igualdad entre negros y blancos se hiciera realidad.

Hace dos días apareció un camión abandonado en el arcén de una carretera austriaca, cerca de la frontera con Hungría. Dentro había 71 personas asfixiadas. No conocemos sus nombres, ni su historia, ni su sufrimiento. Son solamente un número. Pequeño, si lo comparamos con la gran cantidad de refugiados y migrantes que diariamente se juegan (o se dejan) la vida tratando de llegar, de una forma u otra, a un lugar donde existan unas mínimas opciones de tener un futuro.

Aquel discuro, y la marcha que se había producido previamente, afectaba a los dirigentes en Washington más directamente que los enfrentamientos y manifestaciones en los estados sureños. De la misma forma, estos cadáveres en un camión en Austria los sentimos más cercanos que los encontrados el mismo día en un barco en el Mediterráneo. Por eso es posible que sea este número el que nos haga reflexionar lo suficiente para darnos cuenta del drama que estamos presenciando impasibles. Quizá la muerte de estas personas se convierta en el punto de inflexión que nos lleve a encontrar una solución.

Y esa solución no es contruir una valla de alambre en Hungría; ni cancelar los Acuerdos de Schengen; ni movilizar al ejército en la frontera entre Grecia y Macedonia; ni devolver al otro lado a quienes saltan la valla de Melilla. No se trata de mirar nuestros arrogantes y eurocéntricos ombligos e impedir la entrada de personas en nuestros países. No hay que buscar remedio a la inmigración. Sino a la necesidad de emigración y de asilo. Es decir, el problema no reside en que lleguen personas a Europa (Estados Unidos y Donald Trump también pueden darse por aludidos, si quieren), sino en que esas personas se hayan visto forzadas previamente a abandonar sus países de origen por la guerra o la miseria.

Las personas que emigran o huyen a otros países lo hacen impulsadas por su instinto de supervivencia, ese que lleva a muchos españoles a buscarse la vida en otros países europeos ante la falta de trabajo en España. La única diferencia entre quienes murieron en ese camión y quienes se tienen que ir de España es la fortuna o desgracia de haber nacido en un país o en otro y la legalidad o ilegalidad de sus papeles. En España no queremos que nos ofrezcan contratos decentes en Alemania, sino que nos ofrezcan oportunidades en nuestro país. En Siria no quieren que abran las fronteras de Europa, sino que se termine la estúpida guerra que ya lleva más de cuatro años asolando su país.

Y ni la Guerra de Siria se acabará en un día, ni el drama de los refugiados y migrantes se esfumarán con ella. Pero la igualdad entre negros y blancos también necesitó de muchos años y de avances progresivos para alcanzar la situación actual, en la que un presidente afroamericano se sienta en la Casa Blanca. Estamos ante un proceso lento y complejo, pero confío en que el descubrimiento de esos cuerpos en el camión frigorífico en Austria se convierta en el punto de inflexión que impulse la búsqueda de soluciones y que nos acerque al final de este drama.

Y de verdad espero que esto se cumpla. Porque si no, a estas 71 muertes sin sentido seguiremos sumando números: Unos 90 cadáveres y más de 200 desaparecidos frente a las costas de Libia esta misma tarde. 2.500 muertos en lo que va de año en el Mediterráneo. Más de 4.000.000 de refugiados sirios en los países de su alrededor... Y detrás de cada número, un nombre, una historia y un sufrimiento que seguiremos sin conocer.

(Publicado en Neupic)

jueves, 28 de mayo de 2015

Una película sobre sí misma

Supongo que habrá opiniones de todo tipo en lo que se refiere al cine de superhéroes, pero está claro que Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia) es ya uno de los argumentos con más peso que se han generado al calor de esta discusión. Una crítica sin piedad a los blockbusters que salvan la taquilla año tras año pero que, salvo honrosas excepciones, siguen sin aportar nada al lenguaje cinematográfico y a la búsqueda del arte.

La propuesta de Iñárritu es tan arriesgada como la aventura en la que se embarca su protagonista, un actor que alcanzó la fama dando vida a un superhéroe en el cine y que ahora desea recuperar el prestigio de su profesión con una obra de teatro en Broadway. Y es arriesgada no solo por el desafío técnico que plantea el rodaje de dos horas de película en un solo plano secuencia, sino por la capacidad que tiene de introducirnos en la mente del actor venido a menos.

Un actor venido a menos en los últimos años era, precisamente, Michael Keaton, que regresa con una fuerza insuperable, logrando la más poderosa interpretación de su dilatada carrera. La elección del que diera vida al Batman de Tim Burton parece el mejor acierto de toda la cinta. Sin desmerecer el trabajo del resto del elenco, destacando a una Emma Stone más profunda y oscura de lo que esa cara de ángel nos da a entender.

No cabe duda de que el peso de la película recae en sus magníficas actuaciones, que destacan aun más dado el minimalismo de la película: un único plano secuencia guiado por el magistral trabajo de Emmanuel Lubezki con la cámara –por algo ha ganado dos Oscar consecutivos a la Mejor Fotografía-, el backstage de un teatro neoyorquino casi como único decorado, sin más vestuario y efectos especiales que los estrictamente necesarios, y una banda sonora que se reduce al efectismo de una batería y un sonido sobrio pero inmejorable. Oposición total a las películas de superhéroes que tan poco parecen gustar a Iñárritu.

Y si el blockbuster está hecho para vender entradas y que los espectadores acudan en masa, de nuevo, Birdman se opone a esta concepción. Explora los límites de la narración, de la interpretación y del guión, pero no es una obra fácil de ver y la conexión con el público no es total. Pero, al fin y al cabo, de eso trata Birdman, de producir obras prodigiosas que consiguen llenar una sala de 800 intelectuales, pero que no logran conectar con los millones de seguidores de un superhéroe con alas de pájaro.

viernes, 22 de mayo de 2015

Para nosotros no hay campaña electoral


Hoy termina la campaña electoral. No voy a criticar el ridículo que han hecho muchos políticos; descalificándose, suplicando votos, montando en bici, repartiendo piruletas a los niños, presumiento de llenar aforos... La campaña, la jornada de reflexión o la pegada de carteles son temas que ya se han tratado y en los que no voy a entrar.

Si no voy a criticar la campaña es, en parte, porque no la he seguido demasiado. ¿Uno de los motivos? Que no puedo votar. Y como yo, muchos españoles emigrantes se han visto privados de ese derecho. La participación entre los ciudadanos españoles que residen en otros países es irrisoria –un 1,84% en las Elecciones Europeas de mayo de 2014-. Y os aseguro no es por falta de interés. Porque las personas españolas con las que más relación tengo aquí no van a votar, pero todas tienen un sentido de la política y de la democracia que quisiera en muchos de los que agitan banderitas en los mítines.

Votar desde el extranjero se convierte en una odisea, por ese motivo, muchas desisten y ni siquiera lo intentan. Otras, se quedan atrapadas entre trámites y fechas de vencimiento, no logrando figurar en las listas definitivas a pesar de haberlo intentado. Otro grupo cumple el laborioso proceso en plazo y forma pero, ¡sorpresa!, la documentación no llega a tiempo o el voto por correo se pierde.

Partimos de la base de que tras la reforma de la Ley Electoral de 2009, se eliminó la posibilidad de que los emigrados votasen en las elecciones locales. Puedo comprenderlo, porque en algunos países puedes votar en las elecciones locales al registrarte, y es lógico que a alguien que vive en Oslo le afecte más la recogida de basuras de la capital noruega que la de su antigua ciudad española.

Pero ese no es el problema. Eso es, de hecho, lo único que siempre tuve claro; que solo iba a poder votar en las Elecciones Autonómicas. El resto de la información es confusa y escasa. No se hacen públicos con claridad ni los plazos, que son demasiado cortos; ni los procesos, que son demasiado complejos. 

Yo me registré en la Embajada Española en Austria en enero, y desde entonces figuro en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (Cera). Pero para estas elecciones de mayo era necesario hacerlo desde antes del 1 de enero, que es cuando se cerraba el censo. Tras eso, necesitaba hacer una reclamación para ser incluido en la lista para poder votar. Bien, hice mi reclamación en plazo –solo existía una semana, ente el 6 y el 13 de abril, para dicho trámite- y forma y al terminar, pregunté: “¿Esto es todo para votar?” “Esto es todo”, me respondieron. Por lo que deduje que el 24 de mayo podría acudir a la Embajada a depositar mi voto. Unas semanas después me llegó una carta de la Oficina del Censo Electoral en León en la que me comunicaban que ya no figuraba allí, sino que mi nuevo distrito electoral era la Embajada de España en Viena. Todo correcto.

Pero no estaba todo correcto. Pues los españoles emigrados debemos “rogar” el voto. Se debe hacer una petición formal para poder votar. Eso no hay que hacerlo si resides en España; es decir, quienes viven fuera tienen que rogar que se les permita ejercer un derecho. ¿No deberíamos ser todos iguales? Podría comprenderlo si supusiera un gran problema de logística, pero no es así.

En caso de haberlo sabido, también hubiera hecho este “ruego”, pero cuando en la Embajada me han dado a entender que la Reclamación “era todo”, supuse que la Reclamación habría servido directamente como ruego. Algo que, por otra parte, parece bastante obvio; ¿por qué otro motivo iba a hacer dicha Reclamación?. El plazo para la solicitar que me permitan ejercer mi derecho al voto terminó el 26 de abril.

Tras hablar con otros compañeros en mi misma situación, descubrí que no podría votar, pues ese día ya había pasado. Acudí a la Embajada para ver si existía alguna posibilidad; quien me atendió no supo decírmelo y tuvo que preguntar. Finalmente me confirmaron que era demasiado tarde para votar en estas elecciones. Y la campaña electoral ni siquiera había empezado...

Hay quienes, habiendo realizado ese ruego a tiempo, no recibieron la documentación en el plazo establecido. No era su culpa, pues los plazos son demasiado cortos contando con los posibles retrasos de los servicios de correos de todo el mundo, pero tampoco van a poder votar. También conozco gente que, en anteriores convocatorias, intentaron votar por correo desde el estranjero y su voto nunca llegó a contabilizarse. 

Yo me considero un emigrado con suerte, pues no he tenido que irme de España porque mi situación laboral fuera insostenible –es evidente que el contexto económico y social han influido en la decisión, pero no ha sido el único elemento-; de la misma forma que yo no culpo al Gobierno de mi marcha. No obstante, hay muchos ciudadanos españoles que sí se han visto empujados a hacer la maleta y muchos de ellos encuentran en las Instituciones Públicas a los culpables de eso. No hace falta un análisis demasiado exhaustivo para pensar que los grandes partidos no son los favoritos entre los emigrantes españoles. Quiero pensar que este proceso no es tan complejo para impidir a predecibles votantes “díscolos” ejercer su derecho. Pero creo que no soy el primero al que se le ha cruzado esta idea.

Nuestro amado Rajoy dice que “son exactamente 24.638” los jóvenes que han abandonado España por la crisis; el INE habla de medio millón más. Empujados por la crisis o no, lo cierto es que la cantidad de españoles en el extranjero, sobre todo jóvenes, es suficientemente grande como para pelear por que sus voces sean escuchadas, y sus votos, tenidos en cuenta. E incluso aunque fuera una sola persona, los organismos públicos deberían esforzarse para que nadie se vea privado de un derecho por el que tanto se luchó y por el que tantas personas dieron su vida.

Pero esta noche contabilizaremos cuántas personas congregó el PP en el Palacio de los Deportes de Madrid o cuántos acudieron a ver a IU en Sevilla. Y ni sumando todos esos, alcanzaremos la cifra de españoles que el domingo no podrán votar porque la burocracia se lo ha impedido.

(Publicado en Neupic)