sábado, 30 de septiembre de 2017

El nacionalismo, el referéndum catalán y Los últimos de Filipinas

Voy a dejar claro desde la primera frase que esto es un ejercicio de abstracción en el que pienso mezclar churras con merinas y que no representa más que una serie de opiniones personales sobre un fenómeno de actualidad sobre el que, como tantos otros, no he conseguido quedarme callado.

Anoche me pareció gracioso y pertinente ver 1898. Los últimos de Filipinas. El suceso histórico que narra la obra de Salvador Calvo supuso la pérdida de las últimas colonias ultramarinas del otrora poderoso Imperio Español. Las semejanzas con lo que sucede estos días en Catalunya son más teóricas que reales, pero la película resulta particularmente interesante en su reflejo de unos sentimientos y unos comportamientos que ayudan a explicar la actualidad.

Los diálogos del film, poco sutiles y casi tópicos en ocasiones, muestran cómo el patriotismo y la idea de la grandeza de un imperio llevan a los hombres no solo a matar, sino a morir, por un país que nada ha hecho por ellos y bajo el mando de unas altas esferas totalmente alejadas de la realidad, ignorantes y cobardes que se sienten seguras y cómodas enviando a otros a morir por ellos. En estos momentos tanto el patriotismo españolista como el catalanista movilizan a importantes volúmenes de personas, no a matar y morir, aunque sí a sacar sus tractores a la calle, a encerrarse en colegios, a despedir a la Guardia Civil con cánticos y banderas o a emitir opiniones incendiarias. Esa gente se convierte así en escudos de unas naciones que no dejan de ser constructos históricos y de unos dirigentes que han mirado más por sus propios intereses que por los de sus ciudadanos. 

Algo que también se aprecia en la película es que los nativos no odian a los españoles, sino a los invasores, por eso la rivalidad con España da lugar más tarde a un enfrentamiento con los nuevos colonizadores, los estadounidenses. Pero para que el regimiento español sitiado en Baler se dé cuenta de esto y descubra que su guerra ha terminado necesita escuchar al otro bando, fiarse de unas noticias que parecen difíciles de creer y arriesgarse a fracasar en su misión. Y eso es en lo que están fallando tanto los nacionalistas de las esteladas como los de las rojigualdas: no están dispuestos a entenderse, las informaciones que deciden recibir solo les reafirma en sus posturas y no permitirán que su misión se frustre, sea esta misión mantener la unidad de España o lograr independizarse de ella.

También llama la atención cómo la obsesión del teniente al mando por seguir las normas al pie de la letra, sin cuestionar el contexto en el que se encuentra, solo alarga el enfrentamiento. Las normas son esenciales para convivir, especialmente en una democracia y especialmente cuando son normas aceptadas e interiorizadas, como ocurre con los códigos militares o la Constitución, pero eso no justifica escudarse en ellas para no aceptar lo que no podemos o queremos comprender. Así, las normas que en Baler llevaron a más muerte y sufrimiento llevan ahora a un enconamiento del conflicto. 

Otra figura interesante en la cinta es el sargento, que impide cualquier raciocinio con aseveraciones taxativas y con órdenes lanzadas a voces. Los “disparad al desertor” o “no podemos fiarnos del otro lado” de ese hombre, siempre enfadado, se sustituyen por los actuales “España nos roba”, “o estás con nosotros o estás contra nosotros”, “están dando un golpe de estado” o “los medios de comunicación están comprados”. Poco importa la veracidad cuando alguien, sobre todo si es un superior o una cierta autoridad, repite determinadas consignas a gritos.


Y como los ánimos están tan caldeados, voy a terminar como empecé, justificándome. Por si acaso. Los párrafos anteriores obedecen a un texto literario en el que predominan las metáforas y las generalizaciones. Por supuesto que hay dirigentes honrados, por supuesto que hay personas dispuestas a entenderse en ambos bandos y por supuesto que el incumplimiento de la ley debe ser el último recurso. Nada debe entenderse de forma literal, porque la crítica no es ni a quienes defienden ni a quienes se oponen al referéndum o la independencia, sino a quienes enarbolan una bandera como argumento definitivo. Porque creo que Los últimos de Filipinas es suficientemente paradigmática como para hacer ver, al que esté dispuesto a verlo, que enfrentarse por motivos nacionalistas es bastante ridículo.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 30 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio II: El ataque de los clones' (2002), de George Lucas


Igual que el Episodio I podría equipararse con el Episodio IV en tanto en cuanto ambos definen sus respectivas trilogías y condensan los elementos clave en ellas –una completa revolución en la trilogía original y una inevitable polémica en la trilogía de precuelas–, podríamos considerar que el Episodio II guarda notables semejanzas con el Episodio V. Y si al analizar ‘El Imperio contraataca’ destacábamos su trascendencia para la trama del conjunto de la saga o la aparición de personajes clave como Yoda o el Emperador, algo similar, salvando las distancias siderales, sucede con ‘El ataque de los clones’.

En ella se dibujan los bandos del conflicto que subyace en el resto de largometrajes, se descubre el origen de los Stormtroopers y de los soldados clones, se comienza a sentir el poder del lado oscuro de la Fuerza y se profundiza en la historia de Anakin y la princesa Amidala. Este conjunto de aspectos da empaque a la cinta, que se ve lastrada precisamente por el último de ellos, pues esa historia de amor algo floja, estereotipada y demasiado melosa ocupa demasiados minutos en un metraje ya de por sí demasiado largo.



Esa sensación de excesiva duración se agudiza teniendo en cuenta que la cinta no goza de ideas tan novedosas como sus predecesoras. A menudo tenemos la sensación de que lo que nos cuenta la obra, o quizás la forma en la que lo hace, ya han sido vistos con anterioridad. Y eso es algo que lastra mucho a una película dentro de una saga con una vocación rompedora e innovadora como Star Wars.

Y eso, junto a la innecesariamente extensa historia de amor de Anakin y Amidala y a algunos tramos de la primera mitad del film, acaban causando que las dos horas y cuarto de películas resulten exageradas. De nuevo, un crimen inmenso en la saga de Lucas, pues el entretenimiento constante y las ganas de más eran también señas de identidad hasta entonces.

No obstante, no se puede obviar que ese entretenimiento sigue ahí. Y si la primera parte puede resultar por momentos incluso un poco pesada, el segundo tramo de la obra es pura emoción y dinamismo. Ayudada por unos efectos visuales, de nuevo, extraordinarios, es un espectacular y divertido pasatiempo, aderezado con toques de épica y con una cierta complejidad en la trama que resulta muy enriquecedora y que le otorga cierta trascendencia.

Una trascendencia muy lejana de la que suponían las tres cintas originales, pero que puede que ayudara a levantar un poco el vuelo tras el dubitativo regreso de ‘La amenaza fantasma’. Elementos tiene: batallas épicas, abundantes y curiosas criaturas y planetas, un lado oscuro que se va perfilando como una verdadera amenaza, buenas dosis de intriga... Es cierto que se ven lastrados por una narración a ratos lenta y por esa historia de amor que eclipsa lo que de verdad queremos ver en Star Wars, mas ‘El ataque de los clones’ es un caramelo muy disfrutable en muchos sentidos. Y más si olvidamos la comparación que se establece con las películas originales. Ahora bien, no podemos olvidar de quién es sucesora porque, para bien o para mal, la herencia de Star Wars pesa y, aunque impide que este filme brille más en el firmamento creado por Lucas, también le permite ganar peso y atractivo por su aprovechamiento de una historia incomparable.

Lo mejor: la suma de elementos y piezas de la trama
Lo peor: que se hace pesada en algunos momentos, sobre todo en lo referido al romance de Anakin y Amidala
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 23 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio I: La amenaza fantasma' (1999), de George Lucas


El regreso al universo de Star Wars en el año 1999 fue, sobre todo desde el punto de vista de los aficionados a la trilogía original, una decisión más que controvertida. Tras haber repasado ‘Una nueva esperanza’, ‘El Imperio contraataca’ y ‘El retorno del Jedi’, es el turno de saltar 16 años y adentrarnos en el Episodio I: ‘La amenaza fantasma’, la película que materializó de forma paradigmática el, para muchos, polémico regreso de la franquicia ideada por George Lucas.

A pesar de su gran éxito de taquilla, derivado en parte de la presencia de estrellas y de jóvenes promesas de la interpretación, así como de una gran campaña de márketing, la crítica se mostró muy dividida sobre esta obra. Hubo una práctica unanimidad en torno a la espectacularidad de los efectos especiales y elementos técnicos, que recibieron varios reconocimientos y premios, incluyendo tres nominaciones a los Oscar. Pero al mismo tiempo se criticó la pobreza de las actuaciones y la escasa profundidad de la historia.

Lo cierto es que esas conclusiones se podrían extraer, grosso modo, de cualquiera de las entregas de la saga intergaláctica, aunque en esta ocasión el aspecto positivo no alcanza la perfección de otras obras, mientras el negativo sí se va acentuado. Prueba de esto último podrían ser las nominaciones a los Razzie y el “premio” a Ahmed Best al Peor actor secundario como voz de Jar-Jar Binks.

Precisamente el cómico personaje del planeta Naboo es uno de los más cuestionados en la saga y ejemplifica lo que sucedía con muchos de los elementos de esta trilogía de precuelas: derroche visual, cierta caricaturización y falta de aprobación por ciertos sectores del público, sobre todo el espectro formado por la legión de fans de la saga. Ellos fueron quienes más críticos se mostraron con una cinta que buscaba mantener el tirón comercial de sus predecesoras, multiplicando sus objetivos de merchandising, mas sin buscar la revolución o el impacto que la obra original había conseguido.



Es cierto que aspirar a repetir esos logros es misión casi imposible, aunque se hubiera agradecido una mayor voluntad de cuidar lo que Star Wars significa –como parece haber sucedido con ‘El despertar de la Fuerza’ en fechas más recientes–. No obstante, y a pesar de esta crítica, no podemos olvidar que el modelo no cambia, pues la saga de George Lucas siempre ha buscado el éxito comercial, prestando además gran atencon a aspectos ajenos al rendimiento en taquilla, como puede ser el merchandising. Al mismo tiempo, y ya en términos cinematográficos, los filmes de La guerra de las galaxias destacan por su capacidad de entretenimiento a través de la espectacularidad técnica y el dinamismo de trama, personajes y escenarios, algo que también sucede en el largometraje de 1999.

Por eso, aunque ‘La amenaza fantasma’ resulte menos novedosa o atractiva que lo que la franquicia había ofrecido hasta ese momento, y a pesar de haber decepcionado a muchas fans y de haber dividido a la crítica, hay que reconocerle que hace lo que Star Wars y George Lucas saben hacer: reventar las taquillas y ofrecer un impresionante espectáculo visual. El resto son, por así decirlo, añadidos. Y sí, fueron esos añadidos los que habían convertido a la trilogía original en un hito en la historia del cine, pero esas ya no eran las pretensiones de este Episodio I.

Lo mejor: que sigue siendo tan entretenida como espectacular
Lo peor: que pierda el sentido de trascendencia

Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 16 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio VI: El retorno del Jedi' (1983), de Richard Marquand


Al hablar del Episodio V mencionábamos que su valor yace en su condición de pegamento y pieza clave de la saga, pero menos como película independiente. Lo más destacado del Episodio IV, la primera de las entregas de la saga, había sido, por su parte, su papel como pionera en una concepción del cine nunca antes vista, lo que la convertía en uno de los largometrajes imprescindibles al analizar la evolución del séptimo arte. Cuando analizamos ‘El retorno del Jedi’ podemos encontrar una tercera visión. De la trilogía original es el episodio que más potencial podría tener como obra independiente.

Mas, como ocurre con cualquiera de las cintas de Star Wars, sería un error entenderla de forma aislada, pues una trilogía y una saga concebida como lo está La guerra de las galaxias funciona casi exclusivamente como un conjunto en el que las obras se retroalimentan y completan. Sin embargo, si tuviéramos que elegir –en un plano teórico– una de todas estas partes para verla y disfrutarla sin el resto, yo me quedaría con este Episodio VI. 

Más allá de su encaje en la saga, es una película particularmente entretenida y dinámica, con diversos escenarios, personajes e historias paralelas. La trama se va desplazando entre planetas y protagonistas, combinando en su trancurso géneros, desde la comedia al romance, pasando por el drama y la acción y dejando, por supuesto, espacio para la ciencia-ficción. El clímax llega en esa épica batalla final con el Emperador, Darth Vader y Luke Skywalker dirimiendo dónde residen las lealtades mientras las fuerzas imperiales y rebeldes se baten el cobre; el montaje paralelo en este tramo final y la incertidumbre sobre qué lado de la Fuerza triunfará alcanzan unos niveles de tensión y entretenimiento que impiden apartar la vista de la pantalla.

Muy atractiva en este filme es también la aparición de nuevas criaturas del universo Star Wars, como el Sarlacc, los Ewoks o los variopintos criados de Jabba, así como de nuevos planetas y entornos. Todos ellos, sin alcanzar la relevancia de los principales protagonistas, son los responsables de la riqueza de la saga, que se sigue aquí cargando de detalles y criaturas. Todo esto permite, a su vez, el aprovechamiento de unos efectos especiales que, como ocurría con ‘Una nueva esperanza’ y ‘El Imperio contraataca’, no tenían equivalente en su época.


Pero no debemos olvidar que, aunque hayamos resaltado su valor como obra con mayor potencial de brillar de forma aislada, su capacidad de hacerlo aumenta gracias a sus predecesoras. Y es que ese clímax que hemos señalado no lo es solo de este largometraje, sino de toda la trilogía, poniendo un broche de oro a una historia que debe ser entendida como la suma de tres episodios íntimamente conectados. De hecho, ‘El retorno del Jedi’ es un gran medida eso, un retorno a personajes, tramas y escenarios presentados en los dos filmes anteriores y que en este tercero encuentran su conclusión.

Porque sí, puede ser que este Episodio VI funcione aislado casi tan bien como dentro de la saga, pero solo como colofón de la misma se puede extraer todo su jugo. Y es que el verdadero fuerte de la cinta dirigida por Richard Marquand es su papel de punto final de una trilogía –punto y seguido dentro del conjunto de la saga– que cambió la historia del cine.

Lo mejor: su riqueza y dinamismo
Lo peor: que resulte menos novedosa que sus predecesoras
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 11 de agosto de 2017

Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (2017), de Guy Ritchie

Un Rey Arturo incapaz de ofrecer algo al público



Tiene los ingredientes para ser uno de los blockbusters del verano: una historia legendaria aderezada con magia y fantasía, un reparto cargado de talento y de intérpretes guapos –que, además, de vez en cuando no dudan en quitarse la camiseta–, un director con tirón como Guy Ritchie, generosos efectos especiales y de sonido, el cameo de David Beckham… Sin embargo, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur llega a la cartelera española tras haber protagonizado un importante fracaso en la taquilla internacional y sin la fuerza de otros grandes estrenos del verano, como Wonder Woman o Dunkerque.

Todd McCarthy decía en su crítica en The Hollywood Reporter que esta nueva adaptación del personaje del Rey Arturo es una obra “vulgar para tiempos vulgares”. Mas esa pobre actuación en la taquilla mundial desmiente sus palabras, demostrando que el público no es tan simple como algunos críticos piensan. La prueba es que los dos grandes éxitos estivales que acabamos de mencionar son tan completos y han recibidos críticas tan positivas –en especial la cinta bélica de Nolan– como muchas de las películas que triunfarán en la temporada de premios.

Y aunque es innegable la importante falta de nuevas ideas que sufre Hollywood y la banalización de muchos contenidos, los espectadores tienden a reconocer una mínima calidad y a desechar los productos que de verdad no aportan nada, como sucedió con la reciente adaptación de Los vigilantes de la playa, que ha pasado con más pena que gloria por los cines de casi todo el mundo. Y ahí reside la clave: para que una película triunfe, en términos generales, por supuesto, necesita ofrecer algo, preferiblemente nuevo, al espectador, porque la mayoría de personas que acuden a las salas no son estúpidas ni vulgares.

Y ese es probablemente el aspecto en el que falla La leyenda de Excalibur, pues no aporta nada a un personaje esencial en la cultura británica y mundial, que ya ha sido llevado en numerosas ocasiones a la gran pantalla. Ni el propio Arturo incorpora nuevos matices en su personalidad, ni el protagonismo de la espada como elemento articulador del relato es un elemento diferenciador, ni el componente fantástico y mágico destaca lo suficiente.

Sí es atractivo el uso de la cámara, con tomas oblicuas y poco habituales, así como de la banda sonora y de la estructura narrativa, con saltos temporales que añaden cierto desafío y motivación en el visionado. Se consigue así una cinta ágil y dinámica, pero de una forma que ya habíamos visto en el Sherlock Holmes del propio Guy Ritchie. Y lo cierto es que esa narración, a ratos acelerada y a ratos ralentizada, utilizando en ocasiones el montaje paralelo y con un protagonista tan sabelotodo y ocurrente se adapta mucho más al ingenioso inspector de Baker Street que al más solemne Rey Arturo. Con todo, esta estrategia es lo único que salva a la película, ya que consigue que resulte entretenida, algo muy apreciado en este tipo de pasatiempos veraniegos.

Por lo demás, un largometraje bastante pobre sobre un chico criado en un burdel que resulta ser el verdadero heredero al trono y que, con la ayuda de su pandilla callejera y de un grupo de fieles al antiguo rey, desafiará a su tío, que se hizo con la corona gracias a la magia negra. Charlie Hunnam, Jude Law, Erica Bana, Djimon Hounsou o Astrid Bergès-Frisbey son los encargados de dar vida a unos personajes demasiado fácilmente divisibles en buenos y malos, con escaso protagonismo de los roles femeninos y con un regusto a oscuridad y violencia que recuerda a Juego de Tronos, a la que aspira a parecerse. A ello contribuye la presencia de Aiden Gillen, Meñique en la exitosa serie de HBO. Pero en realidad esto, más que servirle de lanzadera, lo que consigue es que pierda identidad propia –si es que en algún momento la tuvo–, y que no consiga desprenderse de comparaciones, como ya ocurría con Sherlock Holmes, en las que sale perdiendo.

Por seguir comparando, son curiosas las semejanzas entre Arturo y el profeta Moisés, sobre todo en la huida de Arturo en una barca siendo un niño y en la posterior orden de Vortigern de apresar a todos los hombres con una edad similar a la que tendría entonces el heredero al trono. En cualquier caso, que nadie se piense que va a confundir al Arturo de Charlie Hunnam con el personaje bíblico, pues a lo que de verdad recuerda es a un hipster, con esa barba cuidada, ese pelo peinado hacia atrás con los laterales rasurados y esas vestimentas que, sin ser experto en la Edad Media, me recuerdan más a lo que podríamos ver en un bar moderno de Brooklyn que a lo que debían de vestir los habitantes de Londinium.


Una anacronía en el vestuario que se une a la de una banda sonora un tanto chocante en un largometraje de capa y espada y a la presencia de personajes racialmente diversos en la Gran Bretaña medieval. Aunque son toques interesantes, no dejan de ser detalles incapaces de dar el empaque suficiente a la obra en su conjunto.

Y al final, junto a dichos detalles, la única novedad de este Rey Arturo es ver a un hipster buenorro blandiendo una espada que sacó de una piedra y reclamando su legítimo trono. Y eso, por entretenida que resulte la película, no es suficiente para satisfacer a una audiencia que quizás no sea demasiado exigente, pero que no es del todo vulgar y que sabe que este Arturo no es digno de sacar la espada de la piedra.

(Publicado en Culturamas)

jueves, 10 de agosto de 2017

¿Simbolizan Wonder Woman o Daenerys Targaryen un cambio de modelo para una cultura audiovisual más igualitaria?



Como periodista siempre he defendido que, junto a la foto fija, para explicar una realidad es necesario observar también la tendencia. La situación actual en cualquier sociedad occidental (y suponiendo que Occidente está “desarrollado”) es la de una profunda desigualdad entre hombres y mujeres: en salarios, en violencia de género, en representación en puestos directivos y cargos políticos… Y también en industrias teóricamente progresistas como son el cine o la ficción televisiva.

Mas esa pésima realidad que necesita ser modificada con urgencia puede encontrar una visión más positiva si analizamos la tendencia durante los últimos años. Porque, a pesar de todos los pasos atrás que damos, la dirección es la correcta y los roles de género, la brecha salarial y, en general, todo tipo de discriminación, van desapareciendo, aunque no al ritmo que deberían. Y en este sentido este verano se están produciendo una serie de pasos, más simbólicos que reales, pero que resultan muy significativos y que muestran un cierto cambio de paradigma en la industria de la cultura audiovisual.

Uno de los fenómenos más destacados ha sido el estreno de la película Wonder Woman, la superheroína de DC Comics. Dirigida por Patty Jenkins y protagonizada por Gal Gadot, ha cosechado un éxito muy importante de crítica y público. Más allá de su consideración como icono feminista, lo que ha despertado importantes discusiones, el hecho de dar visibilidad a una superheroína que nada tiene que envidiar a sus colegas masculinos y que sirve como ejemplo de empoderamiento para niñas y mujeres es muy necesario. También lo es, por supuesto, que la dirección y el protagonismo tengan nombres de mujer y que el film, aunque sea por motivaciones comerciales, ponga la cuestión feminista sobre la mesa.

Ese argumento ha servido a su vez para que algunos espectadores se hayan mostrado poco interesados en el largometraje porque “una superheroína, como que meh…”. Pero precisamente ese prejuicio solo se derribará si los personajes femeninos poderosos van ganando espacio en la gran pantalla y se va haciendo cada vez más habitual que las mujeres protagonicen historias hasta ahora reservadas a los hombres.

Un ejemplo de esto sería el Agente 007, de quien en mayo de 2016 la actriz Gillian Anderson opinaba que podría ser interpretado por una mujer. No hay necesidad de que Bond sea un personaje femenino, pues el cine no está obligado a luchar por la igualdad, sino a ser artísticamente lo mejor posible y –nos guste o no, y sobre todo– a ser rentable para sus productoras. Pero por ese mismo motivo tampoco hay excusa para que Bond no pueda ser una mujer. Y si alguien piensa que una actriz no puede hacer lo mismo que Daniel Craig o Sean Connery es porque todavía nos parece raro que una mujer sea aficionada a los Martinis, a los coches caros o conquiste a hombres para poder frenar a un científico loco; ese es, exactamente, el rol que debe desaparecer en una sociedad moderna, y considerar la posibilidad de una Jane Bond es ya un primer paso en esta dirección.

Menos polémico, pues la práctica totalidad de la sociedad británica se ha mostrado favorable al cambio, ha sido el anuncio de la BBC de que la decimotercera identidad del Doctor Who será una mujer. Jodie Whitaker será la primera actriz que dé vida, desde su aparición en 1963, a uno de los personajes más míticos de la cultura popular británica. Han pasado 54 años para que una mujer llegara a interpretar al popular viajero en el tiempo, pero ese paso que hoy es noticia dentro de unos años será visto como algo normal.

También en televisión, y sin intención de desvelar nada de lo ocurrido en la nueva temporada de Juego de Tronos, sí parece acertado destacar el rol de las mujeres en el éxito de HBO. Es poco habitual que en una ficción fantástica, o simplemente no dirigida al público femenino, existan mujeres tan poderosas y con tanto peso en la trama. El hecho de tratarse además de una serie tan popular, que proviene además de la literatura y de combatir esos roles de género con total normalidad y sin grandes aspavientos, contribuye en pro de la igualdad de una forma menos directa o visible, pero quizás más útil y efectiva.


Porque el feminismo combativo y la lucha por la igualdad en la esfera política, social y académica son esenciales, pero a menudo son los productos mainstream sin grandes aspiraciones igualitarias los que más participan en el cambio de modelo. Porque el hecho de dar un rol dominante o tradicionalmente masculino a una mujer o que sea una directora quien esté detrás de las cámaras en uno de los blockbusters del año suponen, a veces sin pretenderlo, avances muy notables y demuestran que algo está cambiando.

Y a pesar de ello, lo anterior resulta insuficiente, sobre todo porque siguen siendo excepciones. Y sí, la tendencia es positiva y aparentemente imparable, pero la foto fija sigue reflejando una enorme falta de igualdad. Tanto dentro como fuera de la pantalla.

(Publicado en Culturamas)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Verano SyFy. Crítica: 'La guerra de las galaxias. Episodio V: El Imperio contraataca (1980), de Irvin Kerschner


Al hablar de ‘Una nueva esperanza’ destacábamos la revolución y el hito que esta película había supuesto en la historia del cine. ‘El Imperio contraataca’ continúa esa línea, sin la misma relevancia a nivel global, pero con mayor peso y atractivo dentro de la saga. Considerada por muchos la mejor de la trilogía ­–y por gran parte de ellos, también la mejor de la saga–, artícula los elementos clave de este universo cinematográfico y lo confirma, incluso a falta de que llegaran las siguientes entregas, como uno de los más importantes del séptimo arte.

Esto se debe, en primer lugar, a que Yoda su aparición hace. Se trata de uno de los personajes más originales, carismáticos e influyentes que nos ha ofrecido la gran pantalla, siendo precursos de numerosos personajes desde entonces: yo, por ejemplo, no puedo evitar ver a Dumbledore como heredero del pequeño maestro Jedi. De hecho, me atrevería a decir que Yoda es también un antecedente de esos coaches contemporáneos que persiguen ayudar y motivar a las personas a encontrarse a sí mismas.


También descubrimos en esta entrega gran parte del resto de elementos clave de la saga, como pueden ser el Emperador –que sí, también considero que es, parcialmente, precursor de Voldemort–, la verdadera dimensión de la Fuerza o la interesantísima y compleja figura de Darth Vader y su relación con su hijo.

Creo que conviene hacer un pequeño inciso: aunque tiendo a evitar los spoilers, no oculto esa declaración de Vader a Luke porque me resulta llamativo cómo uno de los mayores giros de guion en toda la historia del cine sea, a su vez, una de las escenas más conocidas de la misma. Y es que la mayoría de nuevos espectadores de la película se aproximan a ella conociendo este importante detalle. No obstante, es precisamente el conocimiento de su relación sanguínea lo que hace que, en detrimento de la sorpresa, la tensión y la lucha entre ambos esté cargada de suspense.

No hay duda de que este Episodio V presenta escenas y personajes imprescindibles para el cine y, sobre todo, para la saga. Porque esta cinta, más que ninguna otra, es esencial para comprender la trilogía ideada por George Lucas. Pero al mismo tiempo, solo es posible entender y, sobre todo, disfrutar esta obra, enmarcada en el contexto de La guerra de las galaxias, pues aislada pierde gran parte de su valor.

En una saga concebida como un conjunto y no como una suma de películas no parece que sea un problema tan grande, pero al analizar el filme de forma aislada sí que se nota esa falta de autoconclusión y se pierden notables matices. Es magnífica como secuela del Episodio IV y como precuela del VI, mas se vacía de contenido sin ellas. Esto también implica que 'El Imperio contraataca' resulte algo menos atractiva para quienes se nos sentimos tan identificados con la saga.

A pesar de ello, sigue siendo una obra entretenida y muy completa, con amor, criaturas y tecnología fantásticas, combates con espadas-láser, toques de comedia... Y sí, podríamos pedir más, sobre todo si queremos verla de forma independiente, pero... ¿queremos?

Lo mejor: su relevancia dentro de la saga
Lo peor: que pierda matices como película aislada
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 21 de julio de 2017

Crítica: 'Gru 3. Mi villano favorito' (2017), de Kyle Balda, Pierre Coffin y Eric Guillon


La llegada de ‘Gru, mi villano favorito’ en 2010 fue una de las mayores sorpresas del cine de animación de los últimos años. No solo por aportar algunas ideas frescas y por su diversión, sino, y sobre todo, por crear a esas figuras amarillas de incomprensible lenguaje que se han convertido en un fenómeno cultural y comercial casi nunca visto. Y es que el merchandising generado por los Minions ha ido mucho más allá del material escolar, los juguetes o los productos para niños, fascinando también a numerosos adultos, que comparten los cortos en sus redes sociales y que han contribuído en las impresionantes cifras de taquilla de las películas de Illumination Entertainment.

Porque ya van tres largometrajes de Gru, además de los numerosos cortometrajes y del spin-off protagonizados íntegramente por los Minions. Y no parece que los seguidores se estén cansando o que el universo de Gru y los Minions ya esté agotando, porque la taquilla sigue respaldando cada nueva entrega.

Ha vuelto a ocurrir con ‘Gru 3. Mi villano favorito’, que debutó haciéndose con el número uno en las taquillas de casi todos los países donde se ha estrenado, incluyendo Estados Unidos (donde sale perdiendo ligeramente en comparación con las anteriores entregas) y España (donde ha superado a sus dos predecesoras). Y es muy probable que las cifras y el éxito se repitan cuando llegue la secuela de ‘Los Minions’, esperada para 2020.

Pero lo cierto es que, aunque siga contando con el favor del público, Gru y sus asistentes han perdido gran parte de su frescura. La fórmula no ha varíado un ápice y la combinación entre el humor tierno de las niñas y el humor gamberro y anárquico de los Minions cada vez resulta menos efectiva. Puede que todavía siga funcionando en ciertos momentos de la cinta, con algunas –aunque menos que en las anteriores películas– secuencias bastante divertidas, pero se va quedando escaso.


La tercera aventura de Gru ofrece algunos nuevos personajes con potencial para ser aprovechados en futuras entregas, pero apenas hay evolución en los ya existentes. Ese es en realidad el lastre de ‘Gru 3’, pues prácticamente todo lo hemos visto ya antes. Está claro que la fórmula funciona y parece que los creadores han apostado por mantenerla, pero se echa de menos una ambición mayor: una decisión comercialmente inteligente, aunque artísticamente pobre.

La trama sí resulta algo más rica, con dos historias paralelas: por un lado, el reencuentro de Gru con su hermano gemelo, cuya existencia desconocía tras haber sido separados al nacer; por otro, la lucha del antihéroe protagonista contra Balthazar Pratt, un antiguo niño estrella dispuesto a vengarse de Hollywood por haber cancelado su serie durante los ochenta y que pretende robar el mayor diamante del mundo. Mientras tanto, la mujer de Gru aspira a congeniar con las niñas y los Minions, por su parte, hartos de que Gru haya dejado de lado sus villanías, deciden abandonarlo.

Hay material, y está claro que los personajes, la música de Pharrell Williams (con Morat y Álvaro Soler en la versión en castellano), la agilidad de la narración y la animación tienen el carisma y el atractivo suficientes para lograr una película divertida y entretenida. Y lo es, pero, menos que las anteriores entregas. Y si la saga de Gru y los Minions aspira a seguir dominando las taquillas quizá sea necesaria cierta renovación. No de la fórmula, que se ha probado inmejorable, pero sí de alguno de sus ingredientes.

Lo mejor: algunos golpes de humor
Lo peor: la comparación con sus predecesoras
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 20 de julio de 2017

Merkel se prepara para su cuarto mandato

FOTO: REUTERS/Axel Schmidt


Las críticas de izquierda y derecha hacia Angela Merkel por su gestión de la crisis de refugiados, el ascenso de los ultraderechistas de Alternativa por Alemania y el nombramiento a principios de año del hasta entonces presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, como candidato del Partido Socialdemócrata parecían augurar unas elecciones difíciles para la canciller. Pero en los últimos meses sus opciones de lograr un cuarto mandato han vuelto a aumentar.

El pasado mes de junio, en el debate y votación para aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo, el socialista Thomas Opperman se refería a esta decisión como “quizás mala para la coalición, pero buena para las personas”. En efecto, la alianza entre los socialistas del SPD y los democristianos de la CDU de Merkel, no pasa por su mejor momento. Sin embargo, parece el resultado más probable de los comicios que se celebrarán el próximo 24 de septiembre en Alemania.

Unas elecciones tradicionales

Pese a la irrupción de partidos populistas y extremistas en diversos países europeos y la ruptura de gran parte de los bipartidismos, los comicios alemanes podrían considerarse en gran medida continuístas. Según las encuestas, tanto la CDU como el SPD perderán votos, mas no se esperan grandes cambios en la composición del Parlamento, pues ambas fuerzas seguirán como primera y segunda. Lo más probable es que se repita una gran coalición entre ambos, liderada por los conservadores.

Como es habitual en el Parlamento germano, las mayorías absolutas están casi descartadas y la única alternativa viable sería un acuerdo de los conservadores con el Partido Democrático Libre (FDP), como ya ocurrió entre 2009 y 2013. Tras el descalabro sufrido por los liberales en los últimos comicios, en septiembre se espera que alcancen la tercera posición. Pero el margen de esta coalición es muy escaso (según la mayoría de encuestas, menos de diez escaños en un Parlamento formado por 598 diputados), por lo que la suma de ambas fuerzas podría no ser suficiente.

Junto al FDP, el otro partido que aumentará su representación en el Bundestag es Alternativa por Alemania (AfD). La crisis de los refugiados, el ascenso de partidos similares (el Frente Nacional francés, el partido de Geert Wilders en Holanda o el FPÖ en Austria) y sus buenos resultados en elecciones locales y regionales en los dos años pasados hacían pensar que AfD podría ser uno de los protagonistas de estas elecciones; pero las derrotas de los partidos de ultraderecha en los últimos meses y la menor importancia del tema de los refugiados en la opinión pública europea han frustrado sus perspectivas. Aunque crecerán con respecto a 2013, las listas que encabezan la economista Alice Weidel y el veterano jurista y antiguo miembro de la CDU Alexander Gauland no alcanzarán una presencia suficiente para ser relevantes.

Dúos al frente de sus listas

De hecho, se espera que no superen ni a Die Linke (La Izquierda) ni a Die Grünen (Los Verdes). Ambos partidos concurren a las elecciones de septiembre con dúos al frente de sus listas: la radical Sahra Wagenknecht y el moderado Dietmar Bartsch lideran Die Linke, mientras Katrin Dagmar Göring-Eckardt y Cem Özdemir hacen lo propio al frente de los ecologistas. Las dos fuerzas de izquierda, más suavizada en el caso de Los Verdes, rondarían el 8% de los votos, con cifras muy similares a las obtenidas hace cuatro años, aunque menores de lo que predecían en 2016.

Y es que a lo largo del 2017 la política alemana ha vuelto a lo que podríamos considerar normal: las llegadas de refugiados han caído; el CSU de Baviera y el partido de Merkel, tradicionales aliados que se habían distanciado por la política aperturista de la canciller con los inmigrantes, volvieron a acercar posturas; la economía alemana sigue creciendo por encima de la media de la UE; y todas las crisis que han surgido en Europa, desde el brexit, al conflicto ucraniano o el rescate a Grecia, parecen haberse calmado.

En este contexto, es de esperar que prime el continuísmo y que Merkel consigua su cuarto mandato al frente del Gobierno teutón. Y, aunque con un margen más estrecho, lo lograría de nuevo gracias a una gran coalición. Podría haber sorpresas de aquí a septiembre, pero a los alemanes tiende a gustarles lo previsible.

(Publicado en bez.es)

miércoles, 19 de julio de 2017

Verano Syfy. Crítica: ‘La guerra de las galaxias. Episopio IV: Una nueva esperanza’ (1977), de George Lucas


No podía faltar. En este verano que en Los Lunes Seriéfilos estamos dedicando a la ciencia-ficción era inevitable volver la vista a la que es una de las películas más relevantes, exitosas e influyentes en la historia de este género –y de todo el cine, en realidad–.

Soy demasiado joven para comprender el fenómeno de la primera trilogía de Star Wars y lo cierto es que mi afición por el séptimo arte nació bastante tarde, por lo que también me perdí la segunda trilogía. Ahora, envueltos de nuevo en una nueva vorágine de aventuras galácticas, me intereso por estos estrenos como cinéfilo más que como fan de la saga. Y así es como he visto ‘La guerra de las galaxias. Episopio IV: Una nueva esperanza’: más como una pieza clave en la historia del cine que como una cinta con la que me sienta identificado. 

Porque le falta algo que me impide una mayor fascinación: tal vez cierta profundidad en la historia o quizás una mayor introspección que permitiera una película con valor por y para sí misma, sin estar tan condicionada por su revolución técnica y comercial, aspectos en los que reside su mayor interés. Y aunque estas podrían considerarse debilidades importantes en cualquier otro filme, lo cierto es que la valía de Star Wars, sobre todo de esta primera obra, reside en el significado de la cinta fuera del plano estrictamente cinematográfico. Y como tal es obligatorio admirar sus logros. 

Siendo el mayor de ellos, quizás, que ‘Una nueva esperanza’ puede ser considerada mainstream según la concepción actual. Y esto se debe a que constituye un elemento esencial para establecer lo que hoy consideramos como mainstream, fijando el rumbo que otras obras posteriores habrían de seguir. Y quizás nunca tanto como en la actualidad, con un Hollywood centrado en producir sagas capaces de generar merchandising sin parar y otorgando a los efectos especiales un papel preponderante. Precisamente las características que definían al clásico de George Lucas de 1977 y que son las que también determinan la mayoría de largometrajes que encabezan las listas de taquillazos de los últimos años. 

Y ya que mencionamos a George Lucas, hay que reconocerle como padre de la criatura. No por su magnífica dirección o por la calidad de su obra, ambas notables pero no sobresalientes, sino por lo que supuso. Su visión comercial –sobre todo esa conocida decisión de ceder los derechos de las películas a cambio de los futuros ingresos por merchandising–, su inagotable imaginación y su uso de tecnologías revolucionarias convirtieron al ‘Episodio IV’ en una pieza única hasta entonces y en el eslabón perdido que marcaría la evolución de todo el cine posterior. Y no solo del cine como arte, sino también, y sobre todo, del cine como industria. 

Y aunque nos estamos centrando en el papel que Star Wars juega en un plano extracinematográfico, no es tampoco desdeñable su calidad artística. Sin ser una obra maestra, desborda imaginación, entretenimiento y novedad. Desde la mítica y archiconocida introducción en la que ya se intuye la inolvidable banda sonora de John Williams, hasta la riquísima variedad de personajes, vestuarios, tramas y mundos, todo en el film nos hace ver que estamos ante algo único. 


Única y pionera, porque sus novedades no se ciñen a los efectos especiales o a la comercialización, sino también a un guion en el que se cuidan todos los detalles y en el que, por ejemplo, gracias a la luchadora Princesa Leia, se rompen parcialmente algunas concepciones sobre roles de género y de amor romántico que seguirían prevaleciendo todavía durante mucho tiempo. 

Y el mérito es adicional si tenemos en cuenta que este ‘Episodio IV’ se concibe como tal. Es la primera película de la saga, pero ya pensada como cuarto episodio de una historia mayor, algo que, indudablemente, complica y enriquece la construcción de la historia y de los personajes, haciendo que cada comentario o pasaje tenga que ser muy cuidado para mantener la coherencia con las tramas que sucederían a esta. 

Todas ellas colaborarían a engrandecer, de una forma u otra, la leyenda de esta saga y a desarrollar su universo. Pero lo veremos en próximas semanas. Por ahora, disfrutemos de todo lo que ofrece este clásico, sin olvidar que con él, en una galaxia muy, muy lejana, nacía uno de los mayores mitos del cine.

Lo mejor: su influencia en el cine que vendría después
Lo peor: la escasa profundidad de la narración
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)