domingo, 20 de mayo de 2018

[Festivales] Arranca el V Festival de Cine y Televisión Reino de León con la presencia de Santiago Zannou

[Festivales] Arranca el V Festival de Cine y Televisión Reino de León con la presencia de Santiago Zannou

El Festival del Cine y Televisión Reino de León comienza su V edición con 'El Fantástico Hidalgo de la Estepa Póntica' y 'Como un reflejo'


En el día en el que Terry Gilliam presentaba –¡por fin!– su Quijote maldito en Cannes, era también el ingenioso hidalgo de Cervantes el encargado de levantar el telón al V Festival de Cine y Televisión Reino de León. El documental ‘El Fantástico Hidalgo de la Estepa Póntica’, de Javier Alcaine, cerraba una gala que tuvo en el cortometraje ‘Como un reflejo’ y en la presencia de Santiago Zannou como padrino sus otros puntos fuertes. 

La gala fue conducida por la actriz Carolina Aller y el cómico Sergio Temprano en el Teatro San Francisco de la capital leonesa y contó con la participación del director del festival, Tomás Martínez y del alcalde de León, Antonio Silván, así como con la actuación musical del cantautor Emilio Protocolo. La estrella, sin embargo, ha sido Santiago Zannou, ganador del Goya a Mejor director novel en 2009. 

Fueron los encargados de levantar el telón de un festival que celebra ya su quinta edición y que parece asentarse tras años muy complicados en los que la supervivencia del mismo estuvo en duda. El festival, que celebró su primera edición en 2009, y la segunda en 2011, parece haber cogido fuerza y estabilidad en los últimos tres años. La edición de 2018, orientada fundamentalmente al cine con 119 proyectos, será más extensa que las anteriores, con 14 días de duración, y con algunas secciones nuevas, como la de Cine de escuelas, por la que se proyectarán diversos cortometrajes en colegios de la ciudad.

Entre las secciones que se mantienen, Portugal de cine, con proyecciones del país vecino, o la de Cine con sentido, que apadrinó el director Santiago Zannou. El responsable de trabajos como ‘El truco del manco’ o ‘Alacrán enamorado’ puso de relieve la importancia de un cine que, además de entretener y contar historias, haga reflexionar.

[Festivales] Arranca el V Festival de Cine y Televisión Reino de León con la presencia de Santiago Zannou

Lo mejor de la gala, el cine 


Y hacer reflexionar es precisamente lo que logró el corto peruano ‘Como un reflejo’, de José Antonio Muñoz y Jorge Pablo Quiróz, que asistieron a la ceremonia para presentar su trabajo, perteneciente a la sección de Cine Latinoamericano. Narra la historia de un psicólogo, padre soltero, que se encuentra al límite de sí mismo, como toda la sociedad que le rodea, sumida en el caos y la oscuridad tras haber desaparecido el sol. La cinta, compleja y capaz de transmitir la sensación de los personajes al espectador, resultó bien acogida entre el público. 

Algo que también sucedió con ‘El Fantástico Hidalgo de la Estepa Póntica’, un (falso) documental sobre la posible existencia de una versión del Quijote anterior a la de Miguel de Cervantes. Una historia ágil y sencilla, que resulta entretenida y divertida, y que fue presentada por su director, Javier Alcaine, y por el productor, Isidro Gómez. 

Con la ovación que siguió a la película comienzan 14 días de cine en el Reino de León.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 10 de mayo de 2018

'Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas', una serie con una estética y una narración únicas

'Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas', una serie con una estética y una narración ú

La segunda temporada de la producción de Netflix se mantiene fiel a la primera temporada y, sobre todo, a su personalísimo estilo. Algo que, más allá de gustos, hay que reconocer como mérito y valentía


Tal vez ya ocurriera en la primera, pero en esta segunda temporada la figura de Lemony Snicket, no solo continúa ganando peso, sino que se convierte en la representación del conjunto de la serie. Él demuestra mejor que ningún otro personaje o elemento que la serie juega en el alambre, forzando la incomodidad y el pesimismo en la narración, pero resultando original hasta el extremo y con una capacidad única para trabajar el humor metarreferencial. 

Sigo pensando que Snicket es un cenizo y un aguafiestas: toda la emoción de una posible redención o de un final parcialmente feliz se evapora con las interrupciones de este narrador/personaje, que le restan además fluidez y ritmo. Sin embargo, a pesar de esta valoración personal, hay que reconocer que esa es precisamente su intención y que esta estrategia narrativa implica un elemento diferenciador y muy particular de la serie. Así, la producción de Netflix no solo mantiene, sino que acentúa su marcado estilo propio.

El estilo único y diferenciado de 'Una serie de catástroficas desdichas'


Estilo propio, primero, en la narración, pues a la figura de Snicket se suma esa construcción iterativa de las tramas, con los capítulos agrupados en parejas, cada una de ellas con personajes y escenarios distintos. Los altibajos son continuos, con momentos de verdadera tensión, otros de auténtica desdicha y otros cargados de un humor basado en la repetición y el ridículo de las situaciones y los personajes. La narración es, en esta segunda temporada, mucho más rica, con una mayor presencia de la trama subyacente, que actúa como hilo conductor, y que tiene a los voluntarios del VFD como protagonistas. Esa organización secreta a la que pertenecían los padres de los Baudelaire y que parece estar detrás de todo lo que les ocurre gana fuerza y dota a toda la temporada de una mayor complejidad. 

Complejidad que se traslada a los personajes, más numerosos, que adquieren un trasfondo y que comienzan una notable evolución, sobre todo Olaf, que ya no solo se formula solo como un villano ridículo y estrambótico, sino que comienza a adquirir profundidad gracias a un pasado que se intuye complejo e interesante. Para ello es esencial la interpretación de un extraordinario Neil Patrick Harris, al que acompaña un elenco de estrafalarios y patéticos personajes. En ellos encontramos otra muestra de ese estilo tan particular de ‘Una serie de catastróficas desdichas’, con sus peculiares disfraces, sus acentos, sus expresiones y comportamientos repetitivos y su casi entrañable estupidez. Algo de lo que solamente escapan los personajes infantiles, quizás los menos interesantes de la serie. 

Por último, el estilo propio se aprecia también en el componente visual, intencionalmente pobre para los efectos especiales, pero muy atractivo en el vestuario y los escenarios, siempre exagerados, decadentes y grotescos, que transmiten con más fuerza la incomodidad. También el uso de la luz y el color, tenues y apagados casi siempre, y con paletas cromáticas muy reducidas, diferentes en cada subtrama.

'Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas', una serie con una estética y una narración ú

Inteligencia y atención a los detalles


Todo esto plantea numerosos desafíos, pero los creadores encuentran siempre soluciones narrativas, la mayoría de ellas muy inteligentes. Porque precisamente esa inteligencia y capacidad de inventiva son otro sello de identidad, con una grandísima atención a los detalles y con abundantes guiños a la propia serie y a su contexto y. La mayoría de estos, provenientes de Lemony Snicket, que explota su rol de narrador omnisciente. 

Volvemos así al comienzo, porque sigo sin poder soportar al personaje de Patrick Warburton, pero creo que lamentaré su pérdida tras la tercera temporada, que ya está asegurada y que será la última. Si todo sigue como en la segunda, la exageración, la repetición, el humor, la incomodidad, el pesimismo, pero también la adicción, la inteligencia y la curiosidad volverán a ser los sellos de identidad de una serie totalmente particular.

'Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas', una serie con una estética y una narración únicas

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 24 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Iron Man 2' (2010), de Jon Favreau

Crítica: 'Iron Man 2' (2010), de Jon Favreau

Estos días que anteceden al estreno de ‘Infinity War’ son buenos para reflexionar sobre la evolución del cine de superhéroes. Es lo que estamos haciendo en Los Lunes Seriéfilos, de hecho. Una de las conclusiones que podemos extraer es la madurez y complejidad que han alcanzado gran parte de las películas. Aunque una gran parte del sector cinematográfico pueda despreciar estas obras como productos industriales en los que solo prima el espectáculo audiovisual y el negocio –no seré yo quien les quite toda la razón–, sí que debemos reconocer el crecimiento del género, con cintas cada vez más inteligentes, profundas y elaboradas.

La gran cantidad de trabajos con los que Marvel y DC nos han bombardeado en los últimos años ha obligado a ambas franquicias a que sus productos deban mejorar y distinguirse entre ellos. Así, junto a algunos trabajos muy decepcionantes, tenemos cintas más autoparódicas como ‘Deadpool’; con un contenido más político-social, como ‘Wonder Woman’ o ‘Black Panther’; con un mayor desarrollo de personajes y seriedad, como ‘Civil War’; o con una adecuada mezcla de ingenio y humor, como ‘Guardianes de la Galaxia’. Dentro de este último grupo podría encajar también ‘Iron Man’. 

Pero esta es la crítica de su secuela, una cinta que ejemplifica ese tipo de cine de superhéroes que tantas veces se critica y que escapa de la ingenuidad e inocencia de las películas de superhéroes más tradicionales sin alcanzar la evolución que este cine ha alcanzado en fechas más recientes.

Crítica: 'Iron Man 2' (2010), de Jon Favreau

‘Iron Man 2’ carece del ingenio y carisma de la original. Intenta repetir la fórmula, aunque sin éxito, quedándose en un montón de lugares comunes hasta resultar predecible y tópica. No obstante, Robert Downey Jr. y su traje siguen teniendo algo que atrae. Y tal vez sea por su excesiva sencillez y lo poco que hace pensar, pero funciona como entretenido pasatiempo. También sus efectos visuales ayudan en este aspecto.

Sin embargo, estos efectos especiales resultan más ruidosos que impresionantes, demostrando lo mal que ha envejecido una obra del 2010. Y ese envejecimiento no se deriva únicamente del aspecto técnico. De hecho, donde más se nota que ‘Iron Man 2’ se queda atrás con respecto a sus sucesoras es en su guion, sus personajes estereotipados y vistos mil veces y su trama, demasiado básica. 

Parece que eso se va acabando y que los largometrajes basados en los comics de Marvel –y, en menor medida, DC– han sabido seguir una senda más trabajada y multidisciplinar, no fiándolo todo al componente audiovisual. Y para eso también sirve ‘Iron Man 2’: para mostrar la evolución del Marvel Cinematic Universe desde entonces. 

Lo mejor: que sea capaz de entretener 
Lo peor: su simplicidad, predictibilidad y falta de originalidad 
Nota: 5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 23 de abril de 2018

[Documental] 'Avicii: True Stories': retrato de una vida que explica una muerte

Tras conocer la muerte del DJ y productor sueco Avicii repasamos el documental 'Avicii: True Stories', estrenado en octubre y que en muchos aspectos anticipa y explica las causas indirectas de su fallecimiento el pasado viernes

 'Avicii: True Stories': retrato de una vida que explica una muerte

Este viernes trascendía la muerte de Tim Bergling, más conocido como Avicii, en Mascate, la capital de Omán. Aunque las circunstancias de la muerte no se conocen con absoluta claridad, parece que se debió a la pancreatitis aguda que sufría desde hace años y que en parte venía derivada de una excesiva ingesta de alcohol. Es un momento muy adecuado para revisar ‘Avicii: True Stories’, un documental estrenado en octubre de 2017 y disponible en Netflix, no solo por la percha informativa, sino porque, independientemente de las causas directas del fallecimiento, el trabajo de Levan Tsikurishvili refleja el contexto y los detonantes que han podido estar detrás del mismo.

‘True Stories’ repasa la carrera del DJ y productor sueco desde sus comienzos en el mundo de la música electrónica hasta su retirada en 2016, pasando por el éxito que alcanzó con ‘Levels’ y que lo convirtió en una estrella, sus giras o sus problemas de salud. Cuenta con testimonios de artistas como David Guetta, Wyclef Jean o Tïesto y con abundante material inédito de Bergling y de su entorno más cercano. Pero el montaje no es demasiado atractivo, pues resulta demasiado básico, sin estilo y sin la suficiente profundidad en muchos aspectos, sobre todo de su música. Y es que el componente musical resulta demasiado escaso para un documental sobre un productor y creador como Avicii. Esto puede deberse a que en último término lo que parecía intentar el documental era justificar las causas de su retirada más que adentrarse en su carrera.

Mas las condiciones han cambiado radicalmente con la noticia de su muerte. Y lo que podría haber sido una biografía más o menos mediocre, se convierte ahora en una ilustración esencial para comprender la industria de la música electrónica de baile y una nueva visión de lo que implica la fama y el éxito.

 'Avicii: True Stories': retrato de una vida que explica una muerte

En un momento del metraje se conecta el ascenso de la música house y dance con el ascenso del propio Avicii en una analogía que no parece descabellada, pues ha sido en los últimos años cuando los grandes hits y los festivales de este tipo han alcanzado cotas de popularidad nunca antes vistas. Y en parte ha sido gracias a Avicii, pues con temas como ‘Levels’, ‘Hey, Brother’ o ‘Wake Me Up’ alcanzó el mainstream y contribuyó al crecimiento no solo de este estilo musical, sino del negocio y la industria que lo rodean.

Y son esa industria y el éxito, que demandan cada vez más shows, más sencillos, más colaboraciones, quienes dieron lugar a esa ansiedad que obligó a Tim Bergling a anunciar su retirada en 2016 y a cancelar eventos durante los meses previos. También es responsable de esta situación la pancreatitis que sufría desde 2013 y que se derivaba de sus adicciones, sobre todo su alcoholismo. En conjunto, un estilo de vida no solo alocado, sino mucho más exigente de lo que el espectador medio pueda imaginar, y que es común a gran cantidad de estrellas, particularmente a las de música electrónica de baile (EDM).

En 2017 las consecuencias de este estilo de vida habían sido la cancelación de varios eventos y la retirada de los escenarios, pero sin abandonar la faceta productora y creadora. De hecho, el documental termina anunciando un trabajo que vería la luz poco después del estreno del film. Así fue y eso podría haber hecho pensar que una vida más relajada podría haber resultado positiva para el artista sueco de 28 años. Sin embargo, su muerte esta semana demostraba que probablemente no había sido suficiente.

Tanto su vida como su muerte son paradigmáticos, no solo para representar el funcionamiento de la industria de la EDM, sino también para mostrar que los ascensos meteóricos y el éxito desbordado siguen suponiendo el sueño y la pesadilla de una larga lista de estrellas fallecidas demasiado pronto y de forma dramática.

Lo mejor: la relevancia que ha ganado el documental para explicar las causas indirectas de la muerte de Avicii
Lo peor: su deficiente montaje y factura
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 22 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Hace una semana el mundo, o la parte de él al que este tipo de noticias le afectan, se estremecía por el ataque de Estados Unidos, en coalición con Francia y Reino Unido, sobre Siria. Aunque el bombardeo se saldó, hasta donde se sabe, sin víctimas civiles ni militares, se desconoce el riesgo real que existió para soldados y civiles sobre el terreno. Lo que sí es casi evidente es que el riesgo para los atacantes fue muy bajo. Esa es la tónica habitual en una gran cantidad de operaciones militares en la actualidad, en la que los misiles teledirigidos o lanzados desde drones han permitido que el peligro para quienes aprietan el botón sea casi inexistente. 

Esto, que podrían ser buenas noticias cuando quien dispara es “de los buenos” –no hay comillas suficientes para remarcar esto–, plantea una serie de dilemas éticos muy importantes. Esos dilemas son los que 'Espías en el cielo' ('Eye in the Sky', 2015) pone sobre la mesa.

La película narra una operación de captura dirigida por el ejército británico, en colaboración con las fuerzas armadas estadounidenses y kenianas, sobre terroristas de Al Shabbaab en Nairobi (Kenia). Sin embargo, un cambio de circunstancias obliga a que el objetivo de la misión pase a ser matar a los terroristas. El protagonismo recaerá entonces sobre los pilotos del dron, que actúan desde Estados Unidos y que serán quienes deban efectuar el lanzamiento del misil, y sobre el gabinete, con presencia de un ministro, reunido en Londres, que será quien deba decidir si se da luz verde al operativo.

Y en esa cadena de decisiones entran en juego diversos conflictos militares, políticos, legales y, sobre todo, morales. Decisiones que deben ser tomadas con celeridad y bajo una inmensa presión, sabiendo que hay muchos intereses, además de vidas inocentes, en juego. Pero la obra de Gavin Hood no se posiciona con claridad, intentando reflejar la complejidad de las decisiones militares que se toman a miles de kilómetros y el error que supone utilizar argumentos simplistas o totales en esos debates. 

Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Una lección de humildad a todos los que alaban o critican sin el conocimiento y la empatía suficientes sobre un asunto mucho más complejo y lleno de aristas de lo que la mayoría de la población pueda suponer. 

Pero también una lección de cine. Primero, por la interpretación de sus magníficos actores, sobre todo Helen Mirren ('La dama de oro') y Alan Rickman. Segundo, por su construcción del suspense, siguiendo la lección de Hitchcock y la bomba bajo la mesa, solo que aquí la bomba no está bajo la mesa, sino en un misil que cae de un avión no tripulado. Y tercero, por el control de la narración y su estructura, que ayuda a construir la tensión, a transmitir la complejidad de la cadena de mando y de asunción de responsabilidades y a profundizar en la discusión sobre las nuevas formas de hacer la guerra.

Una discusión que queda premeditadamente inconclusa, porque la operación se cierra, con mayor o menor éxito, pero el dilema permanece abierto. Mientras tanto, los espías seguirán en el cielo. Y los inocentes, saltando por los aires. 

Lo mejor: su tensión y el debate moral que plantea 
Lo peor: que puntualmente recurra a algún truco para ganar efectismo
Nota: 8,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 12 de abril de 2018

[Documental] 'Dawson City: Frozen Time': homenaje al cine mudo gracias a la fiebre del oro

'Dawson City: Frozen Time': homenaje al cine mudo gracias a la fiebre del oro

Hace años (aunque reconozco que sigo haciéndolo de vez en cuando), solía jugar a un juego de estrategia en tiempo real en el que una de las partidas, mi preferida, incluía una gran mina de oro en el centro del mapa: esa partida se llamaba Klondike. Klondike es el nombre de un río, afluente del Yukon, en la zona noroeste de Canadá, en el que a finales del XIX se descubrió la presencia de oro, lo que dio lugar a una fiebre del oro breve e intensa.

Ha sido una casualidad que descubriera esto ahora a través de un documental de Bill Morrison titulado 'Dawson City: Frozen Time' que fue estrenado en 2016 y que llega mañana, 13 de abril, a la plataforma Filmin. Pero la historia que hizo posible la creación de dicho trabajo es mucho más casual y afortunada. 

En 1896, de forma también un tanto casual, se descubrió la presencia de grandes cantidades de oro en el río Klondike, cerca de Dawson City. Enseguida la noticia se expandió y en 1898 la población de esta ciudad alcanzaba las 40.000 personas. La fiebre del oro comenzó a apagarse al año siguiente y la población de Dawson City se redujo drásticamente.

Esa ciudad, casi en el fin del mundo se convirtió en el final de la trayectoria de las proyecciones cinematográficas de los primeros años del siglo XX. Así, los rollos de celuloide, que en ocasiones llegaban a Dawson con varios años de retraso, no regresaban ni continuaban su ruta siendo almacenados o destruidos allí. Los avatares de la historia hicieron que gran cantidad de esas películas se almacenaran en una piscina que sería cubierta de tierra y que, en 1978, seria desenterrada como parte de las excavaciones de una nueva construcción.

'Dawson City: Frozen Time': homenaje al cine mudo gracias a la fiebre del oro

Conservadas en cajas en condiciones de frío extremos, el azar permitió recuperar centenares de obras de cine mudo que, de otra forma se habrían perdido –se calcula que solo el 20% de las grabaciones anteriores a la entrada del sonoro se conservan en la actualidad–. 

Una historia fascinante, pura arqueología cinematográfica, narrada de forma casi exclusiva con el metraje encontrado en Dawson City y con fotografías y recortes de periódico de la época, y con el único acompañamiento de algunos comentarios impresos sobre la imagen y una banda sonora muy adecuada.

Esa banda sonora, así como el montaje de los materiales, permiten a la obra una atractiva búsqueda de belleza. Así, a pesar del indudable estilo documental, riguroso, cronológico y con escasa mediación, Frozen Time no permite únicamente la profundización en la historia, sino también el deleite y el disfrute con la misma. 

Un disfrute que tal vez se vea empañado por una duración –dos horas– un tanto excesiva. Excesiva porque el espectador actual puede no estar acostumbrado a obras mudas, mas escasa si se tiene en cuenta la ingente cantidad de material que se encontró y que merecería ser difundido. En este sentido se aprecia un magnífico trabajo de análisis y síntesis por parte de Bill Morrison, que de metraje encontrado y de filmes antiguos sabe una cosa o dos, y de su equipo.

Y todo ese material no hace sino confirmar una vez más que el cine no deja de ser un reflejo de la realidad. Incluso cuando no tiene vocación documental, actúa como muestra de cómo es el mundo que nos rodea, cómo lo percibimos y qué medios tenemos para hacerle frente. 

Y si, como dice McLuhan, el medio es el mensaje, 'Dawson City: Frozen Time' analiza ambos: el mensaje porque nos cuenta la historia de una ciudad y de una época; y el medio porque es una preciosa reflexión sobre el cine y sus orígenes. Y con ello demuestra que el cine y la historia, aun con sus formatos físicos desaparecidos, son eternos. 

Lo mejor: la combinación de repaso histórico con canto al cine 
Lo peor: que pueda hacerse ligeramente larga 
Nota: 8,5


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 2 de abril de 2018

[Series] 'The Terror': tensión y frío en el ártico

'The Terror': tensión y frío en el ártico

En 1845 partió de Inglaterra la Expedición Franklin con la intención de completar el codiciado Paso hacia el Noroeste. Inmersos en la época del colonialismo, los británicos aspiraban a dominar el paso por el Ártico que les permitiera conectar y comerciar con Asia sin bordear el continente africano. La expedición, compuesta por los modernos y poderosos navíos Erobus y HMS Terror, quedó atrapada por el hielo y todos sus tripulantes fallecieron. Las investigaciones llevadas a cabo ya en este siglo han afirmado que las muertes se produjeron por neumonía, tuberculosis, escorbuto, así como por los efectos del frío y el hambre –se cree incluso que algunos de los expedicionarios llegaron a recurrir al canibalismo–, todo ello agravado por el envenenamiento derivado del plomo de las latas de conservas. 

Este 3 de abril se estrena en AMC 'The Terror', una serie de diez capítulos, producida por Ridley Scott y que ha despertado el aplauso de la crítica y una notable expectación. La novedad de la serie, inspirada en la novela homónima de Dan Simmons, es la incorporación de elementos ficticios que añaden a la desesperación, el aislamiento y el frío extremo un componente de terror inexplicable y paranormal.

Así, la zona que bordea la isla del Rey Guillermo, en el norte de Canadá, donde quedan atrapados los miembros de la tripulación se transforma en un entorno más amenazante si cabe. La tensión, la construcción de un peligro invisible, en un contexto especialmente duro y con personajes llevados al límite hacen que podamos sentir en nuestras casas una amenaza al acecho constante y, sobre todo, un frío helador como el que debían de sentir los protagonistas. 

Para descargar esa ansiedad la serie dirigida por Edward Berger incorpora interesantes flashbacks que, además de introducir una nota de color en una producción oscura y neblinosa, ayuda a construir la historia y el carácter de los protagonistas, dotándoles a ellos y a la trama de complejidad y profundidad.

'The Terror': tensión y frío en el ártico

Es inevitable la comparación con 'Master and Commander', ambientada en el mismo siglo y en también a bordo de una embarcación inglesa. Aun situada en el extremo opuesto del globo, la que probablemente sea la mejor película sobre aventuras navales podría encontrar una digna sucesora en esta serie. Y es que resulta ambiciosa, grandiosa, un prodigio técnico y visual, emocionante, narrada con pulso… Además de contar con las magníficas interpretaciones de notables actores británicos con amplia experiencia en exitosas series, como Tobias Menzies ('Juegos de Tronos' o 'Outlander'), Jared Harris ('Mad Men' o 'Fringe') y Ciarán Hinds ('Roma' o 'Juego de Tronos'). 

Todos estos elementos, junto a la combinación de hechos reales con aspectos ficticios que le añadan suspense, hacen esperar que la serie tenga un mejor desenlace –tal vez no en la trama, pero sí en su andadura televisiva– que el evento histórico. Como buen rompehielos, 'The Terror' avanza segura y firme, demostrando que en el mar de las ficciones televisivas hay sitio para los grandes navíos en los que navegan los buenos trabajos.

'The Terror': tensión y frío en el ártico

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 1 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

En el día de Pascua, Domingo de Resurrección, día grande en el calendario litúrgico cristiano, llegamos al final de este especial centrado en las películas de Semana Santa. Y lo hacemos con una obra cuyo título resulta suficientemente explicativo: 'Resucitado'.

Se trata de una película muy nueva –2016–, sin la fuerza de la mayoría de cintas habituales en esta semana, y sin gozar de la tradición e implantación de ellos. Es novedoso y atractivo, al menos en cierto sentido, el protagonismo otorgado a un tribuno romano –cosa, por otra parte, habitual en títulos como 'Quo Vadis?' o 'Espartaco'–, pues aporta cierta perspectiva a la Pasión y, en este caso, Resurrección del Mesías, permitiendo la identificación del espectador con las dudas y comportamiento de Clavius. 

Es una apuesta muy interesante, con capacidad para alcanzar gran profundidad en aspectos religiosos y casi sobre los propios orígenes del cristianismo. De hecho, el planteamiento de la película, junto al desarrollo del protagonista, podrían permitirlo. No obstante, ni el film consigue mantener totalmente su sutilidad y cuidada aproximación, ni el personaje de Clavius consigue completar su arco de transformación de la manera que cabría esperar. Y eso a pesar del notable trabajo de Joseph Fiennes.

El potencial es notable, en parte porque las cintas que se centran en los hechos que suceden a la Resurrección de Cristo son más escasas que aquellas centradas en su vida y muerte, mas también por la forma de plantear dicha historia. Finalmente, aunque no logra explotar todas sus virtudes, queda la sensación de haber visto algo diferente, aunque sea poco memorable.

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Tampoco es su intención resultar imprescindible, pero en su búsqueda de un equilibrio entre el cine más épico y las producciones religiosas de mayor espiritualidad y sencillez, no encuentra nunca su camino. Sí lo encuentra en su servicio propagandístico del cristianismo, ya que, si bien 'Resucitado' ('Risen') es una adaptación bastante libre de las escrituras canónicas, sí que aspira a un fin último de servicio como promotora del mensaje de Jesucristo. Aunque sea de forma inconclusa y ambigua. 

Ambigua es también la estética, que resulta difícil de identificar: clásica por un lado y con toques más vanguardistas por el otro. Intenta aprovechar algunos avances técnicos, sobre todo en el aspecto visual, pero sin conseguirlo, perdiendo con ello gran parte de su fuerza, pues esos intentos quedan en nada. 

Al final, tanto a nivel visual como, principalmente, en el nivel del contenido y la historia, 'Risen', de Kevin Reynolds, podría haber ofrecido mucho más. Desde luego, narrar el hecho más trascendental en el que se apoyan las diversas corrientes del cristianismo puede dar para más y mejores obras, pero la película de Kevin Reynolds consigue capturar parte de la esencia de ese misterio y, sin convertirse en la pieza clave para comprenderlo, sí que es una de las más pertinentes aproximaciones a la Resurrección en el cine moderno. 

Lo mejor: su concepción y planteamiento iniciales 
Lo peor: que está más desorientada buscando su propio estilo que los discípulos tras la muerte de su Maestro 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 27 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Lo que se conmemora estos días en la tradición cristiana es una de las historias más espectaculares, grandiosas y trascendentales de la cultura occidental. Más allá de credos y de la credibilidad histórica de la misma, la historia de Jesús de Nazaret es, posiblemente, La historia más grande jamás contada. Uno de los títulos más acertados de la historia del cine y una película que debemos revisar, casi de forma ineludible, en esta serie de críticas de obras típicas y tópicas durante la Semana Santa. 

La cinta dirigida por George Stevens reúne un impresionante reparto para narrar la vida, muerte y resurrección de Jesús, a quien interpreta Max von Sidow. Junto a él, figuras de la talla de Charlton Heston –un imprescindible en este tipo de films, que da vida a Juan el Bautista–, Martin Landau, José Ferrer, Dorothy McGuire o John Wayne. Estrenada en 1965, recibió cinco nominaciones a los premios Oscar.

Aunque hemos calificado a este largometraje como ineludible en estas fechas, cabe reconocer que está por debajo de obras épicas como Ben-Hur (1959) o Espartaco (1960) y también de otras películas centradas en la vida del Mesías, como puede ser Rey de reyes (1961). La comparación con este título es inevitable pues, ambas otorgan gran protagonismo a las figuras de Herodes Antipas y de Poncio Pilatos como contraposición al Hijo de Dios. Así, aunque The Greatest Story Ever Told aspira a convertirse en una cinta épica y trascendente a imagen de las anteriores, resulta menos majestuosa que las anteriores, lastrada en parte por un montaje más acelerado, con secuencias bastante cortas que impiden el lucimiento de los magníficos intérpretes y con una narración que en ocasiones resulta muy poco sutil.

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Todo esto le resta solemnidad, algo que suple con una fotografía muy interesante, marcada por la tenue iluminación y los fuertes claroscuros, y, en más centrados en el contenido, con una clara orientación y una vocación didáctica y de transmisión del Evangelio mucho más fuerte que otras producciones. Así, además de las escenas de la Pasión –probablemente, las más interesantes del film– y de cierto protagonismo de los secundarios –sobre todo, Juan el Bautista, Herodes Antipas y Poncio Pilatos–, la mayor parte de los doscientos minutos de metraje se centra en las enseñanzas de Jesús. Y esa parte del Nuevo Testamento, aunque desde el punto de vista religioso tenga gran trascendencia, desde una perspectiva fílmica resulta menos atractivo. 

Se trata, por lo tanto, de una apuesta valiente pues, resulte más o menos acertada, y nos guste más o menos ese mensaje, consigue una identidad propia. Porque tal vez no sea la mejor, y mucho menos la única adaptación a la gran pantalla del Nuevo Testamento, pero es evidente que sabe capturar su esencia y narrar la historia más grande jamás contada. 

Lo mejor: el título y su búsqueda de un camino propio 
Lo peor: un montaje que prima la claridad del mensaje sobre la sutileza 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 25 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

El año pasado aprovechábamos la Semana Santa para realizar un repaso a algunos de los títulos más habituales y tópicos de estos días. Y si en 2017 comenzábamos la semana de Pasión con Los diez mandamientos, de Cecil B. DeMille, este año comenzamos con una actualización de la misma historia bíblica: El príncipe de Egipto.

Y el valor de la cinta animada de Dreamworks recae, como ocurría con la monumental obra protagonizada por Charlton Heston, en lo atractivo del contenido. El de Moisés es uno de los mitos más reconocibles, emocionantes y relevantes de cuantos forman parte de los libros sagrados de las tres grandes religiones monoteístas –cristianismo, judaísmo e islam–. Así, las películas que se inspiran en él parten de una base particularmente sólida y, con un mínimo cuidado y dominio de los aspectos fílmicos, las obras que se pueden obtener son de gran nivel. 

Eso ocurre en El príncipe de Egipto (The Prince of Egypt, 1998), que consigue concentrar los episodios que preceden a la huida de los judíos de Egipto en una cinta de 100 minutos orientada al público infantil. Este aspecto impide una profundidad mayor, pues premia cierta sencillez y simpleza para poder narrar, de manera más o menos comprensible para la infancia, una historia de gran intensidad y extensión. De aquí se deriva la decisión de centrarse en aspectos más épicos y tangibles, como la salida de Egipto de los hebreos tras la esclavitud, en lugar de otros de corte más religioso, como la adoración de ídolos falsos que precedió a la revelación de las Tablas de la Ley.

Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

No obstante, aunque se pueda perder cierto atractivo al aproximarse a la cinta con ojos adultos y con el film de Cecil B. DeMille en mente, es innegable el buen hacer de Dreamworks en esta obra, una de las primeras superproducciones ajenas a Walt Disney. La música de Hans Zimmer, menos pegadiza que en otras películas de animación, supone un rotundo acierto al aportar lirismo y solemnidad. Una banda sonora muy acorde con el ritmo que en todo momento prima en El príncipe de Egipto, suave, elevado y sobrecogedor. 

Uno de los errores de la obra reside en la introducción de toques de humor, que no aportan comicidad, mas sí restan gravedad al conjunto del film. La escena de los dos sacerdotes egipcios enfrentándose a la serpiente de Moisés es uno de esos casos que desentonan y hacen perder a la película parte de su nobleza y dignidad.

A pesar de estas ocasiones, la producción mantiene un corte épico, con una secuencia final que recuerda a las ampulosas obras de los cincuenta y sesenta, y con una factura técnica y un diseño muy trabajados y que sí concuerdan con el tono solemne predominante. Así, aun lejos de Los diez mandamientos y obras similares, el hecho de que continuamente la hayamos comparado con este clásico demuestra el grandísimo mérito de El príncipe de Egipto. 

Lo mejor: la banda sonora 
Lo peor: verla con ojos de adulto 
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)