jueves, 1 de agosto de 2019

[Series] Review 'Orange Is the New Black' (7ª Temporada): La serie en la que mirarnos

La séptima temporada de 'Orange Is the New Black' cierra una serie que cambió el panorama televisivo con una crítica social muy poderosa y con un toque de optimismo


'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Ha sido mucho menos ruidoso y mediático que el final de ‘Juego de Tronos’, pero el final de 'Orange Is the New Black' supone un momento probablemente más determinante por el cambio que esta serie ha supuesto para el panorama televisivo. Y es que 'Juego de Tronos' ha sido uno de los mayores fenómenos televisivos de la historia, mas no ha implicado un punto de inflexión y un cambio de era de las dimensiones del que ha supuesto OITNB.


En 2013, cuando se estrenó esta serie en clave de comedia, Netflix era una promesa de cambio más que una realidad, la televisión seguía regida por las emisiones semanales y las historias estaban mayoritariamente protagonizadas por hombres blancos heterosexuales. Hoy Netflix, que tuvo en OITNB uno de sus primeros grandes éxitos, es líder en el mercado de la televisión y su modelo es replicado por cada vez mayor número de competidores; la forma de consumir series ha cambiado por completo y el lanzamiento de una temporada completa de golpe –algo en lo que OITNB fue pionera– es una práctica frecuente, igual que los maratones; y, sobre todo, la diversidad de personajes protagonistas y la abundancia de historias sobre y para diferentes colectivos, la mayor ruptura que introdujo OITNB, es cada vez mayor.

Manteniendo la esencia 


Consciente de su relevancia, esta séptima y última temporada ha regresado parcialmente al origen, con más humor que en entregas pasadas y centrándose en la evolución de unos personajes que han mostrado unos arcos muchos más cuidados que esa serie de la que hablábamos antes. Tras dos temporadas discordantes –la sexta se centró en un nuevo escenario con nuevos personajes, mientras la quinta fue exclusivamente la historia de la revuelta en la cárcel– que, no obstante, levantaron el vuelo tras haberse quedado un tanto estancada en la tercera y la cuarta temporadas, estos últimos trece episodios permiten cerrar de manera satisfactoria y solvente la mayoría de las tramas que habíamos seguido desde el comienzo. Ha sido precisamente en la multiplicidad y riqueza de tramas e historias secundarias donde siempre ha estado el mayor atractivo de la ficción creada por Jenji Kohan. 

'Orange Is the New Black' 7ª Temporada

Y eso se confirma en esta última, pues, aunque el hilo argumental de Piper Chapman (basada en Piper Kerman, cuyas memorias adapta la serie) es el central, con Piper enfrentándose a la realidad fuera de prisión, es el menos atractivo de todos, como ha ocurrido prácticamente desde la primera temporada. La historia de una pija neoyorkina que entra en la cárcel por haber transportado dinero proveniente de la droga en su juventud es mucho menos atractiva y compleja que la de mujeres racializadas, con identidades y orientaciones sexuales no normativas o provenientes de entornos desafortunados

Más crítica social 


En este aspecto, esta temporada incluye un centro de detención de personas inmigrantes, algo que le permite reflexionar de manera mucho más dura y cercana sobre la realidad y, especialmente, sobre la crueldad del sistema de deportaciones y la privatización del sistema penitenciario estadounidense. La serie mira con más fuerza que nunca hacia fuera, añadiendo a este análisis de las prisiones fenómenos como el #MeToo y el acoso, así como la dificultad de la reinserción tras el cumplimiento de una pena de prisión –gracias a los personajes de Piper, Cindy y Taystee, este es el tema central sobre el que gira toda la temporada–. 

Con esto, se detecta un cierto pesimismo hacia la realidad del país y hacia su sistema penitenciario, pero hay mucho más optimismo y una visión mucho más bondadosa hacia las personas que lo pueblan –sean delincuentes o no–. Así, aun dentro de su complejidad, el lado bueno de los protagonistas se acaba imponiendo, de manera que se pierde en multidimensionalidad y resulta más sencilla la distinción entre buenos y malos, alcanzando personajes un tanto estereotipados.

Con esta última temporada imperfecta, que resume una serie imperfecta y por momentos irregular, se demuestra que pocas producciones pueden realizar críticas tan feroces y coherentes al panorama sociopolítico actual en Estados Unidos. Y es que OITNB siempre ha representado exactamente lo opuesto a lo que el actual presidente de ese país representa.

De esta forma, su crítica, dura aunque optimista, hacia el panorama social y político puede trasladarse también a esa nueva era televisiva de la que OITNB se ha convertido en paradigma. Sigamos, por tanto, el ejemplo de OITNB y adoptemos una postura crítica ante este nuevo panorama, pero que no nos falte optimismo para reconocer toda la bondad y belleza que se esconde detrás.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 5 de julio de 2019

[Series] Review: 'Years and years' (2019). El futuro nunca había estado tan cerca

‘Years and years’, emitida en junio en HBO, se adentra en un futuro cercano y realista en el que una familia británica personifica la llegada de un apocalipsis sociopolítico



Ni la distopía socialista del Orwell en 1984, ni la distopía tecnológica de ‘Black Mirror’, ni la distopía postnuclear de ‘Mad Max’. O quizás un poco de todas. ‘Years and years’, la serie coproducida por la BBC y por HBO muestra un futuro cercano y muy realista que combina elementos de múltiples distopías para, en definitiva, realizar un análisis de la dirección que la política mundial está tomando en la actualidad

Ambientada en un lapso de tiempo que abarca los próximos diez años de la sociedad británica, se centra en el devenir de una familia, los Lyons, diversa y moderna, en la que sus miembros, aunque en general bien avenidos, se enfrentan a la realidad que les rodea de una forma diferente. Así, los distintos miembros de la familia permiten una aproximación mayor y más realista a los problemas y desafíos que se retratan. 

Entre esos desafíos, destacan las crisis de refugiados y el ascenso de opciones políticas radicales y populistas. Se trata, en realidad, de fenómenos que ya conocemos en la actualidad, pero llevándolos al siguiente nivel: un líder político populista de cabello platino –magistral, como es habitual, Emma Thompson–, Trump apretando el botón nuclear y llevando la guerra comercial con China a un nuevo extremo, Rusia entrando en Ucrania y ampliando la guerra, islas artificiales con intenciones geopolíticas, partidos extremistas gobernando países europeos, deportaciones masivas de refugiados… Nada, en realidad, que no podamos imaginarnos. 

Ahí reside uno de los principales aciertos y valores diferenciales de esta serie de seis capítulos, pues nos remite a un futuro cercano en tiempo y realidad, lo que permite reflexiones y lecturas mucho más profundas e impactantes. Lo cierto es que los temas no podrían ser más actuales, haciendo referencias a sucesos muy recientes o que siguen desarrollándose en estos momentos –la guerra comercial entre Estados Unidos y China, por ejemplo–; resulta casi sorprendente que una producción televisiva de este tipo pueda mantenerse tan al día en un mundo que evoluciona tan rápido. En ese sentido, ‘Years and years’ demuestra que el mundo cambia y que a veces parece que el apocalipsis se acerca, pero esos cambios y ese apocalipsis no son –ni en mundo real ni en el diegético– instantáneos, sino que se producen de una manera más o menos rápida, aunque sin duda progresiva. 

La estructura que organiza la narración acentúa perfectamente esta sensación, combinando momentos acelerados en los que parece que todo se viene abajo –la amenazante banda sonora resalta estos instantes de manera muy adecuada–, con otros mucho más calmados, en los que la normalidad de una familia se mantiene a pesar de ese mundo convulso que les rodea. La sucesión de años y la linealidad con la que se presenta la trama, ordenada a pesar de los cambios de ritmo, contribuyen a comprender cómo se ha llegado a cada situación.


A pesar de esto, la serie corre riesgos, casi siempre acertados, incorporando elementos o escenas imprevisibles e impactantes. En otras ocasiones se añaden momentos divertidos, explotando el humor negro británico, y en otras son las historias melodramáticas y familiares las que cobran protagonismo. Se logra así un producto muy completo que, no obstante, tiene dos aspectos decepcionantes. 

Dos sombras 


La serie pierde fuerza precisamente en esos momentos en los que pasa a centrarse demasiado en el drama familiar de los Lyon en detrimento de la realidad sociopolítica que les rodea y que es en lo que de verdad destaca la obra de Russell T. Davies. Esta familia, como decíamos antes, funciona muy bien como hilo conductor, personificando esos cambios sociales y (geo)políticos del mundo que se avecina; también tienen carisma y, aunque en unos personajes más que otros, sus hilos argumentales están bien desarrollados. Sin embargo, es una pena que, por tratar historias familiares o amorosas como podría hacer cualquier otra obra, no se pueda profundizar más en aspectos sobre ese futuro que se avecina, algo que ‘Years and years’ logra como muy pocas otras producciones

A su vez, y en parte porque esos elementos amorosos adquieren mayor peso, el final resulta decepcionante. Por un lado, porque el desenlace de las tramas principales resulta menos profundo y elaborado que todo el desarrollo anterior; y por otro, porque, sobre todo en la última escena, la narrativa se pierde por completo, se vuelve más abstracta, y se adentra en algo mucho menos realista que el resto de la serie. 

Y es una pena, porque ese es el elemento diferenciador de la serie. Y es que pocas distopías o historias futuristas habían realizado un análisis tan cuidado, moderado y viable, con sus luces y, sobre todo, sus sombras, del futuro que se avecina en los próximos años.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 20 de junio de 2019

[Series] Review: 'Chimerica' (2019). Reflejo del complejo mundo en el que vivimos

La miniserie británica ‘Chimerica’, disponible desde el 18 de junio en Filmin, combina realidad y ficción para rememorar la elección de Trump en 2016 y la violenta represión en Tiananmen en 1989 en un magnífico retrato que combina periodismo y política en Estados Unidos y China



Llevamos varios años teniendo la sensación de que vivimos un momento histórico: revoluciones sociales o tecnológicas, guerras, elecciones, avances sanitarios y científicos… Incluso hemos hablado de hechos históricos alrededor de la emisión de la última temporada de ‘Juego de Tronos’. Es evidente que el mundo se mueve cada vez más deprisa y, sobre todo, que nunca antes habíamos tenido tanto acceso a conocer lo que sucedía a nuestro alrededor, pero lo cierto es que sucesos históricos que verdaderamente merezcan ese nombre y que cambien por completo las reglas de juego hay muchos menos. La elección de Donald Trump y el referéndum del Brexit en 2016 sí pueden ser ejemplo de ello. Y, por supuesto, también lo son la revolución de Tiananmen y su icónica foto, de las que hace pocos días se han cumplido 30 años. 

Esencia de nuestra época 


Por esto, ni la ambientación histórica de esta miniserie de cuatro capítulos ni el momento en el que llega a nuestras pantallas podría ser mejor. Situar la trama en los días que rodearon a la sorprendente elección de Donald Trump resulta muy acertado porque ese hecho, poco después del no menos sorprendente resultado del referéndum del Brexit en Reino Unido y anticipando –o, tal vez, confirmando– el ascenso de personajes populistas y radicales a los gobiernos de democracias occidentales, supuso una auténtica conmoción a nivel global y sacudió la geopolítica mundial. Por otro lado, que su llegada a España a través de Filmin tenga lugar el 18 de junio, dos semanas después de que se haya conmemorado –aquí, no en China– la masacre que puso fin a las protestas en la Plaza de Tiananmen en 1989 no es casual. Como tampoco lo es que en el Reino Unido, de donde procede este trabajo de Channel 4, se estrenara a mediados de abril, coincidiendo con el aniversario del comienzo de dichas protestas. Por último, que en estos meses se estén viviendo en Hong Kong las mayores protestas desde su anexión por el gigante asiático o que se haya recrudecido la guerra comercial que dirimen las dos mayores potencias del planeta no hace sino reforzar la pertinencia de ‘Chimerica’

Ese es su mayor acierto: saber capturar el zeitgeist, el espíritu de nuestro tiempo como muy pocas series antes que ella. Es cierto que sobre Trump lo sabemos casi todo, pues los medios occidentales y Hollywood se han encargado de ello, pero la crítica a la opacidad china, a la Gran Muralla Digital –The Great Firewall– y a la falta de derechos humanos y democracia es menos frecuente por el interés de la mayoría de productos comerciales de hacerse un hueco en el inmenso y suculento mercado audiovisual chino. Así, resulta muy atractivo observar cómo se refleja esa sociedad que avanza a pasos agigantados en lo económico, convirtiéndose en un mercado capitalista y consumista como ninguno, pero que vive encapsulada en una realidad dictada por el Partido Comunista que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo controla

Periodismo, política y grandes personajes 


La historia, basada en la obra de teatro de Lucy Kirkwood, se centra en Lee Berger (Alessandro Nivola), un fotoperiodista que, en 1989, capturó una de las icónicas instantáneas del hombre frente a la columna de tanques en la Plaza de Tiananmen. En 2016, en medio de la campaña presidencial estadounidense, y tras haber perdido su credibilidad por haber manipulada una fotografía sobre la Guerra de Siria, comienza a indagar para conocer la identidad del misterioso hombre que se plantó ante los tanques con su camisa blanca y sus dos bolsas de la compra. Contará con la ayuda de una veterana colega del periódico y de su contacto en China, Zhang Lin, un hombre perdió a su mujer precisamente durante las protestas de Tiananmen.

FOTO: Jeff Widener

La trama permite, además de comparar la realidad de China y América –de ahí su nombre, ‘Chimerica’–, adentrarse en el sector del periodismo en el momento en el que la posverdad y las fake news se confirmaban como fenómenos ineludibles y en el que los medios tradicionales comenzaban a dar por perdida su batalla contra los digitales. La visión crítica, centrada en la escala de grises y las ironías que existen en este sector, aporta una riqueza añadida. Aquí, la figura del editor del ficticio ‘The New York Courier’ en el que trabaja el protagonista, encarnada por F. Murray Abrahams, nos deja algunas reflexiones muy poderosas sobre la complejidad y la falta de verdades absolutas, tanto en el periodismo como en la democracia. 

También son de gran interés los personajes de Tess Kendrick y de Liuli. Tess, interpretada por Sophie Okonedo, es una analista de datos británica que trabaja para una compañía de tarjetas de crédito y que comienza una relación con Lee; personifica la dificultad de censurar sin miramientos esa visión hipócrita de Occidente que antepone el beneficio de hacer negocios con el inmenso mercado chino a la dramática falta de democracia y de derechos humanos en el país. Liuli, la mujer de Zhang Lin asesinada en 1989, representa, a través de los recuerdos y la imaginación de su esposo viudo, a todas esas voces fuertes y valientes que la represión del Gobierno chino ha ido silenciando. Ambas mujeres son símbolos de lo distante que están el cambio y la democracia del país más poblado del planeta.

Ganas de más 


De hecho, resulta curioso que estos dos personajes y sus tramas parecen secundarios y casi innecesarios hasta el último capítulo. Solo ganan interés cuando estas dos historias pasan del plano de la ficción a representar elementos esenciales en la comprensión de la realidad que se refleja. Y es una pena, porque la trama ficticia, con momentos de puro thriller, también es rica, intensa y con abundantes sorpresas. Al mismo tiempo, la narración, en dos países y dos épocas, ofrece complejidad al retrato y permite comparaciones muy ricas, sobre todo a su inteligencia en el cuidado de los detalles. También resultan acertadas las interpretaciones y la evolución de los personajes. Mas queda ocultada por su condición, mucho más atractiva, de análisis socio-político.


En realidad, haber añadido algún capítulo para poder profundizar más, tanto en los elementos ficticios como reales, hubiera sido muy bienvenido. Y es que son pocas las producciones que aborden temas tan amplios y cargados de aristas de una manera tan alejada de visiones caricaturizadas y absolutas, por lo que es una pena que ‘Chimerica’ no haya tenido espacio para profundizar en ellos como se merecen ni para cerrar todas las historias que comienza

La visión honesta, ecuánime y crítica de ‘Chimerica’ se queda corta para poder abordar todo lo que pretende. Pero esas características, a veces olvidados incluso entre los propios periodistas, son las que convierten a esta miniserie en una obra tan necesaria e importante para comprender el mundo en el que vivimos.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 14 de junio de 2019

[Cine] Crítica: 'Criminales en el mar' (2019). Superficial homenaje a Agatha Christie

‘Criminales en el mar’, que se estrena hoy en Netflix, reformula ‘Asesinato en el Orient Express’ en clave de comedia con Adam Sandler y Jennifer Aniston 




No suelo coincidir con los puristas que defienden que el cine debe mantenerse en las salas y no expandirse por plataformas de uso doméstico, pero es cierto que en determinados casos la experiencia es mucho más completa y rica en una sala, centrados únicamente en la historia, a oscuras y con las mejores condiciones técnicas posibles: ‘Roma’, ‘Endgame’ o el oscurísimo y polémico capítulo ‘La larga noche’ de la última temporada de Juego de Tronos pueden ser algunos ejemplos de esto. Frente a estos casos, siempre ha habido títulos en las carteleras que nos llamaban la atención, aunque no lo suficiente para pagar una entrada; el clásico “me espero a que la echen en televisión” o, más recientemente, a que esté en Netflix o HBO. ‘Criminales en el mar’ (‘Murder Mystery’), la nueva película de Netflix, que se estrena hoy 14 de junio, entra perfectamente en esta categoría.

En ella, Jennifer Aniston y Adam Sandler –probablemente, dos de los intérpretes más habituales en ese tipo de comedias románticas que “bah, mejor me espero a que la den por la tele”–, dan vida a una pareja neoyorkina que, en un viaje a Europa por su 15º aniversario, se ven envueltos en un caso de asesinato propio de las novelas de Agatha Christie. Entre hoteles de lujo, yates y mansiones, su viaje les lleva de Málaga a Mónaco y al Lago Como, huyendo de la policía, que les considera los principales culpables, e intentando descubrir quién está detrás de lo ocurrido.

Comedia de detectives 


La película recurre intencionadamente a todos los clichés del género: mayordomos, venganzas, personajes siniestros, matrimonios por interés, confesiones falsas, sospechosos que aparecen muertos… Se parodian y, en cierta medida, se homenajean las novelas y películas de este estilo. La referencia más clara, por el espacio cerrado y los múltiples personajes con motivo, es ‘Asesinato en el Orient Express’, a la que se alude además en el final de la historia. Se incluye, igualmente, un inspector francés, interpretado por Dany Boon, que, inevitablemente, recuerda a Hercule Poirot. Mas los personajes aunque variopintos y paródicos del género, resultan, como casi todo en la cinta, superficiales.


Está lejos, en definitiva, de cualquier obra de Agatha Christie y de la mayoría de adaptaciones. Resulta menos enrevesada e ingeniosa, pero es entretenida si no le buscamos demasiado la lógica y si no somos demasiados exigentes. También en la narración se acude a numerosos lugares comunes, dejando clara la perspectiva estadounidense de la película y mostrando el exotismo que tiene Europa para ellos. En este sentido, abunda ese humor tan propio del cine estadounidense, que pretende ser gamberro pero que en realidad resulta básico e infantil. No obstante, a pesar de que buena parte de los chistes no tienen excesiva gracia y sean repetitivos o escatológicos, sí hay elementos divertidos. La mayoría, protagonizados por un Sandler que sabe caer en el patetismo y que durante el primer tercio de la obra protagoniza algunos momentos bastante incómodos con Aniston, dando vida a una pareja mal avenida tras quince años de matrimonio. 

Que eso sea lo más atractivo de la obra da una idea del tipo de película. Una película aceptable para desconectar, para seguir con el tirón de ‘Alta mar’ o para echar un puñado de risas fáciles. Lo más seguro es que no hubiera merecido la pena ir al cine y pagar por verla, pero es probable que encaje en el catálogo de Netflix y que sea un buen pasatiempo doméstico.

Lo mejor: la calculada ridiculez del personaje de Adam Sandler
Lo peor: la falta de inteligencia de la mayoría de chistes
Nota: 5.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 8 de junio de 2019

[Series] Review 'Black Mirror' (5ª Temporada): Charlie Brooker ya no nos estremece

Los tres episodios de la quinta temporada de ‘Black Mirror’, estrenada el 5 de junio en Netflix, continúan reflexionando sobre la tecnológica sociedad contemporánea occidental, pero pierden su mordiente y capacidad de impresionar, convirtiéndose en productos convencionales y menos atractivos que los capítulos originales 


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Como casi ninguna otra producción, ‘Black Mirror’ ha sido capaz, desde sus inicios, de plantear complejos dilemas y profundas advertencias alrededor de las tendencias que seguían la tecnología y las sociedades occidentales contemporáneas. La serie creada por Charlie Brooker se adelantaba a una tecnología que avanzaba a una velocidad incalculable, estudiando unos riesgos que, aunque acechantes, todavía no habían llegado. Los mundos distópicos que presentaba resultaban especialmente inquietantes por su verosimilitud, y las tecnologías sobrecogían porque, a pesar de su nivel de perfeccionamiento y omnipotencia, mantenían claras semejanzas con las actuales.

Cada capítulo era despiadado, sin límites y sin escrúpulos, lo que permitía agitar las mentes y concienciar sobre la realidad que nos rodeaba. Historias como la de ‘White Christmas’ o ‘White Bear’–aunque no solo ellas–, con sus reflexiones sobre el castigo, resultaban estremecedoras. La tercera temporada, la primera que se produce bajo la millonaria sombra de Netflix y la que supone su consagración en forma de premios, audiencia y presencia mediática, mantiene la brutalidad y la capacidad de remover conciencias de las dos temporadas anteriores, emitidas en el Channel 4 británico, y capítulos como ‘Shut Up and Dance’ o ‘Nosedive’ no solo resultaban impactantes, sino también premonitorios. Sin embargo, la cuarta temporada fue perdiendo gran parte de su característica dureza y capacidad de sobrecoger. Algo que también pareció intuirse en el experimento interactivo de cuestionable éxito que fue ‘Bandersnatch’. Esta nueva mentalidad se confirma de manera muy especial en la quinta temporada que estrenó Netflix el pasado lunes 5 de junio. 

Es cierto que se mantiene el cuestionamiento de determinados aspectos de nuestra ultratecnológica sociedad contemporánea, por lo que la serie sigue resultando vigente y necesaria, mas han desaparecido los elementos que identificaban a ‘Black Mirror’ como algo único y absolutamente rompedor. De esta manera lo que cambia no es el qué, sino el cómo: se refina la narrativa, pero esta se torna convencional, actuando dentro de unos patrones menos sorprendentes e impactantes. Las tres entregas de esta nueva temporada tienen un potencial inmenso y el debate socio-tecnológico que subyace tras cada una de ellas daría para discusiones y análisis extensos. Y es que, una vez más, el debate gira en torno a las expectativas, porque cualquiera de estas tres historias las podría haber visto en el cine o en otro programa y estaría encantado con lo necesario y relevante del tema que presentan. Pero eso no es a lo que nos había acostumbrado ‘Black Mirror’. 

Tres historias con más potencial que fuerza 


‘Striking Vipers’ indaga en las consecuencias de lo que hacemos en el mundo digital y los desafíos que eso implica para una amistad, una pareja o nuestra propia ética personal. Aunque se trata un tema necesario y bien planteado, la narración es convencional, demasiado larga y sin capacidad de atrapar al espectador. Además, junto a algunos fallos de guion, considero que la conclusión que ofrece es insatisfactoria. 

‘Smithereens’, regresa sobre un tema relativamente frecuente en ‘Black Mirror’: las redes sociales que generan adicción y conocen todo sobre nosotros. Una vez más, el potencial es enorme y hay grandes dosis de intriga, sobre todo gracias a la descomunal interpretación de Andrew Scott –Moriarty en ‘Sherlock’–, pero no resulta tan impresionante. En cualquier caso, es el mejor episodio de la serie, que no el más cercano al ‘Black Mirror’ clásico.

Miley Cyrus, Black Miror, 5ª Temporada

Ese honor le corresponde a ‘Rachel, Jack and Ashley Too’, protagonizado por Miley Cyrus, que se aproxima al funcionamiento de la industria musical y del merchandising más que a la tecnología que, aunque presente en todo momento, no es ni central ni objeto de debate. Finalmente, el episodio ofrece mucho menos de lo que el comienzo daba a entender y se centra en una trama atractiva que, no obstante, abandona casi cualquier atisbo de reflexión. 

Son tres historias mucho más introvertidas y podríamos incluso considerar que esta temporada ha ganado sutileza, al mostrar los riesgos y los debates de una forma más suavizada y personificada en historias más pequeñas e individuales, sin ofrecer las imparables espirales de locura tecnológica del pasado. Sin embargo, las tecnologías que se muestran son mucho más cercanas y los debates se plantean de manera directa, sin tamizarlos a través de ingenios casi imposibles, dramáticos y sorprendentes. Se mantiene el potencial crítico, pero se pierde la forma de mostrarlo. Y esa forma, sello de ‘Black Mirror’, era la que amplificaba la reflexión y la que convertía a la serie en una experiencia tan estremecedora como única.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 5 de junio de 2019

[Opinión] Piratas de agua dulce

Las plataformas de streaming han democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, convirtiendo a la piratería en una elección al servicio del consumismo


Imagen: El Mundo

Hace unos pocos años 'Juego de Tronos' era la serie más pirateada que existía. Probablemente lo siga siendo. Pero esa noticia es ahora menos mediática que el aluvión de bajas que se produjeron en HBO el día después de la emisión del último capítulo de la serie de David Benioff y D. B. Weiss. Entre otras muchísimas cosas'Juego de Tronos' es una de las series que han protagonizado la transición entre el boom de la piratería por internet y el cambio de paradigma de las plataformas de streaming.

La revolución del vídeo bajo demanda, protagonizada por la popularidad de Netflix y apuntalada por la calidad de HBO, ha cambiado por completo la forma de consumir contenidos audiovisuales. Y es que desde hace un par de años, Netflix y compañía han permitido reducir de manera notable la piratería, pues por fin se ofrecía a los consumidores lo que demandaban en sus justificaciones para recurrir a la piratería: “los contenidos son muy caros y no me los puedo permitir”, decían (decíamos, casi cualquiera). Cuando estas plataformas llegaron con un precio de unos siete u ocho euros al mes, con series y películas suficientes para estar viendo durante el resto de nuestra vida sin que se agotasen, la piratería dejó de compensar –en parte también gracias al cierre de webs y al esfuerzo de las autoridades, que poco a poco, fueron surtiendo efecto–. 


No obstante, la producción y la oferta han crecido exponencialmente –es probable que estemos ante una burbuja que puede llegar a explotar, pero eso es tema para otra columna–, por lo que ahora quien solo tiene una plataforma, sea la que sea, se está perdiendo una cantidad muy importante de contenidos. Así, nos hemos vuelto mucho más exigentes, no necesariamente en términos de calidad, pero sí en nuestra “necesidad” de ver aquello de lo que todo el mundo habla. El problema es que la serie del momento puede no estar en las plataformas que tenemos contratadas. Y es evidente que no podemos tener todas las plataformas contratadas. El límite al consumismo, como casi siempre, lo pone nuestro bolsillo. 

Quienes recurren a la piratería en la actualidad no pueden justificarlo en que consumir series o películas es caro. De hecho, nunca ha sido tan barato y sencillo acceder a tantísima oferta audiovisual. Lo que es caro es tenerlo todo. Eso siempre ha sido caro. No podemos tener acceso a todas las series, de la misma forma que no podemos comprarnos toda la ropa de la tienda ni toda la comida del supermercado. La inmensa mayoría de nosotros tenemos que priorizar y elegir, prescindiendo de cosas que nos gustarían. 

Todo esto no es óbice para defender que la Cultura –y digo la Cultura, no los productos comerciales que generan las grandes productoras bajo la lógica capitalista– deba ser considerada un bien común que debe ser incentivado para que sea accesible a toda la sociedad. Y ese incentivo llegará más de un cambio de mentalidad, explicando que las industrias culturales no son únicamente sectores que generan riqueza económica, sino, y sobre todo, expresiones creativas que enriquecen a la sociedad como tal, que de un abaratamiento. 

Y es cierto que hay ámbitos culturales prohibitivos para la mayoría, mas no lo son ni el cine ni las series. Desde luego no lo son las plataformas de streaming, que siguen resultando ridículamente baratas para la cantidad de material que ofrecen –de nuevo, querer acceder a todo es inviable, pero cada plataforma de manera individual tiene un catálogo suficiente para que encontremos material para toda una vida–. Pero tampoco lo es el cine: una entrada de cine sin palomitas ni bebida, que esas tampoco las incluye Netflix ni ninguna opción pirata, cuesta poco más que dos cañas, más o menos como una copa, menos que una cena y mucho menos que una entrada a la mayoría de eventos deportivos. Si cualquiera de estas opciones te parece barata, pero la entrada al cine no, el problema no es del precio, sino del valor que asignas a cada cosa y de tu escala de prioridades.

Imagen: El País

¿Podría ser más barato asistir al cine o consumir series de televisión? Sí. Y debería serlo si los consideramos bienes culturales antes que productos explotables económicamente. 
De hecho, no puedo estar de acuerdo con figuras como Steven Spielberg o Christopher Nolan, que defienden el consumo de películas exclusivamente en las salas, pues la multiplicidad de pantallas y plataformas ha permitido democratizar el acceso a estos contenidos. Mejor una película en el cine que en el móvil, sí, pero mejor una película en el móvil que una pirata. Y mejor una pirata que ninguna película en absoluto.


Porque el problema es quien recurre a la piratería por consumismo y no por verdadera falta de recursos. No podría censurar a alguien que consume ilegalmente una película porque de verdad no tiene recursos materiales para consumirla por vías legales. A quien censuro es a quienes lo hacen por pereza o por querer abarcar todo sin comprender que lo más frecuente es tener que elegir. Aprovechemos, entonces, que la Cultura nunca ha sido tan accesible y que para casi todos nosotros la piratería es una elección.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 18 de mayo de 2019

[Festivales] Las luces cinematográficas ganan a las sombras técnicas

Balance muy positivo de la VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León, que hoy pone fin a 15 días de cine con la entrega de sus galardones



Cuando esta tarde se entreguen los galardones a los premiados en el Auditorio Ciudad de León habrá concluido la VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León. Las últimas proyecciones tuvieron lugar ayer viernes y es, por lo tanto, el momento de hacer balance. 

Lo hicieron el director del festival, Tomás Martínez Antolín, y la coordinadora del mismo, María Oliden, en la rueda de prensa celebrada el jueves para anunciar los premiados. Destacaron la calidad de las películas, la mayor asistencia de público a las proyecciones y la participación de este en los coloquios con los productores, directores o intérpretes invitados. Ahí residen, desde luego, las principales conclusiones del festival: las obras presentadas han tenido una calidad notable y, sobre todo, se han podido ver títulos más conocidos y de mayor renombre. Muchas de las obras llegan precedidas por un gran éxito en pasados festivales; ‘Las distancias’, elegida como Mejor Largometraje, llegaba tras haber recibido la Biznaga de Oro en Málaga, festival en el que ‘Sin fin’ también había cosechado premios. Entre los cortometrajes ‘Cerdita’ había recibido el Goya este mismo año, mientras entre los documentales obras se han visto obras tan reconocidas como ‘Peret: Yo soy la rumba’, ‘En busca del Oscar’ –elegido Mejor Documental del certamen– o ‘Almost Ghosts’, estrenado en la Seminciganador en el Arizona International Film Festival y producido por nuestra compañera Cris Vivó.

Cris Vivó, productora de 'Almost Ghosts', con miembros del equipo del Festival

La discusión que protagonizó con los espectadores que acudieron al pase de su obra, centrada en tres curiosos personajes de la Ruta 66 estadounidense, fue una muestra de las múltiples que se han podido presenciar desde el 4 de mayo en las cuatro sedes en las que se han proyectado películas. La asistencia de miembros de los equipos de algunas de las obras del festival a presentar sus trabajos y discutir con los espectadores ha vuelto a ser uno de sus principales atractivos, enriqueciendo la experiencia del visionado y ofreciendo algo poco habitual para el público leonés

Tanto la calidad y conocimiento de las obras como la asistencia de cineastas han sido, probablemente, los principales argumentos que explican el aumento de público de esta edición. Mas también ha contribuido la importante campaña de promoción realizada en la ciudad y en medios de comunicación –es destacable, no obstante, una cierta falta de interés que siguen mostrando medios locales y regionales– o la inclusión de nuevas sedes –han sido cuatro en total–. La tendencia del festival es muy positiva y, si el público sigue respondiendo, este todavía jovencísimo festival tiene potencial para convertirse en un evento grande. 

Margen de mejora 


Es cierto que para ello debería mejorar ciertos aspectos: por un lado, se han visto ciertas deficiencias técnicas en las proyecciones –en una ocasión se pudo ver a un insecto revoloteando alrededor del proyector y colándose en la imagen–; por otro, los horarios de las proyecciones han hecho que algunas se superpongan o que haya sido imposible llegar a las que se celebraban, con escaso margen, en otras sedes. Son, en cualquier caso, aspectos logísticos menores y totalmente comprensibles y esperables en un certamen con unos medios y un contexto como este, y que no oscurecen en absoluto la valía cinematográfica del festival.

Analia Fraser, directora y guionista de 'Isabela y nosotros', presentando su obra junto a María Oliden, coordinadora del Festival

Los casi 120 títulos proyectados en estos 15 días de buen cine son los que dejan verdadero poso en este festival que ahora se despide. Hasta el año que viene. Y que sea enhorabuena.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 6 de mayo de 2019

[Series] Review: 'Mrs. Wilson' (2018). A veces las historias reales más sencillas esconden las mayores intrigas

Filmin estrena este martes la miniserie británica ‘Mrs Wilson’, una poderosa historia familiar basada en hechos reales con una Ruth Wilson extraordinaria que ha sido nominada a cuatro premios BAFTA TV 



No es necesario caer en el tópico de la realidad que supera a la ficción para reconocer el valor añadido que, a menudo como reclamo, y casi siempre cuestionada en función de su fidelidad, supone la etiqueta de “basado en hecho reales”. La serie británica ‘Mrs. Wilson’ es una muestra clara de cómo el origen de la ficción puede servir como acicate, pero sobre todo de cómo el principal valor de esa historia original es cómo está narrada y qué transmite. 

Basada en la historia real de la abuela de Ruth Wilson, productora y protagonista de la serie, ‘Mrs. Wilson’ cuenta cómo, tras la muerte de su marido Alec, Alison Wilson recibe una visita de una mujer que también dice ser esposa del fallecido y, por lo tanto, y como ella, otra señora Wilson. A partir de ahí, el duelo de Alison se verá trastocado por sus descubrimientos sobre quién era su marido. A lo largo de tres episodios de una hora, el espectador va construyendo, de la mano de los recuerdos y las versiones que los implicados cuentan a la propia Alison, su visión de la historia. 

Lo más atractivo, no obstante, no es conocer esa versión como la única aproximación posible a la historia de Alec Wilson, sino dejar la interpretación abierta, como también hace Alison en la carta que escribe a sus hijos, para que seamos nosotros, igual que los hijos de Alec, quienes decidamos cómo juzgarle y, sobre todo, si y cómo perdonarle. A su vez, el guion de la serie, basado precisamente en esa carta de Alison Wilson, consigue capturar el coraje que necesitó esta mujer para enfrentarse al pasado oculto de su esposo.

Ruth Wilson como elemento central de una serie con mucho que ofrecer 


Y sin dudar por un instante de la valía de una narración cargada de flashbacks y del acierto de la libre interpretación que se ofrece al espectador, la mayor fuerza de la miniserie la encontramos en la extraordinaria y poderosa actuación de Ruth Wilson, alma y guía de la historia. Deben destacarse, igualmente, la adecuada ambientación de la serie en las décadas de 1940 y 1950, es decir, en plena guerra y posguerra; la intriga que se despierta a lo largo de trama; ese sello british de tantas producciones de la BBC; y el buen hacer tanto en lo referente a vestuario y maquillaje como a interpretaciones secundarias. Mas todo esto queda subordinado a la, de nuevo, magnífica interpretación de la protagonista.


La miniserie que llega a España gracias a Filmin el martes 7 de mayo, pocos días antes de que se entreguen, el día 12, los premios BAFTA TV, en los que ‘Mrs. Wilson’ cuenta con cuatro nominaciones, incluyendo la de Mejor Miniserie.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 5 de mayo de 2019

[Series] 'No limit': Piloto de una serie convencional

El 10 de mayo llega a Cosmo TV la serie de acción francesa ‘No limit’, una obra entretenida y convencional creada por Luc Besson 


No Limit, Critica, Cosmo

No cabe ninguna duda de que Luc Besson es una figura muy respetada y con amplia experiencia en el cine, responsable de alguna de las obras de acción más relevantes de los 90, como ‘El profesional’. También es un director bastante polifacético, capaz de adentrarse en la animación con ‘Arthur y los Minimoys’ o la ciencia-ficción con ‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’. Lo que faltaba en la trayectoria del francés era la televisión, en la que se estrena como creador, escritor y productor en esta ‘No limit’, que el próximo 10 de mayo llega a España gracias a Cosmo, que estrenará los seis episodios de la primera temporada con un capítulo doble cada viernes a las 22.00

‘No limit’ se centra en la figura de Vincent Liberati, un antiguo soldado que, a cambio de un tratamiento experimental para una enfermedad incurable, accede a trabajar para los servicios secretos de manera clandestina. De esta forma, Vincent podrá estar más cerca de su hija adolescente, que vive con su exmujer, y de su hermana, policía de homicidios que investiga un caso que se cruzará con el del propio Vincent. Una trama, en definitiva, cargada de intriga y acción, pero también de clichés y convencionalismos y sin ningún tipo de novedad dentro del género. 

No Limit, Critica, Cosmo

Es cierto que la serie se estrenó en Francia en 2012, es decir, aunque no podemos hablar de una ficción antigua, sí es cierto que en estos siete años las obras de acción y, sobre todo, las series de televisión, han evolucionado mucho. El público televisivo es mucho más maduro y este tipo de trabajos parecen quedarse ligeramente pasados de moda. Ahora bien, sigue existiendo mercado –siempre lo habrá– para una serie entretenida, intrigante, tensa y sencilla como esta. Conocemos la puesta en escena, la narración y los personajes de sobra, podemos incluso anticipar un cierto final –esto es una elucubración, pues estamos valorando únicamente el piloto de la serie–, mas este tipo de obras siguen siendo ideales como pasatiempos adictivos. De hecho, el cliffhanger al final del primer episodio ya es una buena muestra de la capacidad de atracción y de las armas de la serie. Es evidente, por otra parte, que entre estas armas no se intuyen novedades en la dirección, efectos especiales espectaculares, grandes interpretaciones o una trama inteligentísima y cargada de análisis subyacentes.

Podemos hablar con bastante propiedad de un placer culpable. Además, el hecho de tener a Luc Besson como responsable de ‘No limit’ –la verdad es que ni siquiera el título es original–, le añade una pátina de prestigio bastante interesante. En definitiva, puede que ‘No limit’ sea un producto prescindible, pero no es una serie pesada o aburrida en absoluto. Al contrario, acción e intriga clásicas y sin pretensiones, ideales para desconectar

Lo mejor: su capacidad de entretener 
Lo peor: su falta de atrevimiento 
Nota: 6/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 4 de mayo de 2019

[Festivales] Optimismo hacia el futuro en la inauguración del VI Festival de Cine y Televisión Reino de León

La VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León proyectará más de 100 títulos hasta el 18 de mayo en cuatro escenarios de la capital leonesa



Si la V edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León podía verse como su consolidación, la VI, que arrancó ayer, va camino de convertirse en el despegue definitivo de un festival que, en realidad, cumple este año su décimo aniversario. Iniciado en 2009, la dureza de la crisis económica impidió su celebración varios años, haciendo que sus seis ediciones no hayan sido todas consecutivas. En los últimos años, no obstante, el apoyo público y privado –destacado en sus discursos tanto por el alcalde de León, Antonio Silván, como por el director del festival, Tomás Martínez Antolín– ha permitido que el festival continúe creciendo y sueñe con metas más ambiciosas para el futuro. El creciente número de obras y secciones, así como la calidad de las mismas, son la principal señal de optimismo. 

La gala de inauguración, celebrada en el Teatro San Francisco de la capital leonesa con una asistencia de público bastante notable, fue conducida por Chema Trujillo. Además de dos actuaciones musicales y de los citados discursos del alcalde de León y el director del festival, lo más destacado del evento fue la presentación de las categorías oficiales y de los trabajos que se podrán ver hasta el día 18 de mayo. Siete largometrajes, nueve documentales, 23 cortometrajes, 16 cortometrajes de animación, once trabajos en la sección Historias con sentido, nueve títulos para la sección Portugal de Cine, once obras de Castilla y León –la única sección nueva en esta edición del festival– y trece más procedentes de Latinoamérica. A ello se suman, fuera de concurso, las cuatro obras de la Muestra de Cine Leonés y las siete de la Muestra Cine y Despoblación, así como los ocho trabajos que, procedentes de otras secciones, se proyectarán en escuelas de la ciudad durante estos días. 

En total, más de un centenar de títulos; algunos ya han sido premiados en múltiples festivales nacionales e internacionales, otros están todavía por ser descubiertos. Las proyecciones se realizarán en horario de tarde-noche y, en esta ocasión, algunas tendrán lugar de manera simultánea en diversos escenarios, muestra de la expansión del festival. 

Para abrir boca 


En una gala en la que el presentador hizo frecuentes referencias al apetito voraz –como leones– de los espectadores por el cine, la proyección de tres cortometrajes fue lo más útil de cara a poner los dientes largos al auditorio. El primero de ellos fue ‘Robarte una noche’, dirigido por Fernando Vera y protagonizado por Miren Ibarguren y Telmo Irureta, presente este último en la gala con su silla de ruedas y su humor imparable para introducir una obra que, en sus propias palabras, “no es comedia ni drama, es la vida misma”. También acudieron a esta ceremonia Ignasi López y Roberto Martín Maiztegui, responsables de ‘Viacruxis’ y ‘Sushi’, respectivamente; muy meritoria la primera, un corto de once minutos sobre dos montañeros realizado con stop-motion a lo largo de 18 meses, y muy personal la segunda, sobre una pareja en un restaurante japonés.


Concluida esta obra, daba comienzo el VI Festival de Cine y Televisión Reino de León. Y con él, dos semanas de cine en el Reino de León.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)