sábado, 8 de junio de 2019

[Series] Review 'Black Mirror' (5ª Temporada): Charlie Brooker ya no nos estremece

Los tres episodios de la quinta temporada de ‘Black Mirror’, estrenada el 5 de junio en Netflix, continúan reflexionando sobre la tecnológica sociedad contemporánea occidental, pero pierden su mordiente y capacidad de impresionar, convirtiéndose en productos convencionales y menos atractivos que los capítulos originales 


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Como casi ninguna otra producción, ‘Black Mirror’ ha sido capaz, desde sus inicios, de plantear complejos dilemas y profundas advertencias alrededor de las tendencias que seguían la tecnología y las sociedades occidentales contemporáneas. La serie creada por Charlie Brooker se adelantaba a una tecnología que avanzaba a una velocidad incalculable, estudiando unos riesgos que, aunque acechantes, todavía no habían llegado. Los mundos distópicos que presentaba resultaban especialmente inquietantes por su verosimilitud, y las tecnologías sobrecogían porque, a pesar de su nivel de perfeccionamiento y omnipotencia, mantenían claras semejanzas con las actuales.

Cada capítulo era despiadado, sin límites y sin escrúpulos, lo que permitía agitar las mentes y concienciar sobre la realidad que nos rodeaba. Historias como la de ‘White Christmas’ o ‘White Bear’–aunque no solo ellas–, con sus reflexiones sobre el castigo, resultaban estremecedoras. La tercera temporada, la primera que se produce bajo la millonaria sombra de Netflix y la que supone su consagración en forma de premios, audiencia y presencia mediática, mantiene la brutalidad y la capacidad de remover conciencias de las dos temporadas anteriores, emitidas en el Channel 4 británico, y capítulos como ‘Shut Up and Dance’ o ‘Nosedive’ no solo resultaban impactantes, sino también premonitorios. Sin embargo, la cuarta temporada fue perdiendo gran parte de su característica dureza y capacidad de sobrecoger. Algo que también pareció intuirse en el experimento interactivo de cuestionable éxito que fue ‘Bandersnatch’. Esta nueva mentalidad se confirma de manera muy especial en la quinta temporada que estrenó Netflix el pasado lunes 5 de junio. 

Es cierto que se mantiene el cuestionamiento de determinados aspectos de nuestra ultratecnológica sociedad contemporánea, por lo que la serie sigue resultando vigente y necesaria, mas han desaparecido los elementos que identificaban a ‘Black Mirror’ como algo único y absolutamente rompedor. De esta manera lo que cambia no es el qué, sino el cómo: se refina la narrativa, pero esta se torna convencional, actuando dentro de unos patrones menos sorprendentes e impactantes. Las tres entregas de esta nueva temporada tienen un potencial inmenso y el debate socio-tecnológico que subyace tras cada una de ellas daría para discusiones y análisis extensos. Y es que, una vez más, el debate gira en torno a las expectativas, porque cualquiera de estas tres historias las podría haber visto en el cine o en otro programa y estaría encantado con lo necesario y relevante del tema que presentan. Pero eso no es a lo que nos había acostumbrado ‘Black Mirror’. 

Tres historias con más potencial que fuerza 


‘Striking Vipers’ indaga en las consecuencias de lo que hacemos en el mundo digital y los desafíos que eso implica para una amistad, una pareja o nuestra propia ética personal. Aunque se trata un tema necesario y bien planteado, la narración es convencional, demasiado larga y sin capacidad de atrapar al espectador. Además, junto a algunos fallos de guion, considero que la conclusión que ofrece es insatisfactoria. 

‘Smithereens’, regresa sobre un tema relativamente frecuente en ‘Black Mirror’: las redes sociales que generan adicción y conocen todo sobre nosotros. Una vez más, el potencial es enorme y hay grandes dosis de intriga, sobre todo gracias a la descomunal interpretación de Andrew Scott –Moriarty en ‘Sherlock’–, pero no resulta tan impresionante. En cualquier caso, es el mejor episodio de la serie, que no el más cercano al ‘Black Mirror’ clásico.

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Ese honor le corresponde a ‘Rachel, Jack and Ashley Too’, protagonizado por Miley Cyrus, que se aproxima al funcionamiento de la industria musical y del merchandising más que a la tecnología que, aunque presente en todo momento, no es ni central ni objeto de debate. Finalmente, el episodio ofrece mucho menos de lo que el comienzo daba a entender y se centra en una trama atractiva que, no obstante, abandona casi cualquier atisbo de reflexión. 

Son tres historias mucho más introvertidas y podríamos incluso considerar que esta temporada ha ganado sutileza, al mostrar los riesgos y los debates de una forma más suavizada y personificada en historias más pequeñas e individuales, sin ofrecer las imparables espirales de locura tecnológica del pasado. Sin embargo, las tecnologías que se muestran son mucho más cercanas y los debates se plantean de manera directa, sin tamizarlos a través de ingenios casi imposibles, dramáticos y sorprendentes. Se mantiene el potencial crítico, pero se pierde la forma de mostrarlo. Y esa forma, sello de ‘Black Mirror’, era la que amplificaba la reflexión y la que convertía a la serie en una experiencia tan estremecedora como única.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 5 de junio de 2019

[Opinión] Piratas de agua dulce

Las plataformas de streaming han democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, convirtiendo a la piratería en una elección al servicio del consumismo


Imagen: El Mundo

Hace unos pocos años 'Juego de Tronos' era la serie más pirateada que existía. Probablemente lo siga siendo. Pero esa noticia es ahora menos mediática que el aluvión de bajas que se produjeron en HBO el día después de la emisión del último capítulo de la serie de David Benioff y D. B. Weiss. Entre otras muchísimas cosas'Juego de Tronos' es una de las series que han protagonizado la transición entre el boom de la piratería por internet y el cambio de paradigma de las plataformas de streaming.

La revolución del vídeo bajo demanda, protagonizada por la popularidad de Netflix y apuntalada por la calidad de HBO, ha cambiado por completo la forma de consumir contenidos audiovisuales. Y es que desde hace un par de años, Netflix y compañía han permitido reducir de manera notable la piratería, pues por fin se ofrecía a los consumidores lo que demandaban en sus justificaciones para recurrir a la piratería: “los contenidos son muy caros y no me los puedo permitir”, decían (decíamos, casi cualquiera). Cuando estas plataformas llegaron con un precio de unos siete u ocho euros al mes, con series y películas suficientes para estar viendo durante el resto de nuestra vida sin que se agotasen, la piratería dejó de compensar –en parte también gracias al cierre de webs y al esfuerzo de las autoridades, que poco a poco, fueron surtiendo efecto–. 


No obstante, la producción y la oferta han crecido exponencialmente –es probable que estemos ante una burbuja que puede llegar a explotar, pero eso es tema para otra columna–, por lo que ahora quien solo tiene una plataforma, sea la que sea, se está perdiendo una cantidad muy importante de contenidos. Así, nos hemos vuelto mucho más exigentes, no necesariamente en términos de calidad, pero sí en nuestra “necesidad” de ver aquello de lo que todo el mundo habla. El problema es que la serie del momento puede no estar en las plataformas que tenemos contratadas. Y es evidente que no podemos tener todas las plataformas contratadas. El límite al consumismo, como casi siempre, lo pone nuestro bolsillo. 

Quienes recurren a la piratería en la actualidad no pueden justificarlo en que consumir series o películas es caro. De hecho, nunca ha sido tan barato y sencillo acceder a tantísima oferta audiovisual. Lo que es caro es tenerlo todo. Eso siempre ha sido caro. No podemos tener acceso a todas las series, de la misma forma que no podemos comprarnos toda la ropa de la tienda ni toda la comida del supermercado. La inmensa mayoría de nosotros tenemos que priorizar y elegir, prescindiendo de cosas que nos gustarían. 

Todo esto no es óbice para defender que la Cultura –y digo la Cultura, no los productos comerciales que generan las grandes productoras bajo la lógica capitalista– deba ser considerada un bien común que debe ser incentivado para que sea accesible a toda la sociedad. Y ese incentivo llegará más de un cambio de mentalidad, explicando que las industrias culturales no son únicamente sectores que generan riqueza económica, sino, y sobre todo, expresiones creativas que enriquecen a la sociedad como tal, que de un abaratamiento. 

Y es cierto que hay ámbitos culturales prohibitivos para la mayoría, mas no lo son ni el cine ni las series. Desde luego no lo son las plataformas de streaming, que siguen resultando ridículamente baratas para la cantidad de material que ofrecen –de nuevo, querer acceder a todo es inviable, pero cada plataforma de manera individual tiene un catálogo suficiente para que encontremos material para toda una vida–. Pero tampoco lo es el cine: una entrada de cine sin palomitas ni bebida, que esas tampoco las incluye Netflix ni ninguna opción pirata, cuesta poco más que dos cañas, más o menos como una copa, menos que una cena y mucho menos que una entrada a la mayoría de eventos deportivos. Si cualquiera de estas opciones te parece barata, pero la entrada al cine no, el problema no es del precio, sino del valor que asignas a cada cosa y de tu escala de prioridades.

Imagen: El País

¿Podría ser más barato asistir al cine o consumir series de televisión? Sí. Y debería serlo si los consideramos bienes culturales antes que productos explotables económicamente. 
De hecho, no puedo estar de acuerdo con figuras como Steven Spielberg o Christopher Nolan, que defienden el consumo de películas exclusivamente en las salas, pues la multiplicidad de pantallas y plataformas ha permitido democratizar el acceso a estos contenidos. Mejor una película en el cine que en el móvil, sí, pero mejor una película en el móvil que una pirata. Y mejor una pirata que ninguna película en absoluto.


Porque el problema es quien recurre a la piratería por consumismo y no por verdadera falta de recursos. No podría censurar a alguien que consume ilegalmente una película porque de verdad no tiene recursos materiales para consumirla por vías legales. A quien censuro es a quienes lo hacen por pereza o por querer abarcar todo sin comprender que lo más frecuente es tener que elegir. Aprovechemos, entonces, que la Cultura nunca ha sido tan accesible y que para casi todos nosotros la piratería es una elección.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 18 de mayo de 2019

[Festivales] Las luces cinematográficas ganan a las sombras técnicas

Balance muy positivo de la VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León, que hoy pone fin a 15 días de cine con la entrega de sus galardones



Cuando esta tarde se entreguen los galardones a los premiados en el Auditorio Ciudad de León habrá concluido la VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León. Las últimas proyecciones tuvieron lugar ayer viernes y es, por lo tanto, el momento de hacer balance. 

Lo hicieron el director del festival, Tomás Martínez Antolín, y la coordinadora del mismo, María Oliden, en la rueda de prensa celebrada el jueves para anunciar los premiados. Destacaron la calidad de las películas, la mayor asistencia de público a las proyecciones y la participación de este en los coloquios con los productores, directores o intérpretes invitados. Ahí residen, desde luego, las principales conclusiones del festival: las obras presentadas han tenido una calidad notable y, sobre todo, se han podido ver títulos más conocidos y de mayor renombre. Muchas de las obras llegan precedidas por un gran éxito en pasados festivales; ‘Las distancias’, elegida como Mejor Largometraje, llegaba tras haber recibido la Biznaga de Oro en Málaga, festival en el que ‘Sin fin’ también había cosechado premios. Entre los cortometrajes ‘Cerdita’ había recibido el Goya este mismo año, mientras entre los documentales obras se han visto obras tan reconocidas como ‘Peret: Yo soy la rumba’, ‘En busca del Oscar’ –elegido Mejor Documental del certamen– o ‘Almost Ghosts’, estrenado en la Seminciganador en el Arizona International Film Festival y producido por nuestra compañera Cris Vivó.

Cris Vivó, productora de 'Almost Ghosts', con miembros del equipo del Festival

La discusión que protagonizó con los espectadores que acudieron al pase de su obra, centrada en tres curiosos personajes de la Ruta 66 estadounidense, fue una muestra de las múltiples que se han podido presenciar desde el 4 de mayo en las cuatro sedes en las que se han proyectado películas. La asistencia de miembros de los equipos de algunas de las obras del festival a presentar sus trabajos y discutir con los espectadores ha vuelto a ser uno de sus principales atractivos, enriqueciendo la experiencia del visionado y ofreciendo algo poco habitual para el público leonés

Tanto la calidad y conocimiento de las obras como la asistencia de cineastas han sido, probablemente, los principales argumentos que explican el aumento de público de esta edición. Mas también ha contribuido la importante campaña de promoción realizada en la ciudad y en medios de comunicación –es destacable, no obstante, una cierta falta de interés que siguen mostrando medios locales y regionales– o la inclusión de nuevas sedes –han sido cuatro en total–. La tendencia del festival es muy positiva y, si el público sigue respondiendo, este todavía jovencísimo festival tiene potencial para convertirse en un evento grande. 

Margen de mejora 


Es cierto que para ello debería mejorar ciertos aspectos: por un lado, se han visto ciertas deficiencias técnicas en las proyecciones –en una ocasión se pudo ver a un insecto revoloteando alrededor del proyector y colándose en la imagen–; por otro, los horarios de las proyecciones han hecho que algunas se superpongan o que haya sido imposible llegar a las que se celebraban, con escaso margen, en otras sedes. Son, en cualquier caso, aspectos logísticos menores y totalmente comprensibles y esperables en un certamen con unos medios y un contexto como este, y que no oscurecen en absoluto la valía cinematográfica del festival.

Analia Fraser, directora y guionista de 'Isabela y nosotros', presentando su obra junto a María Oliden, coordinadora del Festival

Los casi 120 títulos proyectados en estos 15 días de buen cine son los que dejan verdadero poso en este festival que ahora se despide. Hasta el año que viene. Y que sea enhorabuena.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 6 de mayo de 2019

[Series] Review: 'Mrs. Wilson' (2018). A veces las historias reales más sencillas esconden las mayores intrigas

Filmin estrena este martes la miniserie británica ‘Mrs Wilson’, una poderosa historia familiar basada en hechos reales con una Ruth Wilson extraordinaria que ha sido nominada a cuatro premios BAFTA TV 



No es necesario caer en el tópico de la realidad que supera a la ficción para reconocer el valor añadido que, a menudo como reclamo, y casi siempre cuestionada en función de su fidelidad, supone la etiqueta de “basado en hecho reales”. La serie británica ‘Mrs. Wilson’ es una muestra clara de cómo el origen de la ficción puede servir como acicate, pero sobre todo de cómo el principal valor de esa historia original es cómo está narrada y qué transmite. 

Basada en la historia real de la abuela de Ruth Wilson, productora y protagonista de la serie, ‘Mrs. Wilson’ cuenta cómo, tras la muerte de su marido Alec, Alison Wilson recibe una visita de una mujer que también dice ser esposa del fallecido y, por lo tanto, y como ella, otra señora Wilson. A partir de ahí, el duelo de Alison se verá trastocado por sus descubrimientos sobre quién era su marido. A lo largo de tres episodios de una hora, el espectador va construyendo, de la mano de los recuerdos y las versiones que los implicados cuentan a la propia Alison, su visión de la historia. 

Lo más atractivo, no obstante, no es conocer esa versión como la única aproximación posible a la historia de Alec Wilson, sino dejar la interpretación abierta, como también hace Alison en la carta que escribe a sus hijos, para que seamos nosotros, igual que los hijos de Alec, quienes decidamos cómo juzgarle y, sobre todo, si y cómo perdonarle. A su vez, el guion de la serie, basado precisamente en esa carta de Alison Wilson, consigue capturar el coraje que necesitó esta mujer para enfrentarse al pasado oculto de su esposo.

Ruth Wilson como elemento central de una serie con mucho que ofrecer 


Y sin dudar por un instante de la valía de una narración cargada de flashbacks y del acierto de la libre interpretación que se ofrece al espectador, la mayor fuerza de la miniserie la encontramos en la extraordinaria y poderosa actuación de Ruth Wilson, alma y guía de la historia. Deben destacarse, igualmente, la adecuada ambientación de la serie en las décadas de 1940 y 1950, es decir, en plena guerra y posguerra; la intriga que se despierta a lo largo de trama; ese sello british de tantas producciones de la BBC; y el buen hacer tanto en lo referente a vestuario y maquillaje como a interpretaciones secundarias. Mas todo esto queda subordinado a la, de nuevo, magnífica interpretación de la protagonista.


La miniserie que llega a España gracias a Filmin el martes 7 de mayo, pocos días antes de que se entreguen, el día 12, los premios BAFTA TV, en los que ‘Mrs. Wilson’ cuenta con cuatro nominaciones, incluyendo la de Mejor Miniserie.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 5 de mayo de 2019

[Series] 'No limit': Piloto de una serie convencional

El 10 de mayo llega a Cosmo TV la serie de acción francesa ‘No limit’, una obra entretenida y convencional creada por Luc Besson 


No Limit, Critica, Cosmo

No cabe ninguna duda de que Luc Besson es una figura muy respetada y con amplia experiencia en el cine, responsable de alguna de las obras de acción más relevantes de los 90, como ‘El profesional’. También es un director bastante polifacético, capaz de adentrarse en la animación con ‘Arthur y los Minimoys’ o la ciencia-ficción con ‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’. Lo que faltaba en la trayectoria del francés era la televisión, en la que se estrena como creador, escritor y productor en esta ‘No limit’, que el próximo 10 de mayo llega a España gracias a Cosmo, que estrenará los seis episodios de la primera temporada con un capítulo doble cada viernes a las 22.00

‘No limit’ se centra en la figura de Vincent Liberati, un antiguo soldado que, a cambio de un tratamiento experimental para una enfermedad incurable, accede a trabajar para los servicios secretos de manera clandestina. De esta forma, Vincent podrá estar más cerca de su hija adolescente, que vive con su exmujer, y de su hermana, policía de homicidios que investiga un caso que se cruzará con el del propio Vincent. Una trama, en definitiva, cargada de intriga y acción, pero también de clichés y convencionalismos y sin ningún tipo de novedad dentro del género. 

No Limit, Critica, Cosmo

Es cierto que la serie se estrenó en Francia en 2012, es decir, aunque no podemos hablar de una ficción antigua, sí es cierto que en estos siete años las obras de acción y, sobre todo, las series de televisión, han evolucionado mucho. El público televisivo es mucho más maduro y este tipo de trabajos parecen quedarse ligeramente pasados de moda. Ahora bien, sigue existiendo mercado –siempre lo habrá– para una serie entretenida, intrigante, tensa y sencilla como esta. Conocemos la puesta en escena, la narración y los personajes de sobra, podemos incluso anticipar un cierto final –esto es una elucubración, pues estamos valorando únicamente el piloto de la serie–, mas este tipo de obras siguen siendo ideales como pasatiempos adictivos. De hecho, el cliffhanger al final del primer episodio ya es una buena muestra de la capacidad de atracción y de las armas de la serie. Es evidente, por otra parte, que entre estas armas no se intuyen novedades en la dirección, efectos especiales espectaculares, grandes interpretaciones o una trama inteligentísima y cargada de análisis subyacentes.

Podemos hablar con bastante propiedad de un placer culpable. Además, el hecho de tener a Luc Besson como responsable de ‘No limit’ –la verdad es que ni siquiera el título es original–, le añade una pátina de prestigio bastante interesante. En definitiva, puede que ‘No limit’ sea un producto prescindible, pero no es una serie pesada o aburrida en absoluto. Al contrario, acción e intriga clásicas y sin pretensiones, ideales para desconectar

Lo mejor: su capacidad de entretener 
Lo peor: su falta de atrevimiento 
Nota: 6/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 4 de mayo de 2019

[Festivales] Optimismo hacia el futuro en la inauguración del VI Festival de Cine y Televisión Reino de León

La VI edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León proyectará más de 100 títulos hasta el 18 de mayo en cuatro escenarios de la capital leonesa



Si la V edición del Festival de Cine y Televisión Reino de León podía verse como su consolidación, la VI, que arrancó ayer, va camino de convertirse en el despegue definitivo de un festival que, en realidad, cumple este año su décimo aniversario. Iniciado en 2009, la dureza de la crisis económica impidió su celebración varios años, haciendo que sus seis ediciones no hayan sido todas consecutivas. En los últimos años, no obstante, el apoyo público y privado –destacado en sus discursos tanto por el alcalde de León, Antonio Silván, como por el director del festival, Tomás Martínez Antolín– ha permitido que el festival continúe creciendo y sueñe con metas más ambiciosas para el futuro. El creciente número de obras y secciones, así como la calidad de las mismas, son la principal señal de optimismo. 

La gala de inauguración, celebrada en el Teatro San Francisco de la capital leonesa con una asistencia de público bastante notable, fue conducida por Chema Trujillo. Además de dos actuaciones musicales y de los citados discursos del alcalde de León y el director del festival, lo más destacado del evento fue la presentación de las categorías oficiales y de los trabajos que se podrán ver hasta el día 18 de mayo. Siete largometrajes, nueve documentales, 23 cortometrajes, 16 cortometrajes de animación, once trabajos en la sección Historias con sentido, nueve títulos para la sección Portugal de Cine, once obras de Castilla y León –la única sección nueva en esta edición del festival– y trece más procedentes de Latinoamérica. A ello se suman, fuera de concurso, las cuatro obras de la Muestra de Cine Leonés y las siete de la Muestra Cine y Despoblación, así como los ocho trabajos que, procedentes de otras secciones, se proyectarán en escuelas de la ciudad durante estos días. 

En total, más de un centenar de títulos; algunos ya han sido premiados en múltiples festivales nacionales e internacionales, otros están todavía por ser descubiertos. Las proyecciones se realizarán en horario de tarde-noche y, en esta ocasión, algunas tendrán lugar de manera simultánea en diversos escenarios, muestra de la expansión del festival. 

Para abrir boca 


En una gala en la que el presentador hizo frecuentes referencias al apetito voraz –como leones– de los espectadores por el cine, la proyección de tres cortometrajes fue lo más útil de cara a poner los dientes largos al auditorio. El primero de ellos fue ‘Robarte una noche’, dirigido por Fernando Vera y protagonizado por Miren Ibarguren y Telmo Irureta, presente este último en la gala con su silla de ruedas y su humor imparable para introducir una obra que, en sus propias palabras, “no es comedia ni drama, es la vida misma”. También acudieron a esta ceremonia Ignasi López y Roberto Martín Maiztegui, responsables de ‘Viacruxis’ y ‘Sushi’, respectivamente; muy meritoria la primera, un corto de once minutos sobre dos montañeros realizado con stop-motion a lo largo de 18 meses, y muy personal la segunda, sobre una pareja en un restaurante japonés.


Concluida esta obra, daba comienzo el VI Festival de Cine y Televisión Reino de León. Y con él, dos semanas de cine en el Reino de León.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 26 de abril de 2019

[Cine] Crítica: 'Capitana Marvel' (2019). Feminismo en el MCU

Vendida como película feminista y engullida por el fenómeno ‘Endgame’, ‘Capitana Marvel’ se apoya en una gran Brie Larson para una obra con el sello Marvel pero capaz de abrirse a nuevos públicos 



Se estrenó el 8-M como “la primera superheroína protagonista de Marvel” y con una campaña de marketing que explotaba claramente el feminismo de la obra. Esa apuesta, que había funcionado de manera muy notable y, en gran medida, sorprendente con ‘Wonder Woman’ en 2017, parece convertirse en el principal argumento de 'Capitana Marvel'.

Un argumento que resulta bienvenido por la necesidad de que los personajes femeninos poderosos sigan ganando espacio en la gran pantalla y por la importancia que tiene para el movimiento feminista haberse convertido en algo mainstream, con la todopoderosa Disney enarbolando su bandera. No obstante, es innegable la apropiación que Marvel, Disney y Hollywood hacen del movimiento, no tanto por convicción como por interés comercial. Se trata de una discusión mucho más compleja de lo que este espacio permite, pero censurar la hipocresía de estas compañías no impide alabar el favor que –intencionadamente o no– hacen a la sociedad. 

Ahora bien, la crítica que sí debemos realizar aquí tiene relación con la inclusión, descarada y artificial, de todos los aspectos posibles relacionados con el feminismo: mujeres a las que no permiten pilotar, comentarios machistas, infravaloraciones, ejemplos de sororidad, una madre soltera, empoderamiento femenino… Tal vez convendría puntualizar que una película feminista no necesita tocar todos estos temas a la vez, como si quisiera compensar en dos horas toda la testosterona que el cine de superhéroes lleva segregando durante décadas

Esa intención de querer incluir todos los posibles elementos asociados al movimiento feminista les resta profundidad, pues no es posible detenerse con suficiente detalle en ninguno, y sutileza, pues algunos aspectos parecen introducidos con calzador e intentando demostrar en cada escena todo el feminismo que desprende la cinta. Ahora bien, es cierto que debemos reconocer que los temas se tratan con coherencia y sin errores

Brie Larson y un gato 


En términos más cinematográficos, cabe destacar lo entretenido de la trama, con abundantes y solventes efectos especiales y con unas dosis de humor muy elevadas. La presencia del gato, protagonista además en una de las escenas post-créditos, y el carisma de Brie Larson y Samuel L. Jackson resultan muy divertidos, haciendo que la película sea menos oscura que algunas de las últimas entregas de Marvel. Atractivo es igualmente encontrar a Jude Law en el reparto o la poderosa interpretación de  Brie Larson. También la complejidad narrativa es menor que en anteriores entregas del Marvel Cinematic Universe, sin cruzar las líneas argumentales de diversos personajes y sin dar espacio a múltiples tramas. Esta sencillez, unida al hecho de ambientarse en una etapa anterior al resto de obras del MCU y ser, en gran medida, independiente de ellas, abre ‘Capitana Marvel’ a públicos más amplios. Aun así, es puro Marvel. Sus guiños al MCU son recurrentes y el estilo visual y narrativo son los propios de la franquicia.


Una franquicia que, como decíamos en el 1x03 de Los Lunes al Podcast, no da espacio a sus estrenos. ‘Capitana Marvel’, un grandísimo éxito de taquilla en todo el mundo, con potencial para convertirse en uno de los quince títulos más taquilleros de la historia, se verá canibalizada desde hoy mismo con la llegada a las carteleras de la esperadísima y, presumiblemente, definitiva ‘Vengadores: Endgame’, llamada a marcar un antes y un después. Estrenada solo un mes y medio antes, la película dirigida por Anna Boden y Ryan Fleck no ha tenido espacio suficiente en taquilla y, aunque se haya podido aprovechar del hype que precede a ‘Endgame’, parece haber actuado más como anticipo para abrir boca que como una obra con toda sus capacidades. 

Y es una pena. Porque ‘Capitana Marvel’ podría haber sido una oda feminista todavía más poderosa. Y porque en taquilla podría haber destacado aun más de lo que lo está haciendo. No obstante, olé por ella, y olé por seguir abriendo el camino para futuras superheroínas. 

Lo mejor: Brie Larson, impresionante como superheroína, se come la pantalla 
Lo peor: la introducción de tantos tópicos relacionados con el feminismo resulta descarada y artificial 
Nota: 6.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 29 de marzo de 2019

[Cine] Crítica: 'Bauhaus' (2019). La mujer en la centenaria Bauhaus

Coincidiendo con el centenario de la institución el 1 de abril, Filmin estrena 'Bauhaus', retrato de una institución y sus mujeres en una época convulsa y apasionante de la Historia alemana



El 1 de abril de 1919 se fundaba en Weimar, de la mano de Walter Gropius, la Bauhaus, una de las escuelas de arquitectura y arte –aunque reducirlo a eso es simplista e injusto– más influyentes de la Historia. Conmemorando el centenario de la institución se estrena en Filmin ‘Bauhaus’ ('Lotte am Bauhaus'), una producción para la televisión alemana basada en la vida de Alma Siedhoff-Buscher, diseñadora de juguetes y mobiliario infantil.

Concebida como una película con vocación didáctica, este largometraje emitido originalmente en la cadena alemana Das Erste, realiza dos reivindicaciones de gran relevancia. Por un lado, el de las mujeres de la Bauhaus y por el otro el de la propia institución. El de las mujeres resulta clave porque, a pesar del progresismo de la escuela, el recientemente adquirido derecho al voto de las mujeres alemanas y la etapa de rebelión y efervescencia socio-cultural que se vivía en esa época en algunas ciudades de Alemania, las mujeres seguían discriminadas, sus talentos, cuestionados, y sus voluntades, sometidas a las de los hombres. Así, la mayoría de nombres que se asocian a esta escuela son los de Walter Gropius, Mies van der Rohe, George Grosz o László Moholy-Nagy –en efecto, todos hombres–, si bien es cierto que la historia y los diseños de Alma Siedhoff-Buscher representan perfectos ejemplos del estilo y el espíritu de la Bauhaus

De la misma forma, y entrando ya en esa segunda reivindicación de la película, la cinta muestra cómo la Bauhaus ejemplificaba de forma idiosincrática el zeitgeist, el espíritu de los tiempos, de la República de Weimar. De hecho, no es pura coincidencia que Gropius fundara la escuela hace justo un siglo en la ciudad que daba nombre al periodo de la historia alemana que transcurre entre su derrota en la I Guerra Mundial en 1918 y la llegada de los nazis al poder en 1933. Esa época de conflictividad política y frecuentes brotes de violencia fue también el escenario para una creatividad artística y de pensamiento que dio lugar a figuras del nivel de Bertolt Brecht, Friedrich Wilhelm Murnau, Thomas Mann o Walter Benjamin y, ampliando el foco a la vecina y hermana Austria, a Stefan Zweig, Fritz Lang o Sigmund Freud. La mayoría de ellos, como los miembros de la Bauhaus, representaban esa apertura de mentes y ese arte "degenerado" que tanto soliviantaban al nazismo. 

Buen producto que no hace justicia a lo que representa


Tanto el papel de la Bauhaus como la situación de las mujeres de la institución, enmarcados ambos elementos en un convulso, aunque apasionante, momento histórico, son retratados en el film de una forma excesivamente convencional. La intención didáctica de la producción tal vez le reste atrevimiento, impidiendo que haga justicia a lo que significó el movimiento. La narración es poco elaborada, sin la fuerza y el dramatismo que demanda la historia. También las interpretaciones resultan correctas, destacando el gran trabajo protagonista de Alicia von Rittberg, pero infrautilizadas, sin explorar la profundidad y evolución de los personajes. En general, se desprende su concepción como producto televisivo masivo, correcto, pero sin complejidad ni sutileza.


La calidad de la obra es innegable, mas no corre los riesgos que sí corrían los rompedores diseños de una escuela que cambió el arte, la arquitectura y el interiorismo para siempre. Quizás la Bauhaus y, en concreto, las mujeres que formaban parte de ella, hubieran merecido algo más. No obstante, bienvenido sea este intento de poner en valor esta institución creada hace ahora 100 años. 

Lo mejor: la trascendencia de la historia 
Lo peor: la narración es sencilla y plana 
Nota: 7.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

sábado, 16 de marzo de 2019

[Series] 'The Bisexual': Desiree Akhavan alarga, que no amplía, su universo

Tras su interesante puesta de largo con ‘Una chica de Brooklyn’ y su consagración con ‘The Miseducation of Cameron Post’, Desiree Akhavan dirige esta serie de seis episodios que llegó a Filmin el pasado 15 de marzo 


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Analizando ‘Una chica de Brooklyn’ (‘Appropriate Behavior’), establecíamos comparaciones com ‘Master of None’ o ‘Girls’. No resultaría nada equivocado –es cierto que tampoco resultaría nada original–, volver a recurrir a ellas para hablar de ‘The Bisexual’, la serie estrenada en noviembre en Hulu y que el 15 de marzo llegaba a España de la mano de Filmin[1]. De hecho, definirla como una ampliación de ‘Una chica de Brooklyn’ sería lo más correcto y sencillo.

De nuevo, Desiree Akhavan dirige, escribe y protagoniza esta serie con seis capítulos de 30 minutos, en los que vuelve a retratar la historia de una lesbiana de origen iraní –en este caso en Londres en lugar de en Brooklyn, lo que, a efectos prácticos, tiene casi las mismas implicaciones–, que, tras romper con su pareja desde hace muchos años, se muda a una nueva casa –en esta ocasión, con un profesor que hace mucho tiempo publicó un exitoso libro– y comienza una serie de relaciones esporádicas tanto con hombres como con mujeres. Ambas, serie y película, introducen flashbacks en la narración y complementan la trama principal con historias secundarias que permiten analizar y criticar elementos de la sociedad en la que se sitúan, si bien es cierto que la serie, por su extensión, consigue profundizar más. 

Sus reflexiones no son siempre novedosas ni impecables, rozando algunas de ellas una cierta exageración o caricaturización, pero consigue algunas explicaciones verdaderamente inteligentes e interesantes, tanto en lo que significa la identidad homosexual para una persona que ha tenido que luchar para salir del armario como en lo referente a los tabús que internet y las nuevas generaciones han derribado en ese aspecto. El reflejo de la sociedad posmoderna y de la generación millennial (que recordemos que no son los adolescentes actuales, sino los que rondan la treintena) es acertado y bastante fiel, tanto en el contenido –la discriminación por motivos de género u origen, el emprendimiento digital o la sobreprotección de los niños están, aunque de forma más tangencial, también presentes– como en el tono.

The Bisexual, Desiree Akhavan, crítica, Filmin

Esto se traduce en una comedia divertida, irónica y sarcástica, generalmente alegre, mas con un fuerte poso de pesimismo, inseguridad y desorientación. Es la misma línea que seguía en ‘Una chica de Brooklyn’, con la que también comparte estética, pero resulta tal vez menos arriesgada y más madura, mostrando una ligera evolución en la forma, que no el fondo, de los trabajos de Desiree Akhavan. 

De esta forma, el universo de la creadora iraní-estadounidense sigue creciendo. No se amplía, por ahora, a nuevos horizontes, pero se confirma como uno de los más exquisitos del panorama independiente actual y uno de los más relevantes en temática LGTBIQ+.

The Bisexual, Desiree Akhavan, crítica, Filmin


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)


[1] Para todos esos espectadores huérfanos de ‘Día a día’ que ahora se indignan por su no renovación –como antes ocurrió con ‘Sense8’–, tal vez estáis ladrando al árbol equivocado. Sin entrar en debates mucho más complejos que afectan a la industria, la hipocresía del marketing o la visibilización de determinados colectivos, para poder exigir a Netflix y los gigantes del streaming que den espacio a ciertos temas, haciendo que estos lleguen al mainstream y se logre esa tan necesaria visibilidad, a lo mejor conviene empezar por prestar más atención a Filmin y a productos como este de Desiree Akhavan.

lunes, 4 de marzo de 2019

[Series] 'Press': Acertada y desfasada crítica periodística

Desde el 26 de febrero está disponible en Filmin ‘Press’, un entretenido análisis del periodismo británico que, aunque desfasado y con errores, refleja el fondo de una profesión cargada de ironías y claroscuros


Press, Serie

Un escritor tan británico como Charles Dickens inició una de sus novelas, ‘Historia de dos ciudades’, con la famosa cita: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura”. En los últimos tiempos, utilizar esta frase para referirse a la situación del mundo y, en concreto, del Reino Unido, se ha convertido en algo habitual. Tampoco creo ser el primero que la utilice para referirse a la situación de los medios de comunicación y la prensa. Y de nuevo, es particularmente válida para hablar de los medios de comunicación británicos: pocos países tienen la tradición periodística y los medios de referencia (BBCThe EconomistThe GuardianFinantial Times) del Reino Unido; pero también son pocos los que tienen tanta prensa sensacionalista (The SunDaily MirrorDaily ExpressDaily Mail) y con tanta influencia.

De esa doble cara del periodismo del Reino Unido bebe ‘Press’, centrado en las redacciones de dos periódicos con sede en Londres. The Post y The Herald, ubicados en dos extremos de una misma plaza, reflejan esos dos modelos: The Post es un diario sensacionalista y conservador con claras semejanzas con The Sun; y The Herald es un medio progresista de calidad, con una tipografía y una política que recuerdan con claridad a The Guardian. Así, los elementos más destacados de la serie son la comparación de dos formas de entender la información, los debates sobre la deontología profesional y las reflexiones sobre el futuro de la prensa en papel

De hecho, se establece una suerte de sinécdoque al asociar periodismo y prensa diaria, a la que considera, si no la única forma de periodismo, sí la más pura. Y esa es, probablemente, una aproximación simplista que, de hecho, ha contribuido a que los propios periódicos sean en parte responsables de su declive (y hablamos aquí del declive que se produce en la realidad, no en la serie). En este sentido, la serie parece olvidar que la forma de hacer periodismo en la redacción de un periódico no es aplicable a otros medios y que el funcionamiento de la profesión ha cambiado de forma radical en los últimos años

Mejor como drama que como análisis realista

Parece, en realidad, que ‘Press’ refleja una situación más propia de finales del siglo XX, cuando conseguir una exclusiva en la portada del diario matutino era el mayor fenómeno mediático. Eso ha cambiado en la actualidad y la portada de un diario ha perdido progresiva importancia, pues la noticia que vaya en la primera plana no suele influir significativamente en sus ventas ese día. Tampoco suele ser relevante la búsqueda de la exclusiva entre los diarios, al menos no en temas como los que se reflejan en la miniserie, algo más propio de medios digitales o de la televisión. Tampoco es habitual que una noticia bomba se reserve al diario de la mañana y no se cuelgue con anterioridad en la red. Tampoco tiene lógica que la lucha entre dos periódicos con modelos tan diferentes sea tan encarnizada: en la realidad The Post y The Herald no serían competidores. [1]

Press, Serie,

En general, el retrato de la profesión es poco realista. O, por lo menos, muy poco actual. No obstante, la miniserie creada por Mike Bartlett sí resulta acertada como alegoría y crítica de lo que esconde el mundo del periodismo. Los detalles no son verídicos, algunos personajes están caricaturizados y la imagen que se presenta está claramente desfasada, pero hay verdad en el análisis de la moral de los periodistas y de sus relaciones con el poder. Si se obvia la forma, el fondo es muy atractivo, censurando algunos comportamientos de la profesión y sin caer en esa idealización tan frecuente en series o películas sobre periodistas. 

Pero hay más aciertos, desde las notables interpretaciones –con Ben Chaplin y Charlotte Riley en los papeles protagonistas– hasta el trabajo de la cámara, que en determinados momentos se acerca mucho al rostro de los personajes, logrando picados que acentúan la intensidad. ‘Press’ resulta además dinámica, con unas dosis de drama y emoción muy atractivas y con una narración bien construida, creciendo en tensión. Así, si en los primeros tres capítulos de la miniserie, en los que predomina la comparación entre las dos redacciones, los fallos de la serie son más visibles, en los tres últimos, en los que el drama personal gana peso y el análisis de la profesión y la industria pasa a un lugar más secundario e indirecto, la serie funciona mucho mejor

Así, el mayor error de ‘Press’ es prestar demasiada atención a detalles y a aspectos periodísticos, en los que se equivoca, en lugar de explotar la combinación de entretenimiento y crítica sutil, en las que es mucho más solvente. Y es que en una serie de televisión no siempre es necesario elegir entre dos modelos como los del Herald y el Post, sino que a veces es posible combinar ambas formas de aproximarse a la verdad. 



(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

[1] [SPOILER] Tampoco el secuestro de la portada de The Herald es coherente, ni el drama que se desata tras ello, ni los cambios tan bruscos de periodistas entre una redacción y otra, ni la conversión de The Herald a un periódico gratuito…