lunes, 23 de abril de 2018

[Documental] 'Avicii: True Stories': retrato de una vida que explica una muerte

Tras conocer la muerte del DJ y productor sueco Avicii repasamos el documental 'Avicii: True Stories', estrenado en octubre y que en muchos aspectos anticipa y explica las causas indirectas de su fallecimiento el pasado viernes

 'Avicii: True Stories': retrato de una vida que explica una muerte

Este viernes trascendía la muerte de Tim Bergling, más conocido como Avicii, en Mascate, la capital de Omán. Aunque las circunstancias de la muerte no se conocen con absoluta claridad, parece que se debió a la pancreatitis aguda que sufría desde hace años y que en parte venía derivada de una excesiva ingesta de alcohol. Es un momento muy adecuado para revisar ‘Avicii: True Stories’, un documental estrenado en octubre de 2017 y disponible en Netflix, no solo por la percha informativa, sino porque, independientemente de las causas directas del fallecimiento, el trabajo de Levan Tsikurishvili refleja el contexto y los detonantes que han podido estar detrás del mismo.

‘True Stories’ repasa la carrera del DJ y productor sueco desde sus comienzos en el mundo de la música electrónica hasta su retirada en 2016, pasando por el éxito que alcanzó con ‘Levels’ y que lo convirtió en una estrella, sus giras o sus problemas de salud. Cuenta con testimonios de artistas como David Guetta, Wyclef Jean o Tïesto y con abundante material inédito de Bergling y de su entorno más cercano. Pero el montaje no es demasiado atractivo, pues resulta demasiado básico, sin estilo y sin la suficiente profundidad en muchos aspectos, sobre todo de su música. Y es que el componente musical resulta demasiado escaso para un documental sobre un productor y creador como Avicii. Esto puede deberse a que en último término lo que parecía intentar el documental era justificar las causas de su retirada más que adentrarse en su carrera.

Mas las condiciones han cambiado radicalmente con la noticia de su muerte. Y lo que podría haber sido una biografía más o menos mediocre, se convierte ahora en una ilustración esencial para comprender la industria de la música electrónica de baile y una nueva visión de lo que implica la fama y el éxito.

 'Avicii: True Stories': retrato de una vida que explica una muerte

En un momento del metraje se conecta el ascenso de la música house y dance con el ascenso del propio Avicii en una analogía que no parece descabellada, pues ha sido en los últimos años cuando los grandes hits y los festivales de este tipo han alcanzado cotas de popularidad nunca antes vistas. Y en parte ha sido gracias a Avicii, pues con temas como ‘Levels’, ‘Hey, Brother’ o ‘Wake Me Up’ alcanzó el mainstream y contribuyó al crecimiento no solo de este estilo musical, sino del negocio y la industria que lo rodean.

Y son esa industria y el éxito, que demandan cada vez más shows, más sencillos, más colaboraciones, quienes dieron lugar a esa ansiedad que obligó a Tim Bergling a anunciar su retirada en 2016 y a cancelar eventos durante los meses previos. También es responsable de esta situación la pancreatitis que sufría desde 2013 y que se derivaba de sus adicciones, sobre todo su alcoholismo. En conjunto, un estilo de vida no solo alocado, sino mucho más exigente de lo que el espectador medio pueda imaginar, y que es común a gran cantidad de estrellas, particularmente a las de música electrónica de baile (EDM).

En 2017 las consecuencias de este estilo de vida habían sido la cancelación de varios eventos y la retirada de los escenarios, pero sin abandonar la faceta productora y creadora. De hecho, el documental termina anunciando un trabajo que vería la luz poco después del estreno del film. Así fue y eso podría haber hecho pensar que una vida más relajada podría haber resultado positiva para el artista sueco de 28 años. Sin embargo, su muerte esta semana demostraba que probablemente no había sido suficiente.

Tanto su vida como su muerte son paradigmáticos, no solo para representar el funcionamiento de la industria de la EDM, sino también para mostrar que los ascensos meteóricos y el éxito desbordado siguen suponiendo el sueño y la pesadilla de una larga lista de estrellas fallecidas demasiado pronto y de forma dramática.

Lo mejor: la relevancia que ha ganado el documental para explicar las causas indirectas de la muerte de Avicii
Lo peor: su deficiente montaje y factura
Nota: 6

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 22 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Hace una semana el mundo, o la parte de él al que este tipo de noticias le afectan, se estremecía por el ataque de Estados Unidos, en coalición con Francia y Reino Unido, sobre Siria. Aunque el bombardeo se saldó, hasta donde se sabe, sin víctimas civiles ni militares, se desconoce el riesgo real que existió para soldados y civiles sobre el terreno. Lo que sí es casi evidente es que el riesgo para los atacantes fue muy bajo. Esa es la tónica habitual en una gran cantidad de operaciones militares en la actualidad, en la que los misiles teledirigidos o lanzados desde drones han permitido que el peligro para quienes aprietan el botón sea casi inexistente. 

Esto, que podrían ser buenas noticias cuando quien dispara es “de los buenos” –no hay comillas suficientes para remarcar esto–, plantea una serie de dilemas éticos muy importantes. Esos dilemas son los que 'Espías en el cielo' ('Eye in the Sky', 2015) pone sobre la mesa.

La película narra una operación de captura dirigida por el ejército británico, en colaboración con las fuerzas armadas estadounidenses y kenianas, sobre terroristas de Al Shabbaab en Nairobi (Kenia). Sin embargo, un cambio de circunstancias obliga a que el objetivo de la misión pase a ser matar a los terroristas. El protagonismo recaerá entonces sobre los pilotos del dron, que actúan desde Estados Unidos y que serán quienes deban efectuar el lanzamiento del misil, y sobre el gabinete, con presencia de un ministro, reunido en Londres, que será quien deba decidir si se da luz verde al operativo.

en esa cadena de decisiones entran en juego diversos conflictos militares, políticos, legales y, sobre todo, morales. Decisiones que deben ser tomadas con celeridad y bajo una inmensa presión, sabiendo que hay muchos intereses, además de vidas inocentes, en juego. Pero la obra de Gavin Hood no se posiciona con claridad, intentando reflejar la complejidad de las decisiones militares que se toman a miles de kilómetros y el error que supone utilizar argumentos simplistas o totales en esos debates. 

Crítica: 'Espías en el cielo' (2015), de Gavin Hood

Una lección de humildad a todos los que alaban o critican sin el conocimiento y la empatía suficientes sobre un asunto mucho más complejo y lleno de aristas de lo que la mayoría de la población pueda suponer. 

Pero también una lección de cine. Primero, por la interpretación de sus magníficos actores, sobre todo Helen Mirren ('La dama de oro') y Alan Rickman. Segundo, por su construcción del suspense, siguiendo la lección de Hitchcock y la bomba bajo la mesa, solo que aquí la bomba no está bajo la mesa, sino en un misil que cae de un avión no tripulado. Y tercero, por el control de la narración y su estructura, que ayuda a construir la tensión, a transmitir la complejidad de la cadena de mando y de asunción de responsabilidades y a profundizar en la discusión sobre las nuevas formas de hacer la guerra.

Una discusión que queda premeditadamente inconclusa, porque la operación se cierra, con mayor o menor éxito, pero el dilema permanece abierto. Mientras tanto, los espías seguirán en el cielo. Y los inocentes, saltando por los aires. 

Lo mejor: su tensión y el debate moral que plantea 
Lo peor: que puntualmente recurra a algún truco para ganar efectismo
Nota: 8,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 12 de abril de 2018

[Documental] 'Dawson City: Frozen Time': homenaje al cine mudo gracias a la fiebre del oro

'Dawson City: Frozen Time': homenaje al cine mudo gracias a la fiebre del oro

Hace años (aunque reconozco que sigo haciéndolo de vez en cuando), solía jugar a un juego de estrategia en tiempo real en el que una de las partidas, mi preferida, incluía una gran mina de oro en el centro del mapa: esa partida se llamaba Klondike. Klondike es el nombre de un río, afluente del Yukon, en la zona noroeste de Canadá, en el que a finales del XIX se descubrió la presencia de oro, lo que dio lugar a una fiebre del oro breve e intensa.

Ha sido una casualidad que descubriera esto ahora a través de un documental de Bill Morrison titulado 'Dawson City: Frozen Time' que fue estrenado en 2016 y que llega mañana, 13 de abril, a la plataforma Filmin. Pero la historia que hizo posible la creación de dicho trabajo es mucho más casual y afortunada. 

En 1896, de forma también un tanto casual, se descubrió la presencia de grandes cantidades de oro en el río Klondike, cerca de Dawson City. Enseguida la noticia se expandió y en 1898 la población de esta ciudad alcanzaba las 40.000 personas. La fiebre del oro comenzó a apagarse al año siguiente y la población de Dawson City se redujo drásticamente.

Esa ciudad, casi en el fin del mundo se convirtió en el final de la trayectoria de las proyecciones cinematográficas de los primeros años del siglo XX. Así, los rollos de celuloide, que en ocasiones llegaban a Dawson con varios años de retraso, no regresaban ni continuaban su ruta siendo almacenados o destruidos allí. Los avatares de la historia hicieron que gran cantidad de esas películas se almacenaran en una piscina que sería cubierta de tierra y que, en 1978, seria desenterrada como parte de las excavaciones de una nueva construcción.

'Dawson City: Frozen Time': homenaje al cine mudo gracias a la fiebre del oro

Conservadas en cajas en condiciones de frío extremos, el azar permitió recuperar centenares de obras de cine mudo que, de otra forma se habrían perdido –se calcula que solo el 20% de las grabaciones anteriores a la entrada del sonoro se conservan en la actualidad–. 

Una historia fascinante, pura arqueología cinematográfica, narrada de forma casi exclusiva con el metraje encontrado en Dawson City y con fotografías y recortes de periódico de la época, y con el único acompañamiento de algunos comentarios impresos sobre la imagen y una banda sonora muy adecuada.

Esa banda sonora, así como el montaje de los materiales, permiten a la obra una atractiva búsqueda de belleza. Así, a pesar del indudable estilo documental, riguroso, cronológico y con escasa mediación, Frozen Time no permite únicamente la profundización en la historia, sino también el deleite y el disfrute con la misma. 

Un disfrute que tal vez se vea empañado por una duración –dos horas– un tanto excesiva. Excesiva porque el espectador actual puede no estar acostumbrado a obras mudas, mas escasa si se tiene en cuenta la ingente cantidad de material que se encontró y que merecería ser difundido. En este sentido se aprecia un magnífico trabajo de análisis y síntesis por parte de Bill Morrison, que de metraje encontrado y de filmes antiguos sabe una cosa o dos, y de su equipo.

Y todo ese material no hace sino confirmar una vez más que el cine no deja de ser un reflejo de la realidad. Incluso cuando no tiene vocación documental, actúa como muestra de cómo es el mundo que nos rodea, cómo lo percibimos y qué medios tenemos para hacerle frente. 

Y si, como dice McLuhan, el medio es el mensaje, 'Dawson City: Frozen Time' analiza ambos: el mensaje porque nos cuenta la historia de una ciudad y de una época; y el medio porque es una preciosa reflexión sobre el cine y sus orígenes. Y con ello demuestra que el cine y la historia, aun con sus formatos físicos desaparecidos, son eternos. 

Lo mejor: la combinación de repaso histórico con canto al cine 
Lo peor: que pueda hacerse ligeramente larga 
Nota: 8,5


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 2 de abril de 2018

[Series] 'The Terror': tensión y frío en el ártico

'The Terror': tensión y frío en el ártico

En 1845 partió de Inglaterra la Expedición Franklin con la intención de completar el codiciado Paso hacia el Noroeste. Inmersos en la época del colonialismo, los británicos aspiraban a dominar el paso por el Ártico que les permitiera conectar y comerciar con Asia sin bordear el continente africano. La expedición, compuesta por los modernos y poderosos navíos Erobus HMS Terror, quedó atrapada por el hielo y todos sus tripulantes fallecieron. Las investigaciones llevadas a cabo ya en este siglo han afirmado que las muertes se produjeron por neumonía, tuberculosis, escorbuto, así como por los efectos del frío y el hambre –se cree incluso que algunos de los expedicionarios llegaron a recurrir al canibalismo–, todo ello agravado por el envenenamiento derivado del plomo de las latas de conservas. 

Este 3 de abril se estrena en AMC 'The Terror', una serie de diez capítulos, producida por Ridley Scott y que ha despertado el aplauso de la crítica y una notable expectación. La novedad de la serie, inspirada en la novela homónima de Dan Simmons, es la incorporación de elementos ficticios que añaden a la desesperación, el aislamiento y el frío extremo un componente de terror inexplicable y paranormal.

Así, la zona que bordea la isla del Rey Guillermo, en el norte de Canadá, donde quedan atrapados los miembros de la tripulación se transforma en un entorno más amenazante si cabe. La tensión, la construcción de un peligro invisible, en un contexto especialmente duro y con personajes llevados al límite hacen que podamos sentir en nuestras casas una amenaza al acecho constante y, sobre todo, un frío helador como el que debían de sentir los protagonistas. 

Para descargar esa ansiedad la serie dirigida por Edward Berger incorpora interesantes flashbacks que, además de introducir una nota de color en una producción oscura y neblinosa, ayuda a construir la historia y el carácter de los protagonistas, dotándoles a ellos y a la trama de complejidad y profundidad.

'The Terror': tensión y frío en el ártico

Es inevitable la comparación con 'Master and Commander', ambientada en el mismo siglo y en también a bordo de una embarcación inglesa. Aun situada en el extremo opuesto del globo, la que probablemente sea la mejor película sobre aventuras navales podría encontrar una digna sucesora en esta serie. Y es que resulta ambiciosa, grandiosa, un prodigio técnico y visual, emocionante, narrada con pulso… Además de contar con las magníficas interpretaciones de notables actores británicos con amplia experiencia en exitosas series, como Tobias Menzies ('Juegos de Tronos' o 'Outlander'), Jared Harris ('Mad Men' o 'Fringe') y Ciarán Hinds ('Roma' o 'Juego de Tronos'). 

Todos estos elementos, junto a la combinación de hechos reales con aspectos ficticios que le añadan suspense, hacen esperar que la serie tenga un mejor desenlace –tal vez no en la trama, pero sí en su andadura televisiva– que el evento histórico. Como buen rompehielos, 'The Terror' avanza segura y firme, demostrando que en el mar de las ficciones televisivas hay sitio para los grandes navíos en los que navegan los buenos trabajos.

'The Terror': tensión y frío en el ártico

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 1 de abril de 2018

[Cine] Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

En el día de Pascua, Domingo de Resurrección, día grande en el calendario litúrgico cristiano, llegamos al final de este especial centrado en las películas de Semana Santa. Y lo hacemos con una obra cuyo título resulta suficientemente explicativo: 'Resucitado'.

Se trata de una película muy nueva –2016–, sin la fuerza de la mayoría de cintas habituales en esta semana, y sin gozar de la tradición e implantación de ellos. Es novedoso y atractivo, al menos en cierto sentido, el protagonismo otorgado a un tribuno romano –cosa, por otra parte, habitual en títulos como 'Quo Vadis?' o 'Espartaco'–, pues aporta cierta perspectiva a la Pasión y, en este caso, Resurrección del Mesías, permitiendo la identificación del espectador con las dudas y comportamiento de Clavius. 

Es una apuesta muy interesante, con capacidad para alcanzar gran profundidad en aspectos religiosos y casi sobre los propios orígenes del cristianismo. De hecho, el planteamiento de la película, junto al desarrollo del protagonista, podrían permitirlo. No obstante, ni el film consigue mantener totalmente su sutilidad y cuidada aproximación, ni el personaje de Clavius consigue completar su arco de transformación de la manera que cabría esperar. Y eso a pesar del notable trabajo de Joseph Fiennes.

El potencial es notable, en parte porque las cintas que se centran en los hechos que suceden a la Resurrección de Cristo son más escasas que aquellas centradas en su vida y muerte, mas también por la forma de plantear dicha historia. Finalmente, aunque no logra explotar todas sus virtudes, queda la sensación de haber visto algo diferente, aunque sea poco memorable.

Crítica: 'Resucitado' (2016), de Kevin Reynolds

Tampoco es su intención resultar imprescindible, pero en su búsqueda de un equilibrio entre el cine más épico y las producciones religiosas de mayor espiritualidad y sencillez, no encuentra nunca su camino. Sí lo encuentra en su servicio propagandístico del cristianismo, ya que, si bien 'Resucitado' ('Risen') es una adaptación bastante libre de las escrituras canónicas, sí que aspira a un fin último de servicio como promotora del mensaje de Jesucristo. Aunque sea de forma inconclusa y ambigua. 

Ambigua es también la estética, que resulta difícil de identificar: clásica por un lado y con toques más vanguardistas por el otro. Intenta aprovechar algunos avances técnicos, sobre todo en el aspecto visual, pero sin conseguirlo, perdiendo con ello gran parte de su fuerza, pues esos intentos quedan en nada. 

Al final, tanto a nivel visual como, principalmente, en el nivel del contenido y la historia, 'Risen', de Kevin Reynolds, podría haber ofrecido mucho más. Desde luego, narrar el hecho más trascendental en el que se apoyan las diversas corrientes del cristianismo puede dar para más y mejores obras, pero la película de Kevin Reynolds consigue capturar parte de la esencia de ese misterio y, sin convertirse en la pieza clave para comprenderlo, sí que es una de las más pertinentes aproximaciones a la Resurrección en el cine moderno. 

Lo mejor: su concepción y planteamiento iniciales 
Lo peor: que está más desorientada buscando su propio estilo que los discípulos tras la muerte de su Maestro 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 27 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Lo que se conmemora estos días en la tradición cristiana es una de las historias más espectaculares, grandiosas y trascendentales de la cultura occidental. Más allá de credos y de la credibilidad histórica de la misma, la historia de Jesús de Nazaret es, posiblemente, La historia más grande jamás contada. Uno de los títulos más acertados de la historia del cine y una película que debemos revisar, casi de forma ineludible, en esta serie de críticas de obras típicas y tópicas durante la Semana Santa

La cinta dirigida por George Stevens reúne un impresionante reparto para narrar la vida, muerte y resurrección de Jesús, a quien interpreta Max von Sidow. Junto a él, figuras de la talla de Charlton Heston –un imprescindible en este tipo de films, que da vida a Juan el Bautista–, Martin Landau, José Ferrer, Dorothy McGuire o John Wayne. Estrenada en 1965, recibió cinco nominaciones a los premios Oscar.

Aunque hemos calificado a este largometraje como ineludible en estas fechas, cabe reconocer que está por debajo de obras épicas como Ben-Hur (1959) o Espartaco (1960) y también de otras películas centradas en la vida del Mesías, como puede ser Rey de reyes (1961). La comparación con este título es inevitable pues, ambas otorgan gran protagonismo a las figuras de Herodes Antipas y de Poncio Pilatos como contraposición al Hijo de Dios. Así, aunque The Greatest Story Ever Told aspira a convertirse en una cinta épica y trascendente a imagen de las anteriores, resulta menos majestuosa que las anteriores, lastrada en parte por un montaje más acelerado, con secuencias bastante cortas que impiden el lucimiento de los magníficos intérpretes y con una narración que en ocasiones resulta muy poco sutil.

Crítica: 'La historia más grande jamás contada' (1965), de George Stevens

Todo esto le resta solemnidad, algo que suple con una fotografía muy interesante, marcada por la tenue iluminación y los fuertes claroscuros, y, en más centrados en el contenido, con una clara orientación y una vocación didáctica y de transmisión del Evangelio mucho más fuerte que otras producciones. Así, además de las escenas de la Pasión –probablemente, las más interesantes del film– y de cierto protagonismo de los secundarios –sobre todo, Juan el Bautista, Herodes Antipas y Poncio Pilatos–, la mayor parte de los doscientos minutos de metraje se centra en las enseñanzas de Jesús. Y esa parte del Nuevo Testamento, aunque desde el punto de vista religioso tenga gran trascendencia, desde una perspectiva fílmica resulta menos atractivo. 

Se trata, por lo tanto, de una apuesta valiente pues, resulte más o menos acertada, y nos guste más o menos ese mensaje, consigue una identidad propia. Porque tal vez no sea la mejor, y mucho menos la única adaptación a la gran pantalla del Nuevo Testamento, pero es evidente que sabe capturar su esencia y narrar la historia más grande jamás contada. 

Lo mejor: el título y su búsqueda de un camino propio 
Lo peor: un montaje que prima la claridad del mensaje sobre la sutileza 
Nota: 7

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 25 de marzo de 2018

[Cine] Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

El año pasado aprovechábamos la Semana Santa para realizar un repaso a algunos de los títulos más habituales y tópicos de estos días. Y si en 2017 comenzábamos la semana de Pasión con Los diez mandamientos, de Cecil B. DeMille, este año comenzamos con una actualización de la misma historia bíblica: El príncipe de Egipto.

Y el valor de la cinta animada de Dreamworks recae, como ocurría con la monumental obra protagonizada por Charlton Heston, en lo atractivo del contenido. El de Moisés es uno de los mitos más reconocibles, emocionantes y relevantes de cuantos forman parte de los libros sagrados de las tres grandes religiones monoteístas –cristianismo, judaísmo e islam–. Así, las películas que se inspiran en él parten de una base particularmente sólida y, con un mínimo cuidado y dominio de los aspectos fílmicos, las obras que se pueden obtener son de gran nivel. 

Eso ocurre en El príncipe de Egipto (The Prince of Egypt, 1998), que consigue concentrar los episodios que preceden a la huida de los judíos de Egipto en una cinta de 100 minutos orientada al público infantil. Este aspecto impide una profundidad mayor, pues premia cierta sencillez y simpleza para poder narrar, de manera más o menos comprensible para la infancia, una historia de gran intensidad y extensión. De aquí se deriva la decisión de centrarse en aspectos más épicos y tangibles, como la salida de Egipto de los hebreos tras la esclavitud, en lugar de otros de corte más religioso, como la adoración de ídolos falsos que precedió a la revelación de las Tablas de la Ley.

Crítica: 'El príncipe de Egipto' (1998), de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman

No obstante, aunque se pueda perder cierto atractivo al aproximarse a la cinta con ojos adultos y con el film de Cecil B. DeMille en mente, es innegable el buen hacer de Dreamworks en esta obra, una de las primeras superproducciones ajenas a Walt Disney. La música de Hans Zimmer, menos pegadiza que en otras películas de animación, supone un rotundo acierto al aportar lirismo y solemnidad. Una banda sonora muy acorde con el ritmo que en todo momento prima en El príncipe de Egipto, suave, elevado y sobrecogedor. 

Uno de los errores de la obra reside en la introducción de toques de humor, que no aportan comicidad, mas sí restan gravedad al conjunto del film. La escena de los dos sacerdotes egipcios enfrentándose a la serpiente de Moisés es uno de esos casos que desentonan y hacen perder a la película parte de su nobleza y dignidad.

A pesar de estas ocasiones, la producción mantiene un corte épico, con una secuencia final que recuerda a las ampulosas obras de los cincuenta y sesenta, y con una factura técnica y un diseño muy trabajados y que sí concuerdan con el tono solemne predominante. Así, aun lejos de Los diez mandamientos y obras similares, el hecho de que continuamente la hayamos comparado con este clásico demuestra el grandísimo mérito de El príncipe de Egipto

Lo mejor: la banda sonora 
Lo peor: verla con ojos de adulto 
Nota: 6,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 16 de febrero de 2018

Crítica: 'La historia interminable' (1984), de Wolfgang Petersen


Uno de los grandes mitos cinematográficos para quienes nacieron en los 80, entre los que incluiríamos a la tan popular generación millennial, fue La historia interminable. Aunque no es, ni de lejos, el único caso, la película de Wolfgang Petersen trascendió la pantalla –de la misma forma que el libro de Michael Ende había trascendido el papel tiempo atrás–, filtrándose en otras muchas esferas de la vida de quienes crecieron viendo esa cinta –y en este caso se trata de cinta en sentido literal, pues el VHS o el Betamax constituían las únicas posibilidades de disfrutar de la película en aquellos años–. 

Lo cierto es que reunía todos los ingredientes para que los más jóvenes se enamoraran de la obra: protagonistas infantiles con los que era fácil identificarse, una historia épica cargada de imaginación, unos efectos visuales muy meritorios en la época, una narración sencilla pero rica en personajes y sorpresas… Fue, y sigue siendo, un referente en el fenómeno fan europeo; salvando las distancias, y con muchas comillas, podríamos hablar de La guerra de las galaxias alemana. La influencia de esta obra de culto se demuestra, por ejemplo, en grupos de música actuales, como Vetusta Morla o Auryn, que toman sus nombres de la historia de Bastian y Atreyu.

Sin embargo, ha ocurrido lo que la obra más temía: envejecer y perder su capacidad de hacer soñar. 34 años después, ese mundo fantástico e imaginativo se ha quedado sin parte de su encanto, a la vez que sus efectos especiales demuestran lo mucho que la técnica ha evolucionado en ese campo. Puede que el (cada vez menos) inocente espectador infantil actual encuentre algún atractivo, pero no será comparable al que encontraban los niños y niñas de hace tres décadas. Y desde luego, tampoco los que ya estemos un poquito más crecidos encontraremos los estímulos que podríamos haber encontrado de haber descubierto la película cuando correspondía. Aproximarse hoy a La historia interminable por primera vez, sin un vínculo con las emociones que en su día despertó, supone una notable decepción, pues, sin la magia infantil del momento, pierde la mayoría de sus encantos.


Y es que se trata de una película que tuvo un tiempo y un contexto, pero que, desde una cierta perspectiva, no aporta nada de especial relevancia. Algo que, por cierto, sí ocurre con el libro de Michael Ende en el que se inspira. Y es que la literatura del escritor alemán destaca más que por su novedad en la trama, por su belleza formal y por su particular estilo. Y eso es algo que resulta muy complicado trasladar al cine. De hecho, el propio escritor renegó de la película por no haber reflejado lo que él pretendía plasmar en el libro. Así, si la novela mantiene su vigencia, la obra audiovisual ha perdido casi toda su magia, aunque sí pueda seguir resultando válido su mensaje de defensa de la imaginación.

No se puede menospreciar ni ese mensaje, ni el hito técnico y visual que supuso en su momento. Tampoco se puede olvidar la trascendencia que alcanzó el film en 1984, dando pie a una trilogía y a un imaginario que todavía perdura. No obstante, y a pesar de que no siempre haya sido para mejor, el cine ha evolucionado, dejando a La historia interminable casi tan vieja como la vetusta Morla.

Lo mejor: la relevancia que tuvo en su momento
Lo peor: que ha envejecido muy mal
Nota: 4,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 6 de febrero de 2018

Crítica: The Cloverfield Paradox (2018), de Julius Onah


Otra cosa no, pero la saga Cloverfield está demostrando que saben despertar interés y a traer al público. Calle Cloverfield 10, amparada por unas críticas bastante positivas y una producción y promoción que podríamos definir como tradicionales, contaba una historia interesante para terminar con un destacado cliffhanger que daba un nuevo sentido a la película. Luego vino el anuncio de la Superbowl, avanzando el tráiler de The Cloverfield Paradox y anunciando que el film estaría disponible en Netflix inmediatamente tras el partido. La mañana siguiente, cundo los medios europeos se hacían eco de los avances cinematográficos que se habían visto en el descanso del popular encuentro de fútbol americano, la película ya era accesible en Netflix desde hacía varias horas. Se trata de una de las campañas más rompedoras y, por lo que se está demostrando, exitosas. Revienta gran parte de los principios publicitarios que se enseñan en las facultades de economía y comunicación, demostrando que Netflix sabe llevar la promoción a un nuevo nivel.

La calidad ya es otro asunto más discutible pues, como en cualquier productora o plataforma de contenidos, en Netflix se mezclan las cintas mediocres con obras maestras y con títulos pésimos. Así, junto a trabajos de clara vocación festivalera u orientados a la temporada de premios, como OkjaMudbound Beasts of No Nation, encontramos que la plataforma de streaming ofrece largometrajes de mucha menor calidad, pero de indudable éxito, imitando a Hollywood en lo que mejor sabe hacer: reventar la taquilla. O, en este caso, las pantallas de nuestros ordenadores, tablets, teléfonos o televisores. Lo vimos con Bright hace poco y lo vemos ahora con The Cloverfield Paradox.

La obra producida por J. J. Abrams cuenta la historia de un grupo de astronautas de distintos países que, tras producirse una crisis energética en el planeta que amenaza con sumirlo en el caos, viajan a bordo de una estación espacial para intentar conseguir una nueva fuente de generación de energía. Sin embargo, se trata de un proceso complejo y arriesgado que podría desencadenar la conocida como Paradoja de Cloverfield.

Los Lunes Seriéfilos & The Cloverfield Paradox

Se trata de una historia de ciencia-ficción espacial bastante clásica, con os giros de guion y los efectos especiales que suelen caracterizar a las superproducciones de este tipo. Su problema es que resulta predecible y que, en realidad, en ningún momento aporta verdaderas novedades al género. Sí cuenta con algunos aspectos interesantes, pero ni se explotan ni se explican de forma adecuada. Muy pocas cosas resultan claras y coherentes en realidad, por lo que gran parte del atractivo del film, que tiene un indudable potencial, se pierde.

Eso sí, más allá de la calidad de la cinta, es cierto que resulta entretenida. Si no se le busca demasiado las costuras, funciona como pasatiempo para, por ejemplo, un domingo después de ver el fútbol americano. Y por supuesto, termina con otro espectacular cliffhanger, que introduce una nueva vuelta de tuerca en la saga y que demuestra que, a pesar de la cuestionable calidad de la obra, ya estamos esperando más Cloverfield.

Lo mejor: que parece tener material para una buena película
Lo peor: que casi todo queda sin explicar y sin demasiado sentido
Nota: 5,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 5 de febrero de 2018

Review de 'Detective Muncie', basada en la historia del asesino en serie Peter Manuel


Este martes se estrena en Filmin la miniserie británica 'Detective Muncie' ('In Plain Sight'), basada en la historia real del asesino en serie Peter Manuel que, durante los años cincuenta, cometió al menos siete asesinatos en el sur de Escocia. Su historia, o más bien, la del detective que siguió su pista desde el inicio, llega ahora a las televisiones españolas tras su estreno en diciembre de 2016 en el canal británico ITV.

Y la verdad es que la televisión británica sabe bastante de detectives. Suyo es, sin ir más lejos, Sherlock, una de las grandes series de nuestro tiempo. Tampoco John Strickland, su director, es nuevo en la materia, con una larga carrera en la televisión británica, incluyendo varios proyectos sobre detectives y thrillers policíacos. Si bien es cierto que Sherlock, y el resto de grandes producciones que suelen llegarnos del Reino Unido, suelen ser de la BBC, ITV también ocupa un papel protagonista entre los seriéfilos tras haber emitido otro de los referentes de la televisión inglesa: Downton Abbey

Sin la pompa de esta última, ni el ingenio de SherlockDetective Muncie busca más el realismo y la sencillez. Las deducciones del detective son inteligentes, pero no brillantes, y la serie apenas se recrea en su proceso deductivo, algo que sí suele ser habitual en las ficciones sobre detectives. Y quizás la clave sea que busca no alejarse en exceso de la realidad, por lo que ni Muncie es Sherlock Holmes o Hercule Poirot, ni Peter Manuel es Jack el Destripador o James Moriarty. Sin el artificio, el carisma o la brillantez de estos, la serie de ITV resulta más naturalista y comedida, ambientándose además en los años 50, que no tienen ni el encanto del siglo XIX ni los avances técnico-científicos del presente.


Y tal vez sea porque la realidad no busca satisfacer los deseos de la ficción, pero Detective Muncie resulta previsible en muchos momentos, sin posibilidad de sorpresa. Y, salvo un puñado de secuencias, tampoco corre grandes riesgos, ni en el aspecto técnico, ni en las interpretaciones que, en cualquier caso, son correctas.

Y a pesar de su falta de atractivos y de su escasa novedad, sí funciona como miniserie: con tres capítulos de 40-45 minutos consigue mantener la tensión y el interés con solvencia y sin un esfuerzo excesivo. Para más, tal y como está concebida, no da. Y podría haber material, profundizando mucho más en la conciencia del asesino o sin omitir tantos elementos, algunos de ellos con bastante potencial, pero no es esa la vocación de esta producción claramente televisiva, según su concepción más tradicional y cercana a esa perspectiva según la cual la televisión era la hermana menor del cine. 

Y esto, que puede sonar a crítica, no tiene necesariamente por qué serlo. Porque no podemos hablar de fallos, pero sí de la ausencia de mayores atractivos.




(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)