jueves, 21 de febrero de 2019

[Cine] Crítica: 'Green Book' (2018), de Peter Farrelly. Fórmula conocida, resultado único

Hilarante y con interpretaciones magistrales, ‘Green Book’ es una historia de racismo y, sobre todo, amistad


Green Book, Mahershala Ali, Viggo Mortensen

The Negro Motorist Green Book, el libro verde al que hace referencia el título de la película de Peter Farrelly, era una guía editada anualmente para que los viajeros afroamericanos pudieran conocer en qué establecimientos serían bien recibidos y cómo moverse con seguridad por Estados Unidos –sobre todo en el sur, donde la segregación y el racismo eran mayores–. Este manual, editado hasta 1966, es una muestra más de hasta qué punto es reciente el racismo que vivía –y de forma más suavizada, vive– la población afroamericana en el país que lidera el llamado mundo libre.


El Green Book buscaba, en gran medida, evitar los riesgos que esas personas podían vivir en lugares que no conocían y en un ambiente claramente hostil hacia ellos. ‘Green Book’ no solo utiliza ese libro como hilo conductor de su historia, sino que parece seguir su filosofía, evitando correr cualquier riesgo y ciñéndose a una fórmula casi sin fisuras. Así, se trata de una road movie dinámica y con tono de comedia, protagonizada por personajes con mucho carisma, basada en una historia real muy atractiva y que incluye al mismo tiempo cierta crítica social y un mensaje optimista. Es la fórmula de películas como ‘Bright’ (2017) –por citar una que es evidente que necesita de esta fórmula para sobrevivir– o ‘Intocable’ (‘Intouchables’, 2011) –con la que se pueden encontrar varias semejanzas–.

Sin embargo, esta fórmula garantiza que no haya riesgos y que el producto pueda salir casi siempre indemne en taquilla. Ahora bien, no asegura ningún éxito especial, ni que la cinta vaya a ser una de las mejores del año. Ahí entran otra serie de factores que son los que convierten al trabajo de Peter Farrelly en un trabajo gran éxito de público y en uno de los títulos imprescindibles de 2018. ‘Green Book’ es mucho más divertida de lo que cabría esperar, con momentos y, sobre todo, diálogos hilarantes. El momento en el que se lanza la película, crítica con la discriminación por cuestiones de raza o de clase social, tampoco podía más ser oportuno. Su ritmo, acompañado por la música y por la carretera, es una muestra de pulso en la dirección, acentuada por su atención a los detalles, que la convierten en una obra única, capaz de escapar de esa fórmula de la que parte.

Dos intérpretes magistrales para una historia de amistad


Pero si hay un elemento que debe destacarse son los protagonistas: Mahershala Ali y Viggo Mortensen, dos actores extraordinarios, dos bestias de la interpretación que, con dos actuaciones soberbias, dan vida a Don Shirley, un genial y aclamado pianista negro, y a Tony Lip, su chófer, un italoamericano de clase obrera. Su viaje al racista sur de Estados Unidos en 1962 para una gira de conciertos de Shirley y su trío les llevará a convivir durante muchas horas, impregnándose cada uno de rasgos del otro y aprendiendo a comprender sus distintas historias y formas de ser.

Green Book, Mahershala Ali, Viggo Mortensen

Se aprecia así una clara evolución en ambos, si bien es cierto que el tono de la obra parece impedir una mayor profundización en este aspecto o en el análisis de los personajes. De hecho, ese tono cómico es probable que también impida un triunfo de ‘Green Book’ en los Oscar, y eso que lo merecería, pues es puro cine: montaje, ritmo, música, interpretación... 

Tampoco importa. Eso no es aquí lo relevante. Porque lo que sí permite una comedia desenfadada como esta es la aproximación a un tema tan dramático como el racismo y la discriminación con una mirada diferente, más cercana y capaz de trasladar la historia al público. Una historia, al fin y al cabo, de amistad. Y la de Don Shirley y Tony Lip merecía esta película. Única, a pesar de que pueda parecer conocida. 

Lo mejor: Mahershala Ali y Viggo Mortensen 
Lo peor: que no profundice más en la evolución de los personajes 

Nota: 9/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 20 de febrero de 2019

[Cine] Crítica: 'They' (2017), de Anahita Ghazvinizadeh. Sensible normalización

‘They’, presentada en el Festival de Cannes, llega al catálogo de Filmin este viernes, 22 de febrero, con una sutil reflexión sobre la pubertad y la identidad de género


‘They’, presentada como la historia una persona de género fluido que debe dejar de tomar la medicina que frena su pubertad y decidir finalmente cuál es el género con el que debe entrar en la juventud, narra una historia más compleja que esto. Y ese es el elemento clave de la película, pues normaliza la situación y el fenómeno de la fluidez de género y de la búsqueda de identidad, restándole drama y protagonismo para otorgárselo a otros personajes, dejando que esta historia se convierta en el marco, casi el macguffin, de todo el film. De esta forma, las leyes de extranjería de Estados Unidos, el acceso a la sanidad, la interacción entre culturas o la ausencia de un miembro de la familia ganan peso, añadiéndole capas a la obra.

Ellos, pronombre al que responde J, es, no obstante, el personaje central de la narración. Es la ausencia de sus padres la que hace que su hermana y su novio iraní pasen unos días con ellos; y es la decisión que debe tomar sobre su identidad de género la que abre y cierra la película. No existe un elevado grado de dramatismo asociado al personaje, al menos no en su relación con otros, pero sí se percibe su desorientación interna. El reflejo de este aspecto presenta una de las reflexiones más interesantes de la obra: ¿cómo se siente una persona que, cuidada por una familia que la quiere y aceptada por quienes le rodean, no sabe definir quién es? Esto, junto a la tematización de la terminología con la que ellos –el personaje de J– quieren ser referidos, es la mayor aportación del film. 

Poco interés más allá del personaje central 


La película, en términos puramente fílmicos, tiene algunos fallos. La incorporación de una parte más artística y experimental a la narración, con el juego con el foco de la cámara, las flores, la música o la poesía, que sirve en gran medida como leit motiv y como reflejo de las dudas de ellos, resulta solo parcialmente atractiva y no siempre acertada. Y, si bien es cierto que la película no se alarga por este motivo –en total son poco más de 75 minutos–, tal vez se agradecería una mayor profundización en la historia de los personajes que estas referencias más alegóricas. A su vez, los personajes, aunque bien diseñados y con abundantes matices, se ven limitados por algunas líneas de diálogo artificiales y por interpretaciones un tanto mediocres por momentos.


Pero esto es comprensible y excusable, pues se aprecia la sencillez y amataurismo de esta obra presentada en el Festival de Cannes de 2017. Una obra, por cierto, financiada en gran medida por dinero qatarí y escrita y dirigida por la iraní Anahita Ghazvinizadeh, alumna de Abbas Kiarostami. Puede resultar sorpresivo este origen dada la intransigencia religiosa que define a ambos países, no obstante conviene apuntar que la transexualidad está más aceptada y extendida en Irán que en muchos países occidentales.

Más allá de lo que rodea a la obra, más allá incluso de las propias características de la misma, el valor de esta cinta radica en su capacidad de sensibilización y normalización al retratar la realidad de muchas personas que deben descubrir algo tan básico como su identidad. 

Lo mejor: el debate sobre la terminología y el conflicto interno de las personas de género fluido
Lo peor: el nivel de algunas interpretaciones y diálogos 
Nota: 6/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 5 de febrero de 2019

[Series] Review: 'The Umbrella Academy'. Novedosa aproximación de Netflix al género de superhéroes

'The Umbrella Academy', producción propia de Netflix que se estrena el 15 de febrero, ofrece una serie de superhéroes con más aristas, poniendo el foco más en los personajes y sus interacciones que en sus poderes, e incorporando interesantes dosis de misterio y acción



En un mercado saturado de productos audiovisuales protagonizados por superhéroes, se ha convertido en una prioridad lograr una nueva vuelta de tuerca, con personajes alejados de estereotipos previos. ‘The Umbrella Academy’ busca ir más allá y, sin romper por completo con el género y su concepción como producto de consumo, sí deja los distintos superpoderes en una posición secundaria y se centra en los personajes desde una perspectiva algo más penetrante y dramática de lo habitual.


La nueva producción de Netflix, que se estrena el 15 de febrero, se basa en una saga de cómics escrita por Gerard Way y publicada por Dark Horse ComicsNarra la historia de seis treintañeros que, nacidos en condiciones extrañas y adoptados por un excéntrico millonario, se reúnen de nuevo tras su muerte. Juntos deberán enfrentarse a la amenaza de un apocalipsis y al misterio que rodea el fallecimiento de su padre, mas las diferencias y los rencores entre ellos volverán a separarlos, como había ocurrido cuando eran adolescentes y formaban parte de un equipo de superhéroes infantiles. La trama, mucho más complicada de lo que una breve sinopsis pueda anticipar, recuerda en cierta medida a X-Men, pero sin trajes o poderes tan visuales y con más dimensiones y sin una distinción clara entre buenos y malos.

Esa redondez y complejidad de los personajes es lo más atractivo de una historia en la que abundan las sorpresas. Cada episodio –de los cinco que Netflix ha adelantado a la prensa– incluye varios giros y constantemente parecen abrirse nuevas líneas argumentales. En ellas se combina el misterio, la acción y el drama de una forma más madura –aunque todavía juguetona– que en otras series sobre superhéroes. Pensemos, por ejemplo, en ‘Titans’, de DC, que Netflix ha estrenado hace menos de un mes, con un tono mucho más juvenil y activo.

Una serie con mucho potencial 


Otros elementos, secundarios, aunque igualmente atractivos, pueden ser una banda sonora que es central en muchas escenas, con algunos temas muy conocidos; varios toques de humor y buen rollo, incluso en escenas más o menos dramáticas; el protagonismo de la cámara, con planos –como el nadir– y montajes –como la split-screen– arriesgados y poco habituales. En todos estos aspectos la serie también busca la novedad, presentando los personajes de forma curiosa o combinando las tres –música, imagen y humor– en secuencias llamativas. También las actuaciones son muy meritorias, contenidas unas y exageradas otras, pero logrando personajes verosímiles y profundos. Las más destacadas son las de los dos nombres más conocidos del reparto: Robert Sheehan y, sobre todo, Ellen Page.


Con esto, la serie creada por Jeremy Slater tiene capacidad para trascender al comic, logrando unos niveles de calidad y atractivo poco habituales en el mundo de los superhéroes. Precisamente, la escasa presencia de algunos de los tópicos recurrentes en este tipo de producciones –espectaculares luchas contra el mal, por ejemplo– es lo que permite que la serie se centre en mayor medida en las relaciones personales entre los protagonistas o que aborde con mayor consciencia algunos misterios sobre el pasado de los mismos. Esto permite interesantes debates sobre temas que van desde la fama hasta los viajes en el tiempo, abordándolos casi siempre con inteligencia.

Todavía quedan muchos cabos sueltos y muchas tramas por completar, por lo que hay elementos que todavía resultan de difícil valoración. No obstante, si se mantiene la línea mostrada hasta ahora y se resuelven de manera satisfactoria los grandes desafíos que se han planteado, ‘The Umbrella Academy’ tiene material y calidad suficiente para convertirse en una de las series sobre superhéroes más sagaces e interesantes.



(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 3 de febrero de 2019

[Premios] 'El reino' y 'Campeones' se reparten los Goya

‘El reino’, con 7 premios, y ‘Campeones’, con 3, incluyendo Mejor película, se reparten los premios en una gala que demostró la riqueza de nuestro cine


Lista de ganadores de los Premios Goya 2019

Humor, emoción y reivindicación. Y todo en su justa medida. Es lo que se pide a estas galas. Y la 33 edición de los Goya lo ha ofrecido. Andreu Buenafuente Silvia Abril han sabido introducir ritmo en la gala, con comentarios divertidos y guiños políticos, sin meterse en demasiados jardines. Y a ello se han sumado el encanto de los protagonistas de ‘Campeones’, las demandas de igualdad y los análisis de una industria que cambia pero que sigue ofreciendo una producto cultural de primera calidad. Porque esa es la conclusión principal de la noche: el cine que se hace en España es de una riqueza y diversidad envidiables.

Lista de ganadores de los Premios Goya 2019

 Lo demuestra que 'El reino' se haya alzado con 7 premios, incluyendo el de Mejor dirección para el magistral Rodrigo Sorogoyen, el de Mejor actor para el multinominado Antonio de la Torre, el de Mejor actor de reparto para el visceral Luis Zahera y el de Mejor guion original. Lo demuestra que 'Campeones' sea la Mejor película, además de tener el actor revelación, Jesús Vidal, y la Mejor canción. Lo demuestran los tres premios técnicos de un thriller policíaco ambientado en los años 20 como 'La sombra de la ley'. Lo demuestra que, aunque no se hayan llevado nada, películas como 'Todos lo saben', 'Entre dos aguas', 'El fotógrafo de Mauthausen' o 'Errementari' estuvieran entre las nominadas. Lo demuestra lo que hay detrás de 'Carmen y Lola' y sus dos premios. Y lo demuestra también que la película maldita de Terry Gilliam, el españolísimo 'El hombre que mató a don Quijote', se alzara con dos galardones.


Lo que deja la gala

Ha sido una gala completa, con grandes momentos sobre el escenario: la maravillosa voz de Rosalía; los emocionantes agradecimientos de Eva Llorach y Jesús Vidal; el surrealista y típicamente español momento en el que una charanga, una batukada y la tuna llenaron el escenario; David Broncano y Berto Romero entregando un premio colgados de unos cables; los sobres que no se abrían; el exministro Maxím Huerta recordando su brevedad… Tampoco ha habido discursos demasiado largos. Y el de Mariano Barroso, Presidente de la Academia, ha sido conciso y muy completo en su análisis de la situación del sector. Y los homenajes, destacando el de Chicho Ibáñez Serrador, han sido emotivos y muy acertados. La nota negativa puede ser la cuestionable la decisión de colocar el homenaje a los fallecidos este año justo tras un número cómico, pero en general la gala ha sido atractiva. No pasará a la historia, pero ha resultado más que solvente.

Lista de ganadores de los Premios Goya 2019

En el apartado de premios ya puede haber más debate: la ausencia de ‘Petra’ y Bárbara Lennie, la victoria de ‘Campeones’ tras haberse llevado ‘El reino’ Dirección y Guion o los Efectos especiales de ‘Superlópez’ son, personalmente, discutibles. Se ha buscado el equilibrio, repartiendo entre películas magníficas y otras algo más flojas pero mucho más taquilleras y carismáticas, y eso no siempre es posible.

No obstante, si algo han demostrado estos Goya es que se hacen muy buenas películas en este país. Y que en su diversidad está su mayor riqueza.

Lista de ganadores

MEJOR PELÍCULA 


MEJOR DIRECCIÓN 

Rodrigo Sorogoyen 'El reino

Lista de ganadores de los Premios Goya 2019

MEJOR GUIÓN ORIGINAL 

'El reino' 

MEJOR GUIÓN ADAPTADO 

'La noche de 12 años' 

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA 

Susi Sánchez 'La enfermedad del domingo' 

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA 

Antonio de la Torre 'El reino' 

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO 

Carolina Yuste 'Carmen y Lola

MEJOR ACTOR DE REPARTO 

Luis Zahera 'El reino' 

MEJOR ACTRIZ REVELACIÓN 

Eva Llorach 'Quién te cantará

MEJOR ACTOR REVELACIÓN 

Jesús Vidal 'Campeones' 

MEJOR DIRECCIÓN NOVEL 

Arantxa Echevarría 'Carmen y Lola' 

MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA 

'La sombra de la ley' 

MEJOR PELÍCULA EUROPEA 


MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL 

'Gaza' 

MEJOR MÚSICA ORIGINAL 

'El reino' 

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL 

'Campeones' 

MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA 

'Roma' 

MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA 

'La sombra de la ley' 

MEJORES EFECTOS ESPECIALES 

'Superlópez' 

MEJOR SONIDO 

'El reino' 

MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN 

'Cazatalentos' 

MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA 

'El hombre que mató a Don Quijote' 

MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO 

'La sombra de la ley' 

MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN 

'Cerdita' 

MEJOR DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN 

'El hombre que mató a Don Quijote' 

MEJOR MONTAJE 

'El Reino'

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

jueves, 24 de enero de 2019

[Cine] Crítica: 'Polar' (2019), de Jonas Åkerlund. Asesinos de cómic

Mañana se estrena en Netflix ‘Polar’, en la que Mads Mikkelsen da vida a un asesino a sueldo que, a punto de retirarse, es perseguido por su antigua organización. La obra adapta una novela gráfica de Dark Horse Comics e introduce un tono más liviano y una estética más colorida y espectacular que las historias clásicas sobre asesinos 


Polar, Mads Mikkelsen, Netflix

Estamos a pocos meses de que se estrene la tercera entrega de ‘John Wick’ y a pocas semanas de que vea la luz en Netflix ‘The Umbrella Academy’. A lo mejor no hace falta esperar tanto, porque mañana, 25 de enero, se estrena también en Netflix una película que, en gran medida, combina ambas. ‘Polar’ es, como ‘John Wick 3: Parabellum’, la historia de un asesino infalible que busca retirarse y al que su antigua organización querrá eliminar –y que, aunque sea por poco tiempo, también tiene un perro–; y también es una adaptación, como ‘The Umbrella Academy’, de una novela gráfica de Dark Horse, en la que oscuros personajes conviven con otros mucho más coloristas y casi paródicos, y en la que una trama cruda se adereza con toques de humor negro. 

No tiene la seriedad ni la dureza de las películas protagonizadas por Keanu Reeves, pero para quienes no somos devotos aficionados al thriller de fríos asesinos ultraefectivos, resulta novedosa y juguetona, además de tener momentos y guiños muy divertidos. Sin llegar a ser una parodia, sí que es consciente de las reglas del género, jugando con ellas e introduciendo una estética novedosa. Estética que se deriva de su origen como cómic y que incluye títulos sobreimpresos con caligrafías llamativas, pantallas partidas y vestimentas muy particulares y reconocibles. A esto se suma la música de deadmau5, que le imprime un ritmo muy ágil.

Podríamos, tal vez, cuestionar la adecuación de las herramientas que utiliza para la historia que se narra, y es cierto que en ocasiones parece no encontrar su sitio al caminar entre dos estilos. Sin embargo, esto le permite jugar con los contrastes. El más interesante, el que se da entre los coloridos, cómicos y brutales perseguidores y el gris y casi anodino protagonista, que también deja, no obstante, notas de su visualmente espectacular violencia. 

Es interesante el trabajo de Mads Mikkelsen ('La Caza') y el de una melancólica e inescrutable Vanessa Hudgens, pero ni sus personajes, ni mucho menos el resto, muestran un arco evolutivo desarrollado. Son personajes bastante estereotipados, algunos de ellos hasta el extremo, lo que aligera la trama, pero le resta profundidad. Tampoco se caracteriza la película de Jonas Åkerlund por una gran inteligencia, ni por la presencia de giros de guion ni grandes sorpresas. Pero esta sencillez no juega en su contra, pues permite un visionado mucho más relajado y disfrutable –a lo que se suman esos elementos cómicos y visuales–, y evita perderse en narraciones demasiado rebuscadas e irresolubles.

Polar, Mads Mikkelsen, Netflix

Y no podemos terminar sin señalar que, al contrario que en otras obras de asesinos, no hay peleas verdaderamente emocionantes en los que el enfrentamiento físico o el cruce de disparos sea intenso. Se trata más bien de choques muy breves resueltos de manera espectacular, pero sin haberse generado una gran dosis de tensión o interés. Aquí se nota, una vez más, la influencia del cómic en la presentación. 

Influencia muy interesante y bienvenida, que refresca un tipo de cine, como son las historias de asesinos implacables y efectivos, muy marcado por unos patrones. Sin la intensidad ni la fuerza de historias como el citado ‘John Wick’ o ‘Venganza’, ‘Polar’ sabe jugar sus cartas para lograr un trabajo menos normativo, pero muy entretenido. 

Lo mejor: es realmente divertida 
Lo peor: un poco más de profundidad en la narración no hubiera estado mal 
Nota: 7/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 13 de enero de 2019

[Series] Review: 'La verdad sobre el caso Harry Quebert'. Una adaptación fiel no siempre es lo mejor

‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ fue un fenómeno editorial especialmente llamativo por su narración, intercalando varias épocas y pasajes de un libro ficticio con una escritura muy ágil y adictiva. Jean-Jacques Annaud intenta aprovechar este potencial para lograr una miniserie libre y entretenida, pero menos fluida y sorprendente que la novela 



Marcus Goldman es un joven y exitoso escritor que, en medio de una crisis creativa, descubre que su profesor y mentor, el también escritor Harry Quebert, ha sido acusado del asesinato de una joven de 15 años desaparecida hace más de treinta años y con la que había mantenido una relación amorosa. Dispuesto a ayudarle, se muda a su antigua residencia en la pequeña localidad de Maine donde sucedieron los hechos para descubrir la verdad sobre un caso que algunas personas pretenderán ocultar. La combinación de acción, romance y misterio, junto al debate en torno a la creatividad del escritor y las relaciones prohibidas, convirtieron a esta historia en uno de los fenómenos literarios más populares de los últimos años, incentivado por una estructura novedosa y plagada de saltos temporales. A pesar del desafío que planteaba su construcción, tanto su agilidad como la riqueza y fuerza de la trama la convertían en un material ideal para ser adaptado a la pequeña pantalla. 

Esto nos devuelve al eterno debate sobre las adaptaciones audiovisuales de obras literarias. Esta novela plantea un notable desafío por sus abundantes saltos temporales, algunos muy breves, y por la inclusión de extractos de un libro que forma parte de la trama. También los títulos y subtítulos de cada capítulo añadían riqueza al texto. Una miniserie como la que Movistar+ ha ofrecido semanalmente desde octubre –los giros de la trama y los cliffhangers han hecho que el material fuera ideal para mantener a la audiencia cautiva durante diez semanas, hasta el 21 de diciembre, cuando se emitió el último episodio– es, a priori, la mejor alternativa para llevar la novela de Joël Dicker a una pantalla, pues permite que la extensión y la atención a los detalles sean mayores que en una película. De hecho, la fidelidad de la miniserie al libro es casi absoluta, tanto en la narración cronológica como en la mayoría de aspectos de la trama, incluso en aquellos más pequeños. 

La fidelidad como fallo y acierto 


Pero hay elementos, sobre todo los pasajes más breves y los derivados del formato de la novela, que dificultan su traslación a la pantalla. También los constantes saltos temporales resultan ligeramente más complejos en la pantalla que en el papel –en el que es más sencillo regresar atrás o recapitular, independientemente de los repasos que la serie ofrece al principio de cada episodio–. De hecho, el propio libro de Joël Dicker se convierte en un nivel adicional sobre escritores que escriben sobre escritores; algo que, al igual que la narración en primera persona por parte de Marcus Goldman, también se pierde en la adaptación a la pequeña pantalla. Al mismo tiempo, el tono o determinados aspectos de la trama, que ya resultaban inverosímiles o estereotipados en el libro, en la serie parecen hacerse más visibles y restarle más fluidez que en el texto. Es posible que detrás de estos fallos esté el intento de Annaud de mantener la fidelidad absoluta a la obra, pues, aunque le permite explotar el potencial de su historia, le impide hacerlo de una manera más libre y auténtica.


No obstante, es evidente que la trama tiene una enorme capacidad de enganchar al espectador, y en esto Annaud sí sabe medir los tiempos para que la serie se mantenga siempre entretenida y sorprendente y que resulte casi imposible desconectar de ella. Es cierto que existen pasajes más aburridos y en los que el desarrollo de los acontecimientos resulta más pesado, pero en líneas generales hay una complejidad en la historia y una cantidad de giros de guion y de líneas argumentales que resultan muy atractivos. 

Como atractivo resulta también un Patrick Dempsey que, como productor y protagonista, se convierte en el principal reclamo de la serie. Suya es la interpretación más profunda de la serie, pues el resto de personajes resultan mucho más planos –algo que ya ocurría en el libro– y hay ciertas decisiones de casting o de maquillaje que no parecen apropiadas dada la edad que algunos personajes deberían tener en un momento u otro. 

En definitiva, el libro de Joël Dicker ofrece no solo el material ideal para la adaptación, sino también una estructura y composición que resultan difíciles de trasladar a formatos no literarios. La fidelidad al original es al mismo tiempo acierto y fallo de esta miniserie que, como la mayoría de best-sellers, ofrece un entretenimiento absoluto y adictivo, pero sin grandes dosis de calidad formal ni profundidad.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

viernes, 11 de enero de 2019

[Series] Review: 'Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas'. Los Baudelaire y el conde Olaf saben poner punto final a sus aventuras

La tercera temporada de ‘Una serie de catastróficas desdichas’, disponible en Netflix desde el 1 de enero, adapta las últimas aventuras de la saga de novelas y cierra la serie con mayor madurez, autoconsciencia y libertad, pero explotando las particulares que desde su estreno en 2017 la convirtieron en una serie única



Con una estructura y un estilo tan particulares y definidos, con personajes excéntricos y estereotipados hasta la parodia y con una trama tan enrevesada, resulta muy adecuada la decisión de Netflix de no alargar ‘Una serie de catastróficas desdichas’ tras su tercera temporada. La serie, que ofrecía siete capítulos en esta última entrega, no ha dado muestras de agotamiento y todavía conseguía mantenerse fresca e ingeniosa, pero una mayor extensión podría haber arriesgado todos los elementos que han caracterizado la serie protagonizada por Neil Patrick Harris.

Su personaje, el conde Olaf, vuelve a ser el aspecto central y más atractivo de la serie, mostrando una profundidad mayor gracias a un pasado que ya se intuía complejo y definitorio de su carácter en la segunda temporada. También aparecerán nuevos personajes, aunque casi todos con roles muy secundarios, y, sobre todo, volveremos a encontrarnos con algunas de las figuras y escenarios de las temporadas pasadas que, al igual que Olaf, tienen un rico pasado. En este sentido, los últimos capítulos de la serie suponen un cierre muy correcto a la mayoría de historias secundarias. 

Quedan ciertos cabos sueltos y hay aspectos de la historia principal que se clausuran con menor ingenio del habitual. Tal vez la continua complicación de la trama, con elementos verdaderamente meritorios y con historias que se entrecruzan en una compleja e inteligente telaraña, llevara a situaciones casi imposibles de resolver, mas la sensación general es satisfactoria. Contribuye a ello la mayor libertad en la estructura, que rompe en parte los patrones de los episodios dobles de las anteriores temporadas. Esto motiva una evolución clara con respecto a las dos temporadas anteriores, mucho más unitarias en estilo y narración, pero en cierta medida agotadas en sus planteamientos. Este desarrollo da lugar a una serie más adulta y profunda, también más oscura y ambivalente, que sabe adaptarse para cerrar sus historias con solvencia, pero manteniendo sus señas de identidad.

Una seria que sigue siendo excepcional


Entre ellas vuelven a encontrarse escenarios y vestuarios extremos, en los que el color y la luz van ganando espacio; situaciones inverosímiles, resueltas o no por hechos igualmente increíbles; personajes caricaturizados con características o comportamientos muy marcados; abundantes toques de humor, provenientes tanto de comedia física y de la ridiculización de comportamientos como de pequeños guiños mucho más ingeniosos e inteligentes; así como cultas referencias literarias y una marcada e intencionada tendencia al sabelotodismo. Y, por supuesto, un Lemony Snicket que, como narrador resulta menos cenizo e impertinente que en el pasado, y como personaje, cierra su línea argumental de forma elegante. Con todo, es una serie menos extravagante y más madura, consciente de sus límites, aunque capaz de explotar sus inmensas peculiaridades y particularidades, pues hasta el final ha sido una producción única.


Se va en el momento adecuado, habiendo agotado las novelas publicadas por Daniel Handler bajo el pseudónimo de Lemony Snicket y manteniendo el interés por ellas hasta el final, sin caer en la tentación de alargarse más allá de la obra original y sabiendo hasta qué punto era capaz de llevar las aventuras de los Baudelaire y del conde Olaf.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

martes, 18 de diciembre de 2018

[Series] 'Shock Waves'. Antología suiza del crimen mediático e incomprensible

Hoy, 18 de diciembre, se estrena en Filmin la miniserie antológica suiza ‘Shock Waves’, centrada en cuatro crímenes horrendos que, durante las últimas décadas, sacudieron el país helvético.



Los cuatro crímenes que se narran en ‘Shock Waves’ (‘Ondes de choc’) no causaron un revuelo mediático en Suiza solo por su brutalidad y por el hecho de afectar a niños o adolescentes, sino también por tratarse de eventos aislados y de difícil comprensión, pues no tenían una aparente justificación lógica. De hecho, aunque es evidente que los factores político-sociales siempre están presentes, los cuatro casos que se muestran no parecen derivarse directamente de una sociedad machista, racista o culturalmente enferma, como sí parece ocurrir con otros casos mediáticos recientes que todos tenemos en la cabeza. 

Los cuatro episodios de alrededor de una hora no buscan lecturas analíticas ni el descubrimiento de nuevas aristas en los distintos casos, que comparten la gran visibilidad mediática que tuvieron en su momento, sino que se centran en los protagonistas de estos sucesos y en su forma de afrontarlos. Salvo esta aproximación, no hay otros puntos de unión, ni estilística, ni temática. También los equipos técnicos e interpretativos son diferentes en cada capítulo. 


El primero de los episodios, ‘Diario de mi mente’, coloca el foco sobre la profesora de francés de un joven que, tras matar a sangre fría a su padre y su madre, envía un diario a su maestra en el que relata cómo y por qué cometió el asesinato. No se trata de una narración arriesgada –junto al proceso judicial que sucede al crimen, el diario enviado a la profesora articula los flashbacks que lo ilustran–, pero sí se logra profundizar en los sentimientos de la profesora y el parricida con cierta solvencia

‘Nombre: Mathieu’ está centrado en un joven, violado y golpeado por un hombre que ya había cometido crímenes semejantes. Al ser el único que ha sobrevivido tras los ataques, su colaboración con la policía será esencial, mientras intenta continuar con su vida. Es el caso más salvaje y el que más incomodidad genera en el espectador, obligado continuamente a revivir el dramático suceso.


‘Sirius’ narra los últimos días de los miembros de una secta, que se preparan para un supuesto viaje. Es, quizás, el menos interesante de la antología, pues es el que menos profundiza en los personajes, limitándose a mostrar sus actividades. No hay explicación sobre qué hacen, por qué o cómo llegaron a unirse a la secta. No es el objetivo de la obra detenerse en explicaciones, pero sin ellas es mucho menos atractiva, pues resulta casi imposible introducirse en la narración. 

La historia más tensa se encuentra en ‘El valle’, que narra la huida de un joven, perseguido por la policía, tras haber robado coches de alta gama junto a varios compañeros. La ambientación en un entorno nevado y montañoso, con la persecución y el espíritu de supervivencia como hilo conductor, le añaden emoción. Destaca también la actuación protagonista, quizás la que más fácilmente consigue conectar con el espectador de entre las cuatro historias. 

Lo cierto es que las interpretaciones son en general muy notables, responsables en gran medida de la intensidad de los cuatro episodios. No obstante, el comportamiento de algunos personajes resulta incomprensible; tal vez sea algo derivado de enfrentarse a situaciones traumáticas o de gran estrés, o tal vez sean precisamente estos comportamientos extraños los que caracterizaron a los cuatro casos, pero parece restarle credibilidad al relato e impide un mayor atractivo. 

Salvo lo anterior y algunos elementos estéticos, como el abundante silencio o los intentos de profundizar en las conciencias de los protagonistas a través de algunos trucos visuales, no hay nada que podamos considerar especial en la miniserie. Sin embargo, hay algún ‘no sé qué’ escondido tras su halo de misterio por el que las cuatro historias resultan atrayentes. Y deduzco, que para el público suizo que conozca los casos en los que se basan, este atractivo será mucho mayor.

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

lunes, 17 de diciembre de 2018

[Series] 'El milagro': tensa, terrorífica, espiritual, profunda y, sí, milagrosa

La serie ‘El milagro’ llega a Sky España el 22 de enero con su combinación de política, ciencia y fe en una obra misteriosa, intensa y absolutamente adictiva tras convertirse en un fenómeno en Italia


El Milagro, Il Miracolo, Sky,

Hay una serie de elementos que definen a la sociedad italiana y que, como tales, acostumbran a estar presentes en la notable producción audiovisual del país. Esos temas son la mafia, la religión católica y la caótica política. Los tres se encuentran presentes en ‘El milagro’, conformando una santísima trinidad de la grandeza y la miseria italianas, y aprovechando elementos más o menos habituales para combinarlos de manera novedosa y actual. Porque la actualidad de la serie, que se estrena el 22 de enero en España a través de Sky, es incuestionable.

El Primer Ministro italiano, en medio de la campaña del referéndum que sacaría a Italia de la Unión Europea, debe decir qué hacer con la figura de una Virgen que llora sangre que había sido incautada a un capo de la mafia calabresa. Sin aparente explicación científica posible y en un contexto político que obliga a gestionar el hallazgo con discreción, tanto en su vida como en la de las personas que han tenido contacto con la figura comenzarán a sucederse eventos de difícil explicación.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

En cierta medida, podría asemejarse a algunas de las obras de Dan Brown. Sin embargo, la eliminación de un personaje sabelotodo y absolutamente racional y científico como Robert Langdom permite mantener la espiritualidad y el misterio religioso. Además, y contraponiéndose también a ‘El joven papa’ –con el que, entre otras asociaciones, comparte la presencia del actor español Javier Cámara–, ‘El milagro’ no se centra las instituciones religiosas, corrompidas por los hombres, sino que pone el foco sobre el aspecto transcendental y divino y sobre su efecto en las personas. Así, entra en juego un elemento fantástico para unos, religioso para otros, que se sitúa por encima de las normas que establecen las acciones humanas y las leyes de la naturaleza y que incorpora, por su misterio e imposibilidad de comprensión, ciertas dosis de terror. 

Un terror que se deriva de una tensión constante y que apela a la base del miedo, que es el desconocimiento. Si nos da miedo la muerte es, sobre todo, porque no sabemos qué hay tras ella. Tampoco nos atemoriza la falta de luz, sino lo que se pueda esconder en la oscuridad. Y una obra de terror perdería tal condición si conociéramos cuándo se va a producir el siguiente susto o qué explica la presencia sobrenatural que acecha al protagonista. La religión, misteriosa e incomprensible por definición, es de esta forma una fuente inagotable para las obras de terror. Y en esta producción el miedo se manifiesta porque el milagro y lo que le rodea es imposible de racionalizar y comprender

Misterio e intensidad 


Es en ese misterio sobre las causas y las consecuencias de las lágrimas de la figura religiosa donde reside el principal atractivo. La dosificación de la información que se entrega al espectador es magistral, lo que da lugar a una de las series más absorbentes que he visto en mucho tiempo. Saber de dónde procede la madonna y qué ha provocado sus lágrimas resulta tan misterioso como adivinar cuál será el comportamiento de los personajes y los efectos que el misterio tendrá sobre ellos.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

Los protagonistas son atractivos y enigmáticos y, aunque no ha habido capacidad de evolución –los tres capítulos que Sky pone a disposición por adelantado reflejan cada uno de los tres días posteriores al hallazgo–, sí se advierte una profundidad y complejidad notables. Además, aunque interconectadas, las distintas tramas aportan riqueza y variedad, con diferentes aproximaciones al milagro, a la religión, a la vida y a la familia. La familia que, como institución central de la religión, cobra una particular relevancia a lo largo de la narración. 

La fuerza de la serie de Niccolò Ammaniti no se deriva solo de la trama y el misterioso desarrollo de los acontecimientos, sino de su poder visual. Particularmente impresionantes son los planos de la cara de la virgen con las lágrimas de sangre, aunque también la composición de algunas secuencias, superponiendo imágenes de un momento con sonido de otro posterior o anterior, transmite la tensión y la mística de la serie. Asimismo, la banda sonora, que a veces juega con la discordancia y la contraposición a la imagen, incrementa la intensidad.

El Milagro, Il Miracolo, Sky,

De esta forma, ‘El milagro’ es magnífica como ficción audiovisual, pero también lo es su conexión con la política italiana y europea o con los debates entre la fe y la ciencia. Y es que es posible que en pleno siglo XXI para volver a tener fe –y no me refiero solo a la creencia en un ente divino– lo que necesitemos sea un milagro. Y no descartemos que para lograr una serie tan extraordinaria haya hecho falta algún tipo de intercesión divina.


(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

domingo, 16 de diciembre de 2018

[Cine] Crítica: 'Una chica de Brooklyn' (2014), de Desiree Akhavan: detallista e inteligente retrato social contemporáneo

El pasado viernes 14 de diciembre se incorporó al catálogo de Filmin ‘Una chica de Brooklyn’, una obra escrita, dirigida y protagonizada por la hasta ahora desconocida Desiree Akhavan, que narra la historia de una chica bisexual de origen iraní que acaba de romper con su novia



‘Master of None’, una de las series del año pasado en Netflix, se caracterizaba porque siendo, como su propio título decía, maestra de nada ni nadie, era una obra tremendamente actual, que retrataba los problemas y la realidad (pos)moderna de la sociedad estadounidense. Con las limitaciones y la riqueza que implica el largometraje frente a la serie, es imposible no analizar ‘Una chica de Brooklyn’ en asociación con esta o, quizás de forma demasiado obvia, con trabajos de Lena Dunham como 'Girls' o 'Tiny Furniture'.  

Desiree Akhavan anticipa en esta obra de 2014 a Aziz Ansari –y, a su vez, imita a Lena Dunham– para, desde casi el anonimato, escribir, dirigir y protagonizar, con notable solvencia en los tres casos, un trabajo muy novedoso, ajeno a convenciones, que no necesita caras conocidas, efectos especiales o grandes giros de guion para captar la realidad que le rodea. Y si en ‘Master of None’ la historia es la de un joven hindú, Dev, que vive en Nueva York sin saber qué rumbo dar a su vida, en ‘Una chica de Brooklyn’ la protagonista es Shirin, una chica iraní bisexual que vive en Brooklyn y que acaba de romper con su novia. Tanto Dev como Shirin proceden de familias inmigrantes, de clase media acomodada, y, a pesar de vivir en una sociedad abierta, multicultural y progresista, como la que rodea a los jóvenes neoyorquinos, siguen teniendo que enfrentar situaciones complejas derivadas de su origen o, en el caso de Shirin, de su condición de mujer y de su orientación sexual. 


Todo esto se aborda con grandes dosis de humor. Un humor que no se basa en situaciones surrealistas o en gags descacharrantes, sino en ingeniosos diálogos y en un tono agradable y gracioso que, no obstante, a menudo resulta agridulce. Sobre todo en ‘Una chica de Brooklyn’, donde hay un cierto pesimismo –que también existe en algunos capítulos de ‘Master of None’– que a veces impide que el humor se abra paso. 

Normalidad para que brillen los temas de fondo


Ya centrados en ‘Una chica de Brooklyn’ –aunque la mayoría de lo que sigue siendo válido para la serie de Netflix y, de paso, para la de HBO–, lo más destacable es la aparente normalidad e irrelevancia de la obra, que la aproxima a su público. Al fin y al cabo, para que un personaje y su historia sean creíbles y cercanos, lo más adecuado es que sean tan normales como el espectador y su vida. La trama es muy sencilla: las aventuras de una joven tras una ruptura. En realidad, no sucede nada extraordinario, no hay un gran final, no se busca una redención, una nueva historia o un cambio radical. Tampoco la narración es particularmente novedosa, intercalando en el duelo tras la ruptura algunos flashbacks del periodo de romance. Todo esto, que considero un gran acierto, es evidente que le resta un punto de esa magia que el cine también necesita. Nunca llega a ser aburrida, para nada, mas tampoco se convierte en un trabajo especial e irrepetible. 

Esta normalidad y humildad de la trama y de la presentación no solo no impiden, sino que potencian un profundo análisis crítico de la sociedad. El título original de la película, ‘Appropriate Behaviour’, resulta mucho más ilustrativo e interesante en este sentido. Akhavan demuestra cómo sigue siendo necesario luchar contra las discriminaciones o injusticias que, incluso en nuestros modernos y desarrollados entornos, siguen existiendo. Ahí está su vocación de reivindicación del feminismo y de los derechos LGTBIQ+, así como su crítica a estos movimientos y a determinadas conductas que, aunque a menudo imperceptibles y bienintencionadas, siguen teniendo cierto corte xenófobo. Esta reflexión se logra con gran sutileza e inteligencia, sin ideas absolutas, y más a través de detalles que de burdas alusiones directas.


Y es que es en esa normalidad de lo que nos rodea donde de verdad podemos descubrir su complejidad y su multitud de aristas. Y donde podemos apreciar cómo somos, cuánto hemos avanzado y cuánto nos queda todavía de camino. 

Lo mejor: el análisis social que se esconde tras la normalidad 
Lo peor: que no resulta especial ni verdaderamente novedosa 
Nota: 7.5/10

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)