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lunes, 6 de agosto de 2018

[Series] 'La casa de las flores': una comedia negra mexicana sobre una familia muy poco convencional

Review de la serie mexicana 'La casa de las flores'

Decía Oscar Wilde que la mejor forma de evitar la tentación es caer en ella. Esa premisa parece seguir ‘La casa de las flores’, la última producción mexicana disponible en Netflix, pues para escapar de estereotipos lo que hacer es recurrir a todos ellos. Así, explota de una manera fresca muchos de los clichés de las telenovelas hispanoamericanas: amantes, suicidios, salidas del armario, hijos ilegítimos, problemas económicos de los ricos, encarcelamientos… 

Resulta igualmente curioso que las interpretaciones parecen, a su vez, estereotipos, con personajes simplistas e actuaciones burdas y poco sutiles. No obstante, el trabajo de los actores y actrices es más complejo y completo de lo que podría parecer en un principio, mientras que sus personajes siguen en su mayoría una notable evolución a lo largo de la temporada. Entre esos personajes destaca la inclusión de travestis, homosexuales, bisexuales o personas transgénero. La diversidad sexual que se muestra, aunque de una forma mucho menos ostentosa, podría incluso recordar a ‘Sense8’, algo muy meritorio en un trabajo procedente de un país tan conservador, algo sobre lo que se reflexiona en la propia serie. 

Lo mencionado hasta ahora da lugar a una obra moderna y profunda, que despierta debates intensos escondidos en una trama ligera y muy divertida. Pues, desde las interpretaciones, los encuadres y los propios contenidos de la historia consiguen un humor casi constante, que no suele llegar a la carcajada, pero que mantiene casi imborrable la sonrisa. Se trata de un humor negro y libre, capaz de tocar, sin demasiados tapujos, casi todo tipo de temas.

Review de la serie mexicana 'La casa de las flores'

Y eso a pesar de los dramas que se suceden porque, con toda su modernidad y novedad, no deja de tener un fuerte regusto a telenovela. Y esto no es en ningún caso negativo, pues es, junto a su ligereza, lo que engancha. Se convierte así en un placer (no tan) culpable, aunque tenga mucho más contenido del que se aprecie a simple vista o tras los primeros capítulos. 

Paco León es parte de una familia no tan perfecta 


‘La casa de las flores’ es el nombre de la floristería –o florería– que regenta una familia de la alta sociedad mexicana; una familia aparentemente perfecta a la que, poco a poco, le van surgiendo espinas y malas hierbas. Junto a destacadas figuras del cine y la televisión mexicanos, como Verónica Castro, uno de los personajes está interpretado por el español Paco León, que hace su aparición casi a la mitad de la temporada. Se trata de un punto de inflexión en el que tanto la trama que podríamos considerar principal como ese mensaje de igualdad y respeto que se intenta transmitir cobran fuerza.

Es con la llegada de su personaje con la que también un cierto caos que había reinado al principio de la narración se va asentando, y las distintas líneas de acción van adquiriendo sentido, aunque continúan los giros de guion y las sorpresas. Finalmente, no todas las tramas se cierran, y no todas lo hacen con un final feliz, lo que puede hacer sospechar una continuación a esta primera temporada que está a punto de florecer con todo su esplendor en Netflix. 

Lo mejor: su tratamiento ligero y humorístico de temas complejos y necesarios 
Lo peor: que el caos que se desata en la vida de los protagonistas al comienzo de la serie se traslada (quizás demasiado bien) al espectador, con cierta sensación de pérdida e incomprensión en algunos momentos 
Nota: 8

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)

miércoles, 18 de octubre de 2017

Crítica: 'Toc Toc' (2017), de Vicente Villanueva


Toc Toc es una película sin personalidad, no hay posibilidad de lecturas secundarias o de desarrollo de la trama y tampoco encontramos una narración inteligente o rompedora. Más bien al contrario, está vacía, sin complicaciones en el nudo, sin avance de ningún tipo y con personajes totalmente planos. Y todo ello, partiendo de una premisa extremadamente simple tomada de una exitosa obra de teatro: un grupo de personas aquejadas con diferentes trastornos obsesivo compulsivos (TOC) reunidas en una sala de espera mientras llega su doctor. No hay nada más.

Pero da igual. Toc Toc es uno de los filmes con los que más me he reído en mucho tiempo. Creo, de hecho, haberme perdido algunos chistes porque la sala entera todavía se estaba riendo a carcajadas del anterior. Y no estamos hablando de un humor elevado, absurdo, surrealista, ni merecedor de ninguna etiqueta. Es un humor muy básico, centrado en los tics y obsesiones de los personajes que se van repitiendo uno tras otro.

Y si algo tan sencillo resulta tan divertido es gracias a un elenco de protagonistas carismáticos, algunos de ellos con interpretaciones muy notables y cuidadas, que hacen que sea imposible no soltar carcajadas cada medio minuto.

Porque ver a Alexandra Jiménez obsesionada con los microbios, a Rossy de Palma santiguándose y comprobando si ha olvidado las llaves una y otra vez o a Óscar Martínez –para mí, el mejor– incapaz de dejar de soltar insultos y obscenidades sin cesar es tremendamente divertido. A ellos se suma un Paco León que no sabe no hacer gracia y unos Adrián Lastra, Nuria Herrero o Inma Cuevas que, aunque menos memorables, complementan perfectamente el grupo.

De no ser por ellos, la obra carecería de sentido, pues no es más que un sketch muy largo del que no podemos sacar conclusiones. Pero el ritmo nunca decae y los mismos chistes siguen siendo tan graciosos en el primer minuto como en el último. Y eso es algo que hay que reconocer, pues lo habitual sería que tanta repetición resultase cansina, mas sucede justo lo contrario: salimos deseando más. Más obscenidades, más aspavientos, más obsesiones…


Y, aunque la película no va a trascender, no va a solucionar ningún gran problema del mundo y no va a cambiar el rumbo del cine, sí que logra dos cosas: por un lado, crear cierta conciencia sobre un problema más o menos común a nuestro alrededor y, aunque invisible, verdaderamente problemático para quien lo sufre; y por otro, hacer reír. Hacer reír mucho, porque la risa es la mejor medicina. 

Y es cierto que el cine puede tener muchas funciones y le podemos exigir una enorme profundidad y riqueza narrativa. Pero de vez en cuando también es necesario ir al cine, reír a mandíbula batiente de algo simple hasta el extremo y sacar nuestro loco a pasear. 

Lo mejor: Óscar Martínez y sus incontrolables exabruptos
Lo peor: que no haya nada más allá del humor
Nota: 7,5

(Publicado en Los Lunes Seriéfilos)